7 de enero de 2017

La pasión guerrera de los mayas

Hasta mediados del siglo XX, a los mayas se los tenía por una civilización idílica a la que sólo la conquista inoculó el virus de la violencia. Tras medio siglo de investigaciones se han descubierto numerosas evidencias de su sádica brutalidad. Y es que, en realidad, las guerras fueron muy abundantes entre los mayas.

Los textos precolombinos se muestran parcos a la hora de explicar los motivos concretos de tal abundancia bélica, de la que conocemos algunos acontecimientos concretos. Está, por ejemplo, la marcha forzada realizada por el ejército de Tikal, que recorrió los 40 kilómetros que separan esta ciudad de Naranjo en una sola jornada para caer sobre ella en una fecha muy concreta, la celebración del Año Nuevo. Una muestra de su capacidad táctica, pues está claro que no se trató de una casualidad y que su intención fue pillar al enemigo desprevenido con los festejos, quizá con sus guerreros borrachos y más fáciles de derrotar.

Escena de una batalla entre dos fuerzas mayas en una vasija policroma procedente de Nebaj

El territorio maya era una región con una cultura común, muy al modo de las polis de la antigua Grecia, en la cual algo más de 40 ciudades de distintos tamaños competían por la supremacía. Por lo que parece, no se trataba tanto de conquistar territorio como de controlar los recursos de otras ciudades, a las que se conseguía subordinar mediante el conflicto armado. De este modo, las élites ampliaban sus redes de influencia y comerciales a la par que el poder de su rey, creando con ello un complejo mundo de cambiantes redes y alianzas. Siendo así, se entiende que uno de los principales papeles del rey de una ciudad fuera el militar. El rey era una persona en la cual confluían los rasgos del sacerdote, el gobernante y el guerrero, siendo una de sus principales misiones conducir a sus huestes a la guerra y salir victorioso de ella, trayendo consigo de vuelta no sólo el control de las redes económicas de la ciudad derrotada, sino también a muchos de sus guerreros para sacrificarlos a los dioses.

Nada mejor que humillar al vencido para desposeerlo de su poder y luego rematarlo acabando con su vida quemándolo, decapitándolo o atándolo para formar una bola y tirarlo escaleras abajo desde la cima de un templo. Con todo, se sabe que algunos reyes lograron sobrevivir a semejante trato y regresar a sus ciudades convenientemente aleccionados y sumisos. A más prisioneros, más importancia. El príncipe heredero tenía que conseguir cifras importantes de prisioneros en la guerra mientras se preparaba para heredar el poder de su progenitor.

Guerreros mayas en combate

Se sabe muy poco sobre cómo participaba en las guerras la sociedad en general. Sí se conoce algo más sobre el utillaje de los soldados mayas. El armamento que utilizaban no era metálico, sino que sus armas eran sólo de piedra y madera. El sílex, el cuarzo y la obsidiana se utilizaban para hacer herramientas de filo, como cuchillos, pero también para ser incrustados en garrotes de madera. También empleaban cachiporras de madera y lanzas con puntas de piedra o afiladas y endurecidas al fuego, así como hondas. Tampoco combatían a pecho descubierto, y utilizaban escudos, corazas, hombreras y cascos. Además del cuero, para las protecciones usaban el algodón tejido, un material que sorprendió a los conquistadores españoles por su ligereza y su resistencia a ser traspasado por las flechas y espadas.


Fuente:
* José Miguel Parra, "Mayas, pasión guerrera". La aventura de la Historia nº 210, pág. 70-72


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