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27 de junio de 2015

Batalla de Maratón

En agosto del año 490 a.C., un ejército de unos 10.000 griegos, casi todos ellos atenienses, estaba acampado al pie de las colinas que dominaban la llanura costera de Maratón. Estaban allí para defender su tierra contra la fuerza invasora persa. Desde su campamento protegían los caminos que unían Maratón con Atenas y además dominaban el campamento persa, que se encontraba en la misma llanura a un nivel algo inferior. Entre los dos campamentos se extendía una marisma que hacía difícil el camino entre uno y otro. Los dos ejércitos se estuvieron vigilando durante una semana. Los persas superaban en número a los atenienses, posiblemente hasta por tres a uno, haciendo que los atenienses fuesen reacios a salir de su posición de defensa para presentar batalla. Los persas, por su parte, no querían intentar un ataque cuesta arriba contra la fuerte posición ateniense.
Al final de la semana de espera, los atenienses se decidieron a bajar hasta la llanura para presentar batalla, y la batalla que se libró en Maratón entre atenienses y persas se iba a convertir en materia de leyenda, no sólo para los antiguos griegos sino hasta los tiempos modernos.


Antecedentes

Ciro el Grande había conquistado las poblaciones griegas de la costa de Jonia. Inicialmente, las relaciones entre persas y griegos fueron cordiales, pero pronto los persas empezaron a aplicar restricciones comerciales a los griegos, lo que afectaba a su desarrollo económico. Además de esto Persia impuso tiranos títeres para el gobierno de las ciudades estado jonias, lo que chocaba con la mentalidad independiente de los griegos. Finalmente en el 499 a.C. los jonios llevaron a cabo una revuelta contra los persas.

Liderados por Aristágoras de Mileto, intentaron en primer lugar una alianza con Esparta. Pero el rey espartano Cleómenes consideró que defender a los jonios no tenía ningún interés y declinó apoyar la revuelta. En Atenas, sin embargo, Aristágoras tuvo más suerte y los atenienses decidieron enviar un escuadrón de 20 naves de guerra.
La tropa desembarcó en Éfeso y se dirigió a la capital persa, Sardis, que fue tomada rápidamente, incendiada y arrasada. Posteriormente los griegos fueron derrotados y los atenienses decidieron regresar a casa.

Aunque la revuelta había sido sofocada con éxito, el entonces rey persa Darío I se enfureció ante la participación de los atenienses y decidió castigarlos. Para ello, Darío envió una expedición por mar de casi 600 naves.


La batalla

Al tener conocimiento del desembarco persa en Maratón, los atenienses decidieron mantener encerrados a los persas allí y no permitirles aproximarse a la ciudad.
A pesar de su desventaja numérica, los hoplitas griegos demostraron ser devastadores contra la infantería persa. Los hoplitas rodearon a los persas por los flancos y luego avanzaron hacia el centro. Algunos persas lograron escapar volviendo a sus barcos, pero muchos cayeron en la batalla.

Cuando los soldados atenienses vieron alejarse a los persas en el mar, volvieron rápidamente a Atenas para evitar otro posible desembarco en la ciudad. Finalmente, el general persa Artafernes comprendió que no tenía oportunidad de vencer y puso fin a la campaña, volviendo a casa con lo que quedaba de su ejército.


La victoria fue total para los griegos. Perdieron sólo 192 hombres (según Heródoto) que fueron enterrados en la llanura de Maratón. Esto iba contra la costumbre de la época, ya que los caídos en la guerra eran llevados a Atenas para ser enterrados en el sepulcro Cerameico.


La leyenda

Cuenta la leyenda que un mensajero ateniense llamado Filípides fue enviado desde Maratón a Atenas para anunciar la victoria griega. Corrió unos 40 kilómetros, anunció la victoria y cayó muerto por agotamiento. Este es el origen de las modernas carreras de maratón.


Fuentes:
* https://unahistoriacuriosa.wordpress.com/2014/08/29/la-batalla-de-maraton-guerra-y-mito
* http://historiaybiografias.com/maraton
* http://mihistoriauniversal.com/edad-antigua/batalla-de-maraton
* http://www.historiasimple.com/2009/07/la-batalla-de-maraton.html
* Maratón: El origen de la leyenda - Richard A. Billows. Ed. Ariel, 2014


6 de enero de 2014

El Coloso de Rodas

En el año 277 a.C., se construye la última de las maravillas del mundo antiguo. En el mar Egeo, a unos 18 km de la costa, encontramos la más importante de las islas Espóradas: Rodas. Es importante porque su ciudad, del mismo nombre, es la capital del Dodecaneso, archipiélago compuesto por una veintena de islas. La situación geográfica de Rodas es privilegiada para comerciar con Grecia, el Asia Menor e incluso Egipto, y gracias a eso se ha convertido en el centro comercial más importante del Mediterráneo Oriental.

Por ello no es extraño que alguna potencia de la época ambicione apoderarse de Rodas e intente tomarla, como Macedonia. Su rey, Demetrio I Poliarcetes, es conocido por su experiencia en el arte militar, sobre todo en los asedios, tanto, que en futuro los militares se referirán a la técnica de asediar fortalezas como "Poliarcética". Demetrio ataca pues, Rodas. Sin embargo, la ciudad resiste los embates de este temible guerrero, quien finalmente se retira.

Para celebrar este triunfo, la ciudad decide elevar un monumento memorable a Helios, dios del sol, en el puerto. Dirige las obras Cares de Lindos, discípulo de Lisipo. La estatua va creciendo, primero el armazón de hierro y sobre él las placas de bronce. Finalmente, cuando la estatua se termina mide nada menos que 32 metros de altura. Su fama atraerá a viajeros de todo el mundo antiguo para verlo.

Con el Coloso, llegaron a ser cinco las maravillas del mundo que se alzaban sobre la faz de la tierra, número que no fue superado sino que fue decreciendo. 56 años después de su construcción, en el 223 a.C., un terremoto derribó al Coloso. Los habitantes de Rodas, siguiendo el consejo de un oráculo, decidieron dejar yacer sus restos donde cayeron. Y así fue, durante cerca de 900 años, hasta que en el 654 d.C. los musulmanes se apoderaron del bronce como botín en una incursión.

La leyenda del Coloso tendió, cómo no, a agrandar sus proporciones. Durante el renacimiento el Coloso fue "descubierto" por los humanistas, al igual que el resto del arte griego, y su magnificencia fue remarcada haciéndose circular que su tamaño era tal que los barcos pasaban entre sus piernas. Pero el Coloso no necesita de mitificación: habrá de pasar la friolera de 2000 años hasta que el hombre realice otra estatua colosal que la supere.


Fuente:
sietemaravillas.tripod.com

20 de octubre de 2013

Los Paides Basilikoi

También llamados Pajes Reales, los Paides Basilikoi fueron una institución creada por los reyes macedonios. Probablemente fue creada en la época de Filipo II aunque no se descarta que existiera anteriormente.

Los Paides Basilikoi eran básicamente un grupo de adolescentes macedonios de origen noble que servían al rey en todo lo que éste les ordenase. Durante su estancia en el cuerpo de los Pajes Reales, estos jóvenes recibían educación militar y al cabo de los años se convertían en oficiales del ejército macedonio.

Entre las funciones de estos pajes estaba la de atender al rey en su quehacer diario en todo momento, por ejemplo sirviéndole la comida. Aunque servir la mesa del rey podía parecer un acto servil más propio de criados que de pajes, éstos compartían mesa con el monarca y estrechaban lazos, lo cual se consideraba un privilegio sólo al alcance de unos pocos.

Otra función de los pajes consistía en servir al rey a modo de "escudero", acompañándolo en sus viajes y participando en sus cacerías. La participación de los pajes en combate era muy excepcional, ya que aunque estuvieran en medio de una guerra eran adolescentes en preparación militar y no se les permitía participar en las batallas.

Según los historiadores antiguos, los Paides Basilikoi también tenían la obligación de velar el cadáver del monarca hasta el momento de los funerales, como parece ser que hicieron con el cadáver de Alejandro Magno.


Fuente:
Mundohistoria

20 de junio de 2012

La Biblioteca de Alejandría

Por el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Tenía avenidas de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro para anunciar a los marinos que allí se dirigían que se acercaban a su destino. El faro fue una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación. Ese centro, fundado alrededor del año 300 a.C., era la biblioteca y museo de Alejandría. El museo, un lugar dedicado a las especialidades de las Nueve Musas, era el centro de investigaciones propiamente dicho. La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India.

A la muerte de Alejandro Magno en 323 a. C., Ptolomeo I Sóter, uno de sus generales más destacados, fue nombrado gobernador de Egipto. Con él se inició una larga dinastía que administró el país de los faraones durante más de trescientos años. Él fue el encargado de llevar a la práctica el sueño de Alejandro de hacer de Alejandría un centro de conocimiento y aprendizaje. Asistido por el arquitecto Demetrio de Falero, Ptolomeo I inició la construcción del denominado Museo (santuario de las Musas) hacia el 290 a.C., que fue concluido bajo el mandato de su hijo, Ptolomeo II Filadelfo.

Si bien se desconoce la ubicación exacta del Museo, se cree que estaba instalado en el nordeste de la ciudad, en el barrio palaciego. El Museo estaba compuesto por varias salas dedicadas a distintas ramas del saber, desde un zoológico, a un jardín botánico, un observatorio astronómico y un salón de anatomía. También disponía de habitaciones para alojar a los sabios y a los estudiantes, cuyos gastos eran costeados por la casa real, que acudían a Alejandría atraídos por el impulso intelectual.

La biblioteca fue, sin duda, el eje destacado del santuario, el de mayor crecimiento y difusión a lo largo de la historia. A medida que fue adquiriendo importancia y aumentando sus volúmenes, fue necesaria la construcción de un edificio cercano que albergara el resto de los libros. Así se edificó, durante el reinado de Ptolomeo III, la “biblioteca hija”, situada en una zona próxima al puerto, concretamente en el Serapeum (templo consagrado al dios Serapis).


Se calcula que la biblioteca llegó a albergar unos 700.000 manuscritos, cada uno de los cuales era catalogado, referenciado y colocado en el estante (bibliothekai) preciso destinado a ese saber. El primer catálogo temático de la historia (Pinakes) se atribuye a Zenódoto, el primer bibliotecario de Alejandría. Las personas que trabajaban en la biblioteca se afanaban en la búsqueda de libros de todas las culturas conocidas, la mayoría eran comprados o donados (como la biblioteca de Aristóteles), pero otros eran copiados. Todo buque que atracaba en Alejandría era registrado por la guardia, en el caso de que se encontrasen libros, estos eran confiscados y llevados a la biblioteca; en ocasiones, se compensaba a sus dueños por la pérdida; mientras que en otros casos los libros eran copiados y devueltos los originales. Las copias eran especialmente ricas por las anotaciones críticas que se hacían en los márgenes.

Se dice que la primera traducción al griego del Antiguo Testamento fue escrita en Alejandría. Ptolomeo II habría encargado a 70 sabios judíos que tradujesen y copiasen los libros de la Ley judía. La conocida como “versión de los 70” habría sido la base de muchas traducciones posteriores.

Durante la regencia de Ptolomeo II Alejandría y su biblioteca vivieron su máximo esplendor, inmersas en un trajín constante de libros y estudiosos. Entre los visitantes más célebres se encuentran Arquímides, Euclides, Hiparco, Claudio Ptolomeo y Galeno.


Se desconoce el motivo o momento exacto de su desaparición, pero todo apunta a que fueron diversos motivos los que la causaron. Hacia el 200 d. C. Alejandría se enfrentó a numerosos saqueos que contribuyeron a la paulatina destrucción de la biblioteca. En el 391 d. C. el emperador Teodosio prohibió el paganismo, los templos no cristianos fueron destruidos y los paganos fueron asesinados. Ese mismo año el obispo de Alejandría demolió el Serapeum y sobre sus ruinas construyó un templo cristiano. Ante el previsible ataque, los libros habrían sido dispersados.

En el 616, Alejandría fue invadida por los persas. La entrada del islamismo terminó por arruinar lo que quedaba de la biblioteca, seguramente ya muy reducida. La leyenda cuenta que los gobernantes musulmanes decretaron que su contenido debía ser destruido, tanto si contradecía la ley islámica como si la apoyaba, en cuyo caso los libros serían innecesarios.

Hoy sólo podemos especular con las maravillas del saber antiguo que la gran biblioteca de Alejandría llegó a alojar, pero su espíritu fue la inspiración directa de los actuales centros de investigación.


Fuentes:
- www.redescolar.ilce.edu.mx
- Papel en blanco

18 de junio de 2012

La Atlántida del mundo antiguo

Las primeras citas sobre este reino antiguo provienen de un texto del filósofo griego Platón en una conversación entre Timeo y Critias. Estas conversaciones cuentan como en un tiempo anterior los atenienses debieron enfrentarse a este reino ubicado más allá de los bordes del Mediterráneo.

En este relato de Platón la historia se cuenta como si hubiera ocurrido y con total veracidad sobre la existencia de estas tierras. Por esta razón es que aún se está en búsqueda de este avanzado imperio antiguo.

Por otra parte es cierto que este mismo relato cuenta con partes de las cuales se sabe su irrealidad y por esta razón tampoco se aceptan todos los datos de la antigua tierra hundida.

En los relatos de los antiguos griegos la Atlántida se ubicaba justo después de las Columnas de Hércules, esto quiere decir más allá de la salida oceánica del mar Mediterráneo. En cuanto a su tamaño se habla de una isla más grande que Libia y Asia juntas, por lo menos en los tamaños que se estimaban en la época.

Se trataba de una enorme extensión de montañas con un claro con menores elevaciones en el medio donde se erguía el centro del reino. En ese semi claro una montaña más alta que las demás dio vida a Evenor, el primer habitante del imperio, quien según la mitología nació del suelo.

Poseidón por otra parte era el amo de esta gran extensión de tierra ya que en la división de territorios entre los dioses la misma se le fue entregada. Por otra parte, y continuando la historia, Evenor tuvo una hija llamada Clito quien luego formaría pareja con Poseidón y ambos tendrían diez hijos.

Poseidón para mantener cautiva a su amante creó tres anillos de agua al rededor de esta montaña y luego entregó el poder al hijo mayor de la pareja: Atlas o Atlante. El resto de la isla se dividió entre los demás hermanos, pero por voto del dios de los mares Atlas tenía autoridad sobre sus demás hermanos.

Por esta razón la Atlántida lleva este nombre y el océano circundante el nombre de Atlántico, por el nombre del soberano mayor, el más grande de los diez hermanos: Atlas.

Atlántida fue bendecida por Poseidón con una infinidad de recursos materiales, por esta razón se consagró como una de los más poderosas reinos de la antigüedad, con un gran ejército, grandes monumentos y una sociedad envidiada por todos los demás pueblos.

Se presume que la caída de la Atlántida vino a partir de que sus reyes, los descendientes de los diez hijos de Poseidón, se corrompieron de poder y comenzaron una campaña expansionista que los llevó a dominar pueblos de África y Europa.

Cuando la conquista llegó al pueblo ateniense y al egipcio, los primeros derrotaron a las fuerzas de la Atlántida y después de esto los dioses decidieron castigar la isla por su soberbia. Aunque en ninguna parte se ve escrito el castigo se piensa que fue un gran terremoto y una gran inundación que borró la isla para siempre de la faz de la Tierra.

A pesar de todos los estudios y especulaciones al respecto de esta antigua civilización, nadie ha podido encontrar rastros de la misma. Se ha dicho que podría ser realmente alguna parte de lo que es actualmente España, también de que fuese simplemente América, tal vez alguna isla del Mediterráneo, o que simplemente todo fuese una mentira.

Varios escritos antiguos hablan sobre esta antigua civilización pero ninguna ha señalado un dato concreto que conecte estas historias con la realidad.


Fuente:
Ojocientífico

11 de febrero de 2012

Atenas, centro cultural del mundo antiguo

Atenas, capital de la provincia de Ática y de toda Grecia, es una ciudad con 6.000 años de historia y de vida. Alrededor del año 4000 a. C. en la mágica ciudad de Atenas se desarrolló la fecunda civilización de los Pelasgos, sus primeros habitantes. Dos mil años antes de Cristo, los Pelasgos entregaron el relevo a los Helenos, es decir, a los Jonios-Atenienses, quienes llevaron la ciudad a los triunfos de su época dorada. En la Atenas prehistórica, la historia se mezcla con la mitología, dando lugar a mitos y fábulas entrañables.

Los dioses Poseidón y Atenea, en su intento de competir por el dominio de la ciudad, deciden ofrecer cada uno un regalo a sus habitantes. El dios ofrece el agua y la diosa el olivo. Los habitantes escogen el regalo de la Atenea, tomando desde entonces el nombre de «atenienses». Cécrope, el fundador de Atenas, así como Erecteo, Egeo, Teseo y Codro fueron los reyes más renombrados durante la época micénica. Según la tradición, tras la muerte del rey Codro a manos de los dorios (c. 1100 antes de Cristo), finaliza la monarquía y comienza la oligarquía, que durará hasta mediados del siglo XI a.C. Durante los años de la tiranía de Pisístrato (2a mitad del siglo VI a.C) hubo también momentos de gloria.

El comercio y la artesanía florecieron, se fundaron colonias y empezó la explotación de las minas de plata de Lavrion. Los tiranos favorecieron las letras y las artes. Se inauguró la primera biblioteca pública del mundo y se embelleció la ciudad con templos, edificios, fuentes y bosques. La arquitectura y la plástica asumen el sentimiento de lo monumental y caminan firmemente hacia la perfección clásica. La cerámica siguió una acertada evolución, pasando del estilo de figuras negras (630 a.C.) hasta los logros del estilo de figuras rojas (525 a.C.) Hacia mediados del siglo VI a.C., Atenas quedó consagrada como el principal centro productor de cerámica en el Mediterráneo. El torbellino del progreso arrastró también al régimen tiránico.

En el 513 a. C., Harmodio y Aristogitón dieron muerte al tirano Hiparco, siendo venerados desde entonces como héroes nacionales. Entre el 508 y el 507 a.C., Clístenes estableció en Atenas las bases del régimen democrático y aseguró a los ciudadanos libertad, igualdad de derechos e igualdad ante las leyes.

A principios del siglo V a.C., durante las invasiones persas, los atenienses ganaron un merecido prestigio como defensores de la Hélade. Bajo el mandato de Pericles (450-429 a.C.), Atenas llegó a Su máximo apogeo. Los grandes logros del Siglo de Oro de Pericles se hacen visibles en los monumentos inmortales de la Acrópolis.


En el siglo IV a.C., tras la catastrófica batalla del Peloponeso, Atenas y la Democracia intentan reconstruirse. La ciudad de Atenas se convierte en la cuna de la filosofía y la retórica, consolidándose como centro cultural del mundo antiguo. En el 323 a.C. tienen lugar dos hechos históricos trágicos para el helenismo: la muerte de Alejandro Magno a los 33 años y la caída de la democracia de Atenas que cambian el rumbo de la historia griega.

Desde entonces, Atenas experimenta una progresiva decadencia política, aunque se mantiene como centro cultural del mundo antiguo hasta el 529 de nuestra era, cuando un edicto del emperador Justiniano pone fin a las escuelas filosóficas de Atenas y obliga a todos los atenienses y griegos a convertirse al cristianismo en un plazo de tres meses.

Desde el 529 hasta 1834, Atenas se mantuvo como una pequeña ciudad de 9.000 habitantes, devastada totalmente durante la guerra de la Independencia (1826 a 1827). Desde mediados del segundo siglo a.C., Atenas, al igual que toda Grecia, permaneció bajo la dominación romana. Prácticamente desde entonces, y durante casi dos mil años, se suceden en Grecia las invasiones extranjeras. Romanos, hérulos, godos, cruzados franceses, almogávares, florentinos, venecianos y turcos la saquearon y la conquistaron hasta la fundación de la Grecia independiente en 1830.


Fuente:
Greco Tour

Para saber más:
Wikipedia - Pelasgos
Artehistoria - Pericles

12 de diciembre de 2011

El Oráculo de Dodona

El Oráculo de Dodona fue el segundo más célebre de la Antigüedad, después del Oráculo de Delfos. Se encuentra situado en la región de Epiro, a 80 km al este de la isla de Corfú, en una zona montañosa que fue dominada por los habitantes de Molosia durante el siglo V a.C.


Dodona fue un santuario desde la Edad del Bronce, cuando se rendía culto a una divinidad prehelénica de la que aún se desconoce el nombre. En torno a los años 1300-1200 a.C. se asentaron definitivamente el culto a Zeus, el padre de los dioses del Olimpo, y la práctica de la adivinación. Cuenta el historiador Heródoto (siglo V a.C.) que ésta se habría iniciado de la mano de una sacerdotisa del templo de Amón en Tebas, Egipto. Según su relato la mujer fue capturada por comerciantes fenicios y logró escapar de ellos convertida en paloma negra. Poco después llegó a Dodona, donde se posó sobre una enorme encina y solicitó con voz humana que allí se estableciera el culto a Zeus. Heródoto también detalla que, en su época, el cuerpo sacerdotal de Dodona había pasado a ser exclusivamente femenino.

La principal característica de la práctica adivinatoria de Dodona era la interpretación que se hacía de los sonidos ocasionados por el contacto del viento con una encina sagrada, situada en el centro del santuario. Parece ser que el roce de las hojas permitía a las sacerdotisas escuchar un susurro, que atribuían a Zeus. De esta forma, emitían una respuesta a cada una de las preguntas formuladas por los peregrinos.


Fuentes:
- Olympia
- La rival de Delfos - Daniel Gomà. Historia y vida nº 525

7 de julio de 2011

El arte del período helenístico

En la época helenística la cultura y el arte reflejaron las ideas del filósofo Aristóteles, que valoraba las experiencias del hombre obtenidas a través de los sentidos, utilizados para el conocimiento de la realidad y de sí mismo.

Esta forma de pensar influyó notablemente en las artes visuales, que dejaron de basarse en modelos ideales para hacerlo en modelos más naturalistas de acuerdo con la perfección directa de la realidad. Por ello, los artistas se ocuparon de todos los aspectos de la figura humana, incluida la vejez y la fealdad.

La conquista de Oriente por Alejandro Magno, dio posibilidad a los artistas de ampliar su panorama en cuanto a temas y personajes étnicos diferentes a los acostumbrados en la Grecia clásica.

Sobresalieron obras de dimensiones superiores a las naturales, en comparación a las proporciones establecidas en el período clásico. A ello hay que añadir la abundancia decorativa y ornamental de los grandes monumentos, como por ejemplo el altar de Zeus en Pérgamo.

Frente a las desordenadas y mal pavimentadas ciudades clásicas griegas, las ciudades helenísticas fueron diseñadas de acuerdo a un plan geométrico con formas regulares, algunas de forma circular, con un centro del que irradiaban calles enlazadas entre sí por círculos concéntricos.

Prefirieron el uso de los elementos decorativos del orden corintio. De este complicado estilo helenístico surgieron nuevos tipos arquitectónicos, como gimnasios y edificios para el Senado, profusamente decorados. Los reyes helenísticos construyeron pórticos, bibliotecas, teatros y arcos de triunfo.

En el período helenístico se abrió paso a una realidad exagerada, en la que se enfatizaron y sofisticaron las formas heredadas de la Grecia clásica. Producto de esta ponderación surgieron obras de inigualable monumentalidad y belleza como el "Coloso de Rodas".

Las figuras fueron tan ideales como en el período anterior, pero su pose era más distendida e indolente. Aparecieron los retratos de personajes convertidos en héroes. La estructura dinámica que producía una sensación de inestabilidad, reflejada en las formas dramáticas y apasionadas, en el dinamismo de las expresiones por el deseo de lograr estados anímicos y el interés de reflejar la anatomía y expresión dramática causada, hicieron que se acentuaran las torsiones de las figuras, la tensión muscular y el claroscuro del modelado, al tiempo que los rostros expresaban sus sentimientos, ya fueran de alegría, placidez, angustia o dolor.

Éste fue el período de las grandes vasijas de lujo, decoradas con cierto barroquismo en el dibujo hasta principios del siglo II a.C., cuando se sustituyeron las pinturas por los relieves en color negro o rojo.

Destacó el famoso artista Apeles, quien se dedicó a representar las hazañas y gentilezas de la persona de Alejandro.

Las obras del mausoleo de Filipo, uno de los más completos conjuntos de la pintura helenística han llegado a nuestra época muy dañadas: toda la fachada se recubrió de frescos que antes de conseguir secarse fueron cubiertos por un túmulo de tierra, según la costumbre macedonia.

Alejandro Magno representa el segundo hito de la pintura helenística. Consciente del poder propagandístico del arte, controló férreamente la reproducción de su efigie y sólo autorizó para ello a tres artistas en escultura, orfebrería y pintura. El pintor elegido fue Apeles, todo un mito para la profesión pictórica. Artistas de siglos posteriores siempre han usado su leyenda como ejemplo de la dignidad de su profesión, puesto que era el favorito del emperador Alejandro, que visitaba su taller y se sometía a los dictados del artista. Sus cuadros tenían además un atractivo brillo singular, que Apeles conseguía mediante el "atramentum", una capa de barniz negro que aplicaba a sus pinturas. Otros pintores de la época fueron Leocares, Eufránor y Aedión.


Fuente:
Historia del Arte - Mª Luz Vázquez Segura / Consuelo Gómez

3 de junio de 2011

Altar de Zeus (Pérgamo)

El Altar de Pérgamo es un monumento religioso de la época helenística construido originalmente en la acrópolis de Pérgamo (Asia Menor), a principios del reinado de Eumenes II (197-159 a. C.). Sus frisos monumentales, que representan una Gigantomaquia y la historia de Telefo, son una de las obras maestras de la escultura griega antigua y representan la culminación del "barroco helenístico". Fue descubierto por el ingeniero alemán Carl Humann en 1871.

En la época de la cultura helenística, se pusieron de moda los grandes altares monumentales, dedicados a una gran deidad, por lo común a Zeus. Fue tanto una moda como una necesidad, a raíz de las nuevas tendencias filosóficas que seguían las enseñanzas de los estoicos. Había un gran interés por las ideas de Heráclito, por su idea de que el fuego es el elemento principal que combina y estructura los demás elementos. El Dios supremo se encuentra en todo, pero como fuego etéreo y creador que tiene la facultad de dar vida a todas las cosas. Entre los dioses griegos el que se acercaba casi con exactitud a este dios creador, era el ser supremo Zeus, dios del rayo y del fuego. Por tanto había que erigir a ese dios no ya un templo, sino un gran y colosal altar de sacrificios.

El altar es una construcción colosal alzada sobre una escalinata; estaba construida hacia el sur de la acrópolis de la ciudad. El gran friso de las esculturas no formaba parte del entablamento sino del podium del templo. Arriba se encontraba una columnata de orden jónico. La columnata central daba su espalda a un patio cuadrangular que era el espacio del altar para ofrendas donde se quemaba incienso y se hacían libaciones en honor de los dioses. Los animales eran sacrificados delante de la escalera y los pedazos reservados a los dioses se quemaban después en el altar.

Sobre el entablamento de las columnas se colocaron una serie de acróteras que representaban dioses, centauros, grifos y caballos.

En el podium o basamento se encontraba la decoración escultórica hecha en medios relieves con aproximadamente 2,30 m de altura y 120 m de longitud. Se trata de una Gigantomaquia, es decir la lucha de los dioses contra los gigantes. Las figuras y las escenas están tratadas con pathos (emoción), las escenas no están separadas sino que es un friso corrido que describe un momento de la batalla. Los detalles estilísticos de estas esculturas, pliegues de los mantos, los cabellos, los dibujos del calzado, las expresiones de los dioses y los gigantes, manifiestan las características de lo que se ha llamado "estilo Barroco" de la escultura Griega caracterizado por la expresión exagerada, los escorzos y las expresiones patéticas, así como la escultura de las ropas que ya no se ajusta a las formas anatómicas.

Los restos fueron hallados en época moderna por el ingeniero alemán Carl Humann en 1871. Las excavaciones alemanas comenzaron en 1878 y duraron hasta 1886. El acuerdo con el estado otomano establecía que una tercera parte de las obras de arte halladas serían para sus descubridores y el resto para la corte del Sultán. Pero debido a la relación de dependencia con el Imperio alemán, el Consejo del gran visir de Constantinopla asignó al gobierno alemán las dos terceras partes y, finalmente, renunció incluso al tercio restante a cambio del pago de veinte mil marcos y de una cantidad igual para las familias necesitadas de la región.

En total, la expedición de Humann sacó a la luz una colección de 132 paneles, 300 fragmentos, estatuas, inscripciones, bustos y otros materiales arquitectónicos. En 1930 se desmontó y se llevó al Museo de Pérgamo de Berlín, en el centro de la ciudad, un lugar que se ha dado en llamar de Isla de los Museos. Allí ha permanecido siempre, a excepción del periodo comprendido entre 1945 y 1959, cuando las tropas soviéticas lo desmantelaron y se lo llevaron como botín de guerra al Museo del Hermitage de Leningrado (hoy San Petersburgo).



Fuentes:
-http://enciclopedia.us.es
-Wikipedia


23 de mayo de 2011

Técnicas de fabricación de la cerámica griega

Las cerámicas griegas se realizaban con torno y, técnicamente, estaban muy bien realizadas. A pesar de que las fuentes escritas rara vez hacen referencia al mundo artesanal, hay que señalar, no obstante, que existen fuentes de información muy buenas que permiten conocer el proceso de fabricación de los vasos griegos: una parte muy importante es la iconografía y, concretamente, las pínax (tablillas que se usaban para colgar, normalmente como ofrendas en los santuarios). En ellas se suele hacer referencia a la vida cotidiana.

Pínax

Así, sabemos que la arcilla se preparaba y después se torneaba. Este proceso se realizaba con arcilla bastante fresca para poder moldearla. Una vez moldeadas, estas piezas se transportaban hasta el lugar donde se ponían a secar y, cuando ya estaban secas, se podían manipular bien; era entonces cuando se aplicaba la decoración pintada. Finalmente, se introducían en el horno. Eran hornos muy evolucionados, con una cámara de combustión en la que se introducía la leña y una cámara de cocción donde se colocaban las piezas. Dichos hornos tenían un agujero con tapa para poder sacar el humo cuando era necesario. Además, tenían una abertura para controlar la evolución de la cocción.

Taller de alfarero, placa corintia de 575-550 a.C.

Hay que señalar, por otro lado, que el barniz negro con el que se decoran los vasos no es un barniz como los de hoy en día y tampoco es una pintura, sino que es la propia arcilla con la que se hacen los vasos a la que se han añadido grandes cantidades de agua. Es una arcilla muy diluida en la que se realizan los dibujos. Lo que hace que la arcilla sea rojiza o negra no tiene que ver con la arcilla misma sino con el ambiente en el que se realizó la cocción. Si el horno está abierto, el humo se escapa y hay una cocción oxidante. Si se tapa y el horno se llena de humo, se elimina el oxígeno y la cocción es llamada reductora. Con la cocción reductora, las cerámicas toman un color gris o negro, y con la cocción oxidante las piezas quedan rojizas.

Pelike de figuras rojas
Los vasos de figuras rojas con fondo negro necesitaban tres fases de cocción: una primera oxidante (800ºC), una segunda reductora (950-1.000ºC) y una tercera reoxidante (800ºC). El ceramista vigilaba cómo iban las piezas y cuando veía que estaban preparadas pasaba de la primera a la segunda fase cerrando la tapa del horno. Si se hace un vaso negro, el proceso acaba en la segunda fase, pero si se quiere conseguir la reoxidación de una parte del vaso, se pasa a la tercera fase.

Los colores añadidos se ponían antes de la cocción. Los dos más frecuentes eran el blanco y el morado. El blanco se obtenía de arcillas muy calcáreas y con componentes muy bajos en hierro. Se solían aplicar sobre el barniz. A veces se aplicaban directamente sobre la arcilla pero no aguantaban tan bien.

Los morados y ocres eran mezclas de la pintura roja (hecha por medio de óxidos y hierros) y la propia arcilla.


Fuente:
Historia Universal, Grecia (II) - E.A.


28 de abril de 2011

Pirro de Epiro, el terror de Roma

Pirro de Epiro había crecido en el mundo político que sigue a la muerte de Alejandro Magno, en el que la audacia y la fortuna proporcionaban coronas y creaban reinos. Las fuentes antiguas lo caracterizan como uno de los mejores estrategas de su tiempo. Los motivos que le empujaron a acudir a Tarento permanecen oscuros; tradicionalmente se considera que la empresa era un paso previo para una supuesta unificación de Italia bajo su hegemonía, intentando en Occidente las conquistas que se le habían impedido en el mundo griego. En cualquier caso, en el 280 a.C., Pirro, con un ejército reclutado y equipado con todos los adelantos de la técnica militar helenística, desembarcaba en Tarento.

El primer encuentro de Pirro contra las fuerzas romanas, cerca de Heraclea, resultó favorable al caudillo griego, que utilizó con eficacia la táctica de la falange macedonia y el uso de elefantes, animales desconocidos para los romanos. Las asustadizas ciudades griegas, que Roma había ganado a su causa, abandonaron a su reciente aliado mientras los pueblos itálicos del sur se apresuraban a unir sus fuerzas a las de Pirro. Pero las ciudades de Campania y el Lacio permanecieron fieles a Roma, y la victoria militar no tuvo resultados prácticos.

Un segundo encuentro, al año siguiente, en Ausculum Piceno, a orillas del Ofanto, volvió a demostrar las dotes estratégicas de Pirro, pero de nuevo sin resultados decisivos. Pirro, consciente de haber vencido sólo una batalla pero no la guerra, intentó un acuerdo diplomático que le permitiera abandonar Italia para acudir a la más prometedora Sicilia, donde las ciudades griegas de la isla solicitaban su concurso para combatir a Cartago. Y, aunque Roma no cedió, Pirro pasó con su ejército a la isla, mientras Roma firmaba con Cartago un tratado de alianza.


Así, mientras Roma -con el apoyo cartaginés- continuaba la guerra contra los pueblos itálicos del sur y contra Tarento, Pirro comenzaba su campaña siciliana de la que sólo interesa su rotundo fracaso: el entusiasmo inicial con el que fue recibido el caudillo griego, dio paso rápidamente a la desilusión y, finalmente, al enfrentamiento cuando Pirro exigió los primeros sacrificios y la incondicional sumisión de las ciudades a su autoridad. Amargado y desilusionado, hubo de regresar a Italia.

De nuevo, el rey epirota enfrentó su potente máquina militar contra Roma. Cerca de Benevetum el ejército romano resistió con éxito y Pirro comprendió las dificultades que le esperaban si continuaba la guerra. Decidió así abandonar Italia mientras los romanos asediaban Tarento, que capituló en el 272 a.C.

El episodio de Pirro significó para Roma la aceleración del proceso de unificación de Italia. En los años siguientes se produjo la definitiva sedimentación de las conquistas y el ensamblaje de las distintas piezas en una unidad política bajo hegemonía romana. Con ello, la ciudad del Tíber se convertía en potencia mediterránea.


Fuente:
Historia de Roma - José Manuel Roldán Hervás

28 de marzo de 2011

La dieta de los griegos

Según la documentación aportada por la lírica griega arcaica, la carne es el elemento esencial y central de la comida diaria asociada también a los banquetes y los sacrificios, siendo las carnes de cerdo y, en particular, de buey el eje central de la dieta. Junto a ellos se consume de manera generalizada la oveja y el cabrito. La caza constituía una fuente importante de proteínas en la dieta: el jabalí y la liebre, recomendada para comer en otoño. Otros productos de origen animal serían la leche y sus derivados, la mantequilla y el queso de Acaya, elaborado éste con leche de cabra.

Por otra parte, en la Grecia arcaica el pescado era considerado como un alimento indigno que sólo se comía cuando no había otra cosa disponible. Pero, en cambio, en la época clásica fue un producto de cierta importancia en la dieta mediterránea. Las especies capturadas que citan los textos líricos son el verrugato, la corvina y también el atún. Se menciona un plato cuya base es la hembra del atún, elaborado con una salsa a base de ajo, queso y miel o huevo machacados en un mortero. Otro pescado apreciado en la dieta era la angula; la del río Meandro era famosa por su excelente calidad, pero la que se buscaba con mayor empeño para ser cocinada era la del lago Copias en Boecia. Otro tipo de pescados utilizados eran: el gobio y el chucleto, cocinados al fuego y a las brasas.

Entre los moluscos que se ingerían estaban la sepia, el calamar y una especie de bivalvo tipo almeja, y entre los crustáceos se encontraban el cangrejo y la gamba, aunque esta última no se ha podido identificar con claridad, puesto que algunos autores la denominan camarón o quisquilla, y se debía servir frita o asada.

La dieta mediterránea de los griegos estaba compuesta también por una gran abundancia de cereales y legumbres. Dentro de los cereales que se consumían estaban el trigo y la cebada, con diversas aplicaciones en la cocina griega. El pan era elaborado con harina de trigo, aunque era igualmente fabricado con cebada, y en algunos textos se nombra como “el forraje para los caballos”. Con la cebada se realizaba un alimento sencillo, como unas gachas o algún tipo de torta de forma espiral, siendo el centro principal de la comida diaria en época arcaica. Otro alimento elaborado con harina de cebada era una especie de bebida hecha con algún líquido (miel, agua, aceite o vino), queso y diferentes hierbas aromáticas (poleo, tomillo y menta), muy apreciada por sus cualidades nutritivas y medicinales, y utilizada en algunos actos culturales y rituales. Se realizaban también panes de sémola, aunque eran de una calidad inferior. Como dulce se hace referencia a los panes dulces y a los pasteles con una forma plana.

Desde época antigua los griegos contaban en su dieta alimentaria con la presencia de legumbres aunque las considerasen alimentos de muy baja calidad. Entre ellas destacan dos: las lentejas y los garbanzos. También se menciona una especie de puré de legumbres, que en algún momento aparece asociado a las habas y los guisantes. Entre las comidas diarias había una realizada a base de lentejas, carente de lujos pero muy apreciada. Los garbanzos se consumían tostados, acompañados con vino, como aperitivo o como postre.

Los condimentos necesarios para la elaboración de los diversos platos eran: el sésamo (de origen asiático, cuya función principal era la de aromatizar la masa del pan y los pasteles), la granada (empleada principalmente en la elaboración de postres) o el zumaque (cuyos frutos se comían preparados en vinagre antes de su maduración, como las alcaparras).


Fuente:
Mediterráneo: Fenicia, Grecia y Roma – Pilar Pardo Mata

24 de enero de 2011

La Linterna de Lisícrates


La Linterna de Lisícrates , en Atenas, fue levantada en el 334 a.C. por el arquitecto homónimo, como homenaje al ganador de un prestigioso concurso teatral. El trípode se erige sobre una base arquitectónica que destaca por su riqueza decorativa y en la que podemos observar capiteles corintios, orden que normalmente se reserva para el interior de los templos. Su construcción se explica por la costumbre de sufragar la actuación de un coro en los certámenes de canto que se celebraban al compás de los Juegos Olímpicos. Al maestro del coro ganador se le concedía un trípode y su patrocinador levantaba un pequeño templo. La Linterna se levanta para festejar a un maestro de coro que mereció tal galardón en Olimpia. Pero al tiempo Lisícrates crea una planta igual desde todos los puntos del edificio que permite al espectador girar en su torno. Con esto prescinde de la frontalidad inherente al punto de vista favorable al hacer que la totalidad de los frentes posea un único punto de vista.

Bajo el techo hay un friso y un relieve que representa a Dionisos castigando a los piratas que le han atacado.



Fuentes:
- Arte e historia de Grecia y monte Atos – Casa Editrice Bonechi
- Historia y Genealogía

6 de enero de 2011

La Liga Délica

La consecuencia más visible de las guerras Médicas fue que Atenas constituyó un dominio o arkhé naval, al que es habitual referirse como "imperio". Éste presenta una paradoja: si las guerras habían provocado el fortalecimiento de una ideología de la libertad, y Atenas había participado en ellas como defensor de esa libertad, ¿cómo se explica la arkhé ateniense, o el hecho de que muchos griegos otorgaran a los atenienses un mecanismo de opresión? La respuesta está en unas determinadas secuelas de las guerras Médicas.
Con la perspectiva del tiempo, sabemos que los persas habían renunciado a la conquista de Grecia, al menos durante el siglo V a.C. Pero para los griegos de la Liga Helénica, y en el contexto de una guerra reciente, ello no era tan obvio; el clima de la época debía de combinar la confianza con el miedo: confianza, pues se había vencido al vasto y poderoso Imperio persa, y miedo de que Jerjes quisiera devolver la ofensa, como ya había intentado después de la derrota de su padre, en 490 a.C. Los griegos que residían en el Asia Menor y las islas cercanas a las costas del Egeo tenían aún más razones para sentirse alarmados, puesto que habían sido libertados como consecuencia de las guerras de 480-479 a.C., pero su proximidad a Persia hacía precaria su libertad.

En la primavera de 478, consiguientemente, zarparon cincuenta barcos de la Liga Helénica, que libertaron a las ciudades griegas de Chipre y pusieron cerco a Bizancio, una polis que aún permanecía bajo el dominio persa.
Pero Pausanias, el comandante espartano de la flota, afrentó a los jonios de la Liga, y poco después tuvo que regresar a la capital lacedemonia para responder de ciertas acusaciones. Como refiere Tucídides, los jonios, movidos por su odio hacia Pausanias, pidieron a los atenienses que aceptaran la comandancia de la flota, como así fue. Heródoto, que hizo mención a ello de pasada, afirma tan sólo que "los atenienses privaron a los esparciatas de la hegemonía, so pretexto de los excesos de Pausanias".

Así nació una nueva alianza militar denominada "Liga Délica", debido a que su tesoro se custodiaba en la isla de Delos, consagrada a Apolo. La confederación tenía que reunir bajo la jefatura de Atenas a griegos autónomos y con el mismo derecho a voto. Su objetivo a largo plazo era mantener la libertad de Grecia frente a Persia y, a la vez, tomar venganza contra éstos. Se diferencia de las alianzas anteriores por ser naval, lo cual requería una enorme suma de capital. Se impuso el tributo (phoros), una contribución financiera anual que aportaban casi todos los estados miembros (las comunidades más grandes participaban con barcos, no con dinero).


Fuente:
La Grecia clásica: 500-323 a.C. - Robin Osborne

5 de diciembre de 2010

Así eran las guerras de los griegos

En la Grecia clásica la guerra tenía dos caras. Los ideales, y algunas de las costumbres, favorecían que se entablaran guerras y combates como si se tratara de un juego ordenado de acuerdo con unas reglas restrictivas. En la práctica, la búsqueda tanto de los beneficios como del honor casi no conocía freno, por lo cual se tendía a emplear todas las armas y recursos disponibles.

Las contiendas solían estar restringidas a los cuatro o cinco meses de la estación veraniega. La mayoría de campañas se desarrollaban entre la cosecha de cereales (en mayo) y la vendimia (en septiembre) o, a lo sumo, la labranza (en noviembre), cuando el abastecimiento podía confiarse al saqueo de cereales y era posible acampar al raso. El verano, asimismo, era la única época de navegación segura. La mayoría de ciudades no contaban con recursos para extender la guerra más allá de este periodo; los pocos estados que sí disponían de los soldados y el dinero necesarios alargaban la temporada hasta donde les era posible.

Los asedios no eran habituales pero tampoco eran algo desconocido. La relativa escasez de asedios se debía más a una falta de medios que a una decisión voluntaria. Cuando se les presentaba la oportunidad, los griegos no solían desaprovecharla y saqueaban la ciudad enemiga.
Los enfrentamientos a campo abierto se desarrollaban, con frecuencia, como si estuvieran regulados, debido a que las guerras solían seguir unos modelos predecibles: un ejército empezaba por devastar una explotación agrícola enemiga, los defensores salían al paso para detenerlo y las dos fuerzas combatían abiertamente en el llano. Los ejércitos podían permanecer acampados uno frente al otro durante unos días, esperando a que se presentara la oportunidad más favorable para atacar o que el enemigo tomara la iniciativa.

La guerra estaba sometida a ciertas restricciones de orden religioso. Un ejército no podía moverse sin antes consultar los oráculos y los augurios. Los malos augurios solían ser considerados razón suficiente para retirarse o permanecer inactivos. Los terremotos, por su parte, eran un presagio de advertencia que detuvo a más de una expedición. Asimismo, los escrúpulos religiosos exigían la observancia de determinados periodos sagrados, durante los cuales era ilícito combatir. Los espartanos, por ejemplo, no participaron en la batalla de Maratón porque no estaban autorizados a comenzar una campaña antes de la luna llena. Ninguna polis estaba autorizada a combatir durante las treguas destinadas a la celebración de los juegos olímpicos o cualesquiera otros juegos panhelénicos.

En cuanto a las restricciones morales, eran escasas pero significativas. Uno de los ideales vigentes indicaba que si se tomaba una ciudad griega, no se podía esclavizar ni masacrar a sus habitantes, y tampoco destruir sus edificios. En campo abierto estaba prohibido mutilar a los enemigos muertos: los vencedores se limitaban a despojar los cuerpos de todas sus posesiones, para luego permitir que los cuerpos desnudos fueran recuperados por sus compañeros, una vez promulgada una tregua. El ejército derrotado, por su parte, estaba obligado a respetar el trópaion de su enemigo (un trofeo realizado al colocar las armas y armaduras capturadas sobre una estructura de madera que señalaba el lugar de la victoria), aun cuando ello significara tolerar la presencia de un monumento conmemorativo de la propia derrota, tal vez a las puertas de la propia ciudad.

Invariablemente, a una declaración de guerra le sucedía el envío de tropas para que arrasaran y saquearan el territorio enemigo. Las guerras podían seguir su curso sin necesidad de combates a campo abierto o de asedios, pero nunca sin el intento de llevar la destrucción a las tierras hostiles. La esencia de la guerra griega consistía en imponer un castigo o cobrarse una venganza mediante la devastación agrícola.

El verbo “asolar” significaba hollar los cultivos, talar los árboles, quemar las cosechas, destrozar la maquinaria agrícola y arrasar las granjas. Otro componente esencial del saqueo era lo que los griegos denominaban ágein kaí phérein, que equivalía a arramblar con todos los animales, esclavos y bienes muebles del enemigo. El daño inflingido dependía del plan del invasor, de sus recursos y sus intenciones. Pero en general, los saqueadores encontraban pocos bienes que arrasar puesto que el campo solía ser evacuado antes de su llegada. La población buscaba refugio en las ciudades, y se llevaban consigo incluso el maderamen de sus propias casas.


Fuente:
La Grecia clásica: 500-323 a.C. - Robin Osborne

18 de noviembre de 2010

La sexualidad en la Antigua Grecia

Desde época arcaica la prostitución estuvo presente en Grecia pero los rasgos más importantes que se conocen sobre las prácticas sexuales datan de la época clásica.

Las ciudades costeras tuvieron un sinnúmero de prostíbulos que saciaban las necesidades de los marinos que llegaban a los puertos. Atenas se convirtió en una ciudad muy atractiva para dichas prácticas. El Estado, por su parte, era el que controlaba y regulaba los prostíbulos donde trabajaban las esclavas.

La fidelidad del varón en la Grecia clásica respecto a su esposa radicaba en respetar la condición de mujer legítima tal como se estipuló en la promesa de matrimonio. No obstante, las otras mujeres con las que el marido podía intimar fuera del hogar conyugal eran: con la compañera de reuniones sociales que poseía una gran belleza y presencia física además de contar con una gran intelectualidad -hetaira-; la concubina -pallaké- a la que no se consideraba como ciudadana de pleno derecho; la profesional del sexo o prostituta libre -porné- que debía pagar unos impuestos al Estado por su actividad; y, por último, las esclavas que tenían que vestir con atuendos especiales para identificarse, pasado un tiempo podían comprar su libertad por medio de un préstamo.
Estas cuatro clases de mujeres no atentaban contra la posición de la esposa legítima y madre. La esposa, por el contrario, debía ser totalmente fiel. El incumplimiento de esta cláusula podía costarle su posición en el hogar conyugal.

El varón rico podía tener relaciones con una esclava doméstica y darle hijos que eran reconocidos legalmente. Además, podía disfrutar con las hetairas, que tomaban parte en los banquetes -simposion- que se celebraban solo para hombres en la zona destinada a los hombres -andros-, lejos del área reservada para la mujer. Esta reunión constaba de dos partes: la primera consistía en la cena propiamente dicha; y la segunda era una especie de sobremesa de larga duración durante la cual se consumía la bebida, normalmente vino rebajado con agua, en la que los comensales realizaban una ofrenda al dios Dionisos. La fiesta se amenizaba con música, espectáculos y bailes realizados por las hetairas (las únicas mujeres que tenían permitida la entrada). Los esclavos servían a los invitados la comida, que se disponía en una mesa baja.

La homosexualidad era conocida en la Antigua Grecia. Las relaciones se realizaban entre un adulto -erastes- y un joven -eromenos-. A pesar de que la sociedad cultivaba el valor varonil era, por otra parte, tolerante y complaciente con esta práctica sexual.
El amor por los jóvenes estaba considerado en los círculos cultos y aristocráticos como una forma de educación necesaria para los jóvenes griegos. En el registro arqueológico han quedado pinturas reflejadas en recipientes cerámicos, donde se dibujaban numerosas escenas de cortejo entre los adolescentes y los adultos masculinos.

La poetisa Safo, del siglo VII a.C., que procedía de una familia aristocrática de la isla de Lesbos, dedicó su actividad a la iniciación de las doncellas en el secreto y deberes de la sexualidad femenina. Dicha iniciación se realizó a través de la experiencia homosexual, que inspiró muchos de sus poemas como el Himno a Afrodita y Epitalamios, entre otros.


Fuente:
Mediterráneo: Fenicia, Grecia y Roma – Pilar Pardo Mata

19 de octubre de 2010

Pitágoras y su escuela

Pitágoras
En la colonia griega del sur de Italia (Magna Grecia) fundó Pitágoras una asociación que era a la vez escuela filosófica y comunidad religiosa. Esta escuela, en la que no sabemos qué debe atribuirse a su fundador y qué a sus discípulos, tenía algo de secreto y misterioso, como misterioso y nuevo era el culto al dios Dyonisos, cuya fe profesaban. El culto dionisíaco se inspiraba en los misterios órficos (supuestamente revelados al poeta y músico Orfeo), pero representaban en realidad una penetración en el mundo heleno de las oscuras religiones, predominantemente monoteístas, de los pueblos orientales.

Se ha contrapuesto muchas veces lo apolíneo y lo dionisíaco. Apolíneo es el espíritu griego: culto a la forma, a lo limitado, a la serena claridad de lo humano perfecto. Dionisíaco, el dominio de las fuerzas oscuras de la naturaleza, la intensidad de las pasiones profundas, el principio indeterminado, caótico, informe, que precedió y que rodea amenazante al orden limitado de lo humano. Los pitagóricos fueron los instructores de este nuevo culto verdaderamente religioso y atormentado, por oposición al humanismo con que en Grecia se concebía a la religión y al arte de que se la rodeaba. Los griegos suponían que bajo su inspiración se realizaban sacrificios crueles y orgías, prácticas inconcebibles para la mentalidad griega.

No es esta, sin embargo, la principal aportación de esta escuela en orden a la filosofía. Los pitagóricos fueron grandes cultivadores de las matemáticas y creyeron encontrar en los números el principio (arjé), que los milesios habían creído descubrir en los elementos naturales.
Ellos observaron que en la matemática es donde únicamente se puede tener la exactitud completa y la evidencia absoluta. Que el movimiento de los cuerpos celestes puede observarse matemáticamente y predecir así los eclipses y demás fenómenos. Que hasta en las bellas artes, la música está sometida a número y medida. Y fácil les fue concluir que el secreto del Universo está escrito en signos matemáticos, que ellos son el principio fundamental del que todo se deriva.

Pero, como participaban de la afición oriental a lo arcano y misterioso, envolvieron también esta teoría con el velo de un saber oculto, reservado sólo a los iniciados. Asignaron así a los números una significación cabalística y a algunos un simbolismo sagrado. De este modo creían poseer una clave para la interpretación del Universo. Todo para ellos se hallaba regido por el número y el orden; los cuerpos siderales, en su acompasado movimiento, interpretan una sinfonía musical, que no es percibida por el oído humano.

Este mismo concepto de orden universal hizo admitir otra aportación de la filosofía india: el eterno retorno, la pervivencia terrena de las almas que transmigran a otro cuerpo cuando sobreviene la muerte, repitiendo así la sinfonía infinita del Universo. Esta idea pasará a Platón, que recoge varios temas del pitagorismo.


Fuente:
Historia sencilla de la filosofía – Rafael Gambra

Información relacionada:
- Biografía de Pitágoras. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pitagoras.htm
- Teorema de Pitágoras. http://roble.pntic.mec.es/jarran2/cabriweb/1triangulos/teoremapitagoras.htm
- Pitágoras y los pitagóricos. http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd97/Biografias/12-1-b-pitagoras.html


29 de septiembre de 2010

Salud y enfermedad en la Antigua Grecia

Las enfermedades padecidas por los griegos eran similares a las del mundo actual, con predominio de las epidemias, a las que llamaban peste, productoras de elevado número de muertes, lo que suponía una constante preocupación para el mundo griego.

En Grecia, los cuidados de la salud eran practicados por diferentes grupos, todos ellos elaboraron un concepto de enfermedad de forma racional, despreciando las creencias, saberes y poderes sobrenaturales y considerando solamente la intelectualidad.

Interpretaban estas enfermedades de manera similar a Mesopotamia, considerándolas como un estado de impureza o un gran castigo por una infracción cometida.

Fueron los griegos los primeros que dieron una razón natural a la enfermedad, desarrollándose esta mentalidad técnica VI a IV a.C. Esto sucedió porque cirujanos, farmacopeas, etc., supieron aprovecharse de los conocimientos de sus filósofos. Progresivamente, los médicos empíricos se unieron y formaron pequeñas escuelas de medicina técnica donde se enseñaba el estudio del hombre en todos los sentidos. En principio, estas escuelas tuvieron carácter familiar y posteriormente se fueron extendiendo a más personas, cobrándose incluso por las clases.

Existían principalmente cuatro tipos de cuidadores, los cuales podrían considerarse como los antecesores de los profesionales actuales:
  • Cirujanos: Se dedicaban al tratamiento de las enfermedades de forma empírica, no tenían formación teórica. Se distinguieron tres grupos: los farmacopeas, que recogían y administraban hierbas; los rizotomas, que recogían y administraban raíces, y los gimnastas, que practicaban la gimnasia y el masaje.
  • Esclavos: Fueron los ayudantes de los médicos técnicos. Realizaban las funciones de los cuidadores. En los escritos hipocráticos se cita al asistente o servidor como el colaborador médico y se dan directrices específicas sobre aplicación de cataplasmas, compresas frías, dietas líquidas, baños calientes, etc. Estos escritos demuestran que en la Antigua Grecia existieron los cuidados, sin embargo, cómo eran exactamente se deja a la imaginación de cada uno.
  • Parteras: Mujeres que brindaban la mayor parte de los cuidados obstétricos. Los médicos sólo participaban en partos difíciles o anormales. Así como las parteras eran habituales, otro tipo de asistencia a la salud estaba vedada a la mujer. Las mujeres griegas no podían ser iniciadas en los misterios de ningún arte, pero los cuidados a la familia recaían principalmente en la esposa.
  • Médicos técnicos: Verdaderamente fueron poseedores de todos los conocimientos relacionados con los cuidados de la salud. Comenzaron a ejercer la medicina educativa, informando y recomendando a los enfermos en todos los sentidos. Estas recomendaciones iban dirigidas a la élite de la sociedad, de forma que la mayoría del pueblo no llegó a alcanzar las enseñanzas para cuidarse.
En el siglo de oro (V a.C.) aparecieron los primeros tratados de medicina que han llegado hasta nosotros. Los estudiantes eran jóvenes varones de 15 años, procedentes de posiciones altas de la sociedad y bien preparados en todos los aspectos, que hacían un juramento para ingresar en la escuela de medicina. Los conocimientos médicos sólo pertenecían a los que juraban para ejercer la profesión. Entre los médicos griegos más famosos se encuentran Hipócrates y Dioscórides.


Fuente:
Historia de la enfermería: evolución histórica del cuidado enfermero - Catalina García Martín-Caro, María Luisa Martínez Martín

12 de septiembre de 2010

El mecanismo de Anticitera

Cada vez resulta más evidente que las civilizaciones antiguas nos superan en muchos aspectos y la ciencia es uno de ellos. Un buen ejemplo de ello es el mecanismo de Anticitera.

Se trata de un artefacto descubierto por casualidad en 1901 entre los restos de un naufragio, cerca de la isla de Anticitera. En un principio la ciencia no le dio demasiado crédito, pero a lo largo de sucesivas investigaciones se comprobó que el artilugio, datado en el 87 a.C., poseía unas características increíbles, y más teniendo en cuenta que los primeros mecanismos de relojería aparecieron en la época medieval.

Mecanismo de Anticitera, actualmente en el Museo Arqueológico de Atenas

Se piensa que el mecanismo de Anticitera es una computadora mecánica que por medio de sofisticados algoritmos calcula el movimiento de los cuerpos celestes. Un dial en el frente muestra la posición del Sol, la Luna y probablemente los planetas en el zodíaco, mientras que la parte trasera muestra un calendario lunisolar de 19 años, además de ser capaz de predecir eclipses.

Actualmente existe el Proyecto de investigación Antikythera, formado por un equipo internacional de científicos que se dedica al estudio del mecanismo, cuyas investigaciones han demostrado que el aparato es aún más sofisticado y más antiguo de lo que se creía.

En el año 2008, Philip Ball y Tony Freeth, publicaron en la revista Nature que el mecanismo servía para fijar con exactitud la celebración de los Juegos Olímpicos en la antigüedad. El interior del artefacto contiene una inscripción que indica Nemea (en referencia a uno de los juegos que fueron más importantes), y Olimpia. Con dichos diales se fijaba con precisión la última luna llena más próxima al solsticio de verano cada cuatro años, fecha en la que se iniciaban los juegos.




Fuentes:
El Sofista
Wikipedia
Ojocientifico.com
Microsiervos
Nature


16 de julio de 2010

La guerra del Peloponeso

La guerra del Peloponeso constituye seguramente el conflicto bélico más importante que se libró dentro del mundo griego, tanto por sus dimensiones, ya que implicó a la mayor parte del mundo griego en uno u otro bando, como por la violencia exhibida por ambos contendientes que alcanzó en muchos momentos cotas difícilmente superables. El conflicto se extendió a lo largo de casi 30 años, del 431 al 404 a.C., si bien hubo un tratado de paz tras los primeros diez años de guerra que no fue respetado en sus términos y abocó de nuevo a la reanudación completa de las hostilidades y al desastre final de Atenas, que hubo de capitular frente a sus enemigos.

La verdadera causa de la guerra, en opinión del historiador Tucídides, fue el temor suscitado entre los espartanos y sus aliados por el crecimiento imparable del imperio ateniense dentro del mundo griego. Atenas había empezado a extender sus miras hacia Occidente, estableciendo alianzas con diferentes ciudades. La escalada ateniense no podía quedar sin respuesta si Esparta deseaba continuar ejerciendo su papel hegemónico dentro de la Liga del Peloponeso, cuyo cimiento principal era precisamente la oposición a Atenas.

La responsabilidad ateniense parece también fuera de toda duda. A pesar de los enfrentamientos de carácter local que estaban teniendo lugar entre los miembros de ambos bandos en los últimos años de la década de los treinta y de que la guerra se había decretado casi por ambas partes, hubo una serie de negociaciones que demoraron todavía por un tiempo el estallido de las hostilidades generales.
El hecho de que el propio Pericles, partidario convencido del carácter ineluctable de la guerra, invite a los atenienses a no ceder ante las demandas espartanas con el argumento de que en ese caso éstas serían cada vez más exigentes parece indicar efectivamente que aquéllas fueron en algún momento razonables y podían haber sido aceptadas. Sin embargo, no eran estas las pretensiones de Pericles, que deseaba presentar a los espartanos como agresores y proseguir el conflicto hasta sus últimas consecuencias, seguro como estaba de la potencia de Atenas, que contaba con la fuerza de su poderosa flota y con el imponente sistema defensivo que unía a la ciudad con el puerto del Pireo conviertiendo todo el conjunto en una verdadera isla a salvo de los ataques del exterior.


Durante casi 30 años el mundo griego se dividió en dos campos irreconciliables. Del lado ateniense estaban casi todas las islas del Egeo y las ciudades jonias de Asia Menor. En el bando espartano militaban casi todo el Peloponeso y una buena parte de Beocia y del mundo griego de Occidente. Atenas, gobernada por una democracia de tipo radical, controlaba un verdadero imperio marítimo. Esparta se hallaba a la cabeza de una liga de estados que se hallaban sometidos a graves presiones internas a causa de los componentes étnicos heterogéneos que componían su población. Sin embargo, contaba con un excelente ejército de infantería que le daba la completa superioridad por tierra. La propia naturaleza militar del Estado espartano, convertido desde hacía ya tiempo en un auténtico campamento, había producido una generación de excelentes y disciplinados soldados que resultaban muy difíciles de batir en campo abierto.

La táctica de Pericles frente a la guerra fue la conservación a toda costa de su hegemonía marítima. Consciente de la superioridad espartana por tierra, hizo que la mayor parte de la población del Ática se concentrara tras las murallas de Atenas, que tenía asegurado el abastecimiento gracias a los largos muros que la unían con el Pireo.
El gran acontecimiento de los primeros años de guerra fue la propagación de una epidemia de peste en la ciudad de Atenas, que diezmó considerablemente su población y minó la moral de sus habitantes. El hacinamiento producido por la avalancha de gentes procedentes de todos los puntos del Ática fue uno de los factores que facilitaron la propagación de la epidemia. El propio Pericles fue una de sus muchas víctimas.

A los males causados por la peste se vinieron a sumar otros reveses en el terreno militar. Platea, una de las ciudades aliadas de Atenas, sucumbió ante Tebas sin que los atenienses pudiesen acudir en su ayuda y se produjo una nueva rebelión entre los aliados en la ciudad de Mitilene, en la isla de Lesbos. Atenas llevó a cabo una feroz represión y se puso así de manifiesto la naturaleza claramente imperialista de su dominio sobre sus aliados. Esparta, por otro lado, estableció una colonia al sur de Tesalia.


Esparta reforzó considerablemente sus posiciones con la ayuda financiera del rey persa Ciro. Pudo reconstruir de esta forma la flota, que bajo el mando de Lisandro consiguió la victoria decisiva en Egospótamos, en el 405. El imperio marítimo ateniense se hundió así de forma definitiva y la derrota final era ya sólo cuestión de tiempo. Esparta obligó a Atenas a demoler sus fortificaciones, especialmente los largos muros, y a renunciar a todas sus posesiones más allá del Ática. Con la entrega de su flota y su alianza forzada con Esparta, Atenas concluía un periodo de esplendor, que se había iniciado a finales de la época arcaica.


Fuente:
Historia de Grecia Antigua - Francisco Javier Gómez Espelosín


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