5 de mayo de 2016

Las carreras de caballos hace 2.000 años

El mundo de las carreras de caballos ya tiene su piedra filosofal. Se trata de una tablilla de 2.000 años de antigüedad donde aparecen escritas en griego las normas de este deporte hípico, y que ha sido descubierta esta semana entre las piedras de un antiguo hipódromo en la Anatolia Central (Turquía). El hallazgo, por investigadores turcos que trabajaban junto a un monumento funerario dedicado a un jinete romano llamado Lukuyanus, se antoja clave para entender los orígenes de este deporte.

Siempre se ha sabido que las carreras de caballos fueron parte de las competiciones de la Grecia antigua, Egipto y Babilonia, pero se desconocía de la existencia de una normativa tan precisa. "Nunca he visto una tablilla similar que contenga la forma de cómo una carrera se ha de llevar a cabo. Hay fuentes que mencionan este deporte, pero no había ninguna descripción igual", ha dicho el profesor de Historia de la Universidad de Selçuk, Hasan Bahar, al diario turco 'Hürriyet'.

Las normas están escritas para carreras de jinetes a caballo y no para cuadrigas como se practicaba en sus orígenes. En ellas, se indica que un caballo nunca podrá volver a competir si gana una carrera o que un propietario no podrá correr con un caballo en determinadas pruebas si tiene un ejemplar en su cuadra que es ganador. También aparecen consideraciones sobre la cría ecuestre.

"Estas reglas, a diferencia del mundo moderno, demuestran que la carreras estaban basadas en la conducta caballerosa. Ofrecen la oportunidad de que ganen todos, no como las carreras actuales", dice Bahar.

El hallazgo, por tanto, confirma que hace 2.000 años las carreras de caballos se regían por una mentalidad más igualitaria, limpia y competitiva. Muy al contrario del actual, donde las apuestas corrompen a veces muchas carreras y el propio sector necesita de 'cracks' que humillen en competición. O sea, otra forma bien distinta de entrar en el Olimpo de los campeones.


Fuente:

* http://www.elperiodico.com/es/noticias/deportes/hallado-reglamento-carreras-caballos-2000-anos-antiguedad-5109763


15 de abril de 2016

El vestido más antiguo del mundo


El vestido Tarkhan, una camisa de lino con cuello en V expuesto en el Museo Petrie de Arqueología Egipcia en Londres, ha sido nombrada la prenda tejida más antigua del mundo. Gracias a las pruebas de radiocarbono realizadas se ha datado a la prenda en los finales del cuarto milenio antes de Cristo. El vestido fue hecho entre 3482-3102 aC, con un 95% de precisión. Aunque ya se pensaba que era la prenda más antigua de Egipto, y la prenda tejida más antigua en el mundo, la edad exacta de la camisa era incierta. El equipo de la Universidad de Oxford, dirigido por Michael Dee, ha realizado el estudio. El lino, del que está hecho el vestido Tarkhan, es especialmente adecuado para la datación por radiocarbono, ya que se compone de fibras de la planta del lino, que crecen en un tiempo relativamente corto.

Originalmente encontrado por el egiptólogo Flinders Petrie en 1913 de una tumba de la primera dinastía en Tarkhan, un cementerio egipcio situado 50 kilómetros al sur de El Cairo, el vestido estaba junto a varios productos textiles, y en 1977 fue enviado al Museo Victoria y Albert en Londres para sus trabajos de conservación.

El vestido está hecho de tres piezas tejidas a mano con una franja de color gris pálido natural con mangas y escote plegado, por las investigaciones se ha determinado que era de una adolescente o una mujer delgada.


Fuente:

* http://www.robbreport.es/diseno/vestido-mas-antiguo-del-mundo


11 de abril de 2016

Se cumplen 30 años del desastre de Chernóbil

Central Nuclear de Chernóbil

En la madrugada del 26 de abril de 1986, se realizaba una prueba de seguridad en la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania. La prueba consistía en medir el tiempo que se tardaría en refrigerar el reactor en caso de producirse un corte de luz. Esto debería haberse hecho en 1984, antes de que el reactor empezase a funcionar, pero con las prisas para cumplir los plazos de puesta en marcha se dejó a un lado la seguridad, siendo esta la primera de muchas negligencias. El resultado fue el mayor accidente nuclear de la historia. Quienes vieron el fulgor de las explosiones del reactor reflejado en el cielo nocturno y pudieron contarlo, coinciden en que era de una belleza sobrecogedora, aunque seguramente en ese momento no tenían ni idea de la magnitud de la tragedia que se avecinaba.

En la primera comunicación de los desconcertados responsables de la central con el Kremlin, no se habla de la explosión del reactor, sino que se da parte de una avería y un incendio. Aunque la información está avalada por el presidente de la Academia de Ciencias de la URSS, Anatoli Alexadrov, que garantiza que la central no corre peligro, el presidente Gorbachov no se fía y envía una comisión científica para enterarse de lo que está ocurriendo en Chernóbil. Si resulta ser un incidente sin importancia, no darán parte a la Agencia Internacional de la Energía Atómica y todo quedará en casa.

Cuatro horas después de las explosiones, los bomberos consiguen apagar todos los fuegos menos el del reactor. Lo que no saben estos bomberos es que se han expuesto a unos niveles de radiación letales. Dos de ellos morirán tan sólo en unas horas; el resto, en los meses siguientes. Sus cuerpos se convierten en desechos radiactivos, que son colocados rápidamente en ataúdes de zinc y enterrados en fosas profundas para que no propaguen la radiación.

A cuatro kilómetros de Chernóbil se encuentra Pripyat, localidad de 50.000 habitantes fundada en 1970 para albergar a los trabajadores de la central. Al despertar aquella mañana, los habitantes de la ciudad se encuentran las calles tomadas por soldados que patrullan con máscaras antigás, helicópteros encima de sus cabezas y demás vehículos militares.
A pesar de que las lecturas de radiactividad indican que los niveles son 600.000 veces más altos de lo normal, la comisión enviada desde Moscú no sabe bien qué ha sucedido, ni cómo actuar. Por si acaso, deciden evacuar a la población, utilizando para ello un millar de autobuses enviados desde Kiev.

Pripyat (Ucrania)
Pero los habitantes de Pripyat no serán los únicos evacuados. En los días siguientes, se evacuará un total de 135.000 personas de todas las poblaciones en un radio de 30 kilómetros en torno a la central. Un mes después, la cifra de evacuados superará el millón de personas.

Al día siguiente de la explosión, el 27 de abril, el viento empuja la nube radiactiva y Suecia detecta un aumento espectacular de la radiactividad en su territorio. La URSS se ve obligada a reconocer que algo ha ocurrido en Chernóbil. Se admite un accidente, pero sin dar más explicaciones, lo que hace que se disparen las especulaciones sobre la magnitud del incidente.

La URSS no tiene ningún plan para una emergencia nuclear, sencillamente porque no espera que pueda ocurrir. Con lo que sí que cuenta es con recursos humanos, por lo que durante los meses siguientes moviliza a 600.000 “liquidadores”, personas que lucharán por contener la catástrofe y descontaminar la zona.
No hay cifras oficiales, pero se estima que, 30 años después, 60.000 de estos liquidadores han muerto por causas derivadas de la radiación y otros 150.000 sufren alguna discapacidad.

Empiezan por el reactor 3. Allí ha ido a parar gran parte del grafito que recubría el combustible nuclear y es una de las zonas más contaminadas. Primero envían robots a retirar los escombros, pero la radiactividad abrasa sus circuitos, por lo que se envía a 3.500 liquidadores bajo la promesa de un coche y espectaculares subidas de salario si son civiles, y librarse de ir a Afganistán si son militares. No hay trajes especiales, por lo que se improvisan recubriendo de plomo delantales, gorros y batas. Deben lanzar dos paladas de tierra al cráter del reactor sin asomarse. Y sólo trabajan durante un minuto, porque en ese tiempo reciben la radiación que en condiciones normales recibirían en toda una vida.
Mientras, el reactor 4 es bombardeado con sacos de arena desde helicópteros para extinguir el incendio del núcleo y parar la emisión a la atmósfera de material radiactivo.

Mijaíl Gorbachov
Mientras en todo el mundo se habla de Chernóbil, la prensa soviética guarda silencio. El bombardeo de arena en el reactor 4 no ha conseguido apagar el incendio, es más, el peso de la arena amenaza con romper el hormigón. Pero el riesgo se acumula en el sótano, anegado por el agua empleada por los bomberos. Si el suelo cediera y el magma incandescente del núcleo entrara en contacto con la masa de agua, la reacción sería una explosión termonuclear que devastaría Europa entera, haciéndola inhabitable durante miles de años. La solución, drenar el sótano, tarea para la que no faltan voluntarios. Una vez se consigue apagar el fuego del reactor, la prensa soviética empieza a hablar de Chernóbil utilizando palabras como “héroes”, “hazaña” y “victoria”.

La nube radiactiva se extiende por toda Europa y también llega a China, Canadá y Estados Unidos. Varios países destruyen enormes cantidades de leche y verduras contaminadas. Europa prohíbe la importación de productos agrícolas soviéticos y la URSS se lo toma como un boicot político, asegurando que la radiactividad no supera los niveles de seguridad permisibles.

Mientras, los cimientos del reactor continúan amenazados. En el subsuelo hay un acuífero que abastece de agua a Ucrania. Si el combustible se filtrase a la capa freática, el desastre sería irreparable, por lo que se recluta a 10.000 mineros para que para que construyan un túnel de 150 metros con el fin de apuntalar la estructura del reactor con cemento. Los mineros acaban en 34 días una obra prevista para tres meses, trabajando en condiciones infernales. Soportan 50 grados bajo tierra y muchos de ellos acaban trabajando semidesnudos, sin ninguna protección contra la radiactividad. De ellos, 3.500 no llegarán a cumplir 40 años.

Por fin, el 14 de mayo, Gorbachov reconoce ante los medios la magnitud del siniestro, pero la desconfianza occidental sólo se disipará en agosto, en una conferencia internacional celebrada en Viena, en la que 500 expertos analizan un informe que detalla las causas y los efectos del desastre.

"Liquidadores"

Además de la zona de exclusión, otras áreas quedaron inhabitables. En suelo bielorruso cayó cerca del 70% de la contaminación radiactiva. Desde entonces, la esperanza de vida en Bielorrusia se ha reducido y las enfermedades relacionadas con la radiación se han multiplicado entre niños y adultos.

Meses antes de la catástrofe, la URSS había establecido un programa de construcción de centrales nucleares, con el fin de generar más electricidad con la que contribuir a la modernización de su industria. Chernóbil dio al traste con aquel programa y la economía soviética quedó lastrada definitivamente.

De forma lenta pero progresiva, los medios fueron desvelando las consecuencias de la catástrofe, la ocultación de los hechos y la negligencia de los dirigentes. Chernóbil asestó un golpe irreparable al régimen soviético.


Fuente:
* Alfonso González Quesada, "La batalla de Chernóbil". Historia y vida nº 577, pg. 66-75


6 de abril de 2016

Leonor de Aquitania, la reina rebelde (II y fin)

En otoño de 1145, el papa Eugenio III le pidió a Luis que dirigiera una cruzada para recuperar el reino de Jerusalén. El rey obedeció, pero no fue solo a la guerra. Leonor no sólo decidió unirse a su marido en la cruzada, sino que abrazó la cruz con más entusiasmo que él. Ofreció la ayuda de sus vasallos, que la Iglesia aceptó de buen grado. Sin embargo, no gustó tanto la idea de que Leonor, acompañada por 300 de sus damas, se uniera a los cruzados. La reina insistió en que ayudarían a cuidar a los heridos, pero es probable que la auténtica razón fuera que a la terca joven no le hacía ninguna gracia que su marido marchara a la guerra sin contar con ella. Se erigió a sí misma como jefa de sus soldados y partió al lado de su marido.

Las mujeres llevaban armadura y lanza, pero no luchaban. Aun así, la perspectiva de 300 mujeres marchando junto a los soldados les parecía algo escandaloso a sus contemporáneos. Pero a Leonor no la detenían las críticas. Aunque la Iglesia no acababa de dar su visto bueno, cuando el ejército llegó a Constantinopla la reina guerrera ya había causado una gran impresión, llegándosela a comparar a la mítica reina de las Amazonas.

Por desgracia, la cruzada no fue un éxito. A los franceses los había informado el emperador bizantino, Balduino III, que su aliado el rey alemán Conrado III había derrotado al ejército turco. Sin embargo, a medida que el ejército francés avanzaba en su viaje, apareció Conrado enfermo cerca de su campamento y supieron la verdad: los europeos habían sido masacrados. Con rapidez y torpeza los franceses, y lo que quedaba del ejército alemán, se dirigieron a Antioquía donde reinaba el tío de Leonor.
Los cruzados no sabían que los turcos acechaban. Los monarcas franceses decidieron separarse: Luis se colocó en la retaguardia y Leonor marchó delante con su vasallo Godofredo de Rançon. Aunque la vanguardia alcanzó la cima donde habían pensado acampar, Rançon decidió continuar un poco más. En la retaguardia estaban agotados, luchando por mantener el ritmo, y fue ahí donde los turcos vieron su oportunidad. Los franceses, entre los que había muchos peregrinos desarmados, fueron cogidos desprevenidos. Mataron a los que trataban de escapar, pero el rey, disfrazado de peregrino, logró huir. Se responsabilizó a Rançon de la masacre y, como era vasallo de Leonor, también se le atribuyó a ella la culpa. El hecho de que ella y sus soldados fueran delante y no sufrieran el ataque no aumentó su popularidad. La tensión entre la pareja real había alcanzado un punto intolerable.

Raimundo de Antioquía da la bienvenida a Luis VII
Cuando los soldados llegaron a Antioquía, eso le dio a Leonor la oportunidad de renovar su amistad con el príncipe de la ciudad, su tío Raimundo. Este no sólo tenía la misma edad que Leonor, sino que era, además, alto, guapo y encantador. De hecho, la joven pasaba tanto tiempo con su tío que enseguida surgieron rumores de una relación ilícita entre los dos. Raimundo quería que primero capturaran Edesa, una ciudad estratégica en Tierra Santa, pero Luis quería centrarse únicamente en Jerusalén. Cuando Leonor respaldó a su tío, fue la gota que colmó el vaso: el tímido, enamorado y dócil rey había llegado a su límite. Luis, por primera vez en su matrimonio, exigió a Leonor que lo siguiese. Su reina, indignada, puso en entredicho su matrimonio, declaró que ella y su marido eran parientes demasiado cercanos, y que eso bastaba para conseguir la nulidad del matrimonio. Eso no le gustó a Luis, y en un intento de establecer su autoridad separó a Leonor de su tío, se la llevó de Antioquía contra su voluntad y la obligó a que fuera con él a Jerusalén. Para una mujer que había nacido para dominar, mandar y controlar, eso era una humillación desmesurada. El resto de la cruzada consiguió muy poco, el ataque de Luis fue un fracaso y la pareja real volvió a Francia en barcos distintos.

Un matrimonio en el que se esperaba que Leonor fuera dócil y sumisa no iba a funcionar. La reina podía acostumbrarse a un marido sensible y generoso, pero el que volvió de las cruzadas era un hombre humillado que cada vez sospechaba más de la relación entre sobrina y tío. Aunque habían tenido dos hijas, Leonor no le había dado un heredero y Luis cedió a la presión de sus barones que cada vez veían a la reina con peores ojos. El rey no tuvo elección y en 1522 el matrimonio fue anulado. Luis perdió las tierras que su padre le había conseguido tan hábilmente. Leonor, con 30 años, volvía a ser una de las más deseadas herederas de Europa.
Sin embargo, ya no era una ingenua adolescente sino una mujer de mundo. Sabía que tendría que volverse a casar, pero lo haría en sus propios términos. Tras varios intentos de secuestro y de matrimonio forzoso, se las arregló para casarse con Enrique, duque de Normandía y futuro rey de Inglaterra.

Enrique II de Inglaterra
Políticamente era una unión muy poderosa. En 1154 Enrique se convirtió en Enrique II de Inglaterra y sus tierras quedaron unidas a las de Leonor. Inglaterra, Normandía y el oeste de Francia formaban un reino muy poderoso. Sin embargo, tanto Enrique como Leonor tenían un carácter fuerte y dominante. Enrique era el primogénito, también había nacido para reinar y tenía un carácter difícil y colérico. Leonor le sacaba 11 años, sabía lo que valía y no estaba dispuesta a obedecer las órdenes de un marido dominante. A pesar de su tormentosa relación la pareja tuvo cinco hijos y tres hijas, y gobernaron un impresionante imperio medieval.

No obstante, se acercaba una tormenta. Enrique era un hombre apasionado y eso le llevó a continuas relaciones ilícitas con numerosas amantes. Su relación con una en particular, Rosamund Clifford, fue de conocimiento público y llevó a su orgullosa y terca esposa al límite. Se fue a su nativa Aquitania llevándose con ella a varios de sus hijos, entre ellos Ricardo, el heredero. Estaba harta de los hombres, quería gobernar Aquitania y quería hacerlo sola.

Leonor no fue la única que había sido llevada al límite por Enrique. Varios de sus hijos habían heredado el carácter orgulloso de su madre y decidieron que ya bastaba. Enrique, el más joven, viajó en secreto a Aquitania y, tal vez animado por Leonor, se unió a dos de sus hermanos, Ricardo y Godofredo. Juntos decidieron rebelarse contra su padre. Para Leonor la rebelión era la culminación de años de infidelidades y su única oportunidad de gobernar Aquitania con su querido hijo Ricardo. Pero, como siempre le sucedía a Leonor, el destino no fue como ella había imaginado.

Ricardo Corazón de León
La rebelión fue reprimida y la mujer que iba a gobernar encerrada en prisión. Durante 16 años Leonor permaneció encarcelada en Inglaterra, distanciándose de sus hijos. A los 50 años, Leonor esperaba impotente la oportunidad de volver a reinar, que no llegaría hasta la muerte de su impetuoso marido.
Cuando Enrique murió en 1189 Ricardo se convirtió en rey. Aunque el hijo predilecto de Leonor se había vuelto más distante, lo primero que hizo fue sacar a su madre de la cárcel. Al final de su vida, Leonor por fin pudo desempeñar el papel que había buscado toda su vida. Mientras Ricardo I, que llegaría a conocerse como Ricardo Corazón de León se embarcaba en la tercera cruzada, Leonor se quedó gobernando Inglaterra como regente. El pueblo respetaba a su inteligente y fuerte reina y al final logró ser muy popular.

Sobrevivió a casi todos sus hijos y vivió hasta bien avanzado el reinado del más joven, Juan. No obstante, por muy testaruda que fuera, Leonor no podía evitar que le llegara su hora y se retiró a la abadía de Fontevrault. En 1204, a los 82 años, Leonor moría y era enterrada al lado de su hijo predilecto, Ricardo.

A pesar de lo frívola que había parecido de joven, demostró ser una gobernante inteligente y sabia. Como escribieron las monjas que convivieron con ella en sus últimos años, era una reina “que superaba a casi todas las reinas del mundo”.


Fuente:
* Vive la Historia. Núm. 27


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