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11 de enero de 2013

11 curiosidades sobre el antiguo Egipto

La civilización egipcia fue una de las más avanzadas del mundo, y creó una cultura tan rica que ha generado su propio campo de estudio. Pero mientras que el arte, la arquitectura y los ritos funerarios egipcios son objeto de fascinación, hay algunas curiosidades que quizás no sean tan conocidas. Vamos a repasar algunas de ellas.


1. Cleopatra no era egipcia.


Aunque Cleopatra VII nació en Alejandría, en realidad formaba parte de una larga estirpe de macedonios descendientes de Ptolomeo I, uno de los lugartenientes de mayor confianza de Alejandro Magno. La dinastía ptolemaica gobernó Egipto desde 323 a.C. hasta 30 a.C., y la mayoría de sus líderes mantuvo su cultura griega. De hecho, Cleopatra fue uno de los primeros miembros de la dinastía ptolemaica que aprendió a hablar la lengua egipcia.


2. Los antiguos egipcios forjaron uno de los tratados de paz más antiguos de la historia.


Durante más de dos siglos los egipcios lucharon contra el Imperio Hitita por el control de las tierras de la actual Siria. El conflicto dio lugar a enfrentamientos sangrientos como la batalla de Kadesh, en 1274 a.C. Como egipcios e hititas debían hacer frente también a las amenazas de otros pueblos, en 1259 a.C. Ramsés II y el rey hitita Hattusili III negociaron un famoso tratado de paz. Este acuerdo puso fin al conflicto y decretó que los dos reinos se ayudarían mutuamente en caso de invasión por parte de un tercero. El tratado egipcio-hitita es considerado uno de los primeros de los que se tiene noticia, y se puede ver una copia en la entrada del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York.


3. A los egipcios les encantaban los juegos de mesa.


Después de un largo día de trabajo los egipcios se relajaban jugando a juegos de mesa. Tenían juegos diferentes como "Mehen" o "Perros y chacales", pero tal vez el más popular fue un juego llamado "Senet", que se remonta a 3500 a.C. Se jugaba en un tablero en el que había pintadas 30 casillas. Cada jugador tenía un conjunto de piezas que se movían según las tiradas de los dados o de palos de lanzamiento. Los historiadores aún debaten las reglas exactas del Senet, pero no hay duda de la popularidad del juego. Hay pinturas que representan a la reina Nefertari jugando al Senet, y en las tumbas de algunos faraones como Tutankamon se han encontrado tableros de este juego.

4. Las mujeres egipcias gozaban de una amplia gama de derechos y libertades.


Si bien pública y socialmente las mujeres egipcias eran vistas como inferiores a los hombres, disfrutaban de una gran independencia jurídica y financiera. Podían comprar y vender propiedades, ejercer como jurados, testar y celebrar contratos legales. Las mujeres egipcias en general no solían trabajar fuera de casa, pero las que sí lo hacían percibían el mismo salario que los hombres. A diferencia de las mujeres griegas que eran propiedad de sus maridos, las egipcias tenían derecho a divorciarse y volverse a casar. Incluso negociaban contratos prenupciales en los que se incluían todos los bienes y riquezas que la mujer aportaba al matrimonio y eran compensadas por ello en caso de divorcio.


5. Los trabajadores egipcios organizaban huelgas.


A pesar de que el faraón era considerado como una especie de dios viviente, los trabajadores egipcios no tenían miedo de protestar por una mejora de sus condiciones laborales. El ejemplo más famoso se produjo durante el reinado de Ramsés III. Cuando los trabajadores que participaban en la construcción de la necrópolis real de Deir el-Medina no recibieron su pago habitual en grano, se organizó una de las primeras huelgas de las que se tiene constancia en la historia. La protesta se hizo en forma de sentada: los trabajadores entraron en los templos cercanos y se negaron a salir hasta que sus quejas fueran escuchadas. Funcionó, y a los obreros se les pagó lo que se les debía.


6. Los faraones egipcios a menudo tenían sobrepeso.


La dieta egipcia a base de cerveza, vino, pan y miel tenía un alto contenido de azúcar y los estudios muestran los estragos que pudo haber hecho en las cinturas reales. Los exámenes de momias indican que muchos gobernantes egipcios tenían sobrepeso, e incluso eran diabéticos. Un ejemplo notable es la legendaria reina Hatshepsut: mientras que en su sarcófago aparece representada como esbelta y atlética, los historiadores creen que en realidad era obesa y calva.


7. Las pirámides no fueron construidas por esclavos.


La vida de un constructor de pirámides desde luego no era fácil -los esqueletos de estos trabajadores muestran signos de artritis y otras dolencias-, pero las evidencias sugieren que estas construcciones no fueron levantadas por esclavos, sino por trabajadores asalariados. Estos trabajadores eran artesandos y obreros temporales. Un graffiti encontrado cerca de estos monumentos sugiere que a menudo las cuadrillas de obreros se ponían nombres chistosos como los "borrachos de Micerinos", o los "Amigos de Khufu". La idea de que los esclavos construyeron las pirámides a golpe de látigo la sugirió el historiador griego Heródoto en el siglo V a.C., pero hoy en día los historiadores coinciden en que eso es un mito. Es cierto que los egipcios tenían esclavos, pero los utilizaban como sirvientes domésticos.


8. A Tutankamon lo pudo haber matado un hipopótamo.


Se sabe muy poco sobre la vida del faraón niño Tutankamon, pero algunos historiadores creen saber cómo murió. Estudios de la momia del joven rey muestran que fue embalsamado sin su corazón y sin su caja torácica. Este cambio drástico en las prácticas funerarias tradicionales sugiere que pudo haber sufrido una lesión terrible antes de su muerte. Según algunos egiptólogos, la causa más probable de esta herida habría sido la mordedura de un hipopótamo. Los egipcios eran muy aficionados a la caza, y si el niño-rey participaba en cacerías peligrosas su muerte pudo haber sido a causa de un accidente en una de estas cacerías.


9. Los médicos egipcios estaban especializados.


Los médicos de la Antigüedad se dedicaban normalmente a la "medicina general", pero las evidencias demuestran que los médicos egipcios muchas veces se centraban en la curación de una sola parte del cuerpo humano. Esta primitiva forma de especialización médica fue documentada por primera vez en año 450 a.C. por el historiador Heródoto, que al hablar de la medicina egipcia escribió: "Cada médico es sanador de una enfermedad y no más... Algunos de los ojos, algunos de los dientes, algunos de lo que pertenece a la barriga". Estos especialistas incluso tenían nombres específicos. Los dentistas eran conocidos como "los médicos de los dientes", mientras que el nombre dado al proctólogo se traduce literalmente como "pastor del ano".


10. Los egipcios tenían muchas mascotas.


Los egipcios veían a los animales como encarnaciones de los dioses y fueron una de las primeras civilizaciones en tener animales domésticos. Eran especialmente aficionados a los gatos, que asociaban con la diosa Bastet, pero también sentían una especial reverencia por los halcones, ibis, perros, leones y monos. Muchos de estos animales ocupaban un lugar especial en la casa egipcia y a menudo eran momificados y enterrados con sus amos después de su muerte. Otros eran utilizados para trabajar, como perros y monos que eran adiestrados para patrullar junto a los oficiales que velaban por la seguridad.


11. Hombres y mujeres se maquillaban


La vanidad es tan antigua como la civilización y los egipcios no fueron una excepción. Tanto los hombres como las mujeres llevaban grandes cantidades de maquillaje, que según ellos les brindaba la protección de Horus y Ra. Los cosméticos los fabricaban moliendo minerales como la malaquita y la galena, y con esta mezcla obtenían una sustancia llamada "khol" que aplicaban alrededor de los ojos con instrumentos hechos de madera, hueso y marfil. Las mujeres también aplicaban pintura roja a sus mejillas y teñían sus manos y sus uñas con henna. Ambos sexos utilizaban perfumes a base de aceite, mirra y canela. Los egipcios creían que su maquillaje tenía poderes curativos, y no iban del todo desencaminados: se ha demostrado que los cosméticos a base de plomo usados a lo largo del valle del Nilo ayudaban a evitar infecciones en los ojos.


Fuente:
History.com

6 de marzo de 2012

Descubren en Egipto un faraón desconocido

Han tenido que pasar más de 3.600 años para que el nombre de un faraón egipcio hasta ahora desconocido salga a la luz. Un equipo de arqueólogos ha descubierto en la ciudad monumental de Luxor, en el sur de Egipto, el nombre de un rey de la dinastía XVII del que no se sabía nada, según ha informado el Consejo Supremo de Antigüedades egipcias (CSA).

El faraón se llamaba Sen Negt N Ra tal y como figuraba en un cartucho real incrustado en una puerta de piedra caliza que los arqueólogos han encontrado durante unas excavaciones en el templo de Karnak de Luxor, a 700 kilómetros al sur de El Cairo. El nombre del rey aparecía en un medallón de forma ovalada , incrustado en la piedra, que contenía un jeroglífico sobre el faraón.

Detalle del medallón en el que aparece el nombre del faraón

El CSA ha explicado en un comunicado que, según las inscripciones en la puerta, este faraón vivió entre 1680-1580 a.C (dinastía XVII). El rey dedicó en Karnak varias construcciones al dios Amon-Ra, la principal divinidad de Tebas, que se alzaba en lo que hoy es Luxor.

La nota agrega que con este descubrimiento se añade un nuevo faraón a la dinastía XVII, cuyos reyes liberaron Egipto de la ocupación de los hicsos, un pueblo guerrero semítico procedente de Asia que dominó el país del Nilo durante 150 años desde 1730 a.C.


Fuente:
20 Minutos

27 de abril de 2011

Descubren en Egipto la estatua más grande del faraón Amenhotep III


Arqueólogos egipcios han descubierto la estatua más grande encontrada hasta ahora del faraón Amenhotep III, en la ciudad de Luxor, a unos 700 kilómetros al sur de El Cairo, ha informado el ministro de Estado para Antigüedades Zahi Hawas.

La estatua fue hallada en excavaciones llevadas a cabo en el área de Qarna, donde se encuentra el templo de Amenhotep III (1390-1352 a.C.), en la ribera oeste del río Nilo, en Luxor, precisa el ministro en un comunicado difundido por su oficina. El coloso, que está esculpido en cuarcita pintada, y que mide 13 metros de altura y casi 6 metros de ancho, está compuesto por siete grandes fragmentos, precisa Hawas en la nota.

La estatua era una de las dos que flanqueaban la entrada norte del templo de Amenhotep III y es probable que se desplomara durante el terremoto que sacudió Egipto el año 27 a. C. Actualmente se efectúa la limpieza y restauración de los siete fragmentos para volver a emplazar el coloso en su lugar original, pero la cabeza aún continúa sepultada en la arena, por lo que los expertos seguirán con las excavaciones para encontrarla, ha indicado el ministro.

Hawas no descartó la posibilidad de que sea encontrada la segunda estatua de Amenhotep III durante la temporada actual de trabajo arqueológico en la zona. Esa pieza fue descubierta por primera vez en 1928 por un arqueólogo egipcio y otro alemán, pero fue olvidada en una zona agrícola hasta que fue cubierta por la tierra.

Por su parte, el supervisor de las excavaciones, el arqueólogo Abdel Gafar Wagdi, dijo que los expertos descubrieron también una estatua de la diosa de la Curación, Sejmet, fabricada en granito negro, de 185 centímetros de largo y 74 de ancho. La escultura fue hallada al norte del templo de Amenhotep III, que mandó construir muchas estatuas de Sejmet, después de que enfermara en los últimos días de su vida, recordó Wagdi.

Amenhotep III, uno de los faraones más destacados de la dinastía XVIII, fue padre del rey Akenatón y abuelo de Tutankamón.


Fuente:
El Periódico

19 de febrero de 2011

Traición en la corte del faraón

En los momentos finales del reinado de Ramsés III, una de sus mujeres llamada Tiyi conspiró en palacio para lograr que su hijo, Pentaur, le sucediera en el trono. Para lograr su objetivo, Tiyi buscó la ayuda de un mayordomo llamado Pebakkamen, que fue quien reclutó a los hombres que se rebelarían contra el rey. Gracias a ellos y al apoyo que recibió de otras mujeres que vivían en el atestado harén de Ramsés III, Tiyi estuvo a punto de desalojar del trono a su marido. No hay datos que arrojen luz sobre cómo se frenó el complot, pero sabemos quienes fueron los traidores. También conocemos que se constituyó un tribunal para juzgar a los imputados en la conspiración y que ciertos miembros de la comisión de investigación intentaron boicotear el proceso para no inculpar a algunos familiares suyos. Tras ser descubiertos, la ira del faraón cayó sobre sus cabezas. Los verdugos les cortaron la nariz y las orejas, castigo que se reservaba a los prefectos y magistrados que abusaban de sus funciones.

En los jeroglíficos se describe de forma un tanto ambigua la condena que aplicó el tribunal a los cabecillas del fallido golpe de estado: “Los han puesto en su lugar. Ellos solos han muerto”. ¿Les obligaron a suicidarse? En realidad, su final fue mucho más lento y terrible. Una momia hallada en Deir el Bahari, que corresponde a un varón de unos 25 años bien formado y sin lesiones, aporta pistas sobre el ajusticiamiento de los traidores. La momia es de un hombre que fue introducido en su sarcófago sin habérsele practicado las operaciones usuales del embalsamamiento. Su rostro desvela una horrible agonía, lo que sugiere que el desafortunado joven fue enterrado vivo.


Fuente:
Muy Interesante

8 de noviembre de 2010

Ramsés el Grande, el faraón que vivió como un dios (2ª parte)

En 1290 a.C., un joven Ramsés fue coronado tercer faraón de la XIX Dinastía. Se desconoce la edad que tenía en aquel momento; su fecha exacta de nacimiento está enterrada en algún lugar de la antigüedad, pero los eruditos creen que tenía poco más de 20 años. Tras una década de preparación para asumir la posición más alta del país, por fin era el rey de Egipto y podía demostrar su poder supremo creando monumentos soberbios que proyectarían su imagen omnipotente.

Cantera de Asuán
Las antiguas canteras eran propiedad del faraón y las explotó al máximo. Durante sus casi 67 años de reinado, Ramsés II hizo construir más monumentos que quizá cualquier otro soberano anterior a él, pero el hombre que había detrás de estas perdurables imágenes sigue siendo un enigma.

Gran parte de la mejor arquitectura egipcia fue erigida durante el Imperio Nuevo. El paisaje se fue configurando con majestuosos templos que, junto con las pirámides de Giza, se convirtieron en símbolos imperecederos del pasado de esta antigua civilización. Algunos de los más monumentales se construyeron durante el reinado de Ramsés II, como el que hoy se conoce como Abu Simbel. Este recinto es el mayor templo tallado en roca que se haya construido jamás. Allí, cuatro estatuas sedentes de Ramsés se alzan a una altura de más de 20 metros. En el Egipto antiguo el rey era un ser divino y su trabajo era servir de intermediario entre los dioses y el pueblo. Quizá la principal responsabilidad del faraón como dios vivo era mantener el orden, y Ramsés parecía tomarse su papel divino bastante en serio. Detrás de las cuatro estatuas sedentes se abría un templo que se adentraba 48,7 metros en la montaña. En el interior, ocho figuras de Ramsés talladas a imagen del dios de los muertos, Osiris, custodian un pasillo que acaba en una sala sagrada. En esa sala se encuentran estatuas de los grandes dioses de Egipto, y Ramsés está sentado entre ellos.

Templo de Abu Simbel

Aún se pueden encontrar infinidad de estatuas de Ramsés por todo Egipto, eran un elemento necesario en la vida cotidiana. En aquella época servían para representar a un faraón al que pocos podían ver, pero al que todos veneraban.

Durante los tres primeros años de su reinado Ramsés vivió una vida tranquila. Centró su atención en la construcción de grandes edificios, en la usurpación de monumentos de faraones anteriores y en tallar y volver a tallar su nombre e imagen en jeroglíficos y relieves por todo el país. Los eruditos aseguran que en las inscripciones que se hicieron durante su vida hay pistas que pueden ayudar a comprender al hombre que había detrás de la imagen.

Ramsés, como faraón, no realizó su primera campaña militar hasta el quinto año de su reinado. En 1286 a.C., decidido a tener el control total de la costa del Mediterráneo organizó una expedición. Sus esfuerzos resultaron ser un éxito: él y sus tropas regresaron victoriosos a casa tras haber logrado el control tanto de aquella área como de una zona que antes había estado bajo el dominio egipcio pero que se había perdido frente al poderoso Imperio Hitita. La batalla de Qadesh sería uno de los momentos más célebres y mejor documentados del reinado de Ramsés II.

Incluso hoy en día es imposible viajar por Egipto sin encontrar algunas de las muchas obras que se erigieron en la época de Ramsés II. La cantidad y grandiosidad de sus monumentos son un reflejo de su poder.

Estatua de Ramsés II en el Templo de Luxor
Ramsés sobrevivió a muchas de sus reinas y concubinas. Durante su vida tuvo unas seis esposas principales, pero parece ser que una sobresale por encima de las demás: Nefertari.
Según varios documentos, Nefertari fue la esposa más amada y su belleza era legendaria. Ramsés pareció honrarla haciendo que su presencia fuera conocida en todo el Imperio. En Abu Simbel, cerca de su enorme templo, se encuentra otro dedicado a la diosa egipcia Hathor y a la amada esposa de Ramsés. Allí, dos tallas idealizadas representan a Nefertari, a las que acompañan otras cuatro de su devoto marido.
Nefertari le dio muchos hijos a Ramsés, pero ninguno le sobrevivió, como tampoco lo hizo su reina favorita. Hacia el año 24 de su reinado, Ramsés lloró la muerte de Nefertari. Su devoción a la memoria de la reina se evidencia sobre todo en el lugar de su descanso eterno, en la zona conocida como el Valle de las Reinas. A 12 metros bajo tierra se encuentra su tumba, de enormes dimensiones y magníficamente decorada.

Templo de Nefertari en Abu Simbel
A pesar de la pérdida de Nefertari, Ramsés II nunca dejó de cumplir con los deberes que le imponía su cargo. Era importante que, como rey de un Imperio, siguiera procreando para asegurarse de que tras su fallecimiento le sucediera uno de sus hijos.
Se cree que Ramsés II engendró unos 90 hijos, y a diferencia de cualquier otro faraón hizo gala de ellos, orgulloso, en muchos de sus monumentos.

El reinado de Ramsés fue un periodo de la historia que a menudo se ha relacionado con el Éxodo bíblico, y muchos creen que en realidad Ramsés II fue el responsable, pero la verdad es que el verdadero alcance del gobierno de Ramsés como faraón de Egipto sigue aún sin conocerse.

Después de casi 67 años el reinado de Ramsés llegó a su fin. Se cree que tenía más de 80 años cuando murió, y fue enterrado en la tumba conocida como Valle de los Reyes número 7 o KV-7. Su muerte marcaría el fin de una época.

7 de noviembre de 2010

Ramsés el Grande, el faraón que vivió como un dios (1ª parte)

Ramsés II
Ramsés II comenzó su reinado en el año 1290 a.C. Este periodo de la historia egipcia se conoce con el nombre de Imperio Nuevo, y para entonces el país ya estaba sólidamente estructurado. Hacía tiempo que se usaba la escritura jeroglífica, las pirámides de Giza tenían 1.000 años, y un sistema religioso que incluía numerosos dioses de diversas apariencias se había convertido en el centro de atención de un pueblo que creía firmemente en la vida después de la muerte. Durante 67 años, la presencia de Ramsés fue determinante para esta civilización.

A diferencia de muchos de sus predecesores, Ramsés II no era de origen real. Su familia pertenecía a la casta militar. Sin embargo, cuando nombraron visir del faraón Horenheb, que no tenía descendencia, a su abuelo Ramsés I, el joven Ramsés II entró en la línea de sucesión al trono. En el año 1306 a.C., Horenheb murió dejando el reino a Ramsés I; se iniciaba de esta manera la XIX Dinastía. Fue una época próspera en la historia de Egipto, y durante este periodo los gobernantes intentaron asegurarse una posición firme manteniendo la estabilidad de Egipto dentro y fuera de sus fronteras.

Egipto había sufrido varias agitaciones importantes a lo largo de los años, y una de las más devastadoras había sucedido durante la XVIII Dinastía; fue entonces cuando el aglutinador más poderoso de Egipto, la religión, experimentó un profundo cambio. El faraón conocido como Akhenatón había rechazado el culto a los antiguos dioses egipcios para adorar a un único dios: Atón. Los faraones que sucedieron a Akhenatón, incluido el ahora famoso Tutankhamón, intentaron reparar los daños causados por el faraón hereje. Volvieron al antiguo sistema de creencias restaurando el culto a todos los dioses que anteriormente habían regido la vida en el país. En 1306 a.C., Ramsés I, al igual que los faraones que le precedieron, empezó su reinado afianzando las antiguas creencias para ganarse la lealtad de sus súbditos. Mientras, su hijo Seti se entrenaba militarmente para ayudar a recuperar la posición que el país había perdido por culpa de actitudes negligentes.

Akhenatón
El Imperio egipcio se estaba reconstruyendo, y tanto Ramsés II como su padre, Seti I, demostrarían que eran los impulsores de su poderoso resurgimiento. En 1305 a.C., tras la muerte de su padre, Seti I ocupó el puesto de faraón. En esa época Ramsés II tendría unos 9 años, pero como posible heredero ya se le estaba entrenando para su futuro cargo. Fue instruido en lectura, en escritura, en religión y en las técnicas militares necesarias para su futuro cargo, como el manejo del carro y el tiro al arco. A la edad de 10 años su padre le nombró comandante en jefe del ejército egipcio, un título que no dejaba de ser honorífico. Para un niño que acabaría convirtiéndose en rey, su seguridad era de gran importancia, y cualquier cosa que pudiera hacer peligrar su bienestar, como una campaña militar, era impensable.
Hacia el séptimo año del reinado de Seti, éste decidió otorgarle a Ramsés un nuevo título: a la edad aproximada de 14 años fue nombrado príncipe regente, uno de los cargos más importantes en el antiguo Egipto, solo inferior al de corregente. Seti se había propuesto afianzar la autoridad de su hijo ante el pueblo egipcio. A partir de entonces no hubo dudas sobre quién sucedería a Seti, y Ramsés viviría la vida de un rey entre cuyas prerrogativas se contaba la de disponer de su propio harén real.

Seti I
Ramsés necesitaba muchas esposas para garantizar el futuro de la XIX Dinastía. Era una de sus obligaciones como heredero tener muchos hijos, y parece que se tomaba este deber muy en serio. A lo largo de su vida, Ramsés llegaría a tener por lo menos seis esposas principales y muchas más secundarias, además de varias concubinas.
Durante los 10 años del reinado de su padre, Ramsés ya había engendrado unos diez hijos y muchas hijas. Además de ser un padre joven, en ese periodo Ramsés tenía otras responsabilidades; se le inició en muchos de los asuntos del país. A la edad de 15 años acompañó a su padre a una campaña militar en Libia, y un año después libró una batalla en la frontera con Siria. A los 22 años Ramsés ya luchaba sin el apoyo de su padre. Las campañas solo duraban dos o tres meses al año. Durante los meses restantes Ramsés dedicaba parte de su tiempo a supervisar la extracción del material necesario para la construcción de algunos de los numerosos monumentos que han pasado a la historia como símbolo de la antigua civilización egipcia.

El interés de Ramsés II en la construcción tal vez naciera durante los años que pasó en Asuán. La construcción, la estrategia militar y la descendencia eran parte de los deberes de un faraón, y Ramsés parecía sobresalir en cada uno de ellos. Estaba más que preparado para asumir el poder cuando su padre murió en 1290 a.C. A partir de aquel momento, Egipto ya nunca sería igual.

Continuará...

23 de septiembre de 2010

Akenatón, el faraón de aspecto extraño

Después de Tutmosis, nació Akenatón. Se desconoce el lugar de su nacimiento, pero es posible que fuese el palacio de Zarw, donde la reina Tiy tenía su residencia de descanso. Pero también podría haber nacido en el palacio de Malgata, en Tebas. La fecha aproximada en que vino al mundo podría ser el 1400 a.C.
Cuando nació, hacía dos años que su padre era faraón de Egipto. Es probable que todavía viviera su abuelo Yuya. Existen pocos datos sobre su infancia y adolescencia; aparece mencionado por primera vez cuando tenía dieciocho años y su padre, Amenofis III, celebraba sus veinte años de reinado. Sabemos que recibió el mismo nombre que su padre, Amenofis.
El faraón sentía cierta aversión por este hijo. Lo consideraba un engendro que algún día le causaría alguna desgracia. Lo llamaba "el eunuco". Dada su debilidad física, creció a la sombra de la figura de un padre poderoso que le impidió un desarrollo libre y nunca pudo superar los éxitos paternos en el terreno militar y en el económico. Eso explicaría su inclinación por el refinamiento intelectual, el sentimentalismo, la necesidad de rodearse de lujos y la devoción por la figura de su madre.
No había nada más alejado del interés del joven príncipe que la guerra y las destrezas físicas. Sus vocaciones fueron el arte y la literatura, para las cuales demostró estar ampliamente dotado. El interés por la religión lo llevó a Heliópolis, donde frecuentó a los sacerdotes del culto solar de Atón, originado en esa ciudad. Esa experiencia inspiró al príncipe para implementar su reforma religiosa posterior.

Tutmosis
Nadie imaginaba que el niño Amenofis llegaría a ser faraón pues su hermano mayor, Tutmosis, lo aventajaba en inteligencia, destreza física, habilidad política y energía militar.
Pero cuando Tutmosis desapareció de la escena, Amenofis se convirtió en el sucesor de su padre.
Todavía se discute si hubo corregencia entre padre e hijo. Varios historiadores afirman que sí la hubo y que el gobierno compartido habría durado entre dos y doce años.
En el 1367 a.C. subió al trono como Amenofis IV, pero cambió su nombre por el de Akenatón durante el año 5 de su reinado, como homenaje al dios Atón y con el objetivo de diferenciar su nombre del de su padre. La coronación tuvo ligar en Hermonthis, ciudad situada unos doce kilómetros al sur de Tebas. Fue su primer acto de rebeldía frente al clero tebano, al transgredir la tradición de celebrar la coronación en Karnak o Luxor.

La apariencia de Akenatón sigue siendo materia de controversias y ha dado lugar a las más curiosas interpretaciones. No es para menos, pues el aspecto que muestran sus esculturas es inquietante: un cráneo inusualmente alargado, la nariz abultada aunque no tanto como sus labios voluptuosos, el mentón prominente y puntiagudo, ojos oblicuos con mirada ausente, hombros pequeños, cuello largo con apariencia frágil, enormes caderas afeminadas, vientre prominente, muslos abultados y piernas curiosamente delgadas.


Estatuas de Akenatón
Era decididamente feo, con aspecto de estar cansado. Parecía asexuado y siempre lo rodeaba un halo de misterio. A veces se ponía alguna falda plisada, como las que usaban las mujeres, y se pintaba los labios de un rojo refulgente, como una prostituta. A medida que pasaron los años, su vientre y sus labios se hicieron fláccidos y obesos. Sus pechos se llenaron como si fueran femeninos y se pintaba los pezones de un anaranjado brillante.
Una teoría atribuye el aspecto físico de Akenatón a una disfunción de la glándula pituitaria.

La posibilidad de que Akenatón fuera impotente y que el verdadero padre de sus hijas hubiera sido Amenofis III ha quedado descartada, pese a que esos deslices incestuosos eran práctica corriente en el Antiguo Egipto. De todos modos, en los títulos de sus hijas siempre aparece la aclaración "de las entrañas del faraón, nacidas de la reina Nefertiti", como para no dejar dudas de su paternidad.

Puede suponerse que la representación de sus deformidades físicas puede haber sido una idea originada en la mente de Akenatón, impuesta a los artistas que lo retrataron.


Fuente:
Akenatón el faraón olvidado - Jorge Dulitzky

20 de mayo de 2010

Nefertari, la esposa amada

Nefertari -Nefertari Merytmut o Mut Nefertari- (1300-1250 a.C.) fue la Gran Esposa Real de Ramsés el Grande. Es una de las reinas egipcias más conocidas junto a Cleopatra, Nefertiti y Hatshepsut. Su tumba, lujosamente decorada, es la mayor y más espectacular del Valle de las Reinas. Los orígenes de Nefertari son desconocidos, pero se cree que pertenecía a la nobleza. Mientras ella fue reina su hermano Amenmose ocupó el cargo de alcalde de Tebas. Nefertari se casó a los trece años con Ramsés, quince años antes de que éste ascendiera al trono, y fue la más importante de sus ocho esposas durante veinte años. Hacia el año 1240 a.C. su importancia parece menguar y sus imágenes al lado del faraón empiezan a escasear. Nefertari tuvo al menos cuatro hijos y dos hijas, pero ninguno de ellos ocupó el trono. El heredero de Ramsés fue el príncipe Merneptah, su hijo número 13 engendrado con otra esposa, Isetnofret. Ramsés engendró por lo menos 48 hijos durante su largo reinado. Nefertari murió en algún momento del año 25 del reinado de Ramsés, pasando Isetnofret a ocupar el puesto de esposa principal.

Ramsés y Nefertari

Nefertari fue probablemente la única reina egipcia que fue deificada en vida. Cerca del templo de Ramsés en Abu Simbel se encuentra uno más pequeño dedicado a Nefertari y a la diosa Hathor, algo inusual ya que los templos solían estar dedicados a las deidades, nunca a los mortales. Su estatus lo confirma el hecho de que era representada como parte de la comitiva de su marido incluso en los viajes importantes. También se la representaba con un tamaño igual al de Ramsés, lo que indica lo importante que era para el faraón. Su importancia se ve reforzada por los escritos que aparecen en unas tablillas pertenecientes a la ciudad hitita de Hattusas, que contienen la correspondencia mantenida por Nefertari con el rey Hattusilis y su esposa Pudukhepa. Ella parece haber sido fundamental en el mantenimiento de la paz entre egipcios e hititas. El inusual afecto de Ramsés por su esposa, descrito en las paredes de su tumba, demuestra que algunos matrimonios egipcios no eran meras cuestiones de conveniencia o medios para acumular más poder, sino que se basaban en el apego emocional. En algunas paredes de la cámara funeraria de Nefertari aparece el poema escrito por Ramsés a su esposa muerta: "mi amor es único, nadie puede rivalizar con ella, porque ella es la mujer más hermosa..." Ramsés se refería a su amada esposa como "la única para la que brilla el sol".

Tumba de Nefertari en el Valle de las Reinas

6 de abril de 2010

Hatshepsut, de reina a faraón (II)

Tutmosis III
Egipto prosperó bajo el reinado de Hatshepsut, pero se vislumbraba una nube negra en el horizonte. El difunto esposo de la reina había tenido un hijo con una esposa menor. El hijastro de Hatshepsut Tutmosis III, que tomó el nombre de su padre, era el heredero del trono. Mientras fue joven parecía natural que Hatshepsut gobernara en su lugar como regente, pero iba haciéndose mayor y la tradición exigía que Egipto tuviera un rey. El poder de Hatshepsut estaba a punto de desvanecerse. Lo que Hatshepsut hizo a continuación no tenía precedentes en la historia de Egipto. Por fin Egipto tuvo su faraón: el rey Hatshepsut. Hasta entonces había ostentado el título de "esposa del gran rey", pero para mantener su poder Hatshepsut tomó el título de "rey". Así evitó que su hijastro Tutmosis subiera al trono. Ahora se hacía representar llevando una barba falsa y los atributos del faraón. ¿Cómo lo consiguió? Evidentemente porque era una gran gobernante y Egipto estaba contento con ella. Hatshepsut tenía que desempeñar el papel de un hombre para seguir gobernando el país pero no quería parecer masculina, claro que llevaba la barba falsa y la falda del faraón, aquello era necesario para las ceremonias de estado. Pero no había ninguna duda de que era una mujer, incluso su nombre significa "la más destacada de las mujeres". Sin duda la gente la aceptó como rey porque era una excelente gobernante y Egipto estaba prosperando. Todo indica que al joven Tutmosis esto le parecía bien. Era un adolescente y le gustaba participar en expediciones y viajar con el ejército. Es de suponer que a una persona de su edad le resultaría poco atractivo pasarse el día vistiéndose para asuntos de estado y para saludar a viejos dignatarios. Sin duda preferiría aprender a manejar un carro y a disparar flechas con el arco. Si Tutmosis realmente estaba en el ejército seguramente se encontraría en Siria, donde Egipto enviaba regularmente expediciones militares. Si Hatshepsut había sido una buena gobernante cuando fue reina aún mejoró cuando pasó a ser rey. Un año después de convertirse en faraón mandó una expedición comercial al lejano país de Punt. Era una aventura audaz y peligrosa que necesitaba una gran organización. Punt estaba muy lejos, en el Sudán, casi en Etiopía. Parece que las transacciones fueron muy bien. Los barcos regresaron cargados de incienso, y también trajeron diversos árboles con las raíces cuidadosamente envueltas y protegidas por cestas. La creciente prosperidad del reino de Hatshepsut no benefició a nadie tanto como a Senmut, el fiel tutor de la princesa Neferure. Ya había sido ascendido a supervisor de los trabajos reales, y cuando Hatshepsut se convirtió en rey Senmut obtuvo permiso para construir su propia tumba en lo alto de una colina, con una preciosa vista sobre la llanura y el río. Las inscripciones encontradas por los arqueólogos en el sarcófago de Senmut revelan lo íntima que había sido su relación con la reina. Ella le había dado su propio sarcófago para que fuera enterrado en él. Hasta entonces ningún plebeyo había sido enterrado en un sarcófago real. Muchos estudiosos han sugerido que Senmut y Hatshepsut podrían haber sido amantes, eso explicaría por qué Senmut permaneció soltero durante toda su vida, lo que era muy poco frecuente en el Antiguo Egipto. Hatshepsut no era una pánfila que sólo se dedicaba a escoger los muebles de palacio. Existen noticias de que en ocasiones se ponía al frente de su ejército en el campo de batalla. Como mínimo hay un testigo ocular de las proezas militares de Hatshepsut. Se trata de uno de sus tesoreros que asitió a una campaña en Nubia, probablemente para controlar los gastos y el botín que conseguían. Al regresar se paró en la isla de Sagel, que era como el boletín informativo de Egipto. Si alguien quería anunciar algo lo tallaba en una piedra, y estos mensajes iban a permanecer allí durante miles de años. El tesorero quedó tan impresionado con lo que vio hacer a Hatshepsut en Nubia que lo talló en una piedra. Dice que al frente de su ejército derrotó a los nubios.
Momia de Hatshepsut
Tras la muerte de Hatshepsut, Tutmosis III se convirtió por fin en faraón. Fue uno de los grandes héroes militares de Egipto. Por lo visto habían mantenido siempre una relación cordial, en las inscripciones en que aparecían juntos lo hacían como co-gobernantes, no como competidores. Pero cuando Tutmosis llevaba 20 años de reinado tuvo lugar un gran cambio. La capilla roja de Hatshepsut fue desmantelada. Su nombre fue borrado de todos los monumentos y sustituido por el de su padre, su marido o su sucesor. Fue como si Hatshepsut nunca hubiera existido; se había decidido que en Egipto no podía haber reinado una mujer, no se adecuaba al sistema tradicional. En 1870 se descubrieron varias momias enterradas en una cámara. Dos de ellas no pudieron ser identificadas, y es posible que pertenecieran a Hatshepsut y Senmut. El único delito que cometió Hatshepsut para que su nombre fuera borrado de la lista de los reyes de Egipto fue ser mujer. Pero hoy, para visitar el templo más hermoso de Egipto hay que visitar el templo de Hatshepsut. La historia le ha hecho justicia.

5 de abril de 2010

Hatshepsut, de reina a faraón (I)

La creencia en el origen divino de la realeza fue un concepto fundamental en el antiguo Egipto. En torno a él se organizó y se desarrolló la civilización faraónica a lo largo de toda su historia. Desde los primeros tiempos el rey, por el mero hecho de serlo, ya representaba en sí mismo la existencia de un dios viviente, intermediario entre los otros dioses y la humanidad. Al advenimiento de la dinastía XVIII se produjo un pacto de estado entre la casa reinante y el dios Amón de Tebas, en virtud del cual se entendía que el faraón debía ser en sentido material, no simbólico, hijo físico de la carne del dios Amón. En consecuencia, hel heredero del trono debía ser engendrado en el vientre de la esposa del dios, la gran esposa real, por el dios Amón, personificado por el rey poseído por la esencia divina. Lo que nadie se esperaba es que el heredero de esta dinastía iba a ser una mujer. El nacimiento de Hatshepsut supuso todo un hito en la historia de Egipto. Llegó a ser la dueña de Egipto y ejercer su poder durante cerca de 22 años sobre el trono de las Dos Tierras. Todo un misterio gira en torno a esta figura femenina que se convirtió en faraón, asumiendo la condición de hija carnal del todopoderoso Amón. Este fue el artificio místico y religioso utilizado por la reina para justificar su acceso al trono como rey efectivo del Alto y Bajo Egipto a pesar de su condición de mujer. Era la hija de un rey y la esposa de otro rey, pero eso no le bastaba. El padre de Hatshepsut, Tutmosis I fue sepultado en una tumba excavada en la montaña, donde fueron descubiertos los tesoros de Tutankamón, donde enterraron a Ramsés. En esa época todas las pirámides ya habían sido saqueadas. Egipto había pasado por periodos de desorden y anarquía, y entonces estaba recuperando la estabilidad. Tutmosis I fue el primer faraón que fue enterrado en el Valle de los Reyes. Tutmosis y la reina tuvieron 5 hijos, pero Hatshepsut fue la única que sobrevivió a sus padres. Sólo por las venas de Hatshepsut corría sangre real pura, pero ¿podía una mujer convertirse en reina de Egipto? Elegir a un faraón era complicado y a menudo implicaba intrigas y luchas por el poder. Era el tipo de asunto que se decidía en los cerrados confines de un palacio construido con ladrillos de adobe. Cuando Hatshepsut tenía 12 años su padre murió dejando a la muchacha como única heredera real pura. Pero en Egipto hacía falta un rey, por ello Hatshepsut se casó con su hermanastro Tutmosis. El muchacho sólo pertenecía a la realeza a medias, puesto que era hijo de una esposa menor, por lo que necesitaba a Hatshepsut para poder reinar. Tutmosis II contaba unos 20 años de edad cuando se casó con Hatshepsut, y gracias a esta unión aquella muchacha de 12 años se convirtió en reina de Egipto. De Tutmosis II pueden decirse pocas cosas positivas. Su momia sugiere que no era el tipo de hombre por el que suspiran las mujeres. Era un hombre enfermizo, frágil y poco musculoso. Murió cuando sólo contaba unos 40 años. Se había quedado calvo y su cuerpo estaba cubierto de llagas. No construyó grandes monumentos ni levantó obeliscos dirigidos al cielo. Tampoco conquistó tierras extranjeras. Parece que se quedaba en palacio cuando el ejército salía de campaña. Lo mejor que se puede decir de su reinado es que fue tranquilo. Esto debió ser un gran cambio para Hatshepsut, criada en un palacio donde la norma eran los grandes hechos y las innovaciones audaces. Ella y Tutmosis tuvieron sólo un descendiente, una niña llamada Neferure. Cuando Tutmosis murió Hatshepsut llevaba 20 años casada con él. Debieron de ser 20 años muy largos, pero por fin era libre. Tenía 32 años y era madre de una muchacha. Además era reina de Egipto y estaba en la flor de la vida. Ahora mostraría al país lo que podía hacer la hija de un gran rey. Emprendió el programa de construcción más ambicioso que ninguna reina había llevado a cabo hasta entonces. Deir el Bahari iba a ser el templo funerario de Hatshepsut, donde podría ser adorada después de su muerte. Ninguna reina se había hecho construir jamás nada igual. Egipto debió quedar sorprendido. Probablemente es el templo más hermoso construido en el Antiguo Egipto.
Templo de Hatshepsut
Durante 20 años, Hatshepsut había sido consciente de sus deberes y se había comportado como la silenciosa esposa de Tutmosis II, pero había llegado el momento de liberar la energía heredada de su padre. Una vez más, los talleres reales volvieron a producir esculturas oficiales del dirigente de Egipto. Sin embargo, las imágenes de Hatshepsut eran diferentes de las de sus predecesores masculinos. La mostraban delgada, con la nariz aguileña y las mejillas carnosas; una mujer joven, fresca y viva. Durante los siguientes 1.000 años sus estatuas serían un modelo a seguir, y los obeliscos que levantó figuran entre los grandes logros de la ingeniería del mundo antiguo. Para hacer grandes cosas hace falta gente grande, y Hatshepsut confiaba especialmente en un hombre: Senmut. Senmut era el tutor de su hija y fue elevado al cargo de supervisor de las obras reales. Hatshepsut lo conocía muy bien, por ello le había confiado a su única descendiente. El buen servicio que Senmut prestó a Hatshepsut fue generosamente recompensado. Había nacido plebeyo pero alcanzó los más altos cargos del país.
Continuará...

21 de marzo de 2010

Los secretos del rey niño

Actualmente los tesoros de Tutankamón son famosos en todo el mundo, pero su figura siempre ha estado rodeada de misterios. Un simple chico que fue proclamado rey a los 9 años y que falleció a los 19, eclipsado por los grandes faraones que le precedieron y le sucedieron. Su historia ha sido un misterio desde que los antiguos documentos fueran destruidos en el pasado. Durante más de 3.000 años Tutankamón ha permanecido en el olvido en su tumba del Valle de los Reyes en Egipto, hasta que en 1922 el arqueólogo Howard Carter y su adinerado mecenas el conde de Carnarvon consiguieron el hallazgo más importante del siglo. Encontraron un tesoro que superaba sus espectativas, 4.800 objetos, muchos de ellos bañados en oro puro. Los egipcios de la era de Tutankamón bañaban los objetos en oro para que duraran toda la eternidad. Los llamaban la "carne de los dioses". El hallazgo fue sonado a nivel mundial; muchas otras tumbas habían sido víctimas de ladrones de tumbas pero aquí todo estaba en su sitio. Lord Carnarvon había desenterrado no sólo tesoros incalculables. Todo lo que Tutankamón creía necesitar en su próxima vida estaba en su tumba. El descubrimiento de Carnarvon supuso una carrera entre los egiptólogos para descubrir las numerosas incógnitas sobre el joven rey. Antes de que pudieran examinarse los tesoros encontrados el descubridor de la tumba estaba muerto. Una víctima, dicen algunos, de la "maldición de los faraones".
Howard Carter y Lord Carnarvon
Pero no todo eran tesoros. Dentro de la tumba había objetos que se pasaron por alto en su momento y que ahora se están analizando, proporcionando una imagen más clara del joven rey. Una imagen que discrepa mucho de lo que siempre se ha pensado de Tutankamón. Muchos expertos catalogan al joven rey como un personaje menor en la larga historia de Egipto. Parecía físicamente frágil y un gobernante débil. Las pruebas sugerían que incluso podía haber sido asesinado por otro fuerte aspirante al trono. Estas teorías se ven ahora amenazadas. La tumba de Tutankamón contenía más textiles que cualquier otro material. Había grandes cantidades de prendas de lino guardadas cuidadosamente en cajas de madera, y muchas de ellas llevaban el nombre de Tutankamón. El estudio de estas prendas revela que el joven rey tenía poca anchura de hombros, cintura estrecha pero caderas muy anchas en relación a la estructura del cuerpo. Esto es algo anormal en la estructura de un cuerpo masculino por lo que se cree que pueda tratarse de algo genético o de alguna enfermedad. Tutankamón nació en una era turbulenta. Amarna (su ciudad natal) fue construida a un ritmo frenético, emergiendo del desierto en tan sólo cinco años. Sería la nueva capital de Egipto, ademñas del seno de una nueva religión, ambas creadas por Akenatón, el padre de Tutankamón. Pero ¿quién era la madre? Durante décadas los expertos han buscado pruebas que revelaran la identidad de la madre. Los egiptólogos llevan años creyendo que su padre fue Akenatón, pero la identidad de su madre siempre ha sido un misterio. La primera esposa de Akenatón fue la legendaria Nefertiti, pero los documentos demuestran que ésta sólo tuvo hijas, por lo que la madre de Tutankamón tuvo que ser una de las concubinas de Akenatón, conocidas como "esposas menores". La candidata más probable es una mujer llamada Kia, descrita en una inscripción de las tumbas de Amarna como "una amada esposa", y otra inscripción la describe como "la segunda reina".
Objetos encontrados en la tumba
El mismo año que nació Tutankamón, en 1342 a.C., Kia desaparece misteriosamente de los documentos históricos. Los expertos creen que esa desaparición fue debida a una muerte repentina, y el estudio de las inscripciones y pinturas halladas sugiere que Kia murió al dar a luz. ¿Quién se hizo cargo entonces del pequeño Tutankamón? Durante años la infancia del joven rey ha estado rodeada por el misterio, ¿llevaría solamente el título de rey o ejercería como tal de forma más activa? Tras la muerte de Akenatón, con tan sólo 9 años fue proclamado faraón, la figura más poderosa del mundo antiguo. La nueva capital de Amarna fue abandonada; Tutankamón gobernaría desde Tebas, el antiguo centro del poder. Probablemente no gobernaba mucho, evidentemente había otras personas que se encargaban de la administración de Egipto. Estas personas tenían el control absoluto del reino. A los 10 años Tutankamón fue desposado con su media hermana Ankesenamun, ya adolescente. La joven pareja fue retratada en innumerables tesoros. La colección de hierbas y semillas que se encontraban en la tumba de Tutankamón no estaban allí para complementar sus comidas, tenían usos medicinales. Los antiguos egipcios pensaban que la muerte era la continuación de la vida. Una vez muerto y resurgido, Tutankamón necesitaría su medicina, así que su tumba ofrece datos exactos sobre el botiquín personal del gran faraón. Los análisis de los restos encontrados revelan que algunos remedios herbales aún siguen siendo utilizados en Egipto. La medicina más utilizada por el faraón era la "farfolla seca", que se mezclaba con agua y leche y se utilizaba para todo tipo de enfermedades. También se han encontrado en la tumba grandes cantidades de cilantro, que se usaba contra los dolores de cabeza y para tratar la fiebre.
Momia de Tutankamón
Tutankamón no tenía descendientes, pero junto a su tumba se han encontrado dos fetos de mujer momificados: uno tenía cinco meses de gestación y el otro correspondía a un niño muerto al nacer. Esto se podría considerar como una señal de que la familia real quería formar una familia. Un ambicioso rival debería conseguir el trono antes de que naciera un hijo varón, lo que da pie a pensar que el joven faraón pudo ser asesinado. El principal sospechoso, su sucesor en el trono Horenheb. Al llegar al trono, Horenheb ordenó que todos los restos y las inscripciones de Tutankamón fueran eliminados. Otro sospechoso es el primer ministro de Tutankamón, Ay. Intentó hacerse con el poder inmediatamente después de la muerte del faraón, casándose con su viuda y reclamando la tumba real para él, cuando estaba destinada a Tutankamón. Estos indicios permiten pensar en un asesinato, aunque las nuevas tecnologías pueden revelar otras evidencias como las mostradas recientemente de que su muerte se debió a una enfermedad.

9 de diciembre de 2009

Nefertiti, la reina olvidada

¿Cómo es posible que una de las más poderosas y polémicas reinas del Antiguo Egipto haya podido prácticamente desaparecer de la historia? Al parecer, con la ayuda de sus enemigos, porque si en algo están de acuerdo los egiptólogos cuando se trata de Nefertiti, es en que tenía un montón de enemigos. Esposa del faraón Akenatón y tal vez gobernante por derecho propio después de su muerte, Nefertiti era poco más que un susurro histórico cuando, en 1912, fue descubierta en el retiro real de Amarna una exquisita escultura de piedra caliza de su ahora famoso rostro, que data del año 1345 a.C. Desde el momento en que fue exhibido por primera vez en el Museo Egipcio de Berlín (1924), el enigmático busto con cuello de cisne pasó a ser uno de los iconos más famosos del mundo. Poco se sabe acerca de la mujer cuya belleza se celebra. Si bien los orígenes de Nefertiti -así como su desaparición- siguen siendo una incógnita, los egiptólogos están empezando a averiguar más detalles sobre su vida. Lo que sabemos de Nefertiti, proviene principalmente de las escenas e inscripciones de las tumbas de los funcionarios que sirvieron en la corte de Amarna, de las escenas del templo de Atón en Karnak y de las actuales excavaciones en Amarna. Su nombre, que significa “la bella ha llegado”, lleva a algunos investigadores a pensar que Nefertiti llegó a Egipto desde un país extranjero. Otros, sin embargo, piensan que era egipcia por nacimiento. También están los que piensan que es poco probable que fuese de sangre real, porque su padre fue un alto funcionario del gobierno, un hombre llamado Ay, que llegó a faraón después de Tutankamon (y de paso pudo haber tenido algo que ver en la muerte del rey niño). Esencialmente, nada se sabe de Nefertiti antes de convertirse en co-regente de Egipto junto a su esposo, el faraón Akenatón, quien gobernó del 1352 al 1336 a.C. Está claro que disfrutó de un status inusualmente alto durante el turbulento reinado de su marido. La pareja instauró el monoteísmo -culto al disco solar por encima de todos los demás dioses e ilegalizando la devoción politeísta de sus súbditos- , amenazó a la clase sacerdotal y se aseguró no pocos enemigos poderosos.
Akenatón
Algunos egiptólogos creen que fue Nefertiti la que realmente instigó esta nueva religión y la que abrió la brecha entre la realeza y los sacerdotes. Nefertiti tuvo seis hijas con Akenatón, dos de las cuales pudieron haber muerto en una plaga. Algunos investigadores creen que alrededor del año 12 del reinado de Akenatón, Nefertiti pudo convertirse en su co-regente e inmediatamente después de su muerte se convirtió en faraón por derecho propio, gobernando durante un corto período de tiempo. Como Akenatón eliminó el panteón de antiguos dioses enfureciendo a sus sacerdotes, probablemente necesitaba una figura femenina fuerte para suavizar el rigor abstracto de la deidad del sol. Es por ello, tal vez, que su hermosa reina apareció en el arte oficial y las inscripciones se centraron en la idílica vida doméstica de la familia real. Al igual que el de Akenatón, el nombre de Nefertiti fue borrado de los registros históricos y su imagen fue distorsionada después de su muerte, cuando Egipto volvió a su antigua religión politeísta. Con tantos enemigos la pregunta obvia es si Nefertiti falleció por causas naturales o fue asesinada. No se sabe, pero la momia que la arqueóloga Joann Fletcher encontró y que al parecer podría pertenecer a Nefertiti, fue mutilada en los años posteriores a su muerte. Tal vez esto se hizo para evitar que tuviese poder incluso en el “más allá”.
Supuesta momia de Nefertiti

7 de noviembre de 2009

El último faraón

Gran parte de lo que sabemos sobre Cleopatra fue escrito después de su muerte cuando fue conveniente políticamente, y fue retratada como una amenaza para Roma y su estabilidad. Por eso, parte de la información que tenemos puede haber sido exagerada o tergiversada por los historiadores de la época. Nacida en el año 69 a.C. Cleopatra VII Filopator fue la tercera hija de Ptolomeo XII, y aprendió los entresijos de la política al ver los esfuerzos humillantes de su padre para conservar el trono de Egipto comprando el apoyo de los poderosos romanos. Su familia gobernó Egipto durante más de 200 años antes de su nacimiento. Uno de sus antepasados fue Ptolomeo, un general griego que ayudó a Alejandro Magno a conquistar Egipto. Ptolomeo se convirtió en rey de Egipto tras la muerte de Alejandro en el 323 a.C. Como hija de rey, Cleopatra aprendió a gobernar observando a su padre. También aprendió varios idiomas para poder comunicarse con los pueblos de otras tierras. Al morir su padre en torno al año 51 a.C. subió al poder. Al principio, Cleopatra compartió el trono con su hermano pequeño y a la vez esposo Ptolomeo XIII. Por extraño que pueda parecernos ahora, entre los reyes del antiguo Egipto eran frecuentes los matrimonios entre hermanos (a veces era la única forma que tenía una mujer de llegar a gobernar). Pero no compartieron el poder por mucho tiempo. Con la ayuda de sus asesores, Ptolomeo fue capaz de hacerse con el control del gobierno y de obligar a Cleopatra a huir de Egipto en el año 48 a.C. Cleopatra, sin embargo, no estaba dispuesta a ceder el trono sin luchar. Se preparaba para regresar por la fuerza cuando Julio César llegó a Alejandría después de la batalla de Farsalia. Cleopatra vio entonces la oportunidad de utilizarlo. Se dice que ella misma se presentó ante él escondida en una alfombra. Decidió hacerse amiga de César y gracias a su encanto y elegancia lo consiguió, e hizo que el romano quisiera ayudarla. Contrariamente a la leyenda, César no pasó mucho tiempo en Egipto con Cleopatra. Aunque en el año 46 a.C. ella dio a luz a un hijo al que llamó Ptolomeo Cesarión, César nunca lo reconoció formalmente. Pero lo que sí hizo el romano fue ayudarla a recuperar el trono luchando contra Ptolomeo XIII que resultó muerto en la contienda. Cleopatra recuperó el poder que volvió a compartir con otro hermano-esposo, Ptolomeo XIV. El mismo año en que nació Cesarión, Julio César invitó a Cleopatra a Roma. Lamentablemente, la relación terminó en tragedia al ser asesinado César a manos de sus antiguos amigos. Se cree que la presencia de Cleopatra en Roma pudo contribuir al resentimiento contra él. Después de la muerte de César, Cleopatra y su hijo volvieron a Egipto y ella encontró la manera de convertir a su hijo en co-gobernante. Al parecer, fue la responsable de la muerte en extrañas circunstancias de su marido-hermano. Unos años más tarde se encontró con otro líder romano, Marco Antonio, y pronto comenzó una relación con él. Quedó embarazada y dio a luz a mellizos: un niño llamado Alejandro Helios y una niña a la que llamó Cleopatra Selene. Antonio regresó entonces a Roma y se casó con Octavia, hermana del emperador Octavio. Alrededor del año 37 a.C., Marco Antonio dejó a su esposa y fue a reencontrarse con Cleopatra. Ella esperaba que él la ayudase a obtener más poder y tierras. Se unieron política y personalmente. Se casaron mediante un ritual no reconocido por el derecho romano y tuvieron un tercer hijo juntos, al que llamaron Ptolomeo Filadelfo. Gobernaron Egipto, Chipre, Creta y Siria. Las acciones de Antonio enfurecieron a Octavio, que logró el permiso del Senado romano para ir a la guerra contra Egipto en el año 32 a.C. Al año siguiente, Antonio y Cleopatra sufrieron una devastadora derrota en la batalla de Accio. Después de Accio, Cleopatra intentó negociar con Octavio el reconocimiento de sus hijos como sus sucesores en Egipto, pero Octavio exigía a cambio la muerte de Marco Antonio, a lo que ella se negó. Antonio, se suicidó poco después al recibir un falso informe en el que se le comunicaba que Cleopatra estaba muerta. Ella, no queriendo ser capturada por Octavio, en agosto del año 30 a.C. se suicidó también. No se sabe exactamente cómo murió Cleopatra pero se encontraron en su brazo izquierdo dos pequeñas marcas, presumiblemente provocadas por la picadura de un áspid.

11 de julio de 2009

Akhenatón y su revolución religiosa

Amenofis IV (1372-1354 a.C.), llamado posteriormente Akhenatón, es una de las más importantes personalidades del Imperio Nuevo Egipcio, no por sus hazañas políticas, sino porque su intento, aunque efímero, de una renovación religiosa le coloca entre los grandes fundadores de nuevas creencias. Reunía en sí los caracteres físicos y espirituales de distintos pueblos: egipcio por su padre Amenofis III; semítico por su madre, una princesa fenicia, e indoeuropeo por su abuela, de origen mitanni. Esta mezcla racial y la educación que desde un principio recibió habían de desembocar en una personalidad que podríamos llamar excéntrica si consideramos el ambiente general que le rodeaba. Efectivamente, desde niño fue educado en las ideas de la cosmogonía solar y siempre se sintió atraído por las especulaciones filosóficas. De todo ello surgió en él un ideal religioso que se apartaba totalmente de las tradicionales creencias del pueblo egipcio. Y cuando, muerto su padre, sube al trono a la edad de quince años, se nos muestra como un rey pacífico que deja de lado toda política externa militar, a pesar de la crisis que padecía el imperio egipcio y que se dedica con ahínco a la implantación de esa nueva religión, de la que se considera su depositario en la tierra. En realidad, aparentemente, la nueva religión no era del todo desconocida. Ya desde muy antiguo, en Heliópolis se rendía culto al dios Sol, bajo las denominaciones de Ra o Amón y representado como una figura humana, masculina, con cabeza de halcón. Este culto coexistía pacíficamente con otros muchos en un plano de igualdad. Pero durante la dinastía XVIII había adquirido una manifiesta preponderancia el dios Amón, reflejada en el poder religioso y político de sus sacerdotes. Lo que se propone el rey es una depuración de ese mismo culto solar. Concibe a Ra como un espíritu puro y le despoja de todos los mitos que le rodeaban, en los que aparecía con figura de hombre. Este espíritu puro recibe la denominación de Atón y desde ese momento es representado como un disco rojo, del cual parten unos rayos que se prolongan hasta acabar en unas manos que llegan a tocar al rey y a la reina para transmitirles la vida y el poder. La primera decisión que toma es la de nombrarse a sí mismo sumo sacerdote de Atón, despojando de su hegemonía al sacerdote de Amón, que hasta entonces había sido la personalidad política y religiosa más importante después del faraón. Esto da lugar a una crisis interna, que estalla violentamente al cuarto año de su reinado. Amenofis IV decide entonces romper de raíz con todo lo anterior a él; suprime los cultos de todos los dioses y manda destruir todas sus imágenes. Esta persecución se intensifica cuando de Amón y de sus sacerdotes se trata, por lo que algunos autores han querido ver en esta reforma un intento de acabar con la supremacía de la clase sacerdotal y devolver al poder real su carácter absoluto, tanto en el terreno político como en el religioso. El rey abandona Tebas, la capital del imperio, y construye una nueva ciudad llamada Akhetatón, que significa "Horizonte de Atón" (actual Tell el-Amarna). Él mismo cambia su nombre de Amenofis IV por el de Akhenatón, cuyo significado es "Servidor de Atón". ¿En qué consiste esta nueva doctrina solar? Entre los textos aparecidos en El-Amarna se conoce el "Himno a Atón", compuesto por el mismo rey, que resume los puntos más esenciales:
"Único Dios, tú que no tienes igual, tú que has creado la Tierra según tu corazón, cuando estabas solo, los hombres, todos los animales domésticos y salvajes, todo lo que está sobre la Tierra y marcha con sus pies, todo lo que está en el cielo y vuela con sus alas... Tú has colocado a todos los hombres en su lugar y tú provees sus necesidades..."
Se deduce de este fragmento que existe un solo Dios, anterior a todas las cosas. Los seres animados e inanimados son consecuencia de un acto de voluntad y amor de Dios. Pero además de este primer acto creativo existe un acto continuo de creación, consistente en mantener todo lo creado y en proveer a las necesidades de todos los seres vivientes. Por otra parte, como procedentes de Dios, todas las cosas que hay en el mundo y que acaecen al hombre son buenas. Esto da a la religión un carácter optimista; el hombre puede alcanzar la felicidad por medio del conocimiento del bien y la verdad. En otro fragmento del himno se nos presenta esta religión con un carácter marcadamente universalista:
"...Tú que has creado... los países extranjeros, la Siria y la Nubia, y la tierra de Egipto..., sus lenguas hablan de modo distinto, como son distintos su piel y su aspecto, pues que tú has diferenciado a los pueblos... Tú creas la vida de todos los pueblos alejados... Hay un Nilo en el cielo para los pueblos extranjeros...".
Es la primera vez que Dios rebasa las fronteras de su imperio para extender su providencia sobre todos los demás pueblos. Aquí se podría ver una segunda intención política: el propósito de unir a los pueblos tan dispares que forman parte del imperio mediante unos mismos ideales religiosos. Finalmente dice:
"Tú (Atón) estás en mi corazón, pero no hay otro que te conozca sino tu hijo (Akhenatón)..."
Akhenatón es el profeta de Atón, el depositario de su doctrina. Se considera a sí mismo como hijo del dios; por tanto, como participante de su divinidad. Él es la encarnación de Dios sobre la tierra, el intermediario entre los hombres y la divinidad. Así pues, el pueblo, en vez de dirigirse directamente a Atón, rinde culto diario a Akhenatón en su palacio. Por otra parte, el culto se populariza, ya no es exclusivo de unos cuantos sacerdotes, sino que interviene todo el pueblo; se sustituye el lenguaje literario por el utilizado en la vida diaria, que es el que conoce el pueblo. Hay que destacar que, frente a esta manifiesta superioridad del rey, todos los demás hombres son considerados por igual, sin influir riquezas ni títulos; únicamente la inteligencia puede establecer diferencias. Las ideas de ultratumba no cambian en su esencia; continúa la idea de supervivencia más allá de la muerte, pero apartándose de todas las creencias mitológicas. ¿Tuvo esta religión arraigo en el espíritu egipcio? Examinando la historia posterior, vemos que no. El intento de implantarla finalizó con la muerte de su fundador. Su sucesor Tutankhatón cambia su nombre por el de Tutankhamón, hace las paces con Amón y sus sacerdotes y regresa a Tebas. Realmente fue un tiempo muy corto para realizar una reforma de esta índole. La idea del politeísmo y el gusto por las complicadas mitologías estaban demasiado arraigados en el alma egipcia para que pudieran ser rápidamente desplazados por una religión tan espiritual que atacaba precisamente estas creencias, que habían sido el sustento espiritual del pueblo egipcio durante muchos siglos.

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