27 de diciembre de 2010

Las gárgolas

Gárgola de la catedral de Sevilla
Asomando desde lo alto de las catedrales donde la vista apenas si alcanza, seres infernales, imágenes dantescas o animales grotescos que parecen surgidos de una mente enfermiza guardan el santo edificio de los males del Maligno. Defensoras pétreas por encargo celestial, las gárgolas atemorizan cualquier intento de profanación del enclave sagrado.

Una antigua leyenda francesa cuenta la existencia de un ser monstruoso con el aspecto de un dragón que poseía un largo cuello, fuertes mandíbulas y un largo hocico llamado Gargouille. Dicho monstruo destruía todo aquello que encontraba a su paso gracias a su pestilente aliento y a los chorros de agua que despedía. La ciudad de Rouen, para aplacar tan nefasto animal, decidió ofrecerle todos los años una ofrenda humana para calmar sus ánimos agresivos. Se elegía un criminal y se le entregaba, si bien el monstruo prefería doncellas.
Corría el año 600 cuando el clérigo Romanus llegó a la ciudad para pactar con el dragón a cambio de que los lugareños aceptaran ser bautizados y erigieran una hermosa iglesia. Dispuesto a exorcizar a la bestia y equipado con lo necesario fue acompañado junto al dragón. Con la simple señal de la cruz el fiero animal se convirtió en una bestia dócil, y atado con una simple cuerda fue conducido a la plaza de la ciudad. Gargouille fue quemado en la hoguera y las llamas consumieron su cuerpo, excepto cabeza y cuello del que surgía su tórrido aliento. Ante tal situación, dichos restos fueron depositados en el tejado del ayuntamiento como recordatorio de las angustiosas jornadas vividas por la población.

Esta leyenda viene a explicar el origen del término “gárgola” como sinónimo de escupir agua y que, con el paso del tiempo, su imagen pasó a las cornisas de las iglesias y de las catedrales medievales.

Gárgola de la catedral de Barcelona
En realidad la idea de crear una escultura ornamental y decorativa para utilizarla como desagüe era utilizada desde la antigüedad por griegos, etruscos y romanos. Así fue como, durante la Edad Media, esos canalones decorativos servían como sumideros para expulsar el agua de la lluvia evitando con ello el deterioro de los muros y la erosión de la piedra.

Las primeras gárgolas aparecen a principios del siglo XII. Este sistema de drenaje del agua es el más utilizado durante la época del estilo gótico, si bien no todas las gárgolas tenían dicho uso. Los primeros ejemplos góticos de estas gárgolas son las que se encuentran en la catedral de Lyon y las de Nôtre Dame de París. Situadas por hileras en lo más alto del edificio, fueron cambiando su aspecto con el paso de los años. Las primeras, más bien toscas, dejaron paso a otras mucho más elaboradas que fueron proliferando hasta convertirse en auténticas obras de arte. Su peculiaridad más relevante es que siempre eran intencionadamente horribles y grotescas.

Gárgola de Nôtre Dame de París
La ambigüedad de sus formas, característica del estilo gótico, no ha permitido la elaboración de un significado concreto y un conocimiento preciso al contener una mezcla en su composición de diferentes especies, unas existentes y otras fantasiosas. No hay dos iguales. Cada una de ellas posee su propia personalidad por llamarlo de algún modo.

En una época en la que las imágenes tenían por misión un mensaje moral, religioso y docente la gárgola sigue siendo un misterio, pues no se ha encontrado en ella un objetivo educativo.

Para algunos, representan los avatares de la vida, pues su aspecto muchas veces no se corresponde con el de animales conocidos. Para otros se trata de la representación de las almas de aquellos a los que todavía no se les permite entrar en la casa del Señor. Pero la hipótesis más acertada es aquella que nos habla de las gárgolas como guardianes del edificio, signos mágicos que lo alejan de todo mal.

'La Bruixa', gárgola de la catedral de Girona
Las representaciones demoníacas estaban muy presentes en la imaginería medieval. Los artesanos seguían las pautas establecidas y no podían expresar su creatividad pues en realidad eran obreros al servicio de la nobleza y sobre todo de la Iglesia. La única excepción que rompía dicha regla era la realización de las gárgolas. La libertad creativa para con las gárgolas era casi absoluta, y era entonces cuando el escultor dejaba volar su imaginación y fantasía.

Curiosa gárgola de la catedral de Whashington.
Por lo visto, tras restaurar la catedral, se organizó un concurso por
el cual se buscaba una imagen actual para representar el mal.
Esta fue la imagen ganadora.

Fuente:
Ocultismo medieval – Xavier Musquera

3 comentarios:

Pedro de Mingo dijo...

Sin duda uno de los elementos más inquietantes y misteriosos de las catedrales.

Gracias por tan interesantes explicaciones.

Un saludo.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Sí que ha sido interesante. Además no conocía la leyenda de Gargouille. Curiosa la gárgola de Whashington, que más que meter miedo da risa. Un beso.

Kassiopea. dijo...

La de Washington es que es muy friki.

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