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24 de septiembre de 2017

El esclavo que veía a Dios

Nat Turner
El esclavismo en los estados sureños de Estados Unidos se ha visto generalmente como un régimen brutal e inhumano, pero a la vez aparentemente estable donde los amos de las plantaciones lo tenían todo controlado. En realidad, los esclavos negros nunca se resignaron totalmente a su suerte y llevaron a cabo toda clase de actos de resistencia, incluso violenta. Antes de la guerra de Secesión (1861-1865) se produjeron varios intentos de rebelión esclava, como los de Gabriel Prosser en 1800 y Denmark Vesey en 1822. Pero sin duda la mayor revuelta esclava fue la que se produjo en 1831 en el condado de Southampton, en Virginia, liderada por un esclavo de 31 años llamado Nathaniel Nat Turner.

Sobre este episodio existe una fuente de gran valor: un panfleto de 24 páginas en el que el abogado Thomas R. Gray recogió las confesiones de Nat Turner antes de que fuera juzgado y ejecutado por su alzamiento. Gray no era un testimonio imparcial, como se ve en su presentación: "Mientras en apariencia se respiraba un aire de calma y paz en aquella sociedad, un funesto fanático [Nat Turner] revolvía en las profundidades oscuras de su mente atroces y sanguinarios planes para asesinar indiscriminadamente a los blancos". Sin embargo, una declaración final certificaba que el reo reconocía la veracidad de lo expuesto.

"Confesiones" de Nat Turner.
Thomas R. Gray
Nat Turner nació en la plantación de Benjamin Turner, en el condado de Southampton (Virginia), el 2 de octubre de 1800. Su madre, Nancy, una esclava llegada de África que inculcó a su hijo las ansias de libertad desde la infancia, estuvo a punto de matar a su vástago después del parto para evitarle una triste vida de siervo. De su boca oyó Nat por primera vez lo que se esperaba de él: ser un profeta. Esta creencia empezó a forjarse a los "tres o cuatro años", cuando Nat comenzó a relatar sucesos del pasado; "Dios me había enseñado cosas que habían ocurrido antes de mi nacimiento", declararía.

Turner aprendió a leer y a escribir con facilidad. Para asombro de su familia, un día cogió un libro que le mostraron para que dejara de llorar y empezó a deletrear los nombres de los objetos que aparecían entre sus páginas. El gusto por la lectura y los fuertes sentimientos religiosos que demostró desde temprana edad le llevaron a convertirse en predicador en la plantación. Obsesivo lector de la Biblia y practicante de ayunos para fortalecer el espíritu, a los 21 años Turner empezó a tener visiones y a pensar que Dios se dirigía a él con signos y voces, como hizo con los profetas de la Biblia, anunciándole su próxima emancipación.

En su corta vida, Nat Turner tuvo varios amos. A la muerte de Benjamin Turner en 1809 pasó a manos de su hijo, Samuel. Al morir éste en 1822, se convirtió en propiedad de su viuda, Elizabeth, y un año después, del nuevo esposo de ésta, Thomas Moore. En el momento de la rebelión, Nat era esclavo de Joseph Travis, con quien se había casado la segunda esposa de Moore después de enviudar. Sobre las relaciones que mantuvo con sus amos tenemos tan sólo un testimonio, según el cual en una ocasión Nat recibió una paliza "por decir que los negros debían ser libres y que lo serían un día u otro".

El carácter iluminado de Turner no dejó de acentuarse y, sintiéndose acompañado por el Espíritu Santo, fue testigo de diversos milagros que se materializaron en brillantes luces en el firmamento. Tras fervientes rezos, "mientras trabajaba en el campo", descubrió "gotas de sangre sobre el maíz como si fuera escarcha caída del cielo", y vio en "las hojas de los árboles del bosque unos caracteres jeroglíficos y números en forma de hombres en actitudes diferentes, retratados en sangre". Estos últimos representaban a los espíritus negros y blancos que había visto luchando en una visión anterior. La revelación definitiva la tuvo tras el eclipse de sol del 11 de febrero de 1831, que interpretó como la señal de Dios, que no podía ser desoída, para la rebelión.

En la medianoche del 22 de agosto, Turner y su grupo iniciaron la que sería la revuelta más cruenta que conocería el Sur esclavista, aunque, por la falta de disciplina y medios, estaba irremediablemente condenada al fracaso. Él y sus cuatro seguidores empezaron matando a hachazos a los miembros de la familia Travis mientras dormían. A continuación, emprendieron una correría por el condado de Southampton que los llevó a saquear 16 casas más y a matar a todos los blancos que encontraban. Al mismo tiempo fueron liberando a esclavos que se unieron a la revuelta. Cuando la milicia puso fin al alzamiento, los insurrectos llegaban casi al medio centenar y habían acabado con la vida de unos sesenta blancos, entre hombres, mujeres y niños.

Viñeta de la época en referencia a la masacre perpetrada por Nat Turner

Tras dos días de pánico, las represalias por parte de la población blanca no se hicieron esperar. Casi doscientos negros fueron asesinados como venganza. Turner, que había huido a los bosques, fue capturado nueve semanas después, el 30 de octubre, por el granjero Benjamin Phipps, que lo descubrió escondido en una zanja. El prófugo fue acusado de incitación a la rebeldía y participación en la insurrección, y, tras ser juzgado, el 5 de noviembre fue sentenciado a la horca. Antes de ser ejecutado, se le preguntó si no se arrepentía de las atrocidades que había cometido. Por última vez en su vida, Turner volvió a hacer gala de su convencimiento de ser un enviado de Dios, y respondió: "¿Acaso no fue Nuestro Señor crucificado?".

El 11 de noviembre, el líder rebelde fue ahorcado junto a otros 16 esclavos. A su cadáver, sin embargo, se le deparó un destino diferente del dispensado a sus correligionarios. Su cabeza cortada se exhibió como una curiosidad y su cuerpo fue desollado con el fin de utilizar la piel para fabricar bolsas y monederos. Las partes del tronco y extremidades que no se reservaron para extraer la grasa se trocearon y conservaron como recuerdos macabros. Lo poco que quedó fue enterrado con la misma solemnidad que los restos de un animal dañino. Con este trato, el Sur dejaba constancia del castigo ejemplar que merecía el negro rebelde.

La verdad sobre quién fue Turner y cuáles fueron sus verdaderos motivos para rebelarse contra el régimen esclavista aparece troceada desde el primer momento, como su cuerpo. El relato de Gray en Las confesiones de Nat Turner tiene una profunda carga ideológica. Al convertir a Turner en "el Gran Bandido", el líder de una "feroz banda" que suplica por su vida al ser apresado sin oponer resistencia, el autor niega la existencia de una relación entre la revuelta y otros movimientos y personajes contemporáneos comprometidos con la resistencia antiesclavista.

De igual manera, la historiografía oficial norteamericana presentó la rebelión como el acto aislado y excepcional de un demente, una lucha melodramática en la que la actuación del villano quedaba privada de cualquier significado político.

Los afroamericanos, en cambio, conservaron un recuerdo positivo de Nat Turner, al que llamaron Ol' Prophet Nat, Viejo Profeta Nat. Historiadores afroamericanos rehicieron la dignidad de Turner y los demás insurrectos.


Fuentes:
* Carme Manuel, Universidad de Valencia. Historia National Geographic núm. 161, pág. 22-25
* https://www.theatlantic.com/national/archive/2013/08/on-this-day-in-1831-a-bloody-uprising-in-the-virginia-countryside/278905
* http://www.history.com/topics/black-history/nat-turner


28 de septiembre de 2015

El nacimiento del Jazz

Las raíces del jazz residen en una mezcla de influencias africanas, europeas y caribeñas, que convergen en Nueva Orleans cuando el blues de los trabajadores de las plantaciones se juntó con los ritmos latinos y los instrumentos musicales europeos.

Hacia 1880, las bandas de música ragtime de Nueva Orleans realizaban giras por todo el sur. El primer músico de jazz probablemente fuera el cornetista Buddy Bolden. Hacia finales del siglo XIX, Bolden mezcló el ragtime con la música gospel y el blues y le añadió dos ingredientes: improvisación y un ritmo sincopado, lo que se conocería como swing. Dividiría una banda de marcha tradicional en dos, la línea frontal de clarinetes, trombones y trompetas, y una segunda línea de percusión e instrumentos de cuerda. El volumen y la extravagancia con la que tocaban eran legendarios, y lo seguirán siendo, porque no existe ninguna grabación.

Aunque el jazz no lo inventó el barrio rojo de Nueva Orleans, Storyville, éste albergó la siguiente etapa de su desarrollo. La nueva música será conocida como "jass", un término coloquial que describía tanto el sexo como el baile, y constituía la banda sonora ideal para las actividades de Storyville: era espontánea, hedonista, contenía mezcla de razas, y como sugería la letra del tema Funky Butt, cándidamente sensual. Incluso los burdeles más modestos contrataban a un pianista, y los más opulentos tenían su propia orquesta.

Como con Storyville, los moralistas de la ciudad pusieron el grito en el cielo con el jazz. Lo consideraban un síntoma de la decadencia moral de Nueva Orleans, pero no podían hacer nada para frenar su crecimiento. Bolden, alcohólico, fue ingresado en el asilo lunático en 1907, pero otros músicos recogieron el testigo. En 1917 la Original Dixieland Jass Band sacó el primer disco de jazz de la historia, Livery Stable Blues. En la década de 1920, el jazz fue convirtiéndose poco a poco en la música de toda una nación.


Fuente:
*"El nacimiento del Jazz". Vive la Historia Nº 20


22 de enero de 2015

El Imperio Comanche (II)

Las mujeres comanches se encargaban de las tareas domésticas y de cuidar a los niños, una labor en la que también colaboraban los ancianos. Cuendo moría algún guerrero todos lloraban la pérdida, pero eran las mujeres las que se hacían cortes a lo largo de los brazos con sus dagas. Ellas eran las encargadas de cuidar los caballos, el bien más valioso de los comanches, y las que tenían que ensillarlos y desensillarlos. También curtían las pieles, preparaban la carne y transportaban los enseres más valiosos. Gracias a los equinos, los guerreros adquirían esposas y libraban batallas.

Cuando cazaban bisontes, ellas eran las que llevaban los rifles y cualquier utensilio que necesitaran los guerreros que iban a caballo. Tras la muerte del animal, las mujeres lo desollaban, cortaban la carne en trozos y transportaban todo al campamento. Para el hombre era indigno poner su mano sobre el bisonte caído. De los bisontes aprovechaban todo: carne, piel, vísceras, sebo y huesos. Sólo cazaban cuando era estrictamente necesario y nunca lo hacían por diversión. Tampoco abatían animales preñados, ya que eran conscientes de la importancia que tenía la preservación de especies. Era una sociedad que hoy día podríamos considerar machista y ecologista. Los comanches tomaban los recursos que les brindaba la naturaleza, pero sólo utilizaban lo que realmente necesitaban.

Antes de que concluyera la década de 1730, los comanches habían acumulado caballos suficientes para proporcionar monturas a todos sus guerreros. Realizaron migraciones estacionales en función de la disponibilidad de bisontes, pasto para los caballos, madera y agua. 

Aquella expansión convirtió a los comanches en una superpotencia que ocupaba un territorio de más de 400.000 kilómetros cuadrados. La necesidad de ensanchar su economía de caballos y bisontes les había llevado a las praderas en torno a 1700. Setenta años después, en 1770, esa misma necesidad les llevó a las llanuras de Texas. Todo su mundo giraba en torno a su capacidad para sustentar el aumento de sus ya abultadas manadas de caballos, y fue este imperativo el que los atrajo hacia la Texas española.

Cuerno Verde
Aquel territorio estaba salpicado de misiones, asentamientos y ranchos civiles mal defendidos, lo que lo convertía en un objetivo para los guerreros comanches. En 1779, el gobernador español de Nuevo México, Juan Bautista de Anza, reunió un ejército que incluía indígenas para enfrentarse al jefe comanche Cuerno Verde, cuyos guerreros atacaban los asentamientos coloniales. Anza tendió una trampa a Cuerno Verde y el jefe comanche y una treintena de sus guerreros fueron abatidos. Aquella pírrica victoria fue tan sólo una escaramuza más en la permanente guerra que enfrentaba a la Corona española y a los comanches, una guerra larvada que heredó México cuando se independizó en 1821.

Los comanches lograron explotar más a fondo que otras tribus las inmensas reservas bioenergéticas almacenadas en las manadas de bisontes. Al reinventarse a sí mismos como cazadores a caballo, dependieron totalmente de una única fuente de alimento, el bisonte, que les proporcionaba una acelerada ingesta de calorías, lo que facilitó el crecimiento demográfico de su pueblo.

El final de su imperio comenzó el mismo día que Estados Unidos derrotó a México. En 1848 ambos países firmaron el tratado de Guadalupe Hidalgo, por el que México cedió a Washington los territorios de California, Nevada, Nuevo México, Utah y Texas, y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Por aquellos años el presidente estadounidense James Monroe esbozó la política expansionista de su país y los planes de exclusión de las tribus nativas.

Una de las razones por la que los comanches tomaban cautivos era para incrementar su población. En general eran varones de entre 4 y 10 años, lo que facilitaba su integración en la tribu. En el caso de las mujeres, su captura respondía a la necesidad de nuevas féminas para llevar a cabo las tareas domésticas y el cuidado de los caballos. 

Quanah Parker
Destaca el caso de la estadounidense Cynthia Ann Parker, que siendo niña fue secuestrada por los comanches. Se casó con el jefe Peta Nocona y tuvo tres hijos. Años después fue liberada, pero ella se sentía una más de la nación comanche. Uno de sus hijos, el guerrero Quanah Parker, se convirtió en una pesadilla para la caballería estadounidense en las batallas que se sucedieron en la frontera de Texas. Los comanches se sentían furiosos con los cazadores blancos, que estaban masacrando las manadas de bisontes. Sabían que el exterminio de su animal sagrado sería el ocaso de su pueblo. En 1874 los comanches que encabezaba Quanah Parker se aliaron con indios kiowas, cheyennes y arapahoes para asaltar Adobe Walls, un antiguo puesto comercial ubicado al norte de Texas. Aunque apenas infligieron bajas a los blancos, el ataque fue un revulsivo que puso en pie de guerra a los nativos de las praderas. Desde Texas a Colorado las tribus se levantaron en armas. El gobernador les amenazó con la persecución hasta la muerte si no se avenían a presentarse en las reservas.

Quanah comprendió finalmente que seguir luchando era el suicidio para su pueblo. Se entregó en Fort Sill el 2 de junio de 1875. Él y sus guerreros fueron los últimos comanches que vivieron en libertad en las praderas meridionales de Texas. Su derrota fue el símbolo del triste final de las tribus indígenas en Estados Unidos.


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
Batalla de Cuerno Verde
Quanah Parker
American Indian Tribal Affiliation Study (en inglés)

18 de enero de 2015

El Imperio Comanche (I)

Guerrero comanche
En los albores del siglo XVIII los comanches eran cazadores recolectores que vivían en la frontera septentrional del reino español de Nuevo México. Se expandieron por el suroeste de los actuales Estados Unidos y crearon un imperio que controlaba una enorme red comercial, de Canadá a Ciudad de México. Influyeron a sus vecinos, aterrorizaron a los belicosos apaches e impusieron sus reglas de juego a los colonos.

Los comanches fueron un pueblo poderoso que tuvo en jaque a las potencias europeas que se atrevieron a enfrentarse a ellos. Entre 1750 y 1850 fueron el pueblo dominante en aquel vasto territorio, donde difundieron su lengua y su cultura. Extrajeron recursos y mano de obra de sus vecinos apaches y euroamericanos mediante el robo, el secuestro y los impuestos. De forma vertiginosa, se convirtieron en “los señores de las llanuras meridionales”.

Sus orígenes hay que buscarlos en la tribu de los shoshones, que se asentaba en las montañas de Utah. A finales del siglo XVII se escindieron en dos facciones. Una de ellas se dirigió hacia el sur y desapareció varios años de los registros arqueológicos, hasta que reapareció a principios del siglo XVIII en los documentos españoles con el nombre de comanches.

Se cree que el motivo de la migración de los shoshones al sur pudo ser su deseo de acceder a los caballos, que acababan de empezar a propagarse en gran número hacia el norte desde el territorio español de Nuevo México. Los comanches empezaron a adquirirlos en torno a 1690, y en pocos años prosperaron gracias a su repentina capacidad para desplazarse, cazar y guerrear.

En aquel tiempo los comanches formaron una alianza política y militar con la tribu ute, que reportó ventajas estratégicas a ambos grupos. En la década de 1710, tan sólo una generación después de haber conseguido los primeros caballos, los comanches iniciaron incursiones en el norte de Nuevo México. Los ute llevaban comerciando en este territorio desde la década de 1680 y habían acumulado suficientes armas y utensilios de metal de origen español para entregar algunos a sus aliados. Aquel regalo de los ute hizo que los comanches pasaran de la Edad de Piedra a la del Hierro en un abrir y cerrar de ojos. También con la ayuda de los ute los comanches se incorporaron al comercio de esclavos, una práctica consolidada en Nuevo México y estimulada por las ambigüedades del sistema legal y colonial que imponía el imperio español.

Antes de entrar en batalla, los “señores de las llanuras” pintaban sus caballos con franjas rojas, negras y blancas, y teñían sus propios cuerpos de rojo para mostrar al enemigo una imagen aterradora. Los jefes de las partidas de guerra utilizaban tocados o penachos de plumas de águila, y algunos de los guerreros más intrépidos se cubrían la cabeza con un gorro hecho con un escalpe de búfalo, que iba adornado también con plumas e incluía los cuernos del animal.

Ranchería comanche (George Catlin)
Los comanches vivían en rancherías, que estaban compuestas en torno a unas 200 tiendas (tipis), cuya población podía ser de unos 600 habitantes. Podían albergar cerca de 2.000 caballos, su bien más preciado. Pero tantos animales acababan rápidamente con los pastos, razón por la cual las rancherías se trasladaban de un lugar a otro cada diez o quince días. La familia, compuesta por un guerrero, esposa e hijos, vivía en una tienda hecha de piel de bisonte. Cada ranchería tenía dos jefes, uno de paz para redimir cuestiones tribales y otro que trataba los asuntos bélicos. Vestían con pantalones y taparrabos de piel curtida y se armaban con lanzas, flechas y rifles. El chimal (escudo) era elaborado con cuero muy grueso y en el centro llevaba un amuleto que los protegía de heridas y otros males. Los guerreros eran aquellos hombres capaces de asistir al combate. Durante interminables horas, alrededor de una gran fogata, los comanches practicaban danzas. También celebraban una ceremonia de paz en la que sacrificaban un caballo, que era depositado en un hoyo junto a algunas armas de los bandos enfrentados. Se tomaban muy en serio los tratados de paz, razón por la que las autoridades coloniales los trataban como un bloque social y cultural.

Continuará


Fuente:
Guillermo Soto. El Imperio Comanche. Amos y señores de las llanuras - Muy Historia nº 57

Más información:
El Imperio Comanche. Pekka Hamalainen (libro). Ed. Península, 2011.

23 de noviembre de 2014

La auténtica Pocahontas

Nació en 1595 y fue la hija mayor de Wahunsonacook, jefe de la tribu powhatan, cuyos poblados se ubicaban en los territorios del actual Estado de Virginia.

Al poco de llegar los blancos a sus tierras, un grupo de indios secuestró a uno de los colonos, llamado John Smith, a quien iban a ejecutar. Sin embargo, Pocahontas lo protegió con su cuerpo y consiguió que lo liberasen. Al menos, eso fue lo que contó Smith, aunque hay ciertas dudas sobre la verosimilitud de la historia. Lo que sí parece cierto es que los indios y la propia Pocahontas ofrecieron alimentos a los colonos para que pudieran sobrevivir. Cuando estos supieron que era hija de un jefe indio, la secuestraron para que su padre liberara a prisioneros ingleses. Wahunsonacook no accedió al canje y la joven india permaneció en la colonia, donde aprendió inglés y se casó con el viudo John Rolfe.

En 1616, los colonos decidieron enviar a Pocahontas al Reino Unido para demostrar la docilidad de los nativos y conseguir capital de nuevos inversores. La joven india murió un año después.


Fuente:
Muy Historia nº 57

16 de mayo de 2012

Norton I, Emperador de los Estados Unidos



Norton I

En todas las épocas y lugares ha habido personajes curiosos y excéntricos, y quizá uno de los más curiosos sea este hombre, que se autoproclamó Emperador de los Estados Unidos de América y Protector de México, con el nombre de Norton I.

Su Majestad el Emperador Norton I era un tipo de lo más curioso. Su nombre real, o al menos uno de los que utilizó, era Joshua Abraham Norton y, aparte de eso, poco se sabe acerca de sus orígenes. El Emperador, que vivía en San Francisco, había llegado a California como un aventurero más a mediados del siglo XIX, durante la fiebre del oro. Posiblemente nació en Inglaterra y, cuando falleció, en 1880, los cronistas calcularon que debía rondar entre los sesenta y cinco y los setenta años de edad.

De niño pasó un tiempo con su familia en Sudáfrica, donde su pades había emigrado hacia 1820. Sus parientes, próspera estirpe de comerciantes judíos, proporcionó como herencia a Norton una buena suma de dinero. Con los bolsillos llenos, decidió probar fortuna en América y, al principio, sus aventuras comerciales marcharon por buen camino. La avaricia hizo presa en sus deseos, especuló despiadadamente con el precio del arroz y terminó perdiendo casi todo su capital, hasta verse obligado a declarar la bancarrota de su sociedad tras perder diversos litigios presentados en su contra por sus socios.

Ahí está, posiblemente, el origen de su excentricidad. Alguien que había estado siempre en la cima, vivido de forma opulenta y acostumbrado a los tratos comerciales con diversos países, no podía quedarse quieto viendo cómo los días pasaban sin más. Por un tiempo desapareció, y nadie sabe a ciencia cierta dónde pudo vivir, hasta que reapareció repentinamente convertido en un extraño personaje. Envió cartas y artículos a diversos periódicos de San Francisco, quejándose del sistema de gobierno estadounidense, de su justicia y de los funcionarios del estado. Finalmente, presentó como la única solución a todos los males burocráticos del país una solución de lo más cómico. Proclamado a sí mismo como Emperador, llamó a representantes de todos los estados a reunirse en forma de nueva cámara de representantes en San Francisco. Sucedió en 17 de septiembre de 1859 y, al principio, tanto los periódicos como el público siguieron sus acciones con expectativa, como si se tratara de una obra de teatro. Norton I gritaba por doquier contra la corrupción, ordenaba movimientos de tropas y la abolición de las leyes anteriores así como la disolución del Congreso.

Norton I acuñó moneda, que nunca llegó a circular

Se inició así uno de los “reinados” más surrealistas de cuantos haya habido nunca. Con el paso del tiempo Norton I estableció todo tipo de leyes para gobernar su imperio y planeó la construcción de grandes infraestructuras. Mandó la construcción de un puente colgante precisamente en el mismo lugar sobre el que muchos años más tarde se levantaría el Golden Gate, redactó edictos de todo tipo y, para colmo, se nombró Protector de México, porque en su opinión los gobernantes de ese país eran incapaces de hace prosperar a su pueblo.

No se sabe si Norton I se tomaba en serio a sí mismo, puesto que su influencia no pasaba de las risas que solía levantar a su alrededor, pero la función duró bastante. Su personaje imperial tenía espacio asegurado en la prensa, muchos curiosos visitaban su Corte, que no era más que un viejo edificio de apartamentos de alquiler. Vestido con sus ropajes imperiales, paseaba por San Francisco acompañado de sus dos perros, siendo saludado, o insultado, por quienes con él se cruzaban. Pero lo que comenzó como una protesta esperpéntica fue dando paso a un personaje típico de la ciudad. Como si se tratara de una atracción de feria, llegaban gentes desde muy lejos a conocer al gran Emperador, los restaurantes le ofrecían comidas gratuitas, sobre todo porque su presencia animaba el ambiente.

Las críticas de Norton I fueron efectivas muchas veces, su ácido estilo a la hora de redactar sus artículos-leyes podían hacer daño a la credibilidad de personas o empresas, porque solía fijar el blanco de sus ataques en problemas que acuciaban a los habitantes de San Francisco, quienes lo adoptaron como si fuera parte del paisaje urbano. Fueron muchos los incidentes que protagonizó, como el instituir un impuesto a los tenderos de San Francisco para mantener la Corte. Apenas se trataba de unos centavos y, muchos de ellos, pagaron gustosos, con tal de que el “circo” se mantuviera. En medio de las calles pronunciaba discursos, gritaba indignado contra de las penurias de los trabajadores, mientras sus medallas brillaban al sol. En cierta ocasión, habiéndose dañado su imperial atuendo y ante sus insistentes quejas, las autoridades municipales le obsequiaron con nuevas ropas.

Tumba de Norton I
Norton I se carteó con grandes personajes de su época, acudió a recepciones y fiestas y hasta logró acuñar ficticio papel moneda con su efigie, unos billetes que hoy se han convertido en carísimos objetos de coleccionismo. En medio de la Guerra Civil ordenó el alto al fuego y la reconciliación de las partes, claro que, como no podía ser de otro modo, ni Lincoln ni Jefferson Davis le hicieron caso alguno.

Tras más de dos décadas de mandato, el Emperador Norton I falleció durante una vehemente exposición de sus ideas ante un público expectante. La ciudad lo consideró una gran pérdida e incluso hoy es recordado, pues aunque lunáticos hay muchos, personajes tan originales son escasos. Ciertamente, causaba risa, pero sus discursos solían ir más allá de lo meramente circense. Hoy, una tumba recuerda el paso de Norton I por el mundo bajo un epitafio de lo más directo: Emperador de los Estados Unidos y Protector de México.


Fuente:
Tecnología Obsoleta

Para saber más:
The Imperial Government of Norton I (en inglés)
Encyclopedia of San Francisco - Emperor Norton (en inglés)

1 de octubre de 2011

La independencia de los EEUU

La transformación económica, social y política que se produjeron en Inglaterra durante el siglo XVI, favorecieron su expansión colonial en el siglo XVII. Además había grupo de hombres dispuestos a migrar para colonizar nuevos territorios y comenzar una nueva vida.

La reforma religiosa realizada por Enrique VIII había producido fuertes encuentros entre la corona y algunos sectores de la sociedad que se oponía a la religión anglicana y que preferían abandonar Inglaterra para practicar libremente su fe.

Fue una solución para muchos perseguidos por cuestiones religiosas en los primeros años del siglo XVII. Por otro lado hombres de negocio organizaron compañías colonizadoras para la explotación de diversos minerales y metales preciosos que creían que había. Por ejemplo las compañías de Londres y la de Plymounth con objeto de extraer oro en esta tierras.

Inglaterra instaló 13 colonias, siendo la primera la de Virginia, en honor a Isabel I, la "reina virgen". Estas eran pobres, no contaban con yacimientos de metales preciosos, ni con una población indígena densa y estable para mano de obra. Su población crecía lentamente y faltaban capitales para fomentar el crecimiento.
Después de la guerra de Inglaterra contra Francia, la corona quiso que las colonias le ayudasen a pagar la enorme deuda militar de alrededor de 150 millones de libras esterlinas. Con este objetivo el parlamento inglés estableció una serie de impuestos sobre el cuero, el azúcar, el papel y el té, que se importaba desde América.

Con estas medidas los colonos temieron que todas las libertades que habían disfrutado hasta el momento empezaban a venirse abajo de repente. También podía significar un revés importante para el comercio que los colonos desarrollaban. Viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos el parlamento británico decidió derogar la primera de las leyes, la de las Estampillas, pero al mismo tiempo intensificó la segunda, la de Alojamiento, enviando oficiales de aduanas a la ciudad de Boston para que recolectaran las cuotas. Los colonos no lo aceptaron y se negaron a obedecer a los ocupantes, por lo que éstos reaccionaron mandando soldados a Boston.

Los habitantes de 96 ciudades protestaron, ya que el Parlamento no los representaba frente a la corona, y por lo tanto no podía decidir por ellos y formaron la liga de no importación, ideada por Franklin.

Cuando en 1773 se aprobó la "Ley del Té", que beneficiaba a la Compañía Británica de las Indias Orientales, los americanos arrojaron al mar todas las cajas de té que llevaban tres barcos anclados en Boston. Éste fue el llamado "motín del té en Boston", y señala el primer acto de abierta rebeldía contra el Gobierno inglés.

Los colonos no cejaron en su empeño y en 1774 en Filadelfia organizaron un Congreso para evaluar el estado de la situación. Decidieron desobedecer las nuevas leyes británicas e intentar boicotear en lo posible el comercio, por lo que empezaron a buscar armas para defenderse de las posibles represalias. La respuesta, por supuesto, no se hizo esperar y el comienzo del conflicto se dio cuando en la localidad de Lexington fuerzas británicas se enfrentaron a unos setenta colonos. Alguno de los dos bandos hizo fuego por lo que la guerra ya estaba servida.
Inglaterra se obstinó que los colonos debían obedecer y estalló la guerra. Los colonos confiaron el mando a George Washington, y para pedir a Francia que interviniera mandaron a Franklin como embajador.

Unos años después de este hecho se organizó el segundo Congreso Continental, también en Filadelfia, con la intención de que hubiese un ejército y una marina controlados por una persona representativa de los colonos, nada más y nada menos que George Washington. Los siguientes pasos fueron el papel moneda y un principio de relaciones con otras potencias extranjeras, hasta que Thomas Jefferson redactó la llamada Declaración de independencia, en Virginia, que se aprobó en la fecha más importante hoy para los estadounidenses, el 4 de julio del año 1776.
El ejército de Washington carecía de todo, estaba desorganizado, sin armas, sin pólvora, sin ropas y sin provisiones. Solamente pudo adquirir una cosa con rapidez y voluntad: la disciplina. Pero carecía de los conocimientos tácticos de los bien organizados regimientos ingleses. Éstos, en cambio, no luchaban por su tierra y su moral era bastante baja.

En 1777 los americanos vencieron a los ingleses en la batalla de Saratoga. Entretanto había llegado un ejército francés, y España había mandado provisiones y armas procedentes de México y las Antillas. En el año 1781 unos 8.000 soldados británicos fueron rodeados en Yorktown (Virginia) por la alianza franco norteamericana bajo las órdenes de Washington. Los británicos pidieron la paz y en el tratado de París de 1783 se reconoció por fin la independencia de los Estados Unidos. Estaban cansados de lucha y de una guerra que no era popular, pues ambos pueblos eran demasiado afines y no existía odio real que justificara la matanza.

Líderes tan importantes como George Washington, Benjamin Franklin y James Madison pretendieron modificar algunos de los artículos de la Confederación, sin embargo fueron unos delegados los que tuvieron la idea de redactar una nueva legislación que dio como resultado la gran Constitución de los Estados Unidos de América que finalmente fue aceptada en 1788 tras muchas reuniones. Con esta declaración se separaron los tres poderes, el ejecutivo, legislativo y judicial, totalmente independientes entre sí, lo estados podían tomar decisiones propias, además se añadieron posteriormente un total de diez enmiendas con la intención de no fortalecer en demasía el poder central.

Se quería sobre todo dejar clara la libertad individual del hombre en cualquiera de los casos, y también otras como la libertad de prensa, de religión, de expresión etc. Otras de las enmiendas ya desarrollaban temas que en otros países europeos tardarían en llegar como el derecho de la mujer a votar, así como abolir completamente la esclavitud. Este texto constitucional ha quedado inamovible para la historia y se ha situado como el gran símbolo norteamericano, envidia del resto de las naciones.Para resistir las presiones de Inglaterra, los colonos hicieron alianzas con Francia y España, y en 1783 Inglaterra tuvo que desistir y reconocer la Independencia de Estados Unidos de América.

Terminada la guerra Washington fue elegido dos veces presidente de la república federal. Los Estados Unidos fueron el primer país independiente de América. Su ejemplo repercutió en el resto de las colonias española y portuguesa, pero también en Europa, ya que estimuló los sucesos que debían desembocar en la Revolución Francesa que estalló a fines del siglo XVIII.


Fuente:
Portalplanetasedna

Información relacionada:
Wikipedia: Declaración de Independencia de los Estados Unidos
Monografías.com: Guerra de la Independencia de los Estados Unidos

10 de septiembre de 2011

Las Guerras Pequot

El conflicto conocido como Guerras Pequot comenzó como una rencilla entre los indios pequot y los mohicanos en la zona del río Connecticut. En 1634, los pequot atacaron a un barco esclavista y mataron al capitán, John Stone, y a los otros siete tripulantes del barco. Para preservar la paz, el gobernador de Massachussets, John Endecott, decidió no tomar represalias contra los indios.

En 1636, los pequot atacaron otro barco en la isla Block, resultando muerto John Oldham, un comerciante de Nueva Inglaterra. Este crimen ya sí encontró respuesta por parte del hasta entonces pasivo gobernador, que envió tres barcos a destruir las dos aldeas pequot que se pensaba habían sido responsables.

En 1637, los pequot respondieron atacando Wethersfield, donde mataron a nueve personas y secuestraron a otras dos. Ese ataque provocó la ira de muchos colonos, que promovieron una acción combinada de todas las fuerzas de las milicias de Massachussets y Connecticut, acompañadas por varios cientos de indios narragansett y niantic. Estas fuerzas rodearon la principal fortificación de los pequot y mataron a más de 500 indios, contando hombres, mujeres y niños. Al terminar, quemaron la aldea y asesinaron a todos los que intentaron escapar.

Esta sangrienta guerra fue probablemente la primera masacre a gran escala y se oyeron ya las primeras voces criticando la excesiva brutalidad de las tropas milicianas. No obstante, a pesar de ella, las incursiones indias en territorios coloniales cesaron durante una generación.


Fuente:
Breve historia de los indios norteamericanos - Gregorio Doval

13 de junio de 2011

El Crack de 1929

Las causas de la crisis de 1929 son la superproducción y la especulación bursátil. En EEUU se produjo un espectacular crecimiento de la producción durante los años veinte. La oferta era superior a la demanda. En 1926 los precios se estancaron y, como consecuencia, los beneficios también. Como la producción siguió creciendo y el mercado estaba saturado, se originó un abundante stock de productos no vendidos. Como consecuencia tuvo lugar una caída generalizada de los precios, especialmente de los agrícolas, y la ruina de los productores y de los distribuidores.

A partir de 1926, los beneficios de las empresas dejaron de crecer y las inversiones se dirigieron a la Bolsa. Este aumento de la demanda de acciones produjo una subida artificial de las cotizaciones (independiente del valor de las empresas). Incluso se solicitaban créditos a los bancos para comprar acciones. El día 3 de septiembre de 1929 fue el día de mayor volumen de negocios de la Bolsa de Nueva York.

La crisis comenzó con la caída de la Bolsa de Nueva York. Su rapidez y amplitud se entienden porque la especulación se había construido sobre la confianza. Cuando esta falló, se originó una cascada de inseguridades.

El jueves negro (24 de octubre de 1929) se inició el proceso: al faltar seguridad todos quisieron vender sus acciones para recuperar su dinero y, por tanto, el precio del dinero aumentó. La oferta de valores fue tan grande que las cotizaciones cayeron. Esto ocasionó que todos quisieron vender cuanto antes, unos para evitar pérdidas, otros para disponer de efectivo y poder pagar los préstamos con los que habían comprado las acciones. Las cotizaciones, a lo largo de la jornada, cayeron todavía más. En los días siguientes aumentó la venta masiva de acciones, y los bancos más fuertes intentaron comprarlas para frenar la quiebra.

Los bancos fueron los primeros afectados. Habían concedido préstamos para invertir en Bolsa y la ruina de los inversores impidió su devolución. Además, la desconfianza hizo que los clientes quisieran recuperar sus depósitos por temor a las quiebras. La conjunción de estas fuerzas negativas hizo que unos 5.000 bancos norteamericanos quebraran hasta 1932.

Sin bancos no hay créditos para la industria, comercio y campo. Sin recursos económicos, o a un precio muy elevado, comenzaron a acumularse los productos sin vender y cayeron los precios y los beneficios. Esto obligó al cierre de empresas y al incremento del desempleo.

En 1932 los parados en EEUU ascendían a 13 millones; en Alemania eran 6 millones y en el Reino Unido cerca de 3 millones. A estas cifras habría que añadir a los agricultores, que no podían vender ni comprar nada por el descenso de los precios agrícolas.


Cuando los EEUU dejaron de comprar, los países europeos y los productores de materias primas se quedaron sin su mejor y casi único cliente. Del mismo modo, los capitales estadounidenses se retiraron de Europa y la reconstrucción se vino abajo.

Las consecuencias más profundas fueron la larga duración de la crisis y su trascendencia universal. Además, el aumento del paro redujo la demanda. Desde el punto de vista social el paro acentuó las acciones reivindicativas de los sindicatos. Se incrementó la propaganda y el crecimiento de los partidos comunistas y, como reacción, amplios sectores sociales se acercaron a los movimientos fascistas.


Se produjo un retorno al proteccionismo, pues cada país intentó proteger sus mercados internos con altas tasas aduaneras. Cada país optó por su mejor solución individual, aunque fuera armamentística, y se emprendió el camino hacia la guerra.


Fuentes:
- Historia del mundo contemporáneo - Julio Montero Díaz
- Sobre Historia

19 de enero de 2011

Gerónimo, el apache

Corría el año 1829 cuando en el seno de los apaches bedonkohe y en un territorio situado ahora en el estado de Arizona vino al mundo un niño que recibió el nombre de Gojlaye. En aquella época los apaches bedonkohe -al igual que sus parientes apaches chokonen, chihenne y nedni- eran ya una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivos como las judías, el maíz y las cucurbitáceas. Eventualmente, realizaban incursiones de robo -apachu significa enemigo en lengua zuñi y de ahí deriva el nombre que les pusieron los españoles- pero, en términos generales, sus relaciones con los mexicanos eran pacíficas.

A los diecisiete años, Gojlaye entró en el consejo de guerra de su tribu siendo jefe el famoso caudillo apache Mangas Colorado. Nada más convertirse en guerrero, Gojlaye podía aspirar a contraer matrimonio y, efectivamente, tras abonar al padre de una tal Alope un elevado precio en caballos, pudo tomarla por esposa. De este matrimonio nacerían en los años siguientes tres hijos. En 1858, Gojlaye, junto a otros apaches, viajó a Sonora para comerciar con los tenderos locales. Durante su ausencia, los soldados mexicanos atacaron la tribu a la que pertenecía y asesinaron a hombres, mujeres y niños sin exceptuar a Alope y a sus tres hijos. De toda la tribu, sólo sobrevivieron ochenta guerreros y con ellos y la ayuda de otros grupos apaches, Gojlaye se desplazó a México para vengarse.

En la batalla de Kaskiyeh, los apaches ocasionaron una terrible derrota a los mexicanos dándose por satisfechos. La única excepción al respecto fue la de Gojlaye al que sus enemigos ya habían bautizado con el nombre de Gerónimo por haber sido en la festividad de este santo cuando había tenido lugar el cruento choque. En el verano de 1860, Gerónimo con veinticinco seguidores comenzó una serie de incursiones letales en el territorio de México. En apariencia, su actitud constituía un disparate vengativo que amenazaba la paz y la existencia de los apaches.

Sin embargo, en 1861 el ejército de Estados Unidos comenzó una guerra no provocada contra la misma tribu con la intención de acabar con ella y la venganza personal de Gerónimo se vio sumergida en la corriente más amplia de la supervivencia de su pueblo. Durante diez años, las tropas norteamericanas perpetraron atrocidades sin cuento contra las poblaciones apaches, asesinaron a sus caudillos en encuentros en los que, supuestamente, se iban a tratar los términos de la paz futura e impusieron como condición para aquella la reclusión de los apaches en reservas.

En 1871, el jefe apache Cochise aceptó la rendición y los apaches fueron encerrados en cuatro reservas situadas en Nuevo México y Arizona. La paz, ciertamente inhumana para los indígenas, duró poco ya que en 1877 las autoridades americanas dieron la orden de llevar a los apaches a la reserva de San Carlos. Para completar el proceso, se envió además un mensaje a Gerónimo, que nunca se había rendido, para que acudiera a parlamentar. El piel roja lo hizo pero traicionando las garantías que le habían ofrecido, los soldados lo atraparon, lo cargaron de cadenas y lo encerraron en una prisión militar durante cuatro meses. De allí salió sólo para ser trasladado a San Carlos.

Pero sus tribulaciones a manos del gobierno de Estados Unidos apenas estaban comenzando. En 1881, ante los rumores insistentes de que iba a ser ahorcado, Gerónimo huyó de la reserva con unos setenta guerreros en dirección a México. Seis meses después regresó sólo para intentar convencer a los demás apaches de que lo siguieran. Lo consiguió pero en la huída, mientras hacía frente a las tropas norteamericanas para permitir que las mujeres y los niños se pusieran a salvo, fuerzas mexicanas atacaron su retaguardia y mataron prácticamente a todos los apaches que no eran guerreros.

Gerónimo, y otros tres jefes, logró escapar e inmediatamente intentó unirse a otros reductos de resistencia pero poco podía hacer aparte de sobrevivir a un acoso constante de dos ejércitos. En 1882, la reserva de San Carlos pasó a estar a las órdenes del general Crook que tenía una visión distinta del conflicto. Se entrevistó con Gerónimo y reconoció las injusticias de que habían sido objeto los apaches. Tras recibir nuevamente garantías de que serían tratados con humanidad al igual que el conjunto de los apaches, en febrero de 1884, Gerónimo y los suyos regresaron pacíficamente a la reserva.

Durante un año, la situación permaneció estable pero entonces la población blanca de Arizona inició una campaña de desprestigio dirigida contra Gerónimo y no fueron pocos los que exigieron su ejecución e incluso formaron partidas encaminadas a llevar a cabo ese fin. En mayo de 1885, Gerónimo decidió escapar hacia México una vez más. Lo consiguió pero el general Crook decidió que aquella acción no podía quedar impune y se adentró en su persecución por territorio mexicano. El apache, apenas seguido por una veintena de guerreros, combatió devolviendo golpe tras golpe durante años pero, como siempre, la suya era una lucha desesperada.

Finalmente, se vio cercado gracias a la utilización de guías apaches por parte del ejército de Estados Unidos ahora mandado por el general Miles. Tras su capitulación tanto los apaches que le habían seguido como los que le habían perseguido al servicio de la caballería fueron desarmados y trasladados en carros a Holbrook, Arizona, desde donde se les llevó en tren militar hasta Florida. A su paso por San Antonio, Texas, Gerónimo estuvo a punto de ser ahorcado por sus “crímenes” -de hecho, el mismo presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland, era partidario de su ejecución- pero sólo pasó cuarenta días en la cárcel.

El clima de Florida resultó de efectos inmediatamente devastadores para los apaches. En mayo de 1887, tras más de dos años sin ver a sus familias, volvieron a ser deportados como trabajadores forzados esta vez a Mount Vernon, Alabama. En 1894, se les trasladó nuevamente, ahora a Fort Sill, Oklahoma. Gerónimo suplicó al general Miles que le permitiera regresar a su tierra pero sólo recibió como respuesta las carcajadas del veterano militar. Una vez más la palabra del gobierno de Estados Unidos había demostrado ser tan doble como la lengua bífida de algunos reptiles. Ni siquiera el hecho de que en 1903 Gerónimo se uniera a la iglesia reformada sirvió para mejorar su suerte.

Bien es cierto que en 1904 la Oficina de Asuntos indios lo llevó a la Feria mundial de San Luis donde el antiguo caudillo ganó algo de dinero vendiendo sus autógrafos. Sin embargo, jamás volvería a ver las tierras en las que había crecido y a las que las autoridades americanas habían prometido reintegrarle. El 17 de febrero de 1909, Gerónimo murió en Fort Sill en calidad todavía de prisionero de guerra. Había sido el último gran caudillo novocentista de la resistencia indígena contra Estados Unidos.


Fuente:
Artículo de César Vidal para el suplemento Ideas de Libertad Digital

14 de noviembre de 2010

El asesino de la frontera

18 de julio de 1901, estado de Wyoming. Willie Nickel, el hijo de un ovejero, no sabe que lo están vigilando. Los acontecimientos que se sucederán a continuación dejarán al descubierto la parte oscura del Oeste. Un hombre es acusado del crimen: Tom Horn, un tristemente famoso cazador de recompensas. ¿Es un campeón de la justicia en la frontera, o un asesino implacable cuyo tiempo ha pasado?

Willie Nickel
Tom empezó, como muchos jóvenes en la frontera, trabajando como vaquero. Creció en Missouri en la década de 1860, al final de la época dorada de los vaqueros, y escapó de casa a los 13 años huyendo de las palizas de un padre estricto. Encontró trabajo como pastor de ganado nocturno, y pronto estaba conduciendo rebaños para el ejército en Arizona. Era un trabajo tedioso, y este hombre joven estaba ansioso de aventuras.
Tom descubrió que era un rastreador muy hábil; a los 28 años se convirtió en jefe de exploradores en la campaña contra los indios de Arizona, conocida como “las guerras apaches”. Llegó a ser incluso miembro de la partida que capturó a Jerónimo, el legendario jefe indio.

A pesar de su fanfarronería Tom destaca en todo lo que hace. Domina todas las actividades de los vaqueros, como el manejo del lazo, y se convierte en una auténtica estrella del rodeo a los 28 años. Es una de las cosas que contribuye a construir su reputación y a granjearle el respeto de los demás vaqueros. Como Tom sabe bien, pocas herramientas son tan importantes para un vaquero como su lazo. Tom Horn aprendió a hacer sus propios lazos de los apaches en su época de rastreador, pero hay algo que le gusta casi más que los lazos: las armas. Presume de portar los más avanzados modelos de armas, y como todos los pistoleros, es meticuloso en su cuidado. Tom se convierte en un tirador extraordinario y esa especialidad lo saca del mundo de los vaqueros para introducirlo en los peligros de una nueva institución: el primer servicio secreto de los EEUU, fundado en 1850 por los Pinkerton.

Tom Horn
Había mucha demanda de detectives privados en el Oeste, donde escaseaban los agentes de la ley. Tom demuestra tener auténtico talento y se dedica a eso durante varios años en Colorado. Aquellas cazas del hombre podían durar meses, y Tom se gana una reputación como hombre que acaba siempre capturando a su hombre, por mucho tiempo que cueste. Tom también aprende a utilizar métodos extremos: a los hombres a los que no puede capturar, los mata.

En 1892, Tom Horn deja su trabajo como detective de Pinkerton y se dirige al norte, atraído por una nueva oportunidad. En Wyoming los rancheros ricos tienen millones de cabezas de ganado pastando en libertad, pero el enorme tamaño de sus zonas de operaciones facilita que los granjeros roben ganado sin ser detectados. El robo de reses amenaza con hacer disminuir el beneficio de los poderosos magnates del ganado y hay muy pocos agentes de la ley en esta remota región, de modo que los magnates contratan a detectives de campo para proteger su ganado por cualquier medio.

Hacia finales de la década de 1860 miles de colonos estaban llegando a Wyoming. La Ley de Fincas otorgaba a los ciudadanos estadounidenses 65 hectáreas libres de impuestos, de modo que muchos de ellos reclaman su parte en este vasto territorio abierto y entonces se topan con gente que ya estaba allí, y ahí surge un problema. Los ricos magnates del ganado compran el poder político y establecen su propia ley para expulsar a los colonos de la zona.

La reputación de Tom como detective y experto tirador le convierte en el perfecto pistolero a sueldo. Está acostumbrando a cazar delincuentes pero ahora son granjeros los que se encuentran en su punto de mira, sin embargo emprende su nuevo trabajo sin el menor remordimiento, se crea una reputación de hombre al que hay que temer y no le cuesta mucho.

Tom procuraba enfrentarse a los granjeros apareciendo repentinamente de la nada, solo para hacerles saber que se encontraba en la zona. Es una táctica de amedrentamiento muy efectiva. No es un pistolero a sueldo convencional, hay cierto decoro en sus métodos, incluso un sentido del juego limpio. Antes de expulsar a los supuestos cuatreros les dejaba una nota: “deja de robar y abandona el territorio, o morirás”, y si no lo hacían al cabo de unos días sencillamente los mataba. Tom maneja muchas armas en su trabajo, pero una parece ser su favorita: el Winchester de 1894.

Winchester 94
En 1900, Tom emprende el mayor trabajo de su vida. Varios grandes ganaderos ricos forman una organización secreta. Se enfrentan a un severo brote de robos de ganado y recurren al hombre que puede detenerlo, contratan a Tom para eliminar a dos conocidos cuatreros de Colorado y pocas semanas después los dos son asesinados. Horn presumirá más tarde de esos asesinatos proclamando que cobró 600 dólares por cada uno, el equivalente a 15.000 dólares de hoy, pero su fanfarronería le acabará pasando factura.

El verano de 1901 lo pasó en la granja de los Miller y estando allí presenció una disputa que cambiaría su vida para siempre. El vecino, Nickel, es un pequeño ranchero, conocido alborotador y que tiene muchos enemigos. Cría ovejas, que los ganaderos de vacuno odian y a menudo las deja pastar en tierras de otros rancheros. Es el siguiente en la lista de Tom Horn, pero es su hijo el que cae en el fuego cruzado. El 18 de julio, Willie, el hijo de 14 años de Nickel, monta en el caballo de su padre y cabalga fuera de los límites de su propiedad. Los detalles de lo que sucedió aquella mañana son todavía un misterio, pero el acontecimiento sellará el destino de Tom y desencadenará un calvario que se recuerda en Wyoming hasta el día de hoy.

No había pruebas de que Horn hubiera estado en el lugar del crimen. Incluso hoy muchos investigadores dudan de que fuese él el autor, y es que tenía una coartada muy firme. Una hora después de que se produjeran los hechos Tom Horn fue visto por otro vaquero en un lugar bastante alejado, a unos 15 o 20 km.

Es un gran bebedor y el alcohol suelta la lengua. Esta vez, Tom habla demasiado ante la persona equivocada, un ayudante de marshall llamado Joe Lefors.

Lefors lleva a Tom a su despacho y le tienta con una oferta de trabajo para arreglar unas disputas de terrenos en Montana. Tom muerde el anzuelo con entusiasmo. Tras la puerta un estenógrafo recoge en secreto la conversación, en la que Lefors lleva a Horn a incriminarse. La confesión en estado de embriaguez asegura el arresto de Tom y se convierte en la mayor prueba contra él en el juicio. Horn afirma que solo estaba vacilando y exagerando sus habilidades para conseguir el trabajo de Montana.

A pesar de la confesión, la prueba contra Tom está plagada de lagunas. No hay testigos que lo sitúen cerca del lugar del asesinato, y uno de los grandes puntos de controversia es el arma utilizada en el disparo. Un médico declaró en el juicio que las heridas de Willie Nickel eran demasiado grandes para ser causadas por el Winchester 64 de Horn. Pero hay un problema, el cuerpo de Willie estuvo a la intemperie 24 horas antes de que lo encontraran y la descomposición del cadáver podía haber alterado el aspecto del orificio de la bala.

En la cárcel Horn se prepara para la lucha de su vida. Sus amigos rancheros contratan a los mejores abogados, pero esta vez Horn necesitará algo más que el dinero de sus jefes para salvar el cuello. Los magnates del ganado, aquellos a quien sirvió con tanta lealtad, lo traicionan; pagan sus abogados pero se niegan a testificar a su favor. Fue declarado culpable y ahorcado.

15 de septiembre de 2010

La nación Sioux

Grupo Sioux, 1896
Generalmente se conoce como sioux a la tribu de los "Dakota", que significa "el amigo". Fueron una de las grandes tribus habitantes de las praderas, entre el río Mississippi y las Rocky Mountains.
La gran familia sioux comprende a los assiniboin, dakota, hidatsa, omaha, mandan, osage y winnebago. Estas siete tribus se dividen generalmente en los santees (sedentarios y agrícolas), los nakota y los teton (guerreros y cazadores de búfalos). También se clasifican por sus dialectos, en nakota, lakota y dakota.

Provienen de la zona de los bosques, y los constantes conflictos con sus enemigos ojibwa les forzó a llevar una vida nómada en las praderas. Llegaron a ser expertos cazadores y las tribus crecieron y prosperaron. Se calcula que sobre el 1750 comprendían alrededor de 30.000 habitantes.

Los sioux lucharon del lado británico durante la Revolución Estadounidense y la Guerra del 1812. En 1815, sin embargo, los grupos orientales hicieron tratados con los E.E.U.U., y en 1825 otro tratado confirmó la posesión sioux de un territorio inmenso, que comprendía parte del actual estado de Minnesota, Dakota, Wisconsin, Iowa, Missouri y Wyoming. En 1837 los sioux vendieron la zona este de su territorio, y el resto en 1851.

Los colonizadores empujaron a los sioux de las tierras. El primer choque tuvo lugar en 1854 cerca de Fort Laramie, cuando causaron la muerte de 19 soldados. En la represalia (1855), las tropas norteamericanas mataron a 100 sioux en su campamento de Nebraska y encarcelaron a su jefe. La guerra de Nube Roja,(1866-7) terminó en un tratado que otorgaba a perpetuidad las Colinas Negras a los sioux. El tratado no fue cumplido. En la década de los setenta, los mineros y buscadores de oro inundaron la región. El 25 de junio de 1876, el general Custer y sus 300 hombres fueron asesinados en la batalla de Little Big Horn por Toro Sentado y sus guerreros. El fin de la resistencia sioux se materializó en diciembre de 1890 cuando las tropas de E.E.U.U. mataron a 200 hombres, mujeres y niños (los lakota del jefe Pie Grande) en Wounded Knee.


Mujer Sioux, 1909
La unidad básica social del sioux era la familia, que no era sólo la unidad social, sino también la unidad de gobierno. El clan no era más que una familia más extensa con su jefe patriarcal. Dentro de éste se prohibía el matrimonio. La familia propiamente dicha consistía en un hombre con una o más esposas y sus hijos, que vivían juntos, aunque algunos hombres de posición disponían de una tienda para cada esposa.

El matrimonio podía disolverse por una causa válida. La esposa no tomaba el nombre de su marido ni entraba en su clan, y los hijos pertenecían al clan de la madre. Ella era la dueña de todas las propiedades de la familia. La modestia era su adorno principal y las mujeres más jóvenes eran especialmente reservadas y silenciosas; pero una mujer que había alcanzado la madurez en años y sabiduría, o había demostrado un notable valor en una emergencia, era invitada a veces a sentarse en el consejo.

La naturaleza de estos indios se inclinaba hacia los extremos. Por ejemplo, la infidelidad en el matrimonio era castigada con la deformidad o amputación de algún miembro, la infracción en las normas de caza conllevaba la destrucción del tipi y propiedades, los plañideros se autolesionaban a sí mismos durante los entierros... Los sioux creían en un "todo penetrante" y omnipotente Dios, Wakan Tanka o el Gran Misterio. Las visiones religiosas eran muy cultivadas, como en la ceremonia furiosa del baile del fantasma.

El culto al Gran Misterio era solitario, silencioso, libre de todo egoísmo. El primer "hambeday" o retiro religioso, marcaba una época en la vida del joven. En la hora solemne de la salida o puesta del sol, ocupaba su puesto, y allí permanecía, desnudo, de pie, silencioso e inmóvil, expuesto a los elementos y fuerzas de su interior durante una noche y un día, o dos noches y dos días. Cuando regresaba al campamento tenía que permanecer a cierta distancia hasta que había tomado el baño de vapor y se había preparado para la relación con sus semejantes; de la visión o signo que el Gran Misterio le había concedido no hablaba.

En el relato sioux de la creación, el Gran Misterio permanece en segundo término. El sol y la tierra, que son los principios masculino y femenino, son los elementos principales. El sol penetró en el seno de la Tierra y esta concibió y produjo la vida vegetal y animal. Misteriosamente apareció Ish-ná-cha-ge, el "primogénito", que creó un compañero, ("el hombre muchachito") inocente, confiado e indefenso. Su hermano mayor fue su maestro, y las reglas que estableció y los consejos que le dio son el origen de muchas de las creencias más arraigadas y costumbres más sagradas de los sioux.


Enterramiento Sioux
La que tal vez fue la organización más notable fue la de la "Gran Cabaña de la Medicina". En esta sociedad, los ancianos, sobre todo, enseñaban exhaustivamente los usos de todas las raíces y hierbas curativas. Un banquete de misterio, o de medicina, no era una cosa pública, ya que los miembros lo eran por elección. Nadie podía ser miembro si su reputación moral no era excelente, y todos (tanto mujeres como hombres) estaban a prueba uno o dos años.

La Gran Danza de la Medicina se celebraba para iniciar a los candidatos que habían terminado su período de prueba, de los que se seleccionaban un número suficiente para cubrir a los que habían muerto desde la última reunión. El hombre medicina poseía un gran magnetismo y una gran autoridad personal. En todas las ceremonias guerreras y en medicina se utilizaba una pipa especial. El celebrante la enciende gravemente y fuma una o dos veces, luego en pie, la sostiene en silencio hacia el Sol, el padre, y hacia la Tierra, la madre.




Fuente: El Rincón Amigo



5 de junio de 2010

Billy the Kid

El joven que pasaría a la historia como "Billy the Kid" nació en Nueva York alrededor de 1860. No se sabe con seguridad su apellido real. Su madre era conocida como Katherine McCarty o Katherine McCarty-Bonney. Su padre pudo ser William Bonney o Patrick Henry McCarty. En cualquier caso, el padre murió alrededor de 1865. La viuda se trasladó con el joven William y su hermano a Indiana, donde se casó con un hombre llamado William Antrim en 1863. Desde Indiana la familia se mudó a Silver City, Nuevo México.

Katherine murió cuando Billy tenía 14 años. A partir de entonces el joven tuvo que valerse por sí mismo. Comenzó su vida laboral en un hotel, donde realizó pequeños trabajos para pagar su alojamiento y manutención. A los 15 años, varias circunstancias conspiraron contra el joven cambiando su vida para siempre; ocultó unas ropas como parte de una broma a un lavandero chino. Cuando su participación en el episodio fue descubierta, el sheriff de Silver City decidió encerrarlo durante unos días sólo para darle una lección. Billy, sin embargo, no podía soportar el confinamiento. Al cabo de dos días escapó trepando por la chimenea. El que hasta entonces había sido un ciudadano respetuoso, se había convertido a los 15 años en un fugitivo.

Huyó al sureste de Arizona y trabajó en un rancho como pastor de ovejas. En 1877 se convirtió en carretero civil en un campamento del ejército. El herrero, un hombre grande y voluminoso, disfrutaba burlándose del escuálido joven. Al final, Billy sacó su pistola y apretando el gatillo se convirtió en un asesino. Los guardias del campamento lo encarcelaron.

Una vez más, estaba aterrorizado por el encierro y después de un par de noches escapó por segunda vez. Desde Arizona huyó de vuelta a Nuevo México, donde obtuvo trabajo en el rancho de un hombre llamado Heiskell Jones. Después trabajó como guarda del ganado de un magnate local llamado John Tunstill. Esto arrastraría a Billy a mezclarse en la feroz disputa que los propietarios de ganado y un poderoso grupo de comerciantes locales mantenían por el control del territorio. Cuando el patrón de Billy fue asesinado de un disparo en la cabeza, el adolescente sólo tenía un propósito, que era vengar su muerte. Para ello se unió a otros ex empleados de Tunstill que formaban un grupo que se hacía llamar "los reguladores". Salieron a la caza de los asesinos de su jefe y pronto capturaron a dos hombres, a los cuales se les prometió que serían entregados con vida a las autoridades para recibir un juicio justo. Pero Billy no cumplió este acuerdo y mató a los dos prisioneros, así como a un miembro de su propia banda que intentó impedirlo.

Posteriormente hubo un tiroteo en las calles de Lincoln que terminó con la muerte del sheriff. Billy y sus secuaces se hicieron fuertes en una casa en el centro de la ciudad. El nuevo sheriff y los suyos se ubicaron en los edificios circundantes y los enfrentamientos duraron cinco días, tras los cuales la casa fue incendiada. Billy entonces asumió el mando completamente y anunció que dispararía a cualquiera que intentara rendirse. Luego, en mitad de la noche, dirigió una audaz fuga de entre las ruinas humeantes de la casa.

Reunió a un pequeño grupo de inadaptados a su alrededor y comenzó una vida de robos y delitos menores. Mientras tanto cada vez había más órdenes de búsqueda contra él. El nuevo sheriff del condado de Lincoln estaba decidido a atraparlo; su nombre era Pat Garrett. Garrett le tendió una trampa tras otra pero Billy siempre lograba escapar.

El 13 de julio de 1881, sin embargo, su suerte acabó. Garrett acudió a la hacienda de un tal Pete Maxwell para comprobar unas informaciones según las cuales Billy estaba en la zona. Después de la medianoche, entró un desconocido en la estancia y preguntó a Maxwell quién era el recién llegado. Maxwell respondió mirando a Garrett: "es él". Entonces Garrett sacó su revólver y disparó. Billy el Niño había muerto a los 21 años.

Supuesta tumba de Billy el Niño

Cabe destacar que lo que nos llega sobre Billy the Kid a través de las películas es bastante inexacto ya que siempre se intenta exagerar la historia para presentarlo como un pistolero legendario. En realidad Billy no mató a más de 5 ó 6 personas en su vida, en algunos casos en defensa propia.


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