Fuente:
Ojo Científico
Encerró a un gato durante un tiempo en una jaula con un perro. Éste en seguida comenzó a olisquear al felino y a ladrar. El gato se estremeció. En ese momento, Cannon le extrajo una muestra de sangre que comparó con la de otros animales que no habían sido expuestos al miedo y a la ansiedad. El resultado fue contundente: la sangre de los gatos amenazados contenía grandes cantidades de una sustancia que hoy está en boca de todos: la adrenalina. Ya en aquel entonces se sabía que la adrenalina eleva la presión arterial y los niveles de azúcar, además de frenar la digestión. Pero su vínculo con el miedo y las emociones era algo completamente novedoso.
Se registró un aumento del 30 por ciento en la tasa de suicidios en Estados Unidos y Gran Bretaña, y la misma pauta se ha visto repetida en crisis económicas más recientes. The Lancet publicó un estudio en 2009 en el que se analizaban veintiséis países europeos y detectó un aumento del 0,8 por ciento en el número de suicidios por cada punto porcentual del aumento del desempleo. Durante la crisis que siguió a la debacle financiera de 2008, los psicólogos estadounidenses inventaron un término para describir el fenómeno: “econocidio”.
Fu Pao, madre del Emperador Amarillo, Shuan-Yuan, vio grandes relámpagos circulando alrededor de la estrella Su de Bei-Don (la Osa Mayor) e iluminando todo el campo. Luego, quedó embarazada.
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| Busto de Aristóteles |
Durante setenta y cinco días se vio en el cielo un cuerpo ardiente de gran extensión, como una nube de fuego, que [...] se trasladaba con movimientos intrincados y regulares [...]. Las llamas de fuego eran llevadas en todas direcciones como estrellas fugaces.
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| Giuseppe Piazzi |
Sería Hipócrates la primera persona que describiese el origen de la epilepsia de manera correcta. Declarándola una enfermedad natural que provenía del cerebro. Hipócrates en su afán de separar la superstición de la epilepsia anunciaría: “Conviene que la gente sepa que nuestros placeres, gozos, risas y juegos no proceden de otro lugar sino del cerebro. A cerca de la 'enfermedad sagrada' no me parece más sagrada que las demás enfermedades, sino que tiene una causa natural. A mi parecer, aquellos que hicieron sagrada esta afección eran iguales que los actuales magos y purificadores, impostores y charlatanes que utilizan lo divino para ocultar su impotencia por no contar ninguna ayuda que ofrecer...”.
Los diferentes nombres que la enfermedad recibió a lo largo de los tiempos, demuestra cuál fue para cada una de las épocas la etiología de la enfermedad (por ej, "enfermedad lunar": una enfermedad motivada por las diferentes fases lunares; "enfermedad demoníaca": mal ocasionado por espíritus dañinos). Los egipcios la denominaron "nesejet", ya que pensaban que era una enfermedad enviada por Dios y sumamente peligrosa.
Louis Pasteur demostró que las bacterias y gérmenes eran los causantes de enfermedades y buscaba una solución para evitar infecciones masivas. Pero fue el cirujano inglés Joseph Lister, en 1869, el que descubrió un spray carbólico cuyo uso contribuyó a reducir en gran medida el número de muertes por infecciones contraídas en el quirófano. Fue también Lister quien utilizó el catgut como hilo de sutura; este hilo era en realidad una serie de filamentos realizados con láminas de membranas de serosa intestinal de gato.
Fue el primer anestésico, ya que hasta 1846, fecha en la que el dentista americano Horalce Wells la utilizó por primera vez para dejar inconsciente a un paciente, las intervenciones quirúrgicas se realizaban sin anestesia. Posteriormente en 1850 se extendió por todo el mundo mediante un inhalador de éter llamado Morton (ver foto).
En 1844 el físico irlandés Francis Rynd inventó una aguja hueca (hollow needle) para poder inyectar fluidos al cuerpo. A partir de esta aguja Alexander Wood, médico escocés, inventó la aguja hipodérmica en 1853.
El reloj astronómico de Praga está situado en la torre del antiguo Ayuntamiento de la Ciudad Vieja y data de comienzos del siglo XV. La fabricación de este tipo de relojes fue muy frecuente en Europa durante la Edad Media y el de Praga es uno de los más antiguos; sólo los relojes de Padua (1344) y Estrasburgo (1354) fueron construidos con anterioridad.
Muchos artesanos y maestros relojeros trabajaron para mantener en funcionamiento el reloj durante seis siglos. El paso del tiempo, la falta de presupuesto y las guerras le provocaron daños que hicieron necesarias muchas reconstrucciones. Una leyenda atribuyó la creación del mecanismo a Jan Hanus y su asistente Jakub Cech, situándola alrededor del año 1490. Sin embargo, en el siglo XX pudo comprobarse que es mucho más viejo aún; el relojero Mikulas de Kadan y Jan Ondrejuv, un profesor de matemáticas y astronomía de la Universidad Carlos conocido como Sindel, habrían instalado en el año 1410 el disco superior, es decir, el cuadrante astronómico.
Sin dinero para mayores reparaciones ni relojeros capaces de ponerlo en marcha, en dos ocasiones se consideró la idea de desmontarlo y venderlo como chatarra. La primera vez, fue "salvado" por el relojero Jan Landesberg, quien se propuso hacerlo funcionar, aunque sólo lo logró parcialmente. La segunda vez, en 1861 después de un incendio, una colecta popular logró reunir el dinero necesario para repararlo.
Desde entonces, tres generaciones de relojeros de la familia Heinz trabajaron para mantenerlo en funcionamiento, hasta que en los últimos días de la II Guerra Mundial, los nazis destruyeron la totalidad del ala norte del edificio del ayuntamiento, afectando también a la torre y, por supuesto, al reloj. Fue necesario que muchos voluntarios trabajaran para repararlo al original, tarea que demandó tres años de trabajo. Algunas partes del reloj debieron sustituirse por réplicas, pero se conservan muchas piezas originales.
Su función original no era solamente dar la hora sino indicar también tiempos astronómicos. Los tres principales componentes del reloj son:
1. El cuadrante astronómico, que además de indicar las 24 horas de día, representa las posiciones del sol y de la luna en el cielo, además de otros detalles astronómicos:
Es la pieza más antigua del reloj. Con forma de astrolabio, instrumento utilizado en la astronomía medieval, este cuadrante muestra la percepción del universo de aquellos tiempos, con la tierra en el centro. La zona azul es el cielo sobre el horizonte; allí pueden leerse en latín las palabras ORTVS (este) y OCCASVS (oeste). La zona marrón es la tierra bajo el horizonte y aquí las palabras son AVRORA (amanecer) y CPEPVSCVLVM (crepúsculo). Un anillo zodiacal se mueve según el recorrido de las estrellas en el cielo. Las dos manecillas del reloj tienen los símbolos del sol y la luna.
Tres círculos dorados en el cuadrante permiten mostrar mediciones del tiempo diferentes: el exterior, escrito en números Schwabacher (una forma particular de escritura gótica), muestra la antigua forma de medir el tiempo en la Bohemia; el círculo con números romanos indica la hora en Europa Central; y el tercero con números arábicos mide el "tiempo babilónico": la duración de la hora varía según la estación (más larga en verano, más corta en invierno, relacionada directamente con la cantidad de luz solar de cada día). El reloj de Praga es el único del mundo en su tipo capaz de hacer esta medición.
2. Las figuras animadas que incluyen "El paseo de los Apóstoles", un mecanismo de relojería que muestra, cuando el reloj da las horas, las figuras de los doce Apóstoles:
Las cuatro figuras que flanquean el reloj son cuatro alegorías. De izquierda a derecha son:
•La Vanidad representada por un hombre que sostiene un espejo.
•La Avaricia representada por un comerciante judío con su bolsa.
•La Muerte representada por un esqueleto matando el tiempo.
•La Lujuria representada por un príncipe turco con su mandolina.
Cada hora entre las 9 de la mañana y las nueve de la noche las figuras se ponen en movimiento. El vanidoso se mira en el espejo, el avariento mueve su bolsa, el esqueleto blande su guadaña y tira de una cuerda, el lujurioso mueve la cabeza para mostrar que acecha siempre. Las dos ventanas se abren y empieza "El Paseo de los apóstoles". Los doce apóstoles desfilan lentamente de una ventana a la otra precedidos por San Pedro.
3. El calendario circular con medallones que representan los meses del año:
Las leyendas dicen que si el reloj se detiene es señal de malos augurios para el país. Y muchos puede que no crean en cuentos, pero en 2002 el reloj se detuvo y, coincidencia o no, una crecida del Moldava provocó inundaciones que afectaron seriamente a la ciudad, tanto a sus edificios como al transporte subterráneo.
Vídeo del funcionamiento del reloj:
Fuentes consultadas:
- Wikipedia
- http://www.mundocity.com
Eratóstenes nació en Cyrene (Libia) en el año 276 a.C. Fue astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo, poeta, crítico teatral y matemático. Estudió en Alejandría y Atenas. Alrededor del año 255 a.C. fue el tercer director de la Biblioteca de Alejandría. Trabajó con problemas de matemáticas, como la duplicación del cubo y números primos. Escribió muchos libros de los cuales sólo se tienen noticias por referencias bibliográficas de otros autores.
Una de sus principales contribuciones a la ciencia y a la astronomía fue su trabajo sobre la medición de la tierra. Eratóstenes en sus estudios de los papiros de la biblioteca de Alejandría, encontró un informe de observaciones en Siena, unos 800 Km. al sureste de Alejandría, en el que se decía que los rayos solares al caer sobre una vara el mediodía del solsticio de verano (el actual 21 de junio) no producía sombra.
Eratóstenes entonces realizó las mismas observaciones en Alejandría el mismo día a la misma hora, descubriendo que la luz del Sol incidía verticalmente en un pozo de agua el mismo día a la misma hora. Asumió de manera correcta que si el Sol se encontraba a gran distancia, sus rayos al alcanzar la tierra debían llegar en forma paralela si esta era plana como se creía en aquellas épocas y no se deberían encontrar diferencias entre las sombras proyectadas por los objetos a la misma hora del mismo día, independientemente de donde se encontraran. Sin embargo, al demostrarse que si lo hacían, (la sombra dejada por la torre de Sienna formaba 7 grados con la vertical) dedujo que la tierra no era plana y utilizando la distancia conocida entre las dos ciudades y el ángulo medido de las sombras calculó la circunferencia de la tierra en aproximadamente 250 estadios (40.000 kilómetros, bastante exacto para la época y sus recursos).
También calculó la distancia al Sol en 804.000.000 estadios y la distancia a la Luna en 780.000 estadios. Midió casi con precisión la inclinación de la eclíptica en 23º 51' 15". Otro trabajo astronómico fue una compilación en un catálogo de cerca de 675 estrellas.
Creó uno de los calendarios mas avanzados para su época y una historia cronológica del mundo desde la guerra de Troya. Realizó investigaciones en geografía dibujando mapas del mundo conocido, grandes extensiones del río Nilo y describió la región de Eudaimon (actual Yemen) en Arabia.
Eratóstenes al final de su vida fue afectado por la ceguera y murió de hambre por su propia voluntad en 194 a.C. en Alejandría.
Los egipcios tenían curiosas maneras de tratar los asuntos relacionados con el embarazo y el parto.
La anatomía y fisiología del aparato sexual femenino sólo se conocía a grandes rasgos. Los ovarios eran desconocidos, suponían que la matriz flotaba libremente en la cavidad abdominal y que estaba conectada al aparato digestivo, esta idea llevó a la creencia de que relaciones sexuales no genitales, especialmente las orales, podían generar la concepción.
Para saber si una mujer estaba embarazada los egipcios llenaban dos bolsas de tela, una con cebada y otra con trigo. Si germinaba primero la cebada nacería un niño, en cambio si germinaba primero el trigo, sería una niña. Las mujeres se pasaban el embarazo cubiertas de amuletos, llevaban una vida normal hasta el momento del parto.
Las egipcias daban a luz en cobertizos hechos de ramas situados en el jardín o en el tejado de la vivienda, donde permanecían las dos semanas siguientes al parto. Este tiempo servía para la purificación, pues consideraban que era impura durante su estado.
Se utilizaba un “taburete de nacimiento”, que era un asiento con un agujero suficientemente grande para que pasara el bebe, o bien parían agachadas asistidas por una comadrona que invocaban a los dioses y colocaba en la tripa de la embarazada compresas hechas con cañas para acelerar el parto. Cogían al bebe en sus manos, facilitaban la expulsión de la placenta con duchas de aceite tibio que contenían trozos triturados de una vasija hecha recientemente.
Mitigaban los dolores de la madre con bebidas embriagantes, principalmente cerveza o dando masajes con polvo de azafrán disuelto en cerveza o polvo de mármol disuelto en vinagre.
El cordón umbilical era cortado con un cuchillo especial, después de la expulsión de la placenta, ambos tenían asociaciones mágicas y se creía que eran como un doble de la criatura. La placenta era enterrada en la casa o arrojada al Nilo para asegurar la supervivencia del niño, el cordón se dejaba secar y se conservaba para acompañar al individuo incluso a la tumba. La madre mordía su propia placenta ya que le otorgaba un gran valor simbólico.
Para eliminar las estrías formadas después del parto, se aplicaban ungüentos de varios tipos. Las de alto linaje preferían aceite de Behen. Para evitar grietas en los pezones, los médicos utilizaban productos a base de caña, fibras vegetales y juncos. Para prevenir el parto prematuro se trenzaba el cabello a la mujer, con el fin de ahuyentar los demonios del seno materno.
Cuando era imposible la expulsión del bebé por vías naturales se recurría a la cesárea.
A pesar de que la mujer lo ha tenido difícil para destacar en algunos campos a lo largo de los tiempos, hay algunas que sí han podido estampar su firma en el libro de oro de la historia, en este caso de la historia de la ciencia.
Ya desde épocas tan lejanas como el siglo XII antes de nuestra era, con Agamede dedicándose a la medicina, tenemos noticias de mujeres destacando en el ámbito científico. Sabemos que el genio de Grecia condenaba sin embargo a la mujer a ser una subsidiaria, pero en los estertores del mundo grecorromano floreció la astrónoma y matemática Hipatia, cuya figura ha sido recordada en nuestros días gracias a las pantallas cinematográficas. Hipatia, que era además consumada inventora de artilugios científicos, fue también uno de los primeros mártires de la ciencia, sufriendo en carne propia la intolerancia de la masa poseída por un funesto furor religioso.
A decir verdad, la relación entre las mujeres y la astronomía, más allá del caso de Hipatia, resulta significativa. Si a finales del siglo XVII un porcentaje no desdeñable de astrónomos alemanes eran mujeres, un siglo más tarde el célebre astrónomo William Herschel recibió la ayuda constante e impagable de su hermana Caroline, a la que le corresponde por derecho propio el descubrimiento de varios cometas. Otra astrónoma famosa fue Maria Mitchell (1818-1889), la primera mujer miembro de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias.
Fuera de la astronomía, no menos relevante resulta el caso de las Curie. La madre, Marie Curie (1867-1934), nacida en Varsovia, fue la primera mujer en lograr el Premio Nobel (de Física) en 1903. Cuando en 1911 se le concedió el de Química, se convirtió asimismo en la primera persona en recibir dos. Por su parte, su hija Irene también fue galardonada con el Premio Nobel de Química en 1935. La serie de mujeres científicas no se agota tan prontamente. A modo de simple enumeración, recordemos algunas pocas más: Aglaonike y Agánice: matemáticas (Antigüedad); María la Judía, alquimia y química (s. II); Marie Colinet, medicina (s. XVI); Elisabeth Korpmann, astronomía (s. XVII); Maria Gaetana Agnesi, matemáticas, (s. XVIII); Emilie du Chatelet, física y filósofa (s. XVIII); Sophie Germain, matemáticas (s. XVIII-XIX); Mary Sommerville, botánica (s. XVIII-XIX); Ada Byron Lovelace, matemáticas (s. XIX); Cornelia Clapp, zoología (s. XIX-XX); Henrieta S. Leavitt, astronomía (s. XIX-XX); Margaret Mead, antropología (s. XX); Anna Freud, psicoanálisis (s. XX). (Fuente consultada: Sobre Curiosidades - Souto Alves)
Las leyendas abundan. Una famosa piedra que supuestamente posee poderes increíbles, pero ¿existió alguna vez?
En el mundo antiguo, un filósofo era buscador de sabiduría. Un poderoso sabio entregado a desvelar los secretos del mundo natural. Se decía que la Piedra Filosofal era la clave de todo esto.
Durante miles de años la Piedra obsesionó al mundo civilizado. Ningún objeto excepto el Santo Grial la supera en leyenda. Los primeros escritos sobre la piedra filosofal se remontan a la época de Cristo, aunque está claro, por el modo de referirse a ella, que fue muy conocida en el mundo antiguo.
Un modo de fabricar oro, el más precioso de los metales. Un sueño que se remontaba 1.000 años antes al mito griego del rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba: el toque Midas, una idea que hoy en día aún fascina. Pero la Piedra Filosofal tenía otro poder aún mayor: una única substancia capaz de conceder a su propietario vida eterna y riquezas sin límites. Pero ¿qué era exactamente la piedra filosofal?
Aunque se describe en términos ambiguos, lo que sí está claro es que la piedra no es literalmente una piedra. No es algo que pueda hallar un aventurero o desenterrar un cazatesoros, sino que lo deben fabricar los buscadores de conocimientos y los hombres de ciencia. Son los filósofos del Medio Oriente que escriben en los siglos VI, VII y VIII, los que afirman que uno de ellos ha encontrado el secreto. Dicen conocer los ingredientes para fabricar el compuesto llamado Piedra Filosofal y haber dominado los peligrosos procesos necesarios para combinarlos. Es en esas épocas cuando comienza a aplicarse otra palabra a estos buscadores de la piedra: alquimista.
Es tras el inicio de las cruzadas en el siglo XII y el aumento de desplazamientos entre Oriente y Occidente, cuando las historias de la Piedra Filosofal comienzan a llegar a Europa. Estas se encuentran entre los antiguos textos egipcios, judíos y griegos traducidos por los estudiosos musulmanes que incorporan la alquimia a sus conocimientos científicos. La idea de la Piedra Filosofal no tarda en atrapar la imaginación de los estudiosos europeos. Armados con nuevas traducciones de los textos orientales, emprenden su propia búsqueda para producir la Piedra, pero será una búsqueda envuelta en el secreto. Los alquimistas medievales, como más tarde los masones, usaron símbolos y palabras en clave que siguen desconcertando a los estudiosos. Aunque muchos alquimistas anotaban fórmulas paso a paso para fabricar el compuesto de la Piedra Filosofal, los ingredientes que utilizaban continúan envueltos en el simbolismo.
Quienes han estudiado estos registros de alquimia, creen que uno de los ingredientes utilizados en la Piedra Filosofal es el mercurio, ya sea en forma pura o modificada. Los otros ingredientes son objeto de debate, pero está claro que la mezcla debe purificarse y transformarse una y otra vez mediante el fuego.
Es la promesa de ese poder absoluto lo que hace que la búsqueda de la Piedra Filosofal sea tan tentadora y peligrosa. Con los siglos, los buscadores de la piedra revisarán textos antiguos, consultarán a rabinos, sabios e incluso ángeles. Ingerirán venenos, se arriesgarán a volverse locos, se enfrentarán a la cárcel, al exilio y a la desgracia, pero se rumorea que unos pocos, muy pocos, tendrán éxito.
Una piedra de brujos que convierte el plomo en oro, un elixir que puede conceder la inmortalidad. Actualmente, esto pertenece al ámbito de la fantasía, pero durante 300 años, desde finales del siglo XVII, durante la edad de oro de la alquimia occidental, estos objetivos parecieron lógicos y alcanzables.
Son los primeros científicos europeos del siglo XIII, quienes emprenden la búsqueda de la Piedra Filosofal. Creen que este misterioso compuesto puede convertirse en elixir de inmortalidad o añadirse a metales bajos para producir oro, y aunque su meta parezca sobrenatural poseen sólidas razones científicas para creerlo posible. Los alquimistas llaman al concepto “transmutación”, un proceso que ven constantemente a su alrededor. En la mente del alquimista, el mismo proceso purificador que puede convertir el plomo en oro también puede producir longevidad, incluso la inmortalidad.
Fueron los alquimistas los que crearon el prototipo de laboratorio moderno donde combinar y calentar los productos químicos necesarios para crear la Piedra Filosofal. Es un proceso laborioso y peligroso. Crear el elixir de la vida exigía la mezcla de una poción de metales pesados que el alquimista debía ingerir intencionadamente.
A través de la historia cientos de estudiosos y científicos buscaron el secreto de la Piedra Filosofal. Algunos fueron las mentes más grandes de su tiempo. Roger Bacon, el padre de la química moderna, y Sir Isaac Newton entre ellos. Pero ninguno encendería la imaginación del público más que un humilde librero del siglo XIV llamado Nicolas Flamel. Aunque aparece en obras de ficción popular como “El Jorobado de Notre Dame” y “Harry Potter y la Piedra Filosofal”, para los lectores medievales era una persona real aunque misteriosa.
Aparecen escritos científicos atribuidos a Flamel en libros publicados en el siglo XVI, que pueden ser compilaciones de obras anteriores. Aunque su contribución científica en estos tomos es menor, la figura del propio Flamel crece en las manos de modernos autores de éxito. En “El Código Da Vinci”, se dice que Flamel era un líder del Priorato de Sión. En “Harry Potter”, aparece como el socio alquimista del director de una escuela. Ambos autores se inspiraron sin duda en el mismo libro, un volumen sobre figuras jeroglíficas publicado en París en 1912, presunta copia de una obra perdida del propio Flamel que describe su búsqueda de la Piedra Filosofal. Se dice que Flamel llegó a cumplir los 80 años, lo cual no es poca cosa en tiempos medievales. Encargó su propia lápida adornada con extraños símbolos alrededor del año 1410. Se cree que su muerte ocurrió poco después, pero posteriormente comenzaron a circular rumores de que usó la Piedra Filosofal para prolongar su vida, fingiendo su muerte para proteger el secreto. Una historia reforzada por la publicación de varios libros con su nombre mucho después de su supuesto fallecimiento. Muchas personas creyeron los rumores y se aferraron a cualquier prueba de la existencia de la Piedra Filosofal.
En todo el período medieval y la llamada Era Moderna temprana de los siglos XVI y XVII, los más poderosos de Europa vigilaban a quienes pudieran tener el poder de crear la Piedra. La mágica substancia se veía como un comodín en potencia, capaz de influir en las guerras y en los conflictos entre países, así como para vencer y erradicar los conflictos interiores.
Aunque los soberanos europeos solían prohibir la práctica de la alquimia, siempre había una excepción: el alquimista que trabajaba para ellos.
Ningún monarca estuvo más interesado en la alquimia que Rodolfo II de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano, rey de Bohemia y Hungría. Rodolfo, dado a la melancolía, se sintió atraído por la alquimia quizá como cura, o posiblemente porque así aliviaba el tedio que le provocaban los asuntos de estado. A mediados del siglo XVI, Rodolfo comenzó a invitar a alquimistas a su corte. Hasta doscientos pasaron por su finca real de Praga, donde se dedicaba a la alquimia.
En el siglo XVI, la imprenta contribuyó a extender las noticias de la Piedra Filosofal, y durante el siglo siguiente comenzaron a surgir multitud de testigos de procesos de alquimia capaces de convertir metales corrientes en oro. ¿Realmente los ciudadanos fueron testigos de la existencia de la Piedra Filosofal o de alguna otra invención? Las falsas transmutaciones estaban a la orden del día. Se utilizaban para ello crisoles con doble fondo en los cuales se escondía oro que se hacía aparecer fundiendo la parte superior del recipiente. Durante este período, falsos alquimistas vivían de afirmar poseer la Piedra y de venderla en porciones a los crédulos antes de huir de las ciudades, pero hubo otras estafas más refinadas, a menudo a costa de reyes y emperadores.
Tras el Renacimiento la alquimia comenzó a llamarse “química”. Aunque ambas palabras procedían de la misma raíz griega, “química” se fue convirtiendo en el término más aceptado. Fue en el siglo XVIII cuando ambas palabras adquirieron sus significados actuales.
Durante los últimos doscientos años, los científicos que han analizado aquella época han considerado absurda la búsqueda de la Piedra Filosofal, y a la alquimia misma como una pseudociencia, pero esa valoración actualmente ha cambiado. Tanto en la ciencia como en la ficción, se está produciendo un regreso de los alquimistas.
En cuanto al propósito central de los alquimistas de encontrar la Piedra Filosofal y transmutar substancias en oro, ese objetivo es ya posible mediante los aceleradores de partículas, claro que cada gramo de oro costaría miles de millones de dólares, por lo que no es rentable. Y en cuanto a la prolongación de la vida humana, en una era de asombrosos medicamentos la esperanza de vida aumenta cada año. Y aunque la inmortalidad se le escapa a la ciencia, la búsqueda continúa.
Puede que el sueño de los alquimistas no fuera tan absurdo...