31 de mayo de 2010

La cafetera, otro gran invento

Hace cosa de un año publicábamos una entrada sobre la historia del café. Pero hoy no podríamos degustar una deliciosa taza de café si no se hubiese inventado un artefacto: la cafetera.

Los granos de café fueron masticados durante 400 años, a partir del momento en que un pastor de cabras etíope, llamado Kaldi, descubrió las propiedades de la planta en el año 850 d.C. Sin embargo, el comercio no ofreció un modelo de cafetera para la infusión del café en polvo hasta la introducción de la cafetera francesa en el año 1800. Durante los siglos anteriores, en los muchos países que consumían ya enormes cantidades de café, éste se preparaba hirviendo los granos en agua y pasando la mezcla a través de un filtro diseñado al efecto.

La cafetera francesa, creada por el farmacéutico Descroisilles, consistía en dos esbeltos recipientes metálicos, que podían ser de estaño, cobre o peltre, separados por una placa agujereada que hacía de filtro. Alrededor del año 1850, los fabricantes franceses presentaron la primera cafetera esmaltada.


La primera adaptación norteamericana de esta cafetera fue patentada en el año 1873. El cilindro, de una sola cámara, contenía un filtro que se hacía avanzar presionándolo a través de la mezcla de granos de café y agua caliente, obligando con ello a los granos a depositarse en el fondo. Por desgracia, el diámetro de los filtros no siempre se ajustaba al del recipiente, y muchas veces el resultado era una bebida mal colada. Este problema exasperó a una mujer hasta el punto de impulsarla a inventar una cafetera que diera mejores resultados.

En el año 1907, la alemana Melitta Bentz empezó a experimentar con diferentes materiales aplicables entre las dos cámaras de una cafetera. Un disco de tela de algodón, colocado sobre el filtro del recipiente, funcionaba durante algún tiempo, pero la tela no tardaba en estropearse.


En el año 1908 descubrió un papel poroso, casi perfecto, al recortar un disco en una hoja de papel secante, y con ello el sistema de filtro Melitta inició su camino hacia la comercialización.

La búsqueda de la taza perfecta de café prosiguió incansable, y en el año 1940 nació la cafetera Chemex, fruto del ingenio de un químico alemán, el doctor Peter Schiumbohm, que emigró a los Estados Unidos en el año 1939, adaptó un material de propiedades bien ensayadas en los laboratorios científicos: el Pyrex, resistente al calor. Construyó un recipiente al que se limitó a añadir una parte superior cónica invertida que contenía el papel de filtro, y una medida de granos de café finamente molidos.

La Corning Grass, empresa distribuidora del Pyrex, accedió a producir la cafetera Chemex, pero en aquellos momentos se desarrollaba la segunda guerra mundial, y la compañía comunicó a Schiumbohm que no podían fabricar legalmente un nuevo producto sin previa autorización del Departamento de Producción de Guerra.

El inventor, sin desanimarse, escribió directamente al presidente Roosevelt, encabezando su carta con las palabras "Un rey no se preocupa por los detalles. Pero un presidente se preocupa incluso por los detalles". Roosevelt, amante del buen café, permitió que se iniciara la producción de la cafetera Chemex.

El doctor Schiumbohm, aunque presentó unas doscientas patentes para dispositivos tecnológicos durante su vida, ninguna conseguiría el éxito del más simple de sus inventos: la cafetera Chemex.


Fuente: Historia de la Gastronomía


5 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

gran invento, madame. Como cafetera empedernida que soy, lo aprecio en lo que vale.
Asi que Melitta era el nombre de la señora en cuestion? O sea, que no es que ella tuviera nombre de cafetera, sino que la cafetera tiene nombre de señora! Que cosas, madame.

Buenas noches

Bisous

Cayetano dijo...

Grandísimo invento el de la cafetera.
A mí me gusta el café en la típica y de toda la vida cafetera doméstica, esa que va a rosca, mejor de aluminio que de acero inoxidable, y cuanto más vieja, mejor sale el café.
Un saludo.

Jordi dijo...

Este si que es de lo mejorcito que se ha podido inventar

Negrevernis dijo...

¡Qué curioso!
¿Masticar granos de café? Uuuufffff.....
Yo es que prefiero el té...

Un abrazo.

Algarrobo dijo...

Gran BLog! insisto!
y el reportaje muy bueno, sigues sacando jugo de lo cotidiano

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