5 de octubre de 2009

Historia de una cena

Los romanos fueron poseedores de una depravación épica, una crueldad monstruosa y una extravagancia sorprendente. La búsqueda sin freno del placer de los sentidos, siempre acompañó a Roma en su ascenso a su posición de superpotencia. En el año 18 a.C., el estirado Augusto es el primer emperador de la familia Julia Claudia. Augusto llega al poder tras una traumática guerra civil. La expansión del Imperio generará una ola de decadencia contra la que el austero Augusto luchará durante toda su vida. Un festín organizado por un rico financiero llamado Vedio Polión en honor de su protector Augusto simboliza este conflicto. Los historiadores de la época Séneca y Plinio, que contaron detalladamente el banquete, lo vieron como un cuento moral que revelaba los vicios de la gula y la crueldad. Para los nuevos ricos de Roma, los excesos y extravagancias en la mesa eran la prueba de haber llegado a la cima del éxito. Los manjares de la cena ofrecida por Vedio a Augusto incuyen 'lirón asado' o 'caracoles engordados con carne cruda'. Incluso hay 'flamencos' en el menú; sin embargo el pescado es el tesoro del día. Normalmente es el hombre el que se come al pez, pero este festín es diferente; se va a dar a un hombre de comer a los peces: unas anguilas devoradoras de hombres llamadas lampreas. Para los nuevos ricos romanos una de las mayores demostraciones de riqueza es la posesión de estanques con peces en sus fincas, y el festín tuvo lugar en la lujosa finca de Vedio Polión. El pescado favorito de Vedio es la lamprea, que no sólo se puede comer, sino que también se la puede entrenar para que devore carne humana. En la fiesta se consume vino añejo. Los vasos de cristal son una tecnología reciente que sólo puede verse en los hogares más refinados. Los artistas entran en escena y el vino corre. De repente, un esclavo llamado Catón, rompe sin querer uno de los carísimos vasos de cristal. El castigo es ejemplar: será arrojado al estanque de las lampreas para que estas lo devoren. Sólo el emperador puede salvar al pobre esclavo de tan horrible muerte. Augusto, horrorizado por el comportamiento de su amigo Vedio Polión, no sólo salva al esclavo, sino que ordena vaciar el estanque y romper todos los vasos de cristal.

5 comentarios :

  1. Uf... qué grima.
    Muy curiosa esta entrada. Me la aprendo como anécdota para alguna clase.
    Saludos

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  2. Bravo por Augusto. Le alcanzó la sensatez para evitar esa brutalidad. Es lo que traen los excesos del "botellón". Bebe con moderación y no harás tonterías.
    Un saludo.

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  3. Que mala idea, ponerle vasos de cristal para que pudiera romperlos.
    Ya que eran tan glamourosos ellos, podian haberlos usado de oro.

    Que gente, madame!

    Feliz dia

    Bisous

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  4. Me pregunto si después se comió las lampreas.
    Saludos

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