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7 de marzo de 2009

Los textos proféticos de Qumran

El profetismo bíblico es un hecho extraordinario en la historia de la humanidad. El profeta bíblico contribuyó eficazmente a modelar la vida de un pueblo pequeño y pacifista. Gracias a los profetas y a las ideas religiosas y sociales que predicaron Israel logró sobrevivir, mientras que todos los potentes imperios antiguos desaparecieron. Los reyes y el pueblo hacían caso a los profetas. El mesianismo de Jesucristo se basa principalmente en los textos de Isaías, y los profetas gozaron de un elevado aprecio en la comunidad esenia de Qumran. La joya más preciada de los descubrimientos de Qumran son dos manuscritos del texto hebreo del profeta Isaías. Uno de ellos es un rollo de 25 cm de altura, formado por 17 trozos de pergamino cosidos entre sí hasta formar una tira de casi 7 metros y medio de largo, que contiene los 66 capítulos de ese libro profético. El otro manuscrito, hallado en muy mal estado, si bien no está íntegro es muy completo. Además de Isaías, en las cuevas de Qumran se han hallado fragmentos de los doce profetas menores, que también eran leídos y estudiados, como demuestran los comentarios encontrados en un rollo de piel de casi metro y medio de longitud.
Rollo de Isaías

27 de febrero de 2009

El Movimiento Lolardo

El movimiento lolardo, fue un movimiento político y religioso de finales del siglo XIV. En la época medieval, incluso entre la nobleza, muchos hombres y la mayoría de las mujeres eran analfabetos; pero durante la Edad Media más tardía, un número cada vez más creciente de laicos aprendió a leer. Era el principio del fin del monopolio del clero en materia de educación. Las obras del escritor y filósofo Geoffrey Chaucer, considerado el padre de la literatura inglesa, iban dirigidas a una audiencia laica y alfabetizada, que cada vez era más consciente de que muchos clérigos tenían sus puntos débiles independientemente de sus pretensiones. El uso cada vez mayor de la lengua inglesa ayudó a socavar la influencia de la cultura latina en educación. Los estrechos vínculos entre el papado y Francia (enemiga de Inglaterra) y el escándalo del Gran Cisma (1378-1417), cuando había dos y en algún momento incluso tres papas (Martín V, Juan XXIII y Benedicto XIII), ayudó a incendiar el combustible del anticlericalismo. El lolardismo -la única herejía elaborada en inglés medieval- surge en este clima, que junto al aumento de la alfabetización era muy propicio para cuestionar la piedad y la religiosidad. El artífice del movimiento lolardo fue John Wycliff, nacido probablemente hacia 1330 y que murió en 1384. John Wycliff Wycliff era profesor de teología en Oxford, y rara vez abandonaba la universidad si no era para servir a la corona como diplomático en las negociaciones con el papado. Fue asesor de John de Gaunt, duque de Lancaster, durante la década de 1370. Wycliff puso de relieve la importancia de la Biblia y la reducción a la mínima expresión del sacerdocio y los sacramentos. Negó la transubstanciación, es decir, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo durante la celebración de la Eucaristía. John Wycliff creía que la autoridad religiosa debía estar en manos de hombres buenos tocados con la gracia de Dios. Es evidente que rara vez estaba claro quién estaba dotado de la gracia divina. Hizo hincapié en que la relación entre Dios y cada uno de los cristianos debía pasar por la disminución de las funciones del clero y que se debían utilizar imágenes y la intercesión de los santos para ayudarles en su camino hacia Dios. Una de las cosas que más enfureció a la Iglesia, fue la traducción que hizo Wycliff de la Biblia al inglés, ya que consideraban muy peligroso que los feligreses leyeran y entendieran los textos sagrados.
Biblia de Wycliff
Mientras Wycliff enseñaba en la universidad de Oxford, muchos universitarios se solidarizaron con sus puntos de vista, aunque ante las autoridades eclesiásticas el apoyo abierto desapareció en alguna ocasión. En 1387 la Iglesia intentó tomar medidas contra él, pero el duque de Lancaster intervino para protegerle; sin embargo en 1381 una comisión creada en Oxford condenó sus teorías sobre la Eucaristía. Finalmente se trasladó a la aldea de Lutterworth, donde vivió un tranquilo retiro dedicado a la escritura de obras más ortodoxas. Pero las ideas de Wycliff no solo tuvieron seguidores en Inglaterra. Años después de su muerte, en Bohemia, el sacerdote John Hus fue quemado en la hoguera acusado de secundar la herejía.
Quema de John Hus

5 de febrero de 2009

Los cátaros, cristianos incomprendidos (breve introducción)

Cruz cátara
El catarismo fue un movimiento religioso que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X. Hacia el siglo XIII se asentó firmemente en el Languedoc (sur de Francia), gracias a la protección de algunos señores feudales vasallos de la Corona de Aragón. Las doctrinas cátaras probablemente llegaron desde Europa oriental a través de las rutas comerciales. Fue una religión basada en la interpretación dualista de las Escrituras. Para los cátaros existían dos mundos independientes: uno espiritual creado por Dios, y otro material creado por Satán. Como todo lo que se desviaba de la ortodoxia católica, el catarismo fue considerado una herejía, y el papa Inocencio III convocó una cruzada para acabar con el movimiento cátaro. Pero la fascinante historia de los cátaros da para muchos posts, a lo largo de los cuales iremos analizándola más profundamente.
Castillo cátaro de Montsegur

21 de enero de 2009

Pecata minuta en el Vaticano

Durante la Edad Media proliferaron ciertos usos y abusos por parte de los Papas, pero suponían poca cosa para la imagen del Santo Padre. El Papa Benedicto IX, que fue Sumo Pontífice de manera intermitente entre 1032 y 1044, accedió al cargo con sólo 14 años y en su mandato tuvieron más peso las hormonas de la pubertad que los dogmas católicos. Así, se entregó a todo tipo de placeres carnales con individuos de ambos sexos, celebrando fiestas y orgías en las que premiaba a los más guapos (en ocasiones hasta con títulos eclesiásticos, como ya hiciera cien años antes Juan XII, quien nombraba obispos a jóvenes guapos y musculosos "que se portaban bien" con él). Tanto se dejó llevar por sus hormonas que en una ocasión renunció al Papado (aunque se aseguró el cobro del diezmo de toda Inglaterra) por irse con uno de sus amantes, pero después éste le convenció para que aspirara a recuperar el cargo, lo que se convirtió en el objetivo del resto de su vida. No obstante, cuando tuvo la oportunidad de volver a ser Papa, decidió rechazarlo y retirarse en un convento, probablemente cansado de sus excesos anteriores.

18 de enero de 2009

Religión en Roma antes del Imperio

Los latinos se sentían rodeados por las fuerzas de la Naturaleza, diferentes de las humanas y superiores a ellas, que podían aplastarles o darles ayuda y prosperidad: el Sol, las fuentes, la tierra, ciertos animales, los árboles centenarios y aun las cosas inertes. De noche las piedras y numerosos árboles y animales fueron mirados como sagrados: así el roble estaba consagrado a Júpiter, y el lobo pertenecía a Marte. El romano era de una simplicidad robusta y práctica, desprovisto de imaginación. Así, ni inventó mitologías, ni imaginó a sus dioses bajo una forma humana, y mucho menos se cuidó de escribir leyendas. Tampoco esculpió imágenes de sus divinidades. Vesta no tuvo jamás estatuas, pues sólo estaba representada por el fuego sagrado que no debía extinguirse nunca. En aquellos tiempos no aparece ninguna especulación profunda sobre la naturaleza de Dios y sobre el origen y destino del universo y del alma. El romano se preocupaba, no de reflexionar acerca del mundo, sino de servirse de él. La generación, la concepción, el nacimiento, la infancia poseían su cortejo de divinidades, teniendo cada una su función especial, cumplida la cual nadie pensaba ya en invocarlas; Cunina velaba sobre el infante en la cuna; Stanana le enseñaba a tenerse en pie; Levana le levantaba cuando caía; Ossipaga fortalecía sus huesos, etcétera. Con frecuencia, esos poderes se hallaban clasificados por grupos bajo un nombre colectivo. Así, las Comenas eran las diosas de las fuentes y no tenían individualidad más consistente que la de nuestras hadas.

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