30 de diciembre de 2015

La Capilla Sixtina


La Capilla Sixtina es uno de los mayores tesoros del Vaticano, de Roma y del mundo en general. Es conocida tanto por su decoración, como por ser el templo en el que se elige y corona a los Papas.

Lo que llama la atención de la Capilla Sixtina no es su arquitectura, sino los frescos que recubren por completo las paredes y el techo. Algunos de los artistas más importantes que trabajaron en ella son Botticelli, Perugino, Luca o Miguel Ángel.

Todos los frescos del techo de la Capilla Sixtina son obra de Miguel Ángel, que tardó cuatro años en pintar la bóveda, desde 1508 hasta 1512. Si algo destaca en las imágenes del techo son las nueve historias del génesis que ocupan la parte central: Están representadas las escenas desde la Embriaguez de Noé hasta la Separación de la Luz de la Oscuridad.


Cuando Miguel Ángel Buonarroti comenzó a pintar los frescos de la capilla Sixtina, en 1508, ya era un artista consolidado. La belleza sublime de la Pietà de San Pedro, realizada en 1499, lo había consagrado ya a los 24 años de edad como el máximo escultor de su tiempo. Desde ese momento se lo disputaron los grandes clientes. En Florencia esculpió el gigantesco David, y se le encargó que pintara al fresco una pared de la Sala del Consejo del Palazzo Vecchio, junto a Leonardo. En 1505, el papa Julio II quiso traerlo a Roma para que realizara su tumba, un grandioso proyecto que entusiasmó inmediatamente al artista. Sin embargo, entre ambos se produjo una ruptura clamorosa. El papa –contará Miguel Ángel en 1523– «cambió de opinión y ya no quiso hacerlo», y llegó a expulsarlo cuando el artista se dirigió a él para obtener dinero. Buonarroti abandonó Roma «por esta afrenta». Pero el papa insistió en que Miguel Ángel trabajase para él y reclamó enseguida su vuelta a Roma para un nuevo proyecto: los frescos de la bóveda de la capilla Sixtina.

En 1508, la Roma de Julio II era un taller extraordinario. Bramante estaba ocupado en la reconstrucción de la basílica de San Pedro y en las obras del palacio Vaticano. Rafael comenzaba los frescos de las habitaciones del papa. Y para la Sixtina, el papa Della Rovere quería a Miguel Ángel a cualquier precio, a pesar de sus protestas y también a pesar de su inexperiencia en la pintura, como Bramante señalaba con razón. En efecto, de joven Miguel Ángel había conocido la técnica de la pintura mural en el taller de Ghirlandaio, pero nunca la había puesto en práctica. Por lo que respecta a los frescos florentinos de la Batalla de Cascina, no había pasado de los cartones. En varias ocasiones proclamó que su arte, su «profesión», era la escultura, no la pintura. En las cartas a los parientes, las escasas menciones al trabajo de la Sixtina expresaban el «grandísimo esfuerzo» y también el desánimo por las dificultades «al no ser yo pintor». Aun así, no quiso renunciar a la anterior fuente de ganancias ni al nuevo y poderoso desafío que lo absorbió completamente durante cuatro años y medio.

En los muros de la capilla Sixtina se sucedían los frescos de Botticelli, Ghirlandaio, Cosimo Rossi, Perugino y Signorelli. La bóveda había sufrido dos restauraciones, la última completada con vistas a la intervención de Miguel Ángel. El 8 de mayo de 1508 se acordó un primer plan, pero al artista le pareció «cosa pobre». Por ello el contrato se revisó en junio: se doblaron los emolumentos y el artista obtuvo pintar lo que quisiera, no sólo en el techo, sino también en las pechinas y en las lunetas.


La bóveda de la capilla Sixtina, con su extensión y su altura, habría hecho temblar a los más expertos pintores. Los problemas comenzaron ya con el andamiaje. El erigido por Bramante, cuenta Vasari, fue criticado por Miguel Ángel, hasta el punto de que consiguió que lo desmantelasen y construyesen uno basado en su propio diseño. Pero la mayor dificultad era precisamente el fresco. Una técnica que no permite errores o vueltas atrás, y exige tiempos muy breves: una vez preparados los cartones de los dibujos hay que dividir el conjunto en partes que puedan ser completadas en un día, pues, pasado este tiempo, el enlucido se seca y ya no absorbe el color. La sección de pared elegida se prepara primero con el encalado y luego con el enlucido, una mezcla de puzolana, cal y agua. Una vez trasladado el dibujo sobre el enlucido todavía fresco, se extiende inmediatamente el color.

Miguel Ángel trajo de Florencia, como colaboradores, a unos pocos artistas de confianza. Sin embargo, los primeros intentos fueron decepcionantes. El fresco del Diluvio universal, realizado con técnicas heterogéneas, acabó en desastre: la receta «florentina» del enlucido no funcionaba con los materiales y el clima de Roma. En poco tiempo afloraron mohos y la pintura hubo de ser parcialmente suprimida y rehecha desde el principio. Hicieron falta meses de angustia y dificultades hasta que el artista consiguió dominar la técnica, lo que le permitió prescindir de sus ayudantes. El análisis de los gastos que realizó en la obra parece confirmar la leyenda según la cual él lo habría hecho todo, o casi todo.

En un soneto célebre el artista nos habla de los prolongados esfuerzos a los que se sometió trabajando sin descanso durante años en una postura muy incómoda: «Los lomos se me han metido en la tripa y con las posaderas hago de contrapeso y me muevo en vano sin poder ver». Mientras, el papa estaba impaciente, hasta el punto de que, según el biógrafo Condivi, amenazó con tirar al artista de los andamios y en una ocasión «le dio con un palo». Ablandado por medio de regalos, amenazado, acosado, Miguel Ángel acabó por fin la obra, que se inauguró el 31 de octubre de 1512. De su belleza había sido testigo, un poco antes de que se mostrara a todos, Alfonso d’Este, duque de Ferrara. Subido al andamiaje, la admiró durante largo tiempo, y cuando bajó se negó a ir a visitar las estancias donde trabajaba el gran rival de Miguel Ángel, Rafael.


Fuentes:
http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/9594/capilla_sixtina.html
* http://www.disfrutaroma.com/capilla-sixtina


27 de diciembre de 2015

La Primera Guerra Carlista

La Primera Guerra Carlista tiene un trasfondo político que se materializa en dos personas, con derecho al trono cada una de ellas, según sus partidarios.

Fernando VII (1784-1833), rey de España, se había casado en 1802 con María Antonia de Nápoles, la cual después de dos abortos murió sin descendencia. Después el rey desposó a Isabel de Braganza, sobrina suya, que dio a luz una niña que murió a los cuatro meses, falleciendo al poco tiempo la reina. La tercera esposa fue María Josefa Amalia de Sajonia, que tampoco dio hijos al trono español. Finalmente, en 1829, Fernando VII se casó con otra de sus sobrinas, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, teniendo al fin descendencia: Isabel (1830-1904) y Luisa Fernanda (1832-1897).

Antes del nacimiento de Isabel el heredero del trono era Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII. Cuando el rey tuvo descendencia femenina publicó la Pragmática Sanción de Carlos IV que cambiaba la ley en vigor, permitiendo a una mujer heredar el trono de España, recuperando una norma con siglos de historia. Esto dejaba fuera del acceso al trono a Carlos María Isidro.

Cuando murió Fernando VII en 1833, su hija era una niña de tres años y se estableció la regencia de la viuda, la reina María Cristina. Carlos María Isidro no reconoció la nueva situación y reclamó sus derechos dinásticos, no por él, según decía, sino por sus hijos y por aspectos religiosos y políticos.

Fernando VII
El lema del carlismo Dios, Patria, Rey y Jueces, articula toda la teoría oficial política. A esto se suma la defensa del foralismo particular de cada uno de los territorios, así como la defensa de la religión. Las intenciones centralizadoras y los ataques de los liberales al clero, sobre todo a partir de 1835 con la exclaustración y la desamortización, activaron la lucha.

La masa fundamental de seguidores del carlismo eran campesinos, especialmente de la región vasconavarra, de Cataluña y de la montaña levantina y del Bajo Aragón, aunque también se encuentran en menor proporción en el resto de la fachada cantábrica hasta Galicia, y en Castilla.

Carlos María Isidro
En la Primera Guerra Carlista se distinguen cuatro fases:

1. Desde el 1 de octubre de 1833, en que el infante D. Carlos toma el título de Rey de España, comienza el enfrentamiento. En principio son partidas rebeldes, con escasa estructura militar que el general Zumalacárregui organizará en un verdadero ejército, frente al ejército regular cristino. Esta fase finaliza con la muerte de Zumalacárregui el 23 de julio de 1835.

2. Desde el verano de 1835 hasta octubre de 1837, la guerra pasa del ámbito regional al nacional. Luis Fernández de Córdoba toma el mando del ejército cristino -posteriormente lo hará Espartero-. Las guerrillas carlistas no son fáciles de reducir y éstas obtienen una clara victoria en el Maestrazgo.

3. Desde octubre de 1837 a agosto de 1839, la contienda se decanta a favor de los gubernamentales. El 15 de octubre de 1837 D. Carlos se repliega y se produce una disensión interna en el carlismo entre los partidarios del pacto, dirigidos por el general Maroto, y los Apostólicos del general Cabrera. Los primeros firmaron con Espartero el Convenio de Vergara, en el que se reconocen los empleos y grados del ejército carlista y se recomienda al gobierno que proponga a las Cortes la modificación de los fueros.

4. D. Carlos no reconoce el acuerdo y la guerra continúa desde agosto de 1839 a julio de 1840, en los focos de resistencia de Lérida y Navarra. Los últimos leales carlistas acaudillados por el general Cabrera, llevan a cabo una guerra brutal, con escenas y acontecimientos terribles. Al fin, éstos serán derrotados.


Fuentes:
* http://www.artehistoria.com/v2/contextos/6979.htm
* http://queaprendemoshoy.com/como-comenzo-la-primera-guerra-carlista/


14 de diciembre de 2015

Elena Francis, la consejera que nunca existió

Entre 1947 y 1984, la melodía Indian Summer funcionó como preludio de un ritual que se repetía cada atardecer, de lunes a sábado, en los patios de luces y en las radios de los taxis de toda España. Elena Francis, con su voz de consejera maternal pero inflexible, respondía a las consultas de sus fieles oyentes con sabiduría enciclopédica y recta moral. Los laboratorios Francis concibieron este espacio patrocinado con el objetivo principal de promocionar sus productos de belleza. Sin embargo, en un tiempo en el que el decoro imponía silencio sobre los sentimientos y las relaciones, la venerada y venerable señora Francis se convirtió en la interlocutora ideal para muchas mujeres que no encontraban con quién hablar.

El programa debutó en Radio Barcelona, y en 1966 pasó a emitirse por el medio centenar de emisoras adscritas a Radio Peninsular, de la red de Radio Nacional. En media hora se radiaban y contestaban siete cartas, aunque según publicó en 1984 el diario Ya, el consultorio llegó a recibir entre 25.000 y 30.000 mensuales. La revista Ondas publicaba en 1957:
"Del interés y fidelidad de las oyentes se tienen muestras enseguida, pues llegan a recibirse más de quinientas cartas diarias. Los argumentos de esta nutrida correspondencia, escrita mayoritariamente por mujeres solteras, son conocer el carácter de su novio, saber la receta que ha de dominar los nervios del marido, aprender cómo mecer al pequeñuelo; es decir, enterarse de lo que, en realidad, es propio de su condición".
A la señora Francis podía escribirle cualquier tipo de mujer -incluso algún hombre-. Desde la chica de servicio desamparada tras haber sido seducida (y repudiada) por el señorito de la casa, todo un clásico, hasta la señora que pedía una dieta para adelgazar. Sin olvidar a la abuela que quería saber cuándo se celebraba el santo de su nieta Celia.

En el consultorio se acabó hablando de todo, menos de aborto, y muy poco de política. Todas buscaban consejo, guía o consuelo en la señora Francis, resguardadas en el anonimato del correo y en seudónimos como "una desesperada", "una que no sabe qué hacer", "una desconfiada y muy católica" o "Flor de Té". Las radioyentes se encomendaban a ella como a una virgencita. "Le envío un donativo de cinco pesetas", escribía al pie de su carta de 1963 una oyente fiel.

Durante años, Elena Francis fue la gurú espiritual que difundió los principios conservadores que debían seguir las mujeres españolas y católicas. Los mismos que Pilar Primo de Rivera trató de inculcar a través de la Sección Femenina. "Soy alegre (dentro de la seriedad)", escribía una oyente de Sóller (Mallorca) en 1955. Pero, a pesar de ser un personaje tan cercano para muchos, nadie vio, ni tocó ni se sentó junto a Elena Francis jamás. Nunca hubo fotografías ni actos públicos a los que fuera invitada, aunque sí apareció alguna supuesta entrevista en la prensa. Ya en 1982, cuando el consultorio languidecía y sonaba a cosa trasnochada, un libro del catedrático Gerard Imbert, experto en comunicación audiovisual, acabó con un secreto corporativo respetado durante 35 años por el personal de la radio y algunos periodistas: "Elena Francis no existe (y existe a la vez). Elena Francis es un hombre, creador discreto que desde hace quince años es guionista del programa", escribió.

El hombre en cuestión era el periodista Juan Soto Viñolo, que por entonces había trazado una carrera paralela como crítico taurino en El Periódico de Catalunya. "Todas las consultas, excepto las de belleza, que venían redactadas desde los laboratorios Bel Cosmetic (nuevo nombre de los laboratorios Francis), fueron evacuadas por mí", afirmó. Dos años después de que se rompiera el pacto de silencio, la familia Fradera Bes, propietaria de la empresa cosmética, decidió rescindir el contrato de patrocinio. El 31 de enero de 1984, un martes, se emitió el último programa sin previo aviso.

Juan Soto Viñolo
Con la llegada de la democracia, el programa tuvo problemas para adaptarse a las nuevas ideas y seguir atrapando a la audiencia. "Después de la muerte de Franco se intentó modificar el discurso adecuándolo a los nuevos tiempos, sin conseguir despojarlo de la imagen moderada y del tufo a naftalina que exhibió durante estos años", escribió Soto Viñolo.

El modelo de mujer tradicional y sumisa, para la que Francis había sido una tabla de salvación, estaba en declive. En 1981 se aprobó la ley del divorcio en España. Los matrimonios dejaron de ser para toda la vida, y las recetas "para dominar los nervios del marido" se hicieron menos necesarias. Dos días después de suprimir el programa, el director comercial de Bel Cosmetic explicó que la mujer había evolucionado mucho y que las encuestas demostraban que el espacio había dejado de interesar, por lo que la compañía había considerado que el patrocinio le perjudicaba. El portavoz también reconoció que el envío de cartas se había reducido de forma considerable.


Fuente:
Eva Melús. Historia y Vida nº 572


11 de diciembre de 2015

La Catedral de Chartres


La Catedral de Notre-Dame de Chartes, ciudad cercana a París, se considera una de las mejores obras arquitectónicas del gótico. De sus portadas destaca el Pórtico Real, con bellísimas esculturas medievales sobre santos y profetas del Antiguo Testamento, aunque sin duda la figura más recordada es la del Cristo en Majestad del tímpano. Otra puerta famosa en el Pórtico de la Virgen, de la misma categoría artística. Un segundo foco de atención lo constituye el magnífico conjunto de vidrieras que adorna la nave central. Es uno de los escasos conjuntos medievales que han llegado íntegros y lo integran 173 ventanas. Con sus nueve portadas esculpidas, únicas en el mundo, sus 2.600 metros cuadrados de vidrieras de los Siglos XII y XIII, es una verdadera enciclopedia cristiana de piedra y cristal, hecha para una población que no sabía leer ni escribir.

En 1194 se comenzó la reconstrucción de la antigua catedral románica del siglo XI que había sido devastada por un incendio. El arquitecto de la nueva catedral, cuyo nombre desconocemos, decidió conservar el pórtico principal o fachada de occidente, realizado en 1140, y la cripta, lo que en cierta manera determinó todas las medidas básicas importantes de la nueva construcción, incluso en parte la localización de los pilares y de los tramos de la bóveda. La planta reúne elementos de la iglesia cruciforme de peregrinación románica, aunque con modificaciones que serán seguidas por las catedrales francesas del siglo XIII.

La catedral consta de un cuerpo longitudinal inicialmente de tres naves con estrechos tramos de bóveda cuatripartita, ampliado a cinco naves en la parte del coro. La fachada antigua, respetada por el incendio, impidió su prolongación. Posee una girola doble con cinco absidiolos y un transepto centrado y no muy sobresaliente de tres naves con fachadas y pórticos en ambas alas.

La cabecera junto con el transepto tenía por primera vez una amplitud de la que no se conocía otro ejemplo. En este inmenso presbiterio se podía sentir la majestad del Santo Sacrificio que celebraba el obispo rodeado de sus canónigos.

El espacio interno se define por el aumento de la verticalidad y la simplificación de los pisos. El alzado antiguo tenía cuatro pisos. Desaparecen las tribunas, con lo que el espacio vertical queda dividido sólo en tres pisos desiguales: la arcada de la nave lateral, un pequeño triforio sencillo y un gran ventanal. El primero y el tercero de los pisos son de las mismas dimensiones, mientras que el triforio es aproximadamente un tercio de los anteriores. La supresión de las tribunas representó dos ventajas: permitió elevar más las naves laterales y aumentó la iluminación al hacer mayores las ventanas.

La pared de la nave central se articula verticalmente a través del pilar y de las columnas adosadas del mismo que reciben los arcos de las ojivas diagonales de las bóvedas cuatripartitas y del arco fajón que compartimenta de tramo en tramo la bóveda central y al llegar al piso inferior los arcos formeros de la nave lateral. El pilar circular inferior sólo esta guarnecido por cuatro columnas adosadas desde la misma base que acentúan el movimiento ascendente.

Las ventanas del piso bajo son todavía abocinadas y dejando gran parte del muro. Sin embargo, las ventanas de la zona alta ocupan por primera vez toda la pared, desapareciendo el macizo en el piso superior. Posee dos grandes ventanas ojivales, separadas sólo por una jamba y un rosetón de ocho lóbulos por encima, rodeado de una corona de otros ocho intermedios y ocho pequeños, que dejan todavía mucha piedra al descubierto.

Todas las bóvedas que se levantan son de crucería cuatripartitas que llegan a los 37 metros de altura. El exterior muestra también gran claridad compositiva y austeridad decorativa. Todavía carece de la multitud de elementos decorativos góticos que tienen otras construcciones hechas a partir del siglo XIII.

Las tres fachadas de entrada se conciben de igual manera en horizontal que en vertical. Tres pisos claramente diferenciados: el de la puerta de entrada y el de los ventanales y el del rosetón superior. Tres calles verticales: la central más ancha que corresponde al espacio de la nave central, las laterales con sobresalientes contrafuertes donde levantar dos torres paralelas.

Las torres de la entrada del transepto, que están proyectadas en planta, no se llegaron a levantar posiblemente para no restar protagonismo a las de la entrada principal. Éstas, no obstante, se terminaron en épocas distintas y le dan un toque asimétrico que dota de originalidad a esta catedral. La del sur es la más antigua, se levantó entre 1140-70 en un estilo de transición entre románico y gótico. Se remató con un tejado cónico en forma de aguja, que potenció la intención vertical del gótico, hasta alcanzar los 105,5 metros. Este remate no es frecuente entre las catedrales de esta zona de Francia. La segunda torre, la norte, es de una complejidad decorativa plenamente gótica flamígera de comienzos del siglo XVI, obra de Jean de Beauce. El chapitel está perforado con una tracería de filigrana que alcanza algunos metros más que su compañera.

Los pórticos aún recuerdan la temática y los rasgos artísticos románicos. El de la fachada principal o Pórtico Real, de 1140, representa a Cristo Pantocrátor en el tímpano de la puerta, entre los tetramorfos de los evangelistas y en las jambas los apóstoles representados con gran rigidez como las típicas estatuas y columnas del románico. Sin embargo, las figuras de las arquivoltas se disponen a lo largo del arco, como en el gótico, y en las otras dos puertas se representan dos temas típicos del nuevo espíritu: la Ascensión del Señor y escenas de la vida de la Virgen. Los pórticos del crucero son también de puerta triple. Se encuentran bajo un tejadillo de gablete. Son ya del siglo XIII en estilo y temática.

En la catedral de Chartres encontramos por primera vez que el sistema de descarga exterior de las bóvedas se muestra al descubierto a través del sistema de arbotantes de doble arquería que transmiten el peso entre los contrafuertes de la nave central y el contrafuerte exterior, sin embargo aún no se ha inventado el pináculo que asiente el contrafuerte y le dote de decoración.



El laberinto

El laberinto del pavimento situado en la nave de la catedral siempre ha sido una parte muy particular de la catedral de Chartres. No es sorprendente que la información publicada acerca de este laberinto esté llena de confusión, suposiciones y fantasías, probablemente más que sobre cualquier otro laberinto.

En realidad nadie sabe cuándo fue construido, porque ningún documento de esa época contiene esa información, aunque varios autores han publicado las fechas de 1200, 1220 y 1235, incluso tan tarde como 1240, todos los dan como si se tratara de fechas comprobables de la instalación.

Las especulaciones de que el laberinto actual sustituyó a un laberinto previo es totalmente infundada. Los laberintos con diseños medievales en el suelo usados como decoración aparecieron por primera vez en las iglesias y catedrales de Italia durante el siglo XII y parece que la idea no se extendió hacia el norte de Francia hasta la última década de ese siglo como muy pronto.


En las fuentes históricas, al laberinto de la catedral se le denomina “El Camino de Jerusalén”, ya que el acto de recorrer el laberinto de rodillas, recitando el Miserere, era considerado una penitencia que otorgaba indulgencias. El tiempo invertido en recorrerlo era aproximadamente una hora, justo lo que se tarda en caminar una legua (5 kms), que fue la distancia que recorrió Jesús hasta el Monte Calvario. Así, popularmente también es conocido este laberinto como “La legua”.


Fuentes:
* http://megaconstrucciones.net/?construccion=catedral-chartres
* http://www.labolab.net/historia/iglesias-y-catedrales/el_laberinto_de_chartres/
* http://losimprescindiblesdelarte.blogspot.com.es/2011/12/catedral-de-chartres.html
* http://www.viajeuniversal.com/francia/chartres/catedral/historiacatedralchartres.htm


7 de diciembre de 2015

Fotos históricas: Operación Babylift


Operación Babylift fue el nombre dado a la evacuación masiva de niños survietnamitas a los Estados Unidos, Australia, Canadá, y Francia ocurrida en Abril de 1975, coincidiendo con la caída de Saigón y por tanto con el final de la Guerra de Vietnam.

Junto con los refugiados evacuados que formaron parte de la Operación New Life, alrededor de 3.300 bebés y niños abandonaron el país asiático para ser adoptados por familias occidentales.


Fuentes:
* http://www.recreoviral.com/fotografia/fotos-historicas-raras/
* https://laultimabatalla.wordpress.com/2009/05/22/operacion-babylift/


2 de diciembre de 2015

Las relíquias de Felipe II

Ocurrió en Colonia allá por 1550, cuando Felipe, aún príncipe heredero, acompañaba a papá Carlos I en uno de sus periplos centroeuropeos para atender tanto asunto religioso-guerrero y familiar como se traía. Y ahí que paseaba el doncel, todavía joven, bien parecido, exitoso con las damas y hasta jovial y buen bailarín, cuando le dijeron de un lugar donde se acumulaban huesos y cabezas de santos en una cantidad que le impresionó. 

Tantas piezas de devoción y santificada magia eran un altar en directa conexión con los cielos, y no lo dudó: compró un centenar de ellas y las hizo llevar a España. Se fueron uniendo después, año tras año, otros detalles, ya fueran ropas, cabello o más calaveras, de más supuestos santos y mártires hasta convertirse en una compulsiva pasión, que en 1567, siendo ya soberano absoluto, le hizo reclamar al papa Pío V un permiso para coleccionar reliquias a título personal y atesorarlas en recinto privado, que por supuesto sería su faraónica pirámide: el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. 

A partir de ahí, la cosa fue a más y nunca cesaría la búsqueda de venerables restos, muy abundantes en una Europa que todavía arrastraba las supersticiones medievales. Con derroche de entusiasmo y devoción, llegó a acumular un total de 7.422 reliquias, en las que se incluían doce cuerpos enteros, 144 cabezas y 306 miembros de santos y santas. 

Para muchos de ellos se fabricaron ricos relicarios con oro, plata y piedras preciosas, diseñados en un buen número por Juan de Arfe, orfebre de renombre. Y se dice que muy pocos fueron los nombres del santoral no representados en tamaña colección, que se hizo famosa en el mundo entero de entonces, objeto de admiración para unos, prueba fehaciente para otros del fanatismo del principal valedor de la Contrarreforma.

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