26 de julio de 2010

Galeno y los gladiadores

El más insigne de los médicos romanos fue Claudio Galeno, considerado el padre de la patología moderna. Nacido en el año 130 en Pérgamo, en el litoral de Asia Menor, pasó 24 años de su vida adulta en Roma, donde llegó a desempeñar el cargo de médico de la corte de Marco Aurelio. No tenía hermanos ni hermanas, nunca se casó, no dejó discípulos y no se le conocen amigos íntimos. No tuvo más que un ídolo: Hipócrates. Se habían acumulado ya quinientos años de polvo sobre el Corpus Hippocraticum cuando Galeno lo resucitó, lo adoptó como si Hipócrates fuera su nuevo Mesías (que seguramente lo fue) y escribió tanto acerca de dicha obra que actualmente nos es de gran ayuda. De hecho, sus comentarios sobre los libros hipocráticos suelen ser más extensos que los propios libros.
No obstante, aunque su medicina fue esencialmente hipocrática, Galeno pertenece a la escuela de Alejandría. Pese a sus defectos, su horizonte científico va más allá de Hipócrates al menos en un aspecto: experimentó y diseccionó.

Pérgamo era una ciudad griega donde no había gladiadores, pero cuando los romanos llegaron no supieron vivir sin su diversión favorita. Sin embargo, la primera reacción de los griegos fue de horror y algunas ciudades griegas llegaron a prohibir todos los juegos de gladiadores. Los romanos solventaron en problema mediante una técnica de inmunización: organizaron luchas, pero al principio éstas cesaban en cuanto la sangre hacía su aparición. Gradualmente, el público fue acostumbrándose a ella y terminó esperando que se produjera su derramamiento. Cuando Galeno tenía 28 años, en Pérgamo se organizaban numerosos juegos de gladiadores y hacía falta un cirujano. Esto es lo que Galeno escribió de su empleo:
De regreso a mi tierra natal desde Alejandría, siendo tan sólo un joven de 28 años, tuve la suerte de desarrollar un acertado vendaje para nervios y tendones dañados. Lo enseñé a mis amigos médicos, no sólo de Pérgamo sino también de las ciudades vecinas, de manera que sus experiencias pudieran confirmar mis descubrimientos. Habiendo llegado dicho tratamiento, ahora ya sé cómo, a oídos del pontífice de nuestra ciudad, éste me confió el cuidado de los gladiadores pese a ser joven, pues iba a cumplir mis 29 años.
Puesto que en años anteriores habían muerto muchos [y] ninguno de los tratados por mí murió, el pontífice sucesor me contrató también.
El "acertado vendaje" de Galeno se parece más a una salsa. Pudo tratarse de una mejora de una práctica local, pero lo que es seguro es que no estaba basado en la medicina hipocrática:
Mientras que los anteriores médicos de los gladiadores bañaban la herida en agua caliente y le aplicaban un vendaje de harina de trigo calentada moderadamente en una mezcla de aceite y agua, yo prescindí por completo del agua e hice el vendaje con harina y ajos majados en aceite, y luego eché encima un poco más de aceite. El resultado fue excelente, ya que ninguno de mis casos murió, pese a que anteriormente había habido numerosas muertes.
También empleó vino, el mejor amigo de los griegos heridos:
Como ya he explicado previamente, hay que mantener la herida siempre húmeda, porque si el vendaje se seca, la úlcera se inflama. Esto ocurre especialmente en verano, época en que los pontífices de Pérgamo organizaban los juegos de gladiadores. Curé los casos más graves cubriendo sus heridas con un paño empapado en vino de ajo astringente, manteniéndolo húmedo noche y día a base de colocar una esponja encima.
Mientras que el iatrós griego no se había atrevido a utilizar demasiado ajo por miedo a destruir el pus "puro", el aprendizaje patológico de Galeno lo convenció de que no había ningún pus "bueno" ya que, en realidad, todo era malo. Por tanto, en su práctica médica empleó extensamente el ajo y otros antibióticos similares. Lo utilizó preferentemente en forma de ungüento líquido o de vinagre de vino.


Fuente:
El ajo y sus propiedades curativas: historia, remedios y recetas - John Heinerman


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