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15 de septiembre de 2014

Algunas curiosidades sobre los samurái

En el antiguo Japón, un grupo de temerarios guerreros tenían el rol de comandar la defensa de la nación y fueron tan efectivos en la práctica, que se convirtieron en una verdadera leyenda: los samurái.

Vamos a ver algunas curiosidades sobre ellos.


1. Eran bastante numerosos

En un principio, los samurái eran quienes defendían a la nobleza, pero con el tiempo se convirtieron en una clase social, una especie de élite de soldados por sobre el común. Se cree que, en el momento de mayor apogeo de estos guerreros, el 10% de los japoneses era samurái.


2. Podían ser de cualquier sexo y edad

Las mujeres y los niños también podrían ser parte de esta casta de guerreros valientes, aunque con diferentes roles. Las mujeres recibían entrenamiento en artes marciales y de ser necesario, también acudían al campo de batalla. Por su lado, los niños comenzaban su entrenamiento a temprana edad.


3. La homosexualidad era común entre los samurái

Las relaciones entre dos hombres samurái o entre un samurái y el joven que entrenaba, eran comunes y aceptadas. De hecho, se cuestionaba a un samurái si no mantenía relaciones sexuales con su aprendiz, ya que era parte importante de la formación del lazo. Esta practica, era conocida como wakashudo.


4. Los samurái probaban sus espadas en los cadáveres de sus enemigos

Era importante que la espada de un samurái fuera precisa y tuviese el filo necesario. Para probarlo, usaban un método poco tradicional. Colgaban el cadáver de un enemigo en un árbol y realizaban 16 cortes sistemáticos por sobre su cuerpo. En ocasiones, también se las probaba con criminales, vivos, claro.


5. El suicidio era honorable

Si un samurái caía en manos de un enemigo, se suicidaba realizando cortes paralelos sobre su estómago. Si éste perdía su honor o caía en desgracia, lo honorable era suicidarse. Esto se realizaba mediante una ceremonia en la que, primero comía su plato favorito y luego se le entregaba una daga.

El samurái, expresaba sus últimas palabras mediante un poema y luego se suicidaba. Otros podían asistirle cortándole la cabeza para acelerar el proceso. Suicidándose, podía volver a recuperar el honor perdido. El suicidio del samurái recibía el nombre de harakiri y lejos de la infamia, esta era una práctica sumamente noble.


6. Las armas del samurái

Los samurái utilizaban diferentes armas para el combate, siendo la katana la más importante y conocida. Asimismo, se armaban con espadas, lanzas y a partir del siglo XVI, utilizaban cañones gracias a la pólvora. A diferencia del resto de las armas, sólo un samurái podía usar una katana.


7. Existieron samurái occidentales

Si bien los samurái eran japoneses pertenecientes a un cuerpo de élite, unos cuantos hombres occidentales también ostentaron ese honor. Los europeos William Adams, Jan Joosten van Lodensteijn, Eugene Collache y Edward Schnell, fueron ungidos como samurái gracias su cooperación e influencia en la cultura bélica del Japón.


Fuente:
Ojocurioso


Más información:
Breve historia de los samuráis. Vincent Hawkins, Carol Gaskin. Nowtilus, 2004
National Geographic. Samuráis

20 de abril de 2014

Moda japonesa en el siglo XVIII

Desde finales del siglo XV, la prenda exterior básica de los japoneses había sido el kosode, ancestro del kimono, una especie de túnica abierta con patrón en forma de T que se ajustaba a la cintura con una faja. Tenían el mismo corte para hombres y mujeres, y decoración parecida. Ambos sexos gustaban de los elementos ornamentales grandes y llamativos y de los bordados con hilo de oro, siempre que pudieran permitírselos.

Al entrar el el periodo Edo, las cosas cambiaron de forma radical. Por un lado, pronto empezaron a distinguirse los motivos ornamentales de las ropas de hombre y de mujer. Las damas se reservaron la coloración colorida y vistosa, mientras que los caballeros se decantaban por motivos pequeños y simples. Asimismo, a medida que se separaban los diseños por géneros, los bordados de hilo de oro fueron también sustituidos por estampados, quizá debido a las leyes contra el lujo que promulgó el gobierno.

En el Japón Edo, las clases pudientes estaban sometidas a una minuciosísima normativa dictada por el shogunato, que establecía la indumentaria apropiada para cada uno según su rango. Los vestidos lujosos estaban reservados por ley para la aristocracia, y su uso por damas de clase inferior se castigaba severamente.

Más asociadas aún con las modas en el vestido estaban las geisha, las célebres cortesanas que reinaban en los barrios de placer de Edo, el llamado "mundo flotante". Lejos de ceñirse modelos ancestrales, eran ellas quienes creaban las tendencias, que enseguida circulaban rápidamente por todo el país gracias a las estampas en las que se las representaba, un poco a la manera de las actuales revistas de moda.

En cuanto a los hombres, el personaje más característico del Japón Edo fue sin duda el samurái. Su atuendo estaba compuesto por dos prendas principales: un amplio pantalón o hakama y una prenda superior que podía ser una suerte de chaleco con los hombros muy exagerados o bien una especie de chaqueta larga y abierta llamada haori.

Los japoneses de clase popular se enfrentaban también a numerosas restricciones vestimentarias. Les estaba prohibido emplear tejidos lujosos para sus ropas, y había zonas en las que sólo podían poseer un traje de cáñamo para el verano y otro de papel para el invierno, como ordenaba un decreto de 1674 a los campesinos de la región de Tosa, en el suroeste del país.


Fuente:
Irene Seco Serra. Historia National Geographic nº 123

20 de enero de 2012

Bushidō, código Samurái

En la tradición japonesa, el bushidō (武士道) es un término traducido como "el camino del guerrero". Es un código ético estricto y particular al que muchos samurái (o bushi) entregaban sus vidas, que exigía lealtad y honor hasta la muerte. Si un samurái fallaba en mantener su honor, podía recobrarlo practicando el seppuku (suicidio ritual). La palabra samurai procede del verbo japonés "saburau" que significa "servir como ayudante". La palabra "bushi" es una palabra japonesa que significa "caballero armado". La palabra samurai fue utilizada por otras clases sociales, mientras que los guerreros se llamaban a sí mismos mediante un término más digno, bushi. Durante largos periodos de inestabilidad, los samuráis se enfrentaron día a día con los horrores de la guerra y con la posibilidad de su propia muerte, por lo que muy seguramente todos eran conscientes de ese riesgo. Los preceptos clásicos del bushidō (武士道 lit «Camino del guerrero») aparecieron por primera vez compilados en un breviario conocido como Hagakure a principios del siglo XVIII. En él aparecían algunos consejos prácticos aplicables al comportamiento samurái y el tema de la muerte tiene una importancia central en la obra. El Hagakure ha llegado a ser conocido como el código Samurai, pero es más que eso. No es simplemente una lista de reglas a las cuales un guerrero se debe apegar a cambio de su título, sino un conjunto de principios que preparan a un hombre o a una mujer para pelear sin perder su humanidad, y para dirigir y comandar sin perder el contacto con los valores básicos. Es una descripción de una forma de vida, y una prescripción para hacer un guerrero-hombre noble. En el corazón del bushido está la aceptación del Samurai a la muerte. Una vez el guerrero está preparado para el hecho de morir, vive su vida sin la preocupación de morir, y escoge sus acciones basado en un principio, no en el miedo. Las "siete virtudes" del Bushidō serían las siguientes: 義 Gi - Rectitud (decisiones correctas): Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto. 勇 Yuu - Coraje: Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. 仁 Jin - Benevolencia: Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. 礼 Rei - Respeto: Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. 誠 Makoto - Honestidad, Sinceridad absoluta: Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de "dar su palabra" no ha de "prometer" el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción. 名Meiyo - Honor: El auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad. 忠 Chuu - Lealtad: Haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Para el guerrero, las palabras de un hombre son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya. El Bushidō durante la Segunda Guerra Mundial: Tras el ingreso del Imperio del Japón como potencia beligerante, el gobierno monárquico impulsó la implantación de las férreas doctrinas que se desprenden del bushidō en los diferentes estamentos del Estado y las Fuerzas Armadas, con el fin de dotar a sus diversas instituciones de un espíritu normativo vertical e inflexible que exigiera a sus subordinados los más extremos sacrificios. El trato que las autoridades japonesas brindaron a los prisioneros de guerra enemigos (tanto civiles como militares), es un ejemplo de este tipo de adoctrinamiento, fundado en que una de las cosas que enseña el bushidō es el absoluto desprecio por el enemigo que se rinde, puesto que esto es un deshonor que hace preferible la muerte. El bushidō fue también usado por los militares como la base moral para aquellos soldados enlistados en las filas de las unidades kamikaze ("viento divino" en japonés) de la Fuerza Aérea Imperial japonesa durante la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945). Por esta razón, muchas artes marciales con raíces en el bushidō fueron prohibidas y el Dai Nihon Butokukai fue clausurado durante la ocupación estadounidense tras la guerra. La prohibición fue levantada pocos años después. Fuentes: - http://lragnarokclan.zxq.net/samurai.html - Wikipedia

26 de diciembre de 2011

Las Geishas

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, cambió por fuerza la vida en Japón. No sólo el emperador fue obligado a declarar su "humanidad" (hasta entonces se lo consideraba divino), sino que una serie de decretos apuntó a derribar hábitos muy arraigados en la mentalidad nipona. Entre ellos, uno de 1946 prohibía el funcionamiento de las okiyas, casas que se dedicaban a comprar niñas y educarlas como geishas. Sin embargo, hay geishas todavía. Ya no cumplen las mismas funciones que antes; en todo caso son una atracción turística o hacen las veces de acompañantes en reuniones sociales o de negocios. Pero todavía recurren a ellas quienes se resisten a una occidentalización a ultranza, y ellas mismas se consideran guardianas de una tradición secular. Arte y persona El origen de estas mujeres -especie de cortesanas, pues su educación y refinamiento las ubicaba muy por arriba de las prostitutas- está ligado al florecimiento de la clase comerciante. A principios del siglo diecisiete, el Japón feudal de los shogunes (generales) cerró sus puertas al mundo. Sin embargo, no se pudo evitar el crecimiento de pueblos y ciudades y la actividad mercantil. Los grandes señores despreciaban a los comerciantes, aunque debían recurrir a ellos como prestamistas. Aunque éstos se enriquecían cada vez más, chocaban con una sociedad de reglas muy estrictas: ni siquiera podían usar ropas lujosas para que nadie los confundiera con un señor feudal. Las únicas libertades que podían tomarse eran las propias de los distritos de cortesanas. Y es lo que hicieron: así como en el teatro kabuki -pintoresco y, en algunos casos, de protesta- encontraron su forma de expresión, con las geishas pudieron encauzar la vida social. En esos barrios florecieron las ochayas, casas de fiestas en las que los comerciantes discutían sus negocios, eran atendidos como señores y se dedicaban a pasarla bien. Los hombres limitaban sus hogares a la vida familiar. Para la esfera laboral y social -y no sólo para el placer- las ochayas eran el verdadero hogar. ¿Qué papel jugaban las geishas? Su nombre deriva de dos ideogramas chinos que significan "arte" y "persona": algo así como "la persona que domina todas las artes". La belleza era secundaria: lo que importaba era la agudeza y fluidez de su conversación. Su preparación demoraba años y no se limitaba a la complicada ceremonia del té: cuando pocos sabían leer y escribir, ellas dominaban Historia, Arte y Matemática, además de canto, baile y guitarra japonesa. Eran también expertas en política y relaciones públicas, pues muchos negocios dependían de su diplomacia y capacidad para resolver situaciones difíciles. Hermosas marionetas Sin embargo no pasaban de ser esclavas de lujo, compradas y vendidas como un mueble valioso, y eran despreciadas públicamente. Ni siquiera podían poner sus nombres en las tumbas. La vida útil de las geishas era corta, pues rápidamente quedaban calvas por el ungüento con que se peinaban, y el plomo que servía como base para su maquillaje blanco las marcaba para siempre. Su destino por lo general era el asilo o el suicidio: nunca llegaban a independizarse de la okiya, y tampoco les hubiera servido demasiado lograrlo, pues la piel manchada las estigmatizaba para siempre. Debían dedicar varias horas a vestirse. El maquillaje tenía que cubrir rostro y cuello (también se pintaban la nuca, que era considerada la parte más seductora). Después de colocarse la pasta blanca, pasaban un trozo de madera quemada para ennegrecer las cejas y delineaban los ojos con pintura roja para resaltar los ojos oscuros. De rojo también pintaban las mejillas (con polvo de flores) y los labios. Untaban el cabello con un ungüento grasoso que le daba brillo y lo mantenía tirante y bien peinado durante una semana. Luego se ponían una serie de kimonos a modo de enaguas y sobre ellos el de geisha. Finalmente, un anciano -el hakoya- les envolvía fuertemente la cintura con una faja -que podía llegar a medir cuatro metros de largo- y daba los últimos toques al atuendo. Todo realzaba la apariencia de marioneta que mostraban también con sus modales y su manera delicada de hablar. Sus rasgos de esfinge eran producto de un largo aprendizaje: se consideraba de mal gusto la expresión de cualquier sentimiento, tanto de tristeza o nostalgia como de alegría excesiva. Una historia Un cronista japonés recogió la historia de una geisha que conoció en un asilo de ancianos a fines del siglo pasado. Umechiyo venía de una familia de buen pasar, pero arruinada por la muerte del padre. Sus tíos la vendieron a una okiya cuando tenía ocho años. Allí convivió con la administradora (una ex geisha), ocho geishas, dos sirvientas y un hakoya. Ella y otras seis niñas eran las oshakus (doncellas). La administradora llevaba un cuaderno en el que anotaba los gastos por comida y educación de cada discípula. Además de estudiar todo el día desde las cinco de la mañana, el método para estimular el aprendizaje de las niñas consistía en tener un trato diferencial entre geishas y oshakus: éstas debían bañarse con agua fría y no estaban tan bien alimentadas como las otras, que no debían demostrar hambre ante un cliente. Una mañana, cuando cumplió dieciocho años, Umechiyo fue de sorpresa en sorpresa: se bañó con agua caliente y le sirvieron una comida abundante y deliciosa. A la hora de vestirse, la administradora le dio un kimono espléndido y el hakoya le puso una faja bordada con hilos de oro. Era su debut, aunque todavía no era una verdadera geisha. Fue con sus compañeras a un gran salón de fiestas, donde tuvo mucho éxito. Esa noche un comerciante sesentón decidió comprarla por unos cincuenta mil dólares de hoy (además de los gastos anotados en el cuaderno durante los diez años de estudios). Aunque ella siguió viviendo en la okiya, tuvo una especie de boda: recibió de su dueño un anillo de brillantes, se organizó una fiesta a la que asistieron los personajes y las cortesanas más importantes del lugar y cambió su nombre por el de Umeya cuando se inscribió en el registro de geishas. Para el hombre, ser dueño de una joven bella y talentosa como ella era una muestra de poder. Él y Umeya eran invitados a todas las fiestas importantes y los conocimientos políticos de la joven atraían el interés de personajes influyentes, lo que se traducía en prestigio para el patrón. Un par de años después el comerciante volvió a pagar por ella para sacarla definitivamente de la okiya y hacerla su concubina. Pero no era una cuestión de amor: no se podía tener dos geishas a la vez y las complicadas convenciones exigían que el comerciante adquiriera otra para demostrar que era cada vez más poderoso, pero no podía correr el riesgo de desprestigiarse si la okiya vendía a Umeya a alguien de menor condición social. Instalada en una linda casa, con dos mujeres que hacían de sirvientas y vigilantes, Umeya perdió contacto con el mundo exterior. Como concubina, una vez al año debía someterse a la humillación de presentar sus respetos a la esposa de su patrón (aunque no podía hablar, pues su voz habría ofendido la casa), quien le regalaba un kimono usado y agradecía los servicios prestados. Umeya sabía que más tarde la señora haría limpiar con sal los sitios donde había estado parada la concubina. Cuando su dueño murió ella no se enteró: sólo lo supo cuando envió a una sirvienta a preguntar por su ausencia. Pero el dinero que la viuda le envió no alcanzaba para la supervivencia de ella y del hijo que había tenido. Así las cosas, comenzó su decadencia: volvió a la okiya, donde sirvió a distintos patrones, y cuando se sintió vieja comenzó a dar clases, pero finalmente fue a parar al asilo. Su hijo se mandó a mudar en cuanto pudo, pues su origen era vergonzante. Pero ni en el asilo tuvo tranquilidad. Sus modales, la calvicie y las manchas en la cara la delataban; sus propios compañeros la despreciaban y la obligaban a servirlos. Sólo una vez al año, para una fiesta que se celebraba allí, volvía a vestirse como siempre, cantaba y bailaba como sabía hacerlo: ante ese auditorio de indigentes, Umeya sentía que recuperaba su antiguo brillo. Las geishas, hoy En la actualidad no son esclavas, sino que eligen libremente la profesión. Cuando no trabajan visten a la occidental; los cosméticos modernos y las pelucas les evitan los estragos de antes. A pesar de la prohibición, existen algunas okiyas adonde pueden ir a formarse, pero casi no quedan salones de fiestas, y los que hay son muy caros. Su trabajo se parece más al de una anfitriona. Por lo general son contratadas por industriales o comerciantes que agasajan a sus socios o invitados con un espectáculo exótico o que mantienen el hábito de separar la vida familiar de los negocios y la política. Algunas aparecen en la televisión o en el teatro u organizan shows para turistas. Ahora muchas hablan varios idiomas, saben jugar al golf o al tenis, pero todas mantienen la rica formación que las hizo célebres, aunque ya no tengan mucha ocasión de desplegar sus habilidades: trabajar en un club nocturno o en un restaurante de lujo es tanto o más rentable y no obliga a ningún tipo de educación especial. Sin embargo se muestran orgullosas de su profesión y una vez al año, hacia la primavera, realizan en las calles el "desfile de las geishas": allí, vestidas con sus ricos quimonos, regalan a la gente la fascinación milenaria de su arte •
Fuente: http://actualcurioso.blogspot.com/2008/11/geishas-muecas-de-porcelana.html

1 de mayo de 2011

Historia del Origami

El Origami o Papiroflexia, como se lo llama en los países de habla hispana, es un arte que se basa en la técnica del plegado de papel, para obtener figuras y formas decorativas.

El término Origami proviene de las palabras japonesas "ori" que significa plegado y "gami" que significa papel.
Es un arte milenario, que Japón desarrolló a partir de la adopción de la invención china del papiro, difundiéndose más tarde a la cultura árabe y posteriormente a toda Europa.

El origami, en su origen, tuvo en Japón un sentido religioso. Más tarde se desarrolló como un pasatiempo y posteriormente, como recurso pedagógico y terapeútico, atrayendo la atención de matemáticos y científicos.

Aunque en esencia el Origami puede parecer y de hecho es una técnica sencilla, el grado de complejidad que ha alcanzado en el transcurso del tiempo, hace que algunas de sus creaciones requieran días de trabajo.

Los plegados de papel tuvieron en principio, un significado ceremonial y religioso. Los noshi, como se los llamaba, eran ofrendas especiales para ciertas celebraciones, de donde se derivan las formas y diagramas básicos de las figuras de Origami. Sus técnicas se popularizaron y fueron transmitidas y recreadas, de generación en generación.

El papel empleado también se fue transformando. En sus orígenes, se fabricaba con fibras vegetales, luego se incorporaron los papeles de colores y más tarde se impuso la forma cuadrada como base para realizar las figuras.

La aplicación al campo de la educación fue realizada por el pedagogo alemán Fröbel, quien incorporó la técnica del Origami a la enseñanza en los jardines de niños.
Luego los matemáticos comenzaron a considerar esta técnica como un valioso recurso para el aprendizaje de la geometría.

El término Papiroflexia con el que se conoce el plegado de papel en los países de habla hispana, fue inventado a principios del siglo XX, por Vicente Solórzano Sagredo, un médico español, que vivió durante muchos años en Argentina.

En la década del cincuenta, Akira Yoshizawa creó un código internacional para unificar la representación de los dobleces de Origami. Más tarde, se comenzaron a explorar nuevos procedimientos para lograr figuras con movimiento, plegados modulares, plegados con billetes y con formas diferentes al cuadrado: triángulos, hexágonos, pentágonos y círculos.
Si bien el Origami tradicional no admite los cortes ni el uso de pegamentos, a partir de la exploración de estas nuevas aplicaciones, esto comenzó a ser cuestionado dando lugar a creaciones de dimensiones monumentales.


Fuente:
Innatia

17 de febrero de 2011

El expansionismo japonés

Como consecuencia de la revolución Meiji, Japón puso fin a 256 años de feudalismo e inició un proceso de modernización económica asociado a la aproximación a Occidente.

El Estado fue el principal impulsor del desarrollo económico con el objetivo de convertir a Japón en una potencia industrial similar a los países más desarrollados de Europa. El crecimiento económico y la modernización social comportaron su conversión en una potencia imperialista, que rivalizó con las europeas por el dominio de Asia.


Los sucesivos gobiernos orientaron el expansionismo exterior hacia la ribera asiática del Pacífico, con el fin de abastecerse de alimentos para su creciente población y de las materias primas para su industria textil, pero también, con el propósito de defenderse del poder de China y Rusia, las dos potencias tradicionales en la zona. Corea y Manchuria se convirtieron en los principales objetivos del expansionismo japonés, al que inicialmente prestaron apoyo las potencias occidentales para frenar el poder de China y Rusia.

En 1876, Japón intervino en la península de Corea. La intromisión en un reino formalmente independiente, pero en realidad vasallo de China, provocaría finalmente una guerra con ésta (1894-1895). La victoria de Japón se tradujo en su control de Formosa, Port Arthur y la península de Liaotung, en el extremo sur de Manchuria, a la que fue obligado a renunciar por las presiones occidentales.

El expansionismo nipón se enfrentó con los rusos en Manchuria. En 1905 declaró la guerra a la Rusia zarista y derrotó a su ejército. Esto, junto a la mediación de Estados Unidos en el conflicto, le permitió consolidar el dominio sobre Corea y el sur de Manchuria. Con ello, Japón se consolidó como una potencia imperialista, igualada a las occidentales, en la zona asiática del Pacífico.


Fuente:
Historia del mundo contemporáneo

10 de noviembre de 2010

La espada samurái

Los samuráis acostumbraban a llevar dos espadas. La más larga, la katana, era el arma principal en la batalla. La espada corta, el wakizashi, se usaba también en combate y, de ser preciso, en el suicidio ritual.

Para el orgulloso samurái, no había posesión más preciada que su espada. Se colocaba una espada en la habitación del samurái el mismo día de su nacimiento y también se depositaba una espada en su lecho de muerte al morir. A lo largo de su vida, el samurái acostumbraba a dormir con su espada cerca de su almohada y la llevaba consigo dondequiera que fuese.

Las espadas eran siempre tratadas con respeto. Cuando se visitaba a otro guerrero, el samurái podía colocar su katana en un armero especial cerca de la puerta o bien se le permitía a un criado llevársela sobre un paño de seda, pero siempre se quedaba con el wakizashi en su cinto.

Las espadas de los samuráis pasaban de generación en generación. Cualquier falta de respeto a la espada de un samurái era vista como un insulto a toda su familia. Se consideraba una grave ofensa tocar de cualquier forma la espada de otro sin su permiso, una afrenta que podía resultar en un cruento duelo. Por este motivo, los samuráis tenían que tener cuidado para no rozarse entre sí al andar por la calle.

Katana
Los samuráis también creían que las mejores hojas de los mejores fabricantes de espadas tenían poderes espirituales en sí mismas. Las espadas que habían sido usadas en combate eran especialmente apreciadas. Pero los samuráis adinerados también buscaban nuevas espadas de espaderos famosos.

Aquellos que hacían las espadas eran reverenciados como artistas y hombres santos, y el taller de un forjador de espadas era considerado como un templo, donde se realizaba un trabajo sagrado. Se pensaba que la personalidad de un espadero pasaba a formar parte de sus obras. Así que antes de forjar una espada, un maestro forjador ayunaba para purificarse. Colgaba por su taller plegarias escritas en papel de arroz y se vestía con kimonos blancos, como un sacerdote, para trabajar en la forja encendida. Mientras trabajaba mantenía una concentración absoluta.

La espada de un samurái estaba hecha de hierro y acero, calentada en la forja y enfriada sucesivamente, o templada en una mezcla de aceite y agua. El acero era trabajado con el martillo, modelado una y otra vez hasta conseguir cuatro millones de láminas de metal. La hoja de la espada era muy dura y extremadamente afilada, pero el cuerpo de la misma era más suave y flexible. Una vez acabada, la espada era guarnecida y se le añadía un mango decorado, tras lo cual la nueva espada podía ser probada en el cuerpo de un criminal.

Wakizashi
A la manera de un artista, un maestro hacedor de espadas solía firmar su trabajo. Pero el más famoso de todos los espaderos, Masamune (1264-1343), fabricó espadas tan peculiares que no necesitaba firmarlas. Masamune era tenido por un hombre profundamente religioso y se decía que sus espadas poseían un gran poder espiritual.

El principal rival de Masamune, Muramasa, fue también un hábil espadero. Pero Muramasa amaba la guerra. Sus espadas eran tan fuertes que podían cortar un casco como si fuese un melón. Sus armas tenían sed de sangre. Se decía que los samuráis que poseían las malvadas espadas de Muramasa se volvían locos, incapaces de parar de matar, hasta que finalmente volvían las espadas contra sí mismos.
Según la leyenda, una manera de comprobar la diferencia de carácter entre las espadas de Masamune y las de Muramasa era poner una de cada, de pie, en una corriente de agua. Las hojas que flotaban en el agua evitarían la espada de Masamune, llegando de una pieza al otro lado. Sin embargo, se verían atrapadas sin remedio por la mortal espada de Muramasa y acabarían cortadas en dos.


Fuente:
Breve historia de los samuráis – Carol Gaskin, Vince Hawkins

11 de marzo de 2010

El guerrero que murió de pie

Saito Musashibo Benkei era un monje guerrero japonés que sirvió al samurai Minamoto no Yoshitsune, un general del clan Minamoto entre los periodos Heian y Kamakura. Su vida ha pasado a formar parte de la cultura japonesa tradicional por lo que es difícil de distinguir la realidad del mito. Se ha dicho que nació a los 18 meses de embarazo y que era enorme, muy alto, corpulento e incluso deforme. Siendo muy joven, Benkei recorrió los monasterios de japón en los que aprendió cultura y se inició en el arte de la guerra. Ahí es donde aprendió a usar la naginata. Con diecisiete años se unió a los Yamabushi, unos monjes de las montañas que llevaban capuchas negras. Dicen que en el puente Goyo de Kyoto Benkei retaba a todo el que pasaba y que cuando iba a conseguir su espada número 1000, el samurai Minamoto no Yoshitsune le venció y se unió a él. Tras años de luchas juntos, el hermano de Yoshitsune se volvió en su contra y se vieron obligados a huir como fugitivos. Siendo rodeados en el castillo del puente Koromo. Se dice que durante la batalla del río Koromo fueron rodeados en un puente y mientras su compañero Yoshitune se adentraba en el castillo para suicidarse, Benkei resistía en la puerta principal para protegerlo. Los soldados temían atravesar el puente para enfrentarlo porque era letal, de modo que atacaron con flechas incesantemente. Tras haber finalizado la batalla se dieron cuenta de que Benkei había muerto. Su cuerpo estaba atravesado por las flechas pero permanecía de pie. Mirando al frente. Sin el deshonor de huir de la batalla. Una vez se atrevieron a cruzar el puente, el gigante cayó finalmente dando lugar a la leyenda conocida como la “muerte de pie de Benkei”. ¿Es posible la muerte de pie? La batalla tuvo lugar en invierno y la combinación del ejercicio físico, el frío extremo y la adrenalina pudo acelerar el rigor mortis. Además es posible que previendo su muerte, él mismo utilizara su naginata para estabilizarse y no caer, antes del colapso inevitable. Existen muchas obras de kabuki sobre Benkei, sin embargo la información disponible en inglés o en castellano es muy escasa.
Fuente consultada: Migui

8 de enero de 2010

La sociedad de los Samuráis

La figura del Samurái está rodeada de leyenda y admiración, de forma que podemos tener una visión "tópica" y "romántica" de estos guerreros. Los samuráis eran guerreros con una gran lealtad hacia su señor, pero también existían unos samuráis conocidos como ronins (hombre ola). Eran unos guerreros libres, que acababan en esa situación por la muerte del señor que servían o por la pérdida de sus favores, pero también eran ronins los hijos de ronins. Probablemente los samuráis como clase nacieron en el s.XII, pero en realidad su origen se remonta en torno al s.IV a.C. cuando aparecen unas élites armadas dentro de la sociedad tribal. Por tanto, se puede ver esto como un origen antecedente de estos guerreros. Estos guerreros tribales fueron adquiriendo poder y prestigio a lo largo del tiempo, y formaron grandes clanes. En el período de Heian (794-1192) los samuráis ascendieron como clase social. También en este período se puede decir que los samuráis adoptaron gran parte de sus características en lo respectivo a las armas y vestimenta. A finales del s.XII, cuando Minamoto Yoritomo venció en la guerra de Gempei, estableció la supremacía de la casta samurái, la cual fue una de las grandes protagonistas del Japón de los siguientes siglos. Los samuráis formaban una casta familiar que estaba al servicio de la nobleza alta (daimyo). Estos señores basaban su poder en lazos personales y familiares. En la cúspide de la pirámide feudal japonesa se encuentra el Daimyo y su familia directa, por debajo los fudai, que son familias que desde hace mucho tiempo se ecuentran al servicio de los daimyo. Después encontramos a los vasallos, que en la mayoría de las ocasiones son daimyo vencidos en las guerras interiores feudales, que pasaban a ser vasallos del vencedor agregando a éste sus generales. Los vínculos de lealtades eran así muy complicados. Dentro de esta organización social, había una propiamente militar y es aquí donde los samuráis tienen todo el protagonismo. Había diferentes clases de samuráis, que según su estatus y riquezas aportaban su caballo, armas, hombres y equipamento al servicio de su señor siempre que fuera requerido. En la base de la sociedad militar se encontraban los ashigaru, que constituían la gran masa de combatientes: portaestandartes, infantería, arqueros, mensajeros, etc. Esta clase militar trabajaba de jornalera al servicio de los samuráis en tiempos de paz. Después de la célebre batalla de Sekigahara, en la que venció Tokugawa Ieyasu, hubo un gran período de paz de unos tres siglos. ¿Qué hacen los samuráis en tres siglos de paz? La casta samurái se cerró aún más y pasaron a ser miembros de la corte participando en su administración y asesoramiento y fueron muy comunes los duelos. Los daymio fueron obligados a reducir sus tropas y los ronins empezaron a ser un problema. En 1868 se dió la Restauración Meiji que supuso una occidentalización de Japón, por la cual el samurái ya no era la única fuerza armada. Se abolió el derecho de llevar katana en público y matar a los servidores que faltaran al respeto al samurái. Se estableció "la igualdad" entre los japoneses, de este modo los samuráis perdieron su posición favorable y su malestar fue en aumento. Algunos fueron capaces de adaptarse a la nueva situación y se incorporaron a otro tipo de trabajos. En 1877 se dió la última batalla samurái (reflejada de manera muy idílica en El último Samurái) liderada por Saigo. Seguido por casi cincuenta mil samuráis descontentos, se encaminó a Tokio para derrotar al gobierno. Un ejército moderno fue enviado por el gobierno y la batalla duró una semana. Este ejército no era profesional pero consiguió derrotar a los samuráis. Saigo fue derrotado y obligado a retirarse, por lo que siguiendo el código de honor samurái se praticó el hara- kiri.
(Fuente: Gentehistoria)

21 de septiembre de 2009

La Gestapo japonesa

La Kempetai fue la unidad más temida en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de la policía militar del ejército imperial japonés en la década de 1930 y durante la Gran Guerra. Era algo así como una policía secreta militar, responsable en gran medida de las actividades de contraespionaje. Conocida como la Gestapo de Japón, la Kempetai es la culpable de alguna de las peores atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial. Cuando Japón comenzó sus movimientos en la década de 1930, los Kempetai eran los agentes del terror y la represión. Gozaban de casi total autonomía y libertad de movimientos. Como las conquistas de Japón crecieron en número, los países asiáticos se veían libres del colonialismo europeo. Tokio promovió una Gran Asia Oriental, que en realidad era un escaparate para tapar las acciones brutales de la Kempetai. Los Kempetai eran los despiadados agentes del imperialismo japonés. La organización tenía muchas misiones. A veces actuaban como agentes del ejército imperial japonés, barriendo los barrios de las ciudades. Pero otras veces lo que barrían eran vidas humanas. Las mujeres jóvenes chinas, filipinas, coreanas eran reclutadas para servir de disfrute sexual en los prostíbulos. En la Segunda Guerra Mundial, los Kempetai fueron los responsables de numerosas zonas de combate, reclutando prisioneros de entre los barrios de Japón para realizar trabajos forzosos en pro de la campaña japonesa. Uno de los campamentos especiales de este tipo fue la Unidad 731, donde se llevaron a cabo las más horribles torturas a hombres, mujeres y niños. Bridge House, en Shangai, fue precisamente uno de los lugares de reunión de los Kempetai. Los presos eran detenidos sin previo aviso y sin juicio. Las víctimas sufrían semanas de suciedad, en condiciones de hacinamiento y malos tratos. Sin embargo, todo esto no era más que un preludio de los salvajes interrogatorios con tortura de la Kempetai. Las víctimas eran golpeadas y sometidas a descargas eléctricas. Otra de las técnicas de tortura era la conocida como la cura de agua, en la que al prisionero se le obligaba a beber agua sucia. Si no confesaban inmediatamente, se le golpeaba con palos en el abdomen hasta que vomitara el agua ingerida. La despiadada Kempetai se disolvió tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Algunos de sus miembros fueron castigados como criminales de guerra, mientras otros escaparon sin más. Durante la guerra, muchos miembros de la Kempetai habían alcanzado altos cargos en el gobierno japonés. El General Hideki Tojo fue miembro Kempeati antes de su carrera política. Fue ahorcado como criminal de guerra en 1948. (Fuente consultada: Historia General - Jose Manuel Breval)

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