30 de noviembre de 2010

La expulsión de los jesuitas

La Compañía de Jesús, fundada en 1540 por Ignacio de Loyola, es una de las órdenes religiosas cristianas que más han sufrido los reveses de la historia. Preferentemente ocupada de las misiones y de la enseñanza, su labor misionera empezó con San Francisco Javier como nuncio del Papa en la India, y en 1588 ya disponía la orden de 144 colegios repartidos por toda Europa. Pero a mediados del siglo XVIII los acontecimientos cambiaron esa brillante trayectoria. La Compañía de Jesús, la mayor y más influyente orden religiosa de entonces, comenzó a verse salpicada por intereses socioeconómicos y políticos, propiciados por la preocupación que levantaba tanto en las esferas políticas como en la propia Iglesia, el desmesurado poder que la Compañía había alcanzado a todos los niveles.

Los jesuitas estaban demasiado informados de lo que ocurría como para no olfatear su próxima desgracia. En una sola noche, la del 2 al 3 de abril de 1767, todos los colegios, casas, residencias e iglesias pertenecientes a los jesuitas en España y en los dominios españoles de América fueron invadidos por las tropas del rey Carlos III. Los consejeros del monarca, el conde de Aranda y el futuro conde de Floridablanca, tuvieron que ver mucho en ello. Unos 6.000 jesuitas fueron detenidos, amontonados como sardinas en las bodegas de los buques de guerra españoles y transportados como ganado a los Estados Pontificios, donde fueron arrojados a la playa sin contemplaciones. El conjunto de la operación española, que había requerido catorce meses de preparación, fue un triunfo del espionaje secreto burocrático y la sutil precisión militar. Años antes, en 1759 y 1764, Portugal y Francia, respectivamente, ya habían hecho lo mismo. Poco después que España, los gobiernos borbónicos de Nápoles y Parma siguieron el ejemplo de nuestro país, y algo más tarde, también Austria. Todos expulsaron a los jesuitas y confiscaron sus posesiones. Ahora sólo faltaba que el papado liquidase la Compañía.


Cuando se reunió un cónclave para elegir a un nuevo Papa, la familia de los Borbones dejó claro que sólo aceptaría a alguien que se comprometiese a liquidar a los jesuitas. El cardenal Lorenzo Ganganelli, que dio garantías sobre este punto a los embajadores de las distintas cortes, fue elegido con el nombre de Clemente XIV, y como consecuencia de una presión sin precedentes terminó por expedir un documento papal titulado Dominus ac Redemptor en el que suprimía por completo la orden.

Los jesuitas fueron apelotonados como fardos en los muelles de los puertos de embarque. La pena de muerte pendía sobre sus cabezas si osaban regresar a España, y sólo les fue permitido llevar consigo sus objetos personales y un libro. Las naves estuvieron navegando muchos días sin rumbo fijo, al no ser aceptadas en los Estados Pontificios. El comandante de la ciudadela de Cività Vechia había recibido órdenes expresas del Papa de abrir fuego sobre las naves españolas si estas aparecían por el horizonte. Ante esto, los barcos tuvieron que amarrar en Génova.

Aquella orden de expulsión tardaría 51 años en ser revocada. Concretamente en 1814, mediante la bula Sollicitudo omnium Eclesiarum, promulgada por el Papa Pío VII, ya en tiempos del monarca español Fernando VII.


Fuente:
El Libro Negro de la historia de España – Jesús Ávila Granados

29 de noviembre de 2010

Sprintia, las monedas romanas del sexo

Los Sprintia eran unas monedas utilizadas en Roma, probablemente en el siglo I a.c., para solicitar y pagar los servicios en burdeles y de las prostitutas de la calle.

Debido a que Roma acogía la visita de muchos extranjeros y que la mayoría de prostitutas eran esclavas capturadas fuera de las fronteras del Imperio, existía la dificultad del idioma. Con estas monedas se facilitaban las transacciones por favores sexuales y se superaba la barrera del idioma.

En una cara de la moneda se mostraba la imagen del acto solicitado, y sobre la otra aparece una numeración romana que correspondía con el precio del servicio solicitado.

También existe una teoría que defiende que eran unas piezas de colección cómica a cargo del emperador Tiberio, y que formaban parte de algún juego sexual, dado que ninguna de esas monedas ha sido hallada en la excavación de un burdel.

Fuente:
http://www.hubbll.com/ancient-roman-sex-currency





28 de noviembre de 2010

Mano de obra en la antigua Roma

La esclavitud era un elemento estructural de la sociedad romana. Adoptaba numerosas formas, desde trabajadores agrícolas en las cadenas de presos de los latifundia, pasando por el servicio doméstico, hasta los esclavos cultos (a menudo griegos) que enseñaban a los hijos de los ricos. Los esclavos podían regentar negocios en nombre de su señor, y los sirvientes de la familia imperial podían ser responsabilizados de cuantiosas sumas de dinero y ejercer un poder considerable.

La imagen de grandes fincas cultivadas por esclavos es una imagen habitual del siglo I d.C. Pero la agricultura no estaba dominada necesariamente por los esclavos; en la mayoría de las fincas habría sido más barato mantener una plantilla limitada de esclavos y contratar mano de obra adicional en la época de la cosecha. La compra de esclavos resultaba cara, pues su precio representaba el trabajo que podían desarrollar por encima del coste de su subsistencia.

La mano de obra asalariada era tenida por muy poco y los esclavos y los artesanos libres podían trabajar juntos. Los pobres de las ciudades romanas formaban una gran reserva de mano de obra potencial y no especializada que necesitaba ingresos. En las provincias, a veces se utilizaba al ejército para las edificaciones civiles. Las autoridades municipales también podían exigir unos días al año de trabajo obligatorio.

La envergadura de la mano de obra creció progresivamente durante los dos últimos siglos a.C., a medida que el mundo romano ampliaba el territorio bajo su control y adquiría nuevos esclavos como cautivos de guerra. Esta tendencia se invirtió a partir de mediados del siglo II debido a la plaga antonina que tuvo un gran impacto demográfico. También se suele atribuir a la plaga el aparente abandono generalizado de las villas en Italia a finales del siglo II, aunque no existen pruebas fehacientes de ello.


Fuente:
Europa romana – Edward Bispham

27 de noviembre de 2010

La hija del hereje (Vanitha Sankaran)

"Francia, año 1320. En una noche tormentosa, una mujer da a luz a una niña blanca como el marfil. Después del parto, la madre muere. Al reconocer en la recién nacida al diablo, la comadrona le corta la lengua para evitar que pronuncie la palabra de Satanás.
La pequeña Auda sobrevive y su padre Martin, un prestigioso fabricante de papel, le enseña a escribir para comunicarse con los demás. Las letras y las palabras serán su vía de escape. Pero en esta época de intolerancia, ser diferente se puede pagar muy caro: la Inquisición está al acecho y en busca de personas como Auda. Su aspecto y las ideas revolucionarias que le ha inculcado su padre se consideran una brutal herejía. Cuando la oscuridad desciende sobre su mundo, Auda se ve obligada a escapar y emprender una sorprendente huida en busca del amor y de sí misma... Pero además de huir debe limpiar el nombre de su padre y conservar su valioso legado artístico.
Una brillante reconstrucción del mundo medieval; una extraordinaria historia sobre el poder de las palabras; un retrato excepcional de toda una civilización".

Primera novela de esta autora norteamericana, bastante entretenida y fácil de leer. La acción transcurre en Narbona (sur de Francia), en la época en que los cátaros eran brutalmente perseguidos. Nos permite hacernos una idea de cómo podía ser vista y tratada una chica albina, con el pelo y la piel completamente blancos, en una sociedad que veía la mano del Diablo en cualquier cosa que fuera mínimamente diferente. Su albinismo sumado a la herejía cátara que planeaba sobre la ciudad, hacen de la protagonista el trofeo soñado por cualquier inquisidor.

Web de la autora (en inglés).

26 de noviembre de 2010

La vivienda romana en España

El Imperio romano se extendió a través de la conquista y colonización de nuevos territorios y mediante la construcción de ciudades consiguieron imponer la cultura romana.

Construir ciudades era equivalente a romanizar, crear centros donde se desarrollase la vida romana como elemento de propaganda política. En este contexto, la arquitectura adquiere un papel principal, ya que transmitía la imagen de Roma. Tanto la arquitectura pública como la privada o doméstica son el reflejo de la cultura y de la forma de vida de la sociedad romana.

Dentro de las ciudades, los tipos de vivienda se dividían en: casa, domus, insula y villa.

La casa romana: La casa o vivienda básica romana, es la más antigua, habitual y pobre de las construcciones utilizadas para vivir dentro del mundo romano.

Domus: La vivienda señorial romana o domus, era el domicilio particular de los personajes más relevantes dentro de cada ciudad.

La ínsula: La ínsula es el ejemplo de casa urbana popular. Son viviendas de varios pisos construidas para albergar a un cierto número de familias diferentes.


La villa: La villa es una casa situada en la periferia de las ciudades. Podía estar dedicada al recreo, en este caso es una villa urbana, o bien, servir para gestionar una explotación agrícola o ganadera, en cuyo caso se denomina villa rústica.

La villa rústica, aunque no solía ser tan lujosa como la villa urbana, guardaba muchas semejanzas. No obstante, al estar dedicada fundamentalmente a la explotación agropecuaria, tenía una serie de características o elementos particulares, como son la casa del vilicus, o encargado de la explotación, diferentes edificios para el ganado y las herramientas, pajares, graneros, caballerizas, bodegas, almacenes, huertos, etc.

Solía contar, además, con un edificio reservado al dueño de la finca para el caso de que quisiera pasar alguna temporada en el campo.

La villa urbana o de recreo hospedaba a los dueños de la finca cuando la visitaban. Es una construcción de lujo, no tiene ninguna función práctica ni necesaria, refleja la riqueza de sus propietarios, ricos terratenientes o miembros de la aristocracia. Se componen de una sola planta o dos a lo sumo y estaban dotadas de todo tipo de comodidades, entre las que no faltaban unas termas.

Fuente: http://www.arteespana.com/index.htm

25 de noviembre de 2010

El primer pararrayos

Benjamin Franklin
Hace 250 años, durante una tormenta, un hombre desafió a la lluvia y salió a campo abierto. Llevaba una cometa que en su cola tenía amarrada una pequeña llave de metal.

La cometa comenzó a volar entre las sombras y la lluvia. Instantes después se escuchó un terrible trueno. El hombre vio cómo un resplandor intersectaba la llave atada en la cola de la cometa. El experimento demostraba que el metal atraía el poder destructor de los rayos. ¿Qué pasaría al colocar una varilla en lo alto de un cerro para atraer a los rayos? ¿evitaría que éstos cayeran sobre las casas? Así nació el pararrayos, de una cometa que volaba bajo una noche lluviosa.

Ese hombre, Benjamin Frankin, es una de las personalidades más creativas del siglo XVIII en Norteamérica. Fue escritor, ensayista, editor, político, diplomático y filántropo, y es considerado el padre de la Independencia americana.

Nacido en Boston el 17 de enero de 1706, Franklin fue a la escuela solo hasta los 10 años. Convertido en autodidacta, trabajó como aprendiz de impresor, oficio que pronto dominó, y años después se dio a conocer como editor al establecer su propia imprenta.

Viajó por Europa e inició su carrera como escritor. A los 24 años se le consideraba un intelectual de alto nivel.
Franklin fue una persona sumamente generosa, que gozaba de fama, fortuna y juventud. Promovió mejoras sociales, siempre buscando una vida mejor para la colectividad. Entre las instituciones que creó, se cuenta la primera biblioteca, en 1731. El primer cuerpo de policía a sueldo y una fuerza de bomberos voluntarios, en 1744. En 1751 fundó también la Academia de Filadelfia que después se convertiría en la Universidad de Pensilvania. Como diplomático y político realizó también una distinguida carrera.

Además de todo esto, Benjamin Franklin destacó como científico. Sobresalieron sus investigaciones relativas a una fuerza casi desconocida por aquel entonces: la electricidad. Su experimento para atraer una descarga eléctrica a través de una cometa durante una tormenta, fue tan famoso que muchos científicos quisieron repetirlo, con tan mala suerte que muchos murieron electrocutados en el intento.

Además del pararrayos, Franklin inventó una estufa para la calefacción doméstica, y las gafas bifocales. Cuando Estados Unidos logró su independencia de Inglaterra, ayudó a redactar la Constitución de los Estados Unidos de América.

El 17 de abril de 1790 murió en la ciudad de Filadelfia, satisfecho de haber gozado de una vida repleta de sabiduría y generosidad.


Fuente:
Los inventos que cambiaron el mundo - Julio Guzmán Ludovic

24 de noviembre de 2010

Castillo de San Sebastián


El castillo de San Sebastián está situado en uno de los extremos de la playa de la Caleta, frente a castillo de Santa Catalina, sobre una pequeña isla desde la que protegía el frente norte de la ciudad de Cádiz. Se encuentra unido a tierra con un malecón, lo que permite que no se encuentre aislado en la pleamar.

Desde la época musulmana existía una torre-atalaya en ese lugar. En el siglo XV, una nave veneciana apestada se refugió en el islote, levantándose una ermita bajo la advocación de San Sebastián, incluso se labraron las armas de la ciudad de Venecia en el lugar en reconocimiento a la hospitalidad gaditana.


Tras el saqueo inglés de finales del siglo XVI, el lugar se destinó al castillo, reconstruyéndose la torre en 1613 bajo la dirección de Juan de la Fuente Hurtado, dotándola de artillería y haciendo a su vez los servicios de faro para los navegantes. En el año 1706 se inician las obras del castillo en la parte de la isla que miraba hacia la ciudad. En el año 1739 el castillo fue dotado con 17 cañones que controlaban la entrada a la Caleta y el canalizo sur hacia la bahía. En el año 1860 el castillo fue reforzado con baterías acasamatadas. Durante el siglo XIX se construyó un largo malecón por el que el castillo quedaba unido a tierra, a la puerta de La Caleta, pero en un principio tenía que esperarse la bajamar para acceder al castillo.


Consta de dos espacios abaluartados asentados en cada una de las isletas. El primero, el verdadero castillo, es de planta irregular, algo alargado, y con nueve lados. Posee parapetos, cañoneras, dos fosos de agua y puentes levadizos, uno que daba a la plaza de armas, en dirección a la ciudad, y otro, en el frente noroeste, que unía con el resto de la isla donde se encontraba la ermita y la torre-faro. En la segunda isla, igualmente amurada, se yergue el actual faro, construido en el año 1908.

Ha sido declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento.



Fuentes:
- Cadiz.es
- CastillosNet

Después del Reich (Giles MacDonogh)

"El 7 de mayo de 1945, con la caída del Tercer Reich, se ponía fin a la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente, atrás quedaban casi seis años de devastación que asolaron Europa. Pero para la población civil alemana, el sufrimiento no terminaba ahí. En tanto que culpable, Alemania debía ser castigada. Roosevelt no pudo ser más claro: «Hay que enseñar al pueblo alemán su responsabilidad por la guerra, y durante mucho tiempo deberían tener sólo sopa para desayunar, sopa para comer y sopa para cenar».
Más de tres millones de alemanes murieron tras el anuncio oficial del final de la guerra. A los Aliados no les tembló el pulso a la hora de aplicar los mismos métodos de represión nazis: se sucedieron oleadas de pillaje y expolio de las ciudades ocupadas, violaciones masivas -se estima en más de 200.000 los niños nacidos en 1946 producto de estos ultrajes-, se reutilizaron los campos de concentración y exterminio -incluso los más infames: Auschwitz, Sachsenhausen, Buchenwald, Dachau, Bergen Belsen-, se expulsó a más de 16.000.000 de civiles de sus hogares, apenas se repartieron alimentos entre una población famélica... Como le espetó Patton a uno de sus asistentes al descubrir el horror de Buchenwald: «¿Todavía tenéis problemas para odiarlos?»"

En un primer momento los Aliados intentaron imponer una "culpa colectiva", todos los alemanes eran culpables y tenían que ser castigados. Mientras se llevaba a cabo el proceso de "desnazificación", miles de ciudadanos alemanes morían diariamente de hambre, frío y enfermedades, en un país completamente destrozado.

En este libro, editado por Galaxia Gutenberg, Giles MacDonogh nos enseña la otra cara de la moneda. Al acabar las atrocidades de los nazis empezaron las atrocidades de los Aliados. Es un libro interesante por los datos que muestra, y llama la atención el hecho de que mientras millones de alemanes civiles sufrieron la venganza aliada, la mayoría de los líderes nazis consiguieron escapar o murieron antes de ser juzgados. Sólo unos pocos de ellos fueron ajusticiados.

Web del autor (en inglés).

23 de noviembre de 2010

La adivinación entre los hititas

El hombre hitita vivía en una realidad compleja y fatal. Cualquier desgracia que le ocurría se debía a un castigo de los dioses por sus pecados. De ahí su necesidad de escrutar permanentemente a la divinidad para averiguar cuál era el pecado cometido y poder aplacarla. De este modo nació la adivinación, que también era utilizada para averiguar lo que deparaba el futuro. Así pues, el arte adivinatorio era el lenguaje privilegiado de relación entre dioses y hombres.

La práctica de la predicción estaba muy extendida en todas las clases sociales. Desde el monarca al campesino, todo el mundo consultaba la voluntad del dios antes de emprender una empresa importante, o ante un hecho desagradable. Para el ejército era un acto imprescindible antes de entrar en batalla y el resultado de los augurios era lo que determinaba si se emprendía o se demoraba una campaña.

Los hititas utilizaban varias técnicas de adivinación, algunas de ellas adoptadas de países vecinos. Las más empleadas fueron: la ornitomancia, o estudio del vuelo de las aves; la hepatoscopia, o estudio del hígado de animales; los sueños, o incubatio; y un método basado en el azar, en el que las ancianas jugaban un papel fundamental. También se sabe que observaban los astros y el comportamiento de algunos animales.

Las aves mánticas por excelencia eran el águila, el gavilán, la perdiz y la paloma. Los augures eran expertos en la interpretación de todo lo que pudiera estar relacionado con el comportamiento de estas. Se les instruía sobre el sentido que tenía la forma de levantar el vuelo, posarse, piar y comportarse de los pájaros.

Los sacerdotes encargados del examen de vísceras de animales también recibían una minuciosa formación. Estos hombres eran seleccionados por su capacidad de concentración y poder mental, y se servían principalmente del hígado de la oveja para predecir el futuro. Este órgano ejerció una poderosa fascinación sobre todas las civilizaciones de Oriente. No sucedió así con el corazón, los pulmones o el cerebro, sino solo con el hígado, considerado el centro y asiento de la vida por asirios y babilonios. A través de los vasos, apéndices y hendiduras se podía saber si se acercaban tiempos de guerra, de paz, pestes, buenas cosechas, etc. Existen muchos restos arqueológicos relacionados con la lectura del hígado. En Hattusas, capital del Imperio hitita, han aparecido múltiples figurillas de barro imitando hígados de oveja.

Otro método habitual de adivinación era el de los sueños o incubatio. Este método se consideraba especialmente eficaz, porque eran los mismos dioses los que se comunicaban con el adivino. La técnica era sencilla; ante una cuestión importante los sacerdotes iban a dormir al templo. Mientras dormían, uno o varios de ellos recibían la revelación por parte de la divinidad.

El cuarto método es el que resulta más desconocido. Tiene que ver con las mujeres ancianas, que a través de un método basado en el azar debían desentrañar el futuro. La protagonista era la hasawa, término que significa literalmente “la vieja”. Esta mujer, se servía de varias sustancias, hilos, panes y figuras de arcilla que representaban a personajes concretos.

La hechicería estaba ligada fundamentalmente a las mujeres, no tanto a los hombres. A estas se las consideraba privilegiadas para el desempeño de estas prácticas, y aunque la magia era de uso común para todos los hititas, solo se podía practicar la magia blanca, la magia negra estaba penada de muerte para todo aquel que la ejerciera.


Fuente:
Dioses, templos y oráculos – Francisco José Gómez Fernández

22 de noviembre de 2010

La Noche de los Cristales Rotos

Durante la noche del 28 de octubre de 1938, aproximadamente unos 20.000 judíos de origen polaco residentes en Alemania, fueron sacados de sus casas a la fuerza y deportados a Polonia. Una vez en la frontera, el gobierno polaco les denegó la entrada. Durante días, los deportados quedan varados en tierra de nadie en unas condiciones precarias, hasta que al fin el gobierno alemán convence a Polonia de que los deje entrar.

Herschel Grynszpan, un judío alemán que había huido a Francia, recibió una carta de su familia, que se encontraba entre los deportados, en la que le explicaban la terrible situación que estaban viviendo. Grynszpan pidió ayuda a Ernst von Rath, secretario de la Embajada alemana en París, pero éste se la negó en reiteradas ocasiones. Entonces Grynszpan, el día 7 de noviembre, disparó contra el funcionario, el cual murió dos días después a causa de las heridas producidas por los disparos.

El asesinato de Von Rath fue la excusa perfecta para organizar un ataque contra ciudadanos judíos en toda Alemania y en Austria. Se organizó de forma que pareciese algo espontáneo, aunque en realidad fue organizado y alentado por Joseph Goebbels y otros nazis, con el beneplácito de Hitler.

La noche del 9 de noviembre de 1938, se produjo un estallido de violencia contra la población judía en todo el Reich. En dos días, más de 250 sinagogas fueron quemadas, más de 7.000 comercios de judíos fueron destrozados y saqueados, docenas de judíos fueron asesinados, y cementerios, hospitales, escuelas y hogares judíos fueron saqueados mientras la policía y las brigadas de bomberos se mantenían al margen. Estos pogromos fueron conocidos como Kristallnacht “la Noche de los Cristales Rotos”, por la cantidad de escaparates de comercios judíos destrozados.

La mañana posterior a la revuelta, más de 30.000 judíos alemanes fueron detenidos por el “delito” de ser judíos y fueron enviados a campos de concentración. Se les prohibió reabrir sus negocios y se les impuso un toque de queda que limitaba las horas del día en que podían salir de sus casas. Por supuesto, se les prohibió cobrar los seguros por los destrozos. A los niños, que ya tenían prohibido entrar a museos, parques y piscinas, se les expulsó de las escuelas públicas.

A pesar de que sus negocios ya habían sido destruidos y saqueados, se impuso a los judíos una multa colectiva de mil millones de marcos del Reich. El encargado de anunciar la sanción fue Hermann Göring, quien lo hizo en los siguientes términos:
La ciudadanía judía de Alemania, como castigo por sus crímenes abominables, tiene que hacer frente a una multa de mil millones de marcos. A propósito, debo reconocer que no me gustaría ser judío en Alemania.
Estos sucesos fueron conocidos en todo el mundo y algunos países cortaron sus relaciones diplomáticas con Alemania. La España franquista justificó y aplaudió el pogromo, mientras que el bando republicano lo condenó y apoyó a los judíos.

Para muchos, la Noche de los Cristales Rotos fue el primer paso hacia el Holocausto.


Fuentes:
- United States Holocaust Memorial Museum
- Destylou-Historia
- Muy Interesante

21 de noviembre de 2010

Sigrid la Soberbia

Sigrid, apodada la Soberbia, nació a mediados del siglo X en algún lugar de Suecia. Su padre, que había participado en varias expediciones vikingas, era un afamado guerrero y uno de los principales jefes suecos. Como podía ser un mal enemigo, el rey Erik decidió casarse con Sigrid para asegurarse la lealtad del viejo guerrero. La dama demostró que poseía una personalidad poco común cuando falleció Erik. La costumbre exigía que la reina se suicidara junto al cadáver del monarca, pero Sigrid se negó rotundamente.

La vida no resultó fácil para la joven Sigrid. Si bien gozaba de grandes derechos, como cualquier viuda nórdica con hijos, las grandes posesiones que tenía en Suecia y en Noruega atraían la codicia de los magnates vecinos. La primera dificultad la tuvo con su hermano de leche, un cabecilla noruego llamado Harald. Éste había pasado la primavera pirateando por el mar Báltico y a su regreso fondeó cerca de las tierras de Sigrid. La gentil viuda se apresuró a invitar a su casa a su pariente, quien aceptó de inmediato. Intuyendo que el hombre, cegado por la ambición, podía planear raptarla, la dama se las ingenió para hacer creer al vikingo que ella había dormido libremente con él, lo que impedía de forma automática el rapto.
Cuando el rey se desvistió y se fue a la cama, la reina fue a él. Le llevó un cuerno con bebida y estaba muy alegre cuando se la ofreció. El rey bebió sin mesura y también la reina. Luego, él se durmió y la reina se marchó, y también se acostó.
(King Olaf Trygvason's saga)
Lógicamente, Harald tenía una resaca horrible a la mañana siguiente y no se acordaba de nada. Sigrid, en cambio, estaba sobria y conversó alegremente con su pariente haciéndole algunas confidencias. Entre otras, le contó que gozaba de muchísimo más poder en Noruega que en Suecia. Una sutil advertencia que cayó en saco roto. El vikingo se obsesionó aún más al oír aquello y pasó todo el invierno cavilando la forma de hacer suya a la bella pariente.
Al verano siguiente, tras la incursión pirática de rigor, Harald volvió a entrevistarse con la reina y la solicitó en matrimonio. Sigrid se negó y el noruego, loco de furia, decidió tomarla por la fuerza. Se presentó en la casa de la reina con muchos hombres y pidió hospedaje. Sigrid se lo concedió de buena gana, albergándolo en la gran casa comunal. Una vez allí, el vikingo se encontró con una desagradable sorpresa: la reina le presentó a un individuo que, al parecer, pretendía hacer lo mismo que él.
Una situación embarazosa que la anfitriona resolvió de una forma prudente. Ordenó servir bebida en abundancia y muy pronto todos los presentes estuvieron borrachos perdidos y rodaron por los suelos. Al caer la noche, Sigrid mandó a su gente que incendiara el edificio. Los pocos que lograron escapar del fuego cayeron bajo las espadas de los suecos.

Sigrid no se tomó la molestia de justificar la masacre. Se limitó a afirmar que “estaba aburrida de los reyecitos que venían a cortejarla”. Nadie la criticó, pues todo el mundo sabía que llevaba razón al obrar así.

A la vista de su incendiario historial, la Soberbia debería haber disfrutado de una plácida y tranquila viudez. Pero, por lo visto, a los nórdicos les encantan las mujeres bravías y Sigrid se vio obligada a afrontar los tórridos embates de un nuevo pretendiente.
Esta vez el candidato gozaba de grandes prendas. Se trataba, ni más ni menos, que del mismísimo rey de Noruega Olaf Tryggvason, elegido por una asamblea popular el año 995.
Sigrid vio con buenos ojos la unión, quizá porque pensó que ya iba siendo hora de sentar la cabeza, después de que sus coqueteos político-eróticos con Svend Barba Partida, rey de Dinamarca, no dieran los frutos apetecidos. Bueno, en realidad sí que generaron algo sólido: una rolliza niña llamada Estrid Astrid Margaretha Svendsdottar, que vino al mundo en el 992.

Para demostrar sus buenas intenciones, Olaf dio a Sigrid un valiosísimo anillo de oro macizo que se arrancó de la puerta del templo de Hlathir, una de las muchas deidades escandinavas. Sigrid, mujer práctica, no se inquietó en absoluto por la procedencia del costoso aro. Para ella carecía de importancia que Olaf, convertido al cristianismo en el transcurso de una expedición pirática a Inglaterra, se hubiera vuelto un fanático que repartiera su tiempo entre la destrucción de los templos de los viejos dioses y la conversión a fustazos de sus súbditos.

No obstante, la previsora Sigrid mandó examinar el regalo y descubrió indignada que se trataba de una burda falsificación. No estaba hecho de oro macizo, sino de cobre con un fino baño de oro. La reina, furiosa por el insulto, afirmó que perdonaba la incorrecta conducta del novio, a condición de que el noruego no intentase engañarla de nuevo en el futuro.
Los novios se entrevistaron de nuevo para arreglar los detalles de la boda y entonces estalló una violenta discusión. Olaf pretendía que Sigrid se convirtiera también al cristianismo, a lo que ésta se negó.
El rey Olaf se enfadó mucho y dijo apasionadamente: “¿Por qué desearía casarme contigo, vieja endurecida, perra del infierno?” Y luego le golpeó el rostro con un ramo que tenía en las manos, que arrancó de un rosal, y se fue.
(King Olaf Trygvason's saga)
La ultrajada mujer, ni lloró ni sufrió un ataque de histeria. Únicamente murmuró: “Algún día morirás por esto”. Y así ocurrió. Sigrid la Soberbia se casó al fin con su antiguo amante, Svend Barba Partida de Dinamarca, que había enviudado recientemente, y comenzó a rumiar la desgracia de Olaf.

El danés resultó ser bastante más inteligente que su amigo noruego Olaf Tryggvason. Él también era cristiano, pero tolerante. Por otra parte, conocía bastante bien el carácter de la Soberbia y sabía cómo tratarla. Aguantaba sus arrebatos de ira con estoicismo, porque era la madre de un aliado tan poderoso como el rey de Suecia.

Finalmente, los intereses del danés coincidieron con los apasionados odios de su dama. La obsesión evangelizadora de Olaf, unida a lo despótico de su carácter, le habían granjeado muchos enemigos, y los noruegos paganos se sublevaron al fin guiados por un noble local. Barba Partida y su hijastro intervinieron de inmediato en favor de los rebeldes.

El conflicto se decidió en la batalla naval de Svold. La flota noruega, encabezada por la Serpiente larga, el gigantesco drakkar de Olaf, fue derrotada por completo, y el rey se suicidó.
La pagana Sigrid, que participó en la lucha como un soldado más, obtuvo su venganza, aunque parcial ya que Olaf prefirió suicidarse e ir de cabeza al infierno, antes que afrontar el terrible destino que le esperaba como vencido.


Fuentes:
- Las mujeres piratas: aventuras y leyendas del mar – Henry Musnik
- Mujeres piratas – Germán Vázquez


20 de noviembre de 2010

Vincent Van Gogh y su "Noche estrellada"

Heredero del Impresionismo, Van Gogh fue capaz de crear un estilo muy personal, más allá de la luz y el color. Su obra es un claro ejemplo de cómo la pintura puede expresar las emociones y tensiones humanas.

Este gran maestro de la pintura tuvo una vida llena de fracasos. Su carácter inestable se iba alimentando de todo aquello que el pintor no conseguía: trabajos frustrados, desamores, ataques epilépticos, un acercamiento a la religión sin éxito, etc. Todo esto, unido a su fracaso como pintor, aumentó su soledad y desánimo.

Como anécdota, la pérdida de la oreja derecha del artista se dice que fue debido a una discusión con Gauguin; esta versión indica que Van Gogh amenazó a Gauguin con una navaja y que, como consecuencia del disgusto, por la noche se mutiló el lóbulo de la oreja izquierda. A continuación, Van Gogh habría envuelto el lóbulo en un paño y se habría dirigido a su burdel favorito, donde presentó este «regalo» a una prostituta llamada Rachel. Al regresar a su casa Van Gogh pintó el "Autorretrato con oreja vendada", mostrando toda la parte derecha de la cabeza con una venda. El cuadro debió ser pintado delante de un espejo.

Pero su angustia encontraba una vía de escape en la pintura, y aunque no reconocieran su trabajo, no abandonó esta habilidad innata para pintar emociones. Es así como aquel que entonces consideraban un loco se convirtió en un genio. Y es que su estilo, absolutamente personal, es pura fuerza expresiva. Sólo un genio loco como él, con una vida como la suya, es capaz de dejarse llevar por su obra y mostrar su mundo interior de una forma tan sugerente. Él lo conseguía continuamente y “La noche estrellada” es un claro ejemplo.

Vincent se encuentra recluido en el manicomio de Saint-Rémy desde el mes de mayo de 1889 y muestra en sus imágenes lo que contempla desde su ventana, un año antes de que se suicidara. En tan extrema situación, el genio holandés extrajo de su interior esta escena, en la cual la naturaleza estalla, despliega su energía y exhibe todo su esplendor.

De todos los paisajes que creó, este es el más vigoroso y sugerente. La naturaleza lo envuelve todo, deja al ser humano pequeño, que se ve abrumado ante una fuerza que no puede controlar. Van Gogh se debía sentir así, indefenso ante las adversidades de la vida e incluso ante si mismo, incapaz de superar su angustia.

Los colores llamativos y las líneas en espiral del cielo y del ciprés reproducen la inestabilidad de su estado de ánimo y la necesidad de descargar esta frustración que le inundaba por dentro. El ciprés gigante seguramente es una alusión a la muerte.


Fuentes:
http://www.portaleureka.com/accesible/arte/115-arte/272-noche-estrellada-van-gogh
http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/3347.htm

19 de noviembre de 2010

El sínodo del cadáver

El Papa Esteban VI exhumó los restos de su predecesor, el Papa Formoso, al que juzgó por perjurio -y otras ofensas- y fue considerado culpable.

El Papa Formoso rigió los designios de la iglesia católica desde el año 891 hasta su muerte en el año 896. Durante su pontificado, se produjeron a su alrededor las habituales tramas, engaños y todo tipo de actos por parte de los nobles de la época.

Formoso se creó gran cantidad de amigos… pero aún más enemigos, que le seguirían hasta la tumba.

Le sucedió en el trono Bonifacio VI, que murió de gota apenas 15 días después. Y tras él… llego Esteban VI que impulsó la realización de un juicio sumarísimo al antiguo Papa, que no le había apoyado en vida.

Formoso fue acusado de dejarse elegir obispo de Roma estando a la cabeza de otra diócesis -debido a que había una ley canónica que prohibía a los obispos a trasladarse de una diócesis a otra-. Su elección, por tanto, fue declarada inválida, como inválidas fueron consideradas todas las ordenaciones que confirió durante su reinado.

Con este juicio Esteban quiso ponerse a resguardo de que lanzaran contra él una acusación análoga, puesto que también él era obispo de otra sede cuando fue elegido para la de Roma: al anular las acciones de Formoso, este nombramiento quedaba invalidado.

Como es evidente, el cadáver de Formoso asistió en completo silencio a las acusaciones, insultos y gritos que le lanzaba su sucesor. Eso sí, aquellos que le juzgaron tuvieron la “deferencia” de situar a su lado a un diácono –que aguantaba como podía las arcadas producidas por el hedor de la descomposición– para que le representara, a modo de moderno “abogado de oficio”.

Finalmente Formoso –como era previsible– fue declarado culpable y, no contentos con el escarnio al que le habían sometido después de muerto, le cortaron los tres dedos que utilizaba para bendecir y le arrastraron por el palacio. Después tiraron su cuerpo a una fosa común. Finalmente Esteban, aún no contento con lo que había hecho, volvió a exigir su exhumación y Formoso acabó en las aguas del Tíber.

Pero quizá el peor castigo, más grave que las vejaciones a un cadáver que, después de todo, ni sentía ni padecía, fue la aplicación a Formoso de la llamada Damnatio memoriae, una práctica que ya se practicaba en la antigua Roma y que consistía, ni más ni menos, que en borrar cualquier vestigio histórico del que lo sufría. En definitiva, el receptor de tal castigo y sus acciones eran borrados de la Historia, como si nunca hubieran existido.

Meses después de la celebración del Concilio Cadavérico o Sínodo del cadáver, una multitud descontrolada –sabiamente aprovechada y dirigida por los partidarios y defensores del papa Formoso– atraparon al pontífice y le llevaron a prisión.

Poco después Esteban VI, quien un día se había atrevido a profanar la tumba de su antecesor, moría asesinado en prisión –por estrangulamiento– en agosto de 897.

La Iglesia Católica no reconoce oficialmente el Sínodo del Cadáver aunque sí ha llegado a admitir que ha habido Papas que no han sido precisamente modelos de santidad: asesinos, licenciosos o papas que han sucedido a sus propios padres en el trono papal.

Fuente:
Pepoladas - El sínodo del cadáver

18 de noviembre de 2010

La sexualidad en la Antigua Grecia

Desde época arcaica la prostitución estuvo presente en Grecia pero los rasgos más importantes que se conocen sobre las prácticas sexuales datan de la época clásica.

Las ciudades costeras tuvieron un sinnúmero de prostíbulos que saciaban las necesidades de los marinos que llegaban a los puertos. Atenas se convirtió en una ciudad muy atractiva para dichas prácticas. El Estado, por su parte, era el que controlaba y regulaba los prostíbulos donde trabajaban las esclavas.

La fidelidad del varón en la Grecia clásica respecto a su esposa radicaba en respetar la condición de mujer legítima tal como se estipuló en la promesa de matrimonio. No obstante, las otras mujeres con las que el marido podía intimar fuera del hogar conyugal eran: con la compañera de reuniones sociales que poseía una gran belleza y presencia física además de contar con una gran intelectualidad -hetaira-; la concubina -pallaké- a la que no se consideraba como ciudadana de pleno derecho; la profesional del sexo o prostituta libre -porné- que debía pagar unos impuestos al Estado por su actividad; y, por último, las esclavas que tenían que vestir con atuendos especiales para identificarse, pasado un tiempo podían comprar su libertad por medio de un préstamo.
Estas cuatro clases de mujeres no atentaban contra la posición de la esposa legítima y madre. La esposa, por el contrario, debía ser totalmente fiel. El incumplimiento de esta cláusula podía costarle su posición en el hogar conyugal.

El varón rico podía tener relaciones con una esclava doméstica y darle hijos que eran reconocidos legalmente. Además, podía disfrutar con las hetairas, que tomaban parte en los banquetes -simposion- que se celebraban solo para hombres en la zona destinada a los hombres -andros-, lejos del área reservada para la mujer. Esta reunión constaba de dos partes: la primera consistía en la cena propiamente dicha; y la segunda era una especie de sobremesa de larga duración durante la cual se consumía la bebida, normalmente vino rebajado con agua, en la que los comensales realizaban una ofrenda al dios Dionisos. La fiesta se amenizaba con música, espectáculos y bailes realizados por las hetairas (las únicas mujeres que tenían permitida la entrada). Los esclavos servían a los invitados la comida, que se disponía en una mesa baja.

La homosexualidad era conocida en la Antigua Grecia. Las relaciones se realizaban entre un adulto -erastes- y un joven -eromenos-. A pesar de que la sociedad cultivaba el valor varonil era, por otra parte, tolerante y complaciente con esta práctica sexual.
El amor por los jóvenes estaba considerado en los círculos cultos y aristocráticos como una forma de educación necesaria para los jóvenes griegos. En el registro arqueológico han quedado pinturas reflejadas en recipientes cerámicos, donde se dibujaban numerosas escenas de cortejo entre los adolescentes y los adultos masculinos.

La poetisa Safo, del siglo VII a.C., que procedía de una familia aristocrática de la isla de Lesbos, dedicó su actividad a la iniciación de las doncellas en el secreto y deberes de la sexualidad femenina. Dicha iniciación se realizó a través de la experiencia homosexual, que inspiró muchos de sus poemas como el Himno a Afrodita y Epitalamios, entre otros.


Fuente:
Mediterráneo: Fenicia, Grecia y Roma – Pilar Pardo Mata

17 de noviembre de 2010

El garrote vil

El garrote vil o garrote es una máquina utilizada para aplicar la pena capital originaria de España. Estuvo vigente en este país legalmente desde 1820 hasta la abolición de la pena de muerte en la Constitución de 1978.

El garrote de forma evolucionada, consistía en un collar de hierro que, por medio de un tornillo,con una bola al final retrocedía produciendo la muerte al reo por la dislocación de la apófisis de la vértebra axis sobre el atlas en la columna cervical, es decir se le rompe el cuello a la víctima.

Si la lesión producida aplasta el bulbo o rompe la cervical con corte medular, se produce un coma cerebral y la muerte es instantánea. Pero esto depende en gran medida de la fuerza física del verdugo y la resistencia del cuello del condenado, y la experiencia demostró que raramente sucedía así; la muerte solía sobrevenir por estrangulamiento, resultante de una serie de lesiones laríngeas e hioideas. Múltiples casos se daban en los que se alargaba la agonía del condenado. A título de ejemplo el informe médico de la ejecución del famoso Jarabo en 1958, observaba que la muerte no se había producido de forma instantánea, sino con "excesiva lentitud", el fallecimiento se produjo a los quince minutos, después de una verdadera tortura. Jarabo tenía un cuello poderoso y su verdugo, Antonio López Sierra era bastante débil físicamente.Se han producido casos aún peores en los que el reo ha muerto después de hasta media hora de espantosa agonía entre aullidos y contorsiones.

En el caso de este método de ejecución, el adjetivo "vil" deriva del sistema de leyes estamentales en el medioevo. Por una cuestión simbólica la decapitación con espada se consideraba pena reservada a los integrantes de la nobleza, en cambio, para los villanos (habitantes de las villas o integrantes de la "plebe"), se mantenía la ejecución "vulgar" mediante la aplicación de "garrote" o compresión del cuello de la víctima.

La variante denominada catalana incluía un punzón de hierro que penetraba por la parte posterior destruyendo las vértebras cervicales del condenado. El garrote, con sus refinamientos, fue instituido porque el ahorcamiento se consideraba excesivamente cruel, ya que el lapso de tiempo hasta la muerte era mucho más largo. En el momento en que se instauró el garrote, principios del siglo XIX, este argumento se mostró válido. Posteriormente los ingleses perfeccionaron la técnica de ahorcamiento mediante caída larga y escotillón que convirtió este procedimiento en el más rápido y limpio.

El uso del garrote se generaliza a lo largo del siglo XVIII, favorecido por la simplicidad de su fabricación, que estaba al alcance de cualquier herrero. Mediante decreto de 24 de abril de 1832, el rey Fernando VII abolió la pena de muerte en horca y dispuso que, a partir de entonces, se ejecutase a todos los condenados a muerte con el garrote.

Cada tipo de ejecución llevaba aparejada una escenificación distinta, diferenciándose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro, sentados mirando hacia la grupa, o arrastrados. Es la denominación garrote vil la que ha prevalecido y hoy en día se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.

La ejecución se anunciaba con unos tambores con el parche flojo, no tirante, que se llamaban "cajas destempladas", de donde ha quedado la expresión.

Los últimos condenados por este sistema en España (el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común de origen pretendidamente polaco -en realidad, era alemán - Heinz Ches, en la de Tarragona fueron ajusticiados el 2 de marzo de 1974.



Fuente:
Actual y Curioso - El garrote vil

16 de noviembre de 2010

La iluminación en la Edad Media

Gran parte de la vida en la Europa medieval transcurría en una oscuridad más o menos total. En pueblos y ciudades, las calles solo las iluminaba el resplandor que arrojaban las ventanas de las casas, y en el campo no podía verse el resplandor lejano de la ciudad más próxima reflejado en las nubes bajas, ni tampoco los puntos de luz que en la actualidad indican la presencia de una casa: la noche era oscura, y la gente rara vez abandonaba la seguridad de sus hogares, hasta el punto que ir de noche por la calle era en sí mismo algo sospechoso. No hacía falta velar por el cumplimiento de un toque de queda, porque poco podía inducir a violarlo.

Pero siempre había alguna iluminación en el interior de las casas y las cabañas, aunque solo fuese la trémula luz del hogar, además de la cual seguramente se empleaban velas, candelas de junco o candiles. Estos últimos derivaban de las lámparas en uso durante la Antigüedad clásica, y estaban formados por un recipiente con un asa o una varilla con garfio que permitía colgarlos de una anilla metálica, como las lámparas votivas que vemos en las iglesias de hoy. En el recipiente se ponían el aceite y la torcida, y a veces estaba hecho de piedra y tenía un pie, lo que le daba aspecto de cáliz. La alternativa era la vela o la candela de junco, en las que la mecha o un junco se introducían o se impregnaban en cera combustible. El aceite para los candiles solía sacarse de semillas oleaginosas, como las de linaza o de cáñamo.
Por lo general, era más fácil obtener cera de abeja o sebo para hacer velas o candelas de junco, cuyo combustible era sólido, pero podía derretirse e irse depositando en capas alrededor de la mecha gracias al calor de su propia combustión. La mayoría de candelas se hacían por inmersión, al ir sumergiendo repetidas veces el pábilo, que solía ser de lino, en una cubeta de sebo o de cera fundidos, con lo que acada inmersión se le iba agregando una capa más de grosor a la vela.

Se han conservado candeleros desde la Alta Edad Media. Acostumbraban a tener tres pies y un pincho de metal donde se clavaba la vela. El candelero de cañón apareció a finales de la Edad Media y acabó por sustituir al de pincho. Con el correr del tiempo, los candeleros se hicieron cada vez más grandes y más decorativos.

La linterna es una adaptación especial del candelero. La candela normalmente iba encajada en un mechero, dentro de un receptáculo metálico, uno de cuyos lados era de cristal o de asta para dejar pasar la luz. Las linternas pasaron a ser de uso general a partir del siglo XIII y podían colgarse en el hogar o llevarse sin peligro alguno. La linterna de la Baja Edad Media ha experimentado pocos cambios, salvo el añadido de un reflector, hasta época reciente.

La iluminación alternativa para quienes tenían que aventurarse fuera de su casa de noche era la tea, que solía ser un trozo de madera con algo de fibra enrollada e impregnada en aceite o cera. Su llama incontrolada era peligrosa, pero era de uso común. Apagar una tea no siempre era cosa fácil. Así, en el exterior de algunas casas se instalaban recipientes en los que se introducía el extremo ardiente de la tea para apagarla.


Fuente:
Vida cotidiana, la historia de la cultura material – Norman J. G. Pounds

15 de noviembre de 2010

Historia de la silla eléctrica

La silla eléctrica fue ideada en Estados Unidos por Harold P. Brown, un empleado de Thomas Edison. La idea era crear un nuevo sistema de ejecución de los presos condenados a muerte, que fuese mas rápido, humano y sin dolor y para sustituir a la horca, método utilizado hasta entonces.
El proyecto fue aprobado por un comité en 1886 pero no se llevó a la práctica con un ser humano hasta 1890.

Se dice que en la creación de la silla eléctrica siempre estuvo supervisado por Edison, pero para no dañar su imagen, al ser un método de ajusticiamiento, cedió todos los honores a Brown.

Tras varios ensayos con diferentes animales de diversos tamaños, incluyendo a un elefante de circo llamado “Topsy” para comprobar su eficacia, el sistema fue aprobado por el comité en 1889.

El 6 de agosto de 1890, William Kemmler, acusado de matar a su amante con un hacha, tuvo el “honor” de inaugurar el nuevo método de ejecución en la prisión del estado de Auburn, Nueva York.

Después de atar a Kemmler a la silla colocándole un electrodo a la cabeza y otro a las piernas se procedió a la ejecución, que en su primera tentativa fue un autentico fracaso. Durante 17 segundos Kemmler fue sometido a la descarga eléctrica que le causó una serie de quemaduras y sobresaltos pero que no le provocó la muerte.

Para proceder a la segunda tentativa, Kemmler permaneció sentado en la silla esperando que ser cargase de nuevo el generador sufriendo una dolorosa agonía con buena parte de su cuerpo mal quemado.

En la segunda tentativa se subió el voltaje a 2000 voltios y la descarga duró más de un minuto.Según declaraciones de los presentes la escena fue descrita como espantosa, con un olor a carne quemada y con humo emanando de la cabeza de Kemmler. Un reportero quien lo atestiguó dijo: "Era un espectáculo horrible, mucho peor que el ahorcamiento." Finalmente Kemmler murió.

El funcionamiento de la silla eléctrica es bastante fácil de explicar. El condenado se ata a una silla hecha de material aislante, y se le coloca un electrodo en la cabeza y otro en una de sus piernas. Cuando todo está dispuesto, se aplican dos choques eléctricos a lo largo de “varios minutos”, ya que el tiempo exacto de la ejecución varía de una persona a otra.

La tensión inicial es de más o menos 2000 voltios y sirve para romper la resistencia de la piel y -con un poco de suerte- causar la inconsciencia. Después, se baja el voltaje hasta unos 440 voltios para evitar que el prisionero -literalmente- se queme. El cuerpo del condenado alcanza temperaturas del orden de los 60 °C. Como es de imaginar, la muerte llega por el daño que provoca el flujo de la corriente eléctrica en los órganos internos.

En 1946, la silla eléctrica no fue capaz de matar a un condenado llamado Willie Francis, quien gritaba "¡Paren! ¡Déjenme respirar!" mientras era electrocutado. El motivo del fallo fue que un ayudante ebrio había instalado mal la silla. El caso fue llevado a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, ya que los abogados del condenado argumentaban que su cliente “fue ejecutado tal como lo ordenaba la sentencia judicial: no murió pero igual se cumplió la sentencia”.

El argumento fue rechazado y Francis volvió a la silla eléctrica al año siguiente. Esta vez, la silla hizo su trabajo y el reo murió como estaba previsto.

Actualmente la silla eléctrica ha caído en desuso y ha sido sustituida paulatinamente por la inyección letal.

La última vez que se usó la silla eléctrica fue el 12 de septiembre del 2007, cuando Daryl Holton de 45 años fue electrocutado en Tennessee al preferir este método de ejecución a la inyección letal. Actualmente, los únicos lugares en el mundo que aún utilizan la silla eléctrica como una opción de ejecución son los estados estadounidenses de Alabama, Florida, Carolina del Sur, Tennessee y Virginia.

Fuentes consultadas:

Actual y Curioso - El primer ejecutado en la silla eléctrica
NeoTeo - Historia de la silla eléctica.

14 de noviembre de 2010

El asesino de la frontera

18 de julio de 1901, estado de Wyoming. Willie Nickel, el hijo de un ovejero, no sabe que lo están vigilando. Los acontecimientos que se sucederán a continuación dejarán al descubierto la parte oscura del Oeste. Un hombre es acusado del crimen: Tom Horn, un tristemente famoso cazador de recompensas. ¿Es un campeón de la justicia en la frontera, o un asesino implacable cuyo tiempo ha pasado?

Willie Nickel
Tom empezó, como muchos jóvenes en la frontera, trabajando como vaquero. Creció en Missouri en la década de 1860, al final de la época dorada de los vaqueros, y escapó de casa a los 13 años huyendo de las palizas de un padre estricto. Encontró trabajo como pastor de ganado nocturno, y pronto estaba conduciendo rebaños para el ejército en Arizona. Era un trabajo tedioso, y este hombre joven estaba ansioso de aventuras.
Tom descubrió que era un rastreador muy hábil; a los 28 años se convirtió en jefe de exploradores en la campaña contra los indios de Arizona, conocida como “las guerras apaches”. Llegó a ser incluso miembro de la partida que capturó a Jerónimo, el legendario jefe indio.

A pesar de su fanfarronería Tom destaca en todo lo que hace. Domina todas las actividades de los vaqueros, como el manejo del lazo, y se convierte en una auténtica estrella del rodeo a los 28 años. Es una de las cosas que contribuye a construir su reputación y a granjearle el respeto de los demás vaqueros. Como Tom sabe bien, pocas herramientas son tan importantes para un vaquero como su lazo. Tom Horn aprendió a hacer sus propios lazos de los apaches en su época de rastreador, pero hay algo que le gusta casi más que los lazos: las armas. Presume de portar los más avanzados modelos de armas, y como todos los pistoleros, es meticuloso en su cuidado. Tom se convierte en un tirador extraordinario y esa especialidad lo saca del mundo de los vaqueros para introducirlo en los peligros de una nueva institución: el primer servicio secreto de los EEUU, fundado en 1850 por los Pinkerton.

Tom Horn
Había mucha demanda de detectives privados en el Oeste, donde escaseaban los agentes de la ley. Tom demuestra tener auténtico talento y se dedica a eso durante varios años en Colorado. Aquellas cazas del hombre podían durar meses, y Tom se gana una reputación como hombre que acaba siempre capturando a su hombre, por mucho tiempo que cueste. Tom también aprende a utilizar métodos extremos: a los hombres a los que no puede capturar, los mata.

En 1892, Tom Horn deja su trabajo como detective de Pinkerton y se dirige al norte, atraído por una nueva oportunidad. En Wyoming los rancheros ricos tienen millones de cabezas de ganado pastando en libertad, pero el enorme tamaño de sus zonas de operaciones facilita que los granjeros roben ganado sin ser detectados. El robo de reses amenaza con hacer disminuir el beneficio de los poderosos magnates del ganado y hay muy pocos agentes de la ley en esta remota región, de modo que los magnates contratan a detectives de campo para proteger su ganado por cualquier medio.

Hacia finales de la década de 1860 miles de colonos estaban llegando a Wyoming. La Ley de Fincas otorgaba a los ciudadanos estadounidenses 65 hectáreas libres de impuestos, de modo que muchos de ellos reclaman su parte en este vasto territorio abierto y entonces se topan con gente que ya estaba allí, y ahí surge un problema. Los ricos magnates del ganado compran el poder político y establecen su propia ley para expulsar a los colonos de la zona.

La reputación de Tom como detective y experto tirador le convierte en el perfecto pistolero a sueldo. Está acostumbrando a cazar delincuentes pero ahora son granjeros los que se encuentran en su punto de mira, sin embargo emprende su nuevo trabajo sin el menor remordimiento, se crea una reputación de hombre al que hay que temer y no le cuesta mucho.

Tom procuraba enfrentarse a los granjeros apareciendo repentinamente de la nada, solo para hacerles saber que se encontraba en la zona. Es una táctica de amedrentamiento muy efectiva. No es un pistolero a sueldo convencional, hay cierto decoro en sus métodos, incluso un sentido del juego limpio. Antes de expulsar a los supuestos cuatreros les dejaba una nota: “deja de robar y abandona el territorio, o morirás”, y si no lo hacían al cabo de unos días sencillamente los mataba. Tom maneja muchas armas en su trabajo, pero una parece ser su favorita: el Winchester de 1894.

Winchester 94
En 1900, Tom emprende el mayor trabajo de su vida. Varios grandes ganaderos ricos forman una organización secreta. Se enfrentan a un severo brote de robos de ganado y recurren al hombre que puede detenerlo, contratan a Tom para eliminar a dos conocidos cuatreros de Colorado y pocas semanas después los dos son asesinados. Horn presumirá más tarde de esos asesinatos proclamando que cobró 600 dólares por cada uno, el equivalente a 15.000 dólares de hoy, pero su fanfarronería le acabará pasando factura.

El verano de 1901 lo pasó en la granja de los Miller y estando allí presenció una disputa que cambiaría su vida para siempre. El vecino, Nickel, es un pequeño ranchero, conocido alborotador y que tiene muchos enemigos. Cría ovejas, que los ganaderos de vacuno odian y a menudo las deja pastar en tierras de otros rancheros. Es el siguiente en la lista de Tom Horn, pero es su hijo el que cae en el fuego cruzado. El 18 de julio, Willie, el hijo de 14 años de Nickel, monta en el caballo de su padre y cabalga fuera de los límites de su propiedad. Los detalles de lo que sucedió aquella mañana son todavía un misterio, pero el acontecimiento sellará el destino de Tom y desencadenará un calvario que se recuerda en Wyoming hasta el día de hoy.

No había pruebas de que Horn hubiera estado en el lugar del crimen. Incluso hoy muchos investigadores dudan de que fuese él el autor, y es que tenía una coartada muy firme. Una hora después de que se produjeran los hechos Tom Horn fue visto por otro vaquero en un lugar bastante alejado, a unos 15 o 20 km.

Es un gran bebedor y el alcohol suelta la lengua. Esta vez, Tom habla demasiado ante la persona equivocada, un ayudante de marshall llamado Joe Lefors.

Lefors lleva a Tom a su despacho y le tienta con una oferta de trabajo para arreglar unas disputas de terrenos en Montana. Tom muerde el anzuelo con entusiasmo. Tras la puerta un estenógrafo recoge en secreto la conversación, en la que Lefors lleva a Horn a incriminarse. La confesión en estado de embriaguez asegura el arresto de Tom y se convierte en la mayor prueba contra él en el juicio. Horn afirma que solo estaba vacilando y exagerando sus habilidades para conseguir el trabajo de Montana.

A pesar de la confesión, la prueba contra Tom está plagada de lagunas. No hay testigos que lo sitúen cerca del lugar del asesinato, y uno de los grandes puntos de controversia es el arma utilizada en el disparo. Un médico declaró en el juicio que las heridas de Willie Nickel eran demasiado grandes para ser causadas por el Winchester 64 de Horn. Pero hay un problema, el cuerpo de Willie estuvo a la intemperie 24 horas antes de que lo encontraran y la descomposición del cadáver podía haber alterado el aspecto del orificio de la bala.

En la cárcel Horn se prepara para la lucha de su vida. Sus amigos rancheros contratan a los mejores abogados, pero esta vez Horn necesitará algo más que el dinero de sus jefes para salvar el cuello. Los magnates del ganado, aquellos a quien sirvió con tanta lealtad, lo traicionan; pagan sus abogados pero se niegan a testificar a su favor. Fue declarado culpable y ahorcado.

13 de noviembre de 2010

Las cruces de término

Una cruz de término es una cruz monumental, generalmente de piedra, que suele estar ubicada cerca de la entrada de poblaciones, monasterios o al lado de los caminos.

Su origen es incierto pero se cree que delimitaban los límites de las poblaciones y que tenían la función de dar la bienvenida o despedir a los viajeros y peregrinos que pasaban por una población y en ocasiones de ermitas y monasterios.

Formada por unas gradas de planta circular o poligonal donde se erige un fuste, normalmente liso, y rematado con un capitel donde se sitúa una cruz de piedra labrada en cantería.

En una de las caras de la cruz se solía representar la imagen de un cristo crucificado y en la otra la imagen de la Virgen, de algún santo o de temas heráldicos.
Al principio eran obras sencillas, que poco a poco, acabaron siendo verdaderas obras de arte gótico y renacentista de los maestros canteros de la época.

A partir del siglo XV empezaron a cubrirse las cruces con un tejado, normalmente de cuatro aguas sustentado sobre unos pilares y que se denominan cruces cubiertas.

De este tipo destacan la de Valencia, Vic, Gandesa, Vallfogona del Ripollés, La Selva del Camp, Sorita, o Xátiva entre otras. Algunas todavía subsiten, otras por desgracia, fueron destruidas o desaparecieron como es del caso de la Creu Coberta de Barcelona del siglo XIV y que era considerada de las mas antiguas que existieron.

Fuente:
Viquipèdia - Creu de terme

12 de noviembre de 2010

¿Por qué se dice…?

Ir de punta en blanco:

En los ejercicios para combate, los caballeros medievales empleaban armas de hierro ordinario que carecían de filo y llevaban en la punta un botón, como los floretes con que se aprende esgrima. Recibían el nombre de armas negras, en oposición a las que se usaban en los torneos, que eran de acero filoso y tenían el extremo afilado o, como se decía entonces, la punta en blanco.

Los contendientes se presentaban ante el árbitro o maestro de armas acompañados de sus escuderos, quienes portaban los yelmos con sus penachos y los respectivos escudos. La gran pompa de esta ceremonia con música de fanfarrias y el espectáculo de las armaduras relucientes y los estandartes al viento quedaron asociados a la frase "estar de punta en blanco", que tomó el sentido de mostrarse con las mejores galas. Pasaron los tiempos feudales, pero el dicho subsiste. Sólo que ahora se aplica a cualquiera que luce impecablemente desde el peinado hasta los pies.

Ojo por ojo, diente por diente:

Esta frase, que consagra la venganza como un procedimiento jurídico, figura en dos de los 282 artículos del código sancionado por Hammurabi (1792-1750 a. C.), fundador del imperio babilónico. La menciona también el Antiguo Testamento al referirse a los actos de violencia. “Quien cometiere e delito", dice el texto bíblico, "pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano y pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y golpe por golpe".

Cuando el agredido prefería que se lo compensara con dinero, tenía derecho a una suma, fijada de antemano de acuerdo con la gravedad del daño. Así, según la ley del talión del derecho romano, quien recibía una cachetada podía canjear ese golpe por un monto equivalente a 5 ó 6 dólares de hoy.

Renacer de las cenizas:

La idea de volver a alzar vuelo después de una gran crisis suele ser alegóricamente expresada mediante la antiquísima leyenda egipcia del ave Fénix. Un pájaro fabuloso de brillante plumaje dorado y escarlata que emitía un canto muy melodioso y cuya vida se extendía entre los cinco y los once siglos. Antes de morir, el Fénix (del que existía un único ejemplar), se preparaba un nido hecho con ramas de árboles raros y hierbas aromáticas al que se prendía fuego, y el ave se extinguía entre sus llamas. Resucitaba muy pronto de las cenizas, intacta y rejuvenecida, para vivir otra vez por siglos.

Si la montaña no viene a Mahoma...

Mahoma convenció a sus seguidores de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía.

Fuente Consultada: Tres Mil Historias de Héctor Zimmerman.
http://www.portalplanetasedna.com.ar/por_que_se_dice___.htm

Tenemos nuevo colaborador

A partir de hoy este blog cuenta con un nuevo colaborador, Jordi. Supongo que muchos ya lo conocéis por sus blogs The Pilingui's House, Pilingui's Music y Actual y Curioso.

Le gusta la historia y además sabe mucho del tema, así que disfrutaremos leyéndole.

Nada más, solo quería comunicaros que a partir de este momento somos tres personas haciendo este blog: Azahara, Jordi y yo misma.

Aprovecho para agradeceros vuestras visitas y comentarios.

11 de noviembre de 2010

El nacimiento del islam

Mientras que en Egipto, Irán y Mesopotamia florecían las más refinadas y cultas civilizaciones de Oriente Medio, un huérfano iletrado de origen humilde surgía de la soledad del desierto, cual profeta, predicando una nueva religión que cambiaría el mundo para siempre.

Pasado el siglo VI, La Meca era una ciudad tranquila. Situada en la península arábiga, era un centro comercial clave localizado sobre una ruta de caravanas, un oasis en medio del desierto, y lugar de culto importante para los peregrinos politeístas paganos. Sus habitantes no tenían arquitectura, ni literatura escrita, ni tradición real dignas de mención. Desde el punto de vista social estaban organizados en una confederación de tribus del desierto. Mahoma nació en 570 en La Meca, dentro del clan hasimí, una rama de la gobernante tribu coraixí. Al morir sus padres fue a vivir donde su primo Alí. Allí fue educado por su tío, el padre de Alí.

Mahoma
A la edad de 40 años le sobrevino una crisis espiritual. Retirose entonces a meditar en una cueva del monte Hira, fuera de La Meca. Allí se le apareció el ángel Gabriel y le susurró al oído la revelación de Alá (Dios). El Profeta volvió a La Meca y comenzó a predicar la revelación, conocida como el Corán. Rápidamente convirtió a su esposa, a su primo Alí y a sus amigos íntimos al islam, que significa sumisión (a Alá). La religión continuó difundiéndose, pero los musulmanes no la consideraban una nueva creencia sino sencillamente una continuación de la fe de Abraham, la última después del judaísmo y el cristianismo.
Mahoma murió en 632 sin nombrar sucesor. Mientras su cuñado y primo Alí hacían los arreglos para el funeral, se reunieron en ausencia de éste los compañeros del Profeta y escogieron a su suegro y amigo íntimo, Abu Bakr, como califa, es decir representante o sucesor. El califa era el jefe espiritual de la umma, la comunidad musulmana. A Abu Bakr le siguió Umar, otro compañero del Profeta, quien fue asesinado en 644 por un esclavo persa. El nuevo califa fue Utman, otro de los compañeros. A la postre, tras la ejecución de Utman en 656, Alí tuvo la oportunidad de suceder a Mahoma como cuarto califa. Los musulmanes sunníes consideran con nostalgia a estos cuatro compañeros del Profeta que lideraron la umma, los llaman profetas guiados por el camino recto: los elegidos.


Fuente:
Oriente Medio para dummies - Craig Davis

10 de noviembre de 2010

La espada samurái

Los samuráis acostumbraban a llevar dos espadas. La más larga, la katana, era el arma principal en la batalla. La espada corta, el wakizashi, se usaba también en combate y, de ser preciso, en el suicidio ritual.

Para el orgulloso samurái, no había posesión más preciada que su espada. Se colocaba una espada en la habitación del samurái el mismo día de su nacimiento y también se depositaba una espada en su lecho de muerte al morir. A lo largo de su vida, el samurái acostumbraba a dormir con su espada cerca de su almohada y la llevaba consigo dondequiera que fuese.

Las espadas eran siempre tratadas con respeto. Cuando se visitaba a otro guerrero, el samurái podía colocar su katana en un armero especial cerca de la puerta o bien se le permitía a un criado llevársela sobre un paño de seda, pero siempre se quedaba con el wakizashi en su cinto.

Las espadas de los samuráis pasaban de generación en generación. Cualquier falta de respeto a la espada de un samurái era vista como un insulto a toda su familia. Se consideraba una grave ofensa tocar de cualquier forma la espada de otro sin su permiso, una afrenta que podía resultar en un cruento duelo. Por este motivo, los samuráis tenían que tener cuidado para no rozarse entre sí al andar por la calle.

Katana
Los samuráis también creían que las mejores hojas de los mejores fabricantes de espadas tenían poderes espirituales en sí mismas. Las espadas que habían sido usadas en combate eran especialmente apreciadas. Pero los samuráis adinerados también buscaban nuevas espadas de espaderos famosos.

Aquellos que hacían las espadas eran reverenciados como artistas y hombres santos, y el taller de un forjador de espadas era considerado como un templo, donde se realizaba un trabajo sagrado. Se pensaba que la personalidad de un espadero pasaba a formar parte de sus obras. Así que antes de forjar una espada, un maestro forjador ayunaba para purificarse. Colgaba por su taller plegarias escritas en papel de arroz y se vestía con kimonos blancos, como un sacerdote, para trabajar en la forja encendida. Mientras trabajaba mantenía una concentración absoluta.

La espada de un samurái estaba hecha de hierro y acero, calentada en la forja y enfriada sucesivamente, o templada en una mezcla de aceite y agua. El acero era trabajado con el martillo, modelado una y otra vez hasta conseguir cuatro millones de láminas de metal. La hoja de la espada era muy dura y extremadamente afilada, pero el cuerpo de la misma era más suave y flexible. Una vez acabada, la espada era guarnecida y se le añadía un mango decorado, tras lo cual la nueva espada podía ser probada en el cuerpo de un criminal.

Wakizashi
A la manera de un artista, un maestro hacedor de espadas solía firmar su trabajo. Pero el más famoso de todos los espaderos, Masamune (1264-1343), fabricó espadas tan peculiares que no necesitaba firmarlas. Masamune era tenido por un hombre profundamente religioso y se decía que sus espadas poseían un gran poder espiritual.

El principal rival de Masamune, Muramasa, fue también un hábil espadero. Pero Muramasa amaba la guerra. Sus espadas eran tan fuertes que podían cortar un casco como si fuese un melón. Sus armas tenían sed de sangre. Se decía que los samuráis que poseían las malvadas espadas de Muramasa se volvían locos, incapaces de parar de matar, hasta que finalmente volvían las espadas contra sí mismos.
Según la leyenda, una manera de comprobar la diferencia de carácter entre las espadas de Masamune y las de Muramasa era poner una de cada, de pie, en una corriente de agua. Las hojas que flotaban en el agua evitarían la espada de Masamune, llegando de una pieza al otro lado. Sin embargo, se verían atrapadas sin remedio por la mortal espada de Muramasa y acabarían cortadas en dos.


Fuente:
Breve historia de los samuráis – Carol Gaskin, Vince Hawkins

 

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