28 de julio de 2009

La Mezquita Catedral de Córdoba


La Mezquita Catedral de Córdoba es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura hispano-musulmana. Fue la tercera mezquita más grande del mundo, por detrás de las de Casablanca y La Meca, pero su importancia artística, ya desde su construcción, era conocida en todo el Oriente y el Occidente.

El lugar que hoy ocupa la Mezquita-Catedral parece haber estado desde antiguo dedicado al culto de diferentes divinidades. Bajo dominación visigoda se construyó en este mismo solar la basílica de San Vicente, sobre la que se edificó la primitiva mezquita. Esta basílica, de planta rectangular fue compartida por los cristianos y musulmanes durante un tiempo. Cuando la población musulmana fue creciendo, la basílica fue adquirida totalmente por Abderraman I y destruida para la definitiva construcción de la primera Mezquita Alhama. En la actualidad algunos elementos constructivos del edificio visigodo se encuentran integrados en el primer tramo de Abderraman I.

La gran Mezquita consta de dos zonas diferenciadas, el patio o sahn porticado, donde se levanta el alminar (bajo la torre renacentista), única intervención de Abd al- Rahman III, y la sala de oración o haram. El espacio interior se dispone sobre un concierto de columnas y arcadas bicolores de gran efecto cromático. Cinco son las zonas en las que se divide el recinto, correspondiendo cada una de ellas a las distintas ampliaciones llevadas a cabo.

La actual Mezquita de Córdoba es una catedral realmente única en el mundo, que incluye más de ocho siglos de arquitectura y arte español (S.VIII-XVI). Mezcla elementos califales como el mihrab y las cúpulas junto a elementos góticos y renacentistas. Además, es el único ejemplo de una mezquita de la España musulmana que se ha conservado desde los siglos XIII-XV, adoptada como y reformada en iglesia católica.

La Mezquita de Córdoba se construyó entre 785 y 988 en cuatro fases, y fue consagrada como catedral en 1236. Aquí la mezquita de Abd al-Rahman I del siglo IX se topa con la catedral del siglo XVI, mezclando estilos (ver foto); un pináculo gótico se apoya sobre una columna islámica, y arcos renacentistas imitan los arcos de medio punto califales:


Para apreciar el Catedral de Córdoba, es interesante recordar el hecho que dentro del edificio se ha mantenido la última y la más majestuosa de las mezquitas de Al-Andalus, y que todas las demás mezquitas fueron derrumbadas para construir encima catedrales puramente góticas y renacentistas (Toledo, Sevilla, Jaén, Málaga...).

DETALLES:

Arcos: En la mezquita se introdujeron novedades arquitectónicas. Sobre columnas, se apoyaron una serie de dobles arcos, uno de herradura y otra de medio punto, logrando subir la altura de los techos a 13m y admitir más luz en el edificio. El arquitecto les dio color con segmentos de mármol blanco intercalados con ladrillo rojo:


Lucernario: Esta maravilla de arquitectura califal, cuyo principio y final se vieron en Córdoba, se encuentra en el lugar más rico de la antigua mezquita, la expansión de al-Hakam II (964). Sirvió como antesala del mihrab, en la nave central de la Gran Mezquita antes de la expansión al este de Almanzor. En el siglo XIII se convirtió en sagrario cristiano, y detrás de ella se construyó la Capilla Real:


El patio de los naranjos: El patio de la mezquita de Córdoba se configura en la primera construcción, la realizada por Abd al-Rahman I e Hixam I. Abd al-Rahman II será el promotor de la columnata que rodea el patio, que será ampliado por Abd al-Rahman III, al igual que el minarete. Almanzor será el encargado de ampliar el patio hacia el este, finalizando la decoración de la puerta del Perdón. La conversión de la mezquita en catedral durante el siglo XVI supondrá el fin del patio según la tipología islámica y la creación de este patio como lugar de recogimiento antes de acceder al templo. Los claustros actuales son producto de la remodelación que se llevó a cabo en las primeras décadas del siglo XVI, por mandato del obispo Martín Fernández de Angulo, eligiendo a Hernán Ruiz I como arquitecto encargado del proyecto.


La torre fue en los tiempos de al-Andalus un bello alminar que ordenó levantar Abd al-Rahman III. Posteriormente habría de ser reformado y recubierto por Hernán Ruiz III, de modo que la torre islámica ha quedado encerrada por la grandiosa torre cristiana, que fue rematada en 1664 con una escultura de San Rafael.

CURIOSIDADES:

Habría que destacar dos curiosidades en este edificio, en primer lugar, cualquier mezquita se supone que ha de estar orientada hacia La Meca; ésta en concreto, a pesar de ser la tercera más importante del mundo, no lo está, pues su orientación es hacia Damasco, ciudad por la que sentía pasión su inspirador Abd al-Rahmán I.

En segundo lugar, la situación del Mihrab (el lugar más sagrado de cualquier templo árabe, pues recuerda al sitio que el profeta Mahoma ocupaba en su Mezquita de Medina). El Mihrab es el arco o lugar situado en el centro del muro de la Kibla, que marca la dirección a La Meca. En el caso de la Mezquita cordobesa, el Mihrab no se encuentra situado en el centro del templo, donde debería estar, y esto se debe a la posterior ampliación que realizó Almanzor, que al realizarla por la parte oriental, pues ya no le quedaba más espacio por los otros lados, dejó descentrada su localización.

Cúpula del Mihrab de la Mezquita de Córdoba:


Por último, es interesante ver la cronología de este templo en esta imagen obtenida del portal Infocordoba:

27 de julio de 2009

Los santuarios celtas

La sociedad celta era de carácter tribal y aristocrático. Los grupos más importantes de la población eran los sacerdotes (druidas) y los guerreros; a los demás apenas se les concedía importancia.

Los sacerdotes celtas no ponían por escrito sus conocimientos. Ello obedecía a un propósito deliberado por su parte; querían de este modo evitar que su sistema de enseñanza se divulgara entre la gente común. Como consecuencia de esta actitud no contamos con fuentes directas para el conocimiento de la religión que practicaban los celtas. Muchos de los datos disponibles son meras deducciones y presentan numerosas lagunas. A pesar de todo, y a juzgar por lo poco que se sabe de ellos, se puede afirmar que los celtas se tomaban muy en serio su religión.

Hay escasos indicios de que el primitivo mundo celta contara con templos al estilo clásico. Sin embargo, las últimas excavaciones parecen sugerir que existían más construcciones de las que se suponía. De ahí se deduce que en los diversos países celtas había edificios bastante sólidos dedicados a la función de santuarios. Consistían en terraplenes y fosos de tierra, que en algunos casos cercaban unas plataformas sacrificiales pavimentadas de losas y con pozos rituales donde se depositaban ofrendas, huesos, cerámica y otros objetos. Uno de estos santuarios se halla situado en Libenice (República Checa). Otras construcciones por el estilo, consistentes en silos o pozos, que a veces alcanzan gran profundidad, rellenos de ofrendas y objetos de culto de muy diversos géneros, van apareciendo constantemente en todo el mundo celta. Sólo en el sur de Francia hay restos de templos construidos en piedra, de estilo mediterráneo, pero este tipo de construcción es esencialmente ajeno a los celtas.

En general, los santuarios de los celtas parecen haber consistido en pequeños terraplenes, con profundos pozos a cuyo alrededor se desarrollaban las ceremonias, y en emplazamientos naturales cuyo uso prolongado les confería carácter sagrado. Más tarde, bajo el influjo de Roma, se construyeron templos dobles en piedra en los que eran venerados conjuntamente los dioses celtas y romanos, cuyas imágenes y dedicatorias se hacían ya en estilo clásico.



(Fuente consultada: Diccionario de religiones comparadas - S G F Brandon)

19 de julio de 2009

La Orden de Calatrava

La Orden de Calatrava, fue la primera orden religioso-militar creada en España, para defender la cristiandad frente al empuje bélico del islam. Fue fundada en la fortaleza de Calatrava en el año 1158, después de que los templarios no se vieran con coraje suficiente para defenderla de los ataques musulmanes. Su fundador fue el abad Raimundo de Fitero, quien junto a un monje de su monasterio se ofreció voluntario para defender la fortaleza de Calatrava.

La constitución de la Orden fue aprobada por el pontífice Alejandro III el 25 de septiembre de 1164, y confirmada después por Gregorio VIII e Inocencio III. El fundador adoptó la regla de San Benito, y la Orden fue enriquecida con multitud de donaciones por parte de los monarcas. Asimismo le fueron concedidos muy valiosos privilegios.

La Orden de Calatrava llegó a adquirir tal nivel de riquezas y poder, que sus maestres se convirtieron en verdaderos príncipes eclesiásticos temidos y mimados por reyes, y llamados a concilio por los papas.
Fue este poderío el que con el tiempo los llevó a saltarse la obediencia al poder real, lo que llegó a provocar su declive y dispersión perdiendo poderes paulatinamente, hasta desaparecer como los grandes caballeros guerreros que fueron en su momento y convertirse finalmente en una orden preservadora de reliquias con una finalidad puramente honorífica.

Los integrantes de la Orden se dividían en dos grupos: los caballeros y los monjes, que se regían por la obediencia, la castidad y la pobreza, voto de silencio y de ayuno cuatro días a la semana, y dormir siempre ataviados con la incómoda armadura.

Para poder ingresar en la Orden de Calatrava había que cumplir unos rigurosos requisitos. El pretendiente que deseara entrar en ella, debía probar en sus cuatro primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España, y no de privilegio, con escudo de armas él, sus padres y abuelos, sin haber tenido oficios él, ni sus padres ni abuelos.

Tampoco se podía conceder el hábito a persona que tuviera raza ni mezcla de judío, moro, hereje, ni que fuera descendiente de penitenciado por actos contra la fe católica, ni que hubiera tenido él o sus padres oficios por los que hubiesen vivido, o viviesen de su esfuerzo manual. Tampoco podía acceder el que hubiese faltado a las leyes del honor, o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que careciese de medios decorosos con los que atender su subsistencia.

15 de julio de 2009

Encontrado en Lleida un collar de más de 13.000 años.

El equipo de investigación del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Barcelona (SERP), ha encontrado en el yacimiento arqueológico de la cueva del Parco (Alòs de Balaguer, Lleida) una concentración excepcional de pequeños caracoles de origen marino mediterráneo (Homalopoma sanguineum) que debían formar un collar ornamental prehistórico, uno de los más antiguos encontrados en un yacimiento arqueológico.


El conjunto consta de fragmentos de trece pequeños caracoles marinos y un diente de ciervo (Cervus elaphus), que debía ser la pieza central del conjunto, y podría ser un collar de 13.500 años de antigüedad (nivel en el que se está haciendo la excavación), correspondiente al momento del paleolítico superior conocido como magdaleniense (16.000-11.000 aC). La presencia de estos caracoles, procedentes del Mediterráneo, a más de cien kilómetros del yacimiento, nos indica que debían ser objetos de intercambio.

Además del collar, en esta excavación que se lleva a cabo desde hace 23 años, se han encontrado un conjunto de agujas de coser de hueso y diferentes herramientas de sílex.

11 de julio de 2009

Akhenatón y su revolución religiosa

Amenofis IV (1372-1354 a.C.), llamado posteriormente Akhenatón, es una de las más importantes personalidades del Imperio Nuevo Egipcio, no por sus hazañas políticas, sino porque su intento, aunque efímero, de una renovación religiosa le coloca entre los grandes fundadores de nuevas creencias.

Reunía en sí los caracteres físicos y espirituales de distintos pueblos: egipcio por su padre Amenofis III; semítico por su madre, una princesa fenicia, e indoeuropeo por su abuela, de origen mitanni. Esta mezcla racial y la educación que desde un principio recibió habían de desembocar en una personalidad que podríamos llamar excéntrica si consideramos el ambiente general que le rodeaba. Efectivamente, desde niño fue educado en las ideas de la cosmogonía solar y siempre se sintió atraído por las especulaciones filosóficas. De todo ello surgió en él un ideal religioso que se apartaba totalmente de las tradicionales creencias del pueblo egipcio. Y cuando, muerto su padre, sube al trono a la edad de quince años, se nos muestra como un rey pacífico que deja de lado toda política externa militar, a pesar de la crisis que padecía el imperio egipcio y que se dedica con ahínco a la implantación de esa nueva religión, de la que se considera su depositario en la tierra.

En realidad, aparentemente, la nueva religión no era del todo desconocida. Ya desde muy antiguo, en Heliópolis se rendía culto al dios Sol, bajo las denominaciones de Ra o Amón y representado como una figura humana, masculina, con cabeza de halcón. Este culto coexistía pacíficamente con otros muchos en un plano de igualdad. Pero durante la dinastía XVIII había adquirido una manifiesta preponderancia el dios Amón, reflejada en el poder religioso y político de sus sacerdotes.
Lo que se propone el rey es una depuración de ese mismo culto solar. Concibe a Ra como un espíritu puro y le despoja de todos los mitos que le rodeaban, en los que aparecía con figura de hombre. Este espíritu puro recibe la denominación de Atón y desde ese momento es representado como un disco rojo, del cual parten unos rayos que se prolongan hasta acabar en unas manos que llegan a tocar al rey y a la reina para transmitirles la vida y el poder.


La primera decisión que toma es la de nombrarse a sí mismo sumo sacerdote de Atón, despojando de su hegemonía al sacerdote de Amón, que hasta entonces había sido la personalidad política y religiosa más importante después del faraón.
Esto da lugar a una crisis interna, que estalla violentamente al cuarto año de su reinado. Amenofis IV decide entonces romper de raíz con todo lo anterior a él; suprime los cultos de todos los dioses y manda destruir todas sus imágenes. Esta persecución se intensifica cuando de Amón y de sus sacerdotes se trata, por lo que algunos autores han querido ver en esta reforma un intento de acabar con la supremacía de la clase sacerdotal y devolver al poder real su carácter absoluto, tanto en el terreno político como en el religioso. El rey abandona Tebas, la capital del imperio, y construye una nueva ciudad llamada Akhetatón, que significa "Horizonte de Atón" (actual Tell el-Amarna). Él mismo cambia su nombre de Amenofis IV por el de Akhenatón, cuyo significado es "Servidor de Atón".

¿En qué consiste esta nueva doctrina solar? Entre los textos aparecidos en El-Amarna se conoce el "Himno a Atón", compuesto por el mismo rey, que resume los puntos más esenciales:

"Único Dios, tú que no tienes igual, tú que has creado la Tierra según tu corazón, cuando estabas solo, los hombres, todos los animales domésticos y salvajes, todo lo que está sobre la Tierra y marcha con sus pies, todo lo que está en el cielo y vuela con sus alas... Tú has colocado a todos los hombres en su lugar y tú provees sus necesidades..."

Se deduce de este fragmento que existe un solo Dios, anterior a todas las cosas. Los seres animados e inanimados son consecuencia de un acto de voluntad y amor de Dios. Pero además de este primer acto creativo existe un acto continuo de creación, consistente en mantener todo lo creado y en proveer a las necesidades de todos los seres vivientes. Por otra parte, como procedentes de Dios, todas las cosas que hay en el mundo y que acaecen al hombre son buenas. Esto da a la religión un carácter optimista; el hombre puede alcanzar la felicidad por medio del conocimiento del bien y la verdad.


En otro fragmento del himno se nos presenta esta religión con un carácter marcadamente universalista:

"...Tú que has creado... los países extranjeros, la Siria y la Nubia, y la tierra de Egipto..., sus lenguas hablan de modo distinto, como son distintos su piel y su aspecto, pues que tú has diferenciado a los pueblos... Tú creas la vida de todos los pueblos alejados... Hay un Nilo en el cielo para los pueblos extranjeros...".

Es la primera vez que Dios rebasa las fronteras de su imperio para extender su providencia sobre todos los demás pueblos.
Aquí se podría ver una segunda intención política: el propósito de unir a los pueblos tan dispares que forman parte del imperio mediante unos mismos ideales religiosos.

Finalmente dice:

"Tú (Atón) estás en mi corazón, pero no hay otro que te conozca sino tu hijo (Akhenatón)..."

Akhenatón es el profeta de Atón, el depositario de su doctrina. Se considera a sí mismo como hijo del dios; por tanto, como participante de su divinidad. Él es la encarnación de Dios sobre la tierra, el intermediario entre los hombres y la divinidad. Así pues, el pueblo, en vez de dirigirse directamente a Atón, rinde culto diario a Akhenatón en su palacio. Por otra parte, el culto se populariza, ya no es exclusivo de unos cuantos sacerdotes, sino que interviene todo el pueblo; se sustituye el lenguaje literario por el utilizado en la vida diaria, que es el que conoce el pueblo. Hay que destacar que, frente a esta manifiesta superioridad del rey, todos los demás hombres son considerados por igual, sin influir riquezas ni títulos; únicamente la inteligencia puede establecer diferencias.

Las ideas de ultratumba no cambian en su esencia; continúa la idea de supervivencia más allá de la muerte, pero apartándose de todas las creencias mitológicas.
¿Tuvo esta religión arraigo en el espíritu egipcio? Examinando la historia posterior, vemos que no. El intento de implantarla finalizó con la muerte de su fundador. Su sucesor Tutankhatón cambia su nombre por el de Tutankhamón, hace las paces con Amón y sus sacerdotes y regresa a Tebas. Realmente fue un tiempo muy corto para realizar una reforma de esta índole. La idea del politeísmo y el gusto por las complicadas mitologías estaban demasiado arraigados en el alma egipcia para que pudieran ser rápidamente desplazados por una religión tan espiritual que atacaba precisamente estas creencias, que habían sido el sustento espiritual del pueblo egipcio durante muchos siglos.

10 de julio de 2009

Castillo de Eilean Donan


El castillo de Eilean Donan está situado en una pequeña isla del lago Duich, al suroeste de Escocia. Sólo se puede acceder en barco, o a través de un estrecho puente que comunica la isla con la orilla del lago.

El nombre de 'Eilean Donan' o 'Isla de Donan', es probable que se deba al obispo del mismo nombre que llegó a Escocia en el año 580. Hay varias iglesias en la zona dedicadas a este obispo, y probablemente fundó una pequeña comunidad en la isla durante el siglo VIII.

La primera estructura fortificada no se construyó en la isla hasta principios del siglo XIII como una medida defensiva, protegiendo las tierras de Kintail contra los vikingos, quienes asaltaron reiteradamente la mayor parte del norte de Escocia y las islas occidentales entre el año 800 y el 1266. Desde mediados del siglo XIII, esta zona fue conocida como 'El Reino del Mar' por ser éste el único camino para acceder a ella, y donde el poder de los jefes de los clanes feudales se medía por el número de hombres a su disposición.
La isla de Eilean Donan ofrecía por su situación la perfecta posición defensiva.

A lo largo de los siglos la fortaleza se fue modificando. El castillo medieval fue probablemente el más grande, con torres y un muro que abarcaba casi toda la isla. Hacia finales del siglo XIV, la zona del castillo se redujo alrededor de un quinto de su tamaño original.


En el siglo XVI se añadió una plataforma a la pared oriental para disparar los nuevos cañones de la época.

En 1719 en el castillo hubo 46 soldados españoles que estaban allí en apoyo a los rebeldes jacobitas, y permanecían a la espera de armas y cañones procedentes de España. El gobierno inglés envió tres fragatas fuertemente armadas. El bombardeo del castillo duró tres días, con poco éxito debido al grosor de los muros. Finalmente, el capitán envió a sus hombres a tierra y capturó el castillo. Tras la captura se descubrieron 343 barriles de pólvora que fueron utilizados para volar lo que quedaba en pie.

Durante casi 200 años las ruinas de Eilean Donan permanecieron descuidadas y abandonadas, hasta que el teniente coronel John McGrae-Gilstrap compró la isla en 1911. McGrae dedicó veinte años de su vida a la reconstrucción de la fortaleza. Fue reconstruida según los planos de épocas anteriores y las obras terminaron oficialmente en junio de 1932. Actualmente es un lugar turístico que puede visitarse.

Como curiosidad cabe señalar que este castillo aparece en las películas Los inmortales, y Braveheart.

9 de julio de 2009

El grito de Ángela de Foligno

Sucedió en el año 1291. En la basílica superior de San Francisco de Asís, una mujer de edad madura comenzó a vociferar ante la reverencia de unos pocos, la estupefación de la mayoría, y la vergüenza de un fraile franciscano.

Esta mujer era una terciaria desde hacía poco tiempo y desde su ciudad natal, Foligno, había acudido en peregrinación a Asís acompañada de otros fieles. En la puerta de la basílica y ante la vidriera en la que aparece San Francisco abrazado por Jesús, Ángela de Foligno comenzó a gritar en voz muy alta. En su grito se distinguían con dificultad las palabras:
"Amor no conocido, ¿y por qué me dejas? Amor no conocido, ¿y por qué
y por qué y por qué?"

El comportamiento de ángela hizo enrojecer al que era su confesor, que de inmediato acudió junto a ella instándola a que se callara y advirtiéndole que aquella era la última vez que la dejaba ir a Asís. Aquel era un comportamiento anómalo, excesivo y por tanto cercano a la locura. Sin embargo, la "locura" formaba parte de la nueva espiritualidad. Por ello este confesor acudió más tarde a Foligno en busca de respuestas.


¿Por qué había gritado Ángela de Foligno? El confesor, una vez pasada la vergüenza pública, quiso saber directamente de ella la causa del grito, y cogió al dictado la explicación de aquella mujer:

"Venía en oración por el camino. [...]En el camino angosto que sube hasta Asís, me fue dicho: Soy el Espíritu Santo venido a ti para darte el consuelo que jamás has disfrutado. Te acompañaré, iré dentro de ti hasta San Francisco... Quiero venir hablando contigo sin cesar por el camino, y tú no podrás hacer nada porque te tengo atada [...]"

El suceso de Asís significó el auténtico inicio de una experiencia mística elevadísima, que conocemos gracias a la oscura labor de este personaje también oscuro que fue el confesor de Ángela.

El relato del suceso fue el origen de un texto conocido como el Memorial, en donde se narra en forma retrospectiva lo que había precedido a tal suceso y en donde se recogió puntual y coetáneamente la experiencia posterior de Ángela.
El testimonio del Memorial, afecta directamente a uno de los problemas más agudos con los que se enfrenta la crítica de nuestro siglo: hasta qué punto esos textos escritos por los confesores de estas mujeres místicas reflejan la realidad de la experiencia.

En 1925, Martin Jean Farré, reconstruyó la vida de Ángela deduciendo hipotéticamente la cronología biográfica: Debió de nacer en el año 1248 en Foligno, y en 1285 tuvo lugar la primera conversión que le hace orientar su vida de un modo diverso. Ella era una mujer casada y con hijos, y una primera iluminación la incita a comenzar un modo de vida espiritual, lo que se vería facilitado por la muerte de la familia, al permitirle entrar en el tercer orden franciscano y dedicarse plenamente a Dios.
El suceso de Asís en el año 1291 marca una segunda iluminación, iniciándose un camino de intensa experiencia mística que culmina en el año 1296.



(Fuente consultada: La mirada interior: Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media - Victoria Cirlot y Blanca Garí)

8 de julio de 2009

El parto de las mujeres prehistóricas era menos doloroso.

El Centro Nacional de Investigación de Evolución Humana, quien desarrolla sus trabajos en la Sierra de Atapuerca, nos dice que el parto de las mujeres del Homo heidelbergensis, hace medio millón de años, era menos doloroso que los partos actuales y las madres necesitaban para la gestación y lactancia el doble de calorías que las demandadas hoy para lo mismo.

El parto en el pleistoceno medio y en la actualidad era similar: rotacional y de nueve meses, sin embargo en aquella época "eran muchos más holgados", porque, entre otras cosas, la pelvis de las mujeres de entonces era más anchas. Además, parían en cuclillas y en posición vertical, haciendo el parto más rápido y con menos dolor.


Para ser madre gestante y lactante, las mujeres de hace medio millón de años necesitaban entre 3.300 y 3.500 calorías para lo primero, y entre 3.600 y 3.700 calorías para lo segundo, lo que se debe a que esa especie era mucho más robusta que los humanos de hoy.

El período de lactancia duraba entre tres y cuatro años, lo que se ha descubierto a partir del esmalte de los dientes. Estas son algunas de las conclusiones de los trabajos a partir de fósiles humanos de Atapuerca. La alimentación es una de las claves para entender nuestro pasado ya que, por ejemplo, la pérdida del tercer molar -de la dentadura- es una clara prueba de que hemos cambiado la dieta. Los terceros molares van desapareciendo y quizás, en el futuro, nuestra cara sea menos proyectada hacia delante.

En Atapuerca, se han encontrado restos del Homo antecesor, de hace 900.000 años, y del Homo heidelbergensis, de hace medio millón de años, muy corpulentos. Son de esas dos especies de las que este grupo está estudiando cómo ha ido cambiando la lactancia y otros aspectos. La esperanza de vida de los Homo heidelbergensis no superaba los 40 años.

6 de julio de 2009

La Cofradía de los Hermanos de la Costa

Los piratas eran ladrones del mar que actuaban al margen de toda ley. Sus fines no eran políticos, buscaban su propio beneficio y no servían bajo ninguna bandera que no fuera la Jolly Roger (o bandera pirata). Muchos se convirtieron en piratas durante el periodo en el que España e Inglaterra firmaron la paz. Los principales blancos de los ataques piratas eran mayoritariamente los barcos (y también los asentamientos coloniales) de bandera española o portuguesa. Es lógico que así fuera puesto que eran precisamente esos dos países quienes monopolizaban el comercio entre Europa y el Nuevo Mundo. Sus buques cargados del oro y la plata de Las Indias, eran un suculento bocado para los piratas. Pero ninguna bandera estaba a salvo de los salvajes perros del mar. Los reyes europeos trataron de luchar contra los piratas fletando barcos bien armados y equipados. Irónicamente, cada vez que se daba a un capitán el mando de un buque bien pertrechado se le estaba invitando a establecerse por su cuenta y, por qué no, a convertirse en aquello contra lo que se pretendía que luchase.

En el siglo XVII, el comercio ibérico con América, y especialmente en el Caribe, tuvo un gran enemigo que no fue Francia, Inglaterra u Holanda sino la "Cofradía de los Hermanos de la Costa", compuesta por hombres de muy diverso origen y nacionalidad a quienes se conocerá como "filibusteros".

Siendo muy inciertos o inexistentes los registros sobre el origen de la hermandad, lo más probable es que se tratase de "bucaneros". En el norte de la isla de La Española (hoy Santo Domingo), explorada y ocupada desde los tiempos de Colón pero con poco valor e interés para los españoles, se radicaron numerosos aventureros, esclavos blancos y negros fugitivos, prisioneros huidos, que aprendieron de los indios arawacos a preparar el "bucan", la carne ahumada de jabalí y otros animales que cazaban en la boscosa región. Su negocio era comerciar carne ahumada y frutos varios con los barcos en travesía. Pero en 1620 los españoles les atacaron para hacerse con ese comercio y desarticular a ese núcleo extranjero y no católico. La derrota fue fácil, pero no su captura. Un gran número cruzó el canal que separa La Española de la isla Tortuga y se refugiaron allí, donde la residencia sería permanente, volviendo a la isla mayor a cazar, pero no a quedarse.

El ataque trajo otra consecuencia: la necesidad de defenderse en conjunto y organizarse. Así nació la Cofradía en 1620 y sobrevivió hasta 1700.

Como toda sociedad, tenía sus leyes, pero no eran leyes escritas. Era más bien un acuerdo general al que todos se sometían precisamente para proteger su libertad individual. Estaban ligados únicamente por la conciencia de su hermandad. No había ni jueces ni tribunales, únicamente una asamblea formada por los más viejos filibusteros. Las principales normas eran cuatro:

-Se prohibía todo prejucio de patria o de religión.

-Quedaba prohibida la propiedad individual. Esto se refería a la propiedad de tierra en la isla.

-La Cofradía no podía inmiscuirse en la libertad personal de cada uno. Las cuestiones individuales se resolvían personalmente. No se obligaba a nadie a partir en una expedición pirata. Se podía abandonar la Hermandad en cualquier momento.

-No se admitían mujeres blancas libres en la isla. La prohibición se refería exclusivamente a éstas y se adoptó para evitar riñas, discusiones y odios. Sólo podían vivir en la isla las mujeres negras y las esclavas.

Todos los "hermanos" eran iguales entre sí e incluso disponían de una "Tabla de Indemnizaciones" para compensar a quienes resultaban lisiados. Era tal la fraternidad existente entre los hermanos de la costa que, antes de entrar en combate, cada bucanero se conjuraba con un compañero y en el caso de que uno resultase muerto en la lucha, el otro se convertía en su "heredero".

3 de julio de 2009

El templo egipcio

La característica más sobresaliente del arte egipcio es la grandiosidad. Ningún otro pueblo en la Historia ha conseguido efectos tan monumentales, con medios más sencillos. En los templos, esta grandiosidad general de todos los edificios se hace gigantesca. La sala hipóstila del templo de Amón, en Karnak, viene a ocupar una superficie de unos 5.300 metros cuadrados. En su perímetro, que no es ni la mitad del de todo el templo, cabría perfectamente una de nuestras grandes catedrales. Su techo descansa sobre 134 robustas columnas. Esta solidez y sobriedad de líneas no han podido resistir el paso del tiempo, por lo que la mayor parte de los templos egipcios han llegado a nosotros en ruinas. Sólo el de Edfú, cerca de Asuán, puede ser admirado en su construcción original.

Es curioso que al contemplar los templos egipcios se observa una diferente altura en cada una de sus salas, que va disminuyendo a medida que se penetra en el interior. Este aminoramiento de la altura se logra, unas veces por disminución escalonada de la elevación de los techos, y otras por elevación del suelo. Al propio tiempo la oscuridad aumenta progresivamente hasta llegar al final del templo, donde mora la divinidad. Ambos factores, disminución de altura y progresiva oscuridad, tienen por objeto ambientar el sentimiento de los fieles y predisponerlos a la contemplación del misterio.

Generalmente se llega a la puerta del templo por una avenida flanqueada de esfinges, estatuas monumentales con cuerpo de león y cabeza humana, que parecen montar guardia al dios titular. A uno y otro lado de la puerta se levantan sendos pilones o muros inclinados, decorados con bajorrelieves. Frente a los pilones se yerguen a veces dos obeliscos coronados por sendas pirámides de bronce dorado levantados en memoria del fundador del templo. Tras flanquear la puerta se llega al gran patio de entrada, descubierto pero rodeado de pórticos, desde el que se pasa a la sala hipóstila, lugar de reunión de los fieles en los días de ceremonia. Por su primordial finalidad, esta sala es la más grande del templo y la única que necesita luz.

Para resolver el problema, puesto que los templos egipcios no tienen ventanas en las paredes laterales, se hubo de recurrir al sistema de claraboyas. En efecto, las dos hileras centrales de columnas son más altas que el resto, con lo cual se consigue que el techo se presente en dos planos diferentes; por el desnivel de estos planos, a través de un enrejado de piedras verticales, entra la luz que ilumina la nave.

Este desnivel suele ser de consideración como en la sala hipóstila del templo de Karnak, en que las columnas centrales tienen veintitrés metros de altura, y las laterales trece. La cubierta, tanto de esta sala como del resto del templo, está hecha de grandes losas de piedra colocadas sobre los arquitrabes en sentido transversal. De la sala hipóstila, llamada también pronaos, se pasa a la naos, que da acceso al santuario, morada del dios representado en una estatua.

A diferencia de estos templos, los subterráneos, templos excavados en la roca, tenían la puerta de entrada flanqueada por estatuas colosales. Ejemplo de estos últimos es el templo de Abu Simbel, en Nubia, mandado construir por Ramsés II. Dos estatuas del faraón guardan la puerta de entrada. Como otros muchos monumentos egipcios, este templo estuvo cubierto de arena durante muchos siglos. En algunas ocasiones, los vientos arrastraban la tierra y dejaban al descubierto las cabezas de los colosos ramasidas, que custodian la puerta.

Cuando el gobierno egipcio proyectó construir la presa de Asuán, empezaron a peligrar gran número de maravillosos templos, estatuas, etc., exixtentes en el valle central del Nilo, que se convertiría en un inmenso lago. Al grito de angustia de la cultura mundial, que iba a ser gravemente dañada, contestaron las naciones con generosidad suficiente. Gracias a la ayuda de todos, se logró salvar muchos de estos monumentos trasladándolos a otra parte donde no estuvieran al alcance de las aguas. El traslado fue una empresa muy costosa, pues muchos templos tuvieron que ser cortados en bloques para facilitar su transporte. Cualquier sistema era bueno con tal de salvar de la desaparición estas piedras cargadas de historia.

 

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