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2 de abril de 2015

Fotos históricas: Perros en la I Guerra Mundial

En el ejército francés se los utilizó de mensajeros en el frente cuando todas las vías de comunicación dejaban de funcionar. Muchos soldados adoptaron perros como mascotas no oficiales y los animales les proporcionaron seguridad emocional en la que fue la primera guerra moderna, marcada por las trincheras.

La imágenes pertenecen a The Libby Hall Collection.

Cabo británico, del Regimiento de Worcestershire, y su acompañante
canino retratados en torno a 1917

Perro mensajero británico en Francia en mayo de 1918

Oficial británico de rango superior de la Royal Army Service Corps (RASC)
con Hissy y Jack, dos de los perros del cuerpo, en Francia en agosto de 1916



Dos oficiales alemanes descansando en Le Cateau (Francia) la navidad de 1916

17 de diciembre de 2014

Lectura en la I Guerra Mundial

En una guerra en la que participaron cerca de 70 millones de combatientes, el envío de lectura también alcanzó cifras millonarias. El Imperio británico y el Reich alemán movilizaron cerca de doce millones de libros y revistas cada uno. Estados Unidos, diez. La Rusia zarista, alrededor de cuatro. Lejos de estas cifras quedaron Francia, Austria o Italia.

Desde los primeros días del conflicto, la población aprovechó cualquier circunstancia para proporcionar lectura a los soldados. Nadezhda Krúpskaya, la compañera de Lenin, recuerda cómo en la estación de Cracovia grupos de monjas repartían libros de oración entre quienes marchaban al frente. También en los hogares se solía incluir algo de lectura en los paquetes para los soldados.

Aquellas acciones iniciales, surgidas espontáneamente, dieron paso a un entramado de sociedades, asociaciones y comités que canalizó las aportaciones de ciudadanos y entidades. Aquel tejido institucional estuvo compuesto fundamentalmente por organizaciones religiosas, educativas, filantrópicas y profesionales.

Por su parte, los editores nunca habían trabajado tan intensamente para la milicia. La oportunidad de negocio que representaba la demanda de publicaciones sobre la guerra se amplió muy considerablemente para las editoriales que, además abastecieron a los ejércitos. También la contribución del personal bibliotecario fue decisiva en la gestión de los servicios de lectura, especialmente en Estados Unidos. Allí, la American Library Association obtuvo la consideración de agencia oficial de colaboración con el gobierno y lideró el Library War Service, que estableció bibliotecas en más de una treintena de campamentos del país y fue responsable del suministro de lectura a las tropas expedicionarias.

Se establecieron criterios de selección sobre lo que podían o no leer los combatientes. Fue habitual priorizar relatos amenos y obras instructivas y excluir las que suscitasen polémicas políticas o religiosas. Las mayores restricciones, sin suda, se dieron en los campos de prisioneros. En enero de 1915, y por primera vez en su historia, el Comité Internacional de la Cruz Roja incluyó el suministro de lectura como parte de su auxilio a los cautivos.

Se establecieron salas de lectura en hospitales militares, centros de instrucción, navíos de guerra y campos de prisioneros. También en los frentes se organizaron servicios para acercar libros y prensa a los combatientes. Los alemanes crearon pequeñas bibliotecas móviles y dispusieron de una red de librerías para los soldados instaladas en las localidades próximas a las líneas del frente.

La prensa, especialmente la ilustrada, despertaba un enorme interés entre los soldados. Era el único medio que daba cuenta del curso del conflicto. Sin embargo, echaban en falta el reflejo de sus penalidades y sacrificios, y aquel olvido de la prensa convencional condujo a menudo a menospreciarla. En ese contexto surgieron publicaciones exclusivas para los soldados.


Fuente:
Alfonso González Quesada. Leer en Guerra – Historia y Vida nº 559.

Más información:
www.ehu.es

13 de julio de 2012

Los caballos en la Primera Guerra Mundial

Los animales siempre han sido de vital importancia en las contiendas. Desde las caballerías hasta los perros o los animales de carga para transportar materiales siempre han jugado un papel importante en cualquier ejército. En la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, el animal que más destacó y que más sufrió fue el caballo estimándose que en total murieron entre cuatro y ocho millones de estos animales entre ambos bandos.

Al igual que miles de personas se enrolaron en el ejército luchando por una causa común, miles de caballos fueron reclutados de granja en granja para ser enviados a luchar en el campo de batalla como un guerrero más. Por ejemplo, del aproximadamente un millón de equinos que fueron a luchar en la contienda, regresaron poco más de 60.000.

Su labor era muy variopinta pero, en aquella época cuando la construcción de maquinaria de transporte era demasiado cara, también era absolutamente imprescindible. Desde el transporte de algunos combatientes hasta el traslado de elementos de guerra como los cañones o carruajes los caballos eran esenciales. Y al igual que las personas, estos animales sufrieron la dureza de la batalla en sus carnes, muriendo muchos ellos por causas diversas. Gases tóxicos, frío, desangrados...

Para poner de manifiesto la importancia y la valentía de los caballos durante la batalla, Gran Bretaña creó en 1943 la Medalla Dickin que se entregaba a los caballos militares que habían demostrado una "manifiesta valentía o sentido del deber". Es más, en el mismísimo Hyde Park de Londres en 2004 se erigió un monumento a los animales de guerra, incluida una escultura de bronce de un solitario equino.


Fuente:
Muy Interesante

1 de septiembre de 2011

La Conferencia de Paz de París de 1919

La Conferencia de Paz celebrada en París en 1919 fue un encuentro diplomático cuyo objetivo era evitar futuras guerras, pero no empezó con buen pie. Muchos de sus miembros estaban enfrentados y poco predispuestos a la conciliación.

En noviembre de 1918 Alemania pidió el armisticio a los aliados. Había terminado la Primera Guerra Mundial, pero el inicio de las conversaciones de paz no iba a significar que fuese a llegar la estabilidad a Europa, ni mucho menos.

El 18 de enero de 1919 los representantes de los países vencedores de la Primera Guerra Mundial se reunieron en París, bajo la dirección del denominado 'Comité de los Cuatro': el presidente estadounidense Wilson, el premier británico Lloyd George, el primer ministro francés Clemenceau y el jefe del ejecutivo italiano, Orlando. Son los tres primeros, sin embargo, los que realmente dirigieron unas negociaciones a las que a los países derrotados se les prohibió asistir, y llegaron a París con compromisos, a veces secretos, adquiridos ya durante la guerra.

Conferencia de París, 1919

Reino Unido no tenía reivindicaciones territoriales en Europa, aunque aspiraba a ganancias coloniales en África y Asia a costa de los imperios alemán y turco. Una de sus preocupaciones clave era impedir la extensión del bolchevismo a la Europa central y, especialmente, a Alemania. Los británicos también reclamaban indemnizaciones de guerra.

Estados Unidos promovió la creación de la Sociedad de Naciones para garantizar la paz en el futuro. Exigió la aplicación del principio de las nacionalidades en el diseño de las nuevas fronteras europeas; esto implicó la destrucción de Austria-Hungría. Estados Unidos también exigió indemnizaciones de guerra.

Francia exigió los territorios de Alsacia y Lorena, la ocupación militar de la zona occidental del Rin y la posible creación en Renania de un estado independiente, aspiración esta última a la que se opusieron Estados Unidos y Gran Bretaña. Francia también exigió la explotación económica de la región del Sarre, debilitar militarmente y de forma definitiva a Alemania, ganancias territoriales a costa de los imperios turco y alemán e indemnizaciones de guerra.

Italia aspiraba a la anexión del Trentino, Alto Adigio, Trieste y partes importantes de Istria y Dalmacia. Esta aspiración encontró la oposición de Estados Unidos. También exigió Italia ganancias coloniales en Oriente Medio y África e indemnizaciones de guerra.

La postura de mayor dureza con Alemania fue la adoptada por Francia. Los países anglosajones, en cambio, optaron por una actitud más conciliadora, e Italia finalmente no logró las compensaciones territoriales a las que aspiraba.

Los representantes de los derrotados no fueron invitados a la Conferencia de Paz. Los acuerdos les fueron presentados como un hecho consumado al que simplemente debieron plegarse.

Los alemanes, representantes de la recién nacida República de Weimar, firmaron el 28 de junio de 1919 tras ser amenazados con una invasión total de su país. En Alemania se hablaba del "diktat", de la imposición, de Versalles.


Fuentes:
- Historia siglo XX
- www.historiasiglo20.org

Más información:
- Contexto de la Conferencia de Paz de París: http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/3073.htm
- Resumen del Tratado de Versalles: es.scribd.com

9 de junio de 2011

Causas de la I Guerra Mundial (IV): Los Balcanes

Fue la chispa balcánica la que encendió la I Guerra Mundial, y a la vista de la situación centroeuropea ningún país se extrañó de que así fuera.

En los últimos años del largo reinado del emperador Francisco José el Imperio austro-húngaro era un volcán que podía estallar en cualquier momento. La población alemana de Austria dominaba un conglomerado de polacos, rumanos, rutenios, checos, eslovenos, serbo-croatas e italianos. Los magiares de Hungría mantenían bajo su dominación a eslovacos, rumanos, serbo-croatas, búlgaros y eslovenos. La doble monarquía austro-húngara sobrevivía gracias a la represión policial férrea de las "minorías nacionales", a lo que se añadía el recorte de sus derechos políticos y el intento de ahogar sus expresiones nacionales.

Junto al austro-húngaro otro imperio declinaba: el Imperio Turco, acosado por sus vecinos europeos y víctima de la inoperancia de sus gobiernos y el anquilosamiento de su administración. Austria-Hungría vigilaba para que su descomposición no alterara el equilibrio de poder en la zona. Rusia anhelaba una salida al Mediterráneo a su costa y el vital control del paso de los Estrechos. Y las naciones balcánicas (Yugoslavia, Grecia, Bulgaria, Rumanía) buscaban la expansión incorporando a sus fronteras los territorios turcos habitados por poblaciones de su misma lengua y religión. Sólo el ejercicio despótico del gobierno permitía al sultán seguir manteniendo su soberanía sobre los árabes y sirios de Palestina, los griegos y armenios de Asia Menor, y los griegos, serbios y búlgaros de la Turquía europea. En 1908 el Movimiento de los Jóvenes Turcos se hizo con el poder, aunque respetó la figura del sultán.

El Imperio austro-húngaro y el Imperio Otomano

El mismo año de la revolución turca el príncipe de Bulgaria se proclamó rey independiente y Austria-Hungría se anexionó formalmente el territorio de Bosnia-Herzegovina. Bosnia-Herzegovina hasta ese momento había estado bajo administración austro-húngara pero seguía dependiendo teóricamente de Turquía. Sus habitantes eran eslavos del sur, y la doble monarquía se inquietó ante la posibilidad de que iniciaran un movimiento para unirse a Serbia, el país que más presionaba para conseguir la independencia de los pueblos eslavos bajo dominación austro-húngara. La guerra con Japón había debilitado a Rusia, campeona de los intereses de los pueblos eslavos, y el Zar Nicolás II tuvo que afrontar la humillación de quedar inmovilizado ante lo que se consideró un auténtico ultimátum alemán: si Rusia movilizaba tropas contra Austria-Hungría, Alemania se movilizaría en apoyo de su aliado.

Gran Bretaña y Francia negaron su apoyo a Rusia por no sentirse implicadas en una crisis balcánica, y Serbia no pudo pasar de la protesta ante la falta del apoyo ruso. Ante la forzada pasividad rusa, en febrero de 1909 Austria-Hungría logró el reconocimiento oficial de Turquía a su anexión de Bosnia-Herzegovina.

Caricatura francesa que refleja la crisis
bosnia de 1908
Pocos años más tarde, en 1912, Serbia, Bulgaria y Grecia se unieron en una Liga Balcánica, bajo la mirada benevolente del gobierno ruso. Los ejércitos de la Liga iniciaron la Primera Guerra Balcánica contra Turquía, y obtuvieron una rápida victoria militar. En mayo de 1913 se firmó el Tratado de Londres que prácticamente puso fin a la dominación turca en Europa. Turquía conservó tan sólo Constantinopla y Tracia Oriental, y Macedonia fue dividida entre los vencedores (Serbia, Grecia y Bulgaria).

Pero Bulgaria no quedó contenta con el reparto y, alentada por Austria-Hungría (que quería rebajar el poder adquirido por Serbia), inició al mes siguiente la Segunda Guerra Balcánica contra sus dos antiguos aliados. Bulgaria fue derrotada y tuvo que ceder parte de su Macedonia a Serbia y parte de Tracia a Grecia. Rumanía, que no había intervenido en ninguno de los dos conflictos, aprovechó la situación y arrebató a Bulgaria la zona fronteriza de Dobrudja. Por supuesto, Austria-Hungría no consintió que quedaran así las cosas y logró de las demás potencias que Serbia abandonara los territorios conquistados que suponían su salida al mar. De este modo nació la Albania independiente.

Nota: Esta es la 4ª y última parte de una serie de 4 entradas. Para ver las anteriores: I, II, III


Fuente:
La Primera Guerra Mundial - María Soledad de Mateo Menéndez


8 de junio de 2011

Causas de la I Guerra Mundial (III): Los nacionalismos

El nacionalismo se desarrolló de forma irregular en los países imperialistas, fruto de condiciones anteriores al imperialismo. Tradicionalmente se considera a Alemania como la mayor expresión de nacionalismo exacerbado, pero en verdad, esta tuvo mayores expresiones de nacionalismo y afán de dominio durante la Segunda Guerra Mundial (debido al gran peso humillante del Tratado de Versalles sobre Alemania), que a finales del siglo XIX.

En Italia el sentimiento nacionalista estuvo presente en dos grandes revoluciones del siglo XIX (en el 1830 y 1848) y nuevamente en el proceso de Unificación de Italia. En Francia el nacionalismo estuvo presente durante la Revolución Francesa, manifestándose principalmente en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, agudizando la lucha de clases.

Las tendencias pacifistas no tuvieron un eco real en unas masas dominadas por el patriotismo. La opinión pública se hallaba psicológicamente condicionada hacia la guerra por todo un conjunto de factores diversos entre los que cabría destacar: una cierta concepción romántica de la guerra heredada del siglo anterior; la vulgarización de las teorías Darwinistas sobre la lucha de las especies y su consiguiente selección de las más aptas para la vida (que se trasladaba directamente al campo de la política internacional); la propaganda nacionalista; y una agudización de la lucha de clases que hacía bascular el inconsciente colectivo hacia una guerra exterior, como único medio de unificación nacional y de superar las divisiones internas.

El vigor con el que se manifestaban los designios imperialistas de los estados fue refrendado apasionadamente por la opinión pública de cada nación. La voluntad de afirmar el carácter nacional y su poderío trajo como consecuencia la desconfianza, cuando no la hostilidad, hacia las influencias e intereses extranjeros. Estos sentimientos nacionalistas se hicieron generales en toda Europa y avivaron, a su vez, los de las nacionalidades oprimidas por otras potencias: la lucha de los nacionalistas irlandeses contra Gran Bretaña se agudiza, y las minorías nacionales bajo dominación austro-húngara entran en efervescencia.

Nota: Esta es la 3ª parte de una serie de 4 entradas. Para ver las anteriores: I y II


Fuentes:
- Historia Universal
- La Primera Guerra Mundial - María Soledad de Mateo Menéndez


7 de junio de 2011

Causas de la I Guerra Mundial (II): Los imperialismos

Gran Bretaña y Francia poseían una larga tradición colonial y prácticamente se repartían entre ambas el dominio colonial del mundo. Un dominio en el que Gran Bretaña ocupaba claramente el primer lugar y por cuya competencia ambas naciones habían pasado por períodos de crisis y tensiones en sus relaciones, resueltas finalmente por el tratado de 1904. El principal problema en este terreno se planteó cuando Alemania manifestó su intención de lograr un puesto de potencia colonial en el mundo.

Un problema semejante fue planteado por Italia, pero su capacidad para conseguir tales objetivos, y, por tanto, de alterar el equilibrio internacional, era netamente inferior a la de Alemania. Austria-Hungría tenía suficiente con el dominio de su propio imperio, y Rusia había dirigido en los últimos años sus esfuerzos de expansión hacia Extremo Oriente hasta que Japón le cortó el paso.

El Imperio Británico en 1914

Fuera del escenario europeo dos potencias periféricas presentaban semejantes orientaciones imperialistas: Estados Unidos y Japón. Pero Estados Unidos, voluntariamente aislado de la política internacional, tenía claramente delimitado su territo de influencias económica y política en América Latina, de donde había alejado a las potencias europeas siguiendo la doctrina Monroe de "América para los americanos". Por consiguiente, su imperialismo no planteaba tensiones en el ámbito de los imperialismos europeos. Japón, por su parte, volcaba su excedente demográfico y económico hacia su área natural de expansión, Extremo Oriente. Su principal rival en la zona era Rusia, a la cual ya había vencido en 1905, por lo que, de momento, había resuelto sus problemas de expansión (aunque se mantenía a la espera de poder aumentar su área de influencia en China a expensas de las de los países europeos).

Guillermo II en Tánger, en 1905
Fue el choque de las aspiraciones imperialistas alemanas con las británicas y francesas el que realmente conmovió el equilibrio internacional en los años precedentes a 1914. Por un lado, consciente de que el dominio de los mares era la clave fundamental del Imperio Británico, Alemania se lanzó a una política de construcciones navales que disolvió las posibilidades de un entendimiento anglo-alemán. Este entendimiento podía ser fundamental para Alemania y tenía partidarios entre algunos políticos británicos. Pero cuando en 1912 y 1913 tuvieron lugar conversaciones entre ambos países con vistas a llegar a un acuerdo sobre la carrera naval, Alemania hizo imposible tal acuerdo por exigir de Gran Bretaña la neutralidad continental, lo que habría supuesto el abandono de sus compromisos con Francia.

En su búsqueda de un espacio colonial Alemania colocó en su punto de mira a Marruecos, que mantenía su propio sultán aunque estuviera dividida entre el dominio francés (mayoritario) y español. Sus aspiraciones sobre esta zona chocaron con los intereses franceses y provocaron dos crisis internacionales: en 1905 (desembarco de Guillermo II en Tánger para declarar su apoyo a la soberanía del sultán) y en 1911 (envío de un navío de guerra alemán al puerto de Agadir). Pero, en ambos casos, el peligro de guerra por motivos coloniales fue atajado por la vía diplomática.

Nota: Esta es la 2ª entrada de una serie de 4. Para ver la anterior click aquí.


Fuente:
La Primera Guerra Mundial - María Soledad de Mateo Menéndez


5 de junio de 2011

Causas de la I Guerra Mundial (I): La formación de alianzas

Entre 1900 y 1914, la configuración de dos bloques antagónicos y el aumento de las tensiones internacionales (por la rivalidad entre imperios) propiciaron una política general de rearme de las grandes potencias. La guerra se veía como algo inevitable, y a esta etapa se la conoce como de "paz armada".

En vísperas de la crisis de 1914 las principales potencias europeas se hallaban agrupadas en dos bloques antagónicos: la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia) y la Triple Entente (Francia, Gran Bretaña y Rusia).

Los orígenes de tal situación se remontaban a la política de alianzas del Canciller alemán Bismarck, cuya principal finalidad había sido aislar diplomáticamente a Francia desde la guerra franco-prusiana de 1870. La rivalidad entre ambos países fue el eje principal alrededor del cual se desarrolló la política diplomática europea previa a la I Guerra Mundial.

Alianzas militares europeas en 1914

Alemania pretendió aislar a Francia aliándose con Austria-Hungría, Rusia e Italia, contando con el tradicional aislamiento británico. Francia intentó por todos los medios salir de aquel cerco consiguiendo todos los aliados posibles. Sus esfuerzos principales se dirigieron hacia la captación de Rusia, descontenta con la competencia austro-húngara en los Balcanes, y cuya posición estratégica en la retaguardia alemana la convertía en un valiosísimo aliado en caso de ataque alemán a Francia (Alemania tendría que luchar en dos frentes: el francés y el ruso). Al mismo tiempo, la diplomacia francesa buscó afanosamente un acercamiento con Inglaterra, intentando que abandonara su aislamiento y se involucrara en la política continental.

Otto von Bismarck
Con la subida al trono del Kaiser Guillermo II, Bismarck fue alejado de la vida política y sus esquemas diplomáticos fueron arrinconados. En 1887 el tratado de Reaseguro entre Rusia y Alemania no se renovó. Rusia quedó aislada e inevitablemente se acercó a Francia, con quien firmó un tratado en 1893 dirigido contra la Triple Alianza.

Pocos años más tarde, en 1902, Italia resolvía mediante la firma de un acuerdo sus problemas con Francia, movida por su desconfianza hacia Austria-Hungría, que mantenía bajo su dominio territorios reclamados por los italianos. No obstante, Italia no abandonó la Triple Alianza y se mantuvo en un doble juego en la política internacional del que esperaba sacar los máximos beneficios.

Tras la guerra anglo-boër Gran Bretaña comprendió que su abstencionismo en la política continental no era tan "espléndido" como parecía, y en 1904 firmó un tratado con Francia por el que ambas naciones resolvían sus diferencias en el terreno colonial (Gran Bretaña apoyaba las aspiraciones francesas en Marruecos, a cambio de que Francia le dejara vía libre en Egipto). De este modo, Gran Bretaña y Francia quedaron unidas por la "Entente Cordiale".

Para completar su jugada, a Francia sólo le quedaba conseguir un acercamiento entre sus dos aliados, Gran Bretaña y Rusia, enfrentados por sus intereses coincidentes en Oriente. Logró su aspiración en 1907 cuando Gran Bretaña y Rusia firmaron un acuerdo por el que se repartían en zonas de influencia Afganistán y Persia. La Triple Alianza quedó configurada. No se trataba de una liga de países comprometidos en la defensa mutua, porque Inglaterra no se atrevió a romper tan bruscamente su tradición aislacionista con un compromiso semejante, pero Francia había conseguido escapar del cerco al que Bismarck la había sometido.


Fuentes:
- Historia del Mundo Contemporáneo
- La Primera Guerra Mundial - María Soledad de Mateo Menéndez


26 de febrero de 2011

El Segundo Reich

La proclamación del II Imperio Alemán tuvo lugar en Versalles (Francia) en enero de 1871, cuando la antigua Confederación de Alemania del Norte y los cuatro estados germánicos del sur (Baviera, Baden, Hesse y Württemberg) acordaron constituirse en una unión federal permanente cediendo la mayoría de sus derechos de soberanía al nuevo Imperio. El rey de Prusia, Guillermo I, fue proclamado emperador alemán y Otto von Bismarck, primer ministro de Prusia, pasó a presidir la nueva organización política como canciller imperial.

Guillermo I
El motivo de que la proclamación del II Imperio Alemán tuviera lugar en suelo francés está relacionado con la victoria militar de los ejércitos de Guillermo I en la Guerra Franco-prusiana, iniciada en 1870.

El nuevo Imperio era una verdadera autocracia en la que el Reichstag (cámara baja del Parlamento), constituido por cuatrocientos diputados elegidos por sufragio universal masculino, votaba el presupuesto y las leyes que debían ser ratificadas en el Bundesrat o Consejo Federal con representación de todos los estados, pero dominado por Prusia. El poder real del Imperio lo ejercía la clase que tradicionalmente había gobernado en Prusia, los junkers (aristocracia terrateniente), quienes se aliaron con los industriales acaudalados para salvaguardar sus privilegios en el Imperio frente a las nuevas fuerzas socialistas y progresistas surgidas a raíz de la industrialización y la modernización de Alemania.

Otto von Bismarck
Guillermo I falleció en marzo de 1888 y, tras un breve mandato de tres meses a cargo de su hijo, Federico III, su nieto, el joven y ambicioso Guillermo II, fue proclamado káiser (emperador). El nuevo soberano deseaba tener el poder real del Imperio, sin las limitaciones que tuvo su abuelo, y para ello consiguió que Bismarck presentara su dimisión.

A partir de 1890 se fue agudizando en la sociedad alemana el enfrentamiento entre las clases privilegiadas y el proletariado, a cuyos representantes políticos y sindicales se les negaba cualquier forma de participación efectiva en el sistema de gobierno. El propio Ejército constituía un "estado dentro del Estado", ajeno al control del Reichstag y de los ministerios debido a una serie de decretos imperiales. Para empeorar la ya conflictiva situación del país, el almirante Alfred von Tirpitz, ministro de Marina desde 1897 hasta 1916, emprendió la construcción de una gran flota alemana que el Káiser pretendía utilizar para afianzar los intereses coloniales del Imperio. En el extranjero, la diplomacia alemana, voluble y mal organizada, se había enemistado prácticamente con todas las potencias europeas y había dejado al país casi aislado; el único aliado fiel que conservaba Alemania era el Imperio Austro-Húngaro, que también atravesaba momentos difíciles

Los motivos por los que el II Imperio Alemán decidió apoyar al Austro-Húngaro en su declaración de guerra contra Serbia en julio de 1914 se han atribuido en parte a la frustración que la creciente inestabilidad interna provocó en la elite gobernante, quien pensó que la guerra y la conquista podrían reunir a las clases trabajadoras en torno al Imperio. Este objetivo se logró, ya que la intervención en la I Guerra Mundial a partir de agosto de 1914 unió temporalmente a la mayoría de los alemanes bajo el estandarte del Imperio.

Guillermo II
La autoridad del káiser Guillermo II disminuyó durante gran parte de la guerra como resultado de la progresiva acaparación del poder por parte de los militares, especialmente a partir de 1917, año en el que el mando supremo del Ejército, representado por el mariscal de campo Paul von Hindenburg y el general Erich Ludendorff, insistió en que Alemania inaugurara la guerra submarina. Esto supuso la incorporación de Estados Unidos al bloque de los enemigos de Alemania.

Las derrotas y el empeoramiento constante de la situación económica, provocado en parte por el bloqueo británico, llevaron a Ludendorff a solicitar la formación inmediata de un gobierno parlamentario que se encargara de negociar un armisticio con los aliados a la mayor brevedad. El II Imperio Alemán se disolvió ante el completo fracaso militar sufrido en el campo de batalla y la revolución interna a la que se tuvo que hacer frente. Guillermo II abdicó el 9 de noviembre de 1918 y buscó refugio al día siguiente en los Países Bajos. Ese día 9 se proclamó la República en Berlín. En febrero del año siguiente se reunió en la ciudad de Weimar la nueva Asamblea Nacional Constituyente: había comenzado la llamada República de Weimar que vino a suceder al II Imperio Alemán.


Fuentes:
- DW World
- Multimania

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