25 de noviembre de 2014

La mujer que revolucionó las bodegas

Corría el año 1805 cuando Barbe-Nicole Ponsardin Clicquot heredó el negocio de vinos espumosos de su marido a la edad de 27 años y lo convirtió en un imperio mundial. A partir de ese momento fue conocida en todo el planeta como “la gran dama del champán”.

Barbe-Nicole nació en Reims, en la Champaña, el 1777. En aquella época la economía de la región se centraba en el textil y la elaboración de champán era una actividad poco habitual. Su padre era un rico comerciante textil que aspiraba a convertirse en aristócrata, pero el estallido de la Revolución Francesa truncó sus planes, aunque no frenó su avaricia, por lo que entró en tratos con un poderoso industrial textil, Philippe Clicquot, para casar a su hija con su heredero, el cual estaba interesado en llevar el negocio complementario de vinos de su padre.

Barbe-Nicole había sido educada para ser la perfecta esposa burguesa, pero gracias a su carácter y ambición su marido le permitió participar en su proyecto de producir sus propios vinos y champanes y distribuirlos en Europa como productos de lujo.

Barbe-Nicole poseía un carácter práctico y resolutivo. Su marido François, en cambio, era soñador y sensible. Cuando la guerra con Gran Bretaña paralizó el comercio en 1803 él se vino abajo. Murió dos años después, oficialmente de fiebres tifoideas, pero existen rumores de que se trató de un suicidio por problemas económicos.

A la muerte de Françoise, su padre, Philippe Clicquot quiso cerrar la bodega de su hijo, pero cambió de opinión ante la disposición de su nuera de arriesgar toda su herencia para recuperarla. Sólo puso una condición: Barbe-Nicole debía someterse a un aprendizaje de cuatro años con el reputado enólogo Alexandre Fourneaux.

La viuda Clicquot se asoció entonces con Fourneaux para sacar adelante la bodega, pero el bloqueo naval impuesto por las guerras napoleónicas impidió reflotar la empresa. Su suegro invirtió de nuevo grandes sumas para evitar el cierre.

En 1813 la viuda almacenaba en su bodega un vino excepcional de la cosecha de 1811. La empresa estaba de nuevo a punto de quebrar debido a las barreras que existían para la exportación a causa de las guerras. En Rusia, el zar Alejandro I había vetado la entrada del champán francés. Barbe-Nicole pensó que, una vez levantada la prohibición, el primero en llegar se llevaría el mercado, por lo que burlando la vigilancia militar envió un cargamento a Königsberg y esperó hasta poder dar el salto a San Petersburgo. Cuando finalizó la guerra y sus competidores reanudaron sus negocios, los rusos ya se habían enamorado de su champán.

Barbe-Nicole puso en marcha dos innovaciones que la consagraron definitivamente como la gran dama del champán. En 1816 inventó un sistema para mejorar la calidad del vino espumoso. Consistía en colocar las botellas de forma invertida en los orificios de un pupitre inclinado y en girarlas cada día un octavo de vuelta. El depósito se eliminaba simplemente cambiando el corcho. Esta técnica, aún vigente, convierte al champán en una bebida cristalina.

Utilizó botellas fabricadas en serie. De esta forma pudo aumentar su oferta y ofrecer el champán, hasta entonces reservado a la corte, a las clases medias. Para diferenciarse aún más de sus competidores, fue la primera en identificar sus botellas con una etiqueta, algo inédito hasta entonces.

Madame Clicquot no pasó el relevo a su hija Clémentine, a la que siempre excluyó de los negocios de la familia. Murió en 1866 y son los herederos de sus socios quienes siguen gestionando el negocio que lleva su nombre.


Fuente:
Eva Melús. “La gran dama del champán”. Historia y Vida nº 561.

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