13 de marzo de 2011

Madame du Barry, la pasión de Luis XV

A lo largo del siglo XVIII, muchas cortes europeas toleraron la presencia de amantes o favoritas de los monarcas. No obstante, fue la corte de Versalles la única que les concedió un estatus especial bajo la denominación de maîtresse en titre, o lo que es lo mismo “amante titular”. Dicha amante titular debía ser siempre una mujer casada, para evitar al monarca cualquier tentación de repudiar a la reina. Asimismo, debía contar con una “madrina” perteneciente a la nobleza para hacer su presentación en la corte. Tenía derecho a residencia propia, cuyo mantenimiento corría a cargo del erario real, podía asistir a recepciones y fiestas ocupando un lugar próximo al monarca, y sus hijos eran, en rango, inmediatos a los nacidos de la reina.

La historia de madame du Barry comienza en Vaucouleurs (Lorena), cuando una costurera de gran belleza llamada Anne Bécu mantuvo una relación con un monje llamado Jean-Baptiste Gomard de Vaubernier. Como resultado de esta relación nació, el 18 de agosto de 1743, una niña a la que su madre llamó Jeanne. El asunto del monje y la costurera supuso un escándalo, teniendo que trasladarse ésta a París, lo que resultó ser una decisión adecuada; allí encontró marido y un padre para su hija.

La pequeña Jeanne fue internada en un colegio con el fin de formarla adecuadamente, pero al cabo de nueve años las tentaciones de la capital fueron demasiado poderosas para una muchacha ambiciosa como ella. A los 15 años abandonó el colegio y empezó a trabajar como lectora de una tal madame Legardère, cuya nuera escandalizaba al París bienpensante por sus inclinaciones lésbicas. La dama, al percatarse de los encantos de la asistente de su suegra, intentó seducirla, pero Jeanne la rechazó y prefirió caer en brazos del marido. Fue despedida y tras el escándalo ni su madre ni su padrastro quisieron hacerse cargo de ella, por lo que tuvo que buscarse la vida trabajando en distintos oficios. Fue bordadora, modista y sombrerera al tiempo que seducía a militares, financieros y cortesanos, y posó como modelo de pintores y escultores. En el taller de uno de ellos conoció al modisto Monsieur Labille, quien le ofreció un puesto de dependienta en su comercio.

Madame du Barry

Allí vio por primera vez a Jean-Baptiste du Barry. Éste, miembro de la pequeña nobleza tolosana, se había instalado en la capital tras su matrimonio con una dama parisina. Como sus rentas eran limitadas, se dedicaba a hacer de mediador entre hermosas jóvenes y altos cargos de la corte. En la Francia del siglo XVIII, un hombre de su condición no podía ser tachado de proxeneta, por lo que en París se decía que gozaba “de muchas y variadas relaciones”. Como un moderno Pigmalión, enseñó a Jeanne las normas elementales del protocolo, a vestirse, a moverse y a saber cómo actuar para que un hombre cayera rendido a sus encantos. Una vez concluida su labor, la presentó en sociedad, y desde entonces Jeanne se convirtió en una excelente fuente de ingresos para du Barry.

La oportunidad se presentó a la muerte de madame de Pompadour en 1764. La última amante oficial de Luis XV había sido una mujer bella e inteligente, y su muerte había dejado al soberano completamente desolado. Du Barry decidió aliviar la soledad del rey (y de paso ganar dinero) y se hizo acompañar a Versalles por Jeanne. El monarca quedó cautivado de inmediato por su belleza.

Luis XV

Entre los cortesanos pronto corrió el rumor de la existencia de una nueva amante del rey. Las hijas solteras del soberano, que se atribuían la condición de guardianas de la moral en la corte, se dispusieron a hacerle la vida imposible. No tardaron en descubrir el escandaloso pasado de Jeanne, que se hacía pasar por mujer casada a la que llamaban madame du Barry sin que existiera un monsieur du Barry. Ni Jeanne ni su protector estaban dispuestos a perder lo conseguido, así que le encontraron un esposo rápidamente: el hermano de Jean-Baptiste du Barry, Guillaume, que era soltero. Éste accedió a casarse con ella a cambio de una buena suma de dinero, y una vez celebrado el matrimonio se retiró a sus dominios en Toulouse. Horas después de casarse, y ante la desesperación de las hijas del rey, la ya legal madame du Barry se instaló en Versalles. Pocos meses más tarde hacía su deslumbrante presentación en la corte.

Para la presentación se encontró, como marcaba la etiqueta, una madrina, madame de Béarn, una aristócrata viuda y arruinada que aceptó desempeñar el papel a cambio de dinero. Con ello, Jeanne du Barry pudo presidir su primer baile en Versalles. Desde ese momento fue la reina absoluta de la corte. Consiguió la destitución del ministro Choiseul y atrajo el favor de una buena parte de los nombres más influyentes de la corte. Encontró, sin embargo, el desprecio de la nueva esposa del Delfín, María Antonieta, aliada de las hijas solteras del rey.

En primavera de 1774 Luis XV cayó víctima de la viruela. Como solía hacer cuando el monarca enfermaba, Jeanne se dispuso a permanecer junto a la cabecera de la cama del enfermo. Sin embargo, para su sorpresa, se le impidió el paso a las habitaciones reales. Lo que había sucedido era muy simple. Cuando el rey comprendió que su vida llegaba a su fin, sin consideración alguna hacia la persona que le había amenizado sus últimos años, dio órdenes de que no se le permitiera el paso a la alcoba. Sin pensar que con ello la humillaba públicamente, el soberano se confesó, comulgó y pidió perdón por lo que calificó de “conducta escandalosa” ante la corte en pleno. Tres días después murió.

El mismo día de los funerales, Jeanne fue conducida por la Guardia Real a la abadía de Pont-aux-Dames, a las afueras de París. Se la mantuvo totalmente aislada, sin apenas recursos ni comodidades. Tras once meses de reclusión se le permitió salir con la prohibición expresa de regresar a la corte. Se instaló en Louveciennes, donde vivió su último romance con el duque de Brissac, gobernador de París. A su lado reemprendió la vida social. Poco después, su mansión fue asaltada y sus joyas robadas. Se le comunicó que las joyas habían sido halladas en Londres y entonces inició una serie de viajes a la capital británica, pero la Revolución Francesa estaba en su apogeo y los revolucionarios pensaron que tal vez sus viajes a Londres tenían como finalidad contactar con los realistas exiliados. En septiembre de 1793 se la detuvo acusada de evasión de capitales. Tras unos meses en prisión fue procesada y se la acusó de facilitar fondos a los contrarrevolucionarios.

El 7 de diciembre de 1793, la guillotina segó la garganta de la última favorita del Antiguo Régimen.


Fuente:
Historia y Vida, número 512 - María Pilar Queralt del Hierro

2 comentarios :

  1. Una pasión con un final trágico. Ser amante del rey es jugar con fuego. La doble moral, la hipocresía de los poderosos, ese arrepentimiento a última hora de Luis XV... se encargaron de poner fin a una relación siempre vigilada.
    Un saludo.

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  2. Bueno, ya sé sabe... o eras esposa o monja o maîtresse... la vida no daba muchas oportunidades a las mujeres.
    Mme du Barry jugó bien sus cartas pero Louis XV mo estuvo a la altura de su predecesor Louis XIV... (en lo que a amantes se refiere)
    Un saludo.

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