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7 de febrero de 2016

Genocidio en el Congo

Leopoldo II de Bélgica
En 1885 el rey Leopoldo II de Bélgica, ávido de nuevos territorios para su pequeño país, compró a título personal una parte del Congo tan grande como Europa, gracias a los buenos oficios del explorador inglés Henry Morton Stanley, que firmó tratados con varios gobernantes africanos para la Asociación Internacional del Congo, la organización que servía de tapadera a las ambiciones del rey. En la Conferencia de Berlín (1884–1885) los poderes europeos reconocieron a la Asociación Internacional del Congo y Leopoldo bautizó a este nuevo territorio como État Indepéndant du Congo, en uno de los mayores eufemismos de la historia.

Fueron más de un millón de millas cuadradas, que fueron cedidas al rey belga en bandeja de plata. La entrega se realizó sin ningún congoleño presente y el Reino de Bélgica abandonó toda responsabilidad sobre el territorio, por lo que éste quedaba convertido prácticamente en propiedad privada de Leopoldo.

Se suponía que Leopoldo trataría a los nativos con humanidad y respeto, tal como predicaba unos años antes, pero la realidad iba a ser muy distinta. Mandó más de 16.000 soldados de diversas nacionalidades pagados directamente por él, para que mantuvieran las seguridad en su territorio. La entrega del Congo fue un cheque en blanco, las potencias europeas le concedieron plenos poderes al rey belga, seguros de que su humanidad y sus inclinaciones filantrópicas le impedirían transformarse en un tirano. Luego los hechos demostrarán cuán erradas fueron estas percepciones.


Sin ningún obstáculo aparente, el belga puso manos a la obra. Después de que John Dunlop inventase el neumático, la demanda de caucho y latex se disparó demencialmente. Las ambiciones por adueñarse de la mayor parte del mercado, llevaron a Leopoldo a cometer actos atroces. Los árboles de caucho abundaban en el Congo y para aumentar la productividad de esta sustancia (y a sí poder competir con la producción en otros puntos del orbe, principalmente en América Latina) se sometía a los trabajadores a condiciones infrahumanas. Los nativos trabajaban las 24 horas del día y las muertes por fatiga eran diarias. El Congo se transformó en un inmenso campo de trabajo forzado. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos y las mutilaciones de manos y pies hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas o las aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban.

Se calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo fueron exterminados unos diez millones de nativos, la mayoría esclavizados, mutilados o asesinados en masa debido a su resistencia a trabajar en las extracciones de caucho.

Las atrocidades cometidas en el Congo fueron descubiertas bastante tarde. En 1895, el misionero Henry Grattan Guinness instala una misión en el Congo cuando fue avisado de los abusos sufridos por la población del Estado Libre del Congo. Obtuvo promesas de mejora de Leopoldo, pero nada cambió. El periodista británico Edmund Dene Morel, ex agente de una compañía de navegación encargada del transporte del caucho hacia Europa, y conocedor de las estructuras comerciales establecidas en Àfrica del oeste, fue también uno de los primeros en avisar a la opinión internacional sobre los crímenes cometidos, recogiendo por primera vez pruebas testimoniales y documentales. Todas estas voces levantadas en contra de las atrocidades cometidas no obtuvieron frutos.

En 1903, dos años después del fallecimiento de la reina Victoria de Inglaterra, la Cámara de los Comunes adopta una postura crítica con respecto a la administración del Congo y envía a un diplomático Roger Casement para que investigara los hechos. El informe de Casement fue impactante y tal fue su magnitud que el gobierno británico mando 14 copias a los países que casi 20 años antes, le habían concedido el dominio del Congo a Leopoldo durante la Conferencia de Berlín. El rey Leopoldo, pese al escándalo, mantuvo su control sobre el Congo hasta 1908, fecha en la que el Parlamento belga, bajo la presión internacional, decidió anexionarlo y asumir su administración. Leopoldo II aceptó firmar el Tratado de cesión del Estado Independiente del Congo el 28 de noviembre de 1907.

De esta manera se pone fin a la tiranía de Leopoldo en el Congo. Para el rey de los belgas fue una empresa más que exitosa, él se enriqueció enormemente y Bélgica obtuvo un imperio. Para los nativos del Congo, los años de administración belga fueron un infierno. Leopoldo podría considerarse como uno de los hipócritas más grandes de la Historia. Con su boca predicaba paz y humanidad para los africanos y con la mano realizaba actos atroces. Es innegable la astucia de Leopoldo como estadista, consiguió un imperio de la misma nada pero que costó la vida de más de diez millones de inocentes.


Fuentes:
* http://www.ikuska.com/Africa/Historia/congo/hiscongo1.htm
* https://elglobodegambetta.wordpress.com/2012/12/19/el-congo-y-leopoldo-ii-cronicas-de-un-genocidio-olvidado-ii/
* http://mrdomingo.com/2010/12/30/el-genocidio-de-leopoldo/


12 de enero de 2015

La Guerra de Biafra

Para comprender las causas de este conflicto hay que remontarse a principios del siglo XX, cuando Gran Bretaña estableció, en 1901, un protectorado en Nigeria, con el fin de explotar los recursos naturales del país. Este protectorado duró hasta 1960, momento en que fue proclamada la República Federal de Nigeria.

Antes de abandonar el territorio los ingleses dividieron el país en tres provincias autónomas, cada una de las cuales estaba dominada por el grupo étnico mayoritario: hausa-fulani en el norte, yorubas en el suroeste e ibos en el sureste (Biafra). A partir de 1962 empezaron las tensiones tribales y los conflictos internos, que acabaron con un golpe de estado en enero de 1966, que llevó al poder al general ibo Ironsi. Este golpe de estado fue disuelto por un contra-golpe en junio del mismo año, que llevó al poder a Yakubu Gowon. Estos sucesos llevaron a los ibos a reclamar la secesión.

El gobernador militar del Sudeste ibo, el coronel Odumegwu Ojukwu, anunció en el parlamento sureño la secesión de la región del sureste de Nigeria y proclamó, el 30 de mayo de 1967, la República de Biafra como nación independiente. Aunque gozaban de la simpatía europea y de muchas otras partes del mundo, sólo cuatro países reconocieron la recién fundada república. También se dice que una de las principales razones por las que Ojukwu proclamó la República de Biafra fue que no reconocía a Gowon como jefe de estado.

El gobierno nigeriano lanzó una "acción policial" para recuperar el territorio secesionista tras un avance de las fuerzas de Biafra en territorio adyacente no perteneciente a los ibos. La guerra empezó el 6 de julio de 1967, cuando las tropas federales nigerianas avanzaron en dos columnas hacia Biafra. La columna derecha entró en la ciudad de Nsukka, que cayó el 14 de julio, mientras que la columna de la izquierda tomó Garkem, que fue capturada el 12 de julio. Pero Biafra respondió con una ofensiva el 9 de julio, cuando las tropas se movieron a través del río Níger, desde el Oeste hacia las tierras del centro del país, pasando por la ciudad de Benin City, que se había proclamado también "república independiente", hasta alcanzar el 21 de agosto la ciudad de Ore, justo sobre la frontera del estado, a 130 millas al este de la capital de Nigeria, Lagos. Aunque Benin City volvió a manos de los nigerianos el 22 de septiembre, Biafra cumplió con éxito su primer objetivo de sitiar el máximo de tropas federales de Nigeria posible. Se necesitaron cuatro batallones de la Segunda División de Infantería de Nigeria para hacer retroceder a Biafra y eliminar las conquistas territoriales conseguidas en la ofensiva. Pero los nigerianos fueron expulsados tres veces al intentar cruzar el Níger en octubre.

Los nigerianos, en ese momento, calmaron sus ofensivas y empezaron un periodo de asedio a Biafra. Desembarcos anfibios de la flota naval nigeriana llevaron a la conquista de las ciudades sureñas de Bonny, al sur de Port Harcourt, el 26 de julio y del puerto de Calabar el 18 de octubre por parte de miembros de la tercera división de Marina de Nigeria. Al norte, las fuerzas de Biafra fueron obligadas a retroceder a su propio territorio, y la ciudad de Enugu (capital de Biafra) fue capturada por las fuerzas nigerianas de la primera División de infantería el 4 de octubre. Los biafreños resistieron en las tierras centrales ibos, siendo enseguida rodeados por las fuerzas nigerianas.

Desde 1968 en adelante, la guerra cayó en unas largas tablas, con las fuerzas nigerianas incapaces de realizar avances significativos en las zonas todavía bajo control biafreño. No obstante, otra ofensiva nigeriana, realizada de abril a junio de 1968, empezó a estrechar el círculo sobre Biafra, gracias a los avances en los dos frentes del Norte y a la conquista de Port Harcourt el 19 de mayo de 1968. Este asedio tuvo como consecuencia el desastre humanitario de hambruna e inanición en las áreas ibas, ya que una de las tácticas más utilizadas por las fuerzas nigerianas fue el sabotaje de las tierras de cultivo. Las imágenes de niños biafreños afectados por la hambruna dieron la vuelta al mundo, mientras que el gobierno de Biafra acusó a Nigeria de utilizar el hambre y el genocidio para ganar la guerra, reclamando la ayuda del resto de naciones.

Numerosos grupos de voluntarios organizaron vuelos de ayuda a Biafra, con comida, medicinas, e incluso en ocasiones armas. Tras entrar en el país, los voluntarios fueron atacados por el ejército nigeriano y fueron testigos de los asesinatos e inanición de civiles.

Las fuerzas federales nigerianas lanzaron su ofensiva final contra Biafra el 23 de diciembre de 1969, con una gran acometida por parte de la tercera división Marine Commando, que consiguió dividir el territorio biafreño en dos partes hacia finales de año. La ofensiva final, llamada “Operación viento de cola”, se lanzó el 7 de enero de 1970 con la incursión de la tercera división Marine Commando, respaldada por la primera división de infantería en el Norte y la segunda en el Sur. Las ciudades biafreñas de Owerri y Uli cayeron el 9 y 11 de enero, respectivamente.

La guerra acabó el 13 de enero de 1970 con la rendición final de las fuerzas de Biafra en Amichi, última ciudad controlada por su ejército. Unos días antes, Ojukwu huyó al exilio hacia la república de Costa de Marfil, dejando los detalles de la rendición a su diputado Philip Effiong. Para sorpresa del resto del mundo, la mayoría de las represalias y masacres prometidas no tuvieron lugar, y se intentó de manera sincera la reconciliación.

Como consecuencia del conflicto se produjo la destrucción del tejido productivo, contribuyendo a la hambruna y prolongando la pésima situación económica del país que además debía hacer frente al pago de las armas adquiridas durante la conflagración.

Se estima que alrededor de tres millones de personas murieron a causa de esta guerra, principalmente por hambre y enfermedades. Las consecuencias fueron devastadoras para la población civil.


Fuentes:
- perseo.sabuco.com
- enciclopedia.us.es

11 de junio de 2011

El terror de Uganda

Nacido en 1925 en lo que hoy es Uganda, Idi Amin fue un hombre de grandes dimensiones físicas y dotado de una extraordinaria fuerza, que le permitió ganar en varias ocasiones el campeonato de boxeo de su país en la categoría de pesos pesados. Sin embargo, no cursó estudios y era prácticamente analfabeto cuando a los 20 años se enroló en el Ejército británico, en el que prestó servicios en el Cuarto Regimiento de Fusileros Reales de Africa. Luego ejerció de policía en Kenia durante un tiempo, hasta que, al proclamarse la independencia de Uganda en 1962, se trasladó a ese país, donde ingresó en el Ejército. En 1964 alcanzó el grado de coronel y dos años más tarde fue nombrado jefe adjunto de las Fuerzas Armadas Ugandesas. A mediados de 1966, ya al frente del Ejército, Idi Amin colaboró con el entonces primer ministro, Milton Obote, en la caída del rey Mutesa II y participó en el asalto, saqueo y quema del Palacio de Kampala.

La cruenta intervención armada se cobró la vida a 15.000 personas de la etnia buganda, uno de los cuatro reinos en torno a los que se había articulado el naciente país. El primer ministro Obote asumió todos los poderes, derogó la Constitución existente y, para imponer su régimen, se apoyó en Idi Amín, a quien en 1967 ascendió a general de brigada y le entregó el mando de los tres Ejércitos. Un año más tarde, Amin fue designado comandante en jefe del Ejército ugandés, pero, poco después, Obote comenzó a desconfiar de él y a temer que le expulsara del poder, lo que sucedió el 25 de enero de 1971, cuando Amin aprovechó la ausencia de Obote, quien estaba en Singapur, para dar un cruento golpe de Estado con el que inauguró un régimen de terror y excentricidades.

Durante su carrera política Amin se hizo condecorar con numerosos títulos, entre ellos Su Excelencia el Presidente Vitalicio, Mariscal de Campo Al Hadji Doctor Idi Amin, VC, DSO, MC, Señor de todas las bestias de la Tierra y de los peces del mar, Conquistador del Imperio Británico en África en General y Uganda en particular y Rey de Escocia. Contaba con un cuerpo de 23.000 guardaespaldas.

Su política estuvo caracterizada por el terror y genocidio, lo que llevó a la muerte a más de 300.000 ugandeses, producto de un antisemitismo enfermizo. Además ordenaba la retransmisión televisada en directo de la decapitación de sus oponentes y se sospecha que llegó a devorar las vísceras y otras partes del cuerpo de algunos de ellos.

De lo que sí se tiene verdadera certeza, es que tuvo al menos cinco mujeres, y una gran descendencia, ya que se calcula que fue padre de entre 20 y 25 hijos. También fue boxeador y campeón en todas las divisiones dentro de su país. Esto describe también su contextura física: medía 1.93 metros y pesaba unos 100 kilos, siendo conocido como 'el tonel'.


También hizo uso de esclavos ingleses, los cuales lo debían transportar sobre una plataforma mientras cantaban y silbaban simultáneamente la canción 'El Puente sobre el río Kwai'.

A finales de la década de 1970 la situación del país, aislado económicamente por la cancelación de crédito del Reino Unido y de las ayudas de la Comunidad Económica Europea, era insostenible. El 11 de abril de 1979, el frente Liberación Nacional de Uganda, formado por 18 grupos de exiliados y apoyado militarmente por las tropas de Tanzania, en aquel entonces gobernada por Julius Nyerere, logró derrocar a Idi Amin. Sin embargo, el dictador no pagó sus crímenes, ya que logró refugio, primero en Libia y luego en Arabia Saudí, desde donde hizo algún intento por regresar a Uganda, lo que no le fue permitido.

Falleció en Arabia Saudí en 2003.


Fuentes:
- Sobre Historia
- Libertad Digital

28 de enero de 2011

La guerra de los boers

El término bóer -voz holandesa que significa colono- se aplicó a los primeros colonizadores de las Provincias Unidas que se fueron estableciendo en el cabo de Buena Esperanza a partir de 1662, y a sus descendientes afincados en Orange y Transvaal durante el siglo XIX. Los primeros colonizadores tuvieron que enfrentarse al acoso de la Compañía de Comercio holandesa que, favorecida por el Estado y sostenida por el capital de la burguesía comercial, los trataba como a subordinados inferiores, y a la hostilidad de las poblaciones hotentotas y bosquimanas, que, expulsadas por los bóers de sus fértiles tierras, intentaron recuperarlas una y otra vez. Con el tiempo, la población bóer fue aumentando, así como sus rebaños, lo que originó su desplazamiento hacia el norte y el este y nuevos enfrentamientos con los nativos y con la propia Administración holandesa.

Pero fue la llegada de colonos ingleses lo que motivó grandes desplazamientos de boers y dio origen al conflicto. En 1805 los ingleses ocuparon Ciudad del Cabo y, diez años después, el Congreso de Viena les entregó este territorio. A partir de entonces, los boers vivieron bajo administración inglesa, lo que provocó agitaciones y problemas.

Los boers se desplazaron hacia el interior del continente cruzando los ríos Vaal y Orange. Fueron más de 10.000 familias las que efectuaron la "gran Trek" (emigración), en 1837. Como consecuencia de ello, los emigrantes crearon las repúblicas de Transvaal y Orange. Sin embargo, el expansionismo inglés, siguió avanzando y tomó el control de la ciudad de Natal. Entre 1852 y 1854, los ingleses admitieron la existencia de las dos repúblicas, interrumpiendo su agresiva penetración hacia los territorios del interior, hasta que se descubrieron riquezas diamantíferas en sus tierras.

Familia bóer
En 1877, la Gran Bretaña proclamó su soberanía sobre Transvaal, lo que provocó la resistencia de los colonos boers. Después de algunos combates adversos a los ingleses, terminaba la primera guerra boer con un nuevo reconocimiento de la independencia y soberanía de ambas repúblicas. Sin embargo, Inglaterra no cejará en su intento de ocupar aquellos territorios.

En 1884, cuando se descubrió oro en Transvaal, el imperio británico fomentó la entrada de aventureros sin escrúpulos que provocaron desórdenes en las repúblicas boers. La situación de tensión llegó a tal extremo que, en 1899, el Presidente de Transvaal, Paul Kruger, para mantener a raya las pretensiones inglesas, puso medidas restrictivas para la concesión de los permisos de explotación a los ingleses. La tensión aumentó a tal nivel, que la guerra no tardó en desencadenarse.
Los boers invadieron las colonias británicas de El Cabo y Natal, poniendo cerco a Ladysmith, Mafeking y Kimberley, donde derrotaron a una fuerza expedicionaria inglesa. Al mismo tiempo un pequeño ejército boer penetraba en la provincia de El Cabo derrotando a los ingleses en Stomberg.
Conmocionados por las derrotas, los ingleses comenzaron a acumular tropas y cañones. Para oponérseles, los boers apenas tenían artillería y estaban escasos de municiones. En tres frentes los ingleses iniciaron la ofensiva, sólo para sufrir una nueva derrota en Spionkob. Pero, en febrero de 1900, lograron su primera victoria en Paardeberg y ocuparon Orange. En junio de 1900 invadían Transvaal y derrotaban a los boers en Diamond Hill y Belfast.
Tras la ocupación de Orange y Transvaal los británicos ven la guerra ganada. Los bóers inician entonces una guerra de guerrillas a la que los británicos responden con expediciones contra las familias bóers. Queman las granjas y los campos, destruyen las cosechas e internan a las mujeres y a los niños. En 1902, 100.000 mujeres y niños bóers se hallan en campos de prisioneros, 30.000 hombres son prisioneros de guerra y han muerto 6.000 bóers y 22.000 británicos. En 1902 se reúne una asamblea de las repúblicas para establecer las condiciones de paz. Con 56 votos a favor y 4 en contra deciden el fin de la guerra. Renuncian a su independencia y reconocen el dominio de Gran Bretaña.
La de los boers presenta el triste antecedente de haber sido la primera guerra en que se utilizaron masivamente los campos de concentración para la población civil.

Campo de concentración para boers

Fuentes:
- Tripod.com
- mgar.net

23 de enero de 2011

La colonización de África

En la segunda mitad del siglo XIX, exploradores y misioneros europeos recorrieron África con el fin de llevar la cultura europea al continente. A partir de 1870 Gran Bretaña y Francia se lanzaron a la conquista.

El objetivo de Gran Bretaña era dominar la fachada oriental del continente africano, obteniendo en su empeño algunos de los mejores territorios, zonas ricas en productos minerales como oro o diamantes.

Francia, por su parte, dominó la zona norte (Marruecos, Túnez y Argelia) y extendió sus dominios hacia Sudán, donde acabó enfrentándose a los británicos.

A esto se sumó la acción del rey de Bélgica Leopoldo II, que inició la exploración de la zona del Congo. También Alemania se instaló en África central.


En 1885, el canciller alemán Bismarck convocó una Conferencia Internacional a la que asistieron 14 países europeos. En la Conferencia se elaboró un acta que estipulaba algunas condiciones para la expansión colonial en África: se garantizaba la libre circulación por los ríos Níger y Congo, y se establecían principios para ocupar los territorios africanos.

En años posteriores otros Estados europeos penetraron en África. A los franceses e ingleses se añadieron los intereses de los alemanes, establecidos en el África negra, y de los portugueses, que ocuparon Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. Italia y España también pugnaron por conseguir pequeños territorios. El choque entre intereses se hizo inevitable, y pronto empezaron los enfrentamientos entre diferentes países.


Fuente:
Historia del mundo contemporáneo

7 de junio de 2010

El reino del Kongo

El Reino del Kongo fue un estado africano situado al sur de África Occidental, en lo que actualmente constituye el norte de Angola, Cabinda, la República del Congo y la parte occidental de la República Democrática del Congo.

La organización política del reino del Kongo, mantenía ciertos rasgos de lo que algunos historiadores denominaran "civilización sudanesa", la cual se desarrolló a lo largo de toda el África subsahariana, desde el Mar Rojo hasta la desembocadura del Senegal y también, desde las fuentes del Nilo al Zimbabwe meridional.
Lo peculiar de la civilización sudanesa era que los pueblos que la componían compartían una serie de características comunes lo cual, hace pensar en la existencia de un origen común.

-El rey-

Todas estas sociedades habían desarrollado estados que tenían instituciones políticas muy parecidas entre sí. Al frente de estos estados estaba el rey, al cual se le rendía culto como si de un dios se tratara y se le atribuían poderes divinos.

Los reyes vivían apartados del pueblo. Cuando concedían audiencias públicas lo hacían desde detrás de una cortina, para que la gente común no pudiera verlos.

Ni siquiera sus familiares más allegados podían verlos comer o beber. Había una estrecha relación entre la salud y el bienestar físico del rey, la fertilidad de la tierra y la regularidad de las lluvias. Si el rey contraía una enfermedad grave o se hacía anciano se le daba muerte a través del veneno o por asfixia ritual. Después de su muerte el cadáver era embalsamado y enterrado con gran ritual. Así pues, el rey no podía estar enfermo ni ser anciano pues eso significaba la infertilidad de la tierra y la escasez de agua.

Estos reinos podían tener un número variable de súbditos que, podía oscilar entre unos cuantos miles o más de un millón. Solían agruparse varios reinos en torno a un reino principal.

-Estructura política-

Tenían una estructura política fuertemente centralizada. El poder lo detentaba el rey, nombraba a los funcionarios que ejercían los cargos administrativos y estos, podían ser ascendidos o destituidos según los deseos del rey. Los puestos más importantes eran los de la reina madre, la reina hermana y las esposas del rey.

-El ejército-

El ejército del reino del Kongo estaba muy bien organizado y sus integrantes eran unos excelentes guerreros. Se componía principalmente de soldados de infantería protegidos con corazas de piel de elefante y armados con pequeños arcos que disparaban flechas con veneno fulminante. Conocían una elaborada táctica para la guerra y realizaban emboscadas ingeniosamente organizadas.

-La estructura familiar-

La estructura familiar en el reino del Kongo era muy diferente a la organización que existe en nuestra sociedad. Allí la familia nuclear (padre, madre, hijos) no existía, el tipo de familia era el de familia extensa.
Los hombres eran polígamos, y al contraer matrimonio se iban a vivir a la casa del hermano de la madre del esposo. Las mujeres pertenecientes al linaje real no lo abandonaban al contraer matrimonio y además eran libres de casarse con quien quisieran.


Fuente:
África también tiene una historia - María Cosme Román / Carmen Roig Zamarreño



1 de diciembre de 2009

David Livingstone

David Livingstone fue un médico y misionero británico que inició la exploración del interior de África (Blantyre, Escocia, 1813 - Chitambo, Zambia, 1873). Procedente de una familia pobre, sacó adelante sus estudios de Medicina en la Universidad de Glasgow y se enroló en la Sociedad Misionera de Londres movido por sentimientos religiosos (fue ordenado sacerdote protestante en 1840). En 1840 emprende un viaje a la colonia de El Cabo con la intención de implantar nuevos centros para llevar a cabo sus misiones. Nueve años después inicia un recorrido por el interior del África que le permite realizar nuevos descubrimientos como las cataratas Victoria y el lago Nyasa. A fin de aprender la lengua y las costumbres del pueblo, el explorador empleaba su tiempo viajando y viviendo entre los indígenas. Continuó estudiando siempre mientras viajaba, trazando mapas de los ríos y de las sierras del territorio que recorría. En una carta a un amigo suyo le escribió que había descubierto 32 clases de raíces comestibles y 43 especies de árboles y arbustos frutales que se producían en el desierto sin ser cultivados. En Mabotsa tuvo lugar el histórico encuentro con un león. Acerca de ese acontecimiento David escribió lo siguiente: "El saltó y me alcanzó el hombro; ambos rodamos por el suelo. Rugiendo horriblemente cerca de mi oído, me sacudió como un perro lo hubiese hecho con un gato. Los sacudones que me dió el animal, me produjeron un entorpecimiento igual al que debe sentir un ratón, después de la primera sacudida que le da el gato. Me atacó entonces una especie de adormecimiento, y no sentí ningún dolor ni ninguna sensación de temor." No obstante, antes de que la fiera tuviese tiempo de matarlo, lo dejó para atacar a otro hombre que con una lanza en la mano había entrado en la lucha. El hombro desgarrado de Livingstone nunca sanó completamente; él nunca más pudo apuntar un rifle o llevarse la mano a la cabeza sin sentir dolores. En 1849 cruzó el desierto del Kalahari en compañía del británico William Cotton Oswell, con quien descubrió el lago Ngami. A través del desierto de Calari llegaban rumores de un inmenso lago y de un lugar llamado "Humazo Ruidoso", el cual se creía que era una gran catarata de agua. Fue el 1 de agosto de 1849 que el grupo llegó al lago Ngami; era un lago tan grande que desde una orilla no se podía ver la orilla opuesta. Habían sufrido largos días de sed atormentadora sin haber podido obtener una sola gota de agua, pero habían vencido todas las dificultades y habían descubierto ese lago, mientras que otros pretendientes, mucho mejor equipados que ellos pero menos persistentes, habían fallado. En junio de 1851, que descubrió el río más grande del África oriental, el Zambeze, río del que el mundo de entonces nunca había oído hablar. Livingstone atravesó, ida y vuelta, el continente africano, desde la desembocadura del río Zambeze hasta San Pablo de Luanda, siendo él el primer blanco en realizar semejante hazaña. En sus memorias, que escribía diariamente, se nota cómo él admiraba los lindos paisajes de un país que el mundo consideraba como un vasto desierto, pues lo desconocía por completo. Llegó a Luanda flaco y enfermo. A pesar de la insistencia del cónsul británico para que regresase a Inglaterra, a fin de recuperar la salud quebrantada, él volvió nuevamente por otro camino, para llevar a sus fieles compañeros hasta sus casas conforme les había prometido antes de iniciar el viaje. En ese viaje, Livingstone descubrió las magníficas cataratas de Victoria, nombre que él dio a esas grandes caídas de agua en honor de la reina de Inglaterra. En ese lugar el río Zambeze tiene un ancho de más de un kilómetro; allí las aguas de ese gran río se precipitan espectacularmente desde una altura de cien metros. En un período, de siete meses estando acompañado sólo de sus fieles macololos, cayó con fiebre en la selva treinta y una veces. Pero no era sólo el sufrimiento físico lo que lo afligía. Sus cartas revelan su angustia moral, al ver los horrores del pueblo africano masacrado y arrebatado de sus hogares, conducido como ganado para ser vendido, en el mercado. Por fin, después de una ausencia de diecisiete años de su patria, regresó a Inglaterra. Participó en varias conferencias, además de relatar sus experiencias. Fue premiado y recibido por la reina, convirtiéndose en un héroe popular. Sus escritos y conferencias despertaron el interés por el misterioso continente africano en todo el mundo, incitando a la posterior carrera colonial por el reparto de su dominio entre las potencias europeas; no obstante, las intenciones del propio Livingstone fueron siempre pacíficas. En 1858 regresa a África llevando a su familia para continuar sus exploraciones, descubriendo al año el lago Nyasa. En 1862 su esposa se reunió con él, de nuevo, y lo acompañó en sus viajes; pero tres meses después falleció víctima de la fiebre, y fue enterrada en una ladera verdeante en las márgenes del río Zambeze. Uno de los mayores obstáculos que Livingstone enfrentó en su obra misionera, fue el terror de los indígenas al ver un rostro de hombre blanco. Las aldeas enteras en ruinas; fugitivos escondiéndose en los campos de hierba alta, sin tener nada para comer; centenares de esqueletos y cadáveres insepultos; caravanas de hombres y mujeres espesados a los troncos asegurados al cuello, eran conducidos a los puertos… Situaciones creadas por los hombres crueles que participaban del tráfico de la esclavitud. Además, Gran Bretaña le quitó el apoyo necesario para seguir con la exploración, por lo que tuvo que volver a su país. Gracias a su tenacidad consiguió reanudar sus exploraciones, esta vez con ayuda de suscripciones particulares (1866). En noviembre de 1867 descubrió el lago Nweru y en julio de 1868 el lago Bangweulu. En 1869 llegó al Lualaba (Congo Superior), del que pensó que tal vez se trataba de uno de los brazos madre del Nilo. Pero las fiebres le impidieron continuar sus investigaciones. Tuvo que regresar a las orillas del lago Tanganyka. Durante los largos intervalos que había entre los períodos en que sus cartas eran recibidas en Inglaterra, llegadas desde el corazón del África, circularon rumores de que Livingstone había muerto. No eran solamente los hombres que traficaban con esclavos los que querían matarlo, sino también muchos de los propios naturales, que no creían que existiese un hombre blanco que fuese amigo de verdad. Por primera vez, en las millares de leguas que caminó, los pies del explorador le fallaron. Obligado a quedarse por algún tiempo en una cabaña, todos sus compañeros lo abandonaron, con excepción de tres que se quedaron con él. En 1871 circuló en Occidente la noticia de que Livingstone se había perdido y dos periódicos enviaron en su búsqueda a Henry Stanley; éste se internó en el África oriental y encontró a Livingstone en Ujiji, a orillas del lago Tanganika. Pero no consiguió convencerle para que regresara y, tras aprovisionarle, ambos se separaron en 1872. Mientras Stanley continuaba su exploración por el río Congo, Livingstone siguió su camino y falleció un año más tarde de muerte natural. El cuerpo después que hubo llegado a Zanzíbar, fue transportado para Inglaterra, donde fue sepultado en la Abadía de Westminster, entre los monumentos de los reyes y héroes de aquella nación. Grabadas en su tumba se pueden leer estas palabras: "El corazón de Livingstone permanece en el África, su cuerpo descansa en Inglaterra, pero su influencia continúa." A él se debe el inicio de una época de frecuentes viajes exploratorios por todo el continente africano que, en contra de las pretensiones del propio Livingstone, allanaron el camino para el inminente desarrollo del colonialismo. Escultura en memoria de David Livingstone en las Cataratas Victoria:

22 de noviembre de 2009

Las iglesias de Lalibela

Situada en las tierras altas de Etiopía, la placentera población de Lalibela guarda en su interior una de las grandes maravillas hechas por el hombre: once iglesias monolíticas talladas en la roca a golpe de martillo y cincel. Las iglesias de Lalibela, fueron talladas en la roca viva sobre el año 1200 representando la Tierra Santa como respuesta a la captura de Jerusalén por los musulmanes. Cuatro de las iglesias son exentas; las demás están unidas a la roca madre, bien por alguna pared o bien por el techo. Éstas últimas también son asombrosas, en todas ellas, el espectáculo arquitectónico es maravilloso, un trabajo de hormigas, en concreto de 40.000 obreros que se encargaron de vaciar los miles de metros cúbicos para dejar al descubierto las iglesias. Aunque también hay quien cree que tal obra, por su magnitud y belleza, solo pudo haber sido creada por los ángeles. Las iglesias de Lalibela se distribuyen en dos grupos principales, separados por el canal de Yordanos, que representa el río Jordán, pero comunicadas entre sí por túneles, pasadizos y trincheras. El lugar fue concebido para que su topografía correspondiera a una representación simbólica de Tierra Santa. Basta cruzar el umbral de cualquiera de los templos, recorrer los pasadizos excavados en la roca que unen unos y otros, admirar la belleza de sus Biblias, escuchar los rítmicos cantos litúrgicos para retroceder en el tiempo sea el día que sea del año. Los suelos siguen cubiertos de paja y ásperas esteras. El mobiliario es escaso. La luz, mortecina. Y los sacerdotes surgen de la penumbra para dar su bendición al recién llegado con una gran cruz que portan en su mano. Estamos en el África más desconocida e ignorada. Estamos en Lalibela, la “Jerusalén negra”. De todas las Iglesias, la pieza maestra, el icono de Etiopía, es la maravillosa Bet Giyorgis (Iglesia de San Jorge), que se dice que fue construida después de la visita que el Santo hizo a Lalibela montado en su corcel blanco. Bet Giyorgis está apartada del resto de iglesias, excavada en una pendiente rocosa desde la cual se puede apreciar perfectamente su pétreo origen. Se desciende a ella por un pasadizo tallado en la roca, que cruza dos portales para desembocar finalmente al patio que rodea la iglesia. Como en todo Etiopia, los monjes saludan a los visitantes con un “salam” (del árabe: paz) y enseguida abren las puertas de la iglesia para que éstos puedan admirar sus tesoros: cruces macizas de oro de bellísimas formas, antiguas pinturas de santos ortodoxos y algunas esculturas excavadas en la roca, parte integrante de las columnas o paredes. Vista aérea de Bet Giyorgis: Biet Medhani Alem, la más alta y extensa del grupo, es una reproducción de la catedral de Santa María de Sión de Aksum, destruida en 1535 por los invasores musulmanes. Desprovista de pinturas, está dividida en cinco grandes naves. Alberga la Cruz de Lalibela, y posiblemente es la mayor iglesia monolítica del mundo: Aunque la fecha de construcción de las iglesias no ha sido establecida con exactitud, se piensa que la mayor parte fue construida durante el reinado de Gebra Maskal Lalibela, hacia 1200. Contrariamente a ciertas teorías, los templarios no participaron en la construcción de estas iglesias; existen abundantes pruebas de que fueron obra exclusiva de la civilización etíope medieval. La historia más prosaica, asegura que no fueron ángeles, sino cristianos coptos huidos de un Egipto musulmán que les perseguía, los que plasmaron su arte en las rocas. Sostiene que tuvieron que dedicar bastante más tiempo del que afirma la leyenda, quizá cerca de un siglo, para terminar el conjunto. Y atestigua que su recóndita ubicación no fue fruto de un designio divino sino que respondía al propósito de ocultar los templos a las incursiones musulmanas, entonces muy frecuentes en estas tierras. A pesar de esta explicación histórica, aún hoy miles etíopes siguen dando plena validez al origen milagroso del más espectacular santuario cristiano de África. Miles de etíopes que cada 19 de enero, cuando se celebra la Epifanía etíope, acuden a esta pequeña localidad para participar de la festividad más importante de su religión.

20 de octubre de 2009

Las Reinas Negras

En las profundidades del corazón de África se alzaba antaño un reino, cuya leyenda esconde historias que aún hoy están rodeadas de misterio. Durante 2.000 años los faraones egipcios sembraron de guerras la tiera del sur, la antigua Nubia. Egipto no cesó en su deseo de conseguir oro y riquezas, esclavizando a la población. Pero a medida que el poder de los faraones se disipaba un nuevo y gran poder crecía, el de un reino olvidado hoy en día, un reino de mujeres. ¿Quiénes fueron las poderosas y desconocidas ‘Reinas Negras’? En la actualidad los arqueólogos trabajan para desenterrar los secretos de una cultura que floreció durante siete siglos a orillas del Nilo medio. Los investigadores retiran el velo del olvido que cubría los palacios y pirámides del corazón de África. El reino de aquellas prominentes y olvidadas dirigentes se alzaba en el actual Sudán, en el centro de África. Meroe era su capital, y Gebel Barkal su montaña sagrada. La leyenda cuenta que el áspid de Egipto surgió de esta montaña sagrada en la aurora de los tiempos. El áspid fue la madre de todos los dioses; su cuerpo petrificado se convirtió en lugar de peregrinaje. Hoy aún resiste, convertida en una roca de 60 metros de altura. Hace 2.000 años las reinas africanas oraban en ese mismo lugar. La serpiente del poder coronaba su frente. El templo de Mut fue excavado en las profundidades de la montaña sagrada, justo debajo de la serpiente de piedra. Unos relieves terriblemente erosionados decoran las paredes de piedra. Desde el flanco de la montaña se alza la Serpiente del Poder coronada por el Sol, fuente de vida; divinidades ancestrales del amanecer de los tiempos. Aquí se unieron las Reinas Negras con la diosa Mut, esposa del creador del mundo, Amón. Las Reinas Negras debían peregrinar por lo menos una vez en la vida hasta la montaña sagrada para legitimar su poder. ¿Qué clase de fuerza emanaba de esta montaña? Hace 2.000 años se erigió en Naga el templo de Amón. Las ruinas se conservan en buen estado; en las columnas de arenisca aún se reconocen a pesar del desgaste los símbolos y los relieves de las Reinas Negras. Las sacerdotisas africanas rezaban a Amón en las salas del templo, pero al pueblo no le estaba permitida la entrada. Las reinas de Meroe adoptaron muchos dioses de la cultura egipcia para luego africanizar su forma, pero los faraones impusieron por la fuerza su cultura a los pueblos africanos. Durante dos siglos las tierras sureñas de Nubia sufrieron la presión de Egipto. Para el faraón Tutmosis III, esta parte de África 1.500 años antes de las Reinas Negras era sólo una fuente de materias primas; el granero de su próspero imperio. Tutmosis III se limitó a coger todo aquello que deseaba; sus ansias por los fornidos esclavos negros del sur eran irrefrenables y cientos de miles de ellos fueron llevados al norte. El oro de los faraones procedía de las minas de Nubia; los esclavos negros lo extraían y lo transportaban río arriba. Una y otra vez las legiones de los faraones regresaban al sur, sembrando miedo y desesperación. El faraón Sesostris había declarado no exento de cierta soberbia: “Al ser atacados, los nubios suplican misericordia. No son un pueblo que merezca respeto alguno”. Ramsés II se hizo pintar en un relieve pegando a un hombre negro. El oro, los esclavos y el poder era lo único que importaba. Pero cuando el poder de los faraones se debilitó los pueblos africanos se rebelaron. Desde el 200 a.C. las Reinas Negras dominaron las tierras de Meroe. Sus arqueros más veloces protegían las principales rutas comerciales. El reino de las Reinas negras se situaba justamente en el cruce de las dos principales rutas que atravesaban el continente. El Nilo desempeñaba un papel esencial, asegurando en medio del desierto una fuente inagotable de agua dulce, permitiendo la supervivencia y la fertilidad. Hacia finales del siglo I a.C. los romanos invadieron Egipto y a continuación enviaron sus tropas hacia las tierras de las Reinas Negras. Esto no asustó a la reina Amanishakheto que con gran valentía hizo frente al invasor. Estas mujeres no eran sólo las reinas de Meroe, sino que eran guerreras, sacerdotisas y madres. Tenían responsabilidades sociales. Para las legiones romanas la expedición al sur fue una experiencia desastrosa. En la capital de Meroe se encontró un busto de bronce del emperador Augusto, ¿se trataba tal vez de un trofeo de guerra? Amanishakheto estableció una frontera y dejó que los cuerpos sin vida de los legionarios se pudrieran en el desierto. Al final, Roma se vio obligada a firmar la paz. Realmente se sabe muy poco de la historia de Meroe, y en la actualidad la escritura meroítica aún no ha sido descifrada. Los expertos apuntan que podría ser una peculiar mezcla de elementos egipcios y africanos. Según la tradición africana la mujer era el centro de la familia. Al igual que los dioses tenía la capacidad de generar vida. La madre era la propietaria de todo y sus hijas eran las herederas.

18 de septiembre de 2009

Las migraciones bantú

Hacia el 2000 a. C., agricultores de lengua bantú de la cultura Níger-Congo comenzaron un proceso migratorio desde lo que hoy es Camerún y el este de Nigeria hacia las regiones boscosas de la cuenca del río Congo. Viajando en canoas dugout por los numerosos afluentes ribereños, establecieron asentamientos en las orillas de los ríos y comenzaron a cultivar el ñame y el aceite de palma combinándolo con la caza y la pesca. Hacia el año 1000 a. C., habían cruzado los bosques hasta alcanzar las tierras de savana al sur de la cuenca en lo que hoy es Angola. De ahí, se movilizaron hacia la región centro-oriental de los grandes lagos africanos. En la región de los Lagos adoptaron el trabajo de los metales y aprendieron las técnicas de ganadería y la agricultura de sus vecinos sudaneses y kushitas. Los agricultores bantú desarrollaron unas formas únicas y variadas combinando destrezas tecnológicas: cultivo del ñame, recogiendo granos, criando ganado, trabajando el hierro y haciendo cerámica. Este avanzado conjunto de destrezas les permitió expandirse, en una serie de migraciones menores, sobre casi todo el este, centro y sur de África, a donde habían llegado entre los años 300 a. C. y 300 d. C. En el proceso, interactuaron y absorbieron a otras poblaciones existentes, principalmente a los pueblos khoisan. La única región donde los bantú no se internaron fue en las zonas desérticas del suroeste africano por estas ser demasiado secas para sus prácticas agrícolas. (Fuente consultada: Historia general del hombre - Yaritza Fontánez Torres)

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