9 de mayo de 2015

Las poseídas de Loudun

En la ciudad francesa de Loudun, se fundó en 1626 un convento de monjas ursulinas. Eran 17 jóvenes las que habitaban el convento, en una localidad en la que la mayoría de sus habitantes eran protestantes hugonotes. Una de ellas era Juana de los Ángeles, mujer intrigante y ambiciosa, que consiguió ser elegida superiora del convento con sólo 27 años.

El destino de Juana de los Ángeles se cruzó con el de Urbain Grandier, párroco en una de las iglesias de la ciudad. Grandier era elegante, culto, atractivo y estaba dotado de una capacidad oratoria que extasiaba a las damas de la ciudad, las cuales competían por tenerlo como confesor. Además el párroco no era demasiado riguroso en el cumplimiento del voto de castidad y sedujo a más de una. Algunos maridos y padres lo acusaron ante la justicia episcopal por su conducta inmoral, pero Grandier contaba con apoyos influyentes y fue absuelto de todas las acusaciones. Juana de los Ángeles también se obsesionó con Urbain Grandier y le propuso que se convirtiera en su director espiritual, oferta que el párroco rechazó. En su lugar, llegó como confesor el canónigo Mignon, uno de los mayores enemigos de Grandier.

Durante la noche del 21 de septiembre de 1632, Juana de los Ángeles y dos hermanas más vieron aparecer el fantasma de su antiguo confesor, el prior Moussat, fallecido víctima de la peste unas semanas antes. En los días siguientes siguieron relatando la visión de otros fenómenos extraños: bolas oscuras volando a través del refectorio y fantasmas paseándose por los pasillos del convento. El nuevo confesor, Mignon, trajo a un cura que certificó que las monjas estaban poseídas por el demonio, por lo que había que practicarles un exorcismo. Se celebraron varias sesiones, primero en privado y luego ante un público ansioso de nuevas sensaciones. En una de estas sesiones Juana de los Ángeles reveló, entre violentos movimientos y gritos, que fue Urbain Grandier quien las había embrujado enviándoles un ramo de rosas en el que se contenía su pacto con el diablo. Los enemigos de Grandier ya tenían una acusación de hechicería que les permitiría llevarlo a la hoguera.

Al enterarse de las acusaciones, Grandier se quejó al arzobispo de Burdeos, amigo suyo, y éste ordenó suspender todos los procedimientos. Entonces llegó a Loudun Jean de Laubardemont, un juez enviado por el cardenal Richelieu para arrasar el castillo de la ciudad e imponer la autoridad de la monarquía. Las autoridades locales se resistieron, y Grandier cometió la imprudencia de ponerse de lado de éstas. Irritado por este comportamiento, Laubardemont acudió a informar a Richelieu. El cardenal, enemistado con Grandier por un antiguo incidente, obtuvo del rey la autorización para reabrir el caso. A finales de 1633, Laubardemont volvió a Loudun y ordenó arrestar a Grandier.

Se decía que el contacto con el diablo dejaba marcas especiales en el cuerpo de los hechiceros, en forma de zonas totalmente insensibles al dolor. Juana de los Ángeles reveló que Grandier tenía varias de esas marcas: en la espalda, en las nalgas y en los testículos. Para comprobarlo, se llevó a un cirujano a la cárcel para que localizara esas señales en el párroco mediante un método brutal, clavándole un estilete hasta el mismo hueso en busca de esas supuestas zonas insensibles. Los alaridos de dolor de Grandier llegaban hasta la calle. Finalmente, en julio de 1634 se formó un tribunal compuesto por doce jueces y presidido por Laubardemont. Llevado a declarar, Grandier negó todas las acusaciones, pero tras sólo tres vistas el tribunal proclamó la sentencia: muerte en la hoguera.

El 18 de agosto de 1634 le pusieron una camisa impregnada de azufre y lo llevaron a la plaza del mercado de Loudun, abarrotada de público. Atado al poste, le prometieron estrangularlo primero si confesaba, pero volvió a negar todas las acusaciones. Fue quemado vivo.


Fuentes:
- Taringa. Las monjas poseídas de Loudun
- National Geographic. El diablo en el convento: las poseídas de Loudun
- Foro Amistad. Las poseídas de Loudun

3 de mayo de 2015

Las Vísperas Sicilianas

Las Vísperas Silicianas (Francesco Hayez, 1846)

Debido a su ubicación, la isla de Sicilia ha sido desde la Antigüedad la base perfecta desde donde extender los tentáculos comerciales por todo el Mediterráneo. Los normandos lograron conquistarla entre 1061 y 1091. En 1130, el terrritorio siciliano obtuvo la categoría de reino al ser coronado Roger II rey de Sicilia. Los normandos llevaron a cabo una política étnica y religiosa tolerante y supieron ganarse el favor de la población, mayoritariamente griega y musulmana. Esta situación iba a cambiar con la llegada de los Hohenstaufen al trono siciliano en 1194.

El linaje alemán llega a Sicilia con el matrimonio de Constanza, hija del rey Roger II, y Enrique, hijo del emperador Federico I Barbarroja. Con la llegada de los Hohenstaufen, la isla se sumerge en la eterna lucha entre Papado e Imperio. Enrique, rey autoritario, tarda muy poco en ganarse el desprecio de sus súbditos sicilianos. Tampoco le ayuda el hecho de rodearse de consejeros alemanes en el gobierno. Sin embargo su reinado es corto, ya que muere en 1197. Su sucesor, Federico II, es coronado rey de Sicilia al alcanzar la mayoría de edad, en 1208.

Federico II
El reinado de Federico II estuvo protagonizado por serias desavenencias con la Santa Sede. Contra él, el Papa poco podía hacer aparte de excomulgarlo, pero a su muerte en 1250 el pontífice Inocencio IV decidió librarse del dominio de los Hohenstaufen en Sicilia y quiso sentar en el trono a un vasallo y partidario suyo, el francés Carlos de Anjou, hermano de Luis IX de Francia. Carlos era ambicioso y pretendía iniciar desde Sicilia la conquista del Imperio Bizantino.

Pero las cosas no fueron tan fáciles porque, lógicamente, a la muerte de Federico II sus sucesores reclamaron la corona siciliana. Muerto también el hijo de Federico, Conrado IV, el trono fue ocupado por su hermanastro Manfredo, contra el cual Carlos de Anjou tuvo que enfrentarse para conquistar la isla. Carlos derrotó a Manfredo en la batalla de Benevento el 26 de febrero de 1266 y acabó con lo que quedaba de la resistencia germana, proclamándose rey de Sicilia.

Carlos de Anjou
Gracias a su actitud despótica y arrogante, Carlos de Anjou enseguida se ganó el odio de los sicilianos. Aplicó unos impuestos abusivos y obligó a la nobleza a presentarle documentos que acreditasen la propiedad de sus tierras. La mayoría no tenía documentos, ya que en esa época los negocios y pactos se hacían más de palabra que por escrito. A los que no tenían papeles les confiscó las tierras y se las quedó. Funcionarios, nobles y soldados franceses trataban a la población siciliana con desprecio, obligando a muchos notables de la isla a refugiarse en la corte de Jaime I de Aragón, convirtiendo a Barcelona en un poderoso centro político gibelino.

¿Qué pintaba el reino de Aragón en este asunto? Se da la circunstancia de que el hijo de Jaime I, el futuro Pedro III El Grande, había contraído matrimonio con Constanza de Hoenstaufen, nieta del emperador Federico II, lo que acreditaba que los sicilianos hicieran piña en torno a los derechos sucesorios de doña Constanza, representados por su esposo el infante don Pedro.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue el detonante de que sucedió aquel 30 de marzo de 1282, lunes de Pascua. Ante la iglesia del Santo Spiritu de Palermo, una multitud esperaba el toque vespertino para entrar en el templo. La tradición cuenta que apareció en la plaza un grupo de soldados franceses borrachos, cuyo sargento empezó a molestar a una joven siciliana. El marido de la joven, furioso, arrebató al francés su espada y lo ensartó con ella. El resto de franceses corrió a vengar a su compañero, pero los palermitanos eran mucho más numerosos, de forma que los rodearon, les arrebataron las armas y les dieron muerte, justo cuando las campanas de la iglesia empezaban a tocar a vísperas, de ahí que la revuelta fuese conocida como las Vísperas Sicilianas.

Pedro III El Grande
Otra versión, probablemente más fundamentada, dice que el levantamiento fue planeado por el emperador de Bizancio. En cualquier caso, una vez dada la primera cuchillada se produjo una verdadera explosión de ira popular, que se extendió luego a toda Sicilia. Al grito de "¡Muerte a los franceses!", los palermitanos masacraron a 2.000 de ellos en la ciudad, incluidos ancianos, mujeres y niños. Carlos de Anjou tuvo que huir de la isla y los rebeldes ofrecieron la corona a Pedro III de Aragón y su esposa Constanza.

Este es uno de los pocos casos en la Historia en que un rey extranjero accede al trono no por conquista ni por herencia, sino por llamamiento de la propia población. Claro que Carlos de Anjou no se iba a conformar, pero eso ya es otra historia.


Fuentes:
- El Confidencial. Las vísperas sicilianas y el asalto de Aragón al Mediterráneo: aquello fue el acabose
- Grupo Portal Historia. Las Vísperas Sicilianas
- Javier Vallejo Martínez. Las Vísperas Sicilianas

Para saber más:
Las Vísperas Silicianas: Una historia del mundo mediterráneo a finales del siglo XIII - Steven Runciman, Ed. Reino de Redonda, 2009

29 de abril de 2015

Oficios antiguos: El alimañero

Desde el principio de los tiempos el hombre ha habitado en la naturaleza, compitiendo por sus recursos con el resto de animales. En la antigüedad, esta competencia sólo tenía una solución: la muerte de la alimaña que arrebataba la comida, o incluso la vida, al hombre.

Antiguamente, esto no era entendido como una forma de caza, sino simplemente como una necesidad básica, una forma de acabar con los animales considerados nocivos. Y, entre todos ellos, hubo uno situado en el punto de mira del hombre, en todas las épocas y lugares: el lobo. Pero aunque al lobo se le declaró una guerra sin cuartel, no fue el único.

En 1542, Carlos I dictó la primera ley sobre caza de predadores de la que existe referencia. En esta época la caza era un privilegio reservado a la nobleza, pero el rey no dudó en permitir que cualquier persona participara en batidas para exterminar a los lobos. Esta ley fijó una norma, vigente durante más de 400 años: la recompensa económica para aquellos que mataran una alimaña. Así surgieron los primeros alimañeros cazarrecompensas.

En el siglo XVIII, las cacerías de alimañas empezaron a utilizarse como excusa para abatir otras piezas, de mayor provecho gastronómico, a las que los aldeanos no podían acceder de otra manera. Esto provocó el enfado de Carlos IV, que en 1795 dictó una ley con la que se ponía fin a esta práctica. Ordenó el exterminio de lobos y zorros pero sin batidas ni monterías. Para evitar que disminuyese la persecución contra estos animales, estableció el pago de 8 ducados por cada lobo, 16 si era hembra, 24 si la apresaban con la camada y otros 4 por cada lobezno. También se pagaban 20 ducados por cada zorro y 8 por cada cría.

Al llegar la Guerra de la Independencia (1808-1814), se inicia un periodo de inestabilidad que permite retomar la costumbre de celebrar batidas, pese a estar prohibidas. Sin embargo, en 1834 se publica un real decreto en el que se insiste en la prohibición de esta práctica. Esta nueva normativa ampñía la lista de animales dañinos y al lobo y al zorro se les unen la garduña, el gato montés, el tejón y el turón. Se sigue pagando por cada animal muerto, pero se establece que el alimañero debe entregar las orejas y los rabos de los cánidos y las pieles del resto de animales. De esta forma se evita la picaresca de algunos cazadores, que presentaban el mismo animal muerto en diferentes pueblos, cobrando varias veces la recompensa por la misma pieza.

En 1902 se publicó una nueva Ley de Caza. A la lista de alimañas se añaden nuevas especies, como el lince o las águilas. Así, se incentivó la figura de los alimañeros, personas extremadamente pobres que viajaban de pueblo en pueblo atrapando predadores y que, además de la recompensa, obtenían la limosna de la población.

En 1953 el Ministerio de Agricultura dictó un decreto conocido popularmente como "ley de alimañas". En él se ordenaba la creación de juntas provinciales de extinción de animales dañinos. Su función consistía en acabar con los animales a través de la figura del alimañero, oficializada por primera vez, dotándole de cierto reconocimiento social. Además de la recompensa, la Administración les facilitaba medios, como el veneno, para que pudiesen realizar mejor su trabajo. Las consecuencias de esta forma de exterminar no se hicieron esperar.

Afortunadamente, en la década de 1970, y cuando se estaba cerca de conseguir la total extinción de algunas especies, empezó a cambiar la forma de pensar de la sociedad y se publicó una nueva Ley de Caza en la que se introdujo por primera vez el concepto de "especie protegida". Del mismo modo, se retiró la recompensa económica por matar especies dañinas y desaparecieron las juntas provinciales de extinción, acabando también con la figura del alimañero.

Finalmente, España tuvo que adaptar su legislación a las leyes europeas, y una vez integrada en la U.E, acatar las diferentes directivas sobre la materia.


Fuente:
Jara y Sedal. Alimañas... y alimañeros

25 de abril de 2015

La conquista de Guatemala

El 6 de diciembre de 1523 y por orden de Cortés, el conquistador Pedro de Alvarado sale de México para conquistar los confines más meridionales. Los territorios habitados por los mayas comprendían extensas regiones cubiertas de selva tropical, muy difíciles de penetrar. En la expedición participaron grupos de indígenas amigos, convertidos en auxiliares de los 300 hombres que acompañaban a Alvarado.

Guatemala estaba habitada por muchos grupos indígenas. Los reyes Quichés habían intentado unir a todos los grupos por la fuerza, sin conseguirlo. Los mayas se enfrentaron a los españoles divididos entre sí. El primer combate tuvo lugar a orillas del Río Tilapa. Fue una batalla sangrienta, el ejército español era poderoso, poseía caballería y armas de fuego, pero los indígenas eran valientes, grandes arqueros y expertos en la lucha cuerpo a cuerpo. A Alvarado y sus hombres les costó vencerlos.

Después de su primera victoria, Alvarado y su ejército se dirigieron a Zapotitlán, donde se libraron encarnizadas batallas. La ciudad cayó finalmente en poder de los invasores. Continuaron su avance hacia Xelajú, en Quetzaltenango, pero en el camino se encontraron con tropas indígenas comandadas por el principe Azumanché, pariente de Tecún Umán. Se produjo una batalla en las faldas del volcán Santa María en la que murieron muchísimos guerreros, hasta el punto de que las aguas del río Olintepeque se tiñeron de sangre. Desde entonces los nativos llamaron al río Xequijel, que quiere decir "río de sangre". En esta batalla perdió la vida el príncipe Azumanché.

El mando del ejército Quiché pasó a manos de Tecún Umán, que se enfrentó a los invasores en las llanuras de Quetzaltenango. Fue un duro combate en el que se luchó cuerpo a cuerpo. En esta sangrienta batalla murió heroicamente Tecún Umán y los mayas fueron vencidos.

Estatua de Tecún Umán en Quetzaltenango
Después de la muerte de Tecún Umán, los reyes Quichés Oxib Quej y Belejeb Tzii intentaron engañar a los españoles, instándoles a trasladarse a Gumarcaaj, su capital. Desde el principio, los castellanos sospecharon que el propósito de los reyes mayas era atraerlos a la ciudad para quemarlos en ella. Alvarado mostró desconfianza y decidió acampar en unos llanos de las afueras en lugar de instalarse en la capital. A pesar de la insistencia de los reyes, el conquistador se negó a entrar y a su vez los invitó a su campamento. Alvarado tomó prisioneros a los reyes Quichés, los acusó de traición y los mandó quemar vivos. También ordenó incendiar la ciudad de Gumarcaaj.

Los reyes cakchiqueles Belejep-Qat y Cahi-Imox al saber de la derrota de los Quichés, recibieron a Alvarado en la ciudad de Iximché con toda clase de atenciones y le pidieron que los ayudara a combatir a sus enemigos los Tzutujiles. Estos vivían a orillas del lago de Atitlán, su capital era Chitinamit y su rey Tepepul. Alvarado aceptó gustosamente y envió mensajes a los tzutujiles ordenándoles que se rindieran, pero éstos se negaron dando muerte a los emisarios. Entonces Alvarado decidió someterlos por la fuerza, se puso al frente de su ejército y atacó la ciudad. Los tzutujiles se resistieron, pero terminaron sometiéndose al dominio español.

Desde la ciudad de Iximché los conquistadores emprendieron un ataque contra Izquintepeque (actualmente Escuintla), en la que resultaron victoriosos. Continuaron hacia el este a lo largo de la costa sur de Guatemala, entrando en lo que hoy es conocido como Guazacapán. En varios pueblos no hubo enfrentamiento ya que los españoles eran recibidos en paz, aunque luego los indígenas dejaban sus pueblos y huían hacia las montañas. Al llegar a Pasaco, los españoles fueron recibidos por un ejército desafiante al cual derrotaron con facilidad. Siguieron la expedición hasta cruzar el Río Paz, penetrando en lo que actualmente es El Salvador. En Acajutla, sostuvieron una batalla en la cual Alvarado resultó herido en una pierna quedando cojo para el resto de su vida. De Acajutla se dirigieron a Tucuxcalco, y de allí a Miguaclán (que encontraron despoblado), luego a Atehúan (Ateos), y finalmente llegaron a Cuscatlán, donde fueron bien recibidos al principio, pero debido a los abusos de los españoles, los indígenas terminaron por huir hacia las montañas, de donde Alvarado ya no los pudo hacer bajar.

De regreso a Iximché el 21 de julio de 1524, el conquistador procedió a fundar una villa, la que después se convirtió en ciudad con el nombre de Santiago. Poco tiempo después de la fundación de Santiago se desintegra la alianza entre los españoles y los cakchiqueles, por el mal trato que éstos últimos recibían de los conquistadores. Los cakchiqueles estuvieron a punto de vencer a los conquistadores, ya que estaban militarmente bien organizados. Esta fue una de las rebeliones más importantes de la conquista. Después de cinco años de tenaz resistencia, finalmente se rindieron y muchos de ellos fueron hechos prisioneros. Según los "Anales de los Cakchiqueles", el rey Belejep-Qat pasó sus últimos días lavando oro en los ríos. Con esto terminó el poderío de los Cakchiqueles y se consumó la conquista de Guatemala.

Tecún Umán: ¿Personaje Legendario o Histórico?

En un decreto legislativo de 1960, Tecún Umán fue oficialmente nombrado “héroe nacional” en Guatemala. Aunque en aquella época se creía en la historicidad del personaje, posteriores historiadores guatemaltecos la han puesto en duda.


Fuentes:
- deGuate.com
- http://www.angelfire.com/ar/guatemala/conquista.html
- http://www7.uc.cl/sw_educ/historia/conquista/parte2/html/h41.html
- Sajcabajá. Muerte y resurrección de un pueblo de Guatemala - Jean Piel, ed. Centro de estudios mexicanos y centroamericanos. 1997.

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