9 de septiembre de 2018

Sobrevivir al invierno en la Edad Media

En 2013, un grupo de recreación medieval decidió averiguar cómo sería sobrevivir a un invierno ruso en la Edad Media. Eligieron a uno de sus miembros, Pavel Sapozhnikov, para vivir en una granja solo con herramientas, ropa y refugio del siglo IX durante seis meses, como parte de un proyecto titulado Alone in the Past. Una vez al día, Pavel hablaba durante media hora ante una cámara para relatar su día y compartir sus experiencias. El resto del tiempo estaba completamente solo, con un control mensual para asegurarse de que todavía estaba vivo. Proporcionó una visión de primera mano de cómo la gente en la Edad Media luchaba para sobrevivir durante el invierno.


Pero también podemos obtener fragmentos de información de manuscritos, registros judiciales y documentos forenses sobre cómo vivían y morían las personas durante la estación más difícil del año. ¿Cómo se calentaban en pleno invierno? ¿Qué comían? ¿Qué hacían? Sin calefacción, sin ventanas de doble acristalamiento, sin Netflix, sin abrigos... Sin duda no poseían ninguno de los lujos que hoy en día consideramos "necesidades". La llegada del invierno era un momento aterrador para muchas personas; si había una mala cosecha podían morir de hambre y siempre existía la posibilidad de contraer enfermedades que podían matarles fácilmente, como la neumonía. A esto se añade la aparición de la Pequeña Edad de Hielo desde 1300 hasta aproximadamente 1870, y que significó sobrevivir a inviernos mucho más fríos. El invierno era la estación más peligrosa del calendario medieval. Entonces, ¿cómo lidiaron con el invierno las personas de la Edad Media?

Para la gente de la Edad Media, el invierno empezaba justo después de San Miguel (29 de septiembre) y se alargaba hasta la Candelaria (2 de febrero), cuando hacía ya el suficiente calor como para volver a labrar la tierra. Eso es mucho tiempo, por lo que durante el otoño los aldeanos intentaban preservar la cosecha y guardar toda la comida posible para los meses difíciles que se avecinaban. Para una persona promedio, el alimento básico durante los fríos meses de invierno era el potaje (un guiso compuesto por verduras hervidas y granos). Todo entraba en el guiso, incluida la fruta si tenían alguna, ya que en aquella época se consideraba poco saludable comer fruta cruda. Los alimentos más comunes en la dieta de un aldeano incluirían cebollas, arvejas, coles, judías, lentejas y hierbas como el perejil. Las proteínas las obtenían del queso y los huevos, y un poco de carne cuando podían conseguirla, como el tocino graso o el cerdo salado. Los más adinerados comían habitualmente carne de cordero y paloma, mantequilla, higos queso y uvas, entre otras cosas.

¿Cómo se calentaban en pleno invierno? Al igual que nosotros llevaban capas, bufandas, botas y guantes. Las casas a menudo estaban llenas de humo procedente de un hogar de piedra, cuya única ventilación era un agujero en el techo. Esto proporcionaba calidez, pero no la suficiente para unas temperaturas muy frías. La calefacción en el interior de las casas no era muy buena, por lo que muchas personas llevaban un montón de prendas exteriores para mantener el calor. En otros lugares fríos y con corrientes de aire, como las iglesias, los aldeanos a menudo llevaban a misa sus propios calentadores de manos: esferas huecas de metal que contenían brasas. La lana era el tejido preferido, pero picaba mucho, por lo que usaban ropa de cama debajo. El sudor reducía la calidez de la lana, por lo que las personas a menudo se quitaban capas de ropa cuando transpiraban y luego se las volvían a poner cuando volvían a tener frío.

Pero en el invierno medieval la gente también se divertía: jugaban en la nieve, disfrutaban en trineo y patinaban sobre hielo (sobre pedazos de madera pulida o espinillas de caballo). En el interior de las casas se entretenían con populares juegos de mesa. Los nobles disfrutaban de la caza del jabalí. Estas actividades eran un respiro al trabajo duro y a las frías noches de invierno.

La Navidad era la fiesta más larga del año, había doce días desde Nochebuena hasta Epifanía (6 de enero) durante los que apenas nadie trabajaba. El señor a veces invitaba a sus villanos a cenar en su salón. En algunos casos, un campesino afortunado era seleccionado para llevar a dos amigos y podrían comer y beber todo lo que quisieran durante el tiempo que tardaban en quemarse dos velas (una tras otra). A otros campesinos se les permitía llevarse todo lo que podían almacenar entre sus ropas. A pesar de las festividades navideñas, los campesinos tenían que pagar un "alquiler" para poder acceder a la mesa del señor; generalmente entregaban huevos, gallinas y pan.


Fuente:
* https://www.historyoftheancientworld.com/2015/12/surviving-winter-in-the-middle-ages


1 comentario :

  1. Ya de por sí eran duras las condiciones para los campesinos en tiempos medievales, como para añadir los rigores de un crudo invierno. Aquella sí que era una lucha denodada por la superviviencia. En Europa en general, una forma de combatir el hambre y el frío era consumiendo vino. Muy malo y de poca graduación, estaba considerado como un alimento.
    Saludos.

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