30 de noviembre de 2011

Libros de noviembre

Terminamos otro mes recomendando, como todos los meses, unas novelas históricas.

Ángeles de acero (Nicholas C. Prata)

1565. El Imperio otomano se yergue como un coloso sobre los reinos cristianos, sus tropas victoriosas en los campos de batalla, su ambición sin límite ni freno. Frente a él, una Europa dividida, incapaz de presentar un frente unido al decidido asalto turco.

El siguiente objetivo del sultán Solimán el Magnífico es la isla de Malta. Su caída a manos musulmanas abrirá el Mediterráneo a los ejércitos otomanos y significará sin duda la ruina de la civilización occidental. Los Caballeros de San Juan del Hospital, aquéllos que tiempos posteriores recordarán como los Caballeros Hospitalarios, son el firme baluarte de la Cristiandad, los defensores de la isla de Malta.

Curtidos en mil batallas y con el recuerdo todavía fresco de la humillante expulsión de su sede en la isla de Rodas, están decididos a morir hasta el último hombre antes de permitir la ocupación otomana. Superados en número, sin ayuda ni esperanza de victoria, los caballeros, liderados por el gran maestre Jean de la Valette, se aprestan a rechazar a las innumerables hordas turcas. El Gran Asedio de Malta acaba de empezar.

Las siete puertas del infierno (David Camus)

Año 1188, Constantinopla. La bella Casiopea, una intrépida muchacha que aprende el noble oficio de las armas, recibe una carta que le anuncia la muerte de su padre, el valeroso Morgennes. A partir de entonces, la joven aventurera tendrá un único objetivo: descender a los infiernos para dar cristiana sepultura a su padre.

Acompañada de su fiel halcón-guía y protegida por la legendaria espada de su padre, Crucífera, la osada Casiopea inicia un viaje plagado de peligros que la lleva a los territorios más áridos y hostiles adentrándose en las tierras conquistadas por los musulmanes, desde el amenazante Vesubio a los pueblos de los tártaros, para llegar a las mismas puertas de los abismos y las sombras, sonde se dirimirá el éxito de su aventura.

Rihla (Juan Miguel Aguilera)

En el año 890 de la Hégira, Lisán al-Aysar, erudito árabe del reino de Granada, convencido de la existencia de un mundo más allá del océano, se embarca en una gran expedición. En esta rilha le acompañarán aventureros árabes, corsarios turcos, caballeros sarracenos, un hechicero mameluco y un piloto vizcaíno, renegado y borracho.

Descubrirán una tierra lujuriosamente fértil y deberán enfrentarse a sus extraños pobladores: hombres-jaguar, guerras floridas y sacrificios humanos. El viaje llevará a Lisán a alcanzar una nueva sabiduría, conocer la magia, recuperar el motor y vivir una gran aventura. Una original novela que nos sumerge en una emocionante y exótica aventura y nos invita a reflexionar sobre las culturas ajenas y la propia, del pasado y del presente. 

28 de noviembre de 2011

Capilla Real de Granada

La Capilla Real de Granada alberga los restos mortales de Fernando de Aragón y Isabel de Castilla, de Juana I, Felipe I y del príncipe Miguel.

Después de la conquista de Granada (1492), los Reyes Católicos decidieron construir su propia capilla sepulcral dentro de la Catedral de Granada, así que los Reyes Católicos decidieron el 13 de septiembre de 1504 que se creará por Real Cédula la Capilla Real. Este nuevo lugar de enterramiento real supone construir, decorar y amueblar un edificio, crear una institución con personas, dotarlo económicamente, todo ello con las garantías jurídicas suficientes para su permanencia y vida.

El diseño de la Capilla Real se inició en 1504, siendo trazada por Enrique Egas siguiendo los deseos de austeridad de la reina católica. El edificio se construyó en estilo gótico entre 1505 y 1517. Como los Reyes Católicos murieron antes de su finalización, en un principio fueron enterrados en el monasterio de San Francisco de la Alhambra. Cuando la Capilla Real fue terminada los restos de los Reyes Católicos fueron trasladados, siendo enterrados a su lado los cuerpos de Felipe I El Hermoso y Juana I La Loca. La Capilla va recibiendo el precioso legado de los Reyes Fundadores: Pinturas, reliquias, libros, tapices y textiles, ornamentos y vasos litúrgicos.

En el centro de la capilla encontramos los sepulcros de Isabel y Fernando, de Doménico Francelli, y los de Juana y Felipe, hechos por Bartolomé Ordoñez. Los sepulcros son altos y casi a la altura de tabernáculo (simboliza la cercanía de los reyes a Dios). Pueden verse en la Capilla Real los sepulcros de:

•Isabel I de Castilla, reina de la Corona de Castilla.
•Fernando II de Aragón, rey de la Corona de Aragón.
•Juana I de Castilla, reina de las coronas de Castilla y de Aragón.
•Felipe I de Castilla, el Hermoso, rey consorte de Castilla.


El rey va vestido con una armadura, sujetando una espada con su mano derecha. Lleva corona sobre una melena a la moda de aquellos años. En su pecho reposa un medallón que cuelga de una cadena al cuello, con la imagen de San Jorge, patrono de la Corona de Aragón.

La reina, también coronada, tiene las manos cruzadas y apoyadas en el vientre. Luce un collar con medallón que representa a Santiago, protector de Castilla. Estos dos santos patronos, San Jorge y Santiago se repiten en los medallones de los lados menores del sepulcro. A Santiago se le representa en plena lucha contra los moros y a San Jorge matando al dragón. Son además un símbolo de los éxitos militares, como también son símbolos de realeza y poder los leones esculpidos a los pies. A los pies hay además una cartela con caracteres latinos, sostenida por angelotes o putti en la que puede leerse un gran elogio hacia los monarcas, basado en sus acciones bélicas.

En la cripta también está el sarcófago del infante Miguel de la Paz de Portugal, nieto de los Reyes Católicos, muerto niño. Las piezas más destacadas del interior del templo son su retablo mayor, la reja y la cripta con los cinco ataúdes de plomo que contienen los restos mortales de los reyes y del pequeño infante, reconocibles cada uno por la inicial de sus respectivos nombres:


El siglo XVI es el siglo de la plenitud de la Capilla Real, en él hay tres pasos: Su nacimiento con el espíritu medieval, resaltando la sobriedad del edificio y de toda la Institución (la Reina que quiso ser sepultada «vestida en el hábito del bienaventurado pobre de Jesucristo San Francisco»). Sigue su florecimiento con el Emperador Carlos I. Se adorna el templo, se engrandece la Institución. Termina con Felipe II: se mantiene y afirma un legado, pero se le cortan las alas. El Escorial y Simancas son ahora los proyectos de futuro: allá son trasladados la mitad de los restos reales y la librería de la Capilla.

Los primeros cincuenta años del siglo XVII no ofrecen novedad en la Capilla. Se preludia una decadencia que durará toda la segunda parte de este siglo y la primera mitad del XVIII.

Mediado el siglo XVIII hay un nuevo resurgir de la Capilla. Fernando VI ordena: «Restablecer en lo posible las decadencias de mi Real Capilla de Granada, y sus bienes dotables, y que en ella se perpetúe más decorosa la memoria de los Señores Reyes Católicos, sus gloriosos fundadores».

El final del XVIII y la primera mitad del XIX trae nuevas turbaciones a la Institución. Están ligadas a cambios políticos, a dificultades económicas y a la profunda modificación de las relaciones Iglesia-Estado. La Institución pasa a ser una entidad totalmente eclesiástica.


Cierta estabilidad trajo el Concordato de 1851 al que siguió un Decreto Real de reorganización de las Capillas Reales. Isabel II, que visitó la Capilla en 1862, impulsa un nuevo ordenamiento. Con la Restauración se consigue un nuevo equilibrio y nace el interés por la investigación histórica, por la restauración artística, por lo museístico.

Ya en el siglo XX crece el interés historiográfico y artístico, archivístico y musical por la Capilla. El Museo fue creado en el año 1913.

Fuentes consultadas:

http://www.capillarealgranada.com/
http://es.wikipedia.org/wiki/Capilla_Real_de_Granada

26 de noviembre de 2011

Castillo de Abizanda




El castillo de Abizanda se encuentra en la población del mismo nombre en la provincia de Huesca.

La bella fortificación de Abizanda es de origen musulmán, fundada por Ibn Sallam como una de los principales plazas fuertes de la Marca Superior, en aquella época era denominada Abinyuyas de donde deriva su nombre actual.

Fue tomada por Sancho el Mayor en 1017. Se acepta su reconstrucción en 1023 para atacar la cuenca del Isábena. Conocemos el nombre de sus primeros tenentes. El primero es Ato Galíndez, que lo fue entre 1055 y 1076. Ello indica que era plaza cristiana ya en tiempo de Ramiro I. Fue la fortaleza cristiana más meridional, de las que defendieron la cuenca del Cinca.

La torre es obra de maestros lombardos llevada a cabo hacia 1023, para plantear el ataque de la cuenca del Isábena. La edificación del recinto y capilla del castillo es posterior, obra de maestros locales.

En 1413 sufrió un gran ataque de los seguidores del conde de Urgel. Después, en 1416, Diego de Fuensalida renunció a la donación que Fernando I le hizo del lugar, por lo que Alfonso V lo cedería a Domingo de Naya.

En el siglo XVII pertenecía a la baronía de Castro y de la Laguna.


El de Abizanda es uno de los mejores donjones de Aragón, muy vistoso, pero poco conocido. Donjon es palabra francesa que designa las torres con salas que tienen función de palacio. No son como la torre del homenaje de otros castillos que tienen sus dependencias alrededor. Son todo en uno, atalayas, miradores, pero también residencia, en varios pisos. De ahí que sean grandes torres. Son como un castillo completo pero en vertical, como militares rascacielos del siglo XI.

Se construyó aprovechando el mogote calcáreo que se encuentra sobre el abrupto acantilado del barranco El Río, lo que le proporcionaba una defensa natural en su lado norte. Tiene planta rectangular de 13,5 x 8 metros, los muros son de piedra de 1,95 metros de espesor, y tiene una superficie interior de 38 m2 de planta, el basamento corresponde a una antigua construcción defensiva de origen árabe y está construida directamente sobre la roca. Con 24 metros de altura, el interior está dividido en 5 pisos: el primero de almacén, en el segundo se encuentra la puerta de acceso, situada en altura por motivos de defensivos y a la que se accedía siempre con escaleras de madera, los dos pisos superiores cumplían las funciones de vivienda y el último era defensivo. La división de las plantas y el cadalso defensivo que coronaba la torre estaban íntegramente construidos en madera.


En el muro este encontramos la capilla que todavía conserva restos de pintura y a su lado hay abierto un estrecho cuarto en el muro con el retrete.

El los pisos tercero y cuarto encontramos tres ventanas geminadas que ampliaban la visión del entorno. El cadalso defensivo ha sido reconstruido en su totalidad tras la rehabilitación y en la época de su construcción estaría abierto.


Fuente:
Castillos de Aragón

24 de noviembre de 2011

'Isabel II. Una biografía (1830-1904)', de Isabel Burdiel, premio Nacional de Historia 2011

Isabel Burdiel se ha alzado con el premio Nacional de Historia 2011 por su obra 'Isabel II. Una biografía (1830-1904)'. El premio, que tiene por objeto reconocer y estimular la labor de investigación histórica, le ha sido entregado por unanimidad. Está valorado en 20.000 euros.

Según Burdiel, su libro analiza la “tensión política entre partido y corona” durante el complicado reinado de Isabel II. Burdiel pretende explicar “cómo los partidos tratan primero de instrumentalizar a la corona y a la reina, que era una niña, y como, después intentan librarse de ella”. Para ello, ha utilizado como fuente “el archivo personal de la regente, la madre de la reina, en el que se trata todo lo que se puede tratar: la política, el sexo, los casamientos… Y, por otro lado, la documentación diplomática de británicos y franceses”.

De acuerdo con Burdiel, el libro construye un retrato de “cómo se fabricó un personaje letal para España y para sí misma”. Y afirma: “Fue un personaje muy distorsionado y muy maltratado que terminó por convertirse, ella misma, en una manipuladora”.

Isabel Burdiel nació en 1958 y es catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia, e investigadora honoraria para la University of East Anglia de Reino Unido.

Entre sus publicaciones figuran ‘La política de los notables’ (1987) y las ediciones críticas de la ‘Vindicación de los derechos de la mujer’, de Mary Wollstonecraft (1994); ‘Frankenstein’ de Mary Shelley (1996), y el ensayo ‘La dama de blanco’. Es especialista en la figura de Isabel II y su entorno, y en 2004 publicó una primera biografía incompleta, 'Isabel II. No se puede reinar inocentemente'.


Fuente:
Lavozlibre

22 de noviembre de 2011

Historia del aire acondicionado

En 1902 Willis Carrier sentó las bases de la maquinaria de refrigeración moderna y al intentar aplicarla a los espacios habitados, se encontró con el problema del aumento de la humedad relativa del aire enfriado, y al estudiar cómo evitarlo, desarrolló el concepto de climatización de verano.

Por aquella época un impresor neoyorquino tenía serias dificultades durante el proceso de impresión, que impedían el comportamiento normal del papel, obteniendo una calidad muy pobre debido a las variaciones de temperatura, calor y humedad. Carrier se puso a investigar con tenacidad para resolver el problema: diseñó una máquina específica que controlaba la humedad por medio de tubos enfriados, dando lugar a la primera unidad de refrigeración de la historia.

Durante aquellos años, el objetivo principal de Carrier era mejorar el desarrollo del proceso industrial con máquinas que permitieran el control de la temperatura y la humedad. Los primeros en usar el sistema de aire acondicionado Carrier fueron las industrias textiles del sur de Estados Unidos.

Debido a la calidad de sus productos, un gran número de industrias, tanto nacionales como internacionales, se decantaron por la marca Carrier. La primera venta que se realizó al extranjero fue a la industria de la seda de Yokohama en Japón en 1907.

En 1915, empujados por el éxito, Carrier y seis amigos reunieron 32.600 dólares y fundaron “La Compañía de Ingeniería Carrier”, cuyo gran objetivo era garantizar al cliente el control de la temperatura y humedad a través de la innovación tecnológica y el servicio al cliente.

La prueba de fuego llegó en 1925, cuando a la compañía Carrier se le encarga la climatización de un cine de Nueva York. Se realiza una gran campaña de publicidad que llega rápidamente a los ciudadanos formándose largas colas en la puerta del cine. La película que se proyectó aquella noche fue rápidamente olvidada, pero no lo fue la aparición del aire acondicionado.

En 1928 se fabricó un equipo de climatización doméstico que enfriaba, calentaba, limpiaba y hacía circular el aire y cuya principal aplicación era la doméstica, pero la Gran Depresión en los Estados Unidos puso punto final al aire acondicionado en los hogares. Hasta después de la Segunda Guerra Mundial las ventas de equipos domésticos no empezaron a tener importancia en empresas y hogares.


Fuente:
Rincón Abstracto

20 de noviembre de 2011

El vino en la Edad Media

En la edad media, el vino tenía el prestigio social más alto de todas las bebidas y también fue mirado como la opción más sana a la hora de elegir entre diversas bebidas. Según la teoría de Galeno, debía ser considerado como un fluido "caliente y seco"...
(de aquí proviene el uso moderno de “vinos secos” al describir el sabor del vino que no es dulce).

Estas cualidades fueron moderadas cuando el vino fue mezclado con agua antes de beber, y esta mezcla se hacía a menudo.

Las propiedades del vino eran muy diferentes de las asignadas al agua o incluso a la cerveza, que eran consideradas al mismo tiempo fría y húmeda, la consumición del vino con moderación (especialmente vino tinto), entre otras cosas, fue tenida como ayuda a la digestión, para generar "buena sangre" y para aclarar el humor. La calidad del vino se diferenció considerablemente según vendimia, el tipo de uva y más importantemente, en el número de los prensamientos realizados a la uva.

La primera presión se hacía a los vinos más finos y más costosos que eran reservados para las clases más altas. Los segundos y terceros prensados generaban un contenido de baja calidad y con poco alcohol etílico. La gente corriente tuvo que beber generalmente un vino más barato, tal y como eran los vinos blancos o los vinos rosados generalmente elaborados con un segundo o tercer prensado, significando que podría ser consumido en cantidades absolutamente abundantes sin conducir a la intoxicación etílica.

Para los más pobres y los religiosos ascetas a veces se tomaba ya casi en la frontera de lo que podría ser vinagre.

El envejecimiento de los vinos rojos de la alta calidad requirió conocimiento especializado así como un almacenaje costoso y además un equipo preparado para ese menester, con lo que dio lugar a un producto final aún más caro y exclusivo.

Según los numerosos consejos dados en los documentos medievales acerca de como salvar el vino que empieza a dar muestras indicadoras de que se va a poner malo, nos hace ver que la preservación del vino debía haber sido un problema extenso y bastante común en aquella época. Aunque el vinagre era un ingrediente común en muchos platos, allí estaba solamente tanto de él que se podría utilizar contemporáneamente. En la guía de cocina escrita en el siglo XIV denomnada Le Viandier hay varios métodos para salvar el vino estropeado; cerciorándose de que los barriles del vino estaban llenos con una mezcla de semillas de uva blancas secas y hervidas con la ceniza de las cenizas secas de la vid (ambos eran conocidos como bactericidas eficaces), aunque los procesos químicos no eran entendidos en ese entonces.

El especiado era no sólo popular entre la gente corriente, sino que también era considerado especialmente sano por los médicos. Se creía que facilitaba la digestión y que dirigía la energía a cada una de las partes del cuerpo, y era la creencia de que la adición de especias fragantes y exóticas lo haría aún más sano. Los vinos especiados fueron elaborados generalmente mezclando un vino (tinto) ordinario con un surtido de especias tales como jengibre, cardamomo, pimienta, granos del paraíso, nuez moscada molida, clavos y azúcar.

Éstos estaban contenidos en pequeñas bolsas que se empapaban en el vino vertido, y de esta forma se elaboraba el hypocras y el claré, ya en el siglo XIV había un fuerte comercio de especia para este tipo de bebida.

Fuente:
http://www.lugardelvino.com/cultura/el-vino-en-la-edad-media.html

18 de noviembre de 2011

El Horizonte en el antiguo Egipto

Los egipcios concedían una especial importancia a la posición y al momento de la primera a parición del Sol al amanecer cuando, en un cielo habitualmente nítido, un repentino punto de luz intensa se desliza rápidamente hacia arriba y se expande en una completa esfera incandescente. A pesar de que para la población del delta del Nilo el horizonte era una extensión llena de campos verdes, marismas y árboles, la imagen elegida para plasmar la esencia del amanecer fue un fragmento de la meseta del desierto oriental interrumpida por un valle.

Jeroglífico que representa al Horizonte

El dios alado Horus, en forma de halcón, estaba asociado al amanecer y a la luz solar. Fue uno de los primeros dioses representados en el arte jeroglífico, un halcón en una barca que se eleva sobre un par de alas. Sobre las puertas de los templos a menudo se esculpía un disco alado. Cuando su nombre se combinaba con "horizonte" en "Horus del Horizonte" (Haractes), se convertía en el receptor de oraciones dirigidas directamente al Sol visible de la mañana. Para reforzar el aspecto solar, el nombre del dios solar Re solía añadirse para crear el nombre compuesto Re-Haractes.

El jeroglífico "Horizonte" hace también referencia al lugar de la puesta del Sol, y de forma más amplia al contorno del cielo y a la morada de los dioses. Dio pie al surgimiento de la frase "moradores del Horizonte", un término que evocaba a los habitantes de una tierra sureña que estaba tan alejada que ni siquiera tenía un nombre apropiado (probablemente el centro del actual Sudán).

Horus

El "horizonte", como impresionante imagen visual de un punto radiante y poderoso en el paisaje, se convirtió en metáfora de un edificio imponente y especial, extendida a veces al "horizonte de la eternidad" donde se pensaba que quizá la brillante presencia del Sol quedaría fijada para siempre. Un templo, un palacio real, la tumba de un rey, una importante necrópolis: todo podía ser calificado de "horizonte".


Fuente:
100 jeroglíficos: introducción al mundo del antiguo Egipto - Barry J. Kemp

16 de noviembre de 2011

Napoleón y la Iglesia católica

En 1801, Napoleón estableció la paz con el más antiguo e implacable enemigo de la Revolución, la Iglesia católica. Napoleón carecía de creencia religiosa alguna, pues era un racionalista del siglo XVIII que conceptuaba la religión, a lo sumo, como una conveniencia. En Egipto, Napoleón se proclamó musulmán. En Francia, dijo ser católico. Pero lo cierto es que se percató de la necesidad de llevar buenas relaciones con la Iglesia católica, con el fin de dar estabilidad a su régimen. En 1800, declaró al clero de Milán:

"Tengo la firme intención de que la religión cristiana, católica y romana sea preservada en su totalidad... Ninguna sociedad puede existir sin moral, ni existe moral válida si no hay religión. Es, por lo tanto, únicamente la religión la que da al Estado un apoyo firme y duradero".

Al poco tiempo de pronunciarse en tales términos, Napoleón entabló negociaciones con el papa Pío VII, con objeto de restablecer la Iglesia católica en Francia.

Ambas partes se beneficiaron del Concordato que Napoleón estableció con el papa en 1801. Aunque éste obtuvo el derecho de destituir a los obispos franceses, ello no le supuso gran capacidad de control sobre la Iglesia francesa, pues el Estado se reservaba el derecho de nombrar a los obispos. La Iglesia tenía libertad, de nuevo, para celebrar procesiones y abrir los seminarios. Pero Napoleón ganaba más. Por el sólo hecho de firmar el Concordato, el papa reconocía los logros de la Revolución.

En contra de los deseos del papa, el catolicismo no se estableció como religión del Estado. La intención de Napoleón era únicamente reconocer al catolicismo como la religión de la mayoría del pueblo francés. El clero recibiría su paga del Estado, pero para anular toda idea de una Iglesia del Estado, los ministros protestantes fueron también incluidos en la nómina.

A raíz del Concordato la Iglesia dejó de ser enemiga del gobierno francés. Al mismo tiempo, este acuerdo tranquilizó a quienes habían adquirido durante la Revolución tierras que habían pertenecido a la Iglesia, pues no serían despojados de ellas. Esta tranquilidad convertía a estos propietarios en firmes defensores del régimen napoleónico.


Fuente:
Civilizaciones de Occidente - Jackson J. Spielvogel

14 de noviembre de 2011

El primer vuelo sobre el Polo Norte




El estadounidense Richard Byrd se prepara para sobrevolar el Polo Norte por primera vez, el 9 de mayo de 1926 y su intento no es el único; la hazaña será lograda también mas tarde por el noruego Roald Amundsen pero utilizando un dirigible. 

Byrd realiza su vuelo con un trimotor Fokker acompañado por Floyd Bennett. Utilizando para su navegación una brújula solar, vuela a una altura promedio de 600 metros y logra alcanzar la latitud del polo alrededor de las 9:02 hs. 

La hazaña le otorga el privilegio de haber sido el primer hombre en sobrevolar el Polo Norte. El vuelo dura casi 16 horas, regresando finalmente a su base en Bahia King donde es recibido triunfalmente por su grupo y por el propio Amundsen.


Fuente:
Para Libros

12 de noviembre de 2011

Cinco batallas de record

La batalla más antigua: Armagedón

El primer enfrentamiento militar del que se tiene constancia histórica es el de Maggedo o Armagedón, también llamado de Megido, cuya fecha más comúnmente aceptada es la del 9 de mayo de 1457 a.C.

La batalla más larga: Hsiang Yang

Se trata del asedio del ejército mongol dirigido por Khublai Khan, nieto de Gengis Khan, a la ciudad china de Hsiang Yang. Duró casi seis años, desde el 1268 al 1273.

La batalla más sangrienta: Stalingrado

Entre tres y cuatro millones de personas –tanto civiles como soldados– fallecieron en la batalla de Stalingrado (del 2 de junio de 1942 a febrero de 1943), considerada la más sangrienta de la Historia.

La batalla con menos bajas: Bicoca

El enfrentamiento histórico con menos bajas fue el de Bicoca (1522), entre las tropas suizas y las españolas. Éstas fueron las vencedoras y las únicas que registraron un muerto. La causa: la coz de una mula.

La batalla más corta: Zanzíbar

El enfrentamiento bélico más corto de la Historia se produjo el 27 de agosto de 1896 en el ataque de la Royal Navy al palacio del sultán: 45 minutos de bombardeo que causó 500 bajas. Los británicos perdieron a cien hombres en su infructuosa persecución de Khalid bin Bargash.


Fuente:
Actual y Curioso

10 de noviembre de 2011

Los galos destruyen Roma

Mapa de los pueblos galos
El 390, año en que Dionisio I el Viejo, tirano de Siracusa atacó la Italia meridional, fue también nefasto para los romanos. Los celtas -galos-, procedentes del norte, avanzaban sobre Roma.

Los galos se habían establecido en la Francia actual, que los romanos llamaban por tal razón Galia Transalpina (Galia situada, desde el punto de vista romano, al otro lado de los Alpes). Otros celtas, tras franquear el canal de la Mancha, se habían instalado en las Islas Británicas. Y también habían penetrado en las ricas llanuras del Po, en la Galia Cisalpina (Galia de este lado de los Alpes, vista desde Roma), atraídos, dice Tito Livio, "por los hermosos frutos de Italia y sobre todo por el vino, que tanto les gustaba". Sin duda, estas tribus, todavía nómadas, necesitaban nuevos pastos.

Una numerosa oleada celta, después de atravesar la Galia Cisalpina, continuó en dirección sur. El ejército que salió de Roma a oponerse al enemigo se aterrorizó al notar la elevada talla y espantoso aspecto de los vigorosos guerreros galos. Los galos practicaban una técnica militar muy distinta a la usada por los romanos en sus escaramuzas vecinales. Nada amedrentaba tanto a los soldados romanos como aquel grito de guerra de los galos. Las legiones resistieron poco y el pánico fue pronto general, extendiéndose del ejército al pueblo. Vacilaba el orden social, nadie se sentía con fuerzas para conjurar el inminente desastre, ni había autoridad capaz de hacerse obedecer. Cada cual pensaba en salvar la vida como pudiera y casi todos los habitantes de la ciudad huyeron a los poblados vecinos.

Por suerte para los romanos, los bárbaros no aprovecharon en el acto esta situación, sino que perdieron el tiempo en saquear, decapitar a los enemigos caídos en la batalla y celebrar su rápida victoria con orgías. Así los romanos tuvieron tiempo para recuperar fuerzas.

Con los objetos preciosos que pudieron llevar, algunos valientes se concentraron en el Capitolio, ciudadela comparable a las acrópolis de las ciudades griegas. Sobre ese morro se estrellaría el ataque de los bárbaros.

En la ciudad sólo quedaron algunos venerables ancianos que, vestidos con sus mejores galas, ocuparon en el local del Senado sus sitiales, símbolo de sus cargos, preparados para el sacrificio que reconciliaría a Roma con los dioses. Al día siguiente, los galos penetraron en la ciudad y dice Tito Livio que quedaron asombrados ante aquellas figuras venerables:

"No sólo por sus ropajes y actitud sobrehumana, sino por la majestad que mostraban en su expresión y la gravedad de su rostro, semejaban dioses. Ante aquellos ancianos que parecían estatuas, los galos quedaron inmóviles. Según cuentan, uno de los galos acarició la barba a uno de estos romanos, Marco Papirio, que se la había dejado crecer según costumbre de la época; el anciano reprimió al bárbaro golpeándolo en la cabeza con un cetro de marfil. El golpe excitó la cólera del galo y fue la señal de una carnicería y matanza de todos los patricios en sus propias casas; no perdonaron a grandes ni pequeños, saquearon los edificios y, al hallarlos vacíos, les prendieron fuego."

El incendio de Roma llenó a todos de indignación. Los galos hicieron una tentativa alocada para asaltar el Capitolio y después pusieron sitio a la ciudadela. En una noche clara, algunos bravos guerreros trataron de sorprender a la guarnición encaramándose por una pared escarpada donde los romanos no tenían centinelas. Nada turbaba el silencio de la noche; hasta los perros permanecían callados. Pero, de pronto, los gansos sagrados de Juno comenzaron a graznar y a batir las alas, alboroto que salvó a los sitiados, pues despertó a Manlio, que tomó las armas y dio la voz de alarma. En aquel momento el primer galo alcanzaba la cima de la pared. Manlio lo golpeó tan fuerte con su escudo, que cayó al abismo arrastrando a varios compañeros. Sorprendidos, los otros galos dejaron las armas para aferrarse a la roca, de modo que los romanos dieron cuenta de ellos sin dificultad. "Los enemigos -dice Tito Livio- caían en el abismo como un alud." Los centinelas que se habían dormido durante la guardia, corrieron la misma suerte.


El hambre diezmó tanto a los de la ciudadela como a la horda de los galos; a éstos, amontonados en sus campamentos, les acometió la peste. La guarnición del Capitolio no tenía qué comer y la continua vigilancia extenuaba a los hombres. Después de un sitio de siete meses, los romanos estaban tan debilitados, que el solo peso de las armas los derrumbaba. Ofrecieron, pues, a los galos una suma de mil monedas de oro si levantaban el sitio. Los galos utilizaron pesas falsas para la evaluación de la cantidad; los romanos protestaron ante semejante engaño. El caudillo de los galos, encogiéndose de hombros, sacó su espada y la arrojó sobre la balanza, pronunciando estas palabras, intolerables para los romanos: "¡Ay de los vencidos!"

Seguían pesando aún el oro pactado, cuando apareció el dictador Camilo al frente de un ejército, aplastó a las tropas galas y entró en triunfo en la ciudad, siendo aclamado como el "segundo fundador de Roma". El título era merecido: gracias a él, sus conciudadanos no abandonaron la ciudad. Camilo dirigió varias veces más al ejército contra los enemigos de Roma. La victoria caminaba al paso de sus banderas. Elegido dictador por quinta y última vez a los ochenta años, una enfermedad le arrebató poco después la vida tras haber recibido cuatro veces los honores del triunfo. De todos modos, la leyenda embelleció la victoria de Camilo sobre los galos y su intervención para impedir que los romanos abandonaran la ciudad.

En cambio, el valiente Manlio no conoció estos honores tributados a Camilo. Aunque pertenecía a una familia patricia, se alistó con los plebeyos. Sintió primero simpatía por estos pobres compañeros de armas y después le irritó ver que los patricios ensalzaban en exceso a Camilo. Manlio, que no ocultaba sus sentimientos, fue citado por sospecha de provocar una rebelión de la plebe. El tribunal le infligió la misma sentencia antaño impuesta a los cabecillas Espurio Melio y Espurio Casio. Según la tradición, fue arrojado de lo alto de la roca Tarpeya: el mismo lugar donde había salvado a la guarnición del Capitolio.


Fuente:
Historia Universal de Roma, Tomo III - Carl Grimberg

8 de noviembre de 2011

El primer imperio babilónico

La formación del imperio de Hammurabi es la conclusión de las políticas llevadas durante dos siglos por las dinastías amorritas que habían tratado de dominarse unas a otras. El problema quedó resuelto por el soberano de Babilonia.

La ciudad de Babilonia apareció en el escenario político a finales del tercer milenio a.C. Se liberó de la tutela de Ur, se erigió en principado independiente y llevó, en principio, una política de prudencia. Hammurabi llegó al trono en 1792 a.C. Los recursos de su reino eran, quizás, más importantes de lo que parecía, pero su extensión se debió sobre todo a su habilidad, pues muy prudentemente incorporó sucesivamente cada una de las potencias del momento.

En 1786 a.C. toma a Rim-Sin de Larsa, prosiblemente su principal competidor del momento. Más tarde condujo expediciones por la zona situada más allá del Tigris cuyos ocupantes estaban siempre inquietos. En 1762 a.C. abate, con la ayuda de Mari, una coalición que agrupaba a las potencias del Tigris: los asirios, las ciudades del Diyala... En 1761 a.C. toma Larsa y se proclama "rey de Sumer y Akkad". Posteriormente hay una nueva victoria contra una coalición que agrupaba otra vez a las potencias orientales, después de lo cual se apodera de Mari. La conquista termina en 1753 a.C. con la derrota de Asiria y del reino de Eshnunna (Diyala).

Cabeza de diorita que podría ser
un retrato de Hammurabi
Hammurabi había reconstituido así la unidad de la cuenca mesopotámica: por tercera vez en seis siglos el país conocía un régimen unificador y una política conducente a armonizar una herencia heterogénea, marcada por antiguas rivalidades. La redacción del célebre código es el signo más claro de esta política de vuelta al orden.

La obra de Hammurabi le valdrá una reputación de príncipe sabio, favorito de los dioses de quienes se considera el primer servidor, protector de su pueblo al que defiende de sus enemigos, y dispensador de vida y bienestar por la atención que presta a los cultivos y al riego. De alguna forma, es el retrato ideal del soberano mesopotámico.

Pero este imperio, a pesar del prestigio del que gozó, no fue más sólido que los dos precedentes. A partir del final del reinado de Hammurabi, en 1750 a.C., los peligros se acumularon: inestabilidad interior y crisis social, rumores amenazadores que llegaban de los Zagros e infiltración pacífica de los casitas. En 1740 a.C., Samsu-iluna tuvo que contener un ataque lanzado por los casitas que habían bajado de sus montañas. Hubo una nueva tentativa, otra vez contenida, en 1708 a.C. bajo Abu-Eshuh. En el transcurso del siglo XVII a.C. el imperio se pulverizó bajo la presión casita que se hacía cada vez más fuerte. Fue, no obstante, el rey hitita Mursili I quien, en el curso de una correría por Mesopotamia, hacia 1595 a.C., provocó la caída de Babilonia.

Aunque tuvo una duración superior a siglo y medio, el imperio se encontaba considerablemente debilitado desde el inicio del siglo XVII a.C. En cuanto a la victoria de Mursili I, tuvo como consecuencia el entregar Babilonia a los casitas.


Fuente:
Los mesopotámicos - Jean-Claude Margueron

Más información:
Artehistoria. Hammurabi
Historiadelarte.us. El reino de Mari
Historia Universal. Los casitas y elamitas
Wikipedia. Mursil I

6 de noviembre de 2011

'Si no parís, a París...'

Carlos II de España
En todas las cortes de Europa se conocía la endeblez física y mental de Carlos II de España. Desde que nació se estaba esperando de un momento a otro la noticia de su fallecimiento.

Pero el rey, llevando la contraria a todo el mundo, pasó la infancia a trancas y barrancas y entró en la adolescencia débil, enclenque, escuchimizado, pero vivo. Tan vivo que en las cortes europeas en las que se esperaba su muerte se empezó a hablar de boda.

La corte francesa era la más interesada en el asunto por su inmediata vinculación en la familia real, ya que don Carlos es cuñado y primo hermano de Luis XIV de Francia, que estaba siempre preparado a unir a la suya la Corona de España, en nombre de su esposa doña María Teresa, hermana mayor de Carlos II.

Al ver que el rey español anuncia sus deseos de casarse, propone a la princesa María Luisa de Orleans, sobrina suya e hija de Felipe de Francia, duque de Orleans, casado con su prima hermana, la princesa Enriqueta de Inglaterra.

En la corte de Madrid se había recibido una petición de mano curiosa, pues generalmente quien hace la petición es el hombre o sus representantes, y en este caso era al revés. El emperador de Austria mandó a doña Mariana una carta ofreciendo la mano de la princesa austríaca, que contaba tan sólo seis años de edad. El ofrecimiento no fue aceptado y en cambio se solicitó del rey francés el enlace con María Luisa de Orleans.

María Luisa de Orleans
El 31 de agosto de 1679 se celebró la boda por poderes y el 18 de noviembre de ese mismo año se entrevistó por primera vez la pareja en Quintanapalla, pequeña aldea cercana a Burgos, y dice el cronista que:

"el rey tomó a su alteza galantemente de la mano y la condujo a la sala contigua, habilitada para capilla. Sentados ambos, se miran sonrientes, sin posibilidad de entablar diálogo, pues no conocen más que sus lenguas respectivas, cuando, aproximándose, se ofrece obsequioso el embajador francés a servir de intérprete...".

Terminada la misa de velaciones, almuerzan solos sus majestades, regresan a Burgos, sin admitir a nadie en su coche y se encierran prestamente en sus habitaciones.

Hasta entonces los cónyuges no se habían conocido, pues aún no estaban vigentes los "viajes a vistas", y sólo el novio vislumbraba a su prometida a través de una pintura, con seguridad amable, que le habían enviado y que entusiasmó locamente al monarca por su belleza y hermosura. En su éxtasis, don Carlos no sabía más que decir: "¡Mi reina! ¡Mi reina!" al tiempo que la abrazaba y besaba. Este casamiento se hizo, pues, por el amor o mejor diríamos por la pasión del rey, y frente al criterio de su madre.

Quiso el rey de España Carlos II que su boda con la princesa María Luisa de Orleans, se celebrase en Madrid después de la de Quintanapalla en una capillita de palacio y que tan sólo se admitiese en ella a los grandes de España. Ningún embajador fue invitado a presenciar la ceremonia.

Era entonces embajador de Francia cerca de la corte española el mariscal Duque de Villars, hombre de méritos por su talento y valor personal, asi bien su moralidad y fanfarronería eran... poco más o menos las corrientes en caballeros de su linaje y dotes. El duque llegó a palacio el día de la boda, se enteró de las órdenes del monarca español y dijo: "La novia es sobrina del rey, mi señor, y realmente yo soy quien he hecho este matrimonio; por lo tanto, esas órdenes nada tienen que ver conmigo".

Acto seguido se metió en la capilla, y como no tenía lugar reservado en la misma, se sentó en el taburete que se hallaba en lugar preferente, a la cabeza de los grandes de España, destinado al condestable de Castilla.

Cuando este alto dignatario llegó, le advirtió al francés: "Este es mi puesto". A lo que contestó el de Villars: "Indicadme otro más preferente, y me iré".

El condestable tuvo el buen gusto de no contestar a esta impertinencia, se hizo traer otro taburete y la cosa no pasó de ahí.

Luis XIV de Francia
Luis XIV de Francia veía en la boda de María Luisa una posibilidad de apoderarse de España o por los menos de algunas de sus provincias. Pero Luis XIV no acertó en sus cálculos, su sobrina vino a ser la reina de España, y si bien se peleó tantas veces con su marido por sus relaciones con Luis XIV, nunca fue traidora ni desleal a la Corona. María Luisa siguió siendo en Madrid una francesa, pero nunca una extranjera enemiga de su nueva patria.

A sus diecinueve años, Carlos II padecía, sin la menor duda, una "eyaculatio precox", que determinaba una disfunción sexual en la pareja y una consiguiente inconsumación.

Pero un día o una noche el milagro se cumplió. El rey anunció que había consumado el matrimonio y se permitió bromas sobre el hecho, dando detalles del mismo como si fuese una gran proeza.

Pero el heredero no llegaba. Se culpaba de ello ahora a María Luisa, culpándola de estéril, pues en aquella época no se concebía la esterilidad masculina si se producía la erección.
Por ello los médicos del reino recetaron a la reina mil brebajes, sahumerios, potingues, emplastos y naturalmente sangrías y purgas, pero nada de ello dio resultado. Se probó entonces el remedio sobrenatural y llovieron las estampas, rosarios, novenas, trisagios y reliquias.

El pueblo, mientras tanto, canta una coplilla:

Parid, bella flor de lis,
que en aflicción tan extraña,
si parís, parís a España,
si no parís, a París.

Realmente la reina María Luisa era inocente de su pretendida esterilidad, pues el responsable de ella era el rey, que en las pocas veces que conseguía una erección eyaculaba precozmente.

El 8 de febrero de 1689 fue a cabalgar por los bosques del Pardo, y a su regreso se encontró mal. Al día siguiente no se levantó y tuvo fiebre, vómitos y diarrea. Los médicos dictaminaron cólera morbo; en realidad era un desarreglo intestinal producido por los mejunjes y brebajes que le propinaban los médicos de cámara. De ello se sucedió una apendicitis que con las purgas que le administraron se convirtió en peritonitis.

Murió a las nueve de la mañana del 12 de febrero. Aún no había cumplido los veintisiete años.

Se cuenta que cuando don Carlos estaba a punto de morir, una de sus últimas peticiones fue ver el cuerpo de su amada esposa, llorando sobre su cadáver corrompido, la tristeza de su propia existencia.


Fuentes:
- Historias de reyes y reinas
- www.portalsolidario.net


Esta entrada forma parte de la iniciativa puesta en marcha por Carolvs del blog Reinado de Carlos II, con motivo del 350º aniversario del nacimiento del rey Carlos II de España.

4 de noviembre de 2011

El ejército de los Inmortales




Integraban el cuerpo de guardia de los reyes persas y se consideraban la reencarnación de las divinidades con alas que servían al dios Ahura Mazda. Fueron armados por el rey Ciro II (559-529 a. C.) y constituyeron el primer cuerpo de custodios reales documentado de la historia. Aquellos 10.000 guerreros, que eran los mejores combatientes, debían medir 1,60 metro como mínimo, lo que era una altura muy considerable en aquella época. En los campos de batalla, los Inmortales se distinguían por su variado armamento: un arco, una lanza larga, un cuchillo y una espada de hierro. Llevaban una espectacular coraza de escamas de oro y trajes con hilvanes de hilo dorado.

Se les denominaba Inmortales porque cuando uno de ellos caía en combate lo sustituía otro de la misma talla dando la impresión de que nunca morían. Participaron en la batalla de las Termópilas (siglo V a. C.) junto a los 250.000 hombres de Jerjes. Aquella formidable fuerza se enfrentó a los escasos 7.000 soldados del ejército griego, a los que se sumaban los 300 espartanos que componían la guardia personal del rey Leonidas. Fueron estos 300 los que resistieron como héroes el ataque final de los Inmortales.


Fuente:
Actual y Curioso

2 de noviembre de 2011

Arte prohibido en Auschwitz

En los campos de concentración nazis cualquier tipo de expresión creativa estaba prohibida y era severamente castigada. Pero en muchas ocasiones los prisioneros conseguían burlar la vigilancia y realizaban dibujos que plasmaban el horror que estaban viviendo, realizaban pequeñas tallas, e incluso los hubo que escribían breves cuentos dirigidos a sus hijos.

Algunas de estas manifestaciones artísticas realizadas en los campos de Auschwitz, Buchenwald y Ravensbrueck, se exponen estos días en el Museo de Auschwitz. En breve la exposición viajará a EE.UU.

Esta es una pequeña muestra de las obras que realizaron algunos prisioneros de los campos de exterminio.



 

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