27 de diciembre de 2019

Aparece una mezquita de Abderramán III en un cortijo de Málaga

A 13 kilómetros en línea recta de Bobastro (Málaga), donde Omar ben Hafsun y sus hijos se levantaron contra el emirato de Córdoba en una rebelión que duró desde el año 880 hasta el 929, Abderramán III planeó levantar una ciudad, al-Madina, como símbolo del poder oficial frente a los sublevados y empezó por la mezquita. Esta es la razón, en opinión del doctor en Historia Medieval Virgilio Martínez Enamorado, de la existencia de una mezquita de piedra labrada, porte monumental y capacidad para unas 700 personas, en medio de la vega de Antequera, en un paraje rural alejado de cualquier asentamiento.


“Pero el emir derrotó a los disidentes antes de lo esperado y, probablemente, decidió abandonar su proyecto porque ya no necesitaba demostrar su poder frente al enemigo y prefirió retomarlo más cerca de Córdoba. Fue así como nació Medina Azahara, que comenzó a construirse en el 936”, explica el medievalista y profesor de la Universidad de Málaga en el interior del cortijo Las Mezquitas, ante el muro de la quibla, en el que aún puede verse el mihrab orientado hacia La Meca.

Hasta 2006, nadie conocía la existencia de la mezquita, que conserva sus muros de hasta seis metros de altura reforzados con contrafuertes y cuenta con un patio. El conjunto, de 30x30 metros, se construyó según el sistema de medidas antropométricas de la dinastía Omeya, el codo mamuni, que equivale a 47,14 centímetros. Lo único que delataba su pasado era el topónimo del cortijo: Las Mezquitas. Fue entonces, cuando el historiador Carlos Gozalbes descubrió los arcos del templo embutidos en los muros del cortijo, el centro de una finca propiedad de José María Alcalde en la que se crían trigo y olivos y que está ubicada en el término municipal de Antequera, lindando con Campillos y Sierra de Yeguas y muy cerca de la laguna salada de Fuente de Piedra. Dos años más tarde, en 2008, el inmueble fue declarado bien de interés cultural (BIC) por la Junta de Andalucía. La mezquita, aunque ha sido objeto de varios estudios, permanece embutida en el cortijo y, de momento, no se ha realizado una prospección arqueológica en el bien ni está prevista su puesta en valor.

“Al principio se dijo que se trataba de una mezquita rural, pero esa teoría está totalmente descartada, tanto por el estudio arquitectónico que han realizado Pedro Gurriarán y la arqueóloga del CSIC María de los Ángeles Utrero, como por las fuentes de cronistas árabes que he consultado y publicado en mi libro La mezquita de Lamaya [Editorial La Serranía, 2018]”, apunta el arqueólogo y arabista, quien ha estudiado textos de la época en busca de referencias al edificio y las ha encontrado en la obra de Ibn Hayyan (Córdoba, 987-1075), el gran cronista de Abderramán III, quien tras doblegar a los rebeldes de Omar ben Hafsun se autoproclamó califa.

"[Abderramán III] Se volvió contra la ciudad extraviada de Bobastro, acampando de nuevo cerca de ella por la parte de Lamaya y, viendo que los contrabaluartes eran la cosa más dañina contra los prevaricadores, ordenó fortificar allí una vieja peña llamada al-Madina (...) en una posición desde la que dominaba todos los caminos de la ciudad del maldito (...). En aquel lugar estuvo siete días hasta completar aquello, sin dejar a los prevaricadores respiro ni recurso, hostigando al maldito Hafs y a los suyos de Bobastro", escribió Ibn Hayyan, como recoge Martínez Enamorado en su libro y justifica así una de sus teorías: que la ciudad se comenzó a construir por la mezquita, como elemento fundacional, y que las gentes del emir vivían en un campamento militar, que se desmontó tras la derrota del rebelde.

La situación de la mezquita entre tres términos municipales no es producto del azar, como señala Virgilio Martínez. "El templo se emplazó entre tres demarcaciones provinciales de al-Ándalus en el siglo X, las coras o provincias de Estepa, a cuya jurisdicción perteneció sierra de Yeguas hasta época moderna; la de Campillos, integrada en Teba, que en época andalusí formaba parte de la provincia bereber de la serranía de Ronda de nombre Takurunna, y Antequera, de Rayya, demarcación que tuvo a Archidona y Málaga como capitales. Los antiguos límites quedaron fosilizados en los actuales y eso explica tan insólita ubicación".

“La mezquita se ha conservado muy bien gracias a que ha estado protegida por el cortijo, que se levantó en el siglo XVI y ha seguido usándose hasta finales del siglo XX. Si se elimina la arquitectura parasitaria, el edificio aparecerá en todo su esplendor. De momento, la estructura está a salvo porque el propietario colocó una cubierta de uralita después de que la gran tormenta que cayó en esta zona en octubre de 2018 acabara con el techo”, afirma Martínez Enamorado, autor de una treintena de libros sobre arqueología y epigrafía de al-Ándalus.

“La mezquita es un modelo reducido de la gran mezquita de Córdoba de Abderramán I [del año 786 y más pequeña que la actual], una cuarta parte de aquella, aunque con algunos cambios respecto al modelo como por ejemplo, las arquerías interiores que son paralelas al muro de la quibla y no perpendiculares como en el caso de la mezquita cordobesa”, explica Pedro Gurriarán, especialista en arquitectura andalusí que estudió el edificio en 2015 junto a Utrero y han publicado el resultado en la revista anual Mainake de la Diputación de Málaga, en el número 37 del pasado noviembre.

“Este es uno de los grandes descubrimientos de arquitectura altomedieval islámica en nuestro país en las últimas décadas. Hemos podido constatar que se construyó en dos fases. En la primera, a finales del siglo IX, utilizaron piezas romanas de acarreo, que abundan en la zona de asentamientos anteriores, y otras nuevas ensambladas con mortero; mientras que en la segunda fase, de principios del X, la destreza con la que están cortados los sillares revela la presencia de especialistas que entonces solo trabajaban en talleres de cantería cordobeses”, abunda Gurriarán para avalar su tesis de que se trata de una obra de Estado que los Omeya proyectaron como propaganda política frente a sus enemigos.


Fuente:
* https://elpais.com/cultura/2019/12/18/actualidad/1576698493_798053.html


24 de marzo de 2019

Foto histórica: Y llegó el caos


El 3 de septiembre de 1967 en Suecia se cambió el sentido de la circulación, pasando de conducir por la izquierda a hacerlo por la derecha. El caos circulatorio que se originó al principio fue importante.


3 de marzo de 2019

Así se vivía a bordo de un submarino alemán en la II Guerra Mundial


La propaganda nazi ensalzó al U-Boot (abreviatura de Unterseeboot, "submarino") como ejemplo de arma invencible, los tripulantes de los submarinos alemanes estaban rodeados de un halo de prestigio y romanticismo. Se les consideraba héroes; una mezcla de soldados y aventureros, que vivían peligros combatiendo en alta mar dentro de un sofisticado buque, y eran recibidos con honores a su llegada a puerto. Es cierto que dormían y comían caliente todos los días, recibían buenas pagas y disponían de bastante tiempo libre, sobre todo en comparación con sus camaradas de infantería. Sin embargo, todos esos privilegios tenían un precio.

Las condiciones en las que vivían los tripulantes de un U-Boot distaban mucho de ser bucólicas. El medio centenar de hombres que servían en un submarino, la mayoría jóvenes voluntarios con un cierto nivel de preparación (de marineros a especialistas como maquinistas, torpedistas o radiofonistas), convivían apiñados en un espacio angosto y atestado de maquinaria, provisiones y armamento. Las primeras semanas, hasta que entraban en combate, los buques iban tan llenos de torpedos que ni siquiera había espacio para desplegar todas las hamacas y literas que llevaban, obligando a algunos marineros a dormir encima de los proyectiles. Normalmente, en los submarinos solo había una cama para cada dos hombres, por lo que se turnaban para ocuparla.

La sensación de claustrofobia provocada por la falta de espacio se incrementaba por el ambiente enrarecido que se formaba en el interior. Una mezcla de hedor a humedad, gasolina, comida, sudor (los hombres apenas podían lavarse ni cambiarse de ropa durante las travesías), letrina (había únicamente dos, aunque la de cubierta apenas se usaba) y una colonia de limón llamada Kolibri que se utilizaba para eliminar el salitre del cuerpo y disimular el olor corporal. A todo ello hay que añadir la falta de luz natural, la ausencia de privacidad, el ruido constante de la maquinaria y el asfixiante calor que desprendían los motores, que podía llegar hasta casi los cincuenta grados.


Para amenizar las largas jornadas de monotonía y relajar las tensiones provocadas por los combates y la estrecha convivencia, se organizaban competiciones (de ajedrez, damas, cartas), se ponía a determinadas horas música en un tocadiscos o se cantaban canciones acompañadas de instrumentos, normalmente un acordeón. En fechas señaladas o cuando se hundía algún barco, se organizaban pequeñas celebraciones en las que toda la tripulación se vestía para la ocasión, se repartían exquisiteces como fruta fresca o chocolate y se permitían las bebidas alcohólicas.

Los tripulantes de un submarino estaban expuestos a una enorme tensión psicológica. Cuando un buque enemigo los encontraba, se sumergían a muchos metros para evitar ser alcanzados por las cargas de profundidad de aquél. El problema es que esos ataques podían durar días. Los marineros pasaban largas horas en silencio para no ser detectados por los sonares, atentos a su característico sonido y al ruido de las explosiones de las cargas, y muchas veces a oscuras por efecto de la onda expansiva. Algunos no lo soportaban. La tensión continuada, la falta de oxígeno y el miedo a ser hundidos y quedar atrapados en el buque les provocaba lo que llamaban Blechkoller, o "síndrome de lata de conservas", un tipo de neurosis caracterizada por violentos ataques de histeria.

Al final de la guerra, el mito se resquebrajó y la realidad se impuso: los submarinos alemanes fueron, proporcionalmente, los que más bajas sufrieron de toda la Wehrmacht. Tres de cada cuatro hombres que sirvieron en los aproximadamente novecientos submarinos que se botaron durante la contienda no vieron el final de la guerra. A menudo morían de forma lenta. Cuando los submarinos se hundían, si la presión rompía el casco, los marinos morían ahogados. Si no, si la profundidad no era suficiente, permanecían atrapados en el buque hasta quedarse sin aire.


Fuente:
* Carlos Joric, "Vivir bajo el agua". Revista Historia y Vida Nº 611, pág. 12-13




16 de febrero de 2019

La muerte de Felipe II

Hay datos muy conocidos en la biografía del segundo monarca de la Casa de Austria en España, Felipe II, nacido en Valladolid en 1527: su temperamento frío, su acendrada religiosidad, su vida familiar marcada por la tragedia –enviudó cuatro veces, perdió a seis hijos y vio morir a la mayoría de sus hermanos, incluido el bastardo Juan de Austria–, la fracasada expedición de su Armada Invencible contra Inglaterra o su delicada salud (padeció una posible sífilis congénita, asma, artritis, cálculos biliares, fiebres intermitentes y, desde los 36 años, gota; para evitar los terribles dolores de ésta solía ser trasladado en su famosa silla), que no obstante no impidió que fuera muy longevo para la época, ya que vivió 71 años.

Sin embargo, hay aspectos no tan del dominio público, como su personalidad obsesivo compulsiva. A juicio de varios expertos, ésta fue el fruto de tres factores: las ausencias de su padre, Carlos I de España y V de Alemania; la sobreprotección de su madre, la emperatriz Isabel, y la muy severa y estricta educación que recibió como heredero al trono. Y, entre las manifestaciones de esa personalidad obsesiva –exagerada adoración por la rutina, el orden y la puntualidad; pasión por el trabajo prolijo de carácter administrativo–, una de las más llamativas en una corte del siglo XVI fue su celo desmedido por la higiene personal. Un gentilhombre lo definió como la persona "más limpia y aseada que jamás ha habido sobre la Tierra".

Por eso, las circunstancias de su muerte tuvieron que suponer un calvario para un hombre como él. El golpe del fallecimiento de su hija Catalina Micaela lo llevó a una depresión, ya con 70 años, que complicó sus problemas de gota y de movilidad. Consciente de que su final se acercaba, ordenó que lo trasladaran a su amado Monasterio de El Escorial en el verano de 1598. Pero allí las calenturas, la hidropesía y otros males lo postraron, con lo que su cuerpo se llenó de úlceras y llagas purulentas, cuyo mal olor lo mortificaba tanto o más que los espantosos dolores que sufría. Y así transcurrieron 53 agónicos días hasta que el 13 de septiembre expiró, si bien no es cierta la leyenda de que murió infestado de piojos.


Fuente:
* Muy Historia


16 de diciembre de 2018

Hallada una tumba en Egipto de 4.400 años de antigüedad


Las autoridades egipcias han anunciado el hallazgo de una tumba "única" y muy bien conservada que data de hace 4.400 años, de la época de la V Dinastía. La tumba pertenece a un sacerdote real y está ubicada en Saqqara, al sur de El Cairo. El ministro de Antigüedades de Egipto, Jaled el Enani, ha informado de que en la tumba del sacerdote Wahtye del rey Nefer Ir-Ka-Re está decorada con jeroglíficos y estatuas de gran importancia arqueológica. En la decoración de la tumba se pueden ver escenas de la vida del sacerdote con su madre, su esposa y su familia. Además, incluye numerosos nichos con estatuas cromadas de sus familiares fallecidos en la que es "la tumba más bella" hallada en lo que va de año. En las paredes figuran los nombres de la mujer del sacerdote, Weret Ptah, y de su madre, Merit Meen, e imágenes de la vida cotidiana: fabricación de cerámica y vino, ofrendas religiosas, actuaciones musicales, caza y fabricación de sarcófagos.

El sacerdote desempeñaba las labores de sacerdote real de purificación, era además el supervisor espiritual del monarca y el inspector de la santa embarcación real. La tumba está formada por una estancia rectangular de unos 10 metros de longitud norte-sur, 3 metros de ancho este-oeste y 3 metros de altura. Al fondo de la estancia hay un sótano.


La V Dinastía gobernó Egipto desde aproximadamente el año 2500 a.C. hasta el 2.350 a.C., poco después de que se construyera la gran pirámide de Giza. Saqqara fue la necrópolis de Menfis, capital del antiguo Egipto durante más de dos milenios.


Fuente:
* www.20minutos.es


9 de diciembre de 2018

Castillo de Bled


El Castillo de Bled es una de las edificaciones más impresionantes de Eslovenia, erigida en lo alto de un acantilado de 125 metros de altura sobre el lago Bled.

La primera referencia histórica al castillo de Bled proviene del año 1011, cuando se lo mencionó en un documento de traspaso de tierras firmado por Enrique II, quien donaba el castillo a los Obispos de Brixen. Poco después, en 1278, el castillo pasó a formar parte del patrimonio de los Habsburgo.

Su torre, construida en estilo románico, es la parte más antigua que se ha conservado de la construcción original, a la que fueron agregadas varias torres durante el transcurso de la Edad Media.


A lo largo de su historia, el castillo ha ido acumulando partes y ampliaciones en diferentes estilos, dando como resultado un castillo tan extraño como único en su diseño. También cuenta con una capilla que le fue añadida en el siglo XVI y posteriormente reformada, en la que destacan sus hermosos frescos del siglo XVIII.

Las diferentes estructuras se organizan alrededor de dos patios interconectados por unas escaleras, y en su entrada principal cuenta con un puente levadizo y un foso que rodea una parte del castillo. La cara que da al lago es prácticamente inexpugnable, y no ha necesitado de medidas defensivas en toda su historia.


Durante el año 2011 se celebró el milésimo aniversario de la construcción del castillo y en la actualidad se utiliza para la organización de diferentes eventos, entre los cuales las bodas suelen ser las más comunes.


Fuente:
* Recorriendo castillos. "El castillo de Bled, en Eslovenia".


26 de noviembre de 2018

Lady Margaret Beaufort, maestra de la intriga política

Lady Margaret Beaufort nació el 31 de mayo de 1443 en Bletsoe. Era hija de Margaret Beauchamp y John Beaufort, duque de Somerset. Tuvo siete medio hermanos del primer matrimonio de su madre con Sir Oliver St. John y más tarde tendría otro medio hermano, del tercer matrimonio de su madre con Lionel de Welles. Margaret nunca conocería a su padre: murió el 27 de mayo de 1444.

Lady Margaret Beaufort

Muerto su padre, Margaret se convirtió en una rica heredera y su tutela pasó automáticamente al rey, como era habitual, concediéndosela éste a William de la Pole, conde de Suffolk. No obstante, Margaret permaneció en un primer momento con su madre, que habría sido responsable de su educación temprana.

En 1450, su tutor, William de la Pole, era un personaje muy impopular y el parlamento ordenó su arresto1. Entre el 28 de enero y el 7 de febrero hizo que su hijo mayor, John de la Pole, se casara con Margaret, pero probablemente nunca vivieron como marido y mujer. Solo tenían ocho y seis años. Este matrimonio fue el último clavo en el ataúd de William: Margaret era, después de todo, una potencial heredera al trono y a él se le acusó de traición. Intentó escapar pero su barco fue interceptado.

En abril de 1453, Margaret y su madre asistieron a las celebraciones del día de San Jorge en el castillo de Windsor. El rey costeó el vestuario de Margaret. También ordenó que se concediera su custodia a sus hermanstros, Edmund y Jasper Tudor. Tenía en mente el matrimonio de Margaret con uno de sus hermanos. Edmund era el mayor y fue él con quien se casó el 1 de noviembre de 1455. Tenía solo 12 años, mientras que Edmund tenía 24. Su matrimonio con De la Pole fue anulado y Margaret siempre se referiría a Edmund como su primer marido.

El matrimonio se consumó de inmediato a pesar de que, según sus contemporáneos, Margaret tenía poca estatura y no estaba suficientemente desarrollada. Quedó embarazada a principios de 1456, pero Edmund no vivió para ver el nacimiento de su hijo. Murió a los pocos meses a causa de la peste. El 28 de enero de 1457, todavía con trece años, Margaret dio a luz a su único hijo, Enrique Tudor. Fue un parto difícil que estuvo a punto de causar la muerte de madre e hijo. Se consideró un milagro que ambos sobrevivieran. Se cree que Margaret no pudo tener más hijos debido a las secuelas de ese parto. A las pocas semanas del nacimiento de su hijo, Margaret ya había arreglado su tercer matrimonio, para evitar que se lo impusiera el rey. Después de un año de duelo por Edmund se casó con Sir Henry Stafford, el 3 de enero de 1458. Fue probablemente un matrimonio feliz y Henry se refería a ella como su «amada esposa».

Los tiempos se volvieron problemáticos. Cuando el rey Enrique VI empezó a mostrar problemas mentales, las diferentes facciones empezaron a pelear por el trono2. La esposa de Enrique VI, Margarita de Anjou, fue derrotada en la batalla de Towton y conducida a Escocia. Al mismo tiempo, el trono pasó a la casa de York en la persona de Eduardo IV. El joven Enrique Tudor no constituyó una amenaza inmediata para el nuevo rey, aunque fue despojado de sus tierras y puesto bajo la custodia de William Herbert. No obstante, a Margaret no se le impidió ver a su hijo y se mantuvieron en contacto.

Gran parte de la vida de Margaret estuvo dedicada a la religión y era famosa, incluso en su vejez, por el ayuno. Su vida diaria estaba estrictamente regulada en torno a la oración y la devoción, y rezaba tanto que se lesionó las rodillas y la espalda.

Isabel Woodville
El año 1469 vio el breve resurgimiento de la casa Lancaster, pero para 1471 Eduardo IV estaba de vuelta en el trono. Sir Henry Stafford, el marido de Margaret, fue herido en la batalla de Barnet y murió a causa de sus heridas el 4 de octubre de 1471. El joven Enrique se exilió junto a su tío; su sangre Lancaster era una seria amenaza. Margaret también sintió el peligro y no perdió el tiempo. Pronto encontró un nuevo protector y marido. En junio de 1472 se casó con Lord Stanley, personaje prominente en la corte. Una vez que demostrase su lealtad, Margaret podría usar esa influencia para obtener el favor para su hijo. Fue ganando influencia al convertirse en dama de honor de la reina, Isabel Woodville. Estaba en el camino adecuado para asegurar el regreso de su hijo a Inglaterra, cuando el rey Eduardo IV murió repentinamente el 9 de abril de 1483. Su hijo y heredero, ahora Eduardo V, tenía solo 12 años y fue interceptado en su camino a Londres por el duque de Gloucester, su tío, y el duque de Buckinham. Isabel Woodville se sintió lo suficientemente amenazada como para coger al resto de sus hijos y refugiarse en la abadía de Westminster. Más tarde se vio obligada a entregar al pequeño duque de York, de nueve años. El matrimonio entre Isabel de Woodville y Eduardo IV fue declarado nulo y sin efecto, por lo que Eduardo V y sus hermanos se convirtieron en ilegítimos y el duque de Gloucester fue proclamado rey Ricardo III. Margaret y su esposo asistieron a la coronación de Ricardo.

Lo que sucedió a continuación sigue siendo uno de los grandes misterios de la Historia. El niño rey y su hermano desaparecieron de la Torre de Londres, donde estaban recluidos, presuntamente asesinados. Nunca se ha sabido quién fue el responsable de esto.

Margaret contactó con Isabel Woodville, que aún permanecía en Westminster, para hablar sobre un posible matrimonio entre su hija Isabel de York y el hijo de Margaret, Enrique, si éste lograba derrocar a Ricardo III. Una primera conspiración en 1483 fracasó y Margaret fue acusada de alta traición. Fue condenada a muerte y la pena le fue conmutada por cadena perpetua, siendo puesta bajo arresto domiciliario.

Enrique VII de Inglaterra
Su vida cambió de nuevo en agosto de 1485. Su hijo Enrique regresó con un ejército de aproximadamente 5.000 hombres y derrotó al rey Ricardo en la batalla de Bosworth Field. Enrique Tudor era ahora el rey Enrique VII y Margaret la madre del rey.

Aunque no era reina por derecho propio, Margaret ocupó un lugar prominente durante el reinado de su hijo. Hizo voto de castidad y se aprobó un edicto que le daba autonomía para actuar como viuda a pesar de que su esposo estaba vivo. Se ganó una reputación de suegra difícil para su nuera, Isabel de York. Isabel y Enrique se casaron el 18 de enero de 1486 y en septiembre nació su primer hijo, el príncipe Arturo. Margaret estuvo presente en el parto y también asistió al nacimiento de su segunda nieta, la princesa Margarita, en noviembre de 1489. Enrique e Isabel llegarían a tener ocho hijos, aunque solo tres sobrevivieron hasta la edad adulta.

El rey Enrique VII murió el 21 de abril de 1509. Margaret quedó devastada por su muerte y en las semanas posteriores su salud se deterioró rápidamente. Vivió para ver la coronación de su nieto el 23 de junio de 1509 y seis días después falleció.


Notas:

1. Cuando el reino de Inglaterra perdió casi la totalidad de sus posesiones en Francia, se culpó a William de la Pole.

2. Estalló la guerra de las Dos Rosas, una guerra civil que enfrentó intermitentemente a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York entre 1455 y 1487. Ambas familias pretendían el trono de Inglaterra, por origen común en la Casa de Plantagenet, como descendientes del rey Eduardo III.


Fuentes:
* www.historyofroyalwomen.com. Margaret Beaufort – My Lady the King’s Mother
* www.historytoday.com. Lady margaret beaufort


22 de noviembre de 2018

La masacre de Badajoz

Durante la Guerra Civil, en toda la campaña extremeña el uso del terror por parte de las columnas africanas a las órdenes de los mandos golpistas fue la tónica habitual. No era raro que no se hiciesen prisioneros, que se rematase a los heridos, que se les cortasen las orejas, los genitales e incluso las cabezas para exhibirlas después como botín de guerra. En el fondo, no hacían otra cosa que seguir las recomendaciones del general Mola, cuando indicaba la necesidad de extender el terror entre la población civil.

Las tropas comandadas por el general Yagüe se dirigieron aceleradamente a Badajoz, que estaba llena de refugiados y que no cesaba de ser bombardeada por la aviación alemana. Desde las primeras horas del día 14 de agosto de 1936, la ciudad sufría un durísimo castigo por parte de la artillería, al tiempo que muchos oficiales encargados de las defensas republicanas las boicoteaban o, simplemente, desertaban, facilitando la entrada de las tropas franquistas. Alrededor del mediodía, los feroces ataques lograron horadar una parte de las murallas de la ciudad por donde penetraron moros y legionarios, disparando a todo aquel que encontraban a su paso y alcanzando en poco tiempo el centro de la ciudad.

Un grupo de milicianos republicanos pretendió hacerse fuerte en la catedral, pero fue fulminantemente arrasado. Las fuerzas ocupantes y los falangistas emboscados hasta entonces en la ciudad se lanzaron a una orgía de saqueos de comercios y viviendas, en su mayoría pertenecientes a los mismos derechistas que habían «liberado». Arrasaron con todo lo que pudieron y cargaron con el botín por unas calles sembradas de cadáveres y cubiertas de sangre.
Plaza de toros de Badajoz, 15 de agosto de 1936
Cientos de prisioneros fueron conducidos a la plaza de toros para ir siendo ejecutados en masa. Al caer la noche, bandas de soldados moros, legionarios y falangistas siguieron saqueando las viviendas de los trabajadores, violando a las mujeres, deteniendo a todos los hombres. Y en la plaza de toros siguió la matanza indiscriminada mientras aumentaba el número de prisioneros en días sucesivos, habiendo de habilitarse improvisadamente varios campos de concentración.

Cuando, a los tres días, Yagüe abandonó Badajoz, la ciudad se encontraba en buena medida «pacificada», pero durante meses continuaron las delaciones, las detenciones y los fusilamientos, que pasaron a hacerse directamente en el cementerio.

Badajoz quedó muy postrada tras su «liberación», tal como comunicaba a Franco el nuevo comandante militar de la plaza:
«La moral pública estaba abatida. Para levantarla he organizado un desfile, unas manifestaciones y gran propaganda, pero son poco sensibles y el susto no se les acaba de salir del cuerpo».
Simultáneamente, se organizaron batidas por los alrededores de la ciudad, para la caza y captura de los muchos huidos que merodeaban por los campos, muchos de los cuales habían sido devueltos desde Portugal.

La prensa internacional enseguida se hizo eco de los sucesos acaecidos en Badajoz. El periodista portugués Mário Neves, del Diário de Lisboa, regresó a Lisboa horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz (aunque regresó en los años 80 para grabar un documental sobre estos hechos). Neves informa en su crónica:
«Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes».

«Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, sobre todo a cargo de legionarios marroquiés. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros».
El 15 de agosto, el enviado de Le Temps, Jacques Berthet, enviaba su crónica:
«…alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)».
El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:
«Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».
El martes 18 de agosto, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa.


Fusilamientos en masa junto al cementerio de Badajoz


Fuentes:

* Enrique González Duro. "Las Rapadas". Ed. Siglo XXI, 2012
* https://kaosenlared.net/la-matanza-de-badajoz-un-ano-mas-contra-el-olvido-y-la-memoria


19 de noviembre de 2018

El año 536, el peor de la Historia

La historia de la humanidad esconde episodios realmente dramáticos. La peste bubónica o 'muerte negra', por ejemplo, mató a la mitad de la población europea en el siglo XIV. La viruela ha llegado a matar a 300 millones de personas a lo largo de la historia, alcanzando su punto álgido en el siglo XVIII. Entre 1918 y 1920, la gripe española acabó con la vida de entre el 3% y el 6% de la población mundial. Es decir, entre 50 y 100 millones de personas en el planeta.

Pero ninguna de estas tragedias fueron las peores. Según el historiador medieval y arqueólogo Michael McCormick, el 536 fue el peor año de la historia. Él, junto a otros historiadores, publicó recientemente un estudio al respecto en la revista 'Antiquity'. "En Europa, el 536 fue el comienzo de uno de los peores periodos del ser humano, por no decir que fue el peor", explica McCormick a la revista 'Science'.

Según él, en 536 "una niebla misteriosa sumió a Europa, Oriente Medio y parte de Asia en la oscuridad, día y noche, durante 18 meses". El sol, cuenta McCormick, "emitió una luz sin brillo, como la luna, durante todo el año" según textos del historiador bizantino Procopio de Cesarea. El verano de 536 registró una caída de las temperaturas de 1,5 a 2,5 grados centígrados dando paso a la decada más fría de la humanidad en los últimos 2.300 años.

El clima sumió a la población mundial en la miseria. Las laderas de China se tiñeron de blanca nieve, las cosechas se perdieron también en Irlanda, Escandinavia y Mesopotamia mientras la hambruna se iba extendiendo sobre la humanidad. Después, en el 541, la peste bubónica atracó en el puerto egipcio de Pelusio y se llevó por delante a la mitad de la población del Imperio Romano del Este, lo que aceleró su colapso, según McCormick.

El siglo VI ya era conocido por las desgracias y desastres naturales que sumieron a la población mundial en una 'época oscura'. Pero ha sido recientemente cuando se ha descubierto el origen de la niebla que cubrió el cielo de negro. Un equipo liderado por el mismo McCormick y el glaciólogo Paul Mayewski realizó un análisis 'ultrapreciso' de un glaciar suizo que les permitió recuperar pruebas que demostraban que, al principio del 536, una erupción volcánica masiva en Islandia escupió sus cenizas por todo el hemisferio norte.

En el 540 y el 547, se repitieron episodios volcánicos de gran tamaño que, combinados con las plagas que azotaban a la población, sumieron a Europa en un período de estancamiento económico hasta 640. Una prueba en el hielo muestra el resurgir de la minería de plata, un siglo más tarde de la erupción del volcán.

Según 'Science', los secretos que esconde el hielo permiten conocer los cambios en la sociedad y los fenómenos atmosféricos como grandes tormentas, erupciones volcánicas o contaminación por plomo al detalle analizando los meses o, incluso, semanas de hace 2.000 años, afirma el volcanólogo Andrei Kurbatov de la Universidad de Maine (Estados Unidos).

Más allá de los glaciares, también los árboles milenarios nos dan pistas de la historia que han presenciado. El análisis de los troncos y el hielo "nos da una nueva clase de registro para la comprensión del encadenamiento de las causas humanas y naturales que condujeron a la caída del Imperio romano -y las revoluciones más tempranas de esta nueva economía medieval", explica Kyle Harper, Decano e historiador medieval y romano en la Universidad de Oklahoma.

El equipo de la Universidad de Harvard, liderado por McCormick y Mayewski, sigue investigando para comprobar si esta explosión volcánica ocurrió verdaderamente en Islandia o en el norte de América, como tambien sugieren. Para confirmarlo, han iniciado una búsqueda de más partículas de este volcán en los lagos de Europa y Islandia que también permita explicar por qué motivo fue tan devastador.


Fuente:
* www.elperiodico.com


15 de noviembre de 2018

El callejón de las estatuas espeluznantes

Los investigadores han descubierto un pasadizo de 750 años lleno de estatuas espeluznantes enmascaradas en la antigua ciudad abandonada de Chan Chan en Perú.


Según Newsweek, el Ministerio de Cultura del país dice que se cree que estas 19 estatuas son de la civilización peruana precolombina conocida como el imperio Chimú. Este imperio operó entre 900 y 1470 d.C., después de lo cual los incas conquistaron la ciudad.

Los ídolos de madera estaban cubiertos con máscaras de arcilla y el corredor en el que se encontraban se extendía 100 pies de largo. Cada una de las estatuas mide 27 pulgadas de alto y parece tener un cetro en una mano y lo que parece un escudo en otra. Se sospecha que cada una de las estatuas representa un carácter antropomórfico diferente.

"Es un descubrimiento importante por su antigüedad y por la calidad de su decoración", dijo Patricia Balbuena, miembro del ministerio.

"Suponemos que son guardianes", dijo el arqueólogo Henry Gayoso Rullier en el periódico peruano El Comercio . "Podrían pertenecer a la etapa intermedia de Chan Chan, entre 1100 y 1300 d.C., y estaríamos hablando de las esculturas más antiguas que se conocen en este sitio".

Según la UNESCO , la ciudad de Chan Chan era la ciudad más grande de América precolombina. Antes de que fuera conquistada por los incas, se cree que Chan Chan era el hogar de unas 60.000 personas que vivían en unos 10.000 edificios. Esto lo convierte en uno de los complejos de adobe más grandes del mundo que se haya descubierto.

Pero después de ser conquistada, la ciudad comenzó a declinar y a caer en ruinas. La excavación de las ruinas de Chan Chan comenzó en 2017 y se espera que continúe hasta mayo de 2020.


Fuente:

* https://allthatsinteresting.com/ancient-masks-chan-chan-peru


11 de noviembre de 2018

El fascismo y el Imperio Romano

En la Italia posterior a la Primera Guerra Mundial, Mussolini se apropió de los símbolos de la antigua Roma como vehículo de reafirmación nacional. Se presentó como la encarnación del nuevo líder dispuesto a hacer renacer el Imperio.

La Roma de los césares siempre ha fascinado a los estados totalitarios. Ya a partir del siglo XVI, en los países eslavos los mandatarios se hicieron llamar zares, término que deriva del latín caesar. Éste era el nombre que acompañaba a todos los emperadores romanos desde Octavio Augusto. Octavio fue el primero en utilizarlo para señalar que era descendiente de Julio César. Por otro lado, la Rusia zarista no tuvo ningún problema en considerar Moscú como la "tercera Roma" después de Bizancio, que había sido la segunda.

Con el tiempo, a la Rusia zarista le salieron seguidores. A principios del siglo XIX, Napoleón adoptó el águila de las antiguas legiones romanas como estandarte de sus ejércitos (en la antigua Roma el águila era un símbolo de fortaleza). También se adueñó del saludo romano que años antes, en 1798, ya habían rescatado del olvido los revolucionarios franceses como muestra de identificación con la idealizada república romana. Este saludo consistía en levantar el brazo derecho con los dedos de la mano juntos y rectos. Era la manera respetuosa que tenían los soldados romanos de saludar a las autoridades. En 1804 Bonaparte se autoproclamó emperador de Francia. Recuperaba así el título con el que eran conocidos los gobernadores romanos con plenos poderes ejecutivos. Y para equipararse a los grandes generales romanos, en 1806 ordenó erigir en París un arco de triunfo con el que perpetuar la memoria de sus hazañas.

Después de la Rusia zarista y de la Francia napoleónica, el recién creado estado italiano, surgido de la unificación (1848-70), supo sacar más partido del mito del autoritarismo de Roma. En pleno siglo XIX, descartados de la carrera neocolonialista, los italianos se aferraron a su glorioso pasado para hacerse un lugar en el reparto del mundo. Fue entonces cuando se recuperó la figura de Escipión, el general que en el siglo III a.C. derrotó a Cartago en las conocidas guerras púnicas. Con ello, Italia justificaba su expansión imperialista por Eritrea, Somalia, Etiopía y Libia.

La Primera Guerra Mundial exacerbó el sentimiento nacionalista en Alemania e Italia, humilladas por los acuerdos de paz: la primera tendría que pagar muy cara su derrota, e Italia no vio satisfechas sus pretensiones expansionistas a costa del antiguo Imperio austro-húngaro. A todo ello habría que añadir la fuerte crisis económica que sufrían ambos países. En Italia hubo un político que se atrevió a reconducir la situación: Benito Mussolini. Y lo hizo teniendo al Imperio romano como máximo referente.

Benito Mussolini
Inscrito inicialmente en el Partido Socialista, en 1919 fundó unos grupos de agitación llamados los Fasci Italiani di Combattimento1 (fascios italianos de combate). En aquella época, fasci era un término muy difundido en Italia para referirse a distintos grupos sociales. Aunque los fasci de Mussolini pronto se diferenciaron del resto. Su símbolo eran los fasces romanos, un haz de varas de metro y medio de longitud con un hacha en la parte alta. El hacha personificaba la justicia y el haz de varas la fuerza. En tiempos romanos los fasces eran transportados por los lictores, oficiales públicos que ejercían de escoltas de los magistrados. Se trataba de un emblema que ya había sido adoptado en 1789 por la Revolución Francesa. Pero esta nueva revolución tendría un carácter muy diferente.

En 1921 los Fasci Italiani di Combattimento fueron la base para la creación del Partido Nacional Fascista, con postulados ya claramente de derechas. En octubre de 1922 el partido decidió hacerse con el poder en la llamada Marcha sobre Roma, tras la que el rey Víctor Manuel III nombró a Mussolini jefe de gobierno. Durante los tres años siguientes Mussolini, hombre de una portentosa oratoria, fue asumiendo todos los poderes. Así llegó a implantar una dictadura, concepto también de fuertes resonancias clásicas. En la Roma republicana el dictator era la persona que concentraba toda la autoridad en tiempos de crisis (guerras, revueltas o pérdidas económicas). Una vez resuelta la dificultad, el dictador tenía que ceder su papel a las instituciones ya establecidas. Pero no siempre fue así. El primer dictador romano que se nombró vitalicio fue Julio César. Inspirándose en él, Mussolini también se presentó en sociedad como dictador vitalicio. En cualquier caso, el título por el que fue más conocido fue el de "Il Duce", que deriva del latín dux2. Mussolini instauró el saludo romano como elemento distintivo de su formación política. Pronto fue obligatorio por toda Italia. El haz de lictor se reprodujo por doquier. Las palabras que pronunció Mussolini en 1937, en un acto público, son reveladoras de esta concepción que vinculaba la Italia emergente con la antigua Roma:
«Cuando pienso en el destino de Italia, cuando pienso en el destino de Roma, cuando pienso en todas nuestras hazañas históricas, no tengo otra opción que ver en toda esta sucesión de acontecimientos la mano infalible de la Providencia, la señal infalible de la Divinidad»
Mussolini no dudó en imitar las pautas que habían propiciado el éxito del Imperio romano. Éste se basaba en una sociedad perfectamente ordenada, dividida en clases y con un fuerte espíritu moralizante. La propaganda del régimen también presentó la educación física como un elemento de salud colectiva y de adiestramiento en el estoicismo. Tampoco faltaron desfiles escolares para depositar flores en las estatuas de César. A la hora de indicar la fecha en los documentos oficiales y en los periódicos, estableció que se haría a partir de la del triunfo del fascismo en Italia, el 28 de octubre de 1922, el día en que se había iniciado la marcha sobre Roma. Este sistema recordaba a las siglas a.u.c (ab urbe condita, "desde la fundación de la ciudad"), con las que los antiguos romanos fechaban los hechos. partían del 21 de abril de 753 a.C., cuando, según la tradición, Rómulo había fundado Roma.

Mussolini haciendo el saludo fascista

A medida que el régimen fascista se consolidaba, se aprovechaba cualquier oportunidad para celebrar las glorias romanas. Se festejó el bimilenario del nacimiento de Virgilio (1930) y de Horacio (1935). En 1937, para conmemorar el bimilenario de Augusto, el régimen organizó una gran exposición sobre la romanidad ─la "Mostra Augustea della Romanità"─ que sirvió para construir el Museo della Civiltà Romana, que exalta todavía hoy el espíritu heroico de Roma.

Con la voluntad de apropiarse del pasado romano, el gobierno fascista dio un impulso a las obras de excavación arqueológica del centro monumental de Roma: el Foro, el área pública y política por excelencia de la antigua capital del mundo. Los resultados no siempre fueron los deseados, ya que las campañas estuvieron condicionadas por la voluntad propagandística del régimen. Así, para que vieran la luz determinados restos, fueron destruidos sin pudor notables edificios de época medieval. Además, para que el ejército y las milicias fascistas pudieran marchar triunfalmente por el centro de Roma ─a imitación de los grandes desfiles romanos─, fueron abiertas dos calles: la Via dell'Impero (hoy Via dei Fori Imperiali) y la Via del Mare (hoy Via del Teatro di Marcello). Su trazado arrasó literalmente la colina de la Velia y la zona de la Meta Sudans, delante del Coliseo.

Mussolini impulsó también una política de monumentalidad marmórea, típica de otros estados de inspiración totalitaria. Se trataba de promover la construcción de grandes edificios que pudieran servir de escenario a manifestaciones masivas. En teoría, los proyectos se inspiraban en el Imperio Romano, pero esto distaba de la realidad histórica. Los clásicos describen Roma como una ciudad muy bulliciosa y de calles estrechas y sucias. Lógicamente, a las autoridades fascistas no les interesó esta imagen caótica de la antigua capital, y la presentaron como la ciudad del orden y la belleza por antonomasia.

Para Mussolini, la antigua Roma se caracterizó también por su política exterior. Ya en el siglo I a.C., Virgilio decía en la Eneida que el destino inmutable había atribuido a Roma el papel de potencia "civilizadora". Fiel a esta premisa, el Duce se propuso recuperar los antiguos territorios del Imperio. Pero en la tercera década del siglo XX, la mayor parte de éstos se encontraba en manos de otras potencias.

Mussolini quiso ampliar fronteras a toda costa. No obstante, su política expansionista, caracterizada por la improvisación, distaba mucho de la que llevó a cabo el Imperio romano. Prueba de ello es la ocupación de Albania: en abril de 1939 el país fue anexionado a Italia aprovechando una crisis política. Las tropas italianas habían sido reclutadas de forma repentina, sin haber recibido ningún tipo de formación. El 1 de septiembre, cuando Hitler atacó Polonia ─iniciándose con ello la Segunda Guerra Mundial─, Mussolini prefirió quedarse al margen alegando que su ejército no estaba suficientemente preparado. Sus hombres habían conseguido ocupar Albania a pesar de su escasa preparación militar, pero cuando en octubre intentaron ocupar Grecia, las cosas no les salieron tan bien. Las tropas griegas contraatacaron, obligando a los italianos a retroceder hasta abandonar gran parte de Albania, su centro de operaciones. En diciembre de 1940 un humillado Mussolini no tuvo más remedio que pedir ayuda a Hitler. Este fracaso y otras derrotas en Libia y en el África oriental, le convirtieron en un subordinado más del Führer. El Imperio romano del Duce hacía aguas.

Meses antes, en junio, confiando en la victoria alemana, Benito Mussolini había declarado la guerra a los aliados. Aunque se sentía protegido por Hitler, la jugada le salió mal. En julio de 1943, ante los progresos aliados, fue derrocado por un golpe de estado y encarcelado en los Apeninos. En septiembre fue liberado por un grupo de paracaidistas y creó una república fascista en la zona de Italia ocupada por el ejército alemán (la República Social Italiana). Dos años después tomó la decisión de huir. En abril de 1945, un grupo de partisanos le capturó en Dongo y lo fusilaron junto con su amante Clara Petacci. Caído Mussolini, el mito del autoritarismo de la antigua Roma tan solo sería preservado, a su manera, por Franco en España.


Notas:
  1. Secciones de asalto y protección que luchaban contra el comunismo en las calles y propugnaban un nuevo cambio social en el pueblo, concretamente un Estado de orden que garantizase la seguridad pública. Ideológicamente los Fasci de Combattimento proponían un cambio político que protegiera igual a los obreros, a las clases medias y las clases altas si estas últimas lo merecían. Inicialmente su ideología causó dudas porque aparentaba ser de izquierdas y de derechas al mismo tiempo, sin embargo los Fasci di Combattimento repudiaban ambas, ya que realmente eran la tercera alternativa al marxismo y al capitalismo. Uno de los dormas fundamentales que caracterizaban a los Fasci di Combattimento era la exaltación del nacionalismo italiano para convertir a Italia en un país grande y poderoso en el mundo, como un Imperio que estuviera en el podio entre las potencias.
  2. Título que se aplicó en el Bajo Imperio romano a aquellas personas que ocupaban un alto cargo cívico-militar en las provincias.

Fuente:
* Antoni Janer Torrens, "El fascismo y el Imperio romano". Historia y Vida nº 512, pág. 48-55


7 de noviembre de 2018

La tragedia del Cabo Machicaco

En noviembre de 1893, un incendio en el barco de vapor Cabo Machichaco, atracado Santander, provocó la mayor catástrofe civil del siglo XIX español, con cerca de seiscientos muertos y alrededor de dos mil heridos.

El barco fue construido en 1882 en un astillero de la ciudad inglesa de Newcastle. Era majestuoso, con un pesado casco de hierro, y de grandes dimensiones: más de 78 metros de eslora y 10 metros de manga y, sobre todo, muy rápido, ya que podía alcanzar una velocidad de ocho nudos. Tres años más tarde el buque fue adquirido por la compañía Ybarra. Su función era el transporte de mercancías entre Bilbao y Sevilla, con escala en el puerto de Santander. De este modo, el 24 de octubre de 1893 el Cabo Machichaco partió del puerto de Bilbao rumbo a Santander, donde llegó tras una travesía de aproximadamente seis horas.

Llevaba 1.616 toneladas de carga, repartidas entre barras de hierro, lingotes, cubos de hierro, clavos, raíles, hojalata, así como cantidades nada desdeñables de harina, vino, papel, tabaco, madera, licores, aceite.... Y lo más peligroso: 12 toneladas de ácido sulfúrico en toneles de vidrio y 1.720 cajas de dinamita, cuyo peso neto se estima en unas 43 toneladas. Al llevar las bodegas repletas, el capitán había decidido estibar las garrafas de ácido sulfúrico en la misma cubierta del barco.

El buque debía cumplir unos días de cuarentena ya que había una epidemia de cólera en Bilbao, por lo que al llegar a Santander las autoridades portuarias lo enviaron a fondear al final de la bahía, frente al lazareto de Pedrosa. Pero sin llegar a completar la cuarentena las autoridades del lazareto se dieron por satisfechas, autorizando al Cabo Machichaco a acercarse a la ciudad de Santander para descargar. Oficialmente, existía un reglamento según el cual un barco que transportara material explosivo debía declararlo ante las autoridades, pero, en este caso, parece ser que no se hizo.

El viernes 3 de noviembre fue un día soleado que invitaba a pasear a las familias burguesas de la ciudad. Hacia las 13:30 horas se hizo visible una columna de humo. Unas versiones afirman que fue provocado por una de las garrafas de ácido sulfúrico estibadas en la cubierta, en tanto que otros escribieron que se inició en una sentina de la bodega nº 2 de proa. Lo cierto es que al darse la alarma rápidamente se desplazaron al barco los escasos medios contra incendios del puerto: el remolcador Santander, los carruajes a caballo que llevaban cisternas con agua, el ganguil (barcaza) San Emeterio y la lancha Julieta. También acudieron los oficiales y tripulaciones de varios barcos españoles y extranjeros atracados en el muelle o fondeados cerca. El que más personal aportó fue el vapor Alfonso XIII.


El espectáculo del gran barco ardiendo y las labores contra incendios motivaron que numeroso público se acercase a ver qué ocurría; también se aproximaron la práctica totalidad de las autoridades de la ciudad. Al cabo de un rato se comunicó que entre la carga había explosivos, lo que hizo que cundiera el pánico entre los centenares de curiosos que miraban el espectáculo. Pero al ver que las autoridades permanecían en el barco y en sus inmediaciones, los curiosos regresaron al muelle para continuar contemplando las labores de auxilio.

Hacia las cuatro de la tarde, y ante la imposibilidad de sofocar el fuego, se decidió hundir el buque. Para ello se colocó al costado del Cabo Machichaco al remolcador Santander. Desde allí se golpeó el casco metálico hasta provocar una vía de agua, comenzando a hundirse la nave hacia las 16:30 horas. Pero unos minutos después explotaba la proa del navío. La mezcla de dinamita con ácido sulfúrico provocó una descomunal explosión, que lanzó como metralla las piezas de hierro, cartuchos de rifle y toda clase de piezas del barco. La práctica totalidad de las autoridades de la ciudad, así como decenas de marinos de los barcos perecieron, encontrándose algunos de sus miembros despedazados a kilómetros de distancia.

La tromba de agua provocada por la explosión del Cabo Machichaco arrastró al mar al gentío que estaba en el muelle, pereciendo unos ahogados y otros masacrados por la metralla. Unos pocos pudieron ser rescatados del agua por embarcaciones. Familias enteras murieron. El balance final fueron 590 muertos, así como más de 500 heridos (otras crónicas elevan los heridos a 2000). Si se tiene en cuenta que la población de Santander era de unas 50.000 personas, el 2% resultó muerto o herido por la explosión del Cabo Machichaco. Todas las calles adyacentes resultaron arrasadas. La potencia de la explosión fue de una magnitud tal, que se llegaron a encontrar grandes piezas del barco hasta a ocho kilómetros de distancia y una ermita románica situada a varios kilómetros llegó a derrumbarse. La tragedia provocó una enorme ola de solidaridad entre una población que había perdido a prácticamente todas las autoridades civiles y militares, siendo la iniciativa ciudadana la que organizó los auxilios.

Dado que la dinamita estibada en popa no había explosionado, en las siguientes semanas se procedió a desguazar la superestructura que había resistido tras la explosión del Cabo Machichaco. Se procedió a desmontar el barco hundido, que se apoyaba en el muelle. Pero el 21 de marzo de 1894 hubo una segunda explosión entre los restos de la popa, falleciendo 15 operarios que se encontraban allí trabajando. Unos días después, el 29 de marzo, los responsables decidieron explosionar lo que quedaba del buque ‘maldito’ para evitar que se produjesen más muertes entre los que trataban de vaciar sus contenidos. Dado que no había ya edificaciones cerca, poco daño causaría una explosión más, esta vez, controlada.

La tragedia de la explosión del Cabo Machichaco se considera la mayor acaecida en España en el siglo XIX.


Fuentes:
* espanafascinante.com/leyenda-de-espana/leyendas-de-cantabria/la-gran-explosion-del-cabo-machichaco
* www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contemporanea/explosion-del-cabo-machichaco


3 de noviembre de 2018

Así obtenían los egipcios los bloques de piedra de las pirámides

Unos restos arqueológicos y unas inscripciones jeroglíficas halladas en una cantera de alabastro cerca del valle del Nilo han permitido a un equipo de arqueólogos descubrir cómo los antiguos egipcios transportaban grandes bloques de roca en la época de la construcción de las pirámides.


Tras estudiar unas cien inscripciones y haber descubierto restos de instrumentos de madera, los expertos han deducido que los antiguos egipcios empleaban una rampa central con una gran inclinación para extraer los bloques de alabastro de la cantera de Hatnub.

El Ministerio de Antigüedades egipcio anunció esta semana el hallazgo hecho por una misión conjunta del Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO), con sede en El Cairo, y de la Universidad británica de Liverpool en el sitio arqueológico de Tel al Amarna, ubicado en la provincia de Minia (centro).

El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri, destacó en un comunicado que esta es la "primera vez que se descubre el sistema de traslado de bloques desde la cantera y cómo se lograba levantar esos bloques de varias toneladas, lo cual cambia completamente la comprensión sobre la construcción de las pirámides" de Guiza.

El director del IFAO, Laurent Bavay, explicó que para sacar las rocas desde el interior de la cantera, que tenía unos diez metros de profundidad, las arrastraban por la rampa y empleaban maderas y cuerdas de origen vegetal para sujetarlas y ayudarse en este proceso.

"Esta es la evidencia arqueológica de que eran capaces de mover grandes piedras por una pendiente de 20 grados, que es muy aguda", agregó Bavay.

El egiptólogo señaló que, en el caso de las pirámides, los expertos aún se preguntan qué inclinación tendrían las rampas que se pudieron emplear para levantar los enormes sillares que las componen.

En las pirámides se usó piedra caliza, material un poco más ligero que el alabastro, pero "muy probablemente" se empleó el mismo método para levantar los bloques con los que se construyeron los monumentos más conocidos de Egipto.

El egiptólogo Roland Enmarch, experto en inscripciones de la Universidad de Liverpool, dijo que la cantera de alabastro fue explotada en la misma época en la que fue edificada la Gran Pirámide de Keops, faraón de la IV Dinastía (2550 a.C. a 2527 a.C.).

Sin embargo, "es muy improbable" que las rocas procedentes de la cantera de Hatnub se usaran en la construcción de las pirámides, porque estaban construidas de caliza, principalmente, y mármol en su interior. El alabastro sí se empleó en algunos templos y estatuas ubicadas en la necrópolis de Guiza, según explicó Enmarch.

El egiptólogo detalló que la misión conjunta, que dio comienzo en 2012 y proseguirá estudiando la cantera, halló inscripciones que aportan informaciones sobre los bloques de piedra y la técnica con la que eran llevados hasta el río Nilo, a unos 20 kilómetros de distancia, desde donde eran trasladados en barcos.

Asimismo, las inscripciones estudiadas ofrecen información sobre el trabajo en la mina. "Había cientos o miles de personas en las expediciones" que extraían los minerales, aseguró Enmarch.

Según el experto, la de Hatnub era la principal fuente de alabastro en aquella época, cuando este mineral era muy apreciado y se empleaba para estatuas y vasijas en el interior de los templos faraónicos, entre otros usos.

Antigüedades aseguró que la misión continuará su trabajo para estudiar los yacimientos que rodean la cantera, donde se encuentran los restos de los alojamientos de los trabajadores, lo cual puede arrojar más luz sobre su labor y el procedimiento de extracción y transporte.


Fuente:
* https://www.20minutos.es/noticia/3482026/0/egipto-bloques-piedra-construccion-templos-epoca-faraon-keops


28 de octubre de 2018

Castillo de Brissac


El castillo fue mandado construir por el conde de Anjou Fulco III como una fortaleza en el siglo XI. A principios Edad Media, el Castillo de Brissac fue utilizado exclusivamente con fines militares y a menudo cambió de propietarios hasta el año 1434, cuando fue adquirido por Pierre de Brézé. De Brézé fue especialmente cercano a la corte de Carlos VII de Francia.

Pierre de Brézé remodeló el Castillo de Brissac y a día de hoy conserva únicamente dos torres góticas con matacanes de la fortaleza original.


En el año 1502 el descendiente de Pierre de Brézé, Jacques de Breeze, se hizo con el castillo tras la muerte de su padre. Desde entonces, el castillo es historia viva. En su interior tuvo lugar el asesinato de la esposa de Jacques de Breeze e hija de Carlos VII, Charlotte de Valois, al haber sido sorprendida en una aventura amorosa con uno de los amigos de Jacques. La leyenda cuenta que el fantasma de Charlotte supuestamente se puede encontrar en vagando por las salas del castillo.

Tras la desagradable muerte de su esposa, Jacques de Breeze, en el año 1.502, vendió el castilo y las tierras circundantes a René de Cossé, quien fue nombrado posteriormente gobernador de Anjou y Maine por el rey Francisco I.

Como resultado de las guerras religiosas, el Castillo de Brissac fue sitiado por Enrique VI. Cossé abandonó la fortaleza, volviendo solo en 1.620 y encontrándose el castillo severamente dañado. En un intento por recuperar la forma de la fortaleza, Cossé (para aquel entonces mariscal de Francia) le encargó el trabajo de remodelación al arquitecto Jacques Corbineau. Principalmente se reconstruyó la parte central del diseño anterior.


El castillo incorporó una gran cantidad de arte del Renacimiento italiano, inspirando a muchos arquitectos en el valle del Loira. Y a pesar de la cierta asimetría de la fachada este y del norte del castillo, no perdió ápice de su innegable atractivo.

El 12 de agosto de 1.620, el Castillo de Brissac es el lugar de otro hecho histórico para el país galo. En una de las habitaciones, el rey de Francia Luis XIII y su madre María de Médici se reconciliaron.

Tras la muerte en 1.621 de Carlos II de Cossé todos los trabajos para la reconstrucción del castillo fueron suspendidos. La reforma del castillo quedó parada y la estructura no llegó a alcanzar la altura que tenía prevista. Hasta el año 1.792 el castillo siguió siendo propiedad de la familia Cossé, la cual dio a Francia cuatro mariscales, un comandante de artillería, cinco gobernadores de París y muchos otros líderes del gobierno.


Las cámaras interiores del castillo se encuentran decoradas con vigas ricamente pintadas, paneles tallados y tapices. En las salas aún se conservan valiosos y antiguos muebles, elegantes chimeneas, armas, escudos… además de una gran colección de retratos de los miembros de las familias que habitaron en alguna ocasión el gran Castillo de Brissac.

El 3 de noviembre de 1.958, el Castillo de Brissac fue declarado monumento histórico de importancia nacional.


Fuente:
* https://castillosdefrancia.com


20 de octubre de 2018

Atrapados (Montserrat Llor)

Veinte personas, hombres y mujeres, reviven el inicio de la guerra civil española, el miedo ante los bombardeos, la violencia política, la persecución, la muerte, la cárcel, el hambre, el día a día de la población, el exilio... Se consideran hijos de la guerra porque mientras unos la padecieron directamente con toda su crueldad, otros la sufrieron en la distancia, desde su exilio forzoso como «niños de la guerra» hacia las lejanas y desconocidas tierras de México o la Unión Soviética. Todos coinciden en afirmar que, de una u otra forma, vivieron atrapados por la lucha de las democracias europeas contra el fascismo, primero en la guerra civil española (1936-1939) y después en la segunda guerra mundial (1939-1945).

Los testimonios recogidos en este libro se distribuyen en tres grandes bloques:

Por tierra. Hablan los jóvenes que lucharon directamente en el conflicto: guerrilleros como Lluís Martí Bielsa, soldados como Antonio Cánovas, milicianas como Ángeles Flórez «Maricuela», es decir, personas que defendieron la Segunda República arriesgando sus vidas y que, tras la victoria de los militares sublevados, fueron represaliadas durante años, incluso décadas, en las prisiones españolas.

Por mar. Los «niños de la guerra», aquellos menores que, para salvarles de la violencia del conflicto, sus familiares les embarcaron rumbo a otros países. Tras pasar largas penurias, como fue el caso de la española Teresa Alonso que estuvo en el Sitio de Leningrado (1941-1944), algunos de ellos regresaron años más tarde a una España que les acosó sin tregua.

Por aire. Los protagonistas son los últimos aviadores de la Segunda República que aún viven como, por ejemplo, Gregorio Gutiérrez «Guti » o Francesc Pararols. Unos surcaban los cielos de España en gestas heroicas para bombardear y destruir objetivos enemigos; otros marcharon para formarse y combatir en la Unión Soviética con el Ejército Rojo. Al finalizar la guerra quedarían presos y serían obligados a reconstruir desde cero sus vidas.

6 de octubre de 2018

Las momias más antiguas

En el árido desierto de Atacama, un grupo de pescadores, cazadores y recolectores convirtieron a sus muertos en obras de arte durante más de 3.500 años (entre el 6000 y el 1500 antes de Cristo). Tenían unos extraordinarios conocimientos de anatomía, química y biología, y lo hicieron 2.000 años antes que los egipcios. La civilización chinchorro, que habitó la costa entre la parte sur de Ilo, en Perú, y norte de Antofagasta, en Chile, no legó grandes edificios ni novedosos métodos de cultivo, pero sus momias —conservadas gracias a avanzadas técnicas de embalsamamiento— cuentan hoy al mundo contemporáneo cómo se vivía entonces, por qué momificaban a sus muertos y cómo lo hacían.


“Conservaban los cuerpos con propósitos mágico-rituales”, explica Sergio Medina, antropólogo y director de extensión de la Universidad de Tarapacá. “Y el medio ambiente natural aquí [caracterizado por la salinidad y aridez del desierto] es perfecto para preservar las momias durante miles de años”. Las primeras fueron descubiertas en esta zona en 1917, en la concurrida playa chilena de Chinchorro, por el arqueólogo alemán Max Uhle. En ese momento no se contaba con la tecnología del carbono-14 para datarlas y erróneamente se calculó su antigüedad en 2.000 años cuando era mucho mayor.

Los chinchorro fueron hábiles taxidermistas. Los vestigios se han encontrado sobre todo en las regiones de Arica y Parinacota, conocidas por su sol y playas, frutas exuberantes y una costa rocosa que sigue una línea extensa del océano Pacífico. Sus técnicas incluían la extracción de órganos, el corte de miembros, descueramiento, destazamiento de vísceras y el relleno de cavidades corporales. Después rearmaban los cuerpos para darles una existencia eterna. La mirada de los expertos intenta reconstruir el proceso de momificación para tratar de responder las preguntas centrales: ¿cuánto tiempo pasaba desde el momento de la muerte hasta el proceso de momificación?, ¿quiénes dentro del grupo tenían los conocimientos necesarios para estos procedimientos?, ¿cómo se explicaban la muerte?, ¿qué lugar daban al cuerpo muerto en su sistema de vida?

Hasta el momento han sido estudiadas 208 momias y se ha descubierto que las técnicas de embalsamamiento variaron a lo largo del tiempo y se fueron simplificando en las etapas tardías. Las primeras fueron momias naturales, que se formaban por el propio desecamiento del cadáver, facilitado por las características físicas del terreno. Más adelante comenzaron a intervenir en los cuerpos.

Al cuerpo le cortaban la cabeza y las extremidades, partes que luego eran expuestas al sol. A continuación, los órganos eran extraídos a través de incisiones, el cuerpo era despojado de la carne y las vísceras, y así quedaba un esqueleto limpio y seco. Por último, se extraía el cuero cabelludo y la piel del rostro, e intervenían el cráneo para sacarle el cerebro, en cuyo lugar, una vez seco, ponían cenizas, tierras, arcillas y pelos de animal. Para darle rigidez, se deslizaban maderos puntiagudos debajo de la dermis y las cavidades eran rellenadas. Luego se modelaba el rostro, ataban los miembros con varas y al final se pintaba y se le ponía vestimenta de tejido vegetal.


Fuente:
* https://elpais.com/elpais/2018/10/01/eps/1538404415_892915.html


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