29 de mayo de 2010

Así se trabajaba en el siglo XIX

Según los defensores del liberalismo económico, el crecimiento de la producción tenía que aportar riqueza y bienestar para todos. Pero en realidad, mientras algunos se enriquecieron, los trabajadores fueron obligados, en los primeros tiempos de la industrialización, a vivir en situaciones muy precarias. Se necesitaría casi un siglo para que los trabajadores empezaran a participar de los beneficios de una transformación económica que en gran medida habían contribuido a crear.

Los asalariados eran simplemente fuerza de trabajo que se compraba, por su abundancia, a muy bajo precio. Los salarios sólo permitían la estricta subsistencia. Además, se cobraba por jornada trabajada o por trabajo a destajo: si no había trabajo o se hacía fiesta, no había salario, y en caso de enfermedad, accidente o vejez, nadie se hacía cargo del trabajador.

Las jornadas en las fábricas, o en las minas, eran muy largas (14-16 horas) y en condiciones ambientales muy deficientes.

La disciplina laboral era muy dura: los obreros podían ser despedidos en el momento que desease el empresario y los castigos y penalizaciones eran frecuentes. La moral burguesa veía a los trabajadores como perezosos e indolentes, consideraba el ocio como un vicio y exaltó como máximas virtudes la disciplina y el trabajo.

Niños trabajando en una fábrica. Grabado de 1856

Era un hecho corriente que niños y mujeres trabajasen en estas condiciones, tanto en las fábricas como en las minas. Sus sueldos eran inferiores a los de los hombres. En Inglaterra, el sueldo de un niño equivalía a un 10% del de un hombre, y el de una mujer, alrededor de un 40%.

Las condiciones de vida no eran mucho mejores. Las viviendas eran muy pequeñas e insalubres, la alimentación, escasa y poco variada. La fatiga, la desnutrición, las epidemias, reducían la esperanza de vida de las familias obreras. A los 40 ó 50 años ya se era anciano. En 1825, un médico francés describió esta situación diciendo: "para los obreros, vivir es no morir".


3 comentarios :

  1. Por lo tanto, somos herederos de las fatigas de estas personas. Qué menos que trabajar con dignidad. Aunque me vienen a la cabeza, tras leer tu entrada, los millones de personas que todavía hoy trabajan en condiciones de esclavitud más o menos encubierta; ¡qué importante entonces apoyar a las ONG's que luchan por acabar con esto!

    Un saludo.

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  2. Esta entrada habría que ponersela a los defensores a ultranza del liberalismo, a los partidarios del capitalismo más salvaje e inhumano. ¿Queremos volver a esa situación?
    Un saludo.

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  3. Madame, despues de todo y viendo eso, no nos va tan mal, jiji. La entrada de hoy nos retrotrae a la epoca de Dickens, los tiempos del trabajo infantil y las jornadas laborales interminables.
    Que horror.
    Mientras no haya que volver a eso...

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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