9 de diciembre de 2016

Don Carlos de Austria, el príncipe sádico

Don Carlos de Austria

Se dice que la locura entró en la casa de los Austrias de la mano de Juana la Loca, que se casó con el primer Habsburgo de España, el conocido como Felipe el Hermoso. A partir de ahí, los matrimonios consanguíneos repetidos por razones de Estado fueron socavando el linaje de los Austrias.

Hijo de Felipe II y María Manuela de Avis, los cuales eran primos hermanos por parte de padre y madre, el príncipe Don Carlos sólo tenía cuatro bisabuelos cuando lo normal es tener ocho. Según estudios recientes, la sangre de Don Carlos portaba un coeficiente de consanguinidad de 0,211 -casi el mismo que resulta de una unión entre hermanos, sólo superado por Carlos II con un 0,254-.

Como le ocurrió a Felipe II, el príncipe heredero se crió lejos de sus padres. Huérfano de madre a los cuatro días de nacer, Carlos quedó bajo la custodia de sus tías, las hijas de Carlos V que todavía no tenían compromisos matrimoniales. Desde el principio revela el infante instintos singulares: no sólo mordía sino que, según se dice, se comía el pecho de sus nodrizas(1). Tres de ellas fueron víctimas de la bulimia del pequeño ogro. Hasta la edad de 3 años no sele oyó pronunciar una sola sílaba, al extremo de llegar a creerlo mudo. La primera palabra que salió de su boca fue ¡no!

Cuando contaba 11 años una plaga de malaria asoló la Corte y afectó al joven, quizá más vulnerable que el resto por sus deficientes genes. En esa época su régimen de vida estaba perfectamente reglamentado. Se dedicaba a los deportes en uso entonces: jugaba a los trucos, al tejo, practicaba algo de esgrima. Algunas veces montaba a caballo, pero como "era demasiado aturdido para hacerlo sin peligro"(2) raramente se le permitía practicar este ejercicio. La enfermedad provocó en el príncipe un desarrollo físico anómalo en sus piernas y en su columna vertebral. Tenía un hombro más bajo que el otro.

Don Carlos fue enviado a la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudió junto a su tío, Don Juan de Austria, y Alejandro Farnesio, que contaban prácticamente su misma edad. No destacó en los estudios sino todo lo contrario, pero al menos participó del ambiente juvenil y saludable del lugar. En 1560 Felipe II, juzgando aceptable su comportamiento, le reconoció como heredero al trono por las Cortes de Castilla.

A los 18 años, cuando bajaba las escaleras de su residencia en Alcalá de Henares persiguiendo a una cortesana, el príncipe resbaló y cayó de cabeza. La violencia del golpe hizo que perdiera el conocimiento. Se le apreció una herida de una pulgada y contusión del pericráneo. Los médicos lo daban por muerto. No obstante, consiguieron salvarle mediante una trepanación con la que limpiaron la herida. En un convento cercano se veneraban los huesos de un fraile llamado Diego por quien Don Carlos sentía una especial devoción. Se sacó el cadáver del féretro y se colocó en la cama en la que yacía el príncipe, para que estuviera en contacto con el enfermo. Al manifestarse una mejoría en su estado, ésta se atribuyó al bienaventurado Diego.

Pero tras la caída nunca volvió a ser el mismo. Las fiebres que le afectaban periódicamente empezaron a repetirse con demasiada frecuencia. El embajador imperial en España designado en 1564 apuntaba que "Tiene un temperamento impulsivo y violento. A menudo pierde los estribos y dice lo primero que se le pasa por la cabeza".


La crueldad del príncipe

Existen datos de la crianza del príncipe, así como de sus aficiones, pero lo que más destaca de sus antecedentes es su extrema crueldad. Parece ser que gustaba de maltratar y torturar animales. Se distraía quemando liebres y conejos vivos, e incluso en una ocasión dejó ciegos a los caballos de las cuadras reales.

Arrojó por una ventana a un paje cuya conducta le molestó, e intentó, en otra ocasión, lanzar a su guarda de joyas y ropa.

Arrancó de un mordisco la cabeza de una tortuga que tenía como mascota porque le había mordido en un dedo.

Una noche que paseaba por la calle, no oyó la voz de aviso de alguien que vaciaba un orinal por la ventana, como era costumbre en la época. Ordenó que todos los habitantes de la casa fuesen muertos y la casa quemada. Afortunadamente aquella orden no se cumplió.

Mandaba azotar a muchachas de la Corte para su sádica diversión, teniendo que pagar después compensaciones a los padres de las chicas.

También trascendió su intento en público de acuchillar al Gran Duque de Alba, al que acusaba de inmiscuirse en los asuntos de Flandes.


Intento de fuga a Flandes

Los conflictos entre el rey y su hijo no tardaron en llegar. Felipe II nombró a Don Carlos miembro del Consejo de Estado en 1564, en un último intento de fingir normalidad y barajó la posibilidad de casarlo con María Estuardo o con Ana de Austria, la cual sería posteriormente la cuarta esposa del rey. Pero en la mente de Don Carlos las prioridades eran otras. Obsesionado con los Países Bajos -en ese momento en rebeldía contra Felipe II-, contactó con varios de los líderes rebeldes para organizar un viaje a Bruselas, donde pretendía proclamarse su soberano. En efecto, el rey en el pasado había sopesado la posibilidad de que su hijo gobernase allí, pero la salud mental del príncipe descartaba por completo esta opción. En una reunión mantenida con Don Juan de Austria, su tío y amigo, el príncipe le comunicó sus planes y le pidió ayuda para fugarse a Italia. Don Juan informó inmediatamente al rey.

El 18 de enero de 1568, el monarca más poderoso de su tiempo condujo a un grupo de cortesanos y hombres armados por los pasillos del Real Alcázar de Madrid hasta el aposento del príncipe Carlos. Al despertarse y hallarse rodeado de hombres armados Don Carlos exclamó: "¿Qué quiere Vuestra Majestad? ¿Quiéreme matar o prender?" "Ni lo uno ni lo otro, hijo", contestó Felipe II. El joven heredero fue arrestado y acusado de conspirar contra la vida de su padre.

El cautiverio, lejos de calmar a Don Carlos, empeoró su salud mental y terminó costándole la vida a los 23 años de edad. En medio de una huelga de hambre, el heredero se acostumbró a calmar sus calenturas volcando nieve en su cama y bebiendo agua helada, lo cual terminó consumiendo su quebradiza salud.

La propaganda holandesa acusó directamente al rey de ordenar el asesinato de su hijo y argumentó que lo único que quería Don Carlos era acabar con la tiranía de su padre en los Países Bajos.

Siglos después, Giuseppe Verdi compuso inspirado por este capítulo de la historia una de sus óperas más famosas: "Don Carlo".


(1) Relación hecha al Senado de Venecia el 19 de enero de 1563.
(2) Carta de don García de Toledo, de 27 de agosto de 1557.


Fuentes:
* http://gatopardo.blogia.com/2005/042301--i-la-locura-de-don-carlos-hijo-de-felipe-ii.php
* https://pacotraver.wordpress.com/2014/01/06/la-locura-de-los-austrias-don-carlos/
* http://www.abc.es/espana/20150122/abci-hijo-felipe-maldito-enfermo-201501211850.html
* http://historiasdehispania.blogspot.com.es/2008/01/don-carlos.html


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