1 de julio de 2014

Vikingos. Granjeros y colonizadores

¿Por qué los vikingos tuvieron tanto éxito como comerciantes? Por un lado, su pericia como marineros era indiscutible. El barco, además de ser una herramienta imprescindible para la expansión y el comercio, era un elemento ritual de primer orden que los escandinavos aprendían a dominar y respetar desde bien pequeños. Eran hábiles constructores y desarrollaron técnicas e instrumentos de navegación, entre los cueles destaca una versión primitiva de la brújula solar, que les permitía guiarse en medio del océano.

Por otro lado, fue fundamental el papel de los asentamientos a lo largo de su historia. Ya fuera en las proximidades de la actual Kiev, en Normandía, Irlanda o Groenlandia, los colonos nórdicos echaron raíces lejos de casa para hacer fortuna en un mundo nuevo. Hombres, mujeres, niños y ganado poblaron tierras fértiles y cercanas a la costa donde importaron su modo de vida basado en granjas de animales de pastoreo. En cada zona que colonizaban tenían acceso a recursos y rutas comerciales exclusivas, de las cuales podían aprovecharse otros compatriotas vikingos en sus idas y venidas.


Aunque ciertas materias primas como los huesos de ballena eran muy apreciadas, la base del comercio escandinavo continuaba siendo el oro y la plata, que conseguían los colonizadores nórdicos ya fuera como pago para evitar ataques o mediante saqueos, y los esclavos.

Para hacernos una idea, las sagas vikingas describen el día a día de uno de estos colonos, Svein Asleifarson, asentado en la isla de Gairsay, al norte de Escocia. Según esta fuente esctrita, al inicio de la primavera sembraba y a mediados del verano segaba la cosecha. Entremedio hacía salidas para saquear Irlanda, lo que llamaba "viajes de primavera y otoño". El invierno lo pasaba tranquilo en Gairsay, con ochenta hombres comiendo y bebiendo en su gran salón.


La vida social de los vikingos no podría entenderse sin sus grandes salones. El gobernante de cada clan, que era elegido por su valor, carisma o méritos en el campo de batalla, ofrecía banquetes espectaculares en ocasiones señaladas.

Los salones eran edificios largos con paredes de madera y techos resistentes. Los guerreros se sentaban alrededor de un gran brasero donde hervían ollas con la comida. Los esclavos servían en grandes bandejas frutos secos, pan, queso, pescado y si era un día especial, carne de caballo o de cordero. Todo lo que sobraba se conservaba con sal.

No faltaba la cerveza, que se conseguía a partir de la fermentación de los azúcares de la miel. Esta bebida tenía también connotaciones rituales, ya que según la mitología nórdica Odín se la entregó a los hombres transformado en águila, después de robar el secreto a los enanos.


Fuente:
Víctor Farradellas, "Víkings, un poble entre dos mons". Sàpiens nº142

Para saber más:
La comida y la bebida en la vida del vikingo

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