13 de mayo de 2011

Los sacerdotes egipcios

En el antiguo Egipto, ser sacerdote era un oficio como otro cualquiera, una manera de ganarse la vida y alcanzar prestigio en la comunidad. El régimen de Egipto era teocrático; el soberano político era también un dios. Como tal, detetentaba la responsabilidad última en cuanto al mantenimiento del orden divino en el país. Obviamente, el rey no podía estar presente en todas las ceremonias que se celebrasen en los numerosos templos de Egipto. Era preciso que delegase en unos representantes que pudiesen asumir las funciones de aquél en el lugar. Ese fue el origen de la clase sacerdotal.

No eran los sacerdotes egipcios un grupo humano que viviese apartado del resto de la comunidad en virtud de su vocación, lo cual significaba que se ocupaban de sus asuntos mundanos lo mismo que los laicos. Por ejemplo, era muy corriente que el oficio de sacerdote se transmitiese de padres a hijos. El padre que desempeñaba una determinada profesión dejaba ésta en herencia a su hijo, cualesquiera que fuesen las creencias y la conducta moral de éste.

Con el paso del tiempo los sacerdotes se constituyeron en una burocracia tremenda, que contaba con millares de hombres. Eran cientos los templos consagrados a los diferentes dioses, y cada uno de ellos gozaba de autonomía en cierta medida, con su propia jerarquía y su división del trabajo. En todos los templos, sin embargo, eran muy parecidos los oficios, con una especialización de servicios muy avanzada.

Una de las funciones tal vez más importantes de los sacerdotes era la custodia de las estatuas sagradas u "oráculos". De entre los sacerdotes, una minoría selecta tenía el privilegio de entrar en el "santísimo" de cada templo para atender al cuidado del oráculo. Aunque no hiciesen falta unas convicciones religiosas muy firmes para desempeñar el empleo, el sacerdote debía purificarse antes de entrar en contacto con la divinidad. Para ello era necesario que se afeitase todo el vello del cuerpo y los cabellos; los piojos eran una plaga común en Egipto y el afeitado evitaba su proliferación. Las abluciones constituían también una parte importante de la purificación. Los sacerdotes se bañaban cuatro veces al día y muchos templos poseían lagos sagrados dedicados a estos menesteres.

Lago sagrado del templo de Karnak

Además de lavarse y afeitarse los sacerdotes debían someterse a la circuncisión y abstenerse de comer ciertos alimentos. Los manjares prohibidos variaban de una comarca a otra. A veces se proscribía la carne de vaca, la de pichón o el ajo, pero la prohibición más extendida parece que fue la de comer pescado. Esta prohibición regía sólo para el clero, teniendo en cuenta que el pescado era uno de los alimentos básicos para el pueblo común.

Existían además prohibiciones relativas a la indumentaria. Los sacerdotes no podían vestir prendas de lana por ser esta fibra de origen animal. Usaban exclusivamente ropas finas de lino que se guardaban en un lugar especial de los templos custodiadas por otros sacerdotes.

Otra condición de la pureza del sacerdocio era la abstinencia sexual, que sólo estaban obligados a cumplirla mientras se hallasen en servicio. Todos los templos tenían un sistema de rotación por turnos, de manera que cada sacerdote servía durante sólo un mes, tres veces al año. Los meses en los que no estaba de servicio hacía vida normal en la comunidad laica.

En la cúspide de la jerarquía sacerdotal figuraba el pontífice, llamado sem. Sin duda era un hombre muy culto, uno de los ancianos del templo, dotado además de considerable capacidad administrativa y habilidad política. Estaba encargado del buen funcionamiento del templo y su patrimonio, y oficiaba todas las ceremonias solemnes. Esta autoridad normalmente se reclutaría de entre las propias filas del clero, aunque era prerrogativa del faraón el nombrar a quien prefiriese para estos cargos.


Fuente:
Los misterios del antiguo Egipto - Bob Brier

6 comentarios :

  1. Ya podían haber aprendido otros sacerdotes de los egipcios. Nueve meses al año de vida normal en lo referente a lo sexual permiten que no haya aberraciones de otro tipo. El egipcio era un pueblo avanzado.
    Un saludo.

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  2. Pues sí, además para ellos era un trabajo como cualquier otro. Cuando terminaban, a casita a hacer vida normal con los hijos y demás familia.

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  3. Manda narices la cosa. Han desaparecido los comentarios de tu entrada. Pues nada, por mí que no quede. Decía que a ver si aprenden otros sacerdotes y copian a los de Egipto, a pesar de antiguos, más modernos, que eso de la abstinencia absoluta lleva a otras aberraciones como la pederastia. No se pueden poner puertas al campo.
    Un saludo y tranquila que a mí también me ha hecho alguna el señor Blogger.

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  4. Cayetano, desde ayer que no se podía entrar a Blogger. Había desaparecido hasta la entrada junto con los comentarios. Un desastre.

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  5. Y la que tenía preparada para hoy ha desaparecido del borrador.

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