Mostrando entradas con la etiqueta Piratas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Piratas. Mostrar todas las entradas

14 de septiembre de 2011

El refugio de los piratas

La Isla Tortuga está situada al norte de la costa de Haití, en Las Antillas. Este pequeño enclave de 180 kilómetros también ha sido conocido con el nombre de la Isla de los piratas, y es que, desde el siglo XVI, ha constituido el refugio clandestino de piratas franceses, ingleses y holandeses que se enfrentaron a la flota española.

La isla fue también la base de los bucaneros (comerciantes independientes) franceses. En 1640, el francés Le Vasseur, ayudado por sus soldados, expulsó a los ingleses y consiguió el control de la isla. Desarrolló el cultivo del tabaco, del azúcar y la producción de carne al estilo de la bucana, es decir, carne al sol (de ahí el nombre de bucaneros), que encantaba a los piratas. Éstos encontraron en la isla un refugio si querían esconderse, el lugar donde conseguir víveres y pólvora e, incluso, el enclave donde dejar su botín (en lugar de cargar con él durante varios meses de viaje) hasta que pudieran regresar a recogerlo.

Por la Isla Tortuga pasó, en el siglo XVI, Sir Francis Drake, que dejó de ser pirata para convertirse en un corsario, es decir, obtuvo una “patente de corso”, un permiso oficial de Inglaterra para atacar sólo las naves de potencias enemigas, en concreto, las españolas, y repartirse luego el botín.

En el siglo XVII, estuvo en la isla el pirata inglés Bartholomew Sharp. También Jean David Nau (El Olonés). Este filibustero, tras naufragar en Campeche, consiguió refugiarse en la Tortuga. El Olonés se convirtió en leyenda por sus crueles abordajes a las flotas españolas y terminó siendo devorado vivo por los caníbales del Darién (Panamá).

El Olonés
Uno de los más destacables fue Barba Negra, que se estableció en la isla algún tiempo. Barba Negra, que llevaba una enorme barba oscura adornada con cintas y trataba con enorme crueldad a los prisioneros, sólo vivió de la piratería dos años. En 1718 el gobernador de Virginia ofreció una recompensa por él vivo o muerto. El teniente Robert Maynard, de la Royal Navy, consiguió darle alcance con dos barcos y, tras un lucha en cubierta, logró acabar con su vida (después de herirlo veinte veces con el machete y dispararle en cinco ocasiones). Maynard le cortó la cabeza, que colgó en su barco y, finalmente, cobró la recompensa.

La isla, sin duda, se convirtió en el epicentro de la piratería del Caribe. Un lugar misterioso que ocupó un lugar destacable en las grandes novelas de piratas.

Robert Louis Stevenson mencionó esta isla en su primer capítulo de su libro La isla del Tesoro (“… las historias que contaba eran lo que más amedrentaba a la gente. Sus espantosos relatos eran de ahorcados y de «pasear por la tabla», de borrascas en el mar, de la Isla de la Tortuga y de terribles hazañas y extraños parajes en la América española”).

El Corsario Negro, de Emilio Salgari, se desarrolla en gran parte en Isla Tortuga, donde corsarios, filibusteros y bucaneros construyeron una base de operaciones prácticamente inexpugnable.


Fuente:
Ovejas Eléctricas

31 de mayo de 2011

Los tesoros perdidos

Para los piratas muchas veces era más fácil conseguir un abundante botín que lograr llevárselo consigo. La falta de espacio en sus barcos, el temor a caer en manos de los navíos de guerra y la lógica desconfianza en piratas de otra hermandad hacían muy complicado el trámite de guardar los tesoros.

Por lo general estas riquezas terminaban en manos de los taberneros o de las prostitutas o en el fondo del mar, después de algún naufragio. Han sido pocos los piratas que lograron retirarse a tiempo para gozar de los capitales adquiridos con sus numerosas andanzas.

Todo esto llevó a que numerosas islas del Pacífico y del Caribe tengan la reputación de contener formidables tesoros enterrados en sus playas o en recónditas cavernas. El archipiélago de las Galápagos, el archipiélago de Recilla-Gigedo, las islas de Malpedo, Clipperton, Bancs, o la isla de Cocos han sido escenario de numerosas búsquedas, de excavaciones y de dinamitaciones en procura de esos legendarios tesoros enterrados.

De esos supuestos tesoros enterrados siempre aparece un antiguo mapa que muestra el lugar exacto del entierro, el cual está marcado con una "X", pero la localización nunca es precisa y contiene direcciones ocultas que es necesario descifrar.

Muchos buscadores de tesoros han sido engañados con falsos mapas que aseguran tener la localización correcta para comenzar a excavar. De todos modos, la lista de supuestos tesoros enterrados y en las zonas en las que operaban estos ladrones del mar es larga y las leyendas al respecto empezaron a aparecer mucho antes de que se hicieran investigaciones científicas al respecto.

Hasta hoy los buscadores exploran concienzudamente las costas guiados por rumores, diarios de a bordo o declaraciones sumariales de marinos de los siglos XVII y XVIII. Pocos tesoros han sido desenterrados y, casi siempre, los gastos implicados se revelan demasiado elevados para proseguir con esas excavaciones.

En las costas de Carolina del Norte y Virginia se siguen buscando los tesoros escondidos de Barbanegra, aunque sólo se han recuperado algunos cañones de su mítico barco.

Uno de los tesoros más ambicionados es el de Francis Drake. Se dice que el mayor de sus botines fue enterrado por él en Coquimbo, Chile.

Se dice que Morgan, celoso de sus tesoros, no permitía que ninguno de sus hombres les pusiese la vista encima. Y cuentan crónicas lejanas que, habiendo reunido el fruto de sus años de rapiña en un inmenso cofre, lo había enterrado en una isla desierta que no figuraba en ningún mapa. Tiempo después, fue capturado y conducido hasta Inglaterra por haber saqueado Panamá después de que Inglaterra hubiese firmado un tratado con España. Pero el rey Carlos II, convencido de su lealtad, concedió a Morgan el título de sir y le nombró vicegobernador de Jamaica. Muchos dicen que tras este nombramiento Morgan regresó a su isla en busca de su tesoro. Hay leyendas que cuentan que lo trasladó a Jamaica donde sigue enterrado, y otros afirman que lo dilapidó.


Fuente:
Breve historia de los piratas - Silvia Miguens


16 de febrero de 2011

Anne Bonny, la mujer pirata

Anne Bonny, junto con Mary Read, fueron las dos mujeres piratas más famosas del siglo XVIII, aunque no fueron las únicas de la historia.

Anne Cormac nació en County Cork, en 1698, como hija ilegítima de un importante abogado irlandés, William Cormac y de la criada de la familia, Mary Brennan. Después del escándalo, sus padres marcharon a Charleston donde su padre ejerció como abogado y se convirtió en un rico comerciante.

Anne era una niña con mucho temperamento que montaba a caballo y usaba las pistolas mejor que muchos muchachos de su edad. El genio de Anne era bien conocido y se cuenta que cuando era una adolescente apuñaló a una criada inglesa de la plantación con un cuchillo de carnicero.

Aburrida de la vida tranquila en la plantación de su padre, Anne buscó nuevas aventuras y se enamoró de un antiguo pirata llamado James Bonny. Se casó con él y adoptó así el nombre de Anne Bonny. Al parecer, James había planeado robar la plantación de Guillermo Cormac a través del matrimonio con su hija, pero el padre de Anne lo descubrió y la desheredó. La leyenda cuenta que como venganza, Anne quemó la plantación de su padre, aunque este hecho no consta en ningún documento de la época.

James Bonny se llevó a Anne a las Bahamas, a New Providence (actualmente Nassau), donde se convirtió en el informador del gobernador Woodes Rogers en su lucha contra los piratas. Al poco tiempo, Anne le abandonó por John "Calico Jack" Rackham, un antiguo pirata que había obtenido un perdón real. Jack le compraba regalos y le instó a abandonar a su marido por él. Parece ser que Calico ofreció dinero a James Bonny para comprar la libertad de Anne, pero James recurrió al gobernador para retenerla. Entonces Anne y Jack decidieron huir y volver a la piratería.

Cuando Anne se quedó embarazada, Calico Jack la llevó a Cuba y la dejó en compañía de unos amigos para dar a luz a su hijo. Anne esperaba tener una niña que la ayudara a establecerse en tierra, pero el bebé nació dos meses antes de lo previsto y murió al cabo de una hora de nacer. Anne estaba destrozada por la pérdida de su hija cuando Jack la fue a buscar y se la llevó a New Providence para que se recuperara.

Anne vestía ropas masculinas, era experta en el manejo de las pistolas y del machete y era considerada tan peligrosa como cualquier hombre pirata. Jack acogía a marineros de barcos capturados como tripulación forzosa para sus barcos. Un joven marinero capturado llamado Mark Read resultó ser una joven inglesa cuyo nombre era Mary Read. Rackhan permitió a Mary continuar con su disfraz y unirse al grupo. Ambas se hicieron muy famosas por sus múltiples hazañas en el mar y por demostrar más valor que muchos hombres, la cual cosa se demostró en su última batalla.

En octubre de 1720, la recompensa por sus cabezas era bastante elevada. El gobernador de Jamaica se enteró de la presencia de Calico y envió un barco armado para capturar al capitán y a la tripulación. La nave de Calico, llamada "Revenge" (Venganza), fue cogida por sorpresa y solamente Anne y Mary lucharon en cubierta mientras los demás piratas se emborrachaban en sus camarotes.

Anne Bonny y Mary Read

Anne y Mary Read también fueron capturadas pero confesaron ser mujeres ante el tribunal y abogaron por ser juzgadas separadamente de los hombres. Tanto Anne como Mary conocían la ley inglesa que prohibía colgar a una mujer embarazada y por eso hicieron llamar a un doctor que confirmó que ambas eran mujeres y que estaban embarazadas de unos seis meses. Entonces el tribunal ordenó que serían juzgadas por separado después de que dieran a luz, pero igualmente fueron condenadas a la horca.

Mary Read escapó de la horca al morir de una fiebre mientras estaba en la cárcel. Anne, sin embargo, recibió varios aplazamientos de su ejecución hasta que misteriosamente desapareció de los expedientes oficiales. Hay diferentes teorías sobre su supuesto final. Se cree que su padre, que tenía contactos en la isla, perdonó a su hija y la rescató para traerla de nuevo a Carolinas, donde le consiguió un nombre nuevo y una nueva vida a sus 20 años. Pero hay otras teorías que afirman que volvió con su marido, o incluso existe el mito de que se hizo monja.


Fuente:
Thalassa

26 de enero de 2011

¿Porqué los piratas llevaban pendientes?

Durante el apogeo de las grandes aventuras por mar, en los siglos XVIII y XIX, los navegantes animados por el comercio con países exóticos y remotos alcanzaron casi todos los lugares del mundo en sus distintas embarcaciones de vela.

Muchos de estos viajes entrañaban serias dificultades y peligros, especialmente las rutas que pasaban obligatoriamente por el cabo de Hornos, conocido en aquella época como el cabo de las Tormentas, que está situado en el extremo meridional de América del Sur, en la isla de Hornos,. Drake, en 1578, fue el primero en doblarlo.

Escollos, bajíos, vientos huracanados, lluvias y nieve durante casi todo el año, y una espesa bruma cuando las tempestades calmaban, convertían el cabo de Hornos en un lugar impracticable, incluso para los más experimentados navegantes. Los naufragios estaban a la orden del día. De esta forma se convirtió en signo de suerte y valor entre la marinería haber logrado cruzar con vida aquel infierno. Orgullosos de ello, y para que la hazaña quedara reflejada de por vida, los marineros comerciantes, piratas y corsarios se colgaban de una de sus orejas un pendiente en forma de aro, preferiblemente de oro.

A este distintivo se podían unir otros dos, que simbolizaban el paso por el cabo de Buena Esperanza, al sur de África, y el de York, en Oceanía. Sin embargo, ninguno de estos dos pendientes se podía igualar con el del cabo de Hornos. La costumbre, que se extendió con rapidez como símbolo de valor y temeridad, fue también adoptada por los piratas que asolaras las costas del Caribe durante el siglo pasado. Estos sólo tenían que enseñar la oreja para acobardar a sus víctimas.

Fuente:
http://autorneto.com/recreacion/curiosidades/por-que-los-piratas-llevaban-pendientes

30 de septiembre de 2010

La Edad de Oro de la piratería

Para sus admiradores, los piratas son bandidos llenos de romanticismo: sujetos temibles, dispuestos a forjarse una vida fuera del alcance de la ley y el gobierno, liberados del trabajo y de las limitaciones sociales para lanzarse en pos de la riqueza, la alegría y la aventura. Han pasado tres siglos desde que aquellos piratas desaparecieron de los mares, pero siguen siendo héroes populares, con una legión de admiradores. Han servido como modelo a varios personajes de la ficción literaria -el capitán Hook, el capitán Blood y Jack Sparrow- y evocan, de forma casi mágica, el caminar por la plancha, los mapas del tesoro y los arcones de oro y joyas preciosas.

La Edad Dorada de la piratería no duró más de diez años, de 1715 a 1725, y fue liderada por una camarilla de entre veinte y treinta comodoros piratas, a los que servían unos pocos centenares de individuos. Prácticamente todos los capitanes se conocían entre ellos, puesto que habían servido codo a codo a bordo de los mercantes u otros navíos piratas, o sus caminos se habían cruzado en la sede común de todos ellos: la malograda colonia británica de las Bahamas.
Aunque la mayoría de estos piratas eran ingleses o irlandeses, hubo también muchos escoceses, franceses y africanos, además de unos pocos de otras nacionalidades: holandeses, daneses, suecos y nativos americanos.
Pese a las diferencias de nacionalidad, raza, religión e incluso de lengua, forjaron una cultura colectiva. Cuando se encontraban en el mar, no era infrecuente que los navíos piratas aunaran fuerzas y acudieran unos en ayuda de otros, aun cuando una tripulación estuviera constituida sobre todo por franceses y en la otra predominasen sus enemigos tradicionales, los ingleses.

Gobernaban los barcos de forma democrática, escogiendo y deponiendo a los capitanes por votación popular, compartiendo el botín a partes iguales y tomando las decisiones más importantes en una asamblea abierta; todo ello en marcado contraste con los regímenes dictatoriales propios de otros barcos. En una época en la que el común de las gentes del mar no recibía ninguna clase de protección social, los piratas de las Bahamas ofrecían a sus tripulaciones indemnizaciones o pensiones por invalidez.

Los piratas han existido durante mucho tiempo. Los hubo en la Grecia antigua y el Imperio romano, en la Europa medieval y en la China de la dinastía Qing. Incluso en la actualidad hay piratas que asedian las rutas de navegación marítima.

En sentido estricto, son distintos de los corsarios: individuos que en época de guerra desvalijaban las naves enemigas con el permiso de sus gobiernos. Algunos tomaron a sir Francis Drake y a sir Henry Morgan como piratas, pero es un error: en realidad se trataba de corsarios, que llevaron a cabo sus expolios contando con el pleno respaldo de sus soberanos. William Dampier fue un corsario, igual que la mayoría de los bucaneros
Sir Francis Drake
ingleses de finales del siglo XVII. Incluso William Kidd, de infausta memoria, fue un corsario de alta cuna, convertido a la piratería por accidente.

A bordo de los barcos mercantes, el descontento era tan grande que, por lo general, cuando los piratas apresaban uno de estos buques, una parte de la tripulación se unía con entusiasmo a las filas de forajidos. Incluso la Royal Navy, la Marina Real, era vulnerable. Cuando el HMS Phoenix se enfrentó a los piratas en su guarida de las Bahamas en 1718, vio desertar a buena parte de la tripulación de la fragata, que se escabulló al abrigo de la noche para servir bajo la bandera pirata. En realidad, los piratas pudieron expandirse en gran medida gracias a las deserciones de los marineros, con abandonos directamente proporcionales a la brutalidad en el trato recibido, tanto en la marina mercante como en la armada.

Henry Morgan
Pero no todos los piratas eran marinos descontentos. Los esclavos fugitivos emigraron a la república pirata en gran número, cuando se corrió la voz de que los piratas que atacaban embarcaciones de esclavos inducían a muchos de los sometidos a participar como iguales en sus tripulaciones. En el momento álgido de la Edad de Oro, no era extraños que los esclavos fugitivos sumaran una cuarta parte, si no más, de la tripulación de un barco pirata. Varios mulatos llegaron a convertirse en capitanes piratas hechos y derechos. Este espacio de libertad suponía una verdadera amenaza para las colonias de plantaciones esclavistas en los alrededores de las Bahamas. Las bandas piratas de las Bahamas gozaron de un éxito prodigioso. En su momento de apogeo lograron cortar las comunicaciones entre Gran Bretaña, Francia y España y sus imperios en el Nuevo Mundo, al bloquear las rutas comerciales, dificultar el suministro de esclavos a las plantaciones de azúcar de América y las Antillas, y perturbar, además, la corriente de información entre los continentes.

William Kidd
Las autoridades pintaron a los piratas como monstruos crueles y peligrosos, violadores y asesinos que mataban a los hombres por capricho y torturaban a los niños por placer, y en ocasiones era así. Sin embargo, buena parte de aquellas historias eran exageradas de forma deliberada, para influir sobre una opinión pública escéptica con el poder.
Para disgusto de propietarios de barcos y plantaciones en las Américas, muchos colonialistas corrientes veían a los piratas como héroes populares.


Fuente:
La república de los piratas: la verdadera historia de los piratas del Caribe - Colin Woodard

2 de mayo de 2010

Mujeres del mar

Existe poca documentación sobre las mujeres que se unieron a piratas y corsarios antes de la conquista de América. En el siglo IX, sin embargo, se tiene noticia de una mujer llamada Alvilde, hija de Syward, rey de Gothia, que pasó su infancia en una torre custodiada por dos serpientes para evitar ser raptada. Se sabe que huyó de su cautiverio con varias jóvenes, que se hizo con un navío y se convirtió en pirata siendo su radio de acción el mar Báltico. Otras, como Grace O'Malley ya en el siglo XVI y la intrépida Robelina el el siglo XIX, se hicieron piratas por seguir la tradición paterna o vengar la muerte de su amado. La mayoría se disfrazan de hombre, como Julienne David, que con el apodo de "Jacques" tomó parte hacia 1800 en las insurrecciones de Vendée, fue hecha prisionera y huyó enrolándose a bordo de un barco pirata. Pero han sido las piratas chinas las más temidas y sanguinarias de la historia. Sus nombres, Lai Cha Su, Pan Chin Chiaco o Huang Pe Mei, causaban terror entre los navegantes. Se movían a sus anchas en los mares orientales, preparaban a conciencia los ataques a juncos y barcos de carga, y tenían sus propias bases navales escondidas en las bahías. Algunas llegaron a poseer una flota de setenta navíos y cincuenta mil hombres. La señora Ching, mujer emprendedora y valiente, fue la más célebre entre las mujeres piratas que ejercieron su actividad en el mar de China en el siglo XVIII. Su esposo, el capitán Ching-Yih murió durante un tifón y entonces ella asumió el mando absoluto de la flota. La señora Ching se dedicó a organizar una extensa red de espionaje que le permitió atacar cientos de barcos. Su poder llegó a ser tal que, en 1809, deshizo la flota imperial encargada de capturarla y su almirante acabó suicidándose. Al final se rindió al gobierno y se sabe que acabó dirigiendo una importante empresa de contrabando de opio. Las mujeres piratas navegaron por los mares más temidos del mundo dejando tras de sí una estela de misterio y leyenda que inspiró más tarde el cine de aventuras de Hollywood. Las películas de piratas tuvieron gran acogida entre un público ávido de aventuras en parajes exóticos y apasionadas historias de amor. Fuente:

  • Viajeras intrépidas y aventureras - Cristina Morato Guinchard

Creative Commons License
Paseando Por la Historia está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España.