22 de enero de 2015

El Imperio Comanche (II)

Las mujeres comanches se encargaban de las tareas domésticas y de cuidar a los niños, una labor en la que también colaboraban los ancianos. Cuendo moría algún guerrero todos lloraban la pérdida, pero eran las mujeres las que se hacían cortes a lo largo de los brazos con sus dagas. Ellas eran las encargadas de cuidar los caballos, el bien más valioso de los comanches, y las que tenían que ensillarlos y desensillarlos. También curtían las pieles, preparaban la carne y transportaban los enseres más valiosos. Gracias a los equinos, los guerreros adquirían esposas y libraban batallas.

Cuando cazaban bisontes, ellas eran las que llevaban los rifles y cualquier utensilio que necesitaran los guerreros que iban a caballo. Tras la muerte del animal, las mujeres lo desollaban, cortaban la carne en trozos y transportaban todo al campamento. Para el hombre era indigno poner su mano sobre el bisonte caído. De los bisontes aprovechaban todo: carne, piel, vísceras, sebo y huesos. Sólo cazaban cuando era estrictamente necesario y nunca lo hacían por diversión. Tampoco abatían animales preñados, ya que eran conscientes de la importancia que tenía la preservación de especies. Era una sociedad que hoy día podríamos considerar machista y ecologista. Los comanches tomaban los recursos que les brindaba la naturaleza, pero sólo utilizaban lo que realmente necesitaban.

Antes de que concluyera la década de 1730, los comanches habían acumulado caballos suficientes para proporcionar monturas a todos sus guerreros. Realizaron migraciones estacionales en función de la disponibilidad de bisontes, pasto para los caballos, madera y agua. 

Aquella expansión convirtió a los comanches en una superpotencia que ocupaba un territorio de más de 400.000 kilómetros cuadrados. La necesidad de ensanchar su economía de caballos y bisontes les había llevado a las praderas en torno a 1700. Setenta años después, en 1770, esa misma necesidad les llevó a las llanuras de Texas. Todo su mundo giraba en torno a su capacidad para sustentar el aumento de sus ya abultadas manadas de caballos, y fue este imperativo el que los atrajo hacia la Texas española.

Cuerno Verde
Aquel territorio estaba salpicado de misiones, asentamientos y ranchos civiles mal defendidos, lo que lo convertía en un objetivo para los guerreros comanches. En 1779, el gobernador español de Nuevo México, Juan Bautista de Anza, reunió un ejército que incluía indígenas para enfrentarse al jefe comanche Cuerno Verde, cuyos guerreros atacaban los asentamientos coloniales. Anza tendió una trampa a Cuerno Verde y el jefe comanche y una treintena de sus guerreros fueron abatidos. Aquella pírrica victoria fue tan sólo una escaramuza más en la permanente guerra que enfrentaba a la Corona española y a los comanches, una guerra larvada que heredó México cuando se independizó en 1821.

Los comanches lograron explotar más a fondo que otras tribus las inmensas reservas bioenergéticas almacenadas en las manadas de bisontes. Al reinventarse a sí mismos como cazadores a caballo, dependieron totalmente de una única fuente de alimento, el bisonte, que les proporcionaba una acelerada ingesta de calorías, lo que facilitó el crecimiento demográfico de su pueblo.

El final de su imperio comenzó el mismo día que Estados Unidos derrotó a México. En 1848 ambos países firmaron el tratado de Guadalupe Hidalgo, por el que México cedió a Washington los territorios de California, Nevada, Nuevo México, Utah y Texas, y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Por aquellos años el presidente estadounidense James Monroe esbozó la política expansionista de su país y los planes de exclusión de las tribus nativas.

Una de las razones por la que los comanches tomaban cautivos era para incrementar su población. En general eran varones de entre 4 y 10 años, lo que facilitaba su integración en la tribu. En el caso de las mujeres, su captura respondía a la necesidad de nuevas féminas para llevar a cabo las tareas domésticas y el cuidado de los caballos. 

Quanah Parker
Destaca el caso de la estadounidense Cynthia Ann Parker, que siendo niña fue secuestrada por los comanches. Se casó con el jefe Peta Nocona y tuvo tres hijos. Años después fue liberada, pero ella se sentía una más de la nación comanche. Uno de sus hijos, el guerrero Quanah Parker, se convirtió en una pesadilla para la caballería estadounidense en las batallas que se sucedieron en la frontera de Texas. Los comanches se sentían furiosos con los cazadores blancos, que estaban masacrando las manadas de bisontes. Sabían que el exterminio de su animal sagrado sería el ocaso de su pueblo. En 1874 los comanches que encabezaba Quanah Parker se aliaron con indios kiowas, cheyennes y arapahoes para asaltar Adobe Walls, un antiguo puesto comercial ubicado al norte de Texas. Aunque apenas infligieron bajas a los blancos, el ataque fue un revulsivo que puso en pie de guerra a los nativos de las praderas. Desde Texas a Colorado las tribus se levantaron en armas. El gobernador les amenazó con la persecución hasta la muerte si no se avenían a presentarse en las reservas.

Quanah comprendió finalmente que seguir luchando era el suicidio para su pueblo. Se entregó en Fort Sill el 2 de junio de 1875. Él y sus guerreros fueron los últimos comanches que vivieron en libertad en las praderas meridionales de Texas. Su derrota fue el símbolo del triste final de las tribus indígenas en Estados Unidos.


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
Batalla de Cuerno Verde
Quanah Parker
American Indian Tribal Affiliation Study (en inglés)

18 de enero de 2015

El Imperio Comanche (I)

Guerrero comanche
En los albores del siglo XVIII los comanches eran cazadores recolectores que vivían en la frontera septentrional del reino español de Nuevo México. Se expandieron por el suroeste de los actuales Estados Unidos y crearon un imperio que controlaba una enorme red comercial, de Canadá a Ciudad de México. Influyeron a sus vecinos, aterrorizaron a los belicosos apaches e impusieron sus reglas de juego a los colonos.

Los comanches fueron un pueblo poderoso que tuvo en jaque a las potencias europeas que se atrevieron a enfrentarse a ellos. Entre 1750 y 1850 fueron el pueblo dominante en aquel vasto territorio, donde difundieron su lengua y su cultura. Extrajeron recursos y mano de obra de sus vecinos apaches y euroamericanos mediante el robo, el secuestro y los impuestos. De forma vertiginosa, se convirtieron en “los señores de las llanuras meridionales”.

Sus orígenes hay que buscarlos en la tribu de los shoshones, que se asentaba en las montañas de Utah. A finales del siglo XVII se escindieron en dos facciones. Una de ellas se dirigió hacia el sur y desapareció varios años de los registros arqueológicos, hasta que reapareció a principios del siglo XVIII en los documentos españoles con el nombre de comanches.

Se cree que el motivo de la migración de los shoshones al sur pudo ser su deseo de acceder a los caballos, que acababan de empezar a propagarse en gran número hacia el norte desde el territorio español de Nuevo México. Los comanches empezaron a adquirirlos en torno a 1690, y en pocos años prosperaron gracias a su repentina capacidad para desplazarse, cazar y guerrear.

En aquel tiempo los comanches formaron una alianza política y militar con la tribu ute, que reportó ventajas estratégicas a ambos grupos. En la década de 1710, tan sólo una generación después de haber conseguido los primeros caballos, los comanches iniciaron incursiones en el norte de Nuevo México. Los ute llevaban comerciando en este territorio desde la década de 1680 y habían acumulado suficientes armas y utensilios de metal de origen español para entregar algunos a sus aliados. Aquel regalo de los ute hizo que los comanches pasaran de la Edad de Piedra a la del Hierro en un abrir y cerrar de ojos. También con la ayuda de los ute los comanches se incorporaron al comercio de esclavos, una práctica consolidada en Nuevo México y estimulada por las ambigüedades del sistema legal y colonial que imponía el imperio español.

Antes de entrar en batalla, los “señores de las llanuras” pintaban sus caballos con franjas rojas, negras y blancas, y teñían sus propios cuerpos de rojo para mostrar al enemigo una imagen aterradora. Los jefes de las partidas de guerra utilizaban tocados o penachos de plumas de águila, y algunos de los guerreros más intrépidos se cubrían la cabeza con un gorro hecho con un escalpe de búfalo, que iba adornado también con plumas e incluía los cuernos del animal.

Ranchería comanche (George Catlin)
Los comanches vivían en rancherías, que estaban compuestas en torno a unas 200 tiendas (tipis), cuya población podía ser de unos 600 habitantes. Podían albergar cerca de 2.000 caballos, su bien más preciado. Pero tantos animales acababan rápidamente con los pastos, razón por la cual las rancherías se trasladaban de un lugar a otro cada diez o quince días. La familia, compuesta por un guerrero, esposa e hijos, vivía en una tienda hecha de piel de bisonte. Cada ranchería tenía dos jefes, uno de paz para redimir cuestiones tribales y otro que trataba los asuntos bélicos. Vestían con pantalones y taparrabos de piel curtida y se armaban con lanzas, flechas y rifles. El chimal (escudo) era elaborado con cuero muy grueso y en el centro llevaba un amuleto que los protegía de heridas y otros males. Los guerreros eran aquellos hombres capaces de asistir al combate. Durante interminables horas, alrededor de una gran fogata, los comanches practicaban danzas. También celebraban una ceremonia de paz en la que sacrificaban un caballo, que era depositado en un hoyo junto a algunas armas de los bandos enfrentados. Se tomaban muy en serio los tratados de paz, razón por la que las autoridades coloniales los trataban como un bloque social y cultural.

Continuará


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
El Imperio Comanche. Pekka Hamalainen (libro). Ed. Península, 2011.

12 de enero de 2015

La Guerra de Biafra

Para comprender las causas de este conflicto hay que remontarse a principios del siglo XX, cuando Gran Bretaña estableció, en 1901, un protectorado en Nigeria, con el fin de explotar los recursos naturales del país. Este protectorado duró hasta 1960, momento en que fue proclamada la República Federal de Nigeria.

Antes de abandonar el territorio los ingleses dividieron el país en tres provincias autónomas, cada una de las cuales estaba dominada por el grupo étnico mayoritario: hausa-fulani en el norte, yorubas en el suroeste e ibos en el sureste (Biafra). A partir de 1962 empezaron las tensiones tribales y los conflictos internos, que acabaron con un golpe de estado en enero de 1966, que llevó al poder al general ibo Ironsi. Este golpe de estado fue disuelto por un contra-golpe en junio del mismo año, que llevó al poder a Yakubu Gowon. Estos sucesos llevaron a los ibos a reclamar la secesión.

El gobernador militar del Sudeste ibo, el coronel Odumegwu Ojukwu, anunció en el parlamento sureño la secesión de la región del sureste de Nigeria y proclamó, el 30 de mayo de 1967, la República de Biafra como nación independiente. Aunque gozaban de la simpatía europea y de muchas otras partes del mundo, sólo cuatro países reconocieron la recién fundada república. También se dice que una de las principales razones por las que Ojukwu proclamó la República de Biafra fue que no reconocía a Gowon como jefe de estado.

El gobierno nigeriano lanzó una "acción policial" para recuperar el territorio secesionista tras un avance de las fuerzas de Biafra en territorio adyacente no perteneciente a los ibos. La guerra empezó el 6 de julio de 1967, cuando las tropas federales nigerianas avanzaron en dos columnas hacia Biafra. La columna derecha entró en la ciudad de Nsukka, que cayó el 14 de julio, mientras que la columna de la izquierda tomó Garkem, que fue capturada el 12 de julio. Pero Biafra respondió con una ofensiva el 9 de julio, cuando las tropas se movieron a través del río Níger, desde el Oeste hacia las tierras del centro del país, pasando por la ciudad de Benin City, que se había proclamado también "república independiente", hasta alcanzar el 21 de agosto la ciudad de Ore, justo sobre la frontera del estado, a 130 millas al este de la capital de Nigeria, Lagos. Aunque Benin City volvió a manos de los nigerianos el 22 de septiembre, Biafra cumplió con éxito su primer objetivo de sitiar el máximo de tropas federales de Nigeria posible. Se necesitaron cuatro batallones de la Segunda División de Infantería de Nigeria para hacer retroceder a Biafra y eliminar las conquistas territoriales conseguidas en la ofensiva. Pero los nigerianos fueron expulsados tres veces al intentar cruzar el Níger en octubre.

Los nigerianos, en ese momento, calmaron sus ofensivas y empezaron un periodo de asedio a Biafra. Desembarcos anfibios de la flota naval nigeriana llevaron a la conquista de las ciudades sureñas de Bonny, al sur de Port Harcourt, el 26 de julio y del puerto de Calabar el 18 de octubre por parte de miembros de la tercera división de Marina de Nigeria. Al norte, las fuerzas de Biafra fueron obligadas a retroceder a su propio territorio, y la ciudad de Enugu (capital de Biafra) fue capturada por las fuerzas nigerianas de la primera División de infantería el 4 de octubre. Los biafreños resistieron en las tierras centrales ibos, siendo enseguida rodeados por las fuerzas nigerianas.

Desde 1968 en adelante, la guerra cayó en unas largas tablas, con las fuerzas nigerianas incapaces de realizar avances significativos en las zonas todavía bajo control biafreño. No obstante, otra ofensiva nigeriana, realizada de abril a junio de 1968, empezó a estrechar el círculo sobre Biafra, gracias a los avances en los dos frentes del Norte y a la conquista de Port Harcourt el 19 de mayo de 1968. Este asedio tuvo como consecuencia el desastre humanitario de hambruna e inanición en las áreas ibas, ya que una de las tácticas más utilizadas por las fuerzas nigerianas fue el sabotaje de las tierras de cultivo. Las imágenes de niños biafreños afectados por la hambruna dieron la vuelta al mundo, mientras que el gobierno de Biafra acusó a Nigeria de utilizar el hambre y el genocidio para ganar la guerra, reclamando la ayuda del resto de naciones.

Numerosos grupos de voluntarios organizaron vuelos de ayuda a Biafra, con comida, medicinas, e incluso en ocasiones armas. Tras entrar en el país, los voluntarios fueron atacados por el ejército nigeriano y fueron testigos de los asesinatos e inanición de civiles.

Las fuerzas federales nigerianas lanzaron su ofensiva final contra Biafra el 23 de diciembre de 1969, con una gran acometida por parte de la tercera división Marine Commando, que consiguió dividir el territorio biafreño en dos partes hacia finales de año. La ofensiva final, llamada “Operación viento de cola”, se lanzó el 7 de enero de 1970 con la incursión de la tercera división Marine Commando, respaldada por la primera división de infantería en el Norte y la segunda en el Sur. Las ciudades biafreñas de Owerri y Uli cayeron el 9 y 11 de enero, respectivamente.

La guerra acabó el 13 de enero de 1970 con la rendición final de las fuerzas de Biafra en Amichi, última ciudad controlada por su ejército. Unos días antes, Ojukwu huyó al exilio hacia la república de Costa de Marfil, dejando los detalles de la rendición a su diputado Philip Effiong. Para sorpresa del resto del mundo, la mayoría de las represalias y masacres prometidas no tuvieron lugar, y se intentó de manera sincera la reconciliación.

Como consecuencia del conflicto se produjo la destrucción del tejido productivo, contribuyendo a la hambruna y prolongando la pésima situación económica del país que además debía hacer frente al pago de las armas adquiridas durante la conflagración.

Se estima que alrededor de tres millones de personas murieron a causa de esta guerra, principalmente por hambre y enfermedades. Las consecuencias fueron devastadoras para la población civil.


Fuentes:
- perseo.sabuco.com
- enciclopedia.us.es

6 de enero de 2015

Encuentran en Luxor una réplica de la tumba de Osiris

Un equipo conjunto de arqueólogos españoles e italianos ha descubierto en la Necrópolis de los Nobles en Luxor una réplica a pequeña escala de la tumba dedicada a Osiris, el dios egipcio de los muertos. La misión, bautizada como Min Project se desarrolla en colaboración con el Ministerio de Antigüedades de Egipto y cuenta con el apoyo del Cabildo de Tenerife, el Gobierno de Canarias, el Cabildo de La Palma, así como de la empresa FIAT en Egipto y del AlexBank.

El complejo funerario fue hallado dentro de una de las dos tumbas que la Misión Min Project tiene en concesión (en Sheikh Abd el-Gourna) en esta zona del país africano; la tumba en cuestión cuenta con una arquitectura muy particular dedicada a Osiris y, según el comunicado de los expertos, se trata de una réplica del Osireion de Abidos, nombre dado al cenotafio que el faraón egipcio Seti I mandó construir en Abidos, una de las ciudades más influyentes del Alto Egipto.

La particularidad de esta tumba se basa en que esconde un pozo que conduce a otras cámaras funerarias situadas a 15 metros de profundidad y que albergarían los cuerpos de los difuntos que desearon pasar a la otra vida bajo la protección del Dios de los Muertos. Una de estas cámaras funerarias, a las que se accede desde la capilla de Osiris, está decorada con dibujos de demonios que sujetan cuchillos en sus manos, símbolo de protección de cara al difunto.


Fuente:
Muy Interesante

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