9 de agosto de 2010

Conversión de los visigodos al catolicismo

La ruina del reino visigodo de Tolosa, tras la victoria de Clodoveo y los francos sobre Alarico II, no significó la extinción del pueblo ni la desaparición de la monarquía. Con el apoyo del rey ostrogodo Teodorico el Grande, que ocupó una posición preponderante en el escenario político occidental durante las primeras décadas del siglo VI, los visigodos hicieron de la Península Ibérica el solar de su nuevo reino, que sobrevivió dos siglos más, hasta la invasión árabe del 711.

La conversión de los visigodos al catolicismo encierra un particular interés, dentro de la historia de la cristianización de Europa, porque constituyó el capítulo más importante del proceso de recepción en la Iglesia de los pueblos germánicos que abrazaron el arrianismo al invadir las antiguas tierras romanas. El interés de la conversión visigoda se debe en primer lugar a la superior entidad de este pueblo, tanto en el orden demográfico como político, cristalizada en la constitución de un gran reino que, mientras existió, puede ser considerado como uno de los dos grandes reinos germánicos de Occidente. Los visigodos habían sido, además, los introductores del arrianismo en el mundo barbárico, por cuya razón su conversión cátólica tenía un alto valor simbólico, que muchos contemporáneos supieron muy bien captar. La conversión de los visigodos tuvo además en sí misma -es decir en cuanto a fenómeno religioso- un contenido teológico que era difícil que se diera cuando otros pueblos germánicos más incultos y "bárbaros" fueron recibidos en la Iglesia.

Conversión de Recaredo

Desde el punto de vista confesional, el tradicional esquema dualista de godos arrianos y mayoritaria población indígena de población católica, se mantuvo en el reino visigodo español en los mismos términos que se dieron antes en las Galias. La convivencia religiosa fue de ordinario pacífica. En el año 531, los padres del concilio II de Toledo concluían su asamblea elevando preces por el monarca reinante, el arriano Amalarico. De su sucesor, Theudis, escribió San Isidoro que "aún siendo hereje, concedió sin embargo paz a la Iglesia", y le permitió organizarse libremente. El mantenimiento del dualismo religioso no fue sin embargo óbice para la "pre-conversión" al catolicismo de un cierto número de godos eminentes. Así se explica que, años antes de la conversión del pueblo, fuesen de estirpe gótica algunos de los más notables personajes católicos del momento, como el metropolitano Másona de Mérida y el abad e historiador Juan de Bíclaro.


Fuente:
La conversión de Europa al cristianismo - Juan de Orlandis


3 comentarios :

  1. Y así fue cómo el legado cristiano romano se instaló definitivamente en nuestra península. Hasta hoy.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Como dice Cayetano, este fue el comienzo de la catolicísima España que pasaría a la historia por la construcción de su imperio teocrático y la defensa de la fe en cualquier lugar del mundo. Un tema muy interesante.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. La conversión de Recaredo y los nobles, según la leyenda, fue una petición de Leovigildo en su lecho de muerte. Pero yo creo que tuvo mucho que ver la guera civil, religiosa, con su hermano Hermenegildo.

    Un saludo

    ResponderEliminar

Gracias por tu comentario.

Creative Commons License
Paseando Por la Historia está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España.