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22 de enero de 2015

El Imperio Comanche (II)

Las mujeres comanches se encargaban de las tareas domésticas y de cuidar a los niños, una labor en la que también colaboraban los ancianos. Cuendo moría algún guerrero todos lloraban la pérdida, pero eran las mujeres las que se hacían cortes a lo largo de los brazos con sus dagas. Ellas eran las encargadas de cuidar los caballos, el bien más valioso de los comanches, y las que tenían que ensillarlos y desensillarlos. También curtían las pieles, preparaban la carne y transportaban los enseres más valiosos. Gracias a los equinos, los guerreros adquirían esposas y libraban batallas.

Cuando cazaban bisontes, ellas eran las que llevaban los rifles y cualquier utensilio que necesitaran los guerreros que iban a caballo. Tras la muerte del animal, las mujeres lo desollaban, cortaban la carne en trozos y transportaban todo al campamento. Para el hombre era indigno poner su mano sobre el bisonte caído. De los bisontes aprovechaban todo: carne, piel, vísceras, sebo y huesos. Sólo cazaban cuando era estrictamente necesario y nunca lo hacían por diversión. Tampoco abatían animales preñados, ya que eran conscientes de la importancia que tenía la preservación de especies. Era una sociedad que hoy día podríamos considerar machista y ecologista. Los comanches tomaban los recursos que les brindaba la naturaleza, pero sólo utilizaban lo que realmente necesitaban.

Antes de que concluyera la década de 1730, los comanches habían acumulado caballos suficientes para proporcionar monturas a todos sus guerreros. Realizaron migraciones estacionales en función de la disponibilidad de bisontes, pasto para los caballos, madera y agua. 

Aquella expansión convirtió a los comanches en una superpotencia que ocupaba un territorio de más de 400.000 kilómetros cuadrados. La necesidad de ensanchar su economía de caballos y bisontes les había llevado a las praderas en torno a 1700. Setenta años después, en 1770, esa misma necesidad les llevó a las llanuras de Texas. Todo su mundo giraba en torno a su capacidad para sustentar el aumento de sus ya abultadas manadas de caballos, y fue este imperativo el que los atrajo hacia la Texas española.

Cuerno Verde
Aquel territorio estaba salpicado de misiones, asentamientos y ranchos civiles mal defendidos, lo que lo convertía en un objetivo para los guerreros comanches. En 1779, el gobernador español de Nuevo México, Juan Bautista de Anza, reunió un ejército que incluía indígenas para enfrentarse al jefe comanche Cuerno Verde, cuyos guerreros atacaban los asentamientos coloniales. Anza tendió una trampa a Cuerno Verde y el jefe comanche y una treintena de sus guerreros fueron abatidos. Aquella pírrica victoria fue tan sólo una escaramuza más en la permanente guerra que enfrentaba a la Corona española y a los comanches, una guerra larvada que heredó México cuando se independizó en 1821.

Los comanches lograron explotar más a fondo que otras tribus las inmensas reservas bioenergéticas almacenadas en las manadas de bisontes. Al reinventarse a sí mismos como cazadores a caballo, dependieron totalmente de una única fuente de alimento, el bisonte, que les proporcionaba una acelerada ingesta de calorías, lo que facilitó el crecimiento demográfico de su pueblo.

El final de su imperio comenzó el mismo día que Estados Unidos derrotó a México. En 1848 ambos países firmaron el tratado de Guadalupe Hidalgo, por el que México cedió a Washington los territorios de California, Nevada, Nuevo México, Utah y Texas, y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Por aquellos años el presidente estadounidense James Monroe esbozó la política expansionista de su país y los planes de exclusión de las tribus nativas.

Una de las razones por la que los comanches tomaban cautivos era para incrementar su población. En general eran varones de entre 4 y 10 años, lo que facilitaba su integración en la tribu. En el caso de las mujeres, su captura respondía a la necesidad de nuevas féminas para llevar a cabo las tareas domésticas y el cuidado de los caballos. 

Quanah Parker
Destaca el caso de la estadounidense Cynthia Ann Parker, que siendo niña fue secuestrada por los comanches. Se casó con el jefe Peta Nocona y tuvo tres hijos. Años después fue liberada, pero ella se sentía una más de la nación comanche. Uno de sus hijos, el guerrero Quanah Parker, se convirtió en una pesadilla para la caballería estadounidense en las batallas que se sucedieron en la frontera de Texas. Los comanches se sentían furiosos con los cazadores blancos, que estaban masacrando las manadas de bisontes. Sabían que el exterminio de su animal sagrado sería el ocaso de su pueblo. En 1874 los comanches que encabezaba Quanah Parker se aliaron con indios kiowas, cheyennes y arapahoes para asaltar Adobe Walls, un antiguo puesto comercial ubicado al norte de Texas. Aunque apenas infligieron bajas a los blancos, el ataque fue un revulsivo que puso en pie de guerra a los nativos de las praderas. Desde Texas a Colorado las tribus se levantaron en armas. El gobernador les amenazó con la persecución hasta la muerte si no se avenían a presentarse en las reservas.

Quanah comprendió finalmente que seguir luchando era el suicidio para su pueblo. Se entregó en Fort Sill el 2 de junio de 1875. Él y sus guerreros fueron los últimos comanches que vivieron en libertad en las praderas meridionales de Texas. Su derrota fue el símbolo del triste final de las tribus indígenas en Estados Unidos.


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
Batalla de Cuerno Verde
Quanah Parker
American Indian Tribal Affiliation Study (en inglés)

18 de enero de 2015

El Imperio Comanche (I)

Guerrero comanche
En los albores del siglo XVIII los comanches eran cazadores recolectores que vivían en la frontera septentrional del reino español de Nuevo México. Se expandieron por el suroeste de los actuales Estados Unidos y crearon un imperio que controlaba una enorme red comercial, de Canadá a Ciudad de México. Influyeron a sus vecinos, aterrorizaron a los belicosos apaches e impusieron sus reglas de juego a los colonos.

Los comanches fueron un pueblo poderoso que tuvo en jaque a las potencias europeas que se atrevieron a enfrentarse a ellos. Entre 1750 y 1850 fueron el pueblo dominante en aquel vasto territorio, donde difundieron su lengua y su cultura. Extrajeron recursos y mano de obra de sus vecinos apaches y euroamericanos mediante el robo, el secuestro y los impuestos. De forma vertiginosa, se convirtieron en “los señores de las llanuras meridionales”.

Sus orígenes hay que buscarlos en la tribu de los shoshones, que se asentaba en las montañas de Utah. A finales del siglo XVII se escindieron en dos facciones. Una de ellas se dirigió hacia el sur y desapareció varios años de los registros arqueológicos, hasta que reapareció a principios del siglo XVIII en los documentos españoles con el nombre de comanches.

Se cree que el motivo de la migración de los shoshones al sur pudo ser su deseo de acceder a los caballos, que acababan de empezar a propagarse en gran número hacia el norte desde el territorio español de Nuevo México. Los comanches empezaron a adquirirlos en torno a 1690, y en pocos años prosperaron gracias a su repentina capacidad para desplazarse, cazar y guerrear.

En aquel tiempo los comanches formaron una alianza política y militar con la tribu ute, que reportó ventajas estratégicas a ambos grupos. En la década de 1710, tan sólo una generación después de haber conseguido los primeros caballos, los comanches iniciaron incursiones en el norte de Nuevo México. Los ute llevaban comerciando en este territorio desde la década de 1680 y habían acumulado suficientes armas y utensilios de metal de origen español para entregar algunos a sus aliados. Aquel regalo de los ute hizo que los comanches pasaran de la Edad de Piedra a la del Hierro en un abrir y cerrar de ojos. También con la ayuda de los ute los comanches se incorporaron al comercio de esclavos, una práctica consolidada en Nuevo México y estimulada por las ambigüedades del sistema legal y colonial que imponía el imperio español.

Antes de entrar en batalla, los “señores de las llanuras” pintaban sus caballos con franjas rojas, negras y blancas, y teñían sus propios cuerpos de rojo para mostrar al enemigo una imagen aterradora. Los jefes de las partidas de guerra utilizaban tocados o penachos de plumas de águila, y algunos de los guerreros más intrépidos se cubrían la cabeza con un gorro hecho con un escalpe de búfalo, que iba adornado también con plumas e incluía los cuernos del animal.

Ranchería comanche (George Catlin)
Los comanches vivían en rancherías, que estaban compuestas en torno a unas 200 tiendas (tipis), cuya población podía ser de unos 600 habitantes. Podían albergar cerca de 2.000 caballos, su bien más preciado. Pero tantos animales acababan rápidamente con los pastos, razón por la cual las rancherías se trasladaban de un lugar a otro cada diez o quince días. La familia, compuesta por un guerrero, esposa e hijos, vivía en una tienda hecha de piel de bisonte. Cada ranchería tenía dos jefes, uno de paz para redimir cuestiones tribales y otro que trataba los asuntos bélicos. Vestían con pantalones y taparrabos de piel curtida y se armaban con lanzas, flechas y rifles. El chimal (escudo) era elaborado con cuero muy grueso y en el centro llevaba un amuleto que los protegía de heridas y otros males. Los guerreros eran aquellos hombres capaces de asistir al combate. Durante interminables horas, alrededor de una gran fogata, los comanches practicaban danzas. También celebraban una ceremonia de paz en la que sacrificaban un caballo, que era depositado en un hoyo junto a algunas armas de los bandos enfrentados. Se tomaban muy en serio los tratados de paz, razón por la que las autoridades coloniales los trataban como un bloque social y cultural.

Continuará


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
El Imperio Comanche. Pekka Hamalainen (libro). Ed. Península, 2011.

14 de octubre de 2013

La fiebre del oro

A fines de la década de 1849, se consolidó en los territorios de los Estados Unidos la llamada Fiebre del Oro, iniciada por una serie de descubrimientos de yacimientos en California. Posteriormente, un gran descubrimiento de oro y plata en las regiones montañosas de Nevada, Colorado, Montana, Arizona y Wyoming provocaron la primera fiebre del oro del Lejano Oeste.

Esta gran desesperación por encontrar objetos preciosos que enriquecieran las vidas de miles de pioneros generó una gran apertura temporal de nuevos pueblos, ubicados en las laderas de los valles.

Los mineros, solían lavar los grandes aluviones de los ríos, obteniendo más fracasos que ganancias. Los asentamientos comenzaban siendo sencillos, pero en cuanto un gran descubrimiento de nuevos yacimientos se realizaba, se convertían en ciudades. Sin embargo su permanencia era incierta, dado que en cuanto se agotaba un yacimiento, se debían buscar otros lugares que brindaran nuevas riquezas.

La mayoría de estas ciudades quedaron abandonadas, como antiguas testigos de la primera fiebre del oro.


Fuente:
Sobre Historia

14 de noviembre de 2010

El asesino de la frontera

18 de julio de 1901, estado de Wyoming. Willie Nickel, el hijo de un ovejero, no sabe que lo están vigilando. Los acontecimientos que se sucederán a continuación dejarán al descubierto la parte oscura del Oeste. Un hombre es acusado del crimen: Tom Horn, un tristemente famoso cazador de recompensas. ¿Es un campeón de la justicia en la frontera, o un asesino implacable cuyo tiempo ha pasado?

Willie Nickel
Tom empezó, como muchos jóvenes en la frontera, trabajando como vaquero. Creció en Missouri en la década de 1860, al final de la época dorada de los vaqueros, y escapó de casa a los 13 años huyendo de las palizas de un padre estricto. Encontró trabajo como pastor de ganado nocturno, y pronto estaba conduciendo rebaños para el ejército en Arizona. Era un trabajo tedioso, y este hombre joven estaba ansioso de aventuras.
Tom descubrió que era un rastreador muy hábil; a los 28 años se convirtió en jefe de exploradores en la campaña contra los indios de Arizona, conocida como “las guerras apaches”. Llegó a ser incluso miembro de la partida que capturó a Jerónimo, el legendario jefe indio.

A pesar de su fanfarronería Tom destaca en todo lo que hace. Domina todas las actividades de los vaqueros, como el manejo del lazo, y se convierte en una auténtica estrella del rodeo a los 28 años. Es una de las cosas que contribuye a construir su reputación y a granjearle el respeto de los demás vaqueros. Como Tom sabe bien, pocas herramientas son tan importantes para un vaquero como su lazo. Tom Horn aprendió a hacer sus propios lazos de los apaches en su época de rastreador, pero hay algo que le gusta casi más que los lazos: las armas. Presume de portar los más avanzados modelos de armas, y como todos los pistoleros, es meticuloso en su cuidado. Tom se convierte en un tirador extraordinario y esa especialidad lo saca del mundo de los vaqueros para introducirlo en los peligros de una nueva institución: el primer servicio secreto de los EEUU, fundado en 1850 por los Pinkerton.

Tom Horn
Había mucha demanda de detectives privados en el Oeste, donde escaseaban los agentes de la ley. Tom demuestra tener auténtico talento y se dedica a eso durante varios años en Colorado. Aquellas cazas del hombre podían durar meses, y Tom se gana una reputación como hombre que acaba siempre capturando a su hombre, por mucho tiempo que cueste. Tom también aprende a utilizar métodos extremos: a los hombres a los que no puede capturar, los mata.

En 1892, Tom Horn deja su trabajo como detective de Pinkerton y se dirige al norte, atraído por una nueva oportunidad. En Wyoming los rancheros ricos tienen millones de cabezas de ganado pastando en libertad, pero el enorme tamaño de sus zonas de operaciones facilita que los granjeros roben ganado sin ser detectados. El robo de reses amenaza con hacer disminuir el beneficio de los poderosos magnates del ganado y hay muy pocos agentes de la ley en esta remota región, de modo que los magnates contratan a detectives de campo para proteger su ganado por cualquier medio.

Hacia finales de la década de 1860 miles de colonos estaban llegando a Wyoming. La Ley de Fincas otorgaba a los ciudadanos estadounidenses 65 hectáreas libres de impuestos, de modo que muchos de ellos reclaman su parte en este vasto territorio abierto y entonces se topan con gente que ya estaba allí, y ahí surge un problema. Los ricos magnates del ganado compran el poder político y establecen su propia ley para expulsar a los colonos de la zona.

La reputación de Tom como detective y experto tirador le convierte en el perfecto pistolero a sueldo. Está acostumbrando a cazar delincuentes pero ahora son granjeros los que se encuentran en su punto de mira, sin embargo emprende su nuevo trabajo sin el menor remordimiento, se crea una reputación de hombre al que hay que temer y no le cuesta mucho.

Tom procuraba enfrentarse a los granjeros apareciendo repentinamente de la nada, solo para hacerles saber que se encontraba en la zona. Es una táctica de amedrentamiento muy efectiva. No es un pistolero a sueldo convencional, hay cierto decoro en sus métodos, incluso un sentido del juego limpio. Antes de expulsar a los supuestos cuatreros les dejaba una nota: “deja de robar y abandona el territorio, o morirás”, y si no lo hacían al cabo de unos días sencillamente los mataba. Tom maneja muchas armas en su trabajo, pero una parece ser su favorita: el Winchester de 1894.

Winchester 94
En 1900, Tom emprende el mayor trabajo de su vida. Varios grandes ganaderos ricos forman una organización secreta. Se enfrentan a un severo brote de robos de ganado y recurren al hombre que puede detenerlo, contratan a Tom para eliminar a dos conocidos cuatreros de Colorado y pocas semanas después los dos son asesinados. Horn presumirá más tarde de esos asesinatos proclamando que cobró 600 dólares por cada uno, el equivalente a 15.000 dólares de hoy, pero su fanfarronería le acabará pasando factura.

El verano de 1901 lo pasó en la granja de los Miller y estando allí presenció una disputa que cambiaría su vida para siempre. El vecino, Nickel, es un pequeño ranchero, conocido alborotador y que tiene muchos enemigos. Cría ovejas, que los ganaderos de vacuno odian y a menudo las deja pastar en tierras de otros rancheros. Es el siguiente en la lista de Tom Horn, pero es su hijo el que cae en el fuego cruzado. El 18 de julio, Willie, el hijo de 14 años de Nickel, monta en el caballo de su padre y cabalga fuera de los límites de su propiedad. Los detalles de lo que sucedió aquella mañana son todavía un misterio, pero el acontecimiento sellará el destino de Tom y desencadenará un calvario que se recuerda en Wyoming hasta el día de hoy.

No había pruebas de que Horn hubiera estado en el lugar del crimen. Incluso hoy muchos investigadores dudan de que fuese él el autor, y es que tenía una coartada muy firme. Una hora después de que se produjeran los hechos Tom Horn fue visto por otro vaquero en un lugar bastante alejado, a unos 15 o 20 km.

Es un gran bebedor y el alcohol suelta la lengua. Esta vez, Tom habla demasiado ante la persona equivocada, un ayudante de marshall llamado Joe Lefors.

Lefors lleva a Tom a su despacho y le tienta con una oferta de trabajo para arreglar unas disputas de terrenos en Montana. Tom muerde el anzuelo con entusiasmo. Tras la puerta un estenógrafo recoge en secreto la conversación, en la que Lefors lleva a Horn a incriminarse. La confesión en estado de embriaguez asegura el arresto de Tom y se convierte en la mayor prueba contra él en el juicio. Horn afirma que solo estaba vacilando y exagerando sus habilidades para conseguir el trabajo de Montana.

A pesar de la confesión, la prueba contra Tom está plagada de lagunas. No hay testigos que lo sitúen cerca del lugar del asesinato, y uno de los grandes puntos de controversia es el arma utilizada en el disparo. Un médico declaró en el juicio que las heridas de Willie Nickel eran demasiado grandes para ser causadas por el Winchester 64 de Horn. Pero hay un problema, el cuerpo de Willie estuvo a la intemperie 24 horas antes de que lo encontraran y la descomposición del cadáver podía haber alterado el aspecto del orificio de la bala.

En la cárcel Horn se prepara para la lucha de su vida. Sus amigos rancheros contratan a los mejores abogados, pero esta vez Horn necesitará algo más que el dinero de sus jefes para salvar el cuello. Los magnates del ganado, aquellos a quien sirvió con tanta lealtad, lo traicionan; pagan sus abogados pero se niegan a testificar a su favor. Fue declarado culpable y ahorcado.

14 de octubre de 2010

El mito del 'cowboy'

Sin cowboy, el western no tendría a nuestros ojos más que un escaso sentido. Un cowboy de western (en una palabra) no guarda, de ordinario, más que un ligero parecido con un simple “cow-boy” (en dos palabras), el cual, según todos los diccionarios, es tan sólo un “chico que cuida las vacas”, un vaquero.
Sin embargo, es exacto que el cow-boy americano, en su propia realidad histórica, pertenece al mundo de la aventura; y su mitificación le convierte fácilmente en un semidiós. Pues aparece, durante el segundo tercio del siglo XIX, para relevar al vaquero de los propietarios mexicanos, el cual existía desde el siglo XVII, y ejerce un imperio sin límites sobre la mitad del territorio de los Estados Unidos durante cerca de 50 años. Desaparecido casi por completo en estos lugares (en su forma primitiva), todavía existe en Canadá donde es posible ver, en las proximidades de Calgary, a los hombres de la pradera vestidos con blusones, el célebre pañuelo, “blue-jeans” y botas, conduciendo su ganado y entrando en los hoteles de la ciudad al final de sus extenuantes cabalgadas.

Apareció en todas partes en las que las manadas vivían en campo abierto, donde eran precisos hombres a caballo para guardarlas, juntarlas y guiar el ganado. Es inseparable de sus bóvidos, de la hierba que comen (la de la Pradera), del agua a la que es preciso llegar bajo pena de muerte, de los caballos sin los que sería imposible controlar a millares de animales dispersos. Es por excelencia el hombre de la civilización de la estepa, en medio de un país en vía de industrialización intensiva, y necesariamente tiene su estilo de vida y sus valores morales.

El cow-boy apareció primero en Texas, estado líder en ganadería. Liberado del dominio mexicano en 1836 y Estado de la Unión en 1845, poseerá al final de la guerra civil cinco millones de cabezas de ganado mayor. El cow-boy encontró allí su pleno empleo, heredando entonces los métodos de los vaqueros y, en cierto modo, su forma de vestir. Confinado en Texas, alcanzó una reputación “americana” en 1866-67, cuando fue preciso encontrar nuevas salidas para los productos de una cría intensiva. Entonces los cow-boys condujeron sus inmensas manadas hacia el Norte, donde crecían las ciudades industriales.
De este modo los cow-boys se dispersaron a través de los Estados Unidos. Durante 30 años, de 1866 a 1895, el cow-boy se convirtió en figura nacional, y ya, de cierta forma, en héroe americano. Su carrera finalizó cuando la ampliación del ferrocarril hizo inútiles esas largas migraciones de ganado y cuando la instalación de vallas de alambre puso fin a la dispersión de los animales.

Auténtico cow-boy americano (1888)
El cow-boy desmitificado, despojado de su prestigio legendario, era en sí mismo un personaje bastante sorprendente. Frente al dueño del ganado, el cow-boy era un modesto asalariado que por 25 o 30 dólares mensuales era más fiel a su trabajo que a su amo. En total fueron algunos millares que permanecieron finalmente anónimos, a pesar de la gloria del modelo cinematográfico. Joven, atlético, llevando vida de soltero entre otros solteros, el cow-boy era generalmente taciturno, más acostumbrado a los silencios de las llanuras que a las conversaciones de la sociedad. Cuando llegaban a una ciudad se gastaban en una semana la paga de un año.

Sus rasgos más característicos son de sobra conocidos:
  • El caballo, indispensable en toda civilización de estepas.
  • El sombrero, fabricado a partir de 1865 por Stetson y que costaba de 10 a 20 dólares.
  • El pañuelo contra el polvo y el célebre blue-jean.
  • Y finalmente, el Colt, utilizado contra los animales y los ladrones.


Fuente:
El universo del western – Georges A. Astre


5 de junio de 2010

Billy the Kid

El joven que pasaría a la historia como "Billy the Kid" nació en Nueva York alrededor de 1860. No se sabe con seguridad su apellido real. Su madre era conocida como Katherine McCarty o Katherine McCarty-Bonney. Su padre pudo ser William Bonney o Patrick Henry McCarty. En cualquier caso, el padre murió alrededor de 1865. La viuda se trasladó con el joven William y su hermano a Indiana, donde se casó con un hombre llamado William Antrim en 1863. Desde Indiana la familia se mudó a Silver City, Nuevo México.

Katherine murió cuando Billy tenía 14 años. A partir de entonces el joven tuvo que valerse por sí mismo. Comenzó su vida laboral en un hotel, donde realizó pequeños trabajos para pagar su alojamiento y manutención. A los 15 años, varias circunstancias conspiraron contra el joven cambiando su vida para siempre; ocultó unas ropas como parte de una broma a un lavandero chino. Cuando su participación en el episodio fue descubierta, el sheriff de Silver City decidió encerrarlo durante unos días sólo para darle una lección. Billy, sin embargo, no podía soportar el confinamiento. Al cabo de dos días escapó trepando por la chimenea. El que hasta entonces había sido un ciudadano respetuoso, se había convertido a los 15 años en un fugitivo.

Huyó al sureste de Arizona y trabajó en un rancho como pastor de ovejas. En 1877 se convirtió en carretero civil en un campamento del ejército. El herrero, un hombre grande y voluminoso, disfrutaba burlándose del escuálido joven. Al final, Billy sacó su pistola y apretando el gatillo se convirtió en un asesino. Los guardias del campamento lo encarcelaron.

Una vez más, estaba aterrorizado por el encierro y después de un par de noches escapó por segunda vez. Desde Arizona huyó de vuelta a Nuevo México, donde obtuvo trabajo en el rancho de un hombre llamado Heiskell Jones. Después trabajó como guarda del ganado de un magnate local llamado John Tunstill. Esto arrastraría a Billy a mezclarse en la feroz disputa que los propietarios de ganado y un poderoso grupo de comerciantes locales mantenían por el control del territorio. Cuando el patrón de Billy fue asesinado de un disparo en la cabeza, el adolescente sólo tenía un propósito, que era vengar su muerte. Para ello se unió a otros ex empleados de Tunstill que formaban un grupo que se hacía llamar "los reguladores". Salieron a la caza de los asesinos de su jefe y pronto capturaron a dos hombres, a los cuales se les prometió que serían entregados con vida a las autoridades para recibir un juicio justo. Pero Billy no cumplió este acuerdo y mató a los dos prisioneros, así como a un miembro de su propia banda que intentó impedirlo.

Posteriormente hubo un tiroteo en las calles de Lincoln que terminó con la muerte del sheriff. Billy y sus secuaces se hicieron fuertes en una casa en el centro de la ciudad. El nuevo sheriff y los suyos se ubicaron en los edificios circundantes y los enfrentamientos duraron cinco días, tras los cuales la casa fue incendiada. Billy entonces asumió el mando completamente y anunció que dispararía a cualquiera que intentara rendirse. Luego, en mitad de la noche, dirigió una audaz fuga de entre las ruinas humeantes de la casa.

Reunió a un pequeño grupo de inadaptados a su alrededor y comenzó una vida de robos y delitos menores. Mientras tanto cada vez había más órdenes de búsqueda contra él. El nuevo sheriff del condado de Lincoln estaba decidido a atraparlo; su nombre era Pat Garrett. Garrett le tendió una trampa tras otra pero Billy siempre lograba escapar.

El 13 de julio de 1881, sin embargo, su suerte acabó. Garrett acudió a la hacienda de un tal Pete Maxwell para comprobar unas informaciones según las cuales Billy estaba en la zona. Después de la medianoche, entró un desconocido en la estancia y preguntó a Maxwell quién era el recién llegado. Maxwell respondió mirando a Garrett: "es él". Entonces Garrett sacó su revólver y disparó. Billy el Niño había muerto a los 21 años.

Supuesta tumba de Billy el Niño

Cabe destacar que lo que nos llega sobre Billy the Kid a través de las películas es bastante inexacto ya que siempre se intenta exagerar la historia para presentarlo como un pistolero legendario. En realidad Billy no mató a más de 5 ó 6 personas en su vida, en algunos casos en defensa propia.


23 de enero de 2010

El duelo en OK Corral


La figura de Wyatt Earp constituye uno de los paradigmas del legendario Oeste. Su duelo a muerte en Ok Corral contra los Clanton constituye uno de los episodios llevados más veces al cine. En apariencia, el tiroteo se redujo a un enfrentamiento entre la ley encarnada por Earp, sus hermanos y Doc Holliday y el delito encarnado en los "Cowboys" Clanton. Pero, en realidad, ¿cuáles fueron las razones del duelo en OK Corral?

Aunque la fama posterior convertiría a Wyatt Earp en un peligroso pistolero, parece ser que utilizaba las pistolas como un mero elemento disuasor hasta el punto de que algunos lo han considerado como un precursor del uso de "una fuerza menos que letal" en el trato con delincuentes. Había nacido el 19 de marzo de 1848 en Monmouth, Illinois, y recibido el nombre del capitán del ejército bajo el que había servido su padre. Cuando Wyatt tenía dos años de edad, la familia se trasladó a Iowa. En 1861, James y Virgil, los hermanos mayores de Earp se alistaron en el ejército de la Unión, un paso al que quiso sumarse Wyatt y que su padre impidió. En 1864, la familia se trasladó a San Bernardino, California. Allí Wyatt se casó, aunque su esposa murió poco después de fiebre tifoidea. A partir de entonces, Wyatt realizó diversas ocupaciones que fueron de conductor de diligencias a cazador de búfalos.

En 1876, se encontraba en Dodge City donde colaboró en labores policiales. En el otoño de 1879, Wyatt Earp se trasladó junto con sus hermanos Morgan y Virgil a la ciudad de Tombstone en Arizona. Se había descubierto algún tiempo atrás plata y por aquella época la población era un hervidero de buscadores de metal precioso, prostitutas, jugadores y pistoleros. Los Earp invirtieron en la apertura de un local llamado el Oriental Salón y Wyatt no tardó en ofrecerse al servicio de la ley. Ésta se hallaba a cargo del sheriff John Behan.

Aunque inicialmente las relaciones con Behan fueron buenas y Earp trabajó como ayudante suyo, no tardaron en agriarse. Behan mantenía como amante a la hija de unos inmigrantes judíos llamada Josephine Marcus. Nacida en Nueva York, Josephine se había desplazado al oeste antes de cumplir los dieciocho y había tenido una irregular carrera en el escenario. Ahora había alcanzado una posición relativamente estable al lado del máximo representante de la ley. Sin embargo, al poco de conocerse Wyatt y Josephine iniciaron una relación amorosa y la mujer decidió abandonar al sheriff. A este motivo de disensión siguió otro de no menor importancia. Hasta ese momento, los miembros del partido demócrata habían mantenido su control en la zona apoyándose en la alianza con distintas bandas de delincuentes conocidas bajo el nombre genérico de los Cowboys y entre los que destacaba la familia Clanton. Los Earp estaban más cerca del partido republicano e incluso en 1881 comenzó a circular el rumor —que se correspondía con la realidad— de que Wyatt Earp iba a presentarse a las elecciones a sheriff para desbancar a John Behan y a los demócratas.

Los Cowboys —una oligarquía agraria que veía con malos ojos el cambio de las estructuras económicas de Tombstone— decidieron acabar con la situación por la vía rápida. El 26 de octubre de 1881, Wyatt Earp, sus hermanos Virgil y Morgan y un dentista tuberculoso llamado "Doc" Holliday se enfrentaron a tiros con cinco de los Clanton. El duelo no tuvo lugar realmente en OK Corral sino en un callejón situado entre el mencionado sitio y el estudio de un fotógrafo. Nunca se ha establecido quién disparó primero aunque parece que el tiroteo comenzó cuando los Earp intentaron detener a los Clanton por presuntas acciones delictivas. El intercambio de disparos no duró más de un minuto. Josephine Marcus, que se hallaba en casa, los oyó, se precipitó a la calle y, tras parar una carreta, se dirigió apresuradamente al lugar de los hechos.

Las primeras imágenes que le llegaron hasta la retina le causaron una inmensa inquietud. No sólo el grupo de los Clanton estaba deshecho —cuatro yacían muertos y el quinto había huido— sino que Morgan y Virgil Earp estaban heridos y "Doc" Holliday presentaba el leve impacto de un disparo. Sólo cuando vio que Wyatt estaba indemne y que cruzaba la calle sonriendo para reunirse con ella, se acordó Josephine de que no se había arreglado y dijo: "¡Dios mío, he salido de casa sin sombrero!" Sin embargo, aquel duelo fue sólo el principio. Hollyday y Wyatt Earp fueron arrestados, pero el juez de paz Wells Spicer se negó a enjuiciarlos alegando que Earp era ayudante de su hermano Virgil, a la sazón deputy marshall. Dado que Spicer era republicano no fueron pocos los que dudaron de la justicia de su resolución.

En marzo de 1882, Virgil Earp fue objeto de una emboscada de la que salió mal herido y su hermano Morgan resultó asesinado en un atentado que pudo también costar la vida a Wyatt. Éste, convertido ahora en deputy marshall, desencadenó una persecución legal contra los asesinos pero el sheriff Benham vio llegado el momento de vengarse de quien le había quitado la mujer y había cometido la osadía de pensar en competir con él electoralmente. Así, los Earp —que ahora incluían a Josephine— se vieron obligados a huir de Tombstone.

Afortunadamente para Wyatt y los suyos, el sheriff Benham era un cobarde y cuando tuvo ocasión de acabar con ellos en una persecución por el desierto prefirió dejarlos escapar por temor a resultar muerto en el enfrentamiento. Aún le quedaba a Wyatt casi medio siglo de vida que compartió con Josephine Marcus. Durante aquellas décadas especuló en diversos negocios aunque sólo consiguió enriquecerse hacia 1920 cuando invirtió en explotaciones petrolíferas. Para ese entonces su mujer —que se convertiría en celosa guardiana de su memoria— había comenzado la redacción de un libro de memorias titulado I married Wyatt Earp que sería la base de la ulterior leyenda de Earp y ambos contribuyeron a un guión cinematográfico en el que se narraban sus aventuras en el oeste. Cuando Wyatt murió, Josephine dispuso que sus cenizas fueran depositadas en el cementerio judío de Calma, California. Josephine le siguió a la tumba algunos años después y, conforme a su voluntad, fue sepultada al lado de Wyatt convirtiéndose ambos en la principal atracción de la localidad. Nadie puede negar que era lógico que aquellos cuyo amor había provocado el duelo más famoso de la historia del oeste desearan también permanecer juntos toda la eternidad.


Fuente consultada: Artículo de César Vidal publicado en La Revista.

7 de octubre de 2009

Little Bighorn

El general George Armstrong Custer era conocido por los indios como 'Pahuska', "el de los cabellos largos", a causa de la melena de color pajizo de la que estaba tan orgulloso. Pero, entre los indios de las praderas norteamericanas, era más conocido como un cruel genocida, como un aniquilador de tribus. Custer, que estaba al frente del famoso Séptimo de Caballería, se ganó su sangrienta reputación en 1868, cuando fue enviado a sojuzgar a los indios que se negaban a concentrarse en las reservas que el gobierno había establecido para ellos.

Los indios, especialmente los cheyenes y los sioux, habían sido gradualmente empujados hacia el oeste durante decenios, debido a la avidez de tierras que inflamaba a los blancos. Pero en la década de 1860 el proceso se había acelerado, debido a las correrías de indios cazadores de búfalos; ahora, las autoridades querían la tierra donde habitaba el búfalo. Se decidió que esos indios que hasta ahora no se habían establecido en reservas, debían ser obligados a someterse, y se consideró que Custer era el hombre indicado para conseguir ese objetivo.

Durante el otoño de 1868, un pacífico indio llamado Olla Negra se estableció con su tribu al lado del río Washita para pasar el invierno. En el mes de diciembre Custer fue enviado para castigar de modo ejemplar al pueblo de Olla Negra. Cuando el jefe indio se dirigía a parlamentar, se produjo el ataque de la caballería y resultó muerto de un disparo. A continuación Custer organizó una matanza indiscriminada de indios sin hacer distinción entre mujeres, niños y ancianos.
A esta le siguieron otras despiadadas campañas contra los indios de la zona, y Custer fue el hombre que obligó a rendirse a un jefe tribal tras otro, hasta que se enfrentó con Sitting Bull, es decir Toro Sentado, lider de los 'hunkpapa', la rama más belicosa de la Nación Sioux.

En 1868, las Colinas Negras de Dakota fueron concedidas para que los indios vivieran allí siempre. Para ellos era un lugar sagrado, el centro de su mundo espiritual. Los blancos lo aceptaron porque consideraban esas tierras inservibles. Pero seis años después una expedición reveló que en las colinas había oro, e inmediatamente el tratado quedó de lado. Fue enviada una comisión desde Washington para negociar con los sioux, arapahos y cheyenes. Toro Sentado dijo a los comisionados: "Si el blanco trata de tomar las colinas, lucharemos".

El gobierno promulgó un ultimátum, por el cual todos los indios que no estuviesen en sus reservas a finales de enero de 1876 serían considerados hostiles, y serían enviadas fuerzas militares para obligarles a acatar la orden. Toro Sentado recibió la noticia del ultimátum sólo tres semanas antes de la fecha tope, y protestó, afirmando que su tribu no podía ni pensar en movilizar su campamento en pleno invierno.

Una vez más, las autoridades eligieron para atacar a los indios a su leal verdugo, el general Custer. Durante los primeros meses de 1876, tropas ambulantes de soldados expulsaron a tribus de indios pacíficos que habitaban el río Powder. Con sus tipis incendiados, sus caballos muertos y poca ropa de abrigo, los grupos dispersos de supervivientes dirigidos por Toro Sentado, se reunieron en bandas andrajosas pero llenas de orgullo en el Valle de los Grandes Pastos, en 'Little Bighorn'. Incluso indios que hacía tiempo que se resignaban a la vida en las reservas desertaron de ellas a millares para congregarse en el valle.

Por lo menos había 10.000 indios, de los cuales 3.000 o 4.000 eran guerreros. Era la última ocasión que se ofrecía a los sioux para conservar la tierra de sus ancestros.

Custer llegó al valle del Little Bighorn la noche del 24 de junio de 1876. Solamente le acompañaban 611 hombres, que eran una pequeña parte de la fuerza ofensiva de que disponían. De acuerdo con su conocido estilo de mando, Custer había dejado atrás todas las otras unidades y se encontraba muy adelantado en el campo, listo para entrar en batalla. Muy rezagado hacia el sur se encontraba el general Cook al frente de 1.000 soldados, que había sido casi derrotado en una emboscada preparada por los hombres de Caballo Loco.

Custer competía con otros oficiales por la gloria de aniquilar a los indios "hostiles", por eso se las ingenió para que le permitieran adelantarse, temeroso de que alguien pudiese alcanzar el asentamiento indio antes que él. El general Alfred Terry le ofreció más hombres y más armas, pero él se jactó: "Yo puedo derrotar a todos los indios del continente con el Séptimo de Caballería".


El primer indicio acerca del poderío de los sioux se produjo cuando los hombres de Custer hallaron las huellas dejadas por los indios al trasladar de sitio el campamento unos pocos días antes. Las huellas dejadas por los cascos de los caballos cubrían casi dos kilómetros de ancho.

Custer dividió a sus hombres en tres grupos, planeando un ataque por tres flancos a la vez; el grupo que comandaba él mismo se encontró con que no hallaba un lugar para vadear el río. Otro batallón aún se encontraba a varios kilómetros del objetivo, y un tercero atacó a los indios y se tuvo que batir en retirada ante la superioridad de estos.

Toro Sentado permanecía frente a su tipi y dirigía la batalla mediante mensajeros a caballo. Custer avanzaba con cautela pero con confianza, buscando el lugar apropiado para vadear el río; lo que no sabía es que el río ya había sido vadeado en sentido contrario por los indios. Estos se deslizaron por una garganta y atacaron la retaguardia de la columna de caballería. El general fue tomado totalmente por sorpresa y ordenó a sus hombres correr hacia la colina más cercana y tomar porsiciones defensivas. Allí, en la cima del promontorio, apareció Caballo Loco con 1.000 guerreros a caballo. Luego, dando feroces alaridos, los indígenas cargaron colina abajo y la caballería de Custer fue reducida en pocos segundos. Ese día no hubo prisioneros; todos fueron muertos a tiros o a cuchilladas. El general Custer fue uno de los últimos en morir.

En Washington, sin embargo, la última batalla del general fue calificada como una masacre salvaje. Se envió un ejército más poderoso contra los indios, que se dispersaron rápidamente.

Toro Sentado huyó con 3.000 guerreros a Canadá y en 1881 regresó a Estados Unidos y se rindió. Pasó dos años en prisión y cuando volvió con su tribu fue acusado de incitar a la rebelión. Cuando fueron a detenerlo, fue asesinado por la espalda.

Caballo Loco se trasladó a una reserva y se sometió a los blancos. En 1887, mientras intentaba escapar de Fuerte Robinson fue arrestado y posteriormente asesinado a bayonetazos. Sus últimas palabras fueron: "Dejadme ir, amigos míos. Ya me habéis hecho suficiente daño".

27 de septiembre de 2009

Vicios del Oeste


En el lejano Oeste había multitud de lugares donde encontrar alcohol y prostitutas. El pecado se había instalado; adoptaba todo tipo de formas y estaba al alcance de cualquiera.
La cocaína se mezclaba con vino y la heroína se consideraba una cura contra el alcoholismo. Gracias a los nuevos inventos no hacía falta salir en busca de opio; uno podía consumirlo en casa.

La mayoría de los vicios todavía eran legales en el siglo XIX, y hubo inventores que atesoraron fortunas concibiendo nuevas tecnologías que los acercaban a las masas.

Los hombres del Oeste solían pagar por el sexo y consumían sobre todo cocaína, opio, alcohol y morfina. La marihuana la tomaban en menor proporción. Pero la droga preferida de los vaqueros del Oeste era el alcohol. Era una cultura en la que predominaba la masculinidad, y ante la ausencia de deportes organizados los hombres pasaban todo su tiempo libre en el bar, el famoso 'Saloon'.

Para los hombres del siglo XIX, la bebida era la forma más importante de establecer vínculos. No había madres que les aconsejaran que no bebieran, ni mujeres que les reprocharan su comportamiento. Era como una fiesta de universidad perpetua, que duró desde 1848 hasta 1898.

No era educado hablar de sexo, pero todo el mundo sabía dónde encontrarlo. Al comenzar la fiebre del oro, las mujeres apenas suponían el 2% de la población y la mayoría eran profesionales.

Los hombres de la época tenían una doblemoral con respecto al sexo. Consideraban que sus mujeres debían estar en casa cumpliendo con las tareas del hogar, pero seguramente también albergaban sentimientos de culpa y pensamientos lascivos respecto al sexo. Para atenderlos estaban las prostitutas.
En el lejano Oeste, a las prostitutas no se las llamaba prostitutas; normalmente se referían a ellas como "palomas heridas" o "mujeres de la hermandad".

Un modo menos reprochable de divertirse era acudir al teatro. Pero no a la zona de butacas, sino cerca del escenario. Las mujeres se sentaban en las piernas de los hombres y les hablaban o les cantaban al oído; intentaban que bebieran lo máximo posible porque se llevaban comisión.

En 1861, el Oeste descubrió la "danza del vientre". Una de las críticas que se publicaron decía:

"El tema de la danza es el amor. Pero el amor referido a la grosera pasión animal, no al casto sentimiento cristiano".

Una mujer respetable del Oeste nunca mostraba un sólo centímetro de piel. El hecho de que se le viera un tobillo ya resultaba indecente.

En la década de 1860 el entretenimiento llegó a una nueva dimensión. Diseñado por Wendell Holmes, el estereoscopio llegó a ser tan común en los hogares como lo es la televisión hoy en día.

Las imágenes del estereoscopio se utilizaban para las guías de viaje victorianas, para contar cuentos a los niños, y por supuesto, también para la pornografía.

También existían tecnologías para hacer que las mujeres parecieran más voluptuosas. En 1858, se inventó lo que podría considerarse el primer relleno. Fue patentado en Estados Unidos, e incluía unos muelles de alambre que sobresalían de las copas de los sujetadores a modo de pezones. También se utilizaban cámaras de goma para aumentar el pecho de las mujeres, pero los primeros modelos solían deshincharse y, como consecuencia, los pechos quedaban en posiciones inverosímiles.

6 de septiembre de 2009

Toro Sentado, líder de los Sioux

Hoy se acaban las vacaciones, así que retomamos el blog después de estos días de descanso. Como aún no me he puesto las pilas del todo con los posts después de tanta inactividad, os dejo un texto sobre el legendario Sitting Bull que no he redactado yo. Lo encontré en historiageneral.com y me pareció interesante. A partir de mañana, ya sí que me pongo al 100%.

El 20 de julio de 1881, cinco años después de la desaparición del General George A. Custer en la Batalla de Little Bighorn, el líder de los Hunkpapa Teton Sioux, Toro Sentado, depuso sus armas ante el ejército de los Estados Unidos, a cambio de la promesa de amnistía para él y sus seguidores. Toro Sentado fue el caudillo más importante en el alzamiento de 1876 llevado a cabo por los indios Sioux, en el cual perdieron la vida Custer y 264 de sus hombres en Little Bighorn. Acosado por el ejército estadounidense tras la victoria india, escapó a Canadá junto sus tropas.

Nacido en el Valle del Río Grande, hoy en día Dakota del Sur, Sitting Bull ganó tempranamente el reconocimiento de su tribu Sioux por sus cualidades de guerrero y gran visión. En 1864, peleó contra las fuerzas armadas de Estados Unidos bajo el mando del General Alfred Sully en Killdeer Mountain, y desde entonces se comprometió en el liderazgo de la resistencia Sioux contra el avance blanco. Pronto contó con un nutrido grupo de seguidores, no sólo de su tribu, sino también los Cheyennes y Arapahos. En 1867 fue nombrado Jefe General de la Nación Sioux en su totalidad.

En 1873, en lo que sería un preludio de la Batalla de Little Bighorn tres años después, una coalición militar India bajo el mando de Toro Sentado mantuvo una breve escaramuza con el Teniente Coronel George Armstrong Custer. En 1876, Toro Sentado no era aún un líder estratega en su victoria de Little Bighorn, pero su legendaria espiritualidad inspiró a Caballo Loco y los restantes líderes militares. Posteriormente huyó a Canadá, pero en 1881, con su gente víctima de una cruenta hambruna, regresó a los Estados Unidos para presentar su rendición.

Fue encarcelado como prisionero de guerra en el Fuerte Randall de Dakota del Sur durante dos años, y luego se le permitió asentarse en la Reservación de Standing Rock, situada entre los territorios de Dakota del Norte y del Sur.

En 1885, acompañó durante una temporada al famoso "Show del Salvaje Oeste de Buffalo Bill Cody", para luego regresar a Standing Rock.

En 1889, las proclamas espirituales de Toro Sentado influyeron en el "Danza Fantasma", un movimiento religioso indio que afirmaba que los blancos desaparecerían y los indios y búfalos regresarían.

Su apoyo al movimiento "Danza Fantasma" le acarreó problemas con los oficiales gubernamentales, y el 15 de diciembre de 1890 la policía india irrumpió en la casa de Toro Sentado, ubicada en el Río Grande de la región Dakota del Sur, e intentó apresarlo. Son muy confusos los informes de qué ocurrió luego. Según algunos rumores, los guerreros de Toro Sentado dispararon sobre el oficial que dirigía la partida, quien inmediatamente volteó y abatió a enigmático líder.

Según otra versión, el policía tenía instrucciones del Alcalde James McLaughlin, director de la reservación Sioux Standing Rock, de ultimar al jefe indio ante el menor intento de resistencia. Sea cual fuera la verdad, Toro Sentado fue gravemente herido, y murió pocas horas después. La policía india enterró su cuerpo velozmente en el Fuerte Yates, situado en la Rerservación Standing Rock. En 1953, su cuerpo fue trasladado a Mobridge, Dakota del Sur, donde se encuentra sepultado bajo una placa de granito.

Toro Sentado y Buffalo Bill

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