11 de noviembre de 2017

Castillo de Brissac


Con ambientes que reflejan el estilo propio de la Francia del siglo XVII, este castillo comenzó a edificarse en el año 1610 a pedido de Charles de Cossé, el primer duque de Brissac. Anterior a esta construcción existió allí un castillo que actuaba como fortaleza y que fue destruido.

El castillo de Brissac sufrió graves daños en la época de las Guerras de la Religión y Carlos II de Cosse lo reconstruyó con la ayuda de Enrique de Navarra quien realizó una donación para realizar las obras.

Con los acontecimiento de la Revolución Francesa sufrió nuevamente saqueos y quedó casi totalmente destruido, sometido a un arduo trabajo de restauración se logró rescatarlo y fue conservado hasta hoy, pudiendo visitarse las suites Marquis y Luiz XIII, como también las habitaciones de los Cazadores.

Adornan el lugar cristalerías venecianas, tapices persas y una gran variedad de pinturas francesas. Inclusive, posee una sala de conciertos mandada a construir por la Marquesa de Brissac, Jeanne Say, donde suelen acontecer espectáculos de ópera.

También, es conocido, según una vieja leyenda, como el lugar elegido por los espíritus de una pareja de amantes que recorren su interior y que según los dichos serían la esposa de Jaques de Breze que fue asesinada allí junto con su amante, cuando su marido descubrió el engaño.


Fuente:
*http://www.francia.net/castillo-de-brissac


2 de noviembre de 2017

Batalla del puente Milvio

La batalla del Puente Milvio (312 d.C.) catapultó al poder a la dinastía Constantiniana, que gobernó Roma durante buena parte del siglo. En ella se enfrentaron Constantino y Majencio, aspirantes ambos al título de emperador de Occidente. Los dos eran hijos de soberanos, Constantino de Constancio Cloro y Majencio de Maximiano.

Estatua de Constantino
El emperador Diocleciano había diseñado un sistema político, la tetrarquía, en el cual el parentesco no contaba demasiado para ser emperador. Diocleciano había llegado al poder tras el asesinato de su predecesor, el emperador Numerio. Poco después cedió el Occidente a uno de sus generales, Maximiano, mientras él se dedicó a gobernar en Oriente. Los dos reinaron con el título de augusto en igualdad de condiciones. Para tratar de prevenir las crisis sucesorias que se desataban a la muerte de los emperadores, cada augusto designó en vida a alguien de su confianza como sucesor, entregándole parte de sus dominios para que los gobernara y estableciese en ellos su propia corte. Los dos sucesores (el de oriente y el de occidente) recibieron el título de césar. Diocleciano escogió para el cargo a su general Galerio mientras que Maximiano hizo lo propio con otro de sus generales, Constancio Cloro. La idea era que cuando alcanzasen el cetro imperial escogieran a su vez un nuevo césar que sería su sucesor. El sistema se puso a prueba en 305, cuando Diocleciano convenció a su colega Maximiano para abdicar. La sorpresa vino cuando los nuevos emperadores, Galerio y Constancio Cloro, escogieron como césares a Maximino Daya y a Severo II, respectivamente, en lugar de a Constantino y Majencio, que era lo que todo el mundo esperaba. Al morir Constancio al cabo de un año, sus tropas proclamaron augusto a su hijo Constantino, pese a que el puesto le correspondía a Severo. Galerio era el único augusto cuyo puesto no era discutido, por lo que se entrevistó con Constantino y le convenció de que rechazase el nombramiento como augusto. Como recompensa Severo le nombró césar designándole así como su sucesor. Mientras todo esto pasaba, en Roma Majencio ardía de celos al ver como alguien en su misma situación (hijo de augusto) lograba algo que a él le era sistemáticamente vedado: el poder. Por ello comenzó a intrigar y se autoproclamó augusto de occidente con el apoyo de la guardia pretoriana.

Esto sumió al Imperio en una gran crisis, llegando a existir hasta ocho emperadores luchando por el trono. En todo este maremágnum de inestabilidad y violencia, Constantino fue el que supo manejarse con la suficiente inteligencia como para ir eliminando a sus rivales uno a uno. El primero fue Maximiano, el augusto emérito que había intentado recuperar el poder. Maximiano había acudido a Roma a la llamada de Majencio, que le había propuesto que reinasen los dos conjuntamente. Sin embargo las cosas se torcieron pronto, y en una asamblea de notables criticó el gobierno de su hijo, al que llegó a asir de sus ropajes imperiales. Maximiano contaba con el apoyo de las tropas que, sin embargo, se mantuvieron fieles a su hijo. Por ello hubo de abandonar precipitadamente la corte de Roma y se trasladó a la Galia, donde estaba la corte de Constantino, esposo de su hija Fausta. Sin embargo, poco después aprovechó una ausencia de su yerno para hacer correr el rumor de que había muerto e intentar proclamarse emperador. Pagó muy cara la traición, ya que cuando Constantino volvió al campamento y se enteró del conato de golpe de estado le condenó a muerte obligándole a suicidarse.

Majencio había roto relaciones hacía mucho con su padre, pero su muerte le brindó una ocasión única para eliminar a Constantino en su camino hacia el poder absoluto. Se presentó como un ejemplo de amor filial y declaró que vengaría a su padre venciendo en batalla al hombre que ordenó su muerte. El lugar escogido para la lucha fue muy próximo a Roma, en las proximidades del Puente Milvio, un puente que unía Roma con la Via Flaminia, una de las principales carreteras del Imperio. Cuando Majencio se enteró de que Constantino había invadido el norte de Italia y se acercaba a Roma decidió estrechar el puente poniendo toda una serie de obstáculos con el objetivo de retrasar la llegada de los invasores y tener tiempo para prepararse para un largo asedio. Sin embargo, algo le hizo cambiar de idea y decidió salir a presentar batalla. Para cruzar el Tíber con el puente prácticamente inservible improvisaron una pequeña pasarela de madera por la que pasó su ejército, compuesto por unos 100.000 hombres. Majencio ordenó erigir el campamento en las proximidades del Tíber y allí se quedó a esperar la llegada de su enemigo.

Batalla del puente Milvio. Giulio Romano (1519-1524)

Constantino disponía de un ejército menor formado por 40.000 hombres aproximadamente. Cuando avistó a su enemigo acampado enfrente de la orilla del Tíber ordenó detener la marcha de sus hombres e improvisaron un campamento para pasar la noche. Aquí llegamos a uno de los puntos que marcaron la historia y que han sido recreados cientos de veces en el arte, la literatura y el cine. Aquella misma noche, mientras dormía, vio en sueños una cruz luminosa y oyó una voz que le dijo: «In hoc signo vinces (Bajo este signo vencerás)». Al despertar ordenó a todos sus soldados que pintasen en sus escudos las dos prieras letras de la palabra griega Christos.

Al margen de supersticiones, Constantino era un gran militar, y la geografía de la batalla fue su mayor aliada. Se dio cuenta de que Majencio había acampado muy cerca del río. Por ello ordenó una carga casi desesperada contra la caballería enemiga. Los soldados de a pie de Constantino observaron que los caballos carecían de protección por lo que se dedicaron a matarlos para desmontar a sus jinetes. El caos se apoderó de los defensores que se dirigieron a toda velocidad hacia el puente y el pontón, donde se aplastaron unos a otros, otros murieron ahogados o apuñalados por la vanguardia de Constantino. Entre los que huían estaba Majencio que murió ahogado por el peso de su armadura, su cuerpo fue identificado por las tropas de Constantino que le decapitaron. El vencedor decidió entrar en la ciudad acompañado de la cabeza de Majencio como símbolo de su victoria.

Aún quedaban emperadores en otras zonas del Imperio, Constantino no sería amo único del mundo romano hasta la deposición de Licinio en 325, pero al vencer había quedado como dueño del Imperio occidental. Durante su reinado hubo grandes transformaciones que cambiaron para siempre la historia. Abrió la puerta al cristianismo, que se convertiría en la religión oficial del Estado romano más de medio siglo después, aunque Constantino no se convirtió hasta poco antes de morir. También construyó una nueva capital en el Cuerno de Oro que recibiría el nombre de Constantinopla.


Fuentes:
* http://bellumartis.blogspot.com.es/2015/10/batalla-del-puente-milvio.html
* https://cronicasdeltiber.wordpress.com/tag/batalla-del-puente-milvio
* https://santostefanocarlosalberto.blogspot.com.es/2017/04/batalla-del-puente-milvio-2810312-in.html


29 de octubre de 2017

El primer ferrocarril en España

El año 1837 se inaugura la primera línea de tren de España en la isla de Cuba ─de La Habana a Güines─. Miquel Biada y Buñol (1789-1848) está presente y observa las ventajas del nuevo medio de transporte para el desarrollo económico y social. Dos años después, afirma que volverá a su país para construir un ferrocarril entre Barcelona y Mataró, su ciudad natal. Se pone en marcha así una compleja aventura empresarial.

Biada tiene una meta muy clara y pretende que este proyecto solo sea el inicio de una línea que llegue hasta la frontera francesa. Desarrollar el nuevo medio de transporte, sin embargo, no es una tarea nada fácil: por un lado, hace falta una gran inversión y, por el otro, es necesario exponer la viabilidad del proyecto. Sin embargo, el ambiente en el país es propicio para una aventura de estas características. Una década antes, Cataluña ya había iniciado una nueva etapa en la industrialización con el uso del vapor y la ciudad de Barcelona se encuentra en constante crecimiento económico y poblacional.

Biada encuentra dificultades para conseguir el apoyo político y económico necesario. Sin embargo, no se acobarda y junto a cuatro emprendedores más, contacta con Josep Maria Roca, un financiero catalán establecido en Londres y conocedor del ferrocarril que, a su vez, implica en el proyecto a Joseph Locke, ingeniero y miembro de la Cámara de los Comunes que ha intervenido en la construcción de diferentes líneas en toda Europa. Con él y un grupo de promotores londinenses, Roca obtiene, en 1843, la concesión del Gobierno para construir el ferrocarril, y un año después, crean la Compañía del Camino de Hierro de Barcelona a Mataró, con una mitad de accionariado inglés y la otra catalán, en la que Roca y Bahía forman parte de la junta directiva.

A partir de aquí, el proyecto sigue adelante, a pesar de que no se acaban las dificultades: por un lado, no recibe ningún apoyo económico del Estado español, más interesado en promover la línea Madrid-Aranjuez, de la que el ministro de Hacienda es inversor; por el otro, los miedos de algunos accionistas ponen en entredicho la resistencia de la obra. Además hay rumores sobre los perjuicios del ferrocarril para la salud (se dice que el movimiento de este medio de transporte provoca enfermedades nerviosas y que el humo de las locomotoras afecta negativamente a los pulmones), y hay voces que critican que las chispas del fuego provocan incendios (críticas favorecidas por el servicio de diligencias, que ve en el ferrocarril una temible competencia). Asimismo las obras reciben continuos sabotajes y, por si fuera poco, la crisis de la bolsa de Londres del 1847 provoca que se retire parte del accionariado inglés. Sin embargo, la tenacidad de Miquel Biada y el compromiso de la constructora inglesa Mackenzie & Brassey mantendrán vivo el proyecto.


Para construir la línea del ferrocarril Barcelona-Mataró se compra en Inglaterra todo el material de hierro necesario y cuatro locomotoras, 62 vagones de pasajeros, 30 de mercancías y dos especiales para transporte de gran volumen. La madera para las travesías proviene de Rusia, y las estaciones se encargan a constructores del país para abaratar costes. El trazado de la línea es de 28,4 km, y la duración del trayecto -sin paradas- es de 35 minutos a una velocidad media de 47km/h. Las obras más importantes en la construcción de esta infraestructura son el túnel de Montgat, de 135 metros, y el puente sobre el río Besós.

El 5 de octubre de 1848 se realiza una primera prueba y, tres días después, un viaje con 400 personas. La inauguración oficial de la línea Barcelona-Mataró tiene lugar el 28 de octubre. Será una celebración llena de actos festivos y solemnes llevada a cabo con un gran entusiasmo y la conciencia de que se ha dado un paso histórico. El primer año viajan 675.828 pasajeros, con un rentabilidad del 8% sobre el valor de las acciones. Y esto sólo será el inicio. El año 1865 ya se habrán construido 780 km de vías en Cataluña, y en 1905 se puede considerar que la red está completa: enlaza las cuatro capitales catalanas y conecta con Valencia y Zaragoza, llegando, también, a la frontera de Portbou.



Fuente:

* http://monempresarial.com/es/2015/10/30/primer-ferrocarril-barcelona-mataro-1848


21 de octubre de 2017

La bruja beata

A principios del siglo XVI, la toledana Leonor Brazana fue uno más de los descendientes de judíos a los que la Inquisición persiguió con saña. Su padre, un tal Garci Vázquez, cambiador de oficio, había sido quemado por judaizar, mientras que su tío paterno, Rodrigo Ortiz, fue condenado a llevar el sambenito por el mismo motivo. Para evitar problemas, Leonor adoptó el apellido de su madre, Francisca Barzana, que se salvó en el proceso contra su marido gracias a la protección de un canónigo. Una vecina testimonió que había oído varias veces a Leonor decir que los inquisidores habían matado a su padre, y ello sin culpa alguna de su progenitor, sino por ser ellos "bellacos y traidores".

En su barrio, Leonor era conocida como "beata", por el hábito franciscano que llevaba y que distinguía a cierto tipo de mujeres laicas que se entregaban a la oración. El término, sin embargo, también se aplicaba a mujeres que aseguraban poseer dotes sobrenaturales propias de la magia, como era el caso de Leonor, según indican varios testimonios.
Una vecina la visitó una vez para pedirle noticias sobre su marido, ausente desde hacía tiempo. La beata le dijo que había tenido la revelación de que el marido estaba muerto, pero la instó a rezar a la Virgen y a San Juan Bautista durante nueve días, y a punto de cumplirse el plazo reapareció el esposo. "Grande es esta oración de la beata", dijo la vecina. Otros la llamaban "la estrellera" y la calificaban de "mujer soberbia y fantástica y muy recia de ánimo [...] que no hay quien pueda con ella".
Cuando otra vecina se puso de parto, la beata salió a la puerta con una candela encendida, musitó unas palabras y tuvo una visión profética: contempló el cielo abierto entre rayos y un pájaro le rozó la cara a la altura de la nariz. Al nacer el niño, la beata insistió para que lo llamaran Gabriel y le pronosticó que sería un sabio religioso.

Todos estos episodios salieron a la luz en el proceso que se le instruyó en 1530. Se la acusaba de alardear de su estirpe judía y de prácticas mágicas. Tras reafirmar su adhesión al catolicismo, fue castigada con cien azotes y salió en un auto de fe. Seis años más tarde, Leonor fue encausada otra vez. Nuevos testigos declararon haberla oído alardear de sus poderes, que incluían hundir una casa o invocar las ánimas. Otra mujer dijo que le había dado una receta contra la infertilidad. Fue condenada de nuevo a azotes y encerrada en la cárcel, por supersticiosa y perjura. Sólo salió para marchar al destierro.


Fuente:
* Historia National Geographic. Nº 161


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