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26 de febrero de 2014

Las enfermedades más antiguas de la humanidad


Las enfermedades existen desde siempre, aunque las ciencias biológicas que permiten su identificación y tratamiento son bastante nuevas si miramos miles de millones de años de historia. Existen males que fueron identificados hace miles de años, aunque otros fueron detectados examinando huesos y otros restos que fueron preservados en el tiempo.

Estas son, probablemente, las enfermedades más antiguas que se conocen.


Fiebre de las montañas rocosas.

La Fiebre de las Montañas Rocosas es bastante grave y causa la muerte si no es tratada a tiempo. Una enfermedad infecciosa que se contagia mediante la mordida de las garrapatas. Se cree que infectaban las mitocondrias humanas, para luego expandir la infección. Mediante el análisis de restos de mitocondrias prehistóricas, se pudo reconocer la bacteria que causaba este mal, que probablemente se llevó millones de vidas antes de ser identificado.

Tracoma.

El tracoma es una infección ocular que ataca al párpado superior y que hace que las pestañas se vayan hacia la córnea, provocando ceguera. Se cree que esqueletos del año 8000 a.C encontrados en Australia muestran lesiones en el cráneo atribuibles a la Tracoma, que fue descrita por primera vez por Hipócrates, el padre de la medicina.

Tuberculosis.

Seguramente haz escuchado hablar de la tuberculosis, una enfermedad que continúa siendo una epidemia en varias partes del mundo, pero que tiene orígenes que la ubican al menos a 9 mil años antes de nuestros tiempos. Si bien el primer esqueleto en que se detectó la enfermedad data de ese tiempo, se cree que la enfermedad ya había estado presente hace 500 mil años.

Neumonía.

La neumonía es una enfermedad que ataca el sistema respiratorio y que, en los casos más graves, puede llegar a provocar la muerte. La neumonía, fue descrita la primera vez por Hipócrates. Si bien no existen hallazgos arqueológicos claros, ya que ataca tejidos blandos, se cree que es una de las enfermedades más antiguas, atacando los pulmones desde hace miles de años.

Malaria.

Basta con una picadura de un mosquito infectado para contagiarse de malaria, una enfermedad infecciosa que mata 1 millón de personas cada año. Si bien los chinos fueron los primeros en describir la malaria alrededor del año 2700 a.C., los arqueólogos creen que su origen es todavía más antiguo, siendo responsable de la mitad de las muertes humanas desde la Edad de Piedra.


Fuente:
Ojo Científico

16 de febrero de 2014

La vacuna, el invento que salvó millones de vidas

Las vacunas fueron descubiertas en 1771, por Edward Jenner, a partir de unos experimentos que realizaba con gérmenes de la viruela que atacaba a la vaca, pero que a los trabajadores de las granjas hacía inmunes hacia esta enfermedad. De ahí proviene su nombre, de la palabra latina vacca y este invento fue el inicio de todo un programa de inmunizaciones que ha permitido prevenir muchas enfermedades mortales o incapacitantes y evitar grandes epidemias.

Jenner nació en 1749 en Berkeley, Inglaterra. Sufrió la viruela en su infancia, lo que le dejó secuelas en su salud. Fue aprendiz de cirujano, realizó sus estudios y prácticas en un hospital, y publicó estudios detallados sobre varias enfermedades.

Durante la década de 1790, Edward Jenner buscó la forma de proteger a la humanidad contra la enfermedad que casi lo mata durante su infancia. Científicos anteriores habían planteado que la viruela de las vacas podía ser la solución, pero sin concretar de qué manera y sin hacer experimentos. Como médico rural, Jenner investigó a fondo la viruela de las vacas y a las personas que las ordeñaban. Observó que los ganaderos, que tocaban las pústulas en las ubres de las vacas enfermas al ordeñarlas, contraían la viruela bovina, que les provocaba ampollas en las manos. Sin embargo, cuando llegaban epidemias de viruela humana sus familias se contagiaban, pero ellos no.

El 14 de mayo de 1796, Jenner dio el paso decisivo: extrajo pus de las ampollas de viruela bovina de una campesina, y se lo inoculó al hijo de su jardinero. Éste, al cabo de una semana cayó levemente enfermo durante un par de días, pero se recuperó. Seis semanas después, Jenner le infectó deliberadamente con viruela humana, sin que se produjera efecto visible alguno. Luego repitió el experimento con otras 22 personas, ninguna de las cuales enfermó gravemente ni murió. La eficacia de la vacunación, como empezó a llamar a su método, quedó demostrada.

El descubrimiento de Jenner fue recibido con entusiasmo, pero también halló una dura oposición, científica e ideológica. Obispos reaccionarios y filósofos ilustrados se opusieron a la vacunación. Surgieron imitadores que desconocían los detalles del nuevo método, de tal manera que el lugar de evitar la enfermedad la provocaban. Jenner esperaba a que pasaran 7 días desde que aparecían las pústulas de viruela bovina para tomar sus muestras, con lo que la enfermedad resultaba menos virulenta. De esta forma abrió la puerta al desarrollo de otras vacunas contra enfermedades humanas, usando microorganismos atenuados o debilitados de algún modo.

Poco a poco la nueva práctica se fue imponiendo en toda Europa. En 1803 se creó en Gran Bretaña la Real Sociedad Jenneriana, que vacunaba gratuitamente contra una enfermedad que mataba a 80.000 británicos cada año.

La vacunación llegó a España en 1800, y tres años más tarde el Gobierno organizó una expedición que durante tres años llevó la vacuna a todo el imperio español de América, Filipinas, y después a Macao y China. En 1806, Napoleón ordenó la vacunación de todo su ejército.

En 1840, el Gobierno británico promulgó leyes para que toda la población fuese vacunada gratis. Sin embargo, aún no se comprendía la causa de la enfermedad. Para eso fue preciso esperar al descubrimiento de los gérmenes, gracias a Robert Koch y Louis Pasteur. Únicamente entonces fue posible crear vacunas contra otras enfermedades.


Fuentes:
- www.esmas.com
- Juan José Sánchez Arreseigor: La vacuna, la mayor conquista de la medicina. Historia National Geographic nº 121

9 de noviembre de 2012

El origen del 'estrés'

Hace solo un siglo, el término “estrés” era desconocido para la medicina. Sus inicios conceptuales se dieron gracias a un puñado de gatos estreñidos.

Los gatos pertenecían al psicólogo estadounidense Walter Cannon (1871-1945), que investigaba cómo la musculatura intestinal empuja los alimentos hacia el ano. Para realizar estos particulares estudios, Cannon alimentaba a gatos y examinaba el comportamiento de sus vísceras a través de un aparato de rayos X.

Enseguida se dio cuenta, sin embargo, que los gatos arqueaban el lomo, bufaban y demás signos elocuentes que le indicaron que los gatos no eran aptos para el experimento. Porque, cuando esto sucedía, las ondas peristálticas se debilitaban. Es decir, sufrían de estreñimiento. Cannon se preguntó entonces si realmente la ansiedad reducía la capacidad digestiva y cómo sucedía tal fenómeno.

Para estudiarlo, Cannon confeccionó el siguiente experimento, explicado por Jörg Blech en su libro El destino no está escrito en los genes:

Encerró a un gato durante un tiempo en una jaula con un perro. Éste en seguida comenzó a olisquear al felino y a ladrar. El gato se estremeció. En ese momento, Cannon le extrajo una muestra de sangre que comparó con la de otros animales que no habían sido expuestos al miedo y a la ansiedad. El resultado fue contundente: la sangre de los gatos amenazados contenía grandes cantidades de una sustancia que hoy está en boca de todos: la adrenalina. Ya en aquel entonces se sabía que la adrenalina eleva la presión arterial y los niveles de azúcar, además de frenar la digestión. Pero su vínculo con el miedo y las emociones era algo completamente novedoso.

Cannon llegó a la conclusión de que los procesos fisiológicos se alteraban de tal modo como parte del programa de supervivencia de la evolución, así, en un caso de urgencia, el cuerpo podría adaptarse con celeridad a la decisión de luchar o huir. Cannon bautizó este tipo de regulación como homeostasis.

Sin embargo, ¿el ser humano también estaba sujeto a estos procesos? Cannon tuvo una oportunidad única para comprobarlo: estaba en el año 1929, en decir, en pleno crack económico. La gente, en general, estaba llena de preocupaciones y estrés ante una situación económica tan poco halagüeña como la actual. Cannon no dejaba de ver gatos con forma de ser humano a su alrededor, gatos encerrados en una jaula y aislados del resto del grupo.

Por cierto, a pesar del mito de cientos de banqueros y brokers lanzándose por las ventanas de sus oficinas para suicidarse, solo se sabe de dos personas que se suicidaran a propósito del crack del 29 en Wall Street. Y ninguna de las dos eran banqueros. Incluso el New York Times de la época informaba ya de los rumores sobre especuladores suicidas. Incluso el médico forense de Nueva York tuvo que anunciar que los suicidios durante ese período se habían reducido respecto al año anterior. El economista John Kenneth Galbraith lo corroboró en su contrastada historia El Crack del 29 (1954), que concluía: “La ola de suicidios que siguió a la caída de la Bolsa forma parte de la leyenda de 1929. No existió.“

Lo que sí es cierto es que luego hubo más suicidios, durante la Gran Depresión, que siguió al crack del 29, tal y como apunta John Lloyd en El nuevo pequeño gran libro de la ignorancia:

Se registró un aumento del 30 por ciento en la tasa de suicidios en Estados Unidos y Gran Bretaña, y la misma pauta se ha visto repetida en crisis económicas más recientes. The Lancet publicó un estudio en 2009 en el que se analizaban veintiséis países europeos y detectó un aumento del 0,8 por ciento en el número de suicidios por cada punto porcentual del aumento del desempleo. Durante la crisis que siguió a la debacle financiera de 2008, los psicólogos estadounidenses inventaron un término para describir el fenómeno: “econocidio”.

Con todo, hubiera o no suicidas, fueran o no econocidios, el término específico de estrés no fue ideado por Cannon sino por el bioquímico Hans Selye, un investigador en la Universidad McGill de Montreal, que, en vez de gatos, empleaba ratas que tampoco lo pasaban muy bien.


Fuente:
Xataka Ciencia

7 de septiembre de 2012

Las auroras boreales en otras épocas

La cita conocida más antigua de una aurora aparece en un texto chino de en torno a 2600 a.C., conocido como Chu shu chi nien (Crónicas escritas en tiras de bambú). Dice así:

Fu Pao, madre del Emperador Amarillo, Shuan-Yuan, vio grandes relámpagos circulando alrededor de la estrella Su de Bei-Don (la Osa Mayor) e iluminando todo el campo. Luego, quedó embarazada.

La imposibilidad de contemplar durante una tormenta la constelación mencionada, ubicada en el hemisferio norte, hace suponer que, en realidad, el autor se refiere a una aurora. Otro dato relevante es el vínculo que se creía que había entre las auroras y el nacimiento de niños, un mito compartido por la tribu siberiana de los chuvash. No obstante, la creencia más extendida entre los pueblos del norte, como los inuit, era suponer que los difuntos se hallaban presentes en las auroras.

Más al sur, los griegos creían que el dios Apolo se trasladaba cada invierno a una región septentrional llamada Hiperbórea y que allí se manifestaba en forma de aurora. Al margen del mito, es probable que Aristóteles (s. IV a.C.) observara una real en la propia Grecia, una zona de escasa actividad auroral. Con un espíritu ya científico, en su Meteorológica, el filósofo intentó dar una explicación a los coloridos destellos de las auroras. Según él, se producían por la colisión del vapor causado por el Sol con el fuego de este astro a la altura de la esfera sublunar (el espacio entre la Luna y la Tierra).

Busto de Aristóteles
Más exacto fue en su descripción el sabio Plutarco (siglos I-II):

Durante setenta y cinco días se vio en el cielo un cuerpo ardiente de gran extensión, como una nube de fuego, que [...] se trasladaba con movimientos intrincados y regulares [...]. Las llamas de fuego eran llevadas en todas direcciones como estrellas fugaces.

Mientras, en la vecina Roma, sus habitantes asociaban el color rojizo de las auroras (el que suelen adoptar en latitudes mediterráneas) con actividades militares celestes. Así, cuenta Séneca que, durante el imperio de Tiberio, varias cohortes corrieron hacia la ciudad de Ostia al creer que había sido incendiada por la noche. Incluso la muerte de Julio César se relacionó con las figuras de caballeros e infantes que se dijo haber visto en unas auroras del año 44 a.C. Unas percepciones que Séneca, difusor de las tesis de Aristóteles, jamás compartió.

En el siglo XVI las auroras siguieron siendo fenómenos de difícil explicación. Debido a su infrecuente aparición en Europa central, se las consideraba un signo de mal agüero. Además, sus destellos rojizos suscitaban entre los creyentes oraciones y procesiones para mitigar un posible castigo divino. En la mayoría de los casos se intentaba comprenderlas a partir de explicaciones sobrenaturales. Por ejemplo, una aurora de 1560 vista cerca de Bamberg, en Alemania, se interpretó como chispas surgidas del choque de espadas en una batalla celeste. Y otra de diez años después en Kuttenberg, en la actual Chequia, como un conjunto de antorchas apoyadas sobre una nube estrellada. Los modelos fantasiosos, sin embargo, no durarían mucho tiempo más, gracias a los progresos en el conocimiento científico y en los instrumentos de observación.


Galileo Galilei acuñó el término aurora en un ensayo que publicó junto a un alumno suyo, Guiducci, en 1616. En él, tras describir la asombrosa iluminación del cielo septentrional, concluye: "formándose así para nosotros esta aurora boreal". Tres años más tarde ofreció una explicación, equivocada, sobre su naturaleza. Para Galileo las brillantes luces eran resultado del calentamiento del aire que rodeaba la Tierra y del reflejo de la luz solar sobre la atmósfera.

Tampoco acertó René Descartes, por las mismas fechas, en sus especulaciones sobre el proceso de formación de las auroras. El polifacético francés supuso que estas se debían a que una gran cantidad de "nubes de viento" colisionaban, colocaban el aire bajo presión y lo excitaban. Aunque tampoco descartó que fueran resultado del reflejo de la luz del Sol sobre cristales de hielo a gran altitud, una idea que se mantuvo durante siglos.


Fuente:
Mario García Bartual. Revista Historia y Vida número 534

Para saber más:
Aurora: The Northern Lights in Mythology, History and Science (en inglés)
Expediente Oculto - Ciudades perdidas: Hiperbórea

7 de julio de 2012

Los científicos más excéntricos

No son los más grandes científicos de la historia ni mucho menos, pero sí son una muestra de los más excéntricos.

Johann Konrad Dippel

Dippel nació en Alemania, en 1673, en el castillo de Frankenstein. Fue un alquimista y experto en teología: la versión primitiva de un científico que habría inspirado la célebre novela de Mary Shelley.
Como muchos ocultistas, Dippel se mostraba interesado en encontrar una forma de volver a los muertos a la vida. Se le atribuyen experimentos con cadáveres, lo cual podría dar origen al mito del Dr. Frankenstein.


Stubbins Firth

Este científico norteamericano del siglo XIX no dudó en determinar la manera en que se contagiaba la fiebre amarilla. Llegó al extremo de colocarse gotas de sangre de pacientes infectados en cortes realizados en su propio brazo.

Asimismo, no tuvo reparos en tragar el vómito de los pacientes.



Vladimir Demikhov

El doctor Demikov llegó a experimentar con el trasplante de la mitad superior de un perro en otro, creando una especie de perro bicéfalo. Su intención era perfeccionar una técnica operatoria que le permitiera trasplantar corazones en seres humanos.

A pesar del escándalo, sentó un precedente en la cirugías de tórax y en el uso de la técnica del by-pass.


Sergei Brukhonenko

El experimento más polémico de este científico ruso implicaba mantener con vida la cabeza de un perro, mediante una máquina que sustituía la función del corazón y los pulmones.

Al parecer, la cabeza del animal logró sobrevivir durante algunas horas dando inicio a investigaciones sobre la circulación sanguínea por medios artificiales.


Kevin Warwick

Warwick es un científico especializado en robótica de la Universidad de Reading. Tal vez lo conozcas por el experimento que logró que un robot funcionara con el cerebro de una rata. Pero este científico logró ir más allá colocándose chips bajo la piel del brazo o en su cerebro para probar que el sistema neuronal de un ser humano es capaz de controlar los movimientos de un robot. Todo un avance en inteligencia artificial.


Giovanni Aldini

Aquí tenemos otro ejemplo de científico loco experimentando con los muertos. Aldini tuvo la idea de utilizar electrodos para estimular el movimiento de cadáveres.

Su experimento más célebre fue realizado en 1803, mostrándole a la gente cómo era capaz de reanimar a un muerto mediante electricidad, en un show de altísimo voltaje.


Andrew Ure

Al igual que Aldini, este científico escocés utilizaba el cuerpo de un criminal para hacer experimentos con electricidad, logrando movimientos faciales del cadáver.

Aparentemente, provocó algún infarto entre la audiencia, cuando al aplicar un impulso eléctrico, logró levantar el brazo del criminal muerto y horrorizar a un pobre espectador.


Sidney Gottlieb

El doctor Gottlieb es el claro caso de un científico absurdo. Además de idear insólitas maneras de asesinar enemigos en plena Guerra Fría, llevó adelante un plan secreto de la CIA que le permitió experimentar con el uso de drogas como el LSD para interrogatorios.

Este curioso método le permitía descubrir infructuosamente a posibles espías y traidores.


Ilya Ivanov

A prinicpios del siglo XX intentó demostrar qué tan cerca estamos evolutivamente el hombre y el mono. Para ello, quiso inseminar ineficazmente a un par de chimpancés con esperma humano y a una mujer con esperma de chimpancé.

No logró grandes avances.



Robert White

Catalogado como un loco experimento científico, el doctor White decidió trasplantar el cerebro de un mono en otro primate y mantenerlo con vida. Pudo hacerlo por un par de horas.

El experimento, que buscaba ayudar a personas paralíticas, generó mucha polémica entre sus pares, quienes lo tildaron de poco ético e inapropiado.



Fuente:
Ojocientífico

17 de febrero de 2012

Descubrimiento de los Rayos X

El 8 de noviembre de 1895 el físico Wilhelm Conrad Röntgen, se encontraba realizando experimentos para analizar la fluorescencia violeta de los rayos catódicos, para los cuales utilizaba un dispositivo llamado tubo de Crookes. Pero un efecto inesperado le llamó la atención: un sutil resplandor amarillo-verdoso sobre un cartón con una solución de cristales de platino-cianuro de bario. Esto le incitó a realizar algunas pequeñas pruebas para ver qué estaba ocurriendo.

Röntgen comenzó por alejar la solución cada vez más, comprobando que el resplandor se mantenía. Infirió que se trataba de un radiación muy penetrante pero invisible al ojo humano. Los experimentos continuaron por varias semanas para intentar comprender las propiedades de estos rayos, hasta ahora nunca estudiados, lo que desembocó en un nuevo descubrimiento. Al intentar hacer una fotografía comprobó que las placas estaban veladas.

Este nuevo evento le llevó a pensar a Röntgen que los rayos influían en la emulsión fotográfica, lo que desencadenó nuevas pruebas. Pronto comprobó que los rayos atravesaban la materia e impresionaban su forma en la fotografía. Al tiempo decidió experimentar con el cuerpo humano. Su esposa expuso su mano a los rayos y la colocó sobre la placa. Obtuvieron así la primera radiografía del cuerpo humano (incluyendo su anillo), un avance que revolucionaría posteriormente la medicina.

Röntgen decidió llamar a su descubrimiento “rayos incógnita”, o “rayos X“. Sus estudios tuvieron un alto impacto en la comunidad científica, obteniendo en 1901 el Premio Nobel de Física.


Fuente:
SobreHistoria

Para saber más:
Wikipedia - Rayos X

4 de diciembre de 2011

Los científicos nazis que trabajaron en Norteamérica

El término Wunderwaffen lo asignó el ministerio de propaganda nazi a las armas y artefactos que se desarrollaron durante la Segunda Guerra Mundial por parte de un grupo de científicos alemanes.

Ellos fueron los autores de hallazgos tan impresionantes como el cañón sónico o el V3 Hochdruckpumpe, un cañón multi-etapa; también participaron en el desarrollo del cohete V2, el bombardero sub-orbital antipodal Silbervogel, la bomba endotérmica o la bomba guiada antibarco, la Fritz X.

También estos genios de la ciencia descubrieron gases nerviosos y toxinas como el gas sarín o la toxina botulínica. Y no hay que olvidarse del proyecto que podría haber inclinado la balanza a favor del bando alemán si Estados Unidos no se hubiera adelantado: la WuWa, el proyecto atómico nazi.

Cuando la Guerra llegó a su fin, el Servicio de Inteligencia y Militar de los Estados Unidos extrajo de Alemania a esos científicos especializados en Armas Maravillosas, sin conocimiento o aprobación del Departamento de Estado, y los instaló en EEUU, en la llamada Operación Overcast, más tarde llamada Operación Paperclip.

Decenas de esos científicos eran miembros de honor de las SS, pero sus familias y ellos se hospedaron secretamente en casas americanas. Los científicos fueron entonces integrados en los programas aeroespaciales y militares norteamericanos. Gentes ideológicamente entregadas al nacionalsocialismo comprando en las mismas tiendas que los americanos, visitando los mismos parques, celebrando barbacoas de bienvenida.

Más de 700 científicos y sus familias fueron llevados secretamente a Estados Unidos. En septiembre de 1945, el primer grupo de 7 científicos arribó a Fort Strong en los Estados Unidos: Wernher von Braun, Erich W. Neubert, Theodor A. Poppel, August Schultze, Eberhard F. M. Rees, Wilhelm Jungert y Walter Schwidetzky.

Ninguno de ellos tenía cualificación para un visado de entrada en los Estados Unidos, pues todos habían servido al nacionalsocialismo durante la guerra, así que muchos documentos fueron reescritos para limpiar el nombre de diversos científicos envueltos en esa operación, a fin de posibilitar su entrada en el país e impedir que cayeran en manos de la Unión Soviética. Gran parte de las informaciones relativas a la Operación Paperclip aún están clasificadas como Top Secret.

Uno de los más famosos científicos nazis fue Wernher von Braun, considerado como uno de los más importantes diseñadores de cohetes del siglo XX: fue el jefe de diseño del cohete V-2 así como del cohete Saturno V, que llevó al hombre a la Luna.


Fuente:
Xataka Ciencia

Información relacionada:
Wikipedia - Wernher von Braun

11 de septiembre de 2011

Ceres, el primer asteroide descubierto

Los asteroides son objetos rocosos y metálicos con órbitas planetarias, pero que son demasiado pequeños para ser considerados planetas.

Guiseppe Piazzi, nacido en Valtellina en 1746 y fallecido en 1826, fue un clérigo italiano que durante años dirigió el Observatorio de Palermo. Estaba trabajando en la compilación de un nuevo y detallado catálogo estelar cuando, justo en el cambio de siglo, en la noche de fin de año de 1800, descubrió un punto luminoso en la constelación de Taurus que no aparecía en los mapas de que disponía. Seguido durante las noches siguientes, pudo comprobar su lento desplazamiento entre las estrellas fijas.

Giuseppe Piazzi
Descartado que se tratara de un cometa, prosiguió con sus observaciones con ayuda de otros colegas. El matemático alemán Karl Freidrich Gauss calculó su órbita y en la oposición siguiente se pudo recuperar, con lo que quedaba confirmado que poseía una órbita planetaria: se trataba de Ceres, el primer asteroide descubierto.

No hubo nuevos descubrimientos hasta 1845, cuando Hencke descubrió el quinto y en 1847, el sexto. A partir de ese momento los observadores se sintieron estimulados por este tipo de observaciones, creciendo el número de descubrimientos de forma exponencial, sobre todo a partir de fines del siglo XIX y principios del XX cuando se pasó a utilizar la técnica fotográfica. Así, el número total de descubrimientos era de 100 en 1868, 200 en 1879 y de 300 en 1890.


Fuente:
www.astrogea.org

10 de junio de 2011

Un papa, uno de los primeros científicos europeos

A pesar de la idea oscura y tenebrosa que muchos tienen de la Edad Media, lo cierto es que en esta época también hubo vislumbres de genio y ciencia. Por ejemplo, se inventó el botón, las gafas o los espejos. Y alrededor del año 1000, incluso nació el que sería tal vez el primer científico europeo. Un científico que, además, acabó siendo Papa.

Su nombre fue Gerberto de Aurillac. Antes de convertirse en el Papa Silvestre II, Aurillac viajó a España y tuvo acceso a la gran biblioteca del califa Abderramán III, donde aprendió mucha ciencia árabe, especialmente matemáticas y astronomía.

En 969 viajó a Roma acompañando, en una peregrinación, a su protector el conde Borrell II, lo que le permitió conocer al entonces papa Juan XIII y al emperador Otón I, quien le nombró tutor de su hijo, el futuro Otón II. Tras la muerte de Gregorio V, el 18 de febrero de 999, Gerberto de Aurillac fue nombrado papa y consagrado el 2 de abril con el nombre de Silvestre II.

Enseguida destacó como inventor de ábacos, planetarios, instrumentos musicales y varios relojes, además de realizar multitud de investigaciones, lo que le mereció ser acusado de brujo y de nigromante. Para otros contemporáneos, sin embargo, fue “luz de la Iglesia y la esperanza de su siglo”. Uno de sus logros más trascendentales para la historia fue la introducción en la Europa cristiana del número cero y de las cifras árabes, así como el sistema decimal que otros estudiosos perfeccionarían posteriormente.

También difundió el astrolabio, de origen árabe. Fabricó una nueva versión del monocordio, un instrumento musical consistente en una caja de resonancia sobre la cual se tensaba una cuerda de longitud variable con la que se medían las vibraciones sonoras y los intervalos musicales. Estos cálculos le permitieron clasificar las distancias entre las diferentes notas en lo que luego se ha llamado tonos y semitonos. También se le atribuye la introducción del péndulo y la invención de un reloj de ruedas dentadas.

Silvestre II, además, fue el precursor de una especie de sistema taquigráfico o criptográfico (porque su serie de símbolos no podían ser leídas por profanos), inspirado en una escritura abreviada que recuperó de los antiguos sabios romanos. Se le conocía como apuntes tironjanos.

Tal era su capacidad como científico, que sus colegas acudían a él para solventar problemas científicos incluso cuando ya había sido nombrado Papa.

Además, con el cambio del milenio hubo mucha gente que propagó miedos y terrores, Apocalipsis y cosas semejantes. Habladurías que Silvestre II se encargó de apaciguar.

Al misterioso Papa del Año 1000, se le acusó de tener un pacto con el diablo y de inspirarse en obras de autores herejes. Algunos historiadores románticos del siglo XIX presentaron el cambio de milenio que coincidió con su papado, como un tiempo de oscurantismo, de guerras, de epidemias y de terror. Insistieron en sus contactos con el mundo árabe, ya que se presume que durante sus estudios de matemáticas en Barcelona bajo la protección del conde Borrell, mantuvo contacto con sabios musulmanes que le iniciaron en los conocimientos mágicos y místicos, y en sus pactos con el diablo.


Fuente:
Xataka Ciencia


14 de febrero de 2011

Tycho Brahe y las medidas del firmamento

Astrónomo danés (1546-1601). Tycho Brahe ha sido considerado como el más grande observador del periodo anterior a la invención del telescopio e innovador en los estudios astronómicos.

Hijo mayor de un miembro de la nobleza danesa, cuando contaba tan sólo un año fue literalmente secuestrado por su tío, quien no tenía descendencia y se ocupó de su educación con el consentimiento del padre de Brahe. Orientado por su familia a la carrera política, en 1559 fue enviado a Copenhague para estudiar filosofía y retórica, tras lo cual cursó estudios de derecho en Leipzig (1562-1565); sin embargo, en 1560, año en que presenció un eclipse de sol, decidió dedicarse a la astronomía, disciplina que durante una primera época estudió por su cuenta.

El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, acababa de sentir que los sucesos astronómicos le habían despertado un tremendo interés. Adquirió libros sobre Astronomía y leyó apasionadamente a Tolomeo. No obstante, los estudios había que continuarlos y dos años más tarde fue enviado por su tío a estudiar a la Universidad de Leipizg.

En 1565, a causa de una diferencia de opinión con otro estudiante por un problema matemático, se batió en duelo y quedó mutilado de la nariz, debiendo llevar el resto de su vida una postiza de oro, plata y cera.

Su primer trabajo astronómico, publicado en 1573, estuvo dedicado a la aparición de una nova en la constelación de Casiopea, observación que había efectuado en noviembre del año anterior. Tras haber establecido, mediante cuidadosas comprobaciones, la ausencia de paralaje y de movimiento retrógrado, llegó a la conclusión de que la estrella no era un fenómeno sublunar, y que tampoco estaba situada en ninguna de las esferas planetarias. El resultado contradecía la tesis aristotélica de la inmutabilidad de la esfera de las estrellas fijas.

Pronto Brahe empezó a gozar de una sólida reputación como astrónomo. Tras su matrimonio en 1573 con una campesina, que pudo realizarse después de que la oposición de la familia se suavizara merced a la intervención del rey Federico II, éste le concedió una pensión y le regaló de por vida la isla de Hveen, en el Sund, donde Brahe edificó el castillo de Uraniborg, dotado de un observatorio. Concluida su construcción en 1580 (aunque nunca lo consideró acabado a su entera satisfacción), lo equipó con todo tipo de instrumentos, algunos de colosales proporciones, como es el caso de un enorme cuadrante mural cuya invención se le atribuyó erróneamente.


Estaba convencido de que el progreso de la astronomía dependía, en aquellos momentos, de realizar una serie continuada y prolongada de observaciones del movimiento de los planetas, el Sol y la Luna. La precisión que alcanzó en dichas observaciones fue notable, con un error inferior en ocasiones al medio minuto de arco, lo cual le permitió corregir casi todos los parámetros astronómicos conocidos y determinar la práctica totalidad de las perturbaciones del movimiento lunar.

Tycho Brahe es conocido por ser el introductor de un sistema de mecánica celeste que vino a ser una solución de compromiso entre el sistema geocéntrico tolemaico y el heliocéntrico elaborado por Copérnico: la Tierra se sitúa en el centro del universo y es el centro de las órbitas de la Luna y del Sol, mientras que los restantes planetas giran alrededor de este último. En realidad, el sistema es idéntico al copernicano, en cuanto a que los cálculos de las posiciones de los planetas arrojan los mismos resultados en uno y otro sistema; pero conserva formalmente el principio aristotélico de presunta inmovilidad de la Tierra y su posición central en el universo.

A la muerte de Federico II y durante la minoría de edad de su sucesor, Brahe perdió su pensión y los derechos sobre la isla; en 1597 abandonó Dinamarca y, tras una estancia en Hamburgo, en 1599 llegó a Praga y se instaló en el cercano castillo de Benatky. Aquí se le une en 1600 el joven J. Kepler, con el cual tuvo una fructífera colaboración en los últimos años de su vida. Al morir dejó a Kepler las observaciones realizadas a lo largo de años y años de estudio, con la esperanza de que éste pudiera demostrar su teoría del Universo. Kepler se sirvió de los trabajos de Tycho para formular sus famosas leyes sobre los movimientos planetarios, que sirvieron como confirmación de la teoría de Copérnico sobre el sistema solar.


Fuentes:
www.arrakis.es
Astromía
Biografías y vidas

2 de febrero de 2011

Historia de la epilepsia

Desde luego, pocas enfermedades ofrecen una historia tan amplia y variada como la epilepsia. Con causas de lo más diversas: desde estar poseídos, endemoniados o enfermos mentales; con una larga lista de nombres que la describirían según la "causa" de la misma y con una nutrida lista de remedios (la mayoría ineficaces hasta principios del Siglo XX).

Miles de años antes de Cristo, las antiguas culturas hacían referencia a la sintomatología, el diagnóstico y el tratamiento de la epilepsia. En la búsqueda del origen de este desorden, cada civilización hizo interpretaciones que se relacionaron con la superstición, los poderes sobrenaturales o la posesión demoníaca.

El saber epileptológico era en la Edad Media cristiana menor que en la época del médico griego Hipócrates, más de 1500 años antes.

Sería Hipócrates la primera persona que describiese el origen de la epilepsia de manera correcta. Declarándola una enfermedad natural que provenía del cerebro. Hipócrates en su afán de separar la superstición de la epilepsia anunciaría: “Conviene que la gente sepa que nuestros placeres, gozos, risas y juegos no proceden de otro lugar sino del cerebro. A cerca de la 'enfermedad sagrada' no me parece más sagrada que las demás enfermedades, sino que tiene una causa natural. A mi parecer, aquellos que hicieron sagrada esta afección eran iguales que los actuales magos y purificadores, impostores y charlatanes que utilizan lo divino para ocultar su impotencia por no contar ninguna ayuda que ofrecer...”.

Pero Hipócrates siguió siendo un predicador, los prejuicios y la superstición eran más fuertes. De hecho, la creencia extendida en muchos países, de considerar que lo que le sucedía a quien sufría una crisis epiléptica era producto de una fuerza o energía sobrenatural se reflejó en el nombre otorgado a este desorden: “epilepsia” deriva de la palabra griega 'epilambanein', que significa agarrar o atacar.

Entre los muchos mitos, uno predominó: la creencia en el demonio como poseedor de los enfermos epilépticos. Además, en la Edad Media se consideraba a la epilepsia como una enfermedad de carácter contagioso. De tal forma que, como a los leprosos y los infestados por la peste, a estos enfermos se les aislaba de la sociedad.
Casi ninguna otra enfermedad ha tenido tantos nombres como la epilepsia a lo largo de la historia.

La humanidad de todos los tiempos se ha ocupado de forma intensiva con esta enfermedad, ya que se trataba y se trata de una enfermedad muy frecuente: un 0,5% de todas las personas padecen esta enfermedad, y producía una reacción de miedo y temor.

Los diferentes nombres que la enfermedad recibió a lo largo de los tiempos, demuestra cuál fue para cada una de las épocas la etiología de la enfermedad (por ej, "enfermedad lunar": una enfermedad motivada por las diferentes fases lunares; "enfermedad demoníaca": mal ocasionado por espíritus dañinos). Los egipcios la denominaron "nesejet", ya que pensaban que era una enfermedad enviada por Dios y sumamente peligrosa.

Desde las épocas más antiguas, aparecería la epilepsia como enfermedad avergonzante, por ejemplo en el Código Hamurabi se permite la devolución de los esclavos si éstos padecían epilepsia.

No será hasta el Siglo XIX cuando el cerebro se empezara a estudiar, conocer sus funciones, y empezasen a considerar la epilepsia como enfermedad natural cuyo origen es el cerebro. Con los actuales conocimientos científicos debemos considerar a la epilepsia una enfermedad como cualquier otra. Dependiendo de su causa, su evolución puede ser benigna o maligna. No es una enfermedad mental. Y en muchos casos es curable.

Fuentes:

http://www.todosobreepilepsia.com/index.php?option=com_content&view=section&id=7&Itemid=75
http://www.epilepsiemuseum.de/alt/body_histores.html
http://usuarios.multimania.es/acepilepsia/conozcamos.htm

3 de diciembre de 2010

Inventos Victorianos que ayudaron a la medicina

En 1842, Edwin Chadwick, reformista social inglés conocido por su trabajo para reformar y mejorar las condiciones sanitarias y la salud pública, un informe que mostraba que al menos el 50% de las ciudades británicas tenían suministros de agua insalubres. Las epidemias de cólera eran devastadoras. Poco a poco la sociedad victoriana se fue haciendo más consciente de la necesidad de mejorar las condiciones de vida higiénicas y se fueron introduciendo mejoras médicas y de salubridad.

EL SPRAY ANTISÉPTICO

Louis Pasteur demostró que las bacterias y gérmenes eran los causantes de enfermedades y buscaba una solución para evitar infecciones masivas. Pero fue el cirujano inglés Joseph Lister, en 1869, el que descubrió un spray carbólico cuyo uso contribuyó a reducir en gran medida el número de muertes por infecciones contraídas en el quirófano. Fue también Lister quien utilizó el catgut como hilo de sutura; este hilo era en realidad una serie de filamentos realizados con láminas de membranas de serosa intestinal de gato.

Lister defendió el uso del fenol como antiséptico para lavar el instrumental utilizado por los cirujanos, las manos de los propios cirujanos y las heridas abiertas de los pacientes. El uso generalizado de los antisépticos contribuyó en gran medida a la reducción de muertes por infección de las heridas o por el paso de un paciente por el quirófano.

EL INHALADOR DE ÉTER

Fue el primer anestésico, ya que hasta 1846, fecha en la que el dentista americano Horalce Wells la utilizó por primera vez para dejar inconsciente a un paciente, las intervenciones quirúrgicas se realizaban sin anestesia. Posteriormente en 1850 se extendió por todo el mundo mediante un inhalador de éter llamado Morton (ver foto).

LA JERINGUILLA HIPODÉRMICA

En 1844 el físico irlandés Francis Rynd inventó una aguja hueca (hollow needle) para poder inyectar fluidos al cuerpo. A partir de esta aguja Alexander Wood, médico escocés, inventó la aguja hipodérmica en 1853.

Fuente: http://lacasavictoriana.wordpress.com

12 de septiembre de 2010

El mecanismo de Anticitera

Cada vez resulta más evidente que las civilizaciones antiguas nos superan en muchos aspectos y la ciencia es uno de ellos. Un buen ejemplo de ello es el mecanismo de Anticitera.

Se trata de un artefacto descubierto por casualidad en 1901 entre los restos de un naufragio, cerca de la isla de Anticitera. En un principio la ciencia no le dio demasiado crédito, pero a lo largo de sucesivas investigaciones se comprobó que el artilugio, datado en el 87 a.C., poseía unas características increíbles, y más teniendo en cuenta que los primeros mecanismos de relojería aparecieron en la época medieval.

Mecanismo de Anticitera, actualmente en el Museo Arqueológico de Atenas

Se piensa que el mecanismo de Anticitera es una computadora mecánica que por medio de sofisticados algoritmos calcula el movimiento de los cuerpos celestes. Un dial en el frente muestra la posición del Sol, la Luna y probablemente los planetas en el zodíaco, mientras que la parte trasera muestra un calendario lunisolar de 19 años, además de ser capaz de predecir eclipses.

Actualmente existe el Proyecto de investigación Antikythera, formado por un equipo internacional de científicos que se dedica al estudio del mecanismo, cuyas investigaciones han demostrado que el aparato es aún más sofisticado y más antiguo de lo que se creía.

En el año 2008, Philip Ball y Tony Freeth, publicaron en la revista Nature que el mecanismo servía para fijar con exactitud la celebración de los Juegos Olímpicos en la antigüedad. El interior del artefacto contiene una inscripción que indica Nemea (en referencia a uno de los juegos que fueron más importantes), y Olimpia. Con dichos diales se fijaba con precisión la última luna llena más próxima al solsticio de verano cada cuatro años, fecha en la que se iniciaban los juegos.




Fuentes:
El Sofista
Wikipedia
Ojocientifico.com
Microsiervos
Nature


20 de junio de 2010

El conde de Buffon

Georges-Louis Leclerc de Buffon (1707-1788) fue un naturalista francés del siglo XVIII. Leclerc, más tarde conde de Buffon, nació en Borgoña el 7 de septiembre de 1707. Sus intereses científicos se centraron en principios de las matemáticas y de las ciencias físicas, aunque también realizó investigaciones en el sector forestal y sobre otros temas prácticos.

Buffon pertenecía a un círculo de científicos franceses que abogó por lo que entonces era la nueva ciencia newtoniana, una visión mecánica del mundo que sostenía que la materia en movimiento operado por fuerzas naturales como la gravedad, podría explicar todo lo que se observa en la naturaleza.

Buffon desarrolló su interés por la historia natural después de haber sido nombrado por Luis XV en 1739 director del Jardin du Roi de París. En el siglo XVIII, las principales colecciones a menudo tenían catálogos impresos, y Buffon se propuso producir uno para la Colección Real. Fue, sin embargo, ambicioso y transformó la tarea en la creación de una historia completa de todos los animales, plantas y minerales de la naturaleza. En 1749 se publicaron los tres primeros volúmenes de su famosa Historia Natural (Histoire naturelle, générale et particulière), que se compondría de treinta y seis, publicados a lo largo de 50 años.


La Historia Natural tuvo un enorme éxito y se convirtió en una de las obras más leídas del siglo. Gracias a ella Buffon fue considerado como una de las cuatro grandes figuras de la Ilustración francesa. Los tomos fueron encuadernados en piel, tenían cientos de grabados y estaban escritos en un hermoso estilo. Por desgracia, Buffon no vivió lo suficiente para completar su estudio sobre todos los elementos de la naturaleza. A su muerte, en 1788, había publicado volúmenes sobre la historia del planeta, la historia de los seres humanos y los correspondientes a todos los cuadrúpedos, aves y minerales. Posteriormente un equipo de especialistas completó la obra.

La gran obra de Buffon consistía principalmente en artículos sobre los animales individuales, en los que intentó recopilar toda la información conocida: anatomía interna, anatomía externa, etapas de la vida, comportamiento y hábitos de reproducción, distribución geográfica, variación geográfica, valor económico y un resumen de lo que los naturalistas habían escrito hasta entonces sobre cada animal. Buffon sostenía que sólo se podría discernir el orden en la naturaleza una vez estuviese compilada toda la información.

Buffon también realizó una serie de ensayos teóricos que fueron de gran importancia histórica para las ideas sobre la evolución y el concepto de especie. Especialmente importante fue su teoría sobre la generación. Sostenía que cada individuo tiene una "fuerza de moldeado interno" responsable de su forma y función. Esta fuerza se transforma en "moléculas orgánicas" que entran en el cuerpo mediante el proceso de nutrición. La reproducción tiene lugar cuando el exceso de moléculas orgánicas resultantes del apareamiento produce un embrión primitivo.


El conde también realizó experimentos de cría en su finca. Descubrió que algunos individuos de especies diferentes pero estrechamente relacionadas producían algunos híbridos fértiles: caballo-asno, perro-lobo. A partir de estos datos concluyó que animales morfológicamente similares eran descendientes de un tronco común.

Buffon no creía que el medio ambiente pudiese alterar las formas de moldeado interno: "las ranas no pueden convertirse en caballos". Los descendientes de los caballos primitivos se convertían en diferentes especies de caballos, así como en asnos o cebras. Los perros, lobos y zorros provenían todos de los lobos primitivos

Aunque Buffon fue uno de los primeros naturalistas que creyó que para entender la naturaleza debemos considerar un cambio a través del tiempo, no creía en la extensa evolución de la vida como Charles Darwin expuso posteriormente. Buffon tuvo una importancia decisiva, no obstante, al hacer hincapié en el argumento de que para entender la vida contemporánea es necesario entender su historia pasada.


Fuente:
science.jrank.org


4 de junio de 2010

El reloj astronómico de Praga

El reloj astronómico de Praga está situado en la torre del antiguo Ayuntamiento de la Ciudad Vieja y data de comienzos del siglo XV. La fabricación de este tipo de relojes fue muy frecuente en Europa durante la Edad Media y el de Praga es uno de los más antiguos; sólo los relojes de Padua (1344) y Estrasburgo (1354) fueron construidos con anterioridad. Muchos artesanos y maestros relojeros trabajaron para mantener en funcionamiento el reloj durante seis siglos. El paso del tiempo, la falta de presupuesto y las guerras le provocaron daños que hicieron necesarias muchas reconstrucciones. Una leyenda atribuyó la creación del mecanismo a Jan Hanus y su asistente Jakub Cech, situándola alrededor del año 1490. Sin embargo, en el siglo XX pudo comprobarse que es mucho más viejo aún; el relojero Mikulas de Kadan y Jan Ondrejuv, un profesor de matemáticas y astronomía de la Universidad Carlos conocido como Sindel, habrían instalado en el año 1410 el disco superior, es decir, el cuadrante astronómico. Sin dinero para mayores reparaciones ni relojeros capaces de ponerlo en marcha, en dos ocasiones se consideró la idea de desmontarlo y venderlo como chatarra. La primera vez, fue "salvado" por el relojero Jan Landesberg, quien se propuso hacerlo funcionar, aunque sólo lo logró parcialmente. La segunda vez, en 1861 después de un incendio, una colecta popular logró reunir el dinero necesario para repararlo. Desde entonces, tres generaciones de relojeros de la familia Heinz trabajaron para mantenerlo en funcionamiento, hasta que en los últimos días de la II Guerra Mundial, los nazis destruyeron la totalidad del ala norte del edificio del ayuntamiento, afectando también a la torre y, por supuesto, al reloj. Fue necesario que muchos voluntarios trabajaran para repararlo al original, tarea que demandó tres años de trabajo. Algunas partes del reloj debieron sustituirse por réplicas, pero se conservan muchas piezas originales. Su función original no era solamente dar la hora sino indicar también tiempos astronómicos. Los tres principales componentes del reloj son: 1. El cuadrante astronómico, que además de indicar las 24 horas de día, representa las posiciones del sol y de la luna en el cielo, además de otros detalles astronómicos: Es la pieza más antigua del reloj. Con forma de astrolabio, instrumento utilizado en la astronomía medieval, este cuadrante muestra la percepción del universo de aquellos tiempos, con la tierra en el centro. La zona azul es el cielo sobre el horizonte; allí pueden leerse en latín las palabras ORTVS (este) y OCCASVS (oeste). La zona marrón es la tierra bajo el horizonte y aquí las palabras son AVRORA (amanecer) y CPEPVSCVLVM (crepúsculo). Un anillo zodiacal se mueve según el recorrido de las estrellas en el cielo. Las dos manecillas del reloj tienen los símbolos del sol y la luna. Tres círculos dorados en el cuadrante permiten mostrar mediciones del tiempo diferentes: el exterior, escrito en números Schwabacher (una forma particular de escritura gótica), muestra la antigua forma de medir el tiempo en la Bohemia; el círculo con números romanos indica la hora en Europa Central; y el tercero con números arábicos mide el "tiempo babilónico": la duración de la hora varía según la estación (más larga en verano, más corta en invierno, relacionada directamente con la cantidad de luz solar de cada día). El reloj de Praga es el único del mundo en su tipo capaz de hacer esta medición. 2. Las figuras animadas que incluyen "El paseo de los Apóstoles", un mecanismo de relojería que muestra, cuando el reloj da las horas, las figuras de los doce Apóstoles: Las cuatro figuras que flanquean el reloj son cuatro alegorías. De izquierda a derecha son: •La Vanidad representada por un hombre que sostiene un espejo. •La Avaricia representada por un comerciante judío con su bolsa. •La Muerte representada por un esqueleto matando el tiempo. •La Lujuria representada por un príncipe turco con su mandolina. Cada hora entre las 9 de la mañana y las nueve de la noche las figuras se ponen en movimiento. El vanidoso se mira en el espejo, el avariento mueve su bolsa, el esqueleto blande su guadaña y tira de una cuerda, el lujurioso mueve la cabeza para mostrar que acecha siempre. Las dos ventanas se abren y empieza "El Paseo de los apóstoles". Los doce apóstoles desfilan lentamente de una ventana a la otra precedidos por San Pedro. 3. El calendario circular con medallones que representan los meses del año: Las leyendas dicen que si el reloj se detiene es señal de malos augurios para el país. Y muchos puede que no crean en cuentos, pero en 2002 el reloj se detuvo y, coincidencia o no, una crecida del Moldava provocó inundaciones que afectaron seriamente a la ciudad, tanto a sus edificios como al transporte subterráneo. Vídeo del funcionamiento del reloj: Fuentes consultadas: - Wikipedia - http://www.mundocity.com

27 de marzo de 2010

Eratóstenes y la circunferencia terrestre

Eratóstenes nació en Cyrene (Libia) en el año 276 a.C. Fue astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo, poeta, crítico teatral y matemático. Estudió en Alejandría y Atenas. Alrededor del año 255 a.C. fue el tercer director de la Biblioteca de Alejandría. Trabajó con problemas de matemáticas, como la duplicación del cubo y números primos. Escribió muchos libros de los cuales sólo se tienen noticias por referencias bibliográficas de otros autores. Una de sus principales contribuciones a la ciencia y a la astronomía fue su trabajo sobre la medición de la tierra. Eratóstenes en sus estudios de los papiros de la biblioteca de Alejandría, encontró un informe de observaciones en Siena, unos 800 Km. al sureste de Alejandría, en el que se decía que los rayos solares al caer sobre una vara el mediodía del solsticio de verano (el actual 21 de junio) no producía sombra. Eratóstenes entonces realizó las mismas observaciones en Alejandría el mismo día a la misma hora, descubriendo que la luz del Sol incidía verticalmente en un pozo de agua el mismo día a la misma hora. Asumió de manera correcta que si el Sol se encontraba a gran distancia, sus rayos al alcanzar la tierra debían llegar en forma paralela si esta era plana como se creía en aquellas épocas y no se deberían encontrar diferencias entre las sombras proyectadas por los objetos a la misma hora del mismo día, independientemente de donde se encontraran. Sin embargo, al demostrarse que si lo hacían, (la sombra dejada por la torre de Sienna formaba 7 grados con la vertical) dedujo que la tierra no era plana y utilizando la distancia conocida entre las dos ciudades y el ángulo medido de las sombras calculó la circunferencia de la tierra en aproximadamente 250 estadios (40.000 kilómetros, bastante exacto para la época y sus recursos). También calculó la distancia al Sol en 804.000.000 estadios y la distancia a la Luna en 780.000 estadios. Midió casi con precisión la inclinación de la eclíptica en 23º 51' 15". Otro trabajo astronómico fue una compilación en un catálogo de cerca de 675 estrellas. Creó uno de los calendarios mas avanzados para su época y una historia cronológica del mundo desde la guerra de Troya. Realizó investigaciones en geografía dibujando mapas del mundo conocido, grandes extensiones del río Nilo y describió la región de Eudaimon (actual Yemen) en Arabia. Eratóstenes al final de su vida fue afectado por la ceguera y murió de hambre por su propia voluntad en 194 a.C. en Alejandría.
Fuente: AstroMía

16 de marzo de 2010

El parto en el Antiguo Egipto

Los egipcios tenían curiosas maneras de tratar los asuntos relacionados con el embarazo y el parto. La anatomía y fisiología del aparato sexual femenino sólo se conocía a grandes rasgos. Los ovarios eran desconocidos, suponían que la matriz flotaba libremente en la cavidad abdominal y que estaba conectada al aparato digestivo, esta idea llevó a la creencia de que relaciones sexuales no genitales, especialmente las orales, podían generar la concepción. Para saber si una mujer estaba embarazada los egipcios llenaban dos bolsas de tela, una con cebada y otra con trigo. Si germinaba primero la cebada nacería un niño, en cambio si germinaba primero el trigo, sería una niña. Las mujeres se pasaban el embarazo cubiertas de amuletos, llevaban una vida normal hasta el momento del parto. Las egipcias daban a luz en cobertizos hechos de ramas situados en el jardín o en el tejado de la vivienda, donde permanecían las dos semanas siguientes al parto. Este tiempo servía para la purificación, pues consideraban que era impura durante su estado. Se utilizaba un “taburete de nacimiento”, que era un asiento con un agujero suficientemente grande para que pasara el bebe, o bien parían agachadas asistidas por una comadrona que invocaban a los dioses y colocaba en la tripa de la embarazada compresas hechas con cañas para acelerar el parto. Cogían al bebe en sus manos, facilitaban la expulsión de la placenta con duchas de aceite tibio que contenían trozos triturados de una vasija hecha recientemente. Mitigaban los dolores de la madre con bebidas embriagantes, principalmente cerveza o dando masajes con polvo de azafrán disuelto en cerveza o polvo de mármol disuelto en vinagre. El cordón umbilical era cortado con un cuchillo especial, después de la expulsión de la placenta, ambos tenían asociaciones mágicas y se creía que eran como un doble de la criatura. La placenta era enterrada en la casa o arrojada al Nilo para asegurar la supervivencia del niño, el cordón se dejaba secar y se conservaba para acompañar al individuo incluso a la tumba. La madre mordía su propia placenta ya que le otorgaba un gran valor simbólico. Para eliminar las estrías formadas después del parto, se aplicaban ungüentos de varios tipos. Las de alto linaje preferían aceite de Behen. Para evitar grietas en los pezones, los médicos utilizaban productos a base de caña, fibras vegetales y juncos. Para prevenir el parto prematuro se trenzaba el cabello a la mujer, con el fin de ahuyentar los demonios del seno materno. Cuando era imposible la expulsión del bebé por vías naturales se recurría a la cesárea.

20 de diciembre de 2009

Mujeres en la Historia de la Ciencia

A pesar de que la mujer lo ha tenido difícil para destacar en algunos campos a lo largo de los tiempos, hay algunas que sí han podido estampar su firma en el libro de oro de la historia, en este caso de la historia de la ciencia. Ya desde épocas tan lejanas como el siglo XII antes de nuestra era, con Agamede dedicándose a la medicina, tenemos noticias de mujeres destacando en el ámbito científico. Sabemos que el genio de Grecia condenaba sin embargo a la mujer a ser una subsidiaria, pero en los estertores del mundo grecorromano floreció la astrónoma y matemática Hipatia, cuya figura ha sido recordada en nuestros días gracias a las pantallas cinematográficas. Hipatia, que era además consumada inventora de artilugios científicos, fue también uno de los primeros mártires de la ciencia, sufriendo en carne propia la intolerancia de la masa poseída por un funesto furor religioso. A decir verdad, la relación entre las mujeres y la astronomía, más allá del caso de Hipatia, resulta significativa. Si a finales del siglo XVII un porcentaje no desdeñable de astrónomos alemanes eran mujeres, un siglo más tarde el célebre astrónomo William Herschel recibió la ayuda constante e impagable de su hermana Caroline, a la que le corresponde por derecho propio el descubrimiento de varios cometas. Otra astrónoma famosa fue Maria Mitchell (1818-1889), la primera mujer miembro de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias.

Maria Mitchell

Fuera de la astronomía, no menos relevante resulta el caso de las Curie. La madre, Marie Curie (1867-1934), nacida en Varsovia, fue la primera mujer en lograr el Premio Nobel (de Física) en 1903. Cuando en 1911 se le concedió el de Química, se convirtió asimismo en la primera persona en recibir dos. Por su parte, su hija Irene también fue galardonada con el Premio Nobel de Química en 1935. La serie de mujeres científicas no se agota tan prontamente. A modo de simple enumeración, recordemos algunas pocas más: Aglaonike y Agánice: matemáticas (Antigüedad); María la Judía, alquimia y química (s. II); Marie Colinet, medicina (s. XVI); Elisabeth Korpmann, astronomía (s. XVII); Maria Gaetana Agnesi, matemáticas, (s. XVIII); Emilie du Chatelet, física y filósofa (s. XVIII); Sophie Germain, matemáticas (s. XVIII-XIX); Mary Sommerville, botánica (s. XVIII-XIX); Ada Byron Lovelace, matemáticas (s. XIX); Cornelia Clapp, zoología (s. XIX-XX); Henrieta S. Leavitt, astronomía (s. XIX-XX); Margaret Mead, antropología (s. XX); Anna Freud, psicoanálisis (s. XX). (Fuente consultada: Sobre Curiosidades - Souto Alves)

15 de noviembre de 2009

La verdadera Piedra Filosofal

Las leyendas abundan. Una famosa piedra que supuestamente posee poderes increíbles, pero ¿existió alguna vez? En el mundo antiguo, un filósofo era buscador de sabiduría. Un poderoso sabio entregado a desvelar los secretos del mundo natural. Se decía que la Piedra Filosofal era la clave de todo esto. Durante miles de años la Piedra obsesionó al mundo civilizado. Ningún objeto excepto el Santo Grial la supera en leyenda. Los primeros escritos sobre la piedra filosofal se remontan a la época de Cristo, aunque está claro, por el modo de referirse a ella, que fue muy conocida en el mundo antiguo. Un modo de fabricar oro, el más precioso de los metales. Un sueño que se remontaba 1.000 años antes al mito griego del rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba: el toque Midas, una idea que hoy en día aún fascina. Pero la Piedra Filosofal tenía otro poder aún mayor: una única substancia capaz de conceder a su propietario vida eterna y riquezas sin límites. Pero ¿qué era exactamente la piedra filosofal? Aunque se describe en términos ambiguos, lo que sí está claro es que la piedra no es literalmente una piedra. No es algo que pueda hallar un aventurero o desenterrar un cazatesoros, sino que lo deben fabricar los buscadores de conocimientos y los hombres de ciencia. Son los filósofos del Medio Oriente que escriben en los siglos VI, VII y VIII, los que afirman que uno de ellos ha encontrado el secreto. Dicen conocer los ingredientes para fabricar el compuesto llamado Piedra Filosofal y haber dominado los peligrosos procesos necesarios para combinarlos. Es en esas épocas cuando comienza a aplicarse otra palabra a estos buscadores de la piedra: alquimista. Es tras el inicio de las cruzadas en el siglo XII y el aumento de desplazamientos entre Oriente y Occidente, cuando las historias de la Piedra Filosofal comienzan a llegar a Europa. Estas se encuentran entre los antiguos textos egipcios, judíos y griegos traducidos por los estudiosos musulmanes que incorporan la alquimia a sus conocimientos científicos. La idea de la Piedra Filosofal no tarda en atrapar la imaginación de los estudiosos europeos. Armados con nuevas traducciones de los textos orientales, emprenden su propia búsqueda para producir la Piedra, pero será una búsqueda envuelta en el secreto. Los alquimistas medievales, como más tarde los masones, usaron símbolos y palabras en clave que siguen desconcertando a los estudiosos. Aunque muchos alquimistas anotaban fórmulas paso a paso para fabricar el compuesto de la Piedra Filosofal, los ingredientes que utilizaban continúan envueltos en el simbolismo. Quienes han estudiado estos registros de alquimia, creen que uno de los ingredientes utilizados en la Piedra Filosofal es el mercurio, ya sea en forma pura o modificada. Los otros ingredientes son objeto de debate, pero está claro que la mezcla debe purificarse y transformarse una y otra vez mediante el fuego. Es la promesa de ese poder absoluto lo que hace que la búsqueda de la Piedra Filosofal sea tan tentadora y peligrosa. Con los siglos, los buscadores de la piedra revisarán textos antiguos, consultarán a rabinos, sabios e incluso ángeles. Ingerirán venenos, se arriesgarán a volverse locos, se enfrentarán a la cárcel, al exilio y a la desgracia, pero se rumorea que unos pocos, muy pocos, tendrán éxito. Una piedra de brujos que convierte el plomo en oro, un elixir que puede conceder la inmortalidad. Actualmente, esto pertenece al ámbito de la fantasía, pero durante 300 años, desde finales del siglo XVII, durante la edad de oro de la alquimia occidental, estos objetivos parecieron lógicos y alcanzables. Son los primeros científicos europeos del siglo XIII, quienes emprenden la búsqueda de la Piedra Filosofal. Creen que este misterioso compuesto puede convertirse en elixir de inmortalidad o añadirse a metales bajos para producir oro, y aunque su meta parezca sobrenatural poseen sólidas razones científicas para creerlo posible. Los alquimistas llaman al concepto “transmutación”, un proceso que ven constantemente a su alrededor. En la mente del alquimista, el mismo proceso purificador que puede convertir el plomo en oro también puede producir longevidad, incluso la inmortalidad. Fueron los alquimistas los que crearon el prototipo de laboratorio moderno donde combinar y calentar los productos químicos necesarios para crear la Piedra Filosofal. Es un proceso laborioso y peligroso. Crear el elixir de la vida exigía la mezcla de una poción de metales pesados que el alquimista debía ingerir intencionadamente. A través de la historia cientos de estudiosos y científicos buscaron el secreto de la Piedra Filosofal. Algunos fueron las mentes más grandes de su tiempo. Roger Bacon, el padre de la química moderna, y Sir Isaac Newton entre ellos. Pero ninguno encendería la imaginación del público más que un humilde librero del siglo XIV llamado Nicolas Flamel. Aunque aparece en obras de ficción popular como “El Jorobado de Notre Dame” y “Harry Potter y la Piedra Filosofal”, para los lectores medievales era una persona real aunque misteriosa. Aparecen escritos científicos atribuidos a Flamel en libros publicados en el siglo XVI, que pueden ser compilaciones de obras anteriores. Aunque su contribución científica en estos tomos es menor, la figura del propio Flamel crece en las manos de modernos autores de éxito. En “El Código Da Vinci”, se dice que Flamel era un líder del Priorato de Sión. En “Harry Potter”, aparece como el socio alquimista del director de una escuela. Ambos autores se inspiraron sin duda en el mismo libro, un volumen sobre figuras jeroglíficas publicado en París en 1912, presunta copia de una obra perdida del propio Flamel que describe su búsqueda de la Piedra Filosofal. Se dice que Flamel llegó a cumplir los 80 años, lo cual no es poca cosa en tiempos medievales. Encargó su propia lápida adornada con extraños símbolos alrededor del año 1410. Se cree que su muerte ocurrió poco después, pero posteriormente comenzaron a circular rumores de que usó la Piedra Filosofal para prolongar su vida, fingiendo su muerte para proteger el secreto. Una historia reforzada por la publicación de varios libros con su nombre mucho después de su supuesto fallecimiento. Muchas personas creyeron los rumores y se aferraron a cualquier prueba de la existencia de la Piedra Filosofal. En todo el período medieval y la llamada Era Moderna temprana de los siglos XVI y XVII, los más poderosos de Europa vigilaban a quienes pudieran tener el poder de crear la Piedra. La mágica substancia se veía como un comodín en potencia, capaz de influir en las guerras y en los conflictos entre países, así como para vencer y erradicar los conflictos interiores. Aunque los soberanos europeos solían prohibir la práctica de la alquimia, siempre había una excepción: el alquimista que trabajaba para ellos. Ningún monarca estuvo más interesado en la alquimia que Rodolfo II de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano, rey de Bohemia y Hungría. Rodolfo, dado a la melancolía, se sintió atraído por la alquimia quizá como cura, o posiblemente porque así aliviaba el tedio que le provocaban los asuntos de estado. A mediados del siglo XVI, Rodolfo comenzó a invitar a alquimistas a su corte. Hasta doscientos pasaron por su finca real de Praga, donde se dedicaba a la alquimia. En el siglo XVI, la imprenta contribuyó a extender las noticias de la Piedra Filosofal, y durante el siglo siguiente comenzaron a surgir multitud de testigos de procesos de alquimia capaces de convertir metales corrientes en oro. ¿Realmente los ciudadanos fueron testigos de la existencia de la Piedra Filosofal o de alguna otra invención? Las falsas transmutaciones estaban a la orden del día. Se utilizaban para ello crisoles con doble fondo en los cuales se escondía oro que se hacía aparecer fundiendo la parte superior del recipiente. Durante este período, falsos alquimistas vivían de afirmar poseer la Piedra y de venderla en porciones a los crédulos antes de huir de las ciudades, pero hubo otras estafas más refinadas, a menudo a costa de reyes y emperadores. Tras el Renacimiento la alquimia comenzó a llamarse “química”. Aunque ambas palabras procedían de la misma raíz griega, “química” se fue convirtiendo en el término más aceptado. Fue en el siglo XVIII cuando ambas palabras adquirieron sus significados actuales. Durante los últimos doscientos años, los científicos que han analizado aquella época han considerado absurda la búsqueda de la Piedra Filosofal, y a la alquimia misma como una pseudociencia, pero esa valoración actualmente ha cambiado. Tanto en la ciencia como en la ficción, se está produciendo un regreso de los alquimistas. En cuanto al propósito central de los alquimistas de encontrar la Piedra Filosofal y transmutar substancias en oro, ese objetivo es ya posible mediante los aceleradores de partículas, claro que cada gramo de oro costaría miles de millones de dólares, por lo que no es rentable. Y en cuanto a la prolongación de la vida humana, en una era de asombrosos medicamentos la esperanza de vida aumenta cada año. Y aunque la inmortalidad se le escapa a la ciencia, la búsqueda continúa. Puede que el sueño de los alquimistas no fuera tan absurdo...

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