21 de mayo de 2013

Las Casas de la Vida en Egipto

No existen fuentes directas que puedan dar información sobre las llamadas Casas de la Vida o Per Anj. Lo cierto es que los datos con los que contamos tan sólo nos permiten realizar hipótesis y conjeturas acerca de su función. A pesar de que los escribas, unos de los pocos grupos autorizados a entrar en ellas, dejaron numerosas referencias escritas sobre estas, no se termina de precisar su papel y función.

Se podría decir que estos edificios eran como una especie de casa del saber, pues tenían diversas funciones como biblioteca, archivo, taller de copia de manuscritos e incluso en ocasiones de sanatorio.

Todo parece indicar que era una rudimentaria Universidad de nuestro tiempo, salvando las evidentes distancias. Un lugar en el que se impartía y difundía conocimiento, aunque a un grupo muy reducido compuesto por escribas y sacerdotes.

Así, materias como la medicina, astronomía, matemáticas, doctrina religiosa o lenguas extranjeras llenaban estos enigmáticos recintos.

En cuanto a su ubicación, aunque era parte de la residencia real, lo cierto es que se solía emplazar en los templos, siempre los más importantes. No obstante, hay noticias y evidencias de que algunas de estas casas también se construyeron en los santuarios de cierto renombre, así como en núcleos de población importantes como Amarna, Edfu, Menfis, Bubastis y Abidos.

Los escribas de las Casas de la Vida respondían a títulos como “Servidores de Ra” o “Seguidores de Ra”. Quizá fuera debido a que Ra era la deidad solar egipcia. El Dios encargado de dar la vida a todo en este mundo.

No obstante, también se podría asociar con Osiris, dios del renacimiento; y es que los escribas pensaban que el acto de copiar los textos ayudaba al dios a renacer todos los años en su festival.

Si hay algo claro, es que en estas casas se centraban gran cantidad de intereses, y que de alguna forma resultaba esencial para hacer funcionar las grandes ciudades. Quizá por esta razón, los enigmáticos egipcios, decidieron no explicar jamás los fundamentos en los que se basaba esta institución.


Fuente:
Sobre Egipto

15 de mayo de 2013

La alimentación de los mayas

La base de la alimentación maya fue el maíz, que también se utilizaba en la elaboración de bebidas alcohólicas como el atole. Una pasta hecha a base de maíz mezclado con cal era utilizada para elaborar tamales y tortillas.

En los tamales la pasta contenía también una mezcla de carne y vegetales y todo ello se envolvía en hojas de maíz u otras plantas. La técnica de cocina más utilizada fue el horneado bajo tierra, llamado pibil.

Otros alimentos importantes para la civilización maya fueron los derivados del cacao. De la semilla del cacao se obtenía una pasta con la que se elaboraba el chocolate 'xocolatl'. Lo preparaban con agua ya que no disponían de ganado que les proporcionase leche. En cuanto al agua nunca la bebían sola, sino que la mezclaban con maíz, frutas y otros ingredientes.

El balché, bebida alcohólica usada en las ceremonias, se elaboraba con la corteza del árbol balché, agua y miel. Otra bebida ceremonial era el sakab, fabricado a base de maíz y también edulcorado con miel.

Otros productos muy consumidos eran la chaya, planta similar a la ortiga y que tenía muchas vitaminas, el chicle, extraído del chicozapote y la sal, que extraían del mar con métodos muy rudimentarios.

Las carnes eran muy variadas y se obtenían del venado, pecarí, conejo, manatí, paloma, perdiz y otras aves y mamíferos.


Fuente:
Arquehistoria

11 de mayo de 2013

Las Cañitas, primer juicio por lesbianismo del que se tiene constancia

El juicio a dos mujeres apodadas 'Las Cañitas' está recogido en el libro del mismo título del historiador Federico Garza Carvajal, y recoge un largo proceso por lesbianismo a principios del siglo XVII entre Valladolid y Salamanca; el peregrinaje y calvario de dos mujeres que se amaron contra todo lo imaginable, que lucharon por estar juntas y se defendieron como pudieron en una época oscura y hostil.

En junio de 1603, Inés de Santa Cruz, una mujer que fue “monja-beata-priora”, y su compañera Catalina Ledesma, resultaron detenidas y juzgadas en Salamanca por “bujarronas” [todos los entrecomillados proceden de la rigurosa transcripción de documentos históricos].

Según el frágil y amarillento legajo de hace más de 400 años, “trataba la una a la otra con un artificio de caña en forma de natura de hombre”. A su manera, Inés y Catalina se inventaron (y fabricaron) una especie de consolador, objeto tan antiguo que la arqueología data algunos con más de 25.000 años. En los tiempos de Las Cañitas, eran muy populares y de diversa factura. La descripción de las relaciones íntimas de las dos mujeres llega a detalles como estos al referirse a Inés: “Con sus manos la abría la natura a la dicha Catalina hasta que derramaba las simientes de su cuerpo en la natura de la otra por lo cual las llamaban Las Cañitas y esto es público y notorio entre las personas que las conocen”. El escribiente no se cortó en detalles: “Había mucho escándalo y murmuraciones en el barrio”. Aquel había sido el punto más sórdido y doloroso de la historia, pero en realidad, la lucha de Inés y Catalina venía de lejos. Como señala Garza Carvajal, “a efectos judiciales no era la primera vez que Catalina e Inés estuvieron detenidas por tener relaciones lésbicas”. Y hay un proceso anterior en Valladolid en 1601 a las mismas mujeres que también ha sido sacado ahora a la luz, como dos siniestros capítulos del mismo drama.

Facsímil de la copia del proceso a Las Cañitas. Archivo General de Simancas

La cuidada edición del sumario, que se puede calificar de paleográfica, recoge los tres procesos —dos en Valladolid y uno en Salamanca— que se incoaron contra Inés y Catalina entre los años 1603 y 1606. Desde entonces, el mote de Las Cañitas rozó el mito y se sumergió en la oscuridad. Garza Carvajal rebusca en las biografías de las dos mujeres y las sitúa en el tiempo exacto, las tormentosas circunstancias y vicisitudes que culminaron, después de múltiples apelaciones, con la drástica separación de las dos amantes, que insistieron en reencontrarse. Catalina Ledesma e Inés Santa Cruz fueron azotadas y condenadas al destierro. Años más tarde llegó un perdón real.

Entre las dos mujeres, todos los contrastes de personajes novelescos: una de solvente cuna, la otra de baja extracción. Inés de Santa Cruz, relata Garza Carvajal, tenía incluso influencias familiares en la Real Cancillería de Valladolid, mientras Catalina Ledesma era analfabeta y ejercía como sirvienta, además de estar casada.


Fuente:
El País

5 de mayo de 2013

Historia del papel higiénico

Antes de la invención del papel higiénico se utilizaban materiales diversos: lechuga, trapos, pieles, césped, hojas de coco o de maíz. Los antiguos griegos se aseaban con trozos de arcilla y piedras, mientras que los romanos se servían de esponjas amarradas a un palo y empapadas en agua salada. Por su parte, los inuit optaban por musgo en verano y por nieve en invierno, y para la gente de zonas costeras la solución procedía de las conchas marinas y las algas.

Los primeros en crear y usar papel higiénico fueron los chinos, quienes en el siglo II a.C. ya diseñaron un papel cuyo uso principal era el aseo íntimo. Varios siglos más tarde (allá por el siglo XVI), las hojas chinas de papel destacaban por su gran tamaño (medio metro de ancho por 90 centímetros de alto). Sin duda, estas hojas estaban en consonancia con la posición jerárquica de sus usuarios: los propios emperadores y sus cortesanos.

En higiene personal las clases sociales estaban bien delimitadas. Los antiguos romanos de las clases pudientes utilizaban lana bien empapada en agua de rosas, mientras que la realeza francesa utilizaba nada menos que encaje y sedas. La hoja de cáñamo era el más internacional de los materiales utilizados por los ricos y poderosos.

Joseph C. Gayetty fue el primero en comercializar el papel higiénico allá por 1857. El producto primigenio consistía en láminas de papel humedecido con aloe, denominado "papel medicinal de Gayetty", un auténtico lujo para los más hedonistas. El nuevo producto, de precio prohibitivo, se comercializaba bajo un visionario eslogan: "la mayor necesidad de nuestra era, el papel medicinal de Gayetty para el baño".

En 1880 los hermanos Edward y Clarence Scott comienzan a comercializar el papel enrollado que hoy conocemos. Una presentación en sociedad llena de obstáculos dados los muchos tabúes que rodeaban al nuevo producto. Por la época se consideraba inmoral y pernicioso que el papel estuviera expuesto en las tiendas a la vista del público en general.

Pero el papel de los orígenes no era el producto suave y absorbente de nuestros días. En 1935 se lanza un papel higiénico mejorado bajo el reclamo de "papel libre de astillas". Esto nos hace deducir que lo habitual de la época era que el papel higiénico contara con alguna que otra impureza.

De ser un producto denostado y vendido discretamente en la trastienda, el papel higiénico se ha convertido en el protagonista de pasarelas de moda, obras de arte y delicados trabajos de papiroflexia.

El papel higiénico tal cual lo conocemos hoy en día ha experimentado un gran desarrollo a lo largo de los años que han transcurrido desde su invención. A la doble capa del papel (incorporada en 1942) se suman tecnologías punteras que aportan mayor suavidad y absorción.


Fuente:
Muy Interesante

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