31 de julio de 2010

Castillo de Ampudia




El castillo de Ampudia se alza sobre una pequeña elevación en pleno corazón de la Tierra de Campos, en un extremo de la localidad de Ampudia, en la provincia de Palencia, adosado interiormente al antiguo recinto amurallado del que quedan vestigios en las proximidades al mismo.
Ampudia se encuentra 22 kilómetros de Palencia, y a 5 kilómetros de Torremormojón.

El castillo de Ampudia fue construido en el siglo XI sobre las ruinas de un lujoso alcázar, y fue amurallado a finales de ese mismo siglo.

En 1188 Alfonso VIII incluyó la villa en la dote de su hija Berenguela, perteneciendo durante el siglo XIII a las reinas doña Beatriz de Suavia y doña Violante. En 1296 se encuentra bajo el dominio del infante Don Juan, sublevado contra Fernando IV. Este ofrece la villa a la ciudad de Palencia, si consigue tomarla, cosa que no consigue, al permanecer en poder de Juan Nuñez de Lara, aliado del infante rebelde. En diciembre de 1297, tras un asedio de cuatro días y ante la inminente llegada de la reina doña María de Molina, madre del rey, Juan Nuñez escapa a Torrelobatón. Dos años más tarde entregaa la corona, a cambio de su libertad, la villa fortificada.

Pertenece posteriormente a María de Portugal, esposa de Alfonso XI, y en 1354 la villa fue conquistada por el rey Pedro I, quien la cedió a su favorito Juan Alfonso de Albuquerque. La muerte de Pedro I, en la guerra civil que le enfrenta con Enrique II, supone el paso de estas posesiones al infante Don Sancho, hermano del rey Enrique II.


A principios del siglo XV el obispo de Palencia, Sancho de Rojas, donaó la villa a su sobrino Pedro García de Herrera, quien, en 1419, consiguió de Juan II privilegio para instituir mayorazgo con la villa. Pedro García de Herrera se casó con María de Ayala, y a su muerte, en 1455, le sucedió su hijo García López de Ayala, que estaba casado con María Sarmiento. Entre 1461 y 1488, estos señores construyen la parte principal del actual castillo, colocando los escudos de Herrera, Ayala y Rojas, que decoran los frisos de las habitaciones principales. Les sucede en 1485 su hijo, Pedro Ayala y Rojas, conde de Salvatierra (Alava), quien toma el castillo por la fuerza a su madre.

En 1521, durante la guerra de las comunidades, el conde de Salvatierra tomó partido por el bando comunero, lo que hizo que el castillo fuera tomado por los realistas al mando de Don Francés de Beaumont. Posteriormente los comuneros, al mando de Padilla y el obispo Acuña, y tras cuatro días de asedio, consiguieron reconquistar la fortaleza, al obligar a los defensores a salir en busca de refugio al vecino castillo de Torremormojón.


Derrotadas las tropas comuneras, en 1522 el rey Carlos I confiscó el castillo, y pese a la promesa de no devolverlo a Don Pedro de Ayala ni a sus sucesores, ni de enajenarlo, en 1525 fue vendido al hijo del conde rebelde por veinte mil ducados.

En 1528 la fortaleza fue reformada para alojar en ella a los Delfines de Francia, prisioneros del emperador Don Carlos, tras la batalla de Pavía.

Al agotarse la línea primogénita de los Ayala, pasó en 1597 a poder de Francisco de Sandoval y Rojas, futuro duque de Lerma y valido de Felipe III, que colocó su escudo de armas en la puerta principal y convirtió la armería en la pieza principal del castillo.

Durante la guerra de la independencia los franceses, al mando del mariscal Bessieres, ocuparon la villa y el castillo. En 1834 se extrayeron piedras del castillo para construir el cementerio.


Su planta escuadrada, de 35 metros de lado. Fue reconstruido en la segunda mitad del siglo XV con buena piedra de sillería.

El lienzo correspondiente a la antigua muralla fue sustituido por un muro mucho más ancho y elevado para intentar compensar la cercana presencia de un padrastro desde donde podía ser batido con facilidad. Cuenta con almenas a ambos lados, y en sus extremos se levantan la torre del homenaje, de gran altura y tamaño, y la torre de "Malpique", desaparecida a principios del siglo pasado como consecuencia de un rayo.

Las otras dos esquinas están protegidas por sendas torres de planta cuadrada, en las que unas molduras marcan sus distintos niveles. Las ventanas tienen arcos geminados. Todo el recinto presenta almenas y cinco garitones similares a los existentes en los castillos de Portillo (Valladolid) y Villalonso (Zamora).

La torre del homenaje es mucho más sobria. La entrada a la misma se realiza a la altura de la primera planta, actualmente por medio de una escalera de caracol externa, aunque inicialmente se accedía a ella por medio de una pasarela. El piso bajo, usado como depósito o mazmorra, sólo era accesible desde el primer piso, desde el que una nueva escalera de caracol, en este caso empotrada en el muro, permite subir tanto a la segunda planta, cubierta con doble bóveda de crucería, como a la tercera, donde existen dos puertas que comunican con el adarve y están defendidas por medio de ladroneras situadas encima de las mismas. La cuarta planta también está cubierta con bóveda de crucería, y se llega a ella por medio de una escalera de madera, mientras que la que comunica con la azotea está construida intramuros.

En la fachada que da al pueblo se localiza la puerta principal del recinto interior. Está formada por grandes dovelas bajo el escudo del duque de Lerma y protegida por dos hermosas garitas. Había una segunda entrada, junto a la torre del homenaje y protegida por una tronera, formada por un estrecho pasillo con dos puertas, y que comunicaba con el exterior del recinto amurallado. Este acceso fue eliminado al construirse la escalera de caracol que permite subir a la torre.


El recinto interior tiene adosado un edificio con tres alas en torno a un patio porticado formado por arcos rebajados que se apoyan en columnas octogonales. Estas dependencias palaciegas cuentan con bellos artesonados de madera y las puertas y ventanas de los salones se han decorado con adornos góticos. En la planta baja se pueden apreciar las dependencias correspondientes a las caballerizas, la cocina, el cuerpo de guardia y almacenes.

Una barrera externa con cubos circulares rodea al castillo en los tres frentes internos a la villa, uniéndose a la muralla en los cubos de la misma. Está construida con sillarejo y preparada para el uso de artillería. A la puerta principal, en línea con la entrada al recinto interior y flanqueada por dos cubos artillados, se accedía por medio de un puente levadizo, ahora reconstruido. El conde de Salvatierra ordenó su construcción en 1538 para salvar el foso que rodeaba la barrera y del que aún quedan vestigios. Dos portillos en la barrera permitían, mediante escaleras interiores, el descenso al foso.

De la muralla que rodeaba la villa, sólo se conservan en pié algunos cubos de gran altura, correspondientes al siglo XIII. Esta cerca enlazaba con la fortaleza y con la iglesia de Santiago que perteneció al castillo.

Como curiosidad, indicar que a finales del siglo XIX las dos torres y el lienzo con los dos garitones situados en el frente principal del castillo tuvieron tejado por encima de las almenas.

El castillo fue abandonado después de la invasión francesa, y en 1960 lo adquirió Eugenio Fontaneda, quien lo restauró y convirtió sus salas en un interesante museo en el que se puede contemplar una de las más importantes colecciones privadas de arte antiguo de España, con muebles y decoración de la época.


Fuente: Wikimapia


28 de julio de 2010

Hallan construcciones prehispánicas en Gran Canaria

Un equipo de arqueólogos ha documentado construcciones prehispánicas que habían permanecido ocultas hasta el momento en el Lomo de los Gatos, situado en la desembocadura del Barranco de Mogán, al sur de Gran Canaria.

Los trabajos de documentación, excavación y acondicionamiento del yacimiento arqueológico de 'Lomo de Los Gatos', que cuentan con una partida de 390.000 euros sufragados por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria, están arrojando nuevos datos que ponen de manifiesto la importancia del lugar como fuente de investigación.

Además de resaltar la potencialidad del yacimiento para su conversión en un nuevo parque arqueológico que permitirá el disfrute social y turístico del enclave, según informa la corporación insular en un comunicado.

Los trabajos, además, sirven para "saldar una cuenta pendiente con el municipio de Mogán" que "por primera vez" ve cómo "se hace una inversión importante para recuperar y poner en valor uno de sus enclaves arqueológicos más importantes", un hecho que, según el director general de Patrimonio Histórico del Cabildo, Ernesto Martín, "servirá para enriquecer la oferta cultural de la localidad sureña".

Está previsto que la intervención en este importante yacimiento arqueológico esté culminada durante el segundo trimestre de 2011.

Para el responsable de la Unidad de Patrimonio de la Consejería que dirige Luz Caballero, el Lomo de los Gatos "presentaba unas condiciones adecuadas para una inversión como la efectuada".

Se trata de un Bien de Interés Cultural (máxima figura de protección que contempla la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias), se localiza en un suelo de titularidad pública --en este caso del Ayuntamiento de Mogán-- y estaba atestiguada su riqueza arqueológica gracias a los estudios parciales desarrollados en este lugar hace algunas décadas.

La puesta en uso de este sitio permitiría su imbricación con el espacio visitable de las Crucecitas, cuyo acondicionamiento constituye uno de los pocos ejemplos en Canarias de iniciativa privada para el uso público de los sitios arqueológicos, precisa la corporación insular.

Las actuaciones contratadas por el Cabildo de Gran Canaria, a cargo de la empresa Arqueocanarias, consisten en la limpieza del espacio de interés arqueológico y la eliminación de la vegetación intrusiva, intervenciones arqueológicas destinadas a la documentación histórica de los espacios domésticos, la restauración y consolidación de las estructuras visitables y el acondicionamientos para la visita del yacimiento (senderos, ajardinamientos, paneles informativos, direccionales, etc.).

En poco más de dos meses, los trabajos desarrollados en el yacimiento permiten tener ya una nueva visión de este conjunto arqueológico, en el que se ha registrado una complejidad organizativa del asentamiento que hasta ahora había pasado desapercibida.

Se han documentado construcciones prehispánicas que habían permanecido ocultas hasta el momento, superposiciones y reutilización de espacios. En suma, la visita a este yacimiento arqueológico no sólo permitirá conocer cómo se organizaba un espacio doméstico aborigen, si no, además, cómo fue cambiando en el tiempo y qué modificaciones sufrió a raíz del proceso de reutilización de este espacio tras la conquista.

Uno de los aspectos más interesantes es que las actuaciones desarrolladas hasta el momento por la empresa adjudicataria de la licitación han desvelado construcciones prehispánicas --parte de ellas con la habitual planta de cruz griega interior y oval al exterior-- que se encontraban "completamente enterradas".

Se brinda, así, la oportunidad de documentar unos espacios arqueológicos de los antiguos canarios que hasta el momento eran desconocidos y que quizás puedan aportar datos que enriquezcan sustancialmente las futuras visitas públicas al Lomo de Los Gatos.

Como otras actuaciones promovidas por el Cabildo de Gran Canaria está previsto que se desarrollen visitas públicas al Lomo de los Gatos en el curso de los trabajos que se están desarrollando en esta Zona Arqueológica.

Ello a fin de poder conocer de primera mano el trabajo arqueológico, los problemas a los que debe enfrentarse en un sitio como el señalado y los criterios de actuación.

Estas nuevas jornadas de 'abiertoxobras' están previstas para el mes de septiembre, cuando se darán a conocer por los canales habituales.


Fuente: Europa Press


27 de julio de 2010

La Comuna de París y disolución de la Internacional

A partir de 1868, la Internacional vivió con preocupación la creciente tensión política y militar entre Francia y Alemania e hizo un llamamiento al movimiento obrero para que mostrara la clara oposición a la guerra. Pero el conflicto estalló en julio de 1870. Francia fue derrotada en la batalla de Sedán y el ejército alemán llegó a las puertas de París, lo cual provocó el hundimiento del imperio de Napoleón III, que quedó prisionero de Bismarck. Se formó en 1871 un gobierno encabezado por Thiers, de carácter conservador, que preparó la capitulación ante los alemanes. Las clases populares de París no aceptaron ni al nuevo gobierno, ni sus intenciones de capitular, y se produjo una insurrección popular. El gobierno tuvo que abandonar la ciudad y refugiarse en Versalles.

En este contexto de vacío de poder, y para organizar la defensa frente a los alemanes, se realizaron unas elecciones que llevaron a la constitución de la Comuna de París: un gobierno popular que respondía al ideal de una república democrática y social. La Comuna organizó la resistencia de París y emprendió un conjunto de reformas que se convirtieron en el referente para el movimiento obrero y democrático: nacionalización de los bienes del clero, reforma de la justicia, sustitución del ejército por milicias populares, abolición de la policía, entrega de las empresas abandonadas a cooperativas obreras y un proyecto de enseñanza laica y gratuita.

En mayo, las tropas de Versalles y los prusianos consiguieron tomar París. El bombardeo sobre la ciudad sería el 1 de mayo y el 21 la ocuparon definitivamente tras una semana de lucha. La represión fue durísima, con miles de fusilamientos, detenciones y deportaciones. El obrerismo francés quedó desarticulado y tardaría años en recuperarse.

El enfrentamiento ideológico entre Bakunin y Marx estaba incubando una crisis en el AIT, que la guerra franco-prusiana y la derrota de la Comuna precipitaron de forma irreversible. La participación de los internacionalistas en la Comuna de París había sido minoritaria, pero la AIT, acusada de instigar la insurrección, fue ilegalizada en la mayoría de países y sus miembros resultaron perseguidos.


La ruptura entre los dos sectores se formalizó en el Congreso de la Haya (1872), cuando la mayoría (marxista) ratificó la decisión de proceder a la formación de partidos obreros nacionales como nueva forma de organización propia del proletariado. Los bakuninistas no aceptaron la resolución, fueron expulsados y formaron una nueva organización: la Internacional Antiautoritaria, que perduró hasta 1881. La AIT oficial, muy debilitada, se trasladó a Nueva York, donde languideció hasta 1876, año en que se disolvió. Se había consolidado la primera gran escisión en el movimiento obrero entre marxistas y anarquistas.

En definitiva, aunque el número de sus adheridos fue reducido, la AIT ejerció esencialmente una influencia moral, por su carácter de tribuna de discusión pública de ideas sobre la emancipación de los obreros y por la elaboración de un programa común para todos los trabajadores. Además puso las bases para la creación futura de los partidos socialdemócratas.


26 de julio de 2010

Galeno y los gladiadores

El más insigne de los médicos romanos fue Claudio Galeno, considerado el padre de la patología moderna. Nacido en el año 130 en Pérgamo, en el litoral de Asia Menor, pasó 24 años de su vida adulta en Roma, donde llegó a desempeñar el cargo de médico de la corte de Marco Aurelio. No tenía hermanos ni hermanas, nunca se casó, no dejó discípulos y no se le conocen amigos íntimos. No tuvo más que un ídolo: Hipócrates. Se habían acumulado ya quinientos años de polvo sobre el Corpus Hippocraticum cuando Galeno lo resucitó, lo adoptó como si Hipócrates fuera su nuevo Mesías (que seguramente lo fue) y escribió tanto acerca de dicha obra que actualmente nos es de gran ayuda. De hecho, sus comentarios sobre los libros hipocráticos suelen ser más extensos que los propios libros.
No obstante, aunque su medicina fue esencialmente hipocrática, Galeno pertenece a la escuela de Alejandría. Pese a sus defectos, su horizonte científico va más allá de Hipócrates al menos en un aspecto: experimentó y diseccionó.

Pérgamo era una ciudad griega donde no había gladiadores, pero cuando los romanos llegaron no supieron vivir sin su diversión favorita. Sin embargo, la primera reacción de los griegos fue de horror y algunas ciudades griegas llegaron a prohibir todos los juegos de gladiadores. Los romanos solventaron en problema mediante una técnica de inmunización: organizaron luchas, pero al principio éstas cesaban en cuanto la sangre hacía su aparición. Gradualmente, el público fue acostumbrándose a ella y terminó esperando que se produjera su derramamiento. Cuando Galeno tenía 28 años, en Pérgamo se organizaban numerosos juegos de gladiadores y hacía falta un cirujano. Esto es lo que Galeno escribió de su empleo:
De regreso a mi tierra natal desde Alejandría, siendo tan sólo un joven de 28 años, tuve la suerte de desarrollar un acertado vendaje para nervios y tendones dañados. Lo enseñé a mis amigos médicos, no sólo de Pérgamo sino también de las ciudades vecinas, de manera que sus experiencias pudieran confirmar mis descubrimientos. Habiendo llegado dicho tratamiento, ahora ya sé cómo, a oídos del pontífice de nuestra ciudad, éste me confió el cuidado de los gladiadores pese a ser joven, pues iba a cumplir mis 29 años.
Puesto que en años anteriores habían muerto muchos [y] ninguno de los tratados por mí murió, el pontífice sucesor me contrató también.
El "acertado vendaje" de Galeno se parece más a una salsa. Pudo tratarse de una mejora de una práctica local, pero lo que es seguro es que no estaba basado en la medicina hipocrática:
Mientras que los anteriores médicos de los gladiadores bañaban la herida en agua caliente y le aplicaban un vendaje de harina de trigo calentada moderadamente en una mezcla de aceite y agua, yo prescindí por completo del agua e hice el vendaje con harina y ajos majados en aceite, y luego eché encima un poco más de aceite. El resultado fue excelente, ya que ninguno de mis casos murió, pese a que anteriormente había habido numerosas muertes.
También empleó vino, el mejor amigo de los griegos heridos:
Como ya he explicado previamente, hay que mantener la herida siempre húmeda, porque si el vendaje se seca, la úlcera se inflama. Esto ocurre especialmente en verano, época en que los pontífices de Pérgamo organizaban los juegos de gladiadores. Curé los casos más graves cubriendo sus heridas con un paño empapado en vino de ajo astringente, manteniéndolo húmedo noche y día a base de colocar una esponja encima.
Mientras que el iatrós griego no se había atrevido a utilizar demasiado ajo por miedo a destruir el pus "puro", el aprendizaje patológico de Galeno lo convenció de que no había ningún pus "bueno" ya que, en realidad, todo era malo. Por tanto, en su práctica médica empleó extensamente el ajo y otros antibióticos similares. Lo utilizó preferentemente en forma de ungüento líquido o de vinagre de vino.


Fuente:
El ajo y sus propiedades curativas: historia, remedios y recetas - John Heinerman


25 de julio de 2010

Los primeros pasos de la ópera




Aunque el proceso sería muy largo, de hecho la ópera, como espectáculo profano de la nobleza, se fue gestando a lo largo del Reacimiento, y su aparición, en el fondo, no fue sino consecuencia del nuevo enfoque que se daba a la música de entretenimiento cortesano, apartado de toda pleitesía del mundo de la religión que había estado obsesivamente presente en los siglos medievales.

El hombre nuevo del Renacimiento gustaba de los juegos y entretenimientos totalmente profanos. Éstos, al principio, tenían formas musicales procedentes del mundo de la música eclesiástica: la polifonía, la costumbre tan fuertemente arraigada de cantar a varias voces, para obtener un efecto armónico de conjunto en el que la melodía tenía una presencia más bien escasa y ocasional. Lo que se valoraba en la música de estos tiempos era el efecto auditivo creado por la superposición de las distintas melodías integradas en el conjunto, y aunque en el siglo XVI ya empiezan a percibirse corrientes de valoración especial del efecto melódico, tardaría todavía mucho tiempo en lograrse su independización y la eliminación de la música de carácter polifónico.

En las cortes italianas del Renacimiento, era frecuente celebrar fiestas que incluían la danza y el canto, y con éste se pretendía narrar alguna historia de tema mitológico o pastoril, siempre con un contenido amoroso que le diese una mayor consistencia. En los primeros tiempos de esa nueva civilización renacentista italiana, los espectáculos más apreciados eran los trionfi, es decir, las fiestas que organizaban en torno a un personaje importante de la milicia o de la nobleza cuando realizaba su entrada en alguna ciudad. Estas fiestas, que tenían un destacado componente escenográfico (arquitectura efímera, sólo destinada a la fiesta) dieron paso más tarde a las celebraciones cortesanas de aniversarios, onomásticas y otras ocasiones festivas, en las que confrecuencia se intercalaban representaciones de obras sacadas de la literatura clásica grecolatina, siempre con música, y calificadas a veces de intermedii. El carácter mixto de esas representaciones, especialmente numerosas en las pequeñas cortes italianas de este período, las mantiene alejadas todavía de lo que después sería el espectáculo de la ópera.

En el siglo XVI, por otra parte, la forma musical cortesana por excelencia era el madrigal, pieza poética cantada -usualmente a cuatro o cinco voces- por los propios cortesanos, que unían sus voces de modo colectivo para causar un bello efecto de conjunto. No era el menor de sus atractivos el ser una recitación de un texto poético de valor literario reconocido.
El carácter crecientemente descriptivo del madrigal fue sugiriendo a los distintos compositores que lo trataron la posibilidad de teatralizar los sentimientos y las ideas de esos textos, con frecuencia concebidos en la forma de un diálogo amoroso o satírico, y esto contribuyó a reforzar la tendencia que se hizo notar, hacia fines del siglo XVI, de componer piezas narrativas madrigalescas que acabaron adquiriendo una forma teatral cada vez más clara. Aparecieron así, en los últimos decenios del mencionado siglo, una serie de obras denominadas "comedias armónicas" en las que una serie de madrigales y episodios narrativos a varias voces explicaban una acción treatral que podía desarrollarse a la vista de unos espectadores, apoyándose sobre todo en la tradicional forma teatral de la antigua commedia dell'arte, muy viva en la Italia renacentista.

Pero era evidente que la polifonía no era un tipo de música adecuada para el teatro, porque su misma estructura no permitía una verdadera acción dramática, y era por tanto un obstáculo al desarrollo de un teatro musical.


23 de julio de 2010

El secreto de los grimorios medievales

La época medieval nos ha legado un buen número de manuscritos y de Grimorios, de fórmulas llenas de extrañas prácticas y de recetas que son tan fantásticas las unas como las otras; pero también, y sobre todo, de un saber esotérico secular, que ha sido transmitido por ocultistas y magos.
Con el paso del tiempo estos grimorios han ido ganando popularidad entre todos los practicantes, ocultistas, magos y hechiceros, en función de los prometedores resultados que aseguran a quienes sepan emplear los rituales de forma correcta.

A la cabeza de todos estos manuscritos se encuentran los fabulosos Albertos, atribuidos a un monje dominico; el Gran Alberto y el Pequeño Alberto, el Dragón Rojo, también conocido con el nombre de Gran Grimorio, el mítico Dragón Negro, el Grimorio del Papa Honorio, el Enchiridión del Papa León III, las Clavículas de Salomón y tantos otros, sin olvidarnos de mencionar la larga contribución de prácticas celtas y druídicas.

La magia medieval constituye, a su manera, la ciencia del bien y del mal; es un medio esotérico de manipular y de controlar estas fuerzas opuestas. En pasadas épocas -y debido fundamentalmente al enorme poder de la Iglesia-, el mundo se hallaba dividido en dos partes bien distintas: el cielo y el infierno; los buenos que estaban al servicio de Dios, y los malos que se hallaban bajo el poder del Príncipe de las Tinieblas. Esta cosmogonía no podía ser más dualista, y los ángeles, diametralmente opuestos a los demonios, combatían sin descanso los propósitos de Lucifer.

Si se tiene en cuenta esta forma de pensar, se comprende la razón de que los abundantes grimorios medievales estén colmados de innumerales rituales de evocación, con objeto de llamar y apremiar al Príncipe de las Tinieblas y a sus huestes, para exigir de tales seres las riquezas materiales y todos los tesoros de este mundo, en nombre del Dios todopoderoso. Los ocultistas ya conocían en aquellos tiempos el secreto que, mediante la personalización de la Fuente Eterna de Luz y de Amor, podía someter a los espíritus rebeldes más irreductibles.
A la luz de esto y tomando un poco de perspectiva al acercarnos a las prácticas que estaban en curso en aquellas épocas, se comprende que a toda persona de la que se sospechase que estuviera vinculada a la brujería y que, por tanto, tuviera comercio con el diablo, se la quemase viva. Pero lo que todavía nos sorprende más, puesto que es algo que se ignora, es que la mayoría de esos manuscritos ocultos eran obra de sacerdotes, de monjes y hombres de la Iglesia. Sin embargo, el catolicismo de la época medieval -siempre preocupado por mantener su influencia y poder sobre el pueblo- enseñaba que todo aquello que estuviera fuera de las normas establecidas no podía ser más que la obra del diablo.

Sea como fuere, en la gran mayoría de los casos nunca se trataba de auténticos brujos, sino de simples personas que vivían en soledad, alejadas de la sociedad y que muy frecuentemente poseían grandes conocimientos. A estos pseudobrujos hoy se les da el nombre de herboristas, astrólogos, etc.


Fuente:
La magia medieval


Arqueólogos británicos hallan un nuevo Stonehenge

Científicos de la Universidad de Birmingham y del Instituto de Prospección arqueológica austríaco Ludwig Boltzmann han encontrado esta semana y a tan sólo 900 metros del complejo neolítico de Stonehenge a su 'hermano mellizo' de madera, un monumento conformado por 24 obeliscos que, a juicio de los expertos, supone el descubrimiento "más interesante" de los últimos 50 años.

Este hallazgo ha sido liderado por el profesor de la universidad británica, Vince Gaffney, durante el proyecto internacional para estudiar los alrededores del complejo ceremonial neolítico, que ha descubierto una serie de hoyos profundos, conformando una línea circular, que en su día pudieron contener grandes palos u obeliscos de madera de hace más de 4.200 años, la misma edad que el famoso Stonehenge.

"Es sorprendente y cambiará completamente el modo en el que conocemos al complejo de Stonehenge, porque siempre se ha pensado que era el único monumento ceremonial en la zona y no está solo", ha subrayado el experto, al tiempo que ha destacado que ambos complejos estarían alineados.

Según detalla el estudio de la Universidad de Birmingham, las imágenes en tres dimensiones del proyecto revelan que los pilares, cada uno de hasta ocho metros de altura y 75 centímetros de diámetro, estaban rodeados por un foso.


Fuente:
Europa Press


22 de julio de 2010

La Gran Esposa Real

Ya fuera, según señalaba la ley, una princesa real, ya una simple noble que asociada a la creación de una nueva dinastía, se enfrentaba a unas circunstancias históricas concretas o incluso la elegida de un príncipe que la escogió entre todas, aquella que se convertía en Gran Esposa Real al lado del faraón parece haber representado un importante papel en el trono de Egipto y siempre fue asociada al origen divino de su esposo.

Los herederos de la corona debían ser hijos de la Gran Esposa Real; en el caso de no ser más que hijos del faraón y de una esposa secundaria, era necesario, para reforzar su "potencial sobrenatural", que se casaran con su hermanastra, hija de la verdadera pareja real. Si ocurría de otra manera era necesario recurrir a otros subterfugios clásicos a los que los sacerdotes se prestaban con entusiasmo, como por ejemplo que el príncipe heredero fuera reconocido y autentificado por el oráculo de un dios durante una procesión en el templo de Amón (como sucedió con Tutmosis III).

Las hijas reales representaban un papel muy importante. Por ejemplo, una de las hijas de Keops, Heteferes II, se casó con Djedefre legitimando así el acceso al trono de un príncipe segundón. Y la sobrina y nuera de Keops, Meresankh III, se convirtió en la Gran Esposa Real de Kefrén. Las hijas reales secundarias podían casarse con altos funcionarios.
La principal misión de las Grandes Esposas Reales era la de consejeras del rey, lo que les permitía adquirir una gran experiencia política; imprescindible en el caso de que, como reina madre, tuvieran que convertirse eventualmente en regentes o tutoras.

Es evidente que las primeras Grandes Damas Reales tuvieron un papel básico cuyo ejemplo, condicionado por las circunstancias y la naturaleza de la propia persona, tuvo seguidoras. El caso más brillante y excepcional es el de la reina Hatshepsut, de la que las más recientes investigaciones parecen haber demostrado que no era hija de un heredero de sangre por completo regia. No obstante lo cual, llegó a sentarse sobre el "Trono de Horus".


Fuente:
La mujer en tiempos de los faraones - Christiane Desroches


21 de julio de 2010

El castillo de Butrón

El castillo de Butrón se alza sobre un monte de poca altura que se encuentra en medio de un compacto bosque de robles en el término municipal de Gatika, a 20 kilómetros de Bilbao. Los orígenes del edificio se remontan a la Edad Media, si bien su aspecto actual responde a una remodelación muy profunda, efectuada en el siglo XIX por el marqués de Cubas. En el siglo XIV la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable. Sobre sus muros flotó siempre el temido pendón de los Butrones, cabezas del bando Oñacino, los caudillos más famosos de la comarca y los más fuertes y pendencieros banderizos del país. Su evolución viene seguida de toda una serie de leyendas que, unidas a la realidad, tienen como protagonistas las luchas entre dos familias de nobles, los Gamboinos, que eran los dueños del castillo, y los Oñacinos. La pelea se saldó con varios muertos. Con los Reyes Católicos, estas construcciones se convirtieron en las residencias habituales de los nobles. En el siglo XIX su primitiva forma medieval fue alterada. El Marqués de Torrecilla, don Narciso de Salabert y Pinedo, último propietario de las ruinas de Butrón, con las rentas que le producían los caseríos que poseía en Bizkaia, mandó reconstruir el castillo con un estilo exótico, similar a los que en Baviera levantó el romántico rey Luis de Baviera. El castillo fue planeado por el Marqués de Cubas, inspirado en formas góticas, nórdicas y fantásticas, inventándose almenas, cubos y ventanas. El maestro de obras fue don Nicomedes de Eguiluz y de la decoración escultórica se encargó Adolfo de Areizaga. La lenta reconstrucción, limitada a los requeridos ingresos de las rentas, comenzó en el siglo XIX y terminó a principios del siglo XX, en tiempos de don Andrés Avelino de Salabert y Arteaga, Marqués de Torrecilla. Después de éste, el castillo pasó a los Duques de Medinaceli y luego a la Duquesa de Cardona. El castillo de Butrón constituye uno de los edificios-fortalezas más destacados de Vizcaya. La impresionante visión de este edificio elevándose hacia el cielo le otorga un aspecto impactante. Toda la obra es de grandísima solidez como así lo demuestran sus muros de 13 pies de espesor. Destacan dos cubos circulares de gran grosor y con multitud de vanos. La torre del Homenaje, los chapiteles y los garitones aportan al edificio un matiz decorativo. La torre del homenaje data del siglo XIX, y se eleva por encima de todo el edificio. Con la reconstrucción realizada en el siglo XIX, el castillo se convirtió en un apiñado conglomerado de cubos y torrecillas que se alza en medio de un frondoso parque. De las antiguas ruinas sólo se conservó la planta baja de uno de los torreones. El castillo es una preciosa construcción realizada en piedra labrada y trabajada. Gracias al color de su piedra, se aprecia de forma clara la parte más antigua. El esfuerzo artístico se manifiesta en sus detalles decorativos que dotan al conjunto de una enorme belleza Fuente consultada: http://www.castillosnet.org

20 de julio de 2010

El ajo y la dieta de las legiones romanas

Entre los siglos IV y III a.C., multitud de paganos invadieron y ocuparon gran parte de la Europa situada al norte de los Alpes. Eran los llamados celtas y controlaron una extensa zona que se extendía desde Irlanda y España en el oeste hasta ciertos países de la Europa oriental. Pero a finales del siglo III a.C., la fortuna de los celtas comenzó a declinar ininterrumpidamente debido a las acciones militares iniciadas por los romanos.

Los historiadores de esta época y de períodos posteriores hablaron de las grandes victorias conseguidas por las legiones romanas en diferentes batallas. A mediados del siglo I a.C., los romanos dirigieron su atención a la Galia, que fue sojuzgada finalmente por Julio César en el año 50 a.C.; el resto de la Europa Céltica lo fue por los emperadores Augusto y Tiberio. El año 84 d.C., los ejércitos del gobernador romano Agrícola llegaron al norte de Escocia, marcando el fin de la primacía del mundo céltico. Sólo Irlanda se libró de la presencia de Roma.

Para proporcionar a su cansada infantería la resistencia necesaria para cubrir distancias increíbles sobre un terreno áspero y desfavorable en las peores condiciones climáticas imaginables, los generales romanos sólo disponían de un limitado surtido de alimentos. Debían ser alimentos fáciles de transportar y de preparar, y que al tiempo satisficieran los requerimientos energéticos de unas tropas exhaustas de las que se esperaba que anducieran miles de kilómetros y lucharan fieramente en encarnizadas batallas.
Al ahondar en los escritos científicos y médicos de aquella época de gente como Plinio el Viejo, Cornelio Celso y Claudio Galeno, se comprueba que el ajo era utilizado frecuentemente junto con otros muchos productos alimenticios.


Por lo general, las raciones del ejército romano eran de tres tipos: alimentos sólidos, sopas o gachas y brebajes nutritivos. Cuando capturaban y mataban animales salvajes, debían guisarlos sobre la marcha con zumo de granadas maduras, pistachos molidos y salados y ajo picado. Este tipo de comida se preparaba cuando habían tenido tiempo para detenerse, descansar y cazar algo.
Pero casi siempre, sobre todo cuando los oficiales mandaban avanzar a su tropa, la ración consistía en sopas o gachas. Los tres tipos de gachas preferidos eran: 1) mijo hervido con vino blanco; 2) cebada hervida diluida en vino blanco; y 3) cebada hervida, miel, granada y ajo. Al parecer, estas últimas gachas, además de utilizarse como alimento se suministraban con fines medicinales, probablemente para mantener las tripas de los soldados libres de parásitos intestinales, ya que cruzaban tierras extrañas y bebían agua insalubre.

Parece también que, en ocasiones algunas de estas legiones consumían legumbres como lentejas y garbanzos, sobre todo cuando permanecían largo tiempo en determinado lugar. Aquí, para dar cierto sabor a las legumbres, intervenían de nuevo el ajo, las cebollas, los puerros y la sal. Sin embargo, es indudable que fueron las diversas pócimas nutritivas las que proporcionaron a los militares romanos la inmensa energía de que hicieron gala y que los ayudó a soportar condiciones extremas. Uno de estos brebajes estaba formado simplemente por miel y zumo de uvas blancas fermentado. Es el mismo vinagre que según la tradición cristiana el soldado romano ofreció al Crucificado en el Calvario.

Otras dos pócimas contenían ajo ligeramente envejecido. Antes de echarlas en las cantimploras de cuero que los soldados llevaban en las expediciones, sus ingredientes, incluido el ajo majado, se dejaban fermentar en botellas de unos dos litros. Al parecer, este proceso de envejecimiento mantenía intactas la actividad enzimática y algunas sustancias del grupo del complejo vitamínico B.
La primera de ellas estaba compuesta de cebada cocida, ajo molido y vino blanco. La otra incluía también cebada, y el caldo de hervirla ajo picado, granada madura majada y miel oscura.


Fuente:
El ajo y sus propiedades curativas: historia, remedios y recetas - John Heinerman


19 de julio de 2010

El cristianismo celta

Durante siglos, el cristianismo celta fue un brazo de la religión cristiana desligado prácticamente del control de Roma; aún así se extendió durante los peores años de la llamada Edad Oscura medieval casi por toda Europa, desde las islas Feroe hasta Italia y desde Francia hasta Ucrania, gracias a que monjes y monjas irlandeses recorrieron las tierras fundando monasterios e iglesias e impartiendo el mensaje del conocimiento y del amor justo en la época que más se precisaba.
Las primeras pequeñas comunidades monásticas irlandesas funcionaron intentando imitar a los eremitas egipcios, que se retiraban al desierto para no tener ningún tipo de distracción. Pero, como en Irlanda no hay desiertos, lo hicieron en el interior de los espesos bosques o en islotes, donde monjes y monjas se dedicaban a la oración y a la copia de libros, dedicando algún tiempo en atender a los fieles que se acercaban buscando una ayuda espiritual o física, ya que muchos de ellos eran sanadores.
Su estructura inicial, que tenía más similitudes con los colegios druídicos que con los monasterios europeos, permitió que los monjes y monjas irlandeses gozaran de una libertad muy superior a la que tuvieron sus coetáneos continentales. Puede decirse que cada uno se arreglaba su propio horario de estudio, trabajo y oración, uniéndose todos una vez al día para algún servicio religioso conjunto, en los que no solía faltar el recitado de los Salmos, que gozaban de un fervor especial. ¿Encontraban quizás en ellos las resonancias bárdicas o druídicas? Seguramente sí, ya que uno de los personajes bíblicos más populares era el rey David, poeta y tocador del arpa, tal como quedó reflejado en la iconografía de las "grandes cruces" o en los vitrales de Irlanda.

La decadencia comenzó con el sínodo de Withby, en la Inglaterra del año 664, donde se discutió entre la necesidad de obedecer absolutamente los dictámenes de Roma o de mantener la autonomía de los cristianos celtas, saliendo vencedores los primeros. Ese fue el final de la espiritualidad celta en Inglaterra a favor de las estructuras y rituales de la Iglesia de Roma.
A pesar de todo esto, la iglesia irlandesa se mantuvo independiente de Roma hasta el siglo XII. El fin les vino de las manos de los vikingos, por un lado, que destruyeron escuelas y monasterios, y, por otro, de los normandos franco-ingleses, curiosamente también relacionados con los vikingos. Tras conquistar Inglaterra, los normandos invadieron Irlanda siguiendo órdenes (Bula Laudabiliter) del papa Adriano IV (nacido en la Inglaterra definitivamente entregada a Roma), e impusieron el catolicismo a través de religiosos que llevaron del continente, obedientes en todo a las directrices romanas.

San Patricio fue el pionero. Su auténtico nombre era Succatus Patricius y nació en el oeste de la Britania romanizada y cristianizada, en el seno de una familia de religiosos y funcionarios. Según su propia biografía, Confessio, tras ser capturado por piratas a los 16 años, fue vendido como esclavo en Irlanda. Allí pasó seis años hambriento y casi desnudo, cuidando ganado entre el frío y la humedad. Su buena constitución le ayudó a sobrevivir durante aquellos años de aislamiento que le convirtieron en un hombre santo, un visionario que recibía la llamada de Dios. Su "voz" le indujo a huir; caminó bastantes kilómetros hasta llegar a una costa (se piensa que fue el actual Wexford), donde encontró un barco mercante cargado de perros irlandeses, muy apreciados en otros lugares como buenos cazadores. Al otro lado del mar, la libertad.

Ni en su más disparatada imaginación hubiera contemplado Succatus la posibilidad de regresar a aquella isla donde tanto sufrió, pero la voz de Dios fue insistente al respecto. Así, 27 años después, tras haber sido ordenado obispo, ponía sus pies de nuevo en Irlanda, pero esta vez como hombre libre y dispuesto a cambiar el país de arriba a abajo.

Allí usó el nombre de Patricio, aunque los irlandeses lo adaptaron a la forma gaélica de Padrig, y estableció su primera residencia en un granero de Ard Macha, en el Ulster.
Se dice que Patricio fue el primer hombre libre en hablar abiertamente contra la esclavitud adelantándose al menos un milenio a las ideas abolicionistas y, como poco, se en frentó a lo que entonces ocurría en Roma con el visto bueno del papa.

El caso es que consiguió convertir a los siempre díscolos irlandeses y, lo que tal vez tenga más mérito, a los druidas, que hasta entonces habían detentado el control de la vida espiritual. Aunque no por eso el druidismo se perdió completamente ya que, de igual modo que la cruz cristiana se unió al anillo solar creando el icono que desde entonces representa al cristianismo celta, los druidas hicieron algo parecido, uniendo las dos formas de entender el mundo, la vida, el hombre y la naturaleza.


Fuente:
Breve historia de los celtas - Manuel Velasco


18 de julio de 2010

Encuentran en Guatemala la tumba de un rey maya

Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Guatemala la tumba de un rey maya repleta de esculturas muy bien conservadas, cerámica y huesos de niños, lo que arroja un nuevo rayo de luz sobre esa desaparecida civilización.

Los investigadores descubrieron en mayo la cámara mortuoria --que data de entre los años 300 y 600 d.C.-- bajo la pirámide "El Diablo" en la ciudad de El Zotz, en la región selvática de Petén, pero el hallazgo se hizo público este jueves.

La tumba sellada, de unos 3 por 1,2 metros, y 1,5 metros de profundidad, ayudó a preservar textiles, esculturas de madera y coloridas vasijas, informaron los investigadores. "Es como (...) su depositario de riqueza con textiles y artículos comerciales, y eso es lo sorprendente del asunto", explicó Stephen Houston, quien encabeza los trabajos de excavación en El Zotz y trabaja para la Universidad de Brown, en Estados Unidos.

Guatemala está salpicada con pirámides y ruinas de la ancestral civilización maya, que alcanzó su momento cúspide entre los años 250 y 900 d.C. abarcando un territorio que se extendía desde México hasta lo que actualmente es Honduras.

Según los arqueólogos, la excavación en El Zotz --que significa murciélago en varios dialectos mayas-- arroja datos frescos sobre los rituales funerarios de esa civilización.

Durante los funerales de los reyes mayas, frecuentemente se sacrificaba a adolescentes, pero en este inusual descubrimiento en El Zotz los arqueólogos encontraron huesos que pertenecían a niños pequeños, incluso de apenas un año de edad.

La tumba también mostró evidencias de que el rey fue sepultado en un traje tradicional de danzante, adornado con conchas marinas y jade.

El Zotz está ubicado cerca de las ruinas de Tikal, un popular destino turístico. Según los historiadores, El Zotz a menudo se veía atrapado en medio de batallas entre Tikal y Calakmul, que se ubica al norte, ya en territorio de México.

Al igual que muchos sitios arqueológicos en las regiones selváticas de Petén, El Zotz está expuesto a saqueadores, cazadores furtivos y taladores ilegales, además de narcotraficantes que llevan cocaína hacia Estados Unidos.


Fuente:
Europa Press


16 de julio de 2010

La guerra del Peloponeso

La guerra del Peloponeso constituye seguramente el conflicto bélico más importante que se libró dentro del mundo griego, tanto por sus dimensiones, ya que implicó a la mayor parte del mundo griego en uno u otro bando, como por la violencia exhibida por ambos contendientes que alcanzó en muchos momentos cotas difícilmente superables. El conflicto se extendió a lo largo de casi 30 años, del 431 al 404 a.C., si bien hubo un tratado de paz tras los primeros diez años de guerra que no fue respetado en sus términos y abocó de nuevo a la reanudación completa de las hostilidades y al desastre final de Atenas, que hubo de capitular frente a sus enemigos.

La verdadera causa de la guerra, en opinión del historiador Tucídides, fue el temor suscitado entre los espartanos y sus aliados por el crecimiento imparable del imperio ateniense dentro del mundo griego. Atenas había empezado a extender sus miras hacia Occidente, estableciendo alianzas con diferentes ciudades. La escalada ateniense no podía quedar sin respuesta si Esparta deseaba continuar ejerciendo su papel hegemónico dentro de la Liga del Peloponeso, cuyo cimiento principal era precisamente la oposición a Atenas.

La responsabilidad ateniense parece también fuera de toda duda. A pesar de los enfrentamientos de carácter local que estaban teniendo lugar entre los miembros de ambos bandos en los últimos años de la década de los treinta y de que la guerra se había decretado casi por ambas partes, hubo una serie de negociaciones que demoraron todavía por un tiempo el estallido de las hostilidades generales.
El hecho de que el propio Pericles, partidario convencido del carácter ineluctable de la guerra, invite a los atenienses a no ceder ante las demandas espartanas con el argumento de que en ese caso éstas serían cada vez más exigentes parece indicar efectivamente que aquéllas fueron en algún momento razonables y podían haber sido aceptadas. Sin embargo, no eran estas las pretensiones de Pericles, que deseaba presentar a los espartanos como agresores y proseguir el conflicto hasta sus últimas consecuencias, seguro como estaba de la potencia de Atenas, que contaba con la fuerza de su poderosa flota y con el imponente sistema defensivo que unía a la ciudad con el puerto del Pireo conviertiendo todo el conjunto en una verdadera isla a salvo de los ataques del exterior.


Durante casi 30 años el mundo griego se dividió en dos campos irreconciliables. Del lado ateniense estaban casi todas las islas del Egeo y las ciudades jonias de Asia Menor. En el bando espartano militaban casi todo el Peloponeso y una buena parte de Beocia y del mundo griego de Occidente. Atenas, gobernada por una democracia de tipo radical, controlaba un verdadero imperio marítimo. Esparta se hallaba a la cabeza de una liga de estados que se hallaban sometidos a graves presiones internas a causa de los componentes étnicos heterogéneos que componían su población. Sin embargo, contaba con un excelente ejército de infantería que le daba la completa superioridad por tierra. La propia naturaleza militar del Estado espartano, convertido desde hacía ya tiempo en un auténtico campamento, había producido una generación de excelentes y disciplinados soldados que resultaban muy difíciles de batir en campo abierto.

La táctica de Pericles frente a la guerra fue la conservación a toda costa de su hegemonía marítima. Consciente de la superioridad espartana por tierra, hizo que la mayor parte de la población del Ática se concentrara tras las murallas de Atenas, que tenía asegurado el abastecimiento gracias a los largos muros que la unían con el Pireo.
El gran acontecimiento de los primeros años de guerra fue la propagación de una epidemia de peste en la ciudad de Atenas, que diezmó considerablemente su población y minó la moral de sus habitantes. El hacinamiento producido por la avalancha de gentes procedentes de todos los puntos del Ática fue uno de los factores que facilitaron la propagación de la epidemia. El propio Pericles fue una de sus muchas víctimas.

A los males causados por la peste se vinieron a sumar otros reveses en el terreno militar. Platea, una de las ciudades aliadas de Atenas, sucumbió ante Tebas sin que los atenienses pudiesen acudir en su ayuda y se produjo una nueva rebelión entre los aliados en la ciudad de Mitilene, en la isla de Lesbos. Atenas llevó a cabo una feroz represión y se puso así de manifiesto la naturaleza claramente imperialista de su dominio sobre sus aliados. Esparta, por otro lado, estableció una colonia al sur de Tesalia.


Esparta reforzó considerablemente sus posiciones con la ayuda financiera del rey persa Ciro. Pudo reconstruir de esta forma la flota, que bajo el mando de Lisandro consiguió la victoria decisiva en Egospótamos, en el 405. El imperio marítimo ateniense se hundió así de forma definitiva y la derrota final era ya sólo cuestión de tiempo. Esparta obligó a Atenas a demoler sus fortificaciones, especialmente los largos muros, y a renunciar a todas sus posesiones más allá del Ática. Con la entrega de su flota y su alianza forzada con Esparta, Atenas concluía un periodo de esplendor, que se había iniciado a finales de la época arcaica.


Fuente:
Historia de Grecia Antigua - Francisco Javier Gómez Espelosín


15 de julio de 2010

La Primera Internacional

A partir de 1850, el número de trabajadores, de organizaciones obreras y de pensadores socialistas era ya suficientemente importante. La conciencia de ser miembros de una misma clase, por encima de estados y fronteras, les llevaría a la constitución de Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional.

La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) fue creada en Londres (1864) por delegados de asociaciones obreras inglesas y francesas, y emigrantes políticos italianos y alemanes. Posteriormente, incorporó sociedades obreras de distintos países y personalidades involucradas en la lucha social. Se organizó en secciones nacionales y tenía un Consejo General dirigido por Marx, que redactó los estatutos y el manifiesto inaugural donde se establecían sus principios básicos: la emancipación de la clase obrera debía ser obra de los trabajadores mismos, que conquistarían el poder político para acabar con la sociedad burguesa e implantar el socialismo.

Los primeros congresos de la AIT se celebraron en Ginebra (1866) y Bruselas (1868). Se adoptaron acuerdos para impulsar las movilizaciones obreras en cada país y se definieron unas medidas que influyeron en las reivindicaciones obreras: reducción de la jornada laboral, supresión del trabajo infantil, mejoras de las condiciones laborales de la mujer, desaparición del ejército permanente, socialización de los medios de producción, y el recurso a la huelga como el medio más eficaz para conseguir estos objetivos.

Estos acuerdos no impedían la existencia de discrepancias internas que llevaron al enfrentamiento abierto, desde 1869, entre Marx y Bakunin. Marx controlaba la AIT a través del Consejo General y gran parte de los acuerdos de la AIT reflejaban sus posiciones. Frente a él, Bakunin defendía la abolición del Estado y no su conquista, y se mostraba hostil a cualquier autoridad política. Acusaba a Marx de dictatorial y propugnaba la autonomía de las secciones y la pérdida de poder del Consejo General. Las delegaciones de los países más industrializados (Inglaterra, Alemania) apoyaban las ideas de Marx y las de los países más agrícolas (España, Francia, Italia) daban apoyo a las tesis bakuninistas.


14 de julio de 2010

Hallan restos de un templo de Ramsés II

Un grupo de arqueólogos ha hallado restos de un templo faraónico de la época de Ramsés II (1304-1237 a.C) cerca de la ciudad de Beni Suef, 20 kilómetros al sur de El Cairo, informó ayer el Consejo Supremo de Antigüedades (CSA). El jefe del Departamento del Antiguo Egipto del CSA, Sabri Abdel Aziz, explicó en un comunicado que la misión descubrió este año una decena de cartuchos con el nombre de Ramsés II grabado.

En la antigua ciudad de Ahnasia, situada cerca de Beni Suef, los arqueólogos encontraron, además de los cartuchos verticales, un relieve con el nombre del faraón. En este relieve se habla de la construcción del templo, lo que indica, según la nota, que en esa zona existe un monumento de la misma época.

Aziz señaló que la misión arqueológica continuará con sus excavaciones en la antigua ciudad de Ahnasia. Además, este año se descubrieron restos de viviendas construidas con ladrillos de adobe, agregó la nota del CSA. En este área, que data de los siglos IV y V d.C., se encontraron varias estatuas romanas de terracota que representan a los dioses Isis, Afrodita y Horus, así como lámparas de cerámica.

La misión del Consejo Supremo de Antigüedades investigó este año los restos de un templo en el pueblo de Nabaui, actualmente conocido como Belfia, situado a siete kilómetros de la ciudad de Beni Suef.


Fuente:
ABC


13 de julio de 2010

¿Por qué se cree que el Martes 13 da mala suerte?

En las culturas de España, Grecia y los países de América Latina, el martes 13 es considerado un día de mala suerte. Hay mucha gente con fobia a este día, que no viaja a ningún lado por superstición. La fobia a este día se llama Trezidavomartiofobia. El número trece desde la antigüedad fue considerado como de mal augurio ya que en la Última Cena de Jesucristo, había doce apóstoles y el que murió, Jesucristo, fue el número 13. La Cábala (una de las principales corrientes de la mística judía) enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas (celtas, druidas, normandos, vikingos); en el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. También una leyenda escandinava cuenta que a un banquete en el Valhalla fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y el mal, llegó sin invitación con lo cual el número de los presentes llegó a 13. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder, el favorito de las deidades, encontró la muerte. Desde Escandinavia, la superstición se difundió a través de Europa, hacia el sur y al comenzar la era cristiana ya estaba establecida en los países mediterráneos. Por su parte, la combinación con el martes tiene su origen a finales de la Edad Media. El martes 29 de mayo de 1453 cayó la ciudad de Constantinopla. Según parece, el papa y las Repúblicas de Venecia y Génova enviaron una flotilla de ayuda a la ciudad sitiada, pero ésta caería antes de que llegaran. Cuando la flota de socorro iba a entrar por el estrecho de los Dardanelos, se cruzaron con unos pocos barcos de refugiados que huían de la ciudad conquistada; al preguntar cuándo había caído, éstos respondieron que el martes. La caída de Constantinopla supuso un profundo trauma para las potencias cristianas, y el día de su caída, el martes, asociado además al dios de la guerra pagano, pasó a considerarse de mala suerte. Además, “martes” es una palabra que desciende del nombre del planeta Marte, que en la Edad Media lo llamaban "el pequeño maléfico" y que significa voluntad, energía, tensión y agresividad. Marte, (o Ares según la mitología griega), es el dios de la guerra, por lo cual el día martes está regido por el planeta rojo, el de la destrucción, la sangre y la violencia. Además, la leyenda dice que un martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel.

12 de julio de 2010

La guerra de los mundos

"Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo lo observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que, mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba..."

H. G. Wells
La guerra de los mundos
En 1938 el cineasta estadounidense Orson Welles tenía un popular programa de radio que consistía en adaptar obras de teatro y literatura a ese medio. El 30 de octubre de ese año Welles transmitió una adaptación de La guerra de los mundos. Al principio de la transmisión un locutor indicó que empezaba el programa y cedió la palabra a Welles. Entonces éste empezó sin más a recitar las primeras líneas de la novela en tono dramático. Alguien que hubiera encendido la radio cuando hablaba Welles aún podría haber distinguido que se trataba de una ficción.

Pero la adaptación que hizo Welles no era una simple lectura del texto de su casi homónimo Wells. La historia estaba disfrazada de programa musical interrumpido por informes noticiosos de que unos astrónomos acababan de ver unas extrañas explosiones en Marte. Luego un reportero entrevistaba a un astrónomo, que decía que no podía explicar qué estaba pasando. Al rato se veía caer del cielo un meteorito en Nueva Jersey. Después resultaba que era un objeto cilíndrico descomunal. Se reunía mucha gente para verlo hasta que el aparato se abría y del interior salían unas criaturas monstruosas. Se oían gritos, el reportero vociferaba. La atmósfera de la transmisión era de un realismo total. Los que no oyeron el principio del programa pensaron que un ejército marciano estaba invadiendo el mundo.

El programa de Orson Welles produjo histeria en masa. Hubo quien se encerró en el sótano de la casa con pistolas. Otros se pusieron toallas mojadas en la cara para protegerse del gas venenoso de los marcianos. El programa fue motivo de escándalo e indignación cuando se reveló la realidad. También demostró el poder de una narración bien hecha. Fue uno de los momentos más gloriosos (y terribles) de la historia de la radio.
En la novela original los marcianos acaban sucumbiendo, no a las armas de los terrestres, muy inferiores a las de aquéllos, sino a simples infecciones bacterianas.


Fuente:
redescolar.ilce.edu.mx


11 de julio de 2010

¿Qué fue del hijo de María Antonieta?

El hijo de Luis XVI y María Antonieta fue encarcelado y abandonado a su suerte. Murió enfermo en su celda en 1795. Sin embargo, las dudas surgieron enseguida. ¿Era verdaderamente el Delfín el que murió en la cárcel?

En 1789 estallaba la Revolución Francesa y la burguesía tomaba el poder. En vista de que las persecuciones empezaban a extenderse, muchos nobles decidieron huir del país, incluído Luis XVI. En su intento de fuga, sin embargo, la familia real fue arrestada y encarcelada en el Temple en 1792. En un primer momento el monarca y su hijo convivieron en el segundo piso de la torre, rehabilitada para la ocasión. Sin embargo, a los pocos meses, el niño fue trasladado a la tercera planta junto a su madre. Luis XVI, convertido en Luis Capeto (dinastía a la que pertenecía) fue condenado a muerte y guillotinado. Así se puso fin a la casa de los Borbones y el hijo de Luis Capeto se convirtió en "el pequeño Capeto".

Una de las primeras intenciones de las autoridades fue transformar al pequeño en un ciudadano republicano. Anaxagoras Chaumette, procurador de la Comuna, deseaba impartirle una educación y alejarlo de su familia para que perdiese la idea de su rango. El encargado de la tarea sería Antoine Simon, zapatero de profesión. Así, en julio de 1793, el pequeño Luis fue apartado de su madre. Antoine Simon, acompañado de su esposa y su pupilo se instaló en los antiguos apartamentos del rey. El zapatero se ocupaba adecuadamente del niño (ropa limpia, baños, visitas médicas...), pero la educación que le impartía estaba basada en la transmisión de lenguaje y canciones soeces. Tal vez influido por este ambiente grosero, el Delfín firmó una declaración acusando a su madre de prácticas incestuosas. La declaración, incluida en el proceso contra María Antonieta, se desestimó. No obstante, fue guillotinada bajo la acusación de conspirar contra los revolucionarios.

Ante la prohibición de acumular cargos administrativos y asalariados, Antoine Simon tuvo que escoger y prefirió renunciar al puesto de tutor y optar por la función pública, por lo que presentó su dimisión y abandonó la torre del Temple. Para reducir costes la Comuna no asignó un nuevo preceptor, y en lugar de eso se intensificó la vigilancia efectuada a partir de entonces por cuatro guardias. Los guardias debían evitar todo riesgo de fuga, ya que el pequeño Luis XVII era reclamado por las fuerzas monárquicas. Se optó por encerrar al niño y evitar todo contacto con el exterior, lo que desembocó, según la leyenda, en un enclaustramiento inhumano: las ventanas se tapiaron, un tabique impedía el paso al resto de la planta, el preso recibía la comida a través de un agujero... Nadie entraba en la habitación, y durante seis meses el niño, de 9 años de edad, vivió en medio de la inmundicia y los excrementos.

El Terror instaurado por Robespierre llegó a su fin en el verano de 1794 con el arresto y ejecución del cabecilla. Entonces asumió el poder Paul Barras. Una de las primeras acciones de Barras fue visitar al preso real. Según relataría años después, halló una habitación "con basura acumulada en varios sitios". El niño, recostado en una cama, presentaba unas rodillas "muy hinchadas, así como los tobillos y las manos". Alarmado por el estado de salud del huérfano, envió un médico para dispensarle todos los cuidados necesarios. También se modificó el servicio de custodia y durante ese período mejoraron las condiciones del reo. Pero aunque ya no vivía en un aislamiento absoluto las visitas al exterior seguían prohibidas.

Pero pese a estas mejoras, la salud del niño se deterioraba. En mayo de 1795 uno de los guardianes señaló que Luis presentaba una serie de "malestares que parecen cobrar carácter de gravedad". Se ordenó de inmediato un reconocimiento médico de manos del doctor Desault. El facultativo declaró: "Me encuentro con un niño idiota, agonizante, víctima de la miseria más absoluta, del abandono más completo..." Pese a todo, recetó un cambio de dieta, ejercicio, una habitación ventilada y paseos diarios. El doctor murió de manera inesperada a los pocos días y fue sustituido por otro. El estado del enfermo empeoró súbitamente.


El 8 de junio de 1795 el pequeño Luis moría ante sus vigilantes de turno. Le fue practicada la autopsia y se concluyó que había fallecido de tuberculosis ósea. El médico que la practicó se guardó el corazón del niño y lo disecó.

A partir de entonces surgieron numerosas historias que pretendían que el prisionero había sido suplantado y que el que había fallecido en el Temple no era Luis XVII, así como numerosos impostores que pretendían ser el heredero al trono de Francia. Pero pruebas recientes de ADN han demostrado que el corazón extraído al cadáver en el momento de la autopsia pertenece, efectivamente, al hijo de María Antonieta.


Fuente:
Historia y Vida, núm. 508 - Reportaje de Francesca Prince


Garoé (Alberto Vázquez-Figueroa)

Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio 2010.

"Una historia de amor, muertes, conquista, tráfico de esclavos, una tragedia, un elemento misterioso por cuya posesión los hombres enloquecen, un ancestral secreto que durante siglos permitió a los habitantes de la isla de El Hierro superar todas las adversidades...

Alberto Vázquez-Figueroa regresa a la escena literaria con una novela inolvidable donde la conquista de una tierra salvaje e inhóspita, la ambición desmedida por el poder y la riqueza, y la magia que envuelve una misteriosa leyenda apasionará a sus millones de seguidores y sorprenderá a los pocos que aún no le conocen".

Una novela no muy larga, que se lee rápido y con un lenguaje muy actual, que ofrece una breve visión de cómo vivían los habitantes de las islas Canarias cuando fueron conquistados por los españoles. Y al final te das cuenta de que los "salvajes" no eran precisamente los isleños...


9 de julio de 2010

Visigodos en la Bética

La dominación visigoda en la Bética no comienza a hacerse sentir hasta la época de Teudis (531-548), cuando era ya demasiado tarde para hacerla efectiva. Ocupados en afianzar su posición en el reino de Tolosa en liza con los francos, los visigodos no se replegaron sobre España hasta que su posición en el mediodía de Francia se hizo insostenible. Y para entonces aquí las podibilidades de una colonización intensiva se hallaban muy limitadas; los suevos se habían afincado en Galaecia, y la organización social de la Bética, Cartaginense y Lusitania, tanto en sus ciudades como en los castella del campo, nudos de una red de poderosos latifundios, dejaban pocos resquicios para una penetración profunda y duradera. Únicamente las cuencas del Duero y del Tajo, parte de la antigua Tarraconense, ofrecían perspectivas para un asentamiento pacífico como el que el pueblo visigodo llevó a efecto en estos territorios.

Un episodio de la biografía de Teudis, el de su boda, revela la magnitud que alcanzaban entonces las propiedades y las fortunas en regiones de España como la Bética. Según Procopio, a quien debemos la noticia, el godo estaba casado con la hija de un hispano tan rico en caudales y tierras, que cuando le hizo falta, pudo reclutar entre los colonos de su mujer una hueste de unos mil lanceros. Así alcanzó Teudis durante el reinado de Amalarico una posición de preeminencia que al término del mismo le permitió alzarse con la corona.

Este repliegue visigodo desde la Galia sobre Hispania coincide con el reinado de Justiniano (527-565) en Constantinopla, cuando el Imperio Bizantino alimenta esperanzas no infundadas de volver a reunir bajo su cetro todo el orbe romano. El general Belisario acaba con el reino de los vándalos en África y anexiona sus territorios. Teudis, que no ha querido o no ha podido responder a la llamada de socorro que el rey vándalo le ha dirigido, pretende ocupar Ceuta para poner coto a la expansión de los imperiales, pero la empresa acaba en una catástrofe. Y ahí están ya los bizantinos al otro lado del Estrecho, contemplando una Bética y una Cartaginense que sin un adecuado dispositivo de defensa no tardarán en caer en sus manos.


Las muertes de Teudis y Teudiselo encierran un dramatismo de comedia bárbara, y tal vez la primera y con seguridad la segunda tuvieron a Sevilla por escenario. El regicidio era moneda tan corriente entre los visigodos, que cuando un rey no sucumbe a manos de unos conjurados, las crónicas subrayan expresamente, como con un suspiro de alivio, que falleció propria morte. Gregorio de Tours explica esta práctica de los godos:
"Cuando no les gusta un rey lo degüellan con la espada, y hacen rey en su lugar a otro que les place"
La proclamación de Teudis había llevado aparejada, probablemente, la muerte de algunos de sus rivales. Al cabo de los años, a raíz del desastre de Ceuta, una de aquellas víctimas encontró vengador en un sujeto que fingiéndose loco hundió su espada en el pecho del rey y en su propio palacio.

Muchas veces se subía al trono por la espada, pero otras muchas se bajaba de él por el mismo artilugio. Bajo esta sombra reinaban los visigodos, a la espera del iudicium Dei, la justicia de Dios en la tierra.


Fuente:
Historia de Sevilla - Antonio Blanco / Francisco Morales


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