23 de noviembre de 2016

Las sombras del Imperio (Ricardo Ramos Rodríguez)

Real Alcázar de Madrid, 19 de enero del año 1568. El Príncipe Don Carlos, heredero al trono de un Imperio sobre el que nunca se ponía el sol, es detenido por su propio padre en sospechosas circunstancias. Se le acusa de crímenes terribles, y muchos en la corte piensan que está completamente loco, pero en una situación delicada para el Reino su proceso bien podría hacer temblar los propios cimientos de España.

Por otro lado, no muy lejos de allí, un niño de tan solo siete años se verá obligado a enfrentarse a la aventura de una vida y un nombre nuevos, un carismático hidalgo llegará a Sevilla huyendo de las oscuras maquinaciones de la capital, y un célebre preso recibirá una visita que le hará volver los ojos a un pasado que creía ya olvidado para siempre.

En esta apasionante novela histórica, ambientada en la España del Siglo de Oro, los relatos se entrelazan en el tiempo y sus tramas te arrastran a través de épicas batallas, amores imposibles, traiciones, engaños, episodios de corrupción e intrigas palaciegas.

Allí aparecerán personajes como el bastardo Don Juan de Austria, el escritor Miguel de Cervantes, el Rey Felipe II junto a su tercera esposa, la Reina Isabel de Valois, la siempre polémica Princesa de Éboli o el misterioso Caballero del Trébol.

15 de noviembre de 2016

El reino latino de Jerusalén

Godofredo de Bouillon
El 15 de julio de 1099, el ejército cruzado mandado por Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, tomaba por asalto Jerusalén a los musulmanes. Fue el remate de una empresa que se había iniciado con la concentración ante los muros de Constantinopla de los efectivos militares procedentes de distintos rincones de la Europa occidental, y que había proseguido, en medio de inenarrables peripecias, a lo largo de la meseta de Anatolia y del litoral sirio.

Las conquistas de los occidentales en Ultramar se articularon en cuatro pequeños Estados: el reino de Jerusalén, el principado de Antioquía y los condados de Edesa y Trípoli, dotados de un amplio margen de autonomía. En ellos encontraron su fortuna algunos miembros de las grandes familias de la nobleza europea: los herederos de Godofredo de Bouillon y los Lusignan en Jerusalén o ramas colaterales de los Hauteville normandos en Antioquía.

El reino latino de Jerusalén y sus apéndices fueron un campo de experimentación en Siria de las instituciones occidentales, aunque con los matices propios del medio en que hubieron de desenvolverse. Los “Assises de Jerusalén” son la mejor expresión de lo que fue esta “feudalidad de exportación”. Junto al monarca de Jerusalén se encuentran una serie de organismos, muestra de las fuerzas sociales en juego: la Cour de Liges, para solventar problemas entre los caballeros; la Cour de Bourgeois y la Cour de la Chaine, con idénticas funciones cara a los mercaderes; y la Cour de Rais, para solucionar los pleitos de la población indígena.

La defensa del territorio corrió a cargo de las órdenes militares, instituciones en las que convergían los ideales de la ascesis eclesiástica (castidad, pobreza y obediencia) y el ideal caballeresco (protección a los peregrinos y a los Santos Lugares): Orden de San Juan o del Hospital de Jerusalén, fundada en 1120; Caballeros del Temple, fundada en 1118 y Caballeros Teutónicos fundada en 1198.


Fuente:
* Emilio Mitre Fernández, Introducción a la historia de la Edad Media europea. Ed. Istmo, 1976


11 de noviembre de 2016

Wu Zetian, la gran emperatriz de China

Wu Zetian, fue la única mujer en la historia de China que ocupó el trono imperial, llegando a proclamar su propia dinastía, a la que llamó Zhōu, Esta nueva dinastía interrumpió brevemente la dinastía Tang, que sería restaurada tras su abdicación forzada, meses antes de su muerte.

Wu Zetian
Nacida en el seno de una familia noble en la provincia de Shandong en el 625, durante la dinastía Tang (617-907), pasó a formar parte de las 122 mujeres que constituían el harén del emperador Taizong. Tras la muerte de éste en el 649, su hijo Gaozong (628-683) subió al trono y las concubinas —entre ellas Wu— fueron enviadas a un convento. El fin de la imagen pública de Wu estaba cerca si no hubiera sido porque el emperador Gaozong la trajo consigo a la corte imperial en el 654, lo que fue motivo de escándalo para los moralistas confucianos.

La consorte del nuevo emperador, la emperatriz Wang, apoyó a Wu Zetian para que ésta frenase a Xiao, otra ambiciosa concubina que pretendía medrar en la corte. La maniobra fue desastrosa. Wu aprovechó la oportunidad para alcanzar una situación de privilegio, logrando que el emperador Gaozong la tomara como esposa. En el 645 Wu tuvo una hija que apareció asesinada en extrañas circunstancias en las dependencias del harén. A raíz de aquel suceso, la emperatriz y la concubina Xiao fueron torturadas y ejecutadas.

A mediados del año 660, el emperador Gaozong enfermó gravemente a causa de un derrame cerebral y la emperatriz Wu comenzó a gobernar en la sombra, ordenando la ejecución de algunos ministros y nobles que cuestionaban su autoridad. También creó una fuerza secreta de policía para espiar a sus opositores. Al fallecer el emperador poco tiempo después, su sucesor fue su tercer hijo, Tang Zhongzong, pero pronto fue destituido por Wu, que ofreció el trono a su hijo Tang Ruizong. Tang Ruizong tampoco duró mucho como emperador, ya que su madre decidió que la solución idónea era que ella misma ocupara el trono imperial. En octubre del 690, la emperatriz acabó de un plumazo con la dinastía Tang, proclamando la suya propia. Por si fuera poco, asumió el título de “Huangdi” (emperador), lo que desató las iras de los confucianos más conservadores.

Wu Zetian decretó que el budismo fuera la religión oficial del Imperio. La religión budista era una importación llegada a través de la Ruta de la Seda, que ofrecía consuelo en el sufrimiento y la esperanza de una vida mejor en el próximo mundo. Hasta el 691 —año que Wu convirtió el budismo en religión oficial— la religión del estado chino seguía consistiendo en ceremonias de adoración a los ancestros. En el 664, el célebre monje budista Xuanzang, antes de morir, dirigió las últimas palabras a sus seguidores donde defendía el fin del mundo y la llegada del salvador de la humanidad, Maitreya, para impulsar una nueva era de paz. Estas palabras fueron redirigidas hacia la figura de la emperatriz cuando se descubrió que uno de los textos budistas —existen detractores que defienden la falsedad del documento— sugería que la próxima reencarnación de Buda tendría lugar en el cuerpo de una mujer. El sacerdote Huayi, afín a la emperatriz, era el principal artífice de esta creencia y partidario de que la reencarnación ya se estaba produciendo con Wu.

Con ochenta años de edad, un fatal golpe de Estado la hizo abdicar en su hijo Zhongzong, quien restauró la dinastía Tang. Cuando murió, sus restos fueron enterrados en el mausoleo Qian Ling, que alberga también los de su marido, el emperador Gaozong. La estela dedicada a Wu carece de inscripciones. Al parecer, la emperatriz quería que sus sucesores escribieran un epitafio que hiciera justicia a su reinado. Nadie se ocupó de ello.

Tumba de Wu Zetian, sin inscripciones

A pesar de su despiadado ascenso al poder, su gobierno fue benévolo. Redujo el tamaño del ejército, y reemplazó a los aristócratas del gobierno por especialistas. Fue justa con el campesinado, reduciendo los impuestos, aumentando la producción agrícola, y fortaleciendo los trabajos públicos. También hizo campaña para elevar el estatus de la mujer. Bajo su mandato, China se defendió de los ataques exteriores, experimentando unos años de gran estabilidad. La emperatriz también se ocupó de incrementar el rico patrimonio histórico chino.


Fuentes:
* http://www.viajesdechina.com/guia-de-viaje/cultura/wu-ze-tian.htm
* http://www.muyhistoria.es/edad-media/articulo/wu-ze-tian-la-emperatriz-emperador-611456215899
* http://www.temporamagazine.com/el-poder-de-una-mujer-wu-zetian-la-emperatriz-china-que-se-convirtio-en-un-dios-viviente


2 de noviembre de 2016

Batalla de Leipzig, el fin de Napoleón

La Batalla de Leipzig fue librada entre el ejército francés, bajo el mando de Napoleón, y un ejército de coalición formado por tropas austríacas, prusianas y rusas al mando del príncipe de Schwarzenberg. Tuvo lugar entre el 16 y el 19 de octubre de 1813 en los alrededores de la ciudad alemana de Leipzig.

Para Napoleón, 1813 empezó bajo los mejores auspicios. El 2 de mayo vencía a los ejércitos ruso y prusiano en Gross-Górschen, y semanas después lograba una nueva victoria en Bautzen, Silesia. Sin embargo, algo había cambiado. Aunque la acción de Bautzen demostró que Napoleón sabía vencer todavía, su iniciativa se había esfumado.

En octubre de 1813, Napoleón se retiró con su ejército desmoralizado hasta la ciudad de Leipzig, donde tomó posiciones defensivas. El plan era resistir el ataque sueco y prusiano hasta que lograra desbordar a los austriacos y rusos, pero un mariscal prusiano llegó antes de lo previsto y el plan se desbarató.

El 16 de octubre empezó la batalla con la llegada de refuerzos austríacos y rusos. Éstos se movieron sigilosamente y se abalanzaron contra los franceses, pero el ataque falló, permitiendo a Napoleón resistir logrando incluso que retrocedieran.

La Batalla de Leipzig (Alexander Zaureweid, 1844)

Bonaparte no consiguió reunir efectivos para un contraataque definitivo por lo que la lucha se estancó. Ambos bandos desplegaron artillería pesada provocando muchas bajas entre la infantería.

Los franceses resistían esperando que sus enemigos cometiesen un error fatal pero ocurrió todo lo contrario, cada vez estaban mejor coordinados, lo que debilitó las defensas del ejército francés.

Se construyó un puente para huir de la lucha y los días 18 y 19 de octubre el ejército de Napoleón se retiró por el puente. El día 19 parecía que Bonaparte se iba a escapar con la mayor parte de su ejército, pero entonces llegó el desastre. El oficial que estaba al mando de las cargas para volar el puente tras el paso del ejército desertó, dejando al mando a un soldado que sufrió un ataque de pánico y activó las cargas cuando el puente estaba aún atestado de soldados. Esto supuso que la retaguardia quedase atrapada sin escapatoria. Sin embargo, Napoleón logró escapar y regresó a Francia.

A partir de ese momento empezó la desintegración. La Conferencia del Rin fue disuelta, Baviera y Sajonia se separaron de Napoleón y Jerónimo Bonaparte fue expulsado de Westfalia, al igual que José de España. Los holandeses se sublevaron y a finales de 1813 los ejércitos aliados entraban en Francia.


Fuentes:
* https://historiayguerra.net/2015/01/03/la-batalla-de-leipzig-1813
* http://historiaybiografias.com/leipzig
* http://historiaguerrasyarmas.blogspot.com.es/2012/12/batalla-de-leipzig.html


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