18 de mayo de 2010

Descubren en China ruinas de un templo taoísta

Un equipo de arqueólogos chinos ha descubierto las ruinas de un templo taoísta en la provincia oriental china de Jiangxi. Según los primeros cálculos, el templo tendría una historia de más de 800 años. Prácticamente colgadas de la cima del monte Xiangshan, en el distrito de Chongren, a una altura de 1.219 metros, las ruinas cubren un área de 5.538 metros cuadrados, dijo Yang Yuexiong, de la oficina distrital de la Administración del Patrimonio Cultural. Basándose en los vestigios descubiertos en el lugar y en documentos históricos, los arqueólogos calculan que la estructura fue construida antes de la dinastía Yuan (1206-1370), sostuvo Yang. Los expertos han calificado el complejo de edificaciones como "misterioso", pues las rocas con las que fue construido tienen formas irregulares y carecen de adobe, cal o cualquier otro material adhesivo entre ellas, añadió el funcionario. Adicionalmente, en diferentes rincones es posible apreciar enormes rocas que podrían pesar más de 500 kilogramos cada una, lo que ha llevado a los especialistas a preguntarse cómo lograron los obreros de entonces llevarlas hasta la cumbre de la montaña sin la ayuda de máquinaria moderna. "Estamos investigando para encontrar la respuesta a estos y otros interrogantes", dijo Yang. Fuente:

17 de mayo de 2010

La moneda andalusí

Dentro de todas las manifestaciones artísticas, culturales y económicas que el Islam desarrolló en al-Andalus, la moneda es una de las más importantes, no sólo por su valor como herramienta económica, sino por la abundante información de todo tipo que nos proporciona. Las leyendas indican el lugar de acuñación de las monedas, la fecha exacta y los nombres de los califas, primeros ministros, funcionarios de cierta importancia, etc. La transición al modelo monetario islámico en al-Andalus está estrechamente ligada a la dinastía omeya de Damasco, bajo la cual se inicia el proceso de conquista de la Península Ibérica. Una de las principales características de la moneda islámica es su radical diferencia con respecto a lo que existía en la Península Ibérica, rechazando cualquier adopción de los modelos locales en favor de los diseños y conceptos de una tradición numismática derivada de la bizantina, presente en el norte de África. En cuanto a los metales utilizados se vuelve al oro (dinar), plata (dirham) y cobre (fals). Esto hace patente la vinculación con los modelos monetarios bizantinos, al tiempo que muestra una profunda diferencia con el sistema monetario de época visigoda vigente en Hispania.

Dinar

La unidad real y constante es el dirham, sobre el que se articula toda la relación entre el Estado y su población. El oro, bajo la forma del dinar, se utilizará siempre como una medida de cuenta, canónica y obligada, con una emisión y una circulación menor, algo que es lógico en una sociedad religiosa como la andalusí. Sin embargo, en tiempos del Califato (s. X) y las Taifas (s. XI), el dinar se acuña con frecuencia como un complemento del sistema monetario, al tiempo que cumple sobre todo en la época del Califato con un papel que se corresponde con la dignidad e importancia de la nueva situación política creada.

Dirham

Por su parte el fals tiende a cumplir una misión complementaria dentro de la estructura del sistema monetario. Sin duda es el elemento que más problemas plantea para su estudio, ya que por su escaso o nulo valor intrínseco aparece de forma muy escasa en los hallazgos, o ha sido preservado en colecciones de forma parcial.

Fals
Fuente:
  • El Zoco: vida económica y artes tradicionales en al-Andalus y Marruecos - Francisco Vidal Castro

16 de mayo de 2010

El número de Dios (José Luis Corral)

En la Edad Media, el siglo XIII fue el siglo de la mujer y de las catedrales, una época de culto a la poesía, al amor y a la inteligencia que encuentra una de sus expresiones más acabadas en el arte gótico, que permite el maridaje entre la belleza artística y el homenaje a la deidad cristiana. Sun embargo, es también una época de persecuciones religiosas que obligan a la clandestinidad y al silencio a personajes como la protagonista de El número de Dios, Teresa Rendol. Hija de un maestro pintor y pintora ella misma desde muy joven, su azarosa historia la lleva a ser protagonista de la construcción de las catedrales de Burgos y León, y a entrar en contacto con uno de los secretos mejor guardados, transmitidos de generación en generación entre el gremio de arquitectos, el número de Dios, el secreto sobre el que se sustentan las catedrales del nuevo estilo importado de Francia. En su regreso al Medievo, José Luis Corral nos ofrece un detallado paisaje histórico de un momento clave en la evolución artística e ideológica de Europa, al tiempo que nos sumerge en un misterio de primera magnitud.

15 de mayo de 2010

El movimiento obrero: de artesanos a proletarios

Desde mediados del siglo XVIII fueron cambiando, sobre todo en Inglaterra, las condiciones de trabajo. Al implantarse la libertad de producción, que permitió la creación de nuevas manufacturas al margen de toda reglamentación gremial, los antiguos artesanos perdieron todos sus privilegios. Los proletarios fijaban las condiciones de la producción y de contratación laboral. Los trabajadores de las nuevas manufacturas eran campesinos que habían emigrado a la ciudad para conseguir trabajo, y también población urbana, en especial artesanos arruinados porque no podían competir con la introducción de las nuevas máquinas. Se transformaron en proletarios que, carentes de toda propiedad salvo su prole, necesitaban trabajo y eran contratados por el propietario del taller o la fábrica para cumplir la jornada laboral a cambio de un salario. El trabajo asalariado fue configurando una nueva clase obrera que se consolidaría sobre todo a partir de 1820, al iniciarse la era de la fábrica. Las fábricas, locales mayores que los talleres y con máquinas más potentes movidas por la energía del vapor o la hidráulica, afianzaron un nuevo orden laboral: jornadas de hasta 15 horas, un ritmo de trabajo constante y sin descanso también aplicado a mujeres y niños, una dura disciplina y unos salarios bajísimos. Además, en un primer momento, el proceso de mecanización condujo al paro a amplios sectores de trabajadores manuales, como los tejedores ingleses. De las 800.000 personas que en el año 1800 trabajaban en los telares manuales de Inglaterra, en el año 1834 sólo quedaban 200.000. El desempleo, los bajos salarios, las jornadas agotadoras y la dura disciplina laboral generaron una creciente conflictividad. Los trabajadores se hicieron muy pronto conscientes de la explotación a la que eran sometidos.

Los primeros conflictos y el ludismo En un primer momento, los cambios en el mundo del trabajo provocaron conflictos aislados e incluso motines. Empezaron a surgir asociaciones de trabajadores formadas sobre todo por oficiales artesanos en vías de proletarización. Primero se organizaron los trabajadores de un mismo oficio y a nivel local; posteriormente se fueron uniendo localidades diversas y distintos oficios. Ante la formación de sociedades obreras y las acciones colectivas, la intervención gubernamental adquirió un carácter represivo. Las asociaciones obreras acabaron siendo prohibidas tanto en Francia como en Inglaterra. En paralelo se desarrollaban movimientos radicales, herederos de la Revolución Francesa, que propugnaban reformas democráticas y reclamaban derechos y libertades. En las ciudades inglesas se impulsaron movilizaciones, marchas y concentraciones en las que participaron los trabajadores, en favor de la reforma política y la abolición de las leyes antiasociativas. En este contexto, cerca de Nottingham, el ejército reprimió en 1811 con violencia una manifestación de trabajadores que se quejaban de la anchura de los nuevos telares para la fabricación de medias, que les obligaba a trabajar más por el mismo salario. Por la noche, y como protesta, fueron incendiados más de 60 telares. La destrucción se asoció a un dirigente, el capitán Ned Ludd, que pronto adquirió una dimensión mítica. Su nombre fue utilizado para firmar las cartas de amenaza a los propietarios de máquinas. Los luditas consideraban que las máquinas agredían los intereses de los trabajadores porque provocaban el paro y la disminución de los salarios. Con sus acciones, los luditas pretendían forzar a los patronos a negociar las condiciones de trabajo. El ludismo se extendió a las regiones industrializadas de Inglaterra y en el continente europeo, desde la Bretaña hasta Alcoy (1820) y Barcelona (1835). Fue objeto de persecución gubernamental (en 1813 fueron ejecutados 18 luditas) y entró en declive a partir de 1817, si bien en la década de 1830 se reactivó en el campo inglés con ataques a las máquinas trilladoras.

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