16 de enero de 2010

Egipto: el origen

Hace 4.500 años el norte de Europa emergía lentamente de la Edad de Piedra. En el Mediterráneo Grecia y Roma aún no habían empezado a echar raíces. Mesopotamia todavía estaba muy lejos de la llegada del gran imperio asirio. Pero en el sur, en la zona nororiental de África, tomaba cuerpo algo sin paralelo en la Antigüedad: a orillas del Nilo, en Egipto, surgieron tres pirámides colosales. Tres monumentos levantados por la civilización más duradera que ha existido en el mundo. Cuando el historiador griego Heródoto visitó Egipto cuatro siglos y medio antes de nuestra era quedó impresionado. Las maravillas eran mayores que en cualquier otro país, observó. Había pirámides más altas que cualquier construcción levantada en el mundo. Avenidas de esfinges, mitad humanas mitad animales, y altos pilares de piedra llamados obeliscos. Había estatuas gigantes de faraones fallecidos mucho tiempo atrás y momias exóticas cubiertas de oro. Y por doquier, los símbolos enigmáticos de su escritura sagrada. Allí había una civilización que había florecido durante más de 3.000 años. Para los antiguos, Egipto ya era antiguo. Cleopatra, que reinó en el siglo I a.C., está cronológicamente más cerca de nosotros que de los faraones que levantaron las pirámides. Egipto es tan antiguo, que durante siglos sus orígenes permanecieron envueltos en el misterio. Incluso los propios egipcios no tenían una idea precisa de su antigüedad ni de su origen. Heródoto dijo que Egipto era un don del Nilo, pero los egipcios sabían desde el principio que la vida en el Nilo podía ser muy precaria. Rodeados por una extensión infinita de desierto, vulnerables ante un río impredecible y un clima que podía cambiar súbitamente, la civilización egipcia se forjó en parte como respuesta a un entorno natural muy duro.

Los egipcios lo llamaban "Caos". Acechando en la oscuridad había fuerzas poderosas que esperaban ser liberadas. La catástrofe podía llegar en cualquier momento, y por ello los egipcios se aferraban a una creencia profunda. El "Orden", opuesto al Caos, era la voluntad de los dioses. Para mantener el Orden y dominar el Caos, los egipcios imaginaron un rey que era un dios vivo: la manifestación terrestre de Horus, el halcón, el gobernante de los cielos. Enfrentado a él estaba el dios del desgobierno, Set, el precursor del Caos. El eterno conflicto entre el Orden y el Caos guiaría finalmente el destino de la civilización egipcia. Pero la verdadera historia de lo que ocurrió se desvaneció con el paso del tiempo. En el crepúsculo de la grandeza de Egipto, hacia el año 300 a.C., un sacerdote llamado Manetón inició la titánica tarea de compilar la primera historia completa de Egipto. Pudo haber sido un reto desalentador, pero en las bibliotecas de los templos y en los muros de los lugares más sagrados ya se habían escrito algunos volúmenes. Unos 1.000 años antes del nacimiento de Manetón, el faraón Sethos I construyó un templo dedicado a Osiris, el dios de los muertos. En una extraordinaria "sala de los antepasados", su hijo el futuro Ramsés II aparece leyendo un papiro. El documento, grabado en el muro con escritura geroglífica, contiene una lista de 76 nombres reales en orden cronológico. Cada nombre está rodeado por un estilizado anillo de cuerda. Este símbolo, llamado por los egiptólogos "cartucho", identifica a un faraón. Utilizando documentos como éste, Manetón dividió su historia en 30 dinastías reales. El rey Menes fundó la primera dinastía egipcia hacia el año 3100 a.C. Según Manetón reinó 62 años, durante los cuales expandió las fronteras de Egipto y adquirió una notable fama, antes de ser arrollado por un hipopótamo. Antes del reinado de Menes, Egipto había sido gobernado por unos semidioses llamados "Espíritus de los Muertos", pero sus nombres se habían perdido en el olvido hacía mucho tiempo. ¿Eran los Espíritus de los Muertos historia o mitología? ¿Dónde empezó en realidad la civilización egipcia? Irónicamente, no comenzó en las orillas del Nilo. A más de 100 km. al oeste del río, en el desierto del Sáhara, el calor es tan sofocante y la sequedad tan pronunciada que la lluvia se evapora antes de llegar al suelo. En ese paisaje tan desolado vivió una tribu de nómadas que podían haber sido los antepasados de los faraones. El Sáhara no ha sido siempre seco y árido. Pruebas hechas por los investigadores revelan que hacia el año 8000 a.C., el monzón africano se desplazó hacia el norte dando lugar a la caída de lluvias torrenciales en el desierto, y a la formación de lagos estacionales. Alrededor de estos lagos, la gente podía protegerse del calor y de las variaciones climáticas del desierto. Pero la lluvia era impredecible, y sin ella el lago se secaba. Tres días sin lluvia señalaban el paso de la vida a la muerte. Para esos habitantes del desierto, el tiempo llegaba a su fin. Hacia el año 5000 a.C., el monzón volvió a cambiar de ruta dirigiéndose ahora hacia el sur. La lluvia cesó y los oasis se secaron para siempre. Obligados a abandonar el desierto, sus habitantes tomaron el camino del este, hacia el Nilo. Desde su nacimiento en las profundidades del este africano, el Nilo fluye hacia el norte durante unos 6.000 km. antes de llegar a Egipto, donde forma un oasis que se extiende a lo largo de unos 900 km. En los últimos 150 km. se despliega en un amplio delta antes de desembocar en el Mediterráneo. Para la historia egipcia el Nilo fue a la vez una bendición y una maldición. Una vez al año, cargado con las lluvias monzónicas en Etiopía, el río inundaba sus riberas depositando una tierra muy fértil que los egipcios llamaban "tierra negra". Sin el río Egipto sería estéril. Con él, es una de las regiones más fértiles de la tierra. Pero en el pasado el río era tan impredecible como la lluvia en el desierto. Una crecida demasiado alta podía arrasar aldeas; en cambio, si era demasiado baja ocasionaba hambre. Para escapar del caos de la incertidumbre, los egipcios idearon el primer calendario del mundo basado en tres estaciones de cuatro meses cada una. La estación de la crecida se llamaba "inundación". En invierno, cuando el agua se retiraba se procedía a cultivar la tierra emergente. Durante la estación seca, cuando el Nilo estaba en su nivel más bajo se realizaba la cosecha. Trabajando unidos los egipcios abrieron pozos, levantaron diques para proteger sus aldeas y desarrollaron los rudimentos de la geometría, para volver a establecer después de cada inundación las lindes de sus propiedades. En el año 4000 a.C., cuando los habitantes del desierto ya se habían instalado en el valle del Nilo empezaron a aparecer los primeros indicios de la civilización egipcia: alfarería bellamente decorada, paletas en forma de animales para mezclar cosméticos, y cuchillos de pedernal tan bien acabados que nunca han sido igualados, algunos con mangos de marfil bellamente tallados. Gradualmente, entre los años 4000 y 3000 a.C. emergieron dos poderosos reinos. Al discurrir el río de sur a norte, el reino que floreció en el delta del Nilo recibe el nombre de "Bajo Egipto". El reino del "Alto Egipto" se desarrolló en el valle del Nilo. Los símbolos de las dos tierras se entrelazan a través de la historia egipcia. Significan la unión de dos territorios para formar la gran civilización del mundo. Lo que ha desconcertado largo tiempo a los arqueólogos, es cuándo y cómo tuvo lugar esta unificación. Según las investigaciones, alrededor del año 3200 a.C. la superior cultura del Alto Egipto llegó hasta el Bajo Egipto y los dos reinos se convirtieron en uno sólo, pero ¿fue una transformación pacífica o fue sangrienta? Cómo se llegó a ello es una pregunta de difícil respuesta para los arqueólogos. En los 3.000 años que siguieron a la unificación, la imagen del rey ciñendo una doble corona aparecerá en estatuas y templos a lo largo y ancho de Egipto para indicar su dominio sobre todo el territorio. Los restos arqueológicos hallados parecen confirmar que la unificación se llevó a cabo después de una conquista sangrienta. Fue la particular visión del cosmos de los egipcios, moldeada por su entorno, la que sostuvo la civilización más duradera del mundo. En el centro de todo ello estaba el faraón. Con las artes forjadas por sus antepasados en el desierto y perfeccionadas a lo largo de las orillas del siempre cambiante Nilo, mantenía la balanza del Universo con justicia y devoción. Luchaba contra los continuos y virulentos ataques de la naturaleza, las agitaciones sociales e incluso contra lo sobrenatural. Pero al final había una última batalla contra el Caos de la que nadie podía escapar; aunque el faraón era un dios, también era un hombre: debía morir. Pero para evitar la calamidad, mandó acarrear piedras hasta el límite del desierto. Lentamente surgió una nueva clase de monumento que debía simbolizar el triunfo final del rey. Había empezado la era de las pirámides.

6 comentarios:

joselop44 dijo...

UNa gran entrada. Me parece interesantísimo todo lo relacionado con la cultura del antiguo Egipto.
Un abrazo

dany dijo...

Muy trabajado e interesante el post. Una muy buena lectura.
Un saludo

La Dame Masquée dijo...

Es curioso pensar que el sahara no fue siempre seco y arido. Claro, con civilizaciones tan antiguas, que se remontan a hace tantos milenios, nada hay asegurado, y el margen para los cambios es enorme. Intentamos imaginar cómo era entonces, pero tendemos a verlo con los paisajes actuales, y creo que nunca llegaremos a atisbar realmente el verdadero Egipto antiguo.

Feliz domingo

Bisous

Pilar Moreno Wallace dijo...

De lo más interesante muy bien presentado. Es un tema que me gusta mucho.

soni dijo...

Si os ha gustado lo que ha escrito Kassiopea os recomiendo que os compréis o que os presten el DVD "Los orígenes de Egipto", así le pondréis voz al escrito... Es exacto palabra por palabra!

Kassiopea. dijo...

El contenido de este post me lo enviaron por e-mail, por eso no pone la fuente. De dónde lo sacó la persona que me lo envió no lo sé.

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