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3 de marzo de 2019

Así se vivía a bordo de un submarino alemán en la II Guerra Mundial


La propaganda nazi ensalzó al U-Boot (abreviatura de Unterseeboot, "submarino") como ejemplo de arma invencible, los tripulantes de los submarinos alemanes estaban rodeados de un halo de prestigio y romanticismo. Se les consideraba héroes; una mezcla de soldados y aventureros, que vivían peligros combatiendo en alta mar dentro de un sofisticado buque, y eran recibidos con honores a su llegada a puerto. Es cierto que dormían y comían caliente todos los días, recibían buenas pagas y disponían de bastante tiempo libre, sobre todo en comparación con sus camaradas de infantería. Sin embargo, todos esos privilegios tenían un precio.

Las condiciones en las que vivían los tripulantes de un U-Boot distaban mucho de ser bucólicas. El medio centenar de hombres que servían en un submarino, la mayoría jóvenes voluntarios con un cierto nivel de preparación (de marineros a especialistas como maquinistas, torpedistas o radiofonistas), convivían apiñados en un espacio angosto y atestado de maquinaria, provisiones y armamento. Las primeras semanas, hasta que entraban en combate, los buques iban tan llenos de torpedos que ni siquiera había espacio para desplegar todas las hamacas y literas que llevaban, obligando a algunos marineros a dormir encima de los proyectiles. Normalmente, en los submarinos solo había una cama para cada dos hombres, por lo que se turnaban para ocuparla.

La sensación de claustrofobia provocada por la falta de espacio se incrementaba por el ambiente enrarecido que se formaba en el interior. Una mezcla de hedor a humedad, gasolina, comida, sudor (los hombres apenas podían lavarse ni cambiarse de ropa durante las travesías), letrina (había únicamente dos, aunque la de cubierta apenas se usaba) y una colonia de limón llamada Kolibri que se utilizaba para eliminar el salitre del cuerpo y disimular el olor corporal. A todo ello hay que añadir la falta de luz natural, la ausencia de privacidad, el ruido constante de la maquinaria y el asfixiante calor que desprendían los motores, que podía llegar hasta casi los cincuenta grados.


Para amenizar las largas jornadas de monotonía y relajar las tensiones provocadas por los combates y la estrecha convivencia, se organizaban competiciones (de ajedrez, damas, cartas), se ponía a determinadas horas música en un tocadiscos o se cantaban canciones acompañadas de instrumentos, normalmente un acordeón. En fechas señaladas o cuando se hundía algún barco, se organizaban pequeñas celebraciones en las que toda la tripulación se vestía para la ocasión, se repartían exquisiteces como fruta fresca o chocolate y se permitían las bebidas alcohólicas.

Los tripulantes de un submarino estaban expuestos a una enorme tensión psicológica. Cuando un buque enemigo los encontraba, se sumergían a muchos metros para evitar ser alcanzados por las cargas de profundidad de aquél. El problema es que esos ataques podían durar días. Los marineros pasaban largas horas en silencio para no ser detectados por los sonares, atentos a su característico sonido y al ruido de las explosiones de las cargas, y muchas veces a oscuras por efecto de la onda expansiva. Algunos no lo soportaban. La tensión continuada, la falta de oxígeno y el miedo a ser hundidos y quedar atrapados en el buque les provocaba lo que llamaban Blechkoller, o "síndrome de lata de conservas", un tipo de neurosis caracterizada por violentos ataques de histeria.

Al final de la guerra, el mito se resquebrajó y la realidad se impuso: los submarinos alemanes fueron, proporcionalmente, los que más bajas sufrieron de toda la Wehrmacht. Tres de cada cuatro hombres que sirvieron en los aproximadamente novecientos submarinos que se botaron durante la contienda no vieron el final de la guerra. A menudo morían de forma lenta. Cuando los submarinos se hundían, si la presión rompía el casco, los marinos morían ahogados. Si no, si la profundidad no era suficiente, permanecían atrapados en el buque hasta quedarse sin aire.


Fuente:
* Carlos Joric, "Vivir bajo el agua". Revista Historia y Vida Nº 611, pág. 12-13




22 de noviembre de 2018

La masacre de Badajoz

Durante la Guerra Civil, en toda la campaña extremeña el uso del terror por parte de las columnas africanas a las órdenes de los mandos golpistas fue la tónica habitual. No era raro que no se hiciesen prisioneros, que se rematase a los heridos, que se les cortasen las orejas, los genitales e incluso las cabezas para exhibirlas después como botín de guerra. En el fondo, no hacían otra cosa que seguir las recomendaciones del general Mola, cuando indicaba la necesidad de extender el terror entre la población civil.

Las tropas comandadas por el general Yagüe se dirigieron aceleradamente a Badajoz, que estaba llena de refugiados y que no cesaba de ser bombardeada por la aviación alemana. Desde las primeras horas del día 14 de agosto de 1936, la ciudad sufría un durísimo castigo por parte de la artillería, al tiempo que muchos oficiales encargados de las defensas republicanas las boicoteaban o, simplemente, desertaban, facilitando la entrada de las tropas franquistas. Alrededor del mediodía, los feroces ataques lograron horadar una parte de las murallas de la ciudad por donde penetraron moros y legionarios, disparando a todo aquel que encontraban a su paso y alcanzando en poco tiempo el centro de la ciudad.

Un grupo de milicianos republicanos pretendió hacerse fuerte en la catedral, pero fue fulminantemente arrasado. Las fuerzas ocupantes y los falangistas emboscados hasta entonces en la ciudad se lanzaron a una orgía de saqueos de comercios y viviendas, en su mayoría pertenecientes a los mismos derechistas que habían «liberado». Arrasaron con todo lo que pudieron y cargaron con el botín por unas calles sembradas de cadáveres y cubiertas de sangre.
Plaza de toros de Badajoz, 15 de agosto de 1936
Cientos de prisioneros fueron conducidos a la plaza de toros para ir siendo ejecutados en masa. Al caer la noche, bandas de soldados moros, legionarios y falangistas siguieron saqueando las viviendas de los trabajadores, violando a las mujeres, deteniendo a todos los hombres. Y en la plaza de toros siguió la matanza indiscriminada mientras aumentaba el número de prisioneros en días sucesivos, habiendo de habilitarse improvisadamente varios campos de concentración.

Cuando, a los tres días, Yagüe abandonó Badajoz, la ciudad se encontraba en buena medida «pacificada», pero durante meses continuaron las delaciones, las detenciones y los fusilamientos, que pasaron a hacerse directamente en el cementerio.

Badajoz quedó muy postrada tras su «liberación», tal como comunicaba a Franco el nuevo comandante militar de la plaza:
«La moral pública estaba abatida. Para levantarla he organizado un desfile, unas manifestaciones y gran propaganda, pero son poco sensibles y el susto no se les acaba de salir del cuerpo».
Simultáneamente, se organizaron batidas por los alrededores de la ciudad, para la caza y captura de los muchos huidos que merodeaban por los campos, muchos de los cuales habían sido devueltos desde Portugal.

La prensa internacional enseguida se hizo eco de los sucesos acaecidos en Badajoz. El periodista portugués Mário Neves, del Diário de Lisboa, regresó a Lisboa horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz (aunque regresó en los años 80 para grabar un documental sobre estos hechos). Neves informa en su crónica:
«Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes».

«Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, sobre todo a cargo de legionarios marroquiés. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros».
El 15 de agosto, el enviado de Le Temps, Jacques Berthet, enviaba su crónica:
«…alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)».
El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:
«Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».
El martes 18 de agosto, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa.


Fusilamientos en masa junto al cementerio de Badajoz


Fuentes:

* Enrique González Duro. "Las Rapadas". Ed. Siglo XXI, 2012
* https://kaosenlared.net/la-matanza-de-badajoz-un-ano-mas-contra-el-olvido-y-la-memoria


11 de noviembre de 2018

El fascismo y el Imperio Romano

En la Italia posterior a la Primera Guerra Mundial, Mussolini se apropió de los símbolos de la antigua Roma como vehículo de reafirmación nacional. Se presentó como la encarnación del nuevo líder dispuesto a hacer renacer el Imperio.

La Roma de los césares siempre ha fascinado a los estados totalitarios. Ya a partir del siglo XVI, en los países eslavos los mandatarios se hicieron llamar zares, término que deriva del latín caesar. Éste era el nombre que acompañaba a todos los emperadores romanos desde Octavio Augusto. Octavio fue el primero en utilizarlo para señalar que era descendiente de Julio César. Por otro lado, la Rusia zarista no tuvo ningún problema en considerar Moscú como la "tercera Roma" después de Bizancio, que había sido la segunda.

Con el tiempo, a la Rusia zarista le salieron seguidores. A principios del siglo XIX, Napoleón adoptó el águila de las antiguas legiones romanas como estandarte de sus ejércitos (en la antigua Roma el águila era un símbolo de fortaleza). También se adueñó del saludo romano que años antes, en 1798, ya habían rescatado del olvido los revolucionarios franceses como muestra de identificación con la idealizada república romana. Este saludo consistía en levantar el brazo derecho con los dedos de la mano juntos y rectos. Era la manera respetuosa que tenían los soldados romanos de saludar a las autoridades. En 1804 Bonaparte se autoproclamó emperador de Francia. Recuperaba así el título con el que eran conocidos los gobernadores romanos con plenos poderes ejecutivos. Y para equipararse a los grandes generales romanos, en 1806 ordenó erigir en París un arco de triunfo con el que perpetuar la memoria de sus hazañas.

Después de la Rusia zarista y de la Francia napoleónica, el recién creado estado italiano, surgido de la unificación (1848-70), supo sacar más partido del mito del autoritarismo de Roma. En pleno siglo XIX, descartados de la carrera neocolonialista, los italianos se aferraron a su glorioso pasado para hacerse un lugar en el reparto del mundo. Fue entonces cuando se recuperó la figura de Escipión, el general que en el siglo III a.C. derrotó a Cartago en las conocidas guerras púnicas. Con ello, Italia justificaba su expansión imperialista por Eritrea, Somalia, Etiopía y Libia.

La Primera Guerra Mundial exacerbó el sentimiento nacionalista en Alemania e Italia, humilladas por los acuerdos de paz: la primera tendría que pagar muy cara su derrota, e Italia no vio satisfechas sus pretensiones expansionistas a costa del antiguo Imperio austro-húngaro. A todo ello habría que añadir la fuerte crisis económica que sufrían ambos países. En Italia hubo un político que se atrevió a reconducir la situación: Benito Mussolini. Y lo hizo teniendo al Imperio romano como máximo referente.

Benito Mussolini
Inscrito inicialmente en el Partido Socialista, en 1919 fundó unos grupos de agitación llamados los Fasci Italiani di Combattimento1 (fascios italianos de combate). En aquella época, fasci era un término muy difundido en Italia para referirse a distintos grupos sociales. Aunque los fasci de Mussolini pronto se diferenciaron del resto. Su símbolo eran los fasces romanos, un haz de varas de metro y medio de longitud con un hacha en la parte alta. El hacha personificaba la justicia y el haz de varas la fuerza. En tiempos romanos los fasces eran transportados por los lictores, oficiales públicos que ejercían de escoltas de los magistrados. Se trataba de un emblema que ya había sido adoptado en 1789 por la Revolución Francesa. Pero esta nueva revolución tendría un carácter muy diferente.

En 1921 los Fasci Italiani di Combattimento fueron la base para la creación del Partido Nacional Fascista, con postulados ya claramente de derechas. En octubre de 1922 el partido decidió hacerse con el poder en la llamada Marcha sobre Roma, tras la que el rey Víctor Manuel III nombró a Mussolini jefe de gobierno. Durante los tres años siguientes Mussolini, hombre de una portentosa oratoria, fue asumiendo todos los poderes. Así llegó a implantar una dictadura, concepto también de fuertes resonancias clásicas. En la Roma republicana el dictator era la persona que concentraba toda la autoridad en tiempos de crisis (guerras, revueltas o pérdidas económicas). Una vez resuelta la dificultad, el dictador tenía que ceder su papel a las instituciones ya establecidas. Pero no siempre fue así. El primer dictador romano que se nombró vitalicio fue Julio César. Inspirándose en él, Mussolini también se presentó en sociedad como dictador vitalicio. En cualquier caso, el título por el que fue más conocido fue el de "Il Duce", que deriva del latín dux2. Mussolini instauró el saludo romano como elemento distintivo de su formación política. Pronto fue obligatorio por toda Italia. El haz de lictor se reprodujo por doquier. Las palabras que pronunció Mussolini en 1937, en un acto público, son reveladoras de esta concepción que vinculaba la Italia emergente con la antigua Roma:
«Cuando pienso en el destino de Italia, cuando pienso en el destino de Roma, cuando pienso en todas nuestras hazañas históricas, no tengo otra opción que ver en toda esta sucesión de acontecimientos la mano infalible de la Providencia, la señal infalible de la Divinidad»
Mussolini no dudó en imitar las pautas que habían propiciado el éxito del Imperio romano. Éste se basaba en una sociedad perfectamente ordenada, dividida en clases y con un fuerte espíritu moralizante. La propaganda del régimen también presentó la educación física como un elemento de salud colectiva y de adiestramiento en el estoicismo. Tampoco faltaron desfiles escolares para depositar flores en las estatuas de César. A la hora de indicar la fecha en los documentos oficiales y en los periódicos, estableció que se haría a partir de la del triunfo del fascismo en Italia, el 28 de octubre de 1922, el día en que se había iniciado la marcha sobre Roma. Este sistema recordaba a las siglas a.u.c (ab urbe condita, "desde la fundación de la ciudad"), con las que los antiguos romanos fechaban los hechos. partían del 21 de abril de 753 a.C., cuando, según la tradición, Rómulo había fundado Roma.

Mussolini haciendo el saludo fascista

A medida que el régimen fascista se consolidaba, se aprovechaba cualquier oportunidad para celebrar las glorias romanas. Se festejó el bimilenario del nacimiento de Virgilio (1930) y de Horacio (1935). En 1937, para conmemorar el bimilenario de Augusto, el régimen organizó una gran exposición sobre la romanidad ─la "Mostra Augustea della Romanità"─ que sirvió para construir el Museo della Civiltà Romana, que exalta todavía hoy el espíritu heroico de Roma.

Con la voluntad de apropiarse del pasado romano, el gobierno fascista dio un impulso a las obras de excavación arqueológica del centro monumental de Roma: el Foro, el área pública y política por excelencia de la antigua capital del mundo. Los resultados no siempre fueron los deseados, ya que las campañas estuvieron condicionadas por la voluntad propagandística del régimen. Así, para que vieran la luz determinados restos, fueron destruidos sin pudor notables edificios de época medieval. Además, para que el ejército y las milicias fascistas pudieran marchar triunfalmente por el centro de Roma ─a imitación de los grandes desfiles romanos─, fueron abiertas dos calles: la Via dell'Impero (hoy Via dei Fori Imperiali) y la Via del Mare (hoy Via del Teatro di Marcello). Su trazado arrasó literalmente la colina de la Velia y la zona de la Meta Sudans, delante del Coliseo.

Mussolini impulsó también una política de monumentalidad marmórea, típica de otros estados de inspiración totalitaria. Se trataba de promover la construcción de grandes edificios que pudieran servir de escenario a manifestaciones masivas. En teoría, los proyectos se inspiraban en el Imperio Romano, pero esto distaba de la realidad histórica. Los clásicos describen Roma como una ciudad muy bulliciosa y de calles estrechas y sucias. Lógicamente, a las autoridades fascistas no les interesó esta imagen caótica de la antigua capital, y la presentaron como la ciudad del orden y la belleza por antonomasia.

Para Mussolini, la antigua Roma se caracterizó también por su política exterior. Ya en el siglo I a.C., Virgilio decía en la Eneida que el destino inmutable había atribuido a Roma el papel de potencia "civilizadora". Fiel a esta premisa, el Duce se propuso recuperar los antiguos territorios del Imperio. Pero en la tercera década del siglo XX, la mayor parte de éstos se encontraba en manos de otras potencias.

Mussolini quiso ampliar fronteras a toda costa. No obstante, su política expansionista, caracterizada por la improvisación, distaba mucho de la que llevó a cabo el Imperio romano. Prueba de ello es la ocupación de Albania: en abril de 1939 el país fue anexionado a Italia aprovechando una crisis política. Las tropas italianas habían sido reclutadas de forma repentina, sin haber recibido ningún tipo de formación. El 1 de septiembre, cuando Hitler atacó Polonia ─iniciándose con ello la Segunda Guerra Mundial─, Mussolini prefirió quedarse al margen alegando que su ejército no estaba suficientemente preparado. Sus hombres habían conseguido ocupar Albania a pesar de su escasa preparación militar, pero cuando en octubre intentaron ocupar Grecia, las cosas no les salieron tan bien. Las tropas griegas contraatacaron, obligando a los italianos a retroceder hasta abandonar gran parte de Albania, su centro de operaciones. En diciembre de 1940 un humillado Mussolini no tuvo más remedio que pedir ayuda a Hitler. Este fracaso y otras derrotas en Libia y en el África oriental, le convirtieron en un subordinado más del Führer. El Imperio romano del Duce hacía aguas.

Meses antes, en junio, confiando en la victoria alemana, Benito Mussolini había declarado la guerra a los aliados. Aunque se sentía protegido por Hitler, la jugada le salió mal. En julio de 1943, ante los progresos aliados, fue derrocado por un golpe de estado y encarcelado en los Apeninos. En septiembre fue liberado por un grupo de paracaidistas y creó una república fascista en la zona de Italia ocupada por el ejército alemán (la República Social Italiana). Dos años después tomó la decisión de huir. En abril de 1945, un grupo de partisanos le capturó en Dongo y lo fusilaron junto con su amante Clara Petacci. Caído Mussolini, el mito del autoritarismo de la antigua Roma tan solo sería preservado, a su manera, por Franco en España.


Notas:
  1. Secciones de asalto y protección que luchaban contra el comunismo en las calles y propugnaban un nuevo cambio social en el pueblo, concretamente un Estado de orden que garantizase la seguridad pública. Ideológicamente los Fasci de Combattimento proponían un cambio político que protegiera igual a los obreros, a las clases medias y las clases altas si estas últimas lo merecían. Inicialmente su ideología causó dudas porque aparentaba ser de izquierdas y de derechas al mismo tiempo, sin embargo los Fasci di Combattimento repudiaban ambas, ya que realmente eran la tercera alternativa al marxismo y al capitalismo. Uno de los dormas fundamentales que caracterizaban a los Fasci di Combattimento era la exaltación del nacionalismo italiano para convertir a Italia en un país grande y poderoso en el mundo, como un Imperio que estuviera en el podio entre las potencias.
  2. Título que se aplicó en el Bajo Imperio romano a aquellas personas que ocupaban un alto cargo cívico-militar en las provincias.

Fuente:
* Antoni Janer Torrens, "El fascismo y el Imperio romano". Historia y Vida nº 512, pág. 48-55


7 de noviembre de 2018

La tragedia del Cabo Machicaco

En noviembre de 1893, un incendio en el barco de vapor Cabo Machichaco, atracado Santander, provocó la mayor catástrofe civil del siglo XIX español, con cerca de seiscientos muertos y alrededor de dos mil heridos.

El barco fue construido en 1882 en un astillero de la ciudad inglesa de Newcastle. Era majestuoso, con un pesado casco de hierro, y de grandes dimensiones: más de 78 metros de eslora y 10 metros de manga y, sobre todo, muy rápido, ya que podía alcanzar una velocidad de ocho nudos. Tres años más tarde el buque fue adquirido por la compañía Ybarra. Su función era el transporte de mercancías entre Bilbao y Sevilla, con escala en el puerto de Santander. De este modo, el 24 de octubre de 1893 el Cabo Machichaco partió del puerto de Bilbao rumbo a Santander, donde llegó tras una travesía de aproximadamente seis horas.

Llevaba 1.616 toneladas de carga, repartidas entre barras de hierro, lingotes, cubos de hierro, clavos, raíles, hojalata, así como cantidades nada desdeñables de harina, vino, papel, tabaco, madera, licores, aceite.... Y lo más peligroso: 12 toneladas de ácido sulfúrico en toneles de vidrio y 1.720 cajas de dinamita, cuyo peso neto se estima en unas 43 toneladas. Al llevar las bodegas repletas, el capitán había decidido estibar las garrafas de ácido sulfúrico en la misma cubierta del barco.

El buque debía cumplir unos días de cuarentena ya que había una epidemia de cólera en Bilbao, por lo que al llegar a Santander las autoridades portuarias lo enviaron a fondear al final de la bahía, frente al lazareto de Pedrosa. Pero sin llegar a completar la cuarentena las autoridades del lazareto se dieron por satisfechas, autorizando al Cabo Machichaco a acercarse a la ciudad de Santander para descargar. Oficialmente, existía un reglamento según el cual un barco que transportara material explosivo debía declararlo ante las autoridades, pero, en este caso, parece ser que no se hizo.

El viernes 3 de noviembre fue un día soleado que invitaba a pasear a las familias burguesas de la ciudad. Hacia las 13:30 horas se hizo visible una columna de humo. Unas versiones afirman que fue provocado por una de las garrafas de ácido sulfúrico estibadas en la cubierta, en tanto que otros escribieron que se inició en una sentina de la bodega nº 2 de proa. Lo cierto es que al darse la alarma rápidamente se desplazaron al barco los escasos medios contra incendios del puerto: el remolcador Santander, los carruajes a caballo que llevaban cisternas con agua, el ganguil (barcaza) San Emeterio y la lancha Julieta. También acudieron los oficiales y tripulaciones de varios barcos españoles y extranjeros atracados en el muelle o fondeados cerca. El que más personal aportó fue el vapor Alfonso XIII.


El espectáculo del gran barco ardiendo y las labores contra incendios motivaron que numeroso público se acercase a ver qué ocurría; también se aproximaron la práctica totalidad de las autoridades de la ciudad. Al cabo de un rato se comunicó que entre la carga había explosivos, lo que hizo que cundiera el pánico entre los centenares de curiosos que miraban el espectáculo. Pero al ver que las autoridades permanecían en el barco y en sus inmediaciones, los curiosos regresaron al muelle para continuar contemplando las labores de auxilio.

Hacia las cuatro de la tarde, y ante la imposibilidad de sofocar el fuego, se decidió hundir el buque. Para ello se colocó al costado del Cabo Machichaco al remolcador Santander. Desde allí se golpeó el casco metálico hasta provocar una vía de agua, comenzando a hundirse la nave hacia las 16:30 horas. Pero unos minutos después explotaba la proa del navío. La mezcla de dinamita con ácido sulfúrico provocó una descomunal explosión, que lanzó como metralla las piezas de hierro, cartuchos de rifle y toda clase de piezas del barco. La práctica totalidad de las autoridades de la ciudad, así como decenas de marinos de los barcos perecieron, encontrándose algunos de sus miembros despedazados a kilómetros de distancia.

La tromba de agua provocada por la explosión del Cabo Machichaco arrastró al mar al gentío que estaba en el muelle, pereciendo unos ahogados y otros masacrados por la metralla. Unos pocos pudieron ser rescatados del agua por embarcaciones. Familias enteras murieron. El balance final fueron 590 muertos, así como más de 500 heridos (otras crónicas elevan los heridos a 2000). Si se tiene en cuenta que la población de Santander era de unas 50.000 personas, el 2% resultó muerto o herido por la explosión del Cabo Machichaco. Todas las calles adyacentes resultaron arrasadas. La potencia de la explosión fue de una magnitud tal, que se llegaron a encontrar grandes piezas del barco hasta a ocho kilómetros de distancia y una ermita románica situada a varios kilómetros llegó a derrumbarse. La tragedia provocó una enorme ola de solidaridad entre una población que había perdido a prácticamente todas las autoridades civiles y militares, siendo la iniciativa ciudadana la que organizó los auxilios.

Dado que la dinamita estibada en popa no había explosionado, en las siguientes semanas se procedió a desguazar la superestructura que había resistido tras la explosión del Cabo Machichaco. Se procedió a desmontar el barco hundido, que se apoyaba en el muelle. Pero el 21 de marzo de 1894 hubo una segunda explosión entre los restos de la popa, falleciendo 15 operarios que se encontraban allí trabajando. Unos días después, el 29 de marzo, los responsables decidieron explosionar lo que quedaba del buque ‘maldito’ para evitar que se produjesen más muertes entre los que trataban de vaciar sus contenidos. Dado que no había ya edificaciones cerca, poco daño causaría una explosión más, esta vez, controlada.

La tragedia de la explosión del Cabo Machichaco se considera la mayor acaecida en España en el siglo XIX.


Fuentes:
* espanafascinante.com/leyenda-de-espana/leyendas-de-cantabria/la-gran-explosion-del-cabo-machichaco
* www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contemporanea/explosion-del-cabo-machichaco


1 de mayo de 2018

El movimiento obrero en España

El movimiento obrero surge de la Revolución industrial como consecuencia de la falta de derechos que los trabajadores tenían en las fábricas. La lucha de los obreros contra situaciones de injusticia fue el germen del futuro movimiento obrero que se concretará en la asociación de campesinos y obreros con el fin de conseguir una mejora de su situación mediante la actividad política y social. El proletariado industrial será el impulsor del movimiento obrero organizado.

Durante la primera etapa de la industrialización, los empresarios tenían plena libertad para fijar las condiciones laborales de sus trabajadores. Los salarios eran tan bajos que no alcanzaban para una vivienda digna o para poder subsistir todos los miembros de una familia. Si por enfermedad, accidente o despido perdían su empleo, no existía ningún tipo de subsidio público para estos casos.

Se inició en Inglaterra. Cuando surgió la revolución industrial una de las primeras consecuencias fue la creación de fábricas en las que se buscaba rentabilizar al máximo la producción, por lo que había un exceso de mano de obra disponible para trabajar. Al no existir todavía ningún tipo de legislación que regulase la actividad industrial, los trabajadores se veían obligados a realizar unas jornadas de trabajo de más de doce horas, los niños también trabajaban y, además, eran unos de los objetivos más atractivos para los empresarios porque sus salarios eran sustancialmente inferiores a los de los adultos.

Una de las primeras reacciones contra este mercantilismo fue la destrucción de máquinas, a las que se responsabilizaba de la pérdida de la capacidad adquisitiva del pequeño artesano y las hacían culpables del paro. La máquina simbolizaba todo aquello que el trabajador rechazaba y su destrucción era un buen modo de presionar a los empresarios.

Quizá el concepto más significativo en el que se basó el crecimiento del movimiento obrero organizado fue la lucha de clases. Esta supuso la toma de conciencia de los trabajadores de que pertenecen a una clase social diferente que sus patronos y que para mejorar su situación el camino más adecuado era el de la lucha. Sin duda, la principal arma obrera en esta lucha de clases ha sido la huelga.


En España, donde la industrialización se produjo más tarde que en otros países, las primeras acciones obreras tuvieron lugar en Barcelona en 1823, cuando –según la prensa de la época– «grupos de sediciosos saquearon los almacenes de los hacendados y de los comerciantes». Surgieron así enfrentamientos entre obreros y patronos de nuevo en 1827 y 1831 con motivo de los salarios del tiraje de piezas textiles.

El 6 de agosto de 1835, la fábrica de telas «Bonaplata y Compañía» y «El vapor» fueron incendiadas en Barcelona. Al día siguiente fue ejecutado el obrero Pardiñas como presunto autor del incendio y el 11 de agosto tres obreros más. A partir de 1838 los obreros comenzaron a asociarse y acudieron al Capitán General de Cataluña, representante de la Comisión de Fábricas, pidiéndole autorización para asociarse. Los patronos estaban asociados desde 1833 en dicha Comisión de Fábrica, pero los obreros no obtuvieron la autorización solicitada.


EL 28 de febrero de 1839, el Gobierno concedió la autorización de sociedades mutualistas y cooperativas, aunque dejaba a los dirigentes políticos regionales su reconocimiento. Se fundó, en 1839, una «Sociedad de Tejedores del algodón», no tolerada. El 17 de marzo de 1840, bajo la inspiración del tejedor Juan Munts, se fundó la «Asociación mutua de obreros de la industria algodonera». Ambas asociaciones, en realidad eran la misma con dos caras. La primera efectuaba la resistencia activa; la segunda era una pura mutualidad. Se apoyaba en el Decreto de 1839 según el cual fueron reconocidas por el Gobierno Civil, que el 25 de mayo de 1840 prohibió las reuniones obreras fomentadoras del asociacionismo.

Sin embargo, continuaron su actividad las asociaciones obreras clandestinamente y obligaran a la patronal a reunirse con los representantes obreros en un comité paritario. El 6 de enero de 1841 el Regente, general Espartero, a instancia de los patrones catalanes disolvió las asociaciones obreras. Los obreros continuaron actuando en la clandestinidad, hasta que las autoridades catalanas publicaron un Decreto autorizando las sociedades mutualistas de los trabajadores. Pero el 9 de diciembre de 1841 el Gobierno dictó una segunda orden de disolución de la «Sociedad de Tejedores del algodón». De la firme resolución de los trabajadores es buena muestra el Manifiesto que se publicó contra esta segunda disolución:
«Tejedores y demás jornaleros asociados, no os dejéis sorprender. Nuestra Asociación no necesita de la aprobación ni de la reprobación de nadie; con los derechos que nos concede la naturaleza y la ley, tenemos bastante, y los que digan lo contrario son los perturbadores. Por consiguiente, nuestra asociación es un acto voluntario y recíproco que no está sujeto a disolución. Mucha firmeza y mucho silencio es lo que debemos guardar y vengan decretos.»
Los acontecimientos revolucionarios de diciembre de 1842 dieron pie a que el Gobernador Civil de Barcelona dictara una orden disolviendo la «Sociedad de Tejedores», bajo cualquier modalidad o denominación que presentara, fuera pública o clandestina. Esta suspensión tampoco consiguió acabar con la asociación, cuyo núcleo dirigente se respaldaba en la cooperativa «Compañía Fabril de Tejedores de Algodón», en cuya dirección seguía Juan Munts. Sin embargo, los sucesos de 1843, asestaron un golpe fatal a la asociación y supusieron un debilitamiento del movimiento obrero que no volvió a resurgir hasta 1854.

Esta lucha por el derecho de asociación de la clase obrera no sólo se dio en Barcelona, sino en toda la Cataluña textil. De 1844 a 1854 la actividad asociacionista se desarrolló en plena clandestinidad y, a pesar de la represión, continuaron los conflictos laborales, como lo demuestran las circulares de los gobernadores civiles de 23 de febrero de 1850, la de 1851 y la resolución de 1853 prohibiendo las asociaciones obreras. En 1850, en Igualada, los tejedores a mano presentaron la primera reivindicación colectiva a los patronos del gremio. En 1854 la colocación de numerosas máquinas automáticas produjo numerosas huelgas organizadas por comisiones de trabajadores. En 1854 apareció en Barcelona la primera Confederación de Sociedades Obreras de España. Su denominación fue «Unión de clases».


En 1855 comenzó la primera Huelga General en España. La motivación fue la orden cursada por el Capitán General, general Zapatero, el 24 de julio, disolviendo las asociaciones obreras ilegales y poniendo bajo el control militar todas las asociaciones de socorros mutuos permitidas. Asimismo se sometía a la ley marcial a «todo el que directa o indirectamente se propasase a coartar la voluntad de otro para que abra sus fábricas o concurra trabajar en ellas si no accede a las exigencias que colectivamente se pretenda imponer». La huelga general que duró del 2 de julio al 11 del mismo mes fue masivamente seguida. El lema de la huelga era «asociación o muerte». Además de la libertad de asociación, se pedía la reducción de la jornada de trabajo y el aumento del salario. La «Unión de clases» publicó un Manifiesto en el que, dirigiéndose a la clase obrera de Cataluña, se la exhortaba a sumarse a la acción huelguística. Se envió una comisión de trabajadores a Madrid para entrevistase con el Regente, general Espartero, y conseguir el reconocimiento del derecho de asociación. El general Espartero no recibió a la Comisión. Entretanto, en Barcelona la autoridad militar aplicaba severas sanciones: entre ellas prisión, deportación, castigos corporales y amenazas de pena de muerte. El 8 de julio la fragata «Julia» zarpó con rumbo a La Habana con 70 militantes obreros deportados. El día 9 de julio Barcelona fue tomada militarmente y el general Espartero envió a su ayudante, Sanabria, con un documento lleno de vagas promesas. La huelga general se extinguió el 11 de julio.

Simultáneamente con el movimiento obrero industrial comenzó a desarrollarse en algunas regiones españolas el movimiento obrero campesino. Su principal historiador –Díaz del Moral– hablaba de «un socialismo indígena» en el campo andaluz y decía que «ese socialismo era una vaga tendencia de pobres contra ricos». Socialismo vino a significar, para unos y para otros, el reparto de la propiedad de los primeros entre los segundos. Ser socialista valía tanto como aspirar al reparto. En ese sentido, se puede hablar de movimiento obrero campesino en esa época, pues aunque revueltas y sublevaciones campesinas ha habido muchas a lo largo de la historia, a principios del siglo XIX tenían ya un cierto sentido socialista.


Fuentes:
* https://biombohistorico.blogspot.com.es/2014/10/los-inicios-del-movimiento-obrero-en-la.html
* http://www.nodulo.org/ec/2006/n052p06.htm
* http://ocw.innova.uned.es/epica/his_contempo/contenidos/html/unidad2/unidad002.html
* https://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/el-movimiento-obrero-origen-ludismo-sindicatos-y-cartismo


25 de enero de 2018

La Primera República española

El primer proyecto republicano en la historia de España se desarrolla en un periodo corto de tiempo, pues tan solo estuvo vigente durante once meses, entre los años 1873 y 1874, dentro de una etapa conocida como el Sexenio Democrático.

Los antecedentes a esta Primera República española hay que buscarlos en el reinado de Isabel II (1868). Tras su destronamiento empezaron a aflorar los primeros ideales republicanos, debido al desgaste de la monarquía. Amadeo de Saboya fue el elegido para llevar las riendas del Estado. Sin embargo, su mala gestión provocó su abdicación en 1873, año en el que acabó proclamándose la Primera República Española.

Proclamación de la Primera República Española

Fueron cuatro los presidentes del Estado durante estos pocos meses, lo que corrobora la inestabilidad política del momento. Pero de los cuatro, solo dos intentaron realizar algún cambio importante para el país: Estanislao Figueras y Francisco Pi i Margall.

Figueras apenas contó con apoyos sociales, ni por parte de la burguesía, que tan solo quería una democratización sin cambios drásticos, ni por parte de los obreros y campesinos, que reclamaban un mejor reparto de tierras y reducciones en sus jornadas laborales. Así, fueron numerosas las revueltas de campesinos en Andalucía y las movilizaciones populares en Cataluña.

A nivel internacional, solo Estados Unidos reconoció este nuevo régimen político, por lo que se podría afirmar que la República, ya desde su aparición, estaba llamada al fracaso. Así las cosas, Estanislao Figueras dimite pasando el gobierno a Francisco Pi i Margall el cual fue, entre otras cosas, el encargado de redactar un nuevo proyecto de Constitución. Dicha Constitución nunca entró en vigor, pero tenía algunos aspectos destacables, como por ejemplo la creación de una República Federal compuesta por 17 estados, incluyendo a Cuba y Puerto Rico, así como los territorios de ultramar.

Los cuatro presidentes de la Primera República

La República, a pesar de su brevedad en el tiempo, se enfrentó a varios problemas. En primer lugar la Tercera Guerra Carlista, pues el inicio de la República supuso el retorno al conflicto, y durante el verano de 1873 la lucha se propagó por buena parte de Cuenca, Teruel y Cataluña. Asimismo se inició la guerra en Cuba, porque muchos de los burgueses españoles que vivían en la isla se oponían a las medidas impuestas por el republicanismo.

Pero la realidad más grave a la que se enfrentó el Estado fue la sublevación cantonal. Los cantones eran territorios que querían proclamar su independencia y establecer una legislación propia. Pi i Margall reconocía el federalismo como nueva forma de gobierno; sin embargo, lo que iba a ser un acuerdo entre cantones se convirtió en un verdadero desorden territorial. Esto supuso el fin de Pi i Margall como presidente y su sustitución por Nicolás Salmerón. Los dos grandes objetivos de Salmerón eran neutralizar el cantonalismo y parar el avance carlista. Dichos objetivos fueron conseguidos por la Guardia Civil; sin embargo, en las cortes se desataron grandes polémicas que acabaron con su dimisión.

Con el último presidente, Emilio Castelar, la República dio un giro conservador abandonándose todas las intenciones reformistas. No obstante, esto no convenció a las Cortes, de modo que gobernó de manera autoritaria. Ante esta situación, varios diputados propusieron una moción de censura, forzando así su dimisión tras el golpe de Estado perpetrado por el general Pavía el 3 de enero de 1874, hecho que supuso el fin de la Primera República Española y, por ende, el final del Sexenio Democrático.


Fuentes:
* http://www.estudioteca.net/bachillerato/historia/historia-de-espana/la-primera-republica-1873-1874
* https://www.unprofesor.com/ciencias-sociales/primera-republica-espanola-resumen-1819.html


6 de diciembre de 2017

El primer crucigrama


El 21 de diciembre de 1913, Arthur Wynne, un periodista inmigrante desde Liverpool (Inglaterra), publicó en el periódico New York World (Estados Unidos) un rompecabezas llamado «word-cross» (‘palabra cruz’), que se cita frecuentemente como el primer crucigrama, y a Arthur Wynne como el inventor. Más tarde, el nombre fue cambiado a «crossword» (‘crucigrama’ en inglés).

El domingo 21 de diciembre de 1913, Wynne fue presionado para ocupar un espacio en una página a punto de ser impresa. Utilizó el espacio para revivir el juego de palabras acróstico con palíndromos que conocía desde su infancia, denominado «cuadrado mágico» o cuadrado sator. Este poseía un sistema similar al de un crucigrama (aunque utilizaba bustrofedones), y ya se utilizaba en la antigua Pompeya en el siglo I. Construyó una cuadrícula hueca en forma de diamante con palabras entrelazadas, y le puso de nombre «word-cross» (‘cruz de palabras’).

Había un par de antecedentes a este invento:

Cuarenta años antes, en 1873, un tal Hyperion empezó a publicar en la revista infantil St. Nicholas los «Double Diamond Puzzles» (rompecabezas de doble diamante), que eran una especie de crucigrama en el que no se proporcionaban los cuadritos, sino que el usuario debía entrelazar las palabras por sí mismo, en un papel aparte. Posiblemente estos crucigramas se siguieron publicando durante varios años.

El 14 de septiembre de 1890 ―un año antes del supuesto invento de Wynne―, Giuseppe Airoldi publicó un crucigrama de su invención en la revista italiana Il Sécolo Illustrato della Doménica. Se titulaba «Per il tempo passare» (‘para pasar el tiempo’). Se trataba de una rejilla de cuatro por cuatro letras, sin cuadritos sombreados. Incluía pistas horizontales y verticales para las palabras ripa, oder, sera, amen y rosa, idem, pere, aran. No tuvo ningún éxito, así que no volvió a publicarse ninguna nueva versión.

Se desconoce por qué se le atribuye a Wynne la autoría del primer crucigrama del mundo.

Quedó claro desde el principio ―a partir del volumen de cartas enviadas por los lectores― que las palabras cruzadas de Wynne se hicieron muy populares. Diez años después, dos jóvenes aspirantes a editores, R. L. Simon y M. Lincoln Schuster, publicaron el primer libro de crucigramas, creados por Margaret Petheridge ―sucesora de Wynne―. Este libro se convirtió en una moda nacional. Simon y Schuster vendieron más de dos millones de copias en los primeros 24 meses.

La locura por los crucigramas se extendió al Reino Unido, cuando el London Sunday Express comenzó a publicar rompecabezas el 2 de noviembre de 1924. El periódico logró establecer que durante los años de guerra, con sus largas horas en los refugios antiaéreos, cuarteles, y las cubiertas de los comedores, uno de cada veinticinco británicos hizo un crucigrama todos los días.

Wynne se convirtió en empleado de la empresa King Features Syndicate. Él no se benefició directamente de los muchos periódicos que utilizaron este servicio de distribución. No había podido patentar el concepto de crucigrama, porque este tenía demasiados antecedentes en la Antigüedad.


Fuente:
* http://www.ruizhealytimes.com/un-dia-como-hoy/de-1913-se-publica-el-primer-crucigrama


29 de octubre de 2017

El primer ferrocarril en España

El año 1837 se inaugura la primera línea de tren de España en la isla de Cuba ─de La Habana a Güines─. Miquel Biada y Buñol (1789-1848) está presente y observa las ventajas del nuevo medio de transporte para el desarrollo económico y social. Dos años después, afirma que volverá a su país para construir un ferrocarril entre Barcelona y Mataró, su ciudad natal. Se pone en marcha así una compleja aventura empresarial.

Biada tiene una meta muy clara y pretende que este proyecto solo sea el inicio de una línea que llegue hasta la frontera francesa. Desarrollar el nuevo medio de transporte, sin embargo, no es una tarea nada fácil: por un lado, hace falta una gran inversión y, por el otro, es necesario exponer la viabilidad del proyecto. Sin embargo, el ambiente en el país es propicio para una aventura de estas características. Una década antes, Cataluña ya había iniciado una nueva etapa en la industrialización con el uso del vapor y la ciudad de Barcelona se encuentra en constante crecimiento económico y poblacional.

Biada encuentra dificultades para conseguir el apoyo político y económico necesario. Sin embargo, no se acobarda y junto a cuatro emprendedores más, contacta con Josep Maria Roca, un financiero catalán establecido en Londres y conocedor del ferrocarril que, a su vez, implica en el proyecto a Joseph Locke, ingeniero y miembro de la Cámara de los Comunes que ha intervenido en la construcción de diferentes líneas en toda Europa. Con él y un grupo de promotores londinenses, Roca obtiene, en 1843, la concesión del Gobierno para construir el ferrocarril, y un año después, crean la Compañía del Camino de Hierro de Barcelona a Mataró, con una mitad de accionariado inglés y la otra catalán, en la que Roca y Bahía forman parte de la junta directiva.

A partir de aquí, el proyecto sigue adelante, a pesar de que no se acaban las dificultades: por un lado, no recibe ningún apoyo económico del Estado español, más interesado en promover la línea Madrid-Aranjuez, de la que el ministro de Hacienda es inversor; por el otro, los miedos de algunos accionistas ponen en entredicho la resistencia de la obra. Además hay rumores sobre los perjuicios del ferrocarril para la salud (se dice que el movimiento de este medio de transporte provoca enfermedades nerviosas y que el humo de las locomotoras afecta negativamente a los pulmones), y hay voces que critican que las chispas del fuego provocan incendios (críticas favorecidas por el servicio de diligencias, que ve en el ferrocarril una temible competencia). Asimismo las obras reciben continuos sabotajes y, por si fuera poco, la crisis de la bolsa de Londres del 1847 provoca que se retire parte del accionariado inglés. Sin embargo, la tenacidad de Miquel Biada y el compromiso de la constructora inglesa Mackenzie & Brassey mantendrán vivo el proyecto.


Para construir la línea del ferrocarril Barcelona-Mataró se compra en Inglaterra todo el material de hierro necesario y cuatro locomotoras, 62 vagones de pasajeros, 30 de mercancías y dos especiales para transporte de gran volumen. La madera para las travesías proviene de Rusia, y las estaciones se encargan a constructores del país para abaratar costes. El trazado de la línea es de 28,4 km, y la duración del trayecto -sin paradas- es de 35 minutos a una velocidad media de 47km/h. Las obras más importantes en la construcción de esta infraestructura son el túnel de Montgat, de 135 metros, y el puente sobre el río Besós.

El 5 de octubre de 1848 se realiza una primera prueba y, tres días después, un viaje con 400 personas. La inauguración oficial de la línea Barcelona-Mataró tiene lugar el 28 de octubre. Será una celebración llena de actos festivos y solemnes llevada a cabo con un gran entusiasmo y la conciencia de que se ha dado un paso histórico. El primer año viajan 675.828 pasajeros, con un rentabilidad del 8% sobre el valor de las acciones. Y esto sólo será el inicio. El año 1865 ya se habrán construido 780 km de vías en Cataluña, y en 1905 se puede considerar que la red está completa: enlaza las cuatro capitales catalanas y conecta con Valencia y Zaragoza, llegando, también, a la frontera de Portbou.



Fuente:

* http://monempresarial.com/es/2015/10/30/primer-ferrocarril-barcelona-mataro-1848


28 de septiembre de 2017

La Semana Trágica de Barcelona (1909)

En 1909 España estaba regida por una monarquía parlamentaria bajo el reinado de Alfonso XIII, y regulada por la Constitución de 1876. El parlamento era elegido por sufragio universal desde 1885, pero bajo esta apariencia democrática se escondía un sistema oligárquico controlado por dos partidos, el liberal y el conservador, que llevaban casi 30 años turnándose en el poder. Se utilizaba un sistema de elecciones amañadas por los diversos caciques locales. A partir de la crisis internacional de 1898 que dio lugar a la pérdida de las colonias, surgió un movimiento intelectual conocido como regeneracionismo, cuyo máximo exponente fue el político Joaquín Costa. Este movimiento trató de reformar el corrupto sistema electoral. Pero las medidas regeneracionistas no atacaron la raíz del problema, que no era otra que el sistema estaba montado de forma que la oligarquía formada por la alta burguesía, la aristocracia, el ejército y la Iglesia se mantuviera en el poder haciendo oídos sordos a la voluntad del pueblo.

Ciudadanos levantando una barricada

La decadencia del régimen se produjo principalmente por tres factores. En primer lugar la falta de líderes carismáticos al frente de los dos partidos que se turnaban en el poder. Antonio Maura (conservador) y José Canalejas (liberal) no estaban a la altura. En segundo lugar, la pretensión de Alfonso XIII de influir en las decisiones políticas, lo que originó graves crisis. Y en tercer lugar, la promulgación de la Ley de Jurisdicciones, que dictaba el sometimiento a la justicia militar de los implicados en delitos contra la patria, lo que produjo una intromisión militar en la vida política y civil.

En este contexto tuvo lugar el grave conflicto colonial en Marruecos, donde tribus rifeñas atacaron en Melilla las obras del ferrocarril. La resistencia rifeña y la derrota del Barranco del Lobo en el monte Gurugú, obligó al envío de reservistas a la zona.

Cabe destacar que en aquella época, el que era rico y podía pagar 6.000 reales se libraba de la llamada a filas. El que no disponía de ese dinero (el sueldo de un obrero no pasaba de los 10 reales al día) estaba obligado a abandonar familia y trabajo para incorporarse al ejército, quedando la familia en la miseria.

Los reservistas que el Gobierno decidió enviar a Marruecos eran mayoritariamente de Cataluña. Los primeros embarcaron en el puerto de Barcelona en naves propiedad del marqués de Comillas, y algunas damas de la aristocracia les regalaban escapularios y detentes, que eran piezas de ropa con la imagen de Jesucristo y la inscripción "detente, bala", para que los soldados se los pusieran en el pecho y librarse así de las balas enemigas.

Embarque de reservistas en el puerto de Barcelona

En este escenario fue convocada una huelga general el lunes 26 de julio, para protestar contra la política del Gobierno en Marruecos. La huelga se inició de madrugada y se fue extendiendo desde la periferia de la ciudad hacia las fábricas del centro. Junto con la huelga se convocaron manifestaciones que degeneraron en una revuelta popular de carácter antimilitarista y anticlerical, llegando a quemarse algunos conventos y parroquias. En muchos casos se dejó marchar a las comunidades religiosas antes de prender fuego a los edificios. El Gobierno entonces decretó el "estado de guerra" y reforzó a la policía con la Guardia Civil.

La revolución finalizó el sábado 31 de julio, dejando un balance de 87 muertos y 81 edificios asaltados. Terminada la revuelta, la represión por parte del Gobierno fue importante: hubo más de 2.000 personas detenidas, se clausuraron más de 130 centros y entidades considerados subversivos, entre los que había escuelas laicas y sedes republicanas, y 1.725 personas fueron procesadas en tribunales militares.

Se dictaron 59 cadenas perpetuas y 17 condenas a muerte, 12 de las cuales se conmutaron por cadena perpetua. Finalmente hubo 5 ejecuciones: Josep Miquel Baró, líder de la revuelta en Sant Andreu; Antoni Malet Pujol, acusado de quemar objetos de una iglesia; Eugeni del Hoyo, guarda de seguridad que disparó contra el ejército; Ramon Clemente García, un carbonero con deficiencia mental que bailó con el cadáver de una monja, y Francesc Ferrer i Guàrdia, que a pesar de quedar claro y comprobado que no tuvo ningún tipo de participación, fue condenado.

Flores para el carbonero discapacitado que fue condenado a muerte y ejecutado

La Semana Trágica se llevó por delante al presidente Maura, que tuvo que dimitir. A partir de entonces se estableció un estado de crisis permanente en los partidos de turno. El cinismo político posterior a la revuelta, facilitó la entrada en 1923 del dictador Miguel Primo de Rivera.


Fuentes:
* http://semanatragicadebarcelona.blogspot.com.es
* http://lameva.barcelona.cat/barcelonablog/es/insolito/la-semana-tragica-de-1909
* http://www.laalcazaba.org/la-semana-tragica-de-barcelona
* http://iris.cnice.mec.es/kairos/ensenanzas/bachillerato/espana/alfonsoXIII_02_01.html

Fotos: Archivo Fotográfico de Barcelona


24 de septiembre de 2017

El esclavo que veía a Dios

Nat Turner
El esclavismo en los estados sureños de Estados Unidos se ha visto generalmente como un régimen brutal e inhumano, pero a la vez aparentemente estable donde los amos de las plantaciones lo tenían todo controlado. En realidad, los esclavos negros nunca se resignaron totalmente a su suerte y llevaron a cabo toda clase de actos de resistencia, incluso violenta. Antes de la guerra de Secesión (1861-1865) se produjeron varios intentos de rebelión esclava, como los de Gabriel Prosser en 1800 y Denmark Vesey en 1822. Pero sin duda la mayor revuelta esclava fue la que se produjo en 1831 en el condado de Southampton, en Virginia, liderada por un esclavo de 31 años llamado Nathaniel Nat Turner.

Sobre este episodio existe una fuente de gran valor: un panfleto de 24 páginas en el que el abogado Thomas R. Gray recogió las confesiones de Nat Turner antes de que fuera juzgado y ejecutado por su alzamiento. Gray no era un testimonio imparcial, como se ve en su presentación: "Mientras en apariencia se respiraba un aire de calma y paz en aquella sociedad, un funesto fanático [Nat Turner] revolvía en las profundidades oscuras de su mente atroces y sanguinarios planes para asesinar indiscriminadamente a los blancos". Sin embargo, una declaración final certificaba que el reo reconocía la veracidad de lo expuesto.

"Confesiones" de Nat Turner.
Thomas R. Gray
Nat Turner nació en la plantación de Benjamin Turner, en el condado de Southampton (Virginia), el 2 de octubre de 1800. Su madre, Nancy, una esclava llegada de África que inculcó a su hijo las ansias de libertad desde la infancia, estuvo a punto de matar a su vástago después del parto para evitarle una triste vida de siervo. De su boca oyó Nat por primera vez lo que se esperaba de él: ser un profeta. Esta creencia empezó a forjarse a los "tres o cuatro años", cuando Nat comenzó a relatar sucesos del pasado; "Dios me había enseñado cosas que habían ocurrido antes de mi nacimiento", declararía.

Turner aprendió a leer y a escribir con facilidad. Para asombro de su familia, un día cogió un libro que le mostraron para que dejara de llorar y empezó a deletrear los nombres de los objetos que aparecían entre sus páginas. El gusto por la lectura y los fuertes sentimientos religiosos que demostró desde temprana edad le llevaron a convertirse en predicador en la plantación. Obsesivo lector de la Biblia y practicante de ayunos para fortalecer el espíritu, a los 21 años Turner empezó a tener visiones y a pensar que Dios se dirigía a él con signos y voces, como hizo con los profetas de la Biblia, anunciándole su próxima emancipación.

En su corta vida, Nat Turner tuvo varios amos. A la muerte de Benjamin Turner en 1809 pasó a manos de su hijo, Samuel. Al morir éste en 1822, se convirtió en propiedad de su viuda, Elizabeth, y un año después, del nuevo esposo de ésta, Thomas Moore. En el momento de la rebelión, Nat era esclavo de Joseph Travis, con quien se había casado la segunda esposa de Moore después de enviudar. Sobre las relaciones que mantuvo con sus amos tenemos tan sólo un testimonio, según el cual en una ocasión Nat recibió una paliza "por decir que los negros debían ser libres y que lo serían un día u otro".

El carácter iluminado de Turner no dejó de acentuarse y, sintiéndose acompañado por el Espíritu Santo, fue testigo de diversos milagros que se materializaron en brillantes luces en el firmamento. Tras fervientes rezos, "mientras trabajaba en el campo", descubrió "gotas de sangre sobre el maíz como si fuera escarcha caída del cielo", y vio en "las hojas de los árboles del bosque unos caracteres jeroglíficos y números en forma de hombres en actitudes diferentes, retratados en sangre". Estos últimos representaban a los espíritus negros y blancos que había visto luchando en una visión anterior. La revelación definitiva la tuvo tras el eclipse de sol del 11 de febrero de 1831, que interpretó como la señal de Dios, que no podía ser desoída, para la rebelión.

En la medianoche del 22 de agosto, Turner y su grupo iniciaron la que sería la revuelta más cruenta que conocería el Sur esclavista, aunque, por la falta de disciplina y medios, estaba irremediablemente condenada al fracaso. Él y sus cuatro seguidores empezaron matando a hachazos a los miembros de la familia Travis mientras dormían. A continuación, emprendieron una correría por el condado de Southampton que los llevó a saquear 16 casas más y a matar a todos los blancos que encontraban. Al mismo tiempo fueron liberando a esclavos que se unieron a la revuelta. Cuando la milicia puso fin al alzamiento, los insurrectos llegaban casi al medio centenar y habían acabado con la vida de unos sesenta blancos, entre hombres, mujeres y niños.

Viñeta de la época en referencia a la masacre perpetrada por Nat Turner

Tras dos días de pánico, las represalias por parte de la población blanca no se hicieron esperar. Casi doscientos negros fueron asesinados como venganza. Turner, que había huido a los bosques, fue capturado nueve semanas después, el 30 de octubre, por el granjero Benjamin Phipps, que lo descubrió escondido en una zanja. El prófugo fue acusado de incitación a la rebeldía y participación en la insurrección, y, tras ser juzgado, el 5 de noviembre fue sentenciado a la horca. Antes de ser ejecutado, se le preguntó si no se arrepentía de las atrocidades que había cometido. Por última vez en su vida, Turner volvió a hacer gala de su convencimiento de ser un enviado de Dios, y respondió: "¿Acaso no fue Nuestro Señor crucificado?".

El 11 de noviembre, el líder rebelde fue ahorcado junto a otros 16 esclavos. A su cadáver, sin embargo, se le deparó un destino diferente del dispensado a sus correligionarios. Su cabeza cortada se exhibió como una curiosidad y su cuerpo fue desollado con el fin de utilizar la piel para fabricar bolsas y monederos. Las partes del tronco y extremidades que no se reservaron para extraer la grasa se trocearon y conservaron como recuerdos macabros. Lo poco que quedó fue enterrado con la misma solemnidad que los restos de un animal dañino. Con este trato, el Sur dejaba constancia del castigo ejemplar que merecía el negro rebelde.

La verdad sobre quién fue Turner y cuáles fueron sus verdaderos motivos para rebelarse contra el régimen esclavista aparece troceada desde el primer momento, como su cuerpo. El relato de Gray en Las confesiones de Nat Turner tiene una profunda carga ideológica. Al convertir a Turner en "el Gran Bandido", el líder de una "feroz banda" que suplica por su vida al ser apresado sin oponer resistencia, el autor niega la existencia de una relación entre la revuelta y otros movimientos y personajes contemporáneos comprometidos con la resistencia antiesclavista.

De igual manera, la historiografía oficial norteamericana presentó la rebelión como el acto aislado y excepcional de un demente, una lucha melodramática en la que la actuación del villano quedaba privada de cualquier significado político.

Los afroamericanos, en cambio, conservaron un recuerdo positivo de Nat Turner, al que llamaron Ol' Prophet Nat, Viejo Profeta Nat. Historiadores afroamericanos rehicieron la dignidad de Turner y los demás insurrectos.


Fuentes:
* Carme Manuel, Universidad de Valencia. Historia National Geographic núm. 161, pág. 22-25
* https://www.theatlantic.com/national/archive/2013/08/on-this-day-in-1831-a-bloody-uprising-in-the-virginia-countryside/278905
* http://www.history.com/topics/black-history/nat-turner


12 de septiembre de 2017

El origen de la Oktoberfest

Los orígenes de la Oktoberfest, o fiesta de octubre como podría traducirse del alemán, se remontan a principios del siglo XIX, concretamente al 12 de octubre de 1810, cuando el príncipe Luis de Baviera, hijo del rey Maximiliano I, contrajo matrimonio con Teresa de Sajonia-Hildburghausen en la ciudad de Múnich. Los festejos se prolongaron durante 5 días, hasta el 17 de octubre, y los habitantes de la ciudad fueron invitados a participar en ellos en unas praderas ubicadas fuera de la muralla de la ciudad, y que posteriormente fueron bautizadas como Theresenwiese, en honor a la que sería reina consorte de Baviera.

Eso sí, esa primera celebración poco se pareció a la fiesta de la cerveza actual, de hecho ni siquiera giraba en torno a esta bebida sino que el acto principal de los festejos fue una carrera de caballos celebrada el último de los cinco días. Este evento tuvo una gran acogida y se decidió repetir el acontecimiento al año siguiente, originando esta larga tradición que sólo se ha cancelado una veintena de veces a lo largo de estos más de 200 años de historia, principalmente por culpa de epidemias o conflictos bélicos. Eso sí, no fue hasta la edición de 1818 en la que se introdujeron las típicas barracas, sustituidas posteriormente por carpas, y puestos de cerveza y comida que se han convertido en el símbolo por excelencia de esta festividad. De hecho, los propietarios de las cervecerías de la ciudad muniquesa no comenzaron a participar activamente en los festejos hasta 1887.

Obviamente, muchas cosas han cambiado desde la primera edición hasta ahora, además de la introducción de la cerveza como elemento principal, aunque la Oktoberfest sigue celebrándose en los mismos campos que en 1810, ahora en pleno centro de la ciudad, junto a la estación central, München Hauptbahnhof, debido al enorme crecimiento de la urbe. Ahora ya no sólo logra convocar a los habitantes de la capital bávara, sino que congrega a millones de visitantes cada año que consumen otros tantos litros de cerveza convirtiéndose en una de las mayores atracciones turísticas de Alemania.

A día de hoy, las fechas de su celebración se han adelantado ligeramente para aprovechar las mejores condiciones meteorológicas de finales del verano. Así, siempre comienza a las 12 del mediodía del primer sábado después del 15 de septiembre, con la apertura del primer barril de cerveza en la carpa Schottenhammel por parte del alcalde de Múnich al grito de O 'zapft is y seguido de las doce salvas de cañón que indican que las demás carpas pueden comenzar a servir cerveza a los asistentes. La fiesta se alarga durante 16, 17 o 18 días dependiendo del calendario del año en curso, procurando que siempre se alargue como mínimo hasta el 3 de octubre, Día de la Unidad Alemana que conmemora la reunificación de 1990.


Fuente:
* http://www.bonviveur.es/the-food-street-journal/oktoberfest-la-fiesta-de-la-cerveza-bavara


29 de enero de 2017

El bombardeo de Guernica

En la tarde del 26 de abril de 1937, en plena Guerra Civil, la pequeña ciudad vasca de Guernica fue objeto de un cruel bombardeo que duraría más de tres horas, llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana junto a la Aviación Legionaria italiana, en la llamada Operación Rügen.

Aquel 26 de abril era lunes y Guernica debía celebrar su día de mercado semanal pero el alcalde lo había prohibido debido a la cercanía del enemigo. En el recuerdo de todos estaba la compleja evacuación de la ciudad de Málaga cuando el 8 de febrero alrededor de 150.000 personas, entre civiles y milicianos, huían del avance de las tropas franquistas.

Eran aproximadamente las 16:30 de la tarde cuando los vecinos oyeron las campanas de la iglesia tocar a rebato y empezaron a correr buscando los refugios de la Junta de Defensa Municipal. Por el horizonte y a gran altura se veían avanzar a los Junkers, se oía vibrar sus hélices y rugir sus motores. Volaban en perfecta formación junto a los Savoia, Dornier y Messerschmitt escoltados por los cazas Heinkel. El primer avión, después de dar unas vueltas sobre la Villa, soltó tres bombas explosivas.

El ataque se planificó en tres tiempos: primero fueron lanzadas bombas rompedoras de hasta 250/300 kg. Para destruir los edificios, seguidamente bombas incendiarias de 1 kg. de peso, de las que se recogieron abundantes ejemplares entre los escombros y, finalmente, el ametrallamiento de la población.

La razón del ataque no podía ser la existencia de depósitos de armas, ni cuarteles o tropas, ni objetivos estratégicos ni que la villa fuese un nudo de comunicaciones. Guernica carecía de cualquier importancia militar o estratégica.

La vergonzosa razón fue probar en fuego real los nuevos aviones y su armamento, ante el avecinamiento de la Segunda Guerra Mundial.

Los partes de guerra de la Legión Cóndor establecían como objetivo el puente situado en el barrio de Renteria, lugar de paso del ejército vasco en retirada. Pero este puente, así como la zona industrial, donde se encontraban las fábricas, quedaron intactos y la parte alta de la villa, donde se alzaban las casas nobles, apenas si sufrieron los impactos. El núcleo central de la villa, sin embargo, resultó completamente destruido.

El horror que causó este episodio fue muy alto en la opinión pública internacional, no sólo por el sacrificio absurdo de inocentes, sino, sobre todo, por ser la primera vez en la Historia en que se atacaba desde el aire una ciudad.

Para explicar lo inexplicable Franco, en una delirante declaración, echó la culpa del ataque a los rojos, que habrían destruido una ciudad de su zona para después acusarle a él. Evidentemente, esa patraña no se la creyó nadie.

La solidaridad del mundo con Guernica fue inmediata y el genial artista español Pablo Ruiz Picasso, en menos de dos meses pintó un enorme mural que exhibió en la Exposición Internacional de París (1937). Esa obra se convirtió en una denuncia contra los horrores de la guerra.



Fuentes:
* https://castillainfo.wordpress.com/2014/04/29/operacion-rugen-el-bombardeo-de-guernica
* https://www.ecured.cu/Operaci%C3%B3n_R%C3%BCgen
* http://zesatek.blogspot.com.es/2012/04/operacion-rugen.html


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