14 de noviembre de 2010

El asesino de la frontera

18 de julio de 1901, estado de Wyoming. Willie Nickel, el hijo de un ovejero, no sabe que lo están vigilando. Los acontecimientos que se sucederán a continuación dejarán al descubierto la parte oscura del Oeste. Un hombre es acusado del crimen: Tom Horn, un tristemente famoso cazador de recompensas. ¿Es un campeón de la justicia en la frontera, o un asesino implacable cuyo tiempo ha pasado?

Willie Nickel
Tom empezó, como muchos jóvenes en la frontera, trabajando como vaquero. Creció en Missouri en la década de 1860, al final de la época dorada de los vaqueros, y escapó de casa a los 13 años huyendo de las palizas de un padre estricto. Encontró trabajo como pastor de ganado nocturno, y pronto estaba conduciendo rebaños para el ejército en Arizona. Era un trabajo tedioso, y este hombre joven estaba ansioso de aventuras.
Tom descubrió que era un rastreador muy hábil; a los 28 años se convirtió en jefe de exploradores en la campaña contra los indios de Arizona, conocida como “las guerras apaches”. Llegó a ser incluso miembro de la partida que capturó a Jerónimo, el legendario jefe indio.

A pesar de su fanfarronería Tom destaca en todo lo que hace. Domina todas las actividades de los vaqueros, como el manejo del lazo, y se convierte en una auténtica estrella del rodeo a los 28 años. Es una de las cosas que contribuye a construir su reputación y a granjearle el respeto de los demás vaqueros. Como Tom sabe bien, pocas herramientas son tan importantes para un vaquero como su lazo. Tom Horn aprendió a hacer sus propios lazos de los apaches en su época de rastreador, pero hay algo que le gusta casi más que los lazos: las armas. Presume de portar los más avanzados modelos de armas, y como todos los pistoleros, es meticuloso en su cuidado. Tom se convierte en un tirador extraordinario y esa especialidad lo saca del mundo de los vaqueros para introducirlo en los peligros de una nueva institución: el primer servicio secreto de los EEUU, fundado en 1850 por los Pinkerton.

Tom Horn
Había mucha demanda de detectives privados en el Oeste, donde escaseaban los agentes de la ley. Tom demuestra tener auténtico talento y se dedica a eso durante varios años en Colorado. Aquellas cazas del hombre podían durar meses, y Tom se gana una reputación como hombre que acaba siempre capturando a su hombre, por mucho tiempo que cueste. Tom también aprende a utilizar métodos extremos: a los hombres a los que no puede capturar, los mata.

En 1892, Tom Horn deja su trabajo como detective de Pinkerton y se dirige al norte, atraído por una nueva oportunidad. En Wyoming los rancheros ricos tienen millones de cabezas de ganado pastando en libertad, pero el enorme tamaño de sus zonas de operaciones facilita que los granjeros roben ganado sin ser detectados. El robo de reses amenaza con hacer disminuir el beneficio de los poderosos magnates del ganado y hay muy pocos agentes de la ley en esta remota región, de modo que los magnates contratan a detectives de campo para proteger su ganado por cualquier medio.

Hacia finales de la década de 1860 miles de colonos estaban llegando a Wyoming. La Ley de Fincas otorgaba a los ciudadanos estadounidenses 65 hectáreas libres de impuestos, de modo que muchos de ellos reclaman su parte en este vasto territorio abierto y entonces se topan con gente que ya estaba allí, y ahí surge un problema. Los ricos magnates del ganado compran el poder político y establecen su propia ley para expulsar a los colonos de la zona.

La reputación de Tom como detective y experto tirador le convierte en el perfecto pistolero a sueldo. Está acostumbrando a cazar delincuentes pero ahora son granjeros los que se encuentran en su punto de mira, sin embargo emprende su nuevo trabajo sin el menor remordimiento, se crea una reputación de hombre al que hay que temer y no le cuesta mucho.

Tom procuraba enfrentarse a los granjeros apareciendo repentinamente de la nada, solo para hacerles saber que se encontraba en la zona. Es una táctica de amedrentamiento muy efectiva. No es un pistolero a sueldo convencional, hay cierto decoro en sus métodos, incluso un sentido del juego limpio. Antes de expulsar a los supuestos cuatreros les dejaba una nota: “deja de robar y abandona el territorio, o morirás”, y si no lo hacían al cabo de unos días sencillamente los mataba. Tom maneja muchas armas en su trabajo, pero una parece ser su favorita: el Winchester de 1894.

Winchester 94
En 1900, Tom emprende el mayor trabajo de su vida. Varios grandes ganaderos ricos forman una organización secreta. Se enfrentan a un severo brote de robos de ganado y recurren al hombre que puede detenerlo, contratan a Tom para eliminar a dos conocidos cuatreros de Colorado y pocas semanas después los dos son asesinados. Horn presumirá más tarde de esos asesinatos proclamando que cobró 600 dólares por cada uno, el equivalente a 15.000 dólares de hoy, pero su fanfarronería le acabará pasando factura.

El verano de 1901 lo pasó en la granja de los Miller y estando allí presenció una disputa que cambiaría su vida para siempre. El vecino, Nickel, es un pequeño ranchero, conocido alborotador y que tiene muchos enemigos. Cría ovejas, que los ganaderos de vacuno odian y a menudo las deja pastar en tierras de otros rancheros. Es el siguiente en la lista de Tom Horn, pero es su hijo el que cae en el fuego cruzado. El 18 de julio, Willie, el hijo de 14 años de Nickel, monta en el caballo de su padre y cabalga fuera de los límites de su propiedad. Los detalles de lo que sucedió aquella mañana son todavía un misterio, pero el acontecimiento sellará el destino de Tom y desencadenará un calvario que se recuerda en Wyoming hasta el día de hoy.

No había pruebas de que Horn hubiera estado en el lugar del crimen. Incluso hoy muchos investigadores dudan de que fuese él el autor, y es que tenía una coartada muy firme. Una hora después de que se produjeran los hechos Tom Horn fue visto por otro vaquero en un lugar bastante alejado, a unos 15 o 20 km.

Es un gran bebedor y el alcohol suelta la lengua. Esta vez, Tom habla demasiado ante la persona equivocada, un ayudante de marshall llamado Joe Lefors.

Lefors lleva a Tom a su despacho y le tienta con una oferta de trabajo para arreglar unas disputas de terrenos en Montana. Tom muerde el anzuelo con entusiasmo. Tras la puerta un estenógrafo recoge en secreto la conversación, en la que Lefors lleva a Horn a incriminarse. La confesión en estado de embriaguez asegura el arresto de Tom y se convierte en la mayor prueba contra él en el juicio. Horn afirma que solo estaba vacilando y exagerando sus habilidades para conseguir el trabajo de Montana.

A pesar de la confesión, la prueba contra Tom está plagada de lagunas. No hay testigos que lo sitúen cerca del lugar del asesinato, y uno de los grandes puntos de controversia es el arma utilizada en el disparo. Un médico declaró en el juicio que las heridas de Willie Nickel eran demasiado grandes para ser causadas por el Winchester 64 de Horn. Pero hay un problema, el cuerpo de Willie estuvo a la intemperie 24 horas antes de que lo encontraran y la descomposición del cadáver podía haber alterado el aspecto del orificio de la bala.

En la cárcel Horn se prepara para la lucha de su vida. Sus amigos rancheros contratan a los mejores abogados, pero esta vez Horn necesitará algo más que el dinero de sus jefes para salvar el cuello. Los magnates del ganado, aquellos a quien sirvió con tanta lealtad, lo traicionan; pagan sus abogados pero se niegan a testificar a su favor. Fue declarado culpable y ahorcado.

8 comentarios :

  1. Bueno, madame, fuera o no culpable de ese crimen, parece que al final acabó pagando por todos los que llevaba sobre la conciencia.

    Pero mire qué considerado, dejando antes notitas de advertencia.

    Feliz tarde

    Bisous

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  2. En fin, qué decir de aquellos tiempos bárbaros y crueles de la historia americana. Toda ella está plagada de errores judiciales y ejecuciones apresuradas. Un pueblo siempre con sed de venganza y con grandes equivocaciones en su haber.
    Saludos.

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  3. Horn forjó su destino: quien siembra vientos, recoge tempestades. Un saludo.

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  4. Como dice el refrán "por la boca muere el pez" en este caso fueron sus propias palabras las que le llevaron a la horca, por lo menos pudo presumir de que nadie sino él mismo fue el que terminó matándole.

    Un saludo :-)

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  5. Buen relato de los hechos, solo le ha faltado un poquito de música de Ennio Morricone.

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  6. Hay una película con Steve McQueen, eso que se llamaba un western crepuscular, que nos relata la historia de este Tom Horn, con el título homónimo. El papel femenino lo hacía Linda Evans, que se hizo popular en España con el culebrón "Dinastía"

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  7. Desconocía a este personaje, me ha encantado conocerlo, bueno a él no, a su historia
    Besos
    nela

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