8 de mayo de 2014

Batalla de Carras

A mediados del siglo I a.C., Roma está dominada por lo que se conoce como primer triunvirato, protagonizado por Julio César, Pompeyo y Craso, siendo este último, según muchos historiadores, el hombre más rico del momento.

Su personalidad, codiciosa y ávida, le empuja a llevar a cabo una campaña que pronto se convertiría en el mayor error que pudo cometer. En el año 54 a.C., sin consentimiento del Senado Romano, invade el Imperio Parto, situado entre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, rompiendo un tratado de paz que Roma mantenía con ellos y con un ejército de 40.000 hombres, bien pagados y fieles a él hasta el final.


Craso tomó varias ciudades fronterizas sin resistencia. Los partos, indignados por la traición de éste le exigieron una retirada, a lo cual Craso se negó. En el año 53 a.C. el rey Orodes III de Partia envió un ejército de 10.000 jinetes a encontrarse con Craso, con la única intención de retrasarle mientras esperaba la llegada del grueso de su ejército, emprendido en otra campaña militar. Ambos ejércitos se encontraron cerca de Carras, entre los ríos Tigris y Éufrates.

Craso formó a sus hombres en un cuadrado, para neutralizar posibles cargas laterales y por la retaguardia de la caballería parta. Los partos, intentaron intimidar a los romanos en dos ocasiones, con redobles de tambores, para hacer creer que eran más de los que pensaban y reflejando el sol en sus brillantes armaduras, pero esto no frenó el avance del ejército de Craso.

Ante la inutilidad de aquello, los partos comenzaron la ofensiva. Los arqueros a caballo rodearon al ejército romano, y hostigaron a su infantería. Los arcos compuestos usados por los jinetes, atravesaban escudos y armaduras romanas, provocando heridas a los legionarios, normalmente no mortales, pero que empezaban a desmoralizar a éstos.

Craso
La impotencia se propagaba entre las líneas romanas, las cuales comenzaron a romper su formación e intentaban cargar contra las jinetes, quienes se retiraban, dejándoles a merced de una rápida carga de catafractos, que terminaba con los soldados que salían de la formación.

Craso en un principio esperaba resistir hasta que a los jinetes se les acabasen las flechas, pero los partos contaban con un millar de camellos cargados de munición, teniendo de estas más que suficientes. Ante esto, Craso envió a su caballería, liderada por su hijo, a cargar contra los jinetes arqueros, pero éstos terminaron siendo masacrados y el hijo de Craso, Publio, caído en batalla.

El ejército romano se retiró a la próxima ciudad de Carras, dejando 4.000 heridos y muertos tras ellos.

Al día siguiente, los partos enviaron un mensajero a los romanos, ofreciéndoles una tregua si se retiraban. Craso no quería reunirse con ellos, pero el miedo infundido en sus tropas amenazaba con un motín si  no lo hacía, por lo que tuvo que aceptar.

Durante la negociación, ésta se volvió violenta, resultando Craso muerto en ella, obligándole los partos a beber oro fundido como símbolo de su avaricia.

Las tropas romanas intentaron huir de Carras, siendo víctimas de una nueva trampa en la que resultaron rodeados y asesinados o capturados.

De los 40.000 hombres con los que contaba el ejército romano, 20.000 fueron muertos y 10.000 capturados. Las bajas del ejército parto fueron mínimas.

La muerte de Craso pondría fin al primer triunvirato en Roma, situación que comenzaría a desestabilizar el poder político y considerándose este hecho como el comienzo de la futura guerra civil entre César y Pompeyo.

Esta batalla también empezaría a despertar el interés en Europa en la seda, producto con el cual los partos tejían sus estandartes, interés que terminaría por consolidar la Ruta de la Seda, una de las rutas comerciales más prósperas de la historia.


Fuente:
Ekklesía

Para saber más:
La batalla de Carras

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