15 de junio de 2010

Castillo de Larrés




Larrés es una localidad aragonesa de la provincia de Huesca, cercana a Sabiñánigo.
Aunque se conoce la existencia de Larrés desde el año 1035, durante el reinado del rey aragonés Ramiro I, la primera referencia escrita documentada data de octubre de 1299. La fortaleza en esa época poseía tan sólo una de la torres y era señorío de Ferrán Pérez de Pina, junto a Cartirina, Borrés, Buey y Barbenuta. Cuando muere el señor de Larrés, su hijo Rúy Ximénez de Ribas vende el castillo junto con los demás señoríos mencionados a Martín Pérez de Arbea.

Después el castillo pasara a manos de la Corona de Aragón, hasta que ésta la ceda, el 10 de febrero de 1383, por orden de Pedro IV, a Iñigo de Larrés.

Durante la rebelión de Antón de Luna, los sublevados se apoderaron del castillo. Siendo recuperado y retornando a la Corona en 1414.

La construcción actual data de finales siglo XIV, siendo posteriormente ampliada en el siglo XVI. Pasando a ser propiedad de una de las familias aragonesas de más fama de la época, los Urríes de Ayerbe, que lo mantendrán hasta finales del siglo XIX. Dejando el castillo prácticamente abandonado.

Fue puesto a la venta y comprado por el larresano, afincado en Jaca, don Sixto Antonio Belio, sus descendientes, los Castejón Royo, lo donaron a “Los Amigos del Serrablo” en 1983. Esta asociación cultural realizo las obras de restauración que posibilitan admirarlo en la actualidad. El 14 de septiembre de 1986 fue ignagurado y alberga el Museo Nacional de Dibujo.


El castillo de Larrés es de una gran importancia histórica, aunque la construcción es del siglo XIV debió utilizar parte del primitivo castillo del siglo XI. La construcción actual tenía una función más palaciega que militar.

El castillo, realizado en sillares irregulares, es de planta rectangular, de 20 por 15 metros. Posee dos torres de planta rectangular, de diferente altura, y situadas en esquinas opuestas. El remate de ambas ha sido modificado y están cubiertas a dos aguas. Ambas poseen saeteras.

La pequeña puerta de entrada es de medio punto, y posee un escudo de piedra con las barras de Aragón y está protegida con una aspillera.

En el interior hay un patio de pequeñas dimensiones, cubierto con arcos apuntados. A la izquierda tenemos la puerta de acceso a la torre más grande y una sala con una bóveda de medio cañón. Interiormente la torre tiene tres alturas, las primeras comunicadas con una escalera de madera, la tercera es accesible por una escalera de piedra insertada en el muro.

El casillo esta protegido exteriormente por una pequeña cerca defensiva que se extiende por la cara principal y uno de sus lados menores.


Fuente:
Castillos de Aragón


3 comentarios :

  1. Ya te comenté alguna vez que me encantan los castillos.
    Tienen algo especial. Esas piedras milenarias encierran muchos secretos, muchas historias u muchas tragedias. Hablando de dramas y traiciones, hace poco estuve visitando el castillo de Zamora. Interesante.
    Un saludo.

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  2. Pues me apunto el de Zamora para otro día.

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