30 de mayo de 2015

Varanasi, la ciudad habitada más antigua del mundo


Actualmente conocida como Benarés, es la ciudad habitada más antigua del mundo. También es una ciudad sagrada de las más antiguas que continúan manteniendo viva su cultura. Es el mayor centro de peregrinaje tanto del hinduísmo como del budismo. Los arqueólogos creen que tiene más de 4.000 años de antigüedad.

Su nombre original es Varanasi, ya que se encuentra entre los ríos Varuna y Assi (hoy en día inexistente), pero por deformaciones en la pronunciación inglesa derivó en Benarés.

La ciudad fue asaltada en varias ocasiones por invasores musulmanes. El emperador mongol Aurangzeb, dio la orden de destruir muchos de los templos antiguos. Esa es la razón por la que la mayoría de los palacios y santuarios que forman el telón de los ghats (o peldaños) vistos desde el río son construcciones de los siglos XVIII y XIX.

La antigua Varanasi es conocida como la ciudad de los templos y centro de espiritualidad y misticismo. Es sagrada para hindués, budistas y jainistas. Han salido de ella eruditos, filósofos, escritores y músicos de renombre.

Detras de los ghtas, la ciudad es una mezcla de callejuelas atiborradas, bazares, templos y santuarios. Es famosa en su educación, por ejemplo, la Universidad Hindú de Benarés, fundada a principios del siglo XX, goza de reconocido prestigio y sigue perpetuando la tradición cultural.


Fuente:
Planeta Curioso

9 de mayo de 2015

Las poseídas de Loudun

En la ciudad francesa de Loudun, se fundó en 1626 un convento de monjas ursulinas. Eran 17 jóvenes las que habitaban el convento, en una localidad en la que la mayoría de sus habitantes eran protestantes hugonotes. Una de ellas era Juana de los Ángeles, mujer intrigante y ambiciosa, que consiguió ser elegida superiora del convento con sólo 27 años.

El destino de Juana de los Ángeles se cruzó con el de Urbain Grandier, párroco en una de las iglesias de la ciudad. Grandier era elegante, culto, atractivo y estaba dotado de una capacidad oratoria que extasiaba a las damas de la ciudad, las cuales competían por tenerlo como confesor. Además el párroco no era demasiado riguroso en el cumplimiento del voto de castidad y sedujo a más de una. Algunos maridos y padres lo acusaron ante la justicia episcopal por su conducta inmoral, pero Grandier contaba con apoyos influyentes y fue absuelto de todas las acusaciones. Juana de los Ángeles también se obsesionó con Urbain Grandier y le propuso que se convirtiera en su director espiritual, oferta que el párroco rechazó. En su lugar, llegó como confesor el canónigo Mignon, uno de los mayores enemigos de Grandier.

Durante la noche del 21 de septiembre de 1632, Juana de los Ángeles y dos hermanas más vieron aparecer el fantasma de su antiguo confesor, el prior Moussat, fallecido víctima de la peste unas semanas antes. En los días siguientes siguieron relatando la visión de otros fenómenos extraños: bolas oscuras volando a través del refectorio y fantasmas paseándose por los pasillos del convento. El nuevo confesor, Mignon, trajo a un cura que certificó que las monjas estaban poseídas por el demonio, por lo que había que practicarles un exorcismo. Se celebraron varias sesiones, primero en privado y luego ante un público ansioso de nuevas sensaciones. En una de estas sesiones Juana de los Ángeles reveló, entre violentos movimientos y gritos, que fue Urbain Grandier quien las había embrujado enviándoles un ramo de rosas en el que se contenía su pacto con el diablo. Los enemigos de Grandier ya tenían una acusación de hechicería que les permitiría llevarlo a la hoguera.

Al enterarse de las acusaciones, Grandier se quejó al arzobispo de Burdeos, amigo suyo, y éste ordenó suspender todos los procedimientos. Entonces llegó a Loudun Jean de Laubardemont, un juez enviado por el cardenal Richelieu para arrasar el castillo de la ciudad e imponer la autoridad de la monarquía. Las autoridades locales se resistieron, y Grandier cometió la imprudencia de ponerse de lado de éstas. Irritado por este comportamiento, Laubardemont acudió a informar a Richelieu. El cardenal, enemistado con Grandier por un antiguo incidente, obtuvo del rey la autorización para reabrir el caso. A finales de 1633, Laubardemont volvió a Loudun y ordenó arrestar a Grandier.

Se decía que el contacto con el diablo dejaba marcas especiales en el cuerpo de los hechiceros, en forma de zonas totalmente insensibles al dolor. Juana de los Ángeles reveló que Grandier tenía varias de esas marcas: en la espalda, en las nalgas y en los testículos. Para comprobarlo, se llevó a un cirujano a la cárcel para que localizara esas señales en el párroco mediante un método brutal, clavándole un estilete hasta el mismo hueso en busca de esas supuestas zonas insensibles. Los alaridos de dolor de Grandier llegaban hasta la calle. Finalmente, en julio de 1634 se formó un tribunal compuesto por doce jueces y presidido por Laubardemont. Llevado a declarar, Grandier negó todas las acusaciones, pero tras sólo tres vistas el tribunal proclamó la sentencia: muerte en la hoguera.

El 18 de agosto de 1634 le pusieron una camisa impregnada de azufre y lo llevaron a la plaza del mercado de Loudun, abarrotada de público. Atado al poste, le prometieron estrangularlo primero si confesaba, pero volvió a negar todas las acusaciones. Fue quemado vivo.


Fuentes:
- Taringa. Las monjas poseídas de Loudun
- National Geographic. El diablo en el convento: las poseídas de Loudun
- Foro Amistad. Las poseídas de Loudun

3 de mayo de 2015

Las Vísperas Sicilianas

Las Vísperas Silicianas (Francesco Hayez, 1846)

Debido a su ubicación, la isla de Sicilia ha sido desde la Antigüedad la base perfecta desde donde extender los tentáculos comerciales por todo el Mediterráneo. Los normandos lograron conquistarla entre 1061 y 1091. En 1130, el terrritorio siciliano obtuvo la categoría de reino al ser coronado Roger II rey de Sicilia. Los normandos llevaron a cabo una política étnica y religiosa tolerante y supieron ganarse el favor de la población, mayoritariamente griega y musulmana. Esta situación iba a cambiar con la llegada de los Hohenstaufen al trono siciliano en 1194.

El linaje alemán llega a Sicilia con el matrimonio de Constanza, hija del rey Roger II, y Enrique, hijo del emperador Federico I Barbarroja. Con la llegada de los Hohenstaufen, la isla se sumerge en la eterna lucha entre Papado e Imperio. Enrique, rey autoritario, tarda muy poco en ganarse el desprecio de sus súbditos sicilianos. Tampoco le ayuda el hecho de rodearse de consejeros alemanes en el gobierno. Sin embargo su reinado es corto, ya que muere en 1197. Su sucesor, Federico II, es coronado rey de Sicilia al alcanzar la mayoría de edad, en 1208.

Federico II
El reinado de Federico II estuvo protagonizado por serias desavenencias con la Santa Sede. Contra él, el Papa poco podía hacer aparte de excomulgarlo, pero a su muerte en 1250 el pontífice Inocencio IV decidió librarse del dominio de los Hohenstaufen en Sicilia y quiso sentar en el trono a un vasallo y partidario suyo, el francés Carlos de Anjou, hermano de Luis IX de Francia. Carlos era ambicioso y pretendía iniciar desde Sicilia la conquista del Imperio Bizantino.

Pero las cosas no fueron tan fáciles porque, lógicamente, a la muerte de Federico II sus sucesores reclamaron la corona siciliana. Muerto también el hijo de Federico, Conrado IV, el trono fue ocupado por su hermanastro Manfredo, contra el cual Carlos de Anjou tuvo que enfrentarse para conquistar la isla. Carlos derrotó a Manfredo en la batalla de Benevento el 26 de febrero de 1266 y acabó con lo que quedaba de la resistencia germana, proclamándose rey de Sicilia.

Carlos de Anjou
Gracias a su actitud despótica y arrogante, Carlos de Anjou enseguida se ganó el odio de los sicilianos. Aplicó unos impuestos abusivos y obligó a la nobleza a presentarle documentos que acreditasen la propiedad de sus tierras. La mayoría no tenía documentos, ya que en esa época los negocios y pactos se hacían más de palabra que por escrito. A los que no tenían papeles les confiscó las tierras y se las quedó. Funcionarios, nobles y soldados franceses trataban a la población siciliana con desprecio, obligando a muchos notables de la isla a refugiarse en la corte de Jaime I de Aragón, convirtiendo a Barcelona en un poderoso centro político gibelino.

¿Qué pintaba el reino de Aragón en este asunto? Se da la circunstancia de que el hijo de Jaime I, el futuro Pedro III El Grande, había contraído matrimonio con Constanza de Hoenstaufen, nieta del emperador Federico II, lo que acreditaba que los sicilianos hicieran piña en torno a los derechos sucesorios de doña Constanza, representados por su esposo el infante don Pedro.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue el detonante de que sucedió aquel 30 de marzo de 1282, lunes de Pascua. Ante la iglesia del Santo Spiritu de Palermo, una multitud esperaba el toque vespertino para entrar en el templo. La tradición cuenta que apareció en la plaza un grupo de soldados franceses borrachos, cuyo sargento empezó a molestar a una joven siciliana. El marido de la joven, furioso, arrebató al francés su espada y lo ensartó con ella. El resto de franceses corrió a vengar a su compañero, pero los palermitanos eran mucho más numerosos, de forma que los rodearon, les arrebataron las armas y les dieron muerte, justo cuando las campanas de la iglesia empezaban a tocar a vísperas, de ahí que la revuelta fuese conocida como las Vísperas Sicilianas.

Pedro III El Grande
Otra versión, probablemente más fundamentada, dice que el levantamiento fue planeado por el emperador de Bizancio. En cualquier caso, una vez dada la primera cuchillada se produjo una verdadera explosión de ira popular, que se extendió luego a toda Sicilia. Al grito de "¡Muerte a los franceses!", los palermitanos masacraron a 2.000 de ellos en la ciudad, incluidos ancianos, mujeres y niños. Carlos de Anjou tuvo que huir de la isla y los rebeldes ofrecieron la corona a Pedro III de Aragón y su esposa Constanza.

Este es uno de los pocos casos en la Historia en que un rey extranjero accede al trono no por conquista ni por herencia, sino por llamamiento de la propia población. Claro que Carlos de Anjou no se iba a conformar, pero eso ya es otra historia.


Fuentes:
- El Confidencial. Las vísperas sicilianas y el asalto de Aragón al Mediterráneo: aquello fue el acabose
- Grupo Portal Historia. Las Vísperas Sicilianas
- Javier Vallejo Martínez. Las Vísperas Sicilianas

Para saber más:
Las Vísperas Silicianas: Una historia del mundo mediterráneo a finales del siglo XIII - Steven Runciman, Ed. Reino de Redonda, 2009

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