14 de mayo de 2010

El Partenón

Aproximadamente en el mismo lugar donde fue construido el Partenón, anteriormente los atenienses comenzaron a levantar un edificio que fue quemado por los persas cuando todavía estaba en construcción, en el año 480 a.C. Probablemente iba a estar dedicado a Atenea, y después de su destrucción parte de sus ruinas fueron utilizadas en la construcción de las fortificaciones del extremo norte de la Acrópolis. El Partenón fue construido entre los años 447 y 432 a.C. y era el centro del complejo de edificios que formaban la Acrópolis. Los arquitectos fueron Ictinio y Calícrates, y estaba dedicado a la diosa Palas Atenea Partenos. La función principal del templo era ser el refugio de la estatua monumental de Atenea esculpida por Fidias en oro y marfil. El templo se consagró a la diosa en el año 438 a.C., aunque el trabajo en las esculturas de su frontón continuó hasta el 432. La construcción del Partenón costó al tesoro ateniense 469 talentos de plata. Si bien es casi imposible calcular el equivalente moderno a esa cantidad de dinero, es interesante saber que un talento era el costo de la construcción de un trirreme, el buque de guerra más avanzado de la época. El Partenón es un templo de orden dórico con 8 columnas en la fachada y 17 columnas en los flancos, que se ajusta a la proporción establecida de 9:4. Esta relación rige la horizontal y vertical de las proporciones del templo, así como muchas otras relaciones del edificio como el espaciamiento entre las columnas y su altura. La cella o nave principal era inusualmente grande, para acomodar la estatua de gran tamaño de Atenea, dejando para la parte delantera y el porche trasero un espacio mucho más pequeño que de costumbre. Detrás estaba la cámara que custodiaba el tesoro de Atenea, y cuyo techo se sostenía sobre 4 columnas jónicas. Aunque la integración de dórico y jónico en un mismo templo no era algo nuevo en la arquitectura griega, era raro, y le otorgó al Partenón un delicado equilibrio desde el punto de vista visual. Todos los templos en Grecia estaban diseñados para ser vistos sólo desde el exterior. Los espectadores nunca entraban y sólo podían vislumbrar el interior a través de las puertas abiertas. El Partenón fue concebido de manera que los elementos estéticos permitieran una transición suave entre el exterior y el interior. Parece ser que los arquitectos concibieron el Partenón como un evento teatral. Las esculturas monumentales del frontón y el friso coreografiaban las emociones de los visitantes, a fin de prepararlos para la visión final de la majestuosa Atenea Partenos en el interior de la nave y evitar que esta visión les inspirase temor. El Partenón es un templo grande, pero de ninguna manera es el más grande de Grecia. Su estética emana del perfeccionamiento de muchas de las normas establecidas en la arquitectura griega, y de la calidad de su decoración escultórica. El Partenón encarna todos los ideales del pensamiento griego durante el apogeo de la época clásica. El Partenón no presenta ningún avance en la ingeniería de la construcción. Sin embargo, sus convenciones estilísticas se han convertido en el paradigma de la arquitectura clásica, y su estilo ha influido en la arquitectura durante muchos siglos después de su construcción. Fuente:

13 de mayo de 2010

La invención de la escritura

La escritura surgió en muchas culturas diferentes y en numerosos lugares de todo el mundo antiguo. No fue la creación de un sólo pueblo. Sin embargo, se atribuye a los sumerios de la antigua Mesopotamia la invención de la primera forma de escritura hacia el año 3500 a.C. Las tablillas de arcilla de la imagen están datadas hacia el 3200 a.C. y fueron descubiertas en Tell Asmar (Irak).

Los escritos de estas tablillas son imágenes sencillas o pictogramas que representan un objeto o una idea. Debido a que la arcilla es un material sobre el que es difícil dibujar líneas y curvas, los mesopotámicos eventualmente redujeron los pictogramas a una serie de signos en forma de cuña que grababan en la arcilla con un estilete de caña. Esta forma de escritura es la llamada cuneiforme. La invención de la escritura fue el amanecer de la revolución de la información. Este gran avance tecnológico permitió trasladar noticias e ideas a lugares lejanos, sin tener que depender de la memoria de un mensajero. Al igual que todos los inventos, la escritura surgió para cubrir una necesidad. En Mesopotamia permitió mantener registros de las transacciones comerciales o dejar constancia de procedimientos administrativos. También hay textos que sirvieron de "cartillas" para la educación de los escribas en el futuro. Asimismo, la escritura cuneiforme se utilizó para producir algunas de las más grandes obras literarias de la historia.
Fuente:
  • The Oriental Institute of the University of Chicago

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12 de mayo de 2010

La romanización de Hispania

La conquista romana de la Penísnsula Ibérica se inició principalmente a causa de las acciones de Cartago. Al final de la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), Roma derrotó a Cartago y se hizo con Sicilia, Cerdeña y Córcega. Esto privó a Cartago de su fuente principal de riqueza y mano de obra, por lo que los cartagineses centraron su atención en España. Cartago fundó la ciudad de Cartago Nova (Cartagena) en la costa sureste de la Península Ibérica (228-227 a.C.). Esta costa era rica en plata y los cartagineses deseaban explotarla. Pronto la influencia cartaginesa se extendió a lo largo de toda la costa oriental y comenzó a alarmar a la Massalia (Marsella), con la que Roma había firmado un tratado. En el año 226 a.C., Roma firmó otro tratado con Cartago limitando la expansión cartaginesa al sur del río Ebro, mientras que Roma podía ocupar los territorios al norte. Los romanos, sin embargo, firmaron una alianza con el pueblo de Saguntum (Sagunto), situada unos 100 kilómetros al sur del río Ebro. En el 219 a.C., Aníbal, el líder cartaginés, atacó y puso sitio a Sagunto. En el 218 el Senado romano acudió en ayuda de sus aliados. Se declaró a Hispania provincia romana y enviaron a Cneo Cornelio Escipión con dos legiones para bloquear a las fuerzas cartaginesas, que se dirigían a Italia. Cneo desembarcó en la colonia griega de Emporion (Empúries) y estableció allí su base. Desafortunadamente para Escipión, Aníbal se le adelantó y cruzó los Pirineos para invadir Italia. Con Aníbal fuera de su alcance, Cneo Cornelio centró sus esfuerzos en bloquear los refuerzos que pudieran llegar a Cartago Nova. Avanzó hasta Tarraco (Tarragona) y estableció allí una fortaleza. En el 217 a.C. derrotó a una flota cartaginesa en la desembocadura del Ebro. En el 215 llegó su hermano Publio Escipión con refuerzos, y un año más tarde avanzaban y conquistaban Sagunto. En el año 213 a.C., sin embargo, ocurrió un desastre; Asdrúbal, hermano de Aníbal, con un ejército de 40.000 hombres y con el apoyo de mercenarios ibéricos derrotó a los romanos en Cástulo y mató a los dos hermanos Escipión. Otro Escipión, Publio Cornelio, fue enviado para reemplazar a su padre y su tío. En el 209 a.C. logró capturar la ciudad de Cartago Nova, base principal de Cartago en Hispania. Después de esta victoria, Escipión luchó durante tres años más hasta que sometió al resto de los cartagineses de España. En el 206 regresó a Roma y después se trasladó a África para continuar la guerra contra Cartago. Allí derrotó a Aníbal en el 202 a.C. en la batalla de Zama, y se ganó el nombre de "Escipión el Africano".

Publio Cornelio Escipión
El control de Roma sobre Hispania era indiscutible. Después de la guerra, Roma dividió el territorio en dos provincias: la Hispania Citerior (cerca) y la Hispania Ulterior (lejos). Ambas provincias eran ricas en plata y otros metales preciosos, y los gobernadores romanos no dudaron en expoliar la riqueza adicional de los habitantes locales. Durante la Segunda Guerra Púnica las tribus nativas de la península empezaron a cambiar de bando, y con el tiempo se volvieron totalmente en contra de Roma y tuvieron lugar varias revueltas. Los primeros en rebelarse fueron los Ilergetes en el año 206 a.C.. Escipión sofocó este levantamiento pero se rebelaron de nuevo al año siguiente. Los sucesores de Escipión fueron capaces de someter a las tribus, pero en el 197 a.C. los Turdetanos del sureste se rebelaron, y los del norte y del centro-este decidieron hacer lo mismo. Marcio Porcio Catón se convirtió en cónsul en el año 195 a.C. y recibió el mando de toda la península. Sofocó las rebeliones y regresó a Roma un año después dejando a dos pretores a cargo de las dos provincias. Durante los siguientes 175 años, España fue un campo de batalla constante, escenario de guerras civiles entre los romanos. Los lusitanos y celtíberos que vivían en la costa oeste de la península comenzaron a incursionar en la Hispania romana en el año 160 a.C., y resistieron los intentos romanos de someterlos hasta el 133. Se rebelaron de nuevo en el año 61 a.C., rebelión que fue sofocada por Julio César. La conquista final de Hispania fue llevada a cabo por Augusto (39-19 a.C.). Finalmente el territorio quedó dividido en tres provincias: Bética, Lusitania y Tarraconensis.
La Hispania romanizada llegó a ser uno de los territorios más importantes del Imperio Romano. Los emperadores Trajano y Adriano nacieron allí, y a la mayoría del pueblo hispano se le concedió la categoría de ciudadano. A pesar de ello, la Legio VII Gemina quedó ubicada de forma permanente en la Tarraconensis con el fin de proteger las minas de oro y hierro. Hispania, junto con el norte de África sirvió de granero para el Imperio Romano y de sus puertos salía oro, lana, aceite de oliva y vino. Hispania dejó de pertenecer al Imperio Romano a causa de las migraciones germánicas de los siglos IV y V d.C. Alanos, suevos, vándalos y visigodos llegaron desde la Galia, eliminando de forma eficaz el control romano sobre Hispania alrededor del año 409 d.C.
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