Nos tomamos unos días de descanso para disfrutar del verano. Me voy una semanita a Egipto, ya os contaré. Sed buenos!
14 de agosto de 2010
12 de agosto de 2010
Las batallas medievales
Hastings, Bouvines, Agincourt -la Edad Media parece repleta de célebres batallas; en realidad durante mucho tiempo la guerra medieval se ha estudiado casi exclusivamente a través de los choques registrados en la época-. Sin embargo, es relativamente raro encontrar batallas en el pleno sentido de la palabra: lo que predomina son principalmente las campañas y los asedios, ya que éste es el tipo de acciones que definen la guerra en este período. Lo cierto es que el número de escaramuzas, combates singulares y choques militares de entidad supera con mucho el de acontecimientos como los de Hastings y Agincourts en el mundo medieval.
La paradoja de las batallas medievales estriba en el hecho de que fueran a un tiempo superlativamente arriesgadas y muy poco decisivas. Por consiguiente, y a pesar de que algunos generales siguieran activamente una estrategia concebida para entablar batalla tras batalla, la mayoría de los comandantes optaban por una política contraria, tratando de evitar los encontronazos y haciendo reacaer únicamente en las campañas y los asedios el peso de la victoria. Cuando se entabla una batalla, y una vez desatada la violencia, el jefe militar no ejercía más que un control muy limitado sobre sus fuerzas.
Pese a que en el campo de batalla las tropas se agruparan en unidades tácticas (llamadas conrois, y batailles en el caso de las de mayor envergadura) provistas de estandartes, insignias heráldicas y dalmáticas para facilitar el reconocimiento de los bandos, el estrépito y la confusión del combate, la extensión del terreno que acababan por ocupar los enfrentamientos, las dificultades de comunicación, el surgimiento de exigencias y acontecimientos inesperados, así como las tácticas que pudiera adoptar por sorpresa el enemigo, todo esto generaba un tremendo desorden, lo que explica lo mucho que el resultado del choque dependía de la preparación, experiencia y buen juicio del jefe de la soldadesca y de la iniciativa de sus capitanes. Y cuando se asentaba la polvareda levantada por la refriega seguía siendo difícil discernir qué es lo que había sucedido en realidad en el campo de batalla.
El resultado de la batalla era casi siempre incierto. Pese a ello, eran muchos los generales que de heco trataban de tentar a la suerte y jugarse el destino de una guerra en una gran ofensiva. Cuando Guillermo el Conquistador arribó con su ejército a las costas de Inglaterra en 1066 su propósito era instar a los ingleses a presentar batalla: y tras derrotar a Haroldo y al grueso de sus efectivos en Hastings -mejor aún, habiendo dado muerte al rey en combate-, el reino resultó más fácil de someter. El cronista Guillermo de Poitiers señaló que, en efecto, el duque de Normandía había conquistado la totalidad de Inglaterra en un sólo día.
También Haroldo deseaba una batalla decisiva, y en esto se adhería a una estrategia muy anglosajona: la ausencia de grandes fortificaciones en la Inglaterra anterior a la conquista, determinaba que fueran las batallas, más que los asedios, lo que decidía el resultado de las confrontaciones.
El cronista Orderico Vitalis ofrece un sucinto análisis de la conquista de Inglaterra efectuada por el duque de Normandía: "Las fortificaciones que los franceses llaman 'castillos' eran muy raras en las regiones inglesas y por consiguiente, pese a que los ingleses se mostraban belicosos y audaces, se hallaban en una posición de mayor debilidad para resistir a sus enemigos". A finales de la Edad Media, los generales ingleses volvieron a encontrarse en parecida situación militar: los largos períodos de paz habían hecho que las fortificaciones cayeran en desuso y provocado que se dejara de atender por tanto a su reparación, lo que obligó a los ejércitos a combatir sobre el terreno en lugar de en situación de asedio.
En algunas de las campañas que tuvieron lugar en el continente puede observarse la puesta en práctica de estrategias centradas en la búsqueda del choque directo: así sucede por ejemplo en las poco conocidas guerras que enfrentaron a los francos salios con los sajones en la alemania de finales del siglo XI y principios del XII.
El éxito que obtuvo Simón de Monfort en la cruzada albigense se debió en buena parte al hecho de que se mostrara decidido a precipitar los acontecimientos en el campo de batalla. En 1211 concentró su pequeño ejército en las debilitadas fortificaciones de Castelnaudary, situado al suroeste de Tolosa, en la Francia meridional, y pronto se vio asediado por su adversario, el conde Raimundo VI de Tolosa. Los hombres de Monfort tomaron la iniciativa, haciendo salidas para ir al encuentro del enemigo e inflingirle una aplastante derrota. Monfort reiteraría esa misma táctica en el año 1213, en la cercana localidad de Muret, y cosecharía un éxito aún mayor. La estrategia era arriesgada, pero la fortuna sonríe a menudo a los valientes.
Fuente:
A hierro y fuego - Sean McGlynn
9 de agosto de 2010
Conversión de los visigodos al catolicismo
La ruina del reino visigodo de Tolosa, tras la victoria de Clodoveo y los francos sobre Alarico II, no significó la extinción del pueblo ni la desaparición de la monarquía. Con el apoyo del rey ostrogodo Teodorico el Grande, que ocupó una posición preponderante en el escenario político occidental durante las primeras décadas del siglo VI, los visigodos hicieron de la Península Ibérica el solar de su nuevo reino, que sobrevivió dos siglos más, hasta la invasión árabe del 711.
La conversión de los visigodos al catolicismo encierra un particular interés, dentro de la historia de la cristianización de Europa, porque constituyó el capítulo más importante del proceso de recepción en la Iglesia de los pueblos germánicos que abrazaron el arrianismo al invadir las antiguas tierras romanas. El interés de la conversión visigoda se debe en primer lugar a la superior entidad de este pueblo, tanto en el orden demográfico como político, cristalizada en la constitución de un gran reino que, mientras existió, puede ser considerado como uno de los dos grandes reinos germánicos de Occidente. Los visigodos habían sido, además, los introductores del arrianismo en el mundo barbárico, por cuya razón su conversión cátólica tenía un alto valor simbólico, que muchos contemporáneos supieron muy bien captar. La conversión de los visigodos tuvo además en sí misma -es decir en cuanto a fenómeno religioso- un contenido teológico que era difícil que se diera cuando otros pueblos germánicos más incultos y "bárbaros" fueron recibidos en la Iglesia.
Conversión de Recaredo
Desde el punto de vista confesional, el tradicional esquema dualista de godos arrianos y mayoritaria población indígena de población católica, se mantuvo en el reino visigodo español en los mismos términos que se dieron antes en las Galias. La convivencia religiosa fue de ordinario pacífica. En el año 531, los padres del concilio II de Toledo concluían su asamblea elevando preces por el monarca reinante, el arriano Amalarico. De su sucesor, Theudis, escribió San Isidoro que "aún siendo hereje, concedió sin embargo paz a la Iglesia", y le permitió organizarse libremente. El mantenimiento del dualismo religioso no fue sin embargo óbice para la "pre-conversión" al catolicismo de un cierto número de godos eminentes. Así se explica que, años antes de la conversión del pueblo, fuesen de estirpe gótica algunos de los más notables personajes católicos del momento, como el metropolitano Másona de Mérida y el abad e historiador Juan de Bíclaro.
Fuente:
La conversión de Europa al cristianismo - Juan de Orlandis
8 de agosto de 2010
La marina fenicia
Los fenicios disponían de una marina muy eficiente en todo lo referente a la circulación de hombres, bienes y culturas.
La marina fenicia llegó a imponerse sobre todo gracias a la competencia de sus carpinteros, que sabían construir cascos sólidos y estancos. Además de la quilla, las cuadernas y los clavos, el empleo de betún para calafatear ya se había extendido por todas sus atarazanas.
Por otro lado, el marino fenicio sabía orientarse y conocía aquellos itinerarios que le podían evitar los escollos antrópicos o naturales: piratas, arrecifes, corrientes rápidas y difíciles de dominar.
Los marinos se valían de las experiencias acumuladas que iban enriqueciéndose sin cesar. Según parece, los fenicios sobresalían en saber leer el firmamento. Higinio (64 a.C.-17 d.C.), esclavo liberto de tiempos de Augusto, les atribuye el mérito de haber sabido decodificar el mensaje de la Osa Menor, que ayudaba a encontrar el norte. De hecho, parece que Higinio no es el autor del manual de astronomía en el que se habla de los fenicios y de la Osa Menor, pero poco importa. En desquite, como para reconocer a los fenicios el mérito de haber facilitado la navegación nocturna, los griegos bautizaron a la estrella del norte phoeniké. El poeta Manilio (siglo I d.C.) alude a ello en su obra Astronomica:
"La Osa Menor da vueltas sobre un círculo más pequeño; es menos grande y menos brillante, pero más importante que la Osa Mayor, según los marinos fenicios; para los cartagineses es el guía más seguro, cuando en el mar buscan una orilla que no pueden ver" (I, 297-300).
Fuente:
7 de agosto de 2010
Sangre para los dioses
[...] y es que todas las veces que alguna cosa quieren pedir a sus ídolos, para que más aceptasen su petición, toman muchas niñas y niños y aún hombres y mujeres mayores de edad, y en presencia de aquellos ídolos los abren vivos por los pechos y les sacan el corazón y las entrañas y queman las dichas entrañas y corazones delante de los ídolos y ofreciéndoles en sacrificio aquel humo. (Cartas de Relación, Hernán Cortés)
Esta es una de las innumerales narraciones que los cronistas españoles presenciaron cuando se enfrentaron cara a cara a uno de los más macabros espectáculos que la cultura mesoamericana les brindó en su estancia en México Tenochtitlan. Son ya muchas y muy variadas las confabulaciones e ideas que sobre el tema del sacrificio humano mexica se han planteado.
Aún en pleno siglo XXI nos seguimos cuestionando el por qué de estos holocaustos y de la obsesión por la aniquilación de seres de nuestra misma especie con afán de ofrecer su sangre a los dioses. ¿Cuál era el objetivo? Hasta ahora se han planteado muchas hipótesis, desde las más absurdas, como proveerse de proteínas y carne, ya que debemos recordar que después de algunos rituales se practicaba la antropofagia, hasta postulados en los cuales se indica como forma de intimidación y estrategia política del estado mexica hacia sus enemigos.
Son varios los factores que deben tomarse en cuenta para conocer este tipo de sacrificios. El Tlacamictiliztli o "muerte ritual de un ser humano" era el rito con el cual debía culminar en Tenochtitlan cualquier ceremonia de gran importancia. Recordemos que Moctezuma mandó sacrificar a diversos individuos antes de recibir a los enviados de las costas. Era necesario llevar a cabo un ritual de tal envergadura ya que estos personajes "habían hablado con los dioses", y con esta muerte se liberaba la energía para conservar la armonía de la geometría cósmica, ya que los dioses en algún momento se sacrificaron por los hombres. Ahora les tocaba a ellos alimentar a los dioses y mantener este equilibrio.
Los mexicas vivían totalmente amedrentados por si el sol, que necesitaba sangre, nunca más volvía a resurgir y por tanto la fertilización de la tierra y todo lo que la naturaleza les brindaba terminaba por desaparecer.
Desde otro punto de vista, el sacrificio humano se transformaba en un acto de brutalidad con el cual se podía acceder a esa sobrenaturalidad, en este caso a la sustacia ligera e imperceptible de los dioses.
Moctezuma II
Los sacrificios humanos se convirtieron en una obsesión para los mexicas, pues anualmente ofrecían 15.000 individuos de todas las edades. En dichas ceremonias había niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres, todo con el fin divino de pedir beneficios para la sociedad, los gobiernos y, en muchos casos, beneficios personales.
Existía tambien el auto-sacrificio, es decir, una ceremonia de tipo individual que permitía acceder a los dioses con una auto mortificación. Esta mortificación se lograba clavándose espinas de maguey o procurándose heridas con navajas de obsidiana en diversas partes del cuerpo, sobre todo en aquellos lugares donde el sangrado fuera más abundante, como en los lóbulos de las orejas, los brazos, las piernas y el miembro viril.
Los que ofrecían las víctimas a los dioses para beneficiarse con su sangre iban desde guerreros y mercaderes a gente de mucho poder económico y político. Nadie escapaba al sacrificio humano, por ejemplo los niños, que eran ofrecidos a los dioses del agua para propiciar las lluvias. Generalmente se les pintaba de color azul, y parte de los rituales podía consistir en arrojarlos a ríos o lagos o bien decapitarlos para posteriormente colocar sus restos craneales en algunas ofrendas dentro del recinto del Templo Mayor.
El caso de las mujeres era también relevante, ya que propiciaban la fertilidad de la tierra. Por ello, muchas chicas de entre 18 y 20 años, por lo general vírgenes, eran ataviadas como diosas para después llevar a cabo el ritual característico.
El grupo de ejecutores dependía del tipo de sacrificio que fuera a celebrarse. Los más conocidos son los que llevaban a cabo el ritual más común, el de la extracción del corazón. Era un sacerdote asistido por cinco ayudantes. Los ayudantes sujetaban a la víctima para que no se moviera. El sacerdote llavaba acabo la extracción con un cuchillo de pedernal.
Fuente: Breve historia de los aztecas - Marco Cervera
6 de agosto de 2010
Restos de un banquete neandertal en Barcelona
Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes) han hallado los restos de un banquete neandertal realizado hace unos 50.000 años en la cueva de las Teixoneres de Moià (Barcelona).
En concreto, los arqueólogos han desenterrado las evidencias de un fuego junto con costillas de ciervo, en lo que representa el arranque de la campaña veraniega de excavación del yacimiento, donde ya se constató el año pasado la presencia "frecuente" de estos homínidos.
El hallazgo es importante, según el codirector de la excavación Antonio Rodríguez, porque hasta la fecha se tenían pocos datos de la presencia humana en Teixoneres.
"Si había fuego, había gente sentada alrededor, ya fuese fabricando herramientas, cocinando carne, explicando un cuento" o realizando otras actividades, según otro de los codirectores Jordi Rosell, quien ha añadido que ahora es necesario "excavar el hogar".
El Iphes considera que el estudio del fuego permitirá conocer mejor aspectos sobre los neandertales, como cuántos individuos formaban el grupo y cómo se alimentaban. Las pruebas del carbono, además, permitirán conocer qué especies vegetales poblaban la zona hace 50.000 años.
Un estudio del instituto publicado hace unas semanas sobre los hallazgos realizados en Atapuerca (Burgos) ya precisaron que los homínidos de hace 300.000 años eran capaces de cazar un león de las cavernas, por lo que los investigadores presuponen que los neandertales estaban en la "cúspide de la escala trófica", por encima de los otros grandes carnívoros.
Por ello, a pesar de que la cueva de las Teixoneres estuviera ocupada habitualmente por osos de las cavernas, el Iphes asegura que los neandertales podían instalarse sin problemas en su interior.
Los hallazgos realizados en la pasada campaña de excavación, más de 5.000 objetos, ya confirmaron la movilidad de sus habitantes, que eran nómadas, puesto que las herramientas líticas halladas están elaboradas con materias primas que no se podían encontrar cerca de la cueva.
La cueva de les Teixoneres presenta restos mezclados de animales salvajes y humanos, si bien la cueva del Toll, situada en la misma zona, solo presenta restos de fauna prehistórica.
La actual es la sexta campaña de excavación consecutiva que se realiza en la zona, iniciada en 2003, que en esta ocasión se prolongará entre el 2 y el 22 de agosto.
Fuente: Europa Press
5 de agosto de 2010
Aridoamérica
El territorio conocido como Aridoamérica, se localizaba al norte de Mesoamérica, en lo que hoy es el norte de México y parte de los Estados Unidos.
Aridoamérica contaba con tierras secas y un clima extremo, lo cual no propiciaba la agricultura. Por eso sus habitantes eran grupos nómadas dedicados a la cacería y a la recolección de plantas silvestres. Los habitantes de esta región eran los chichimecas.
Los chichimecas eran guerreros; invadían a otros pueblos para robar alimentos.
Los mesoamericanos luchaban contra los chichimecas, para evitar que se establecieran en sus tierras; sin embargo, cuando algunas culturas decayeron, los chichimecas no encontraron resistencia y entraron a Mesoamérica.
Fue así como se crearon nuevas culturas, producto de la mezcla entre algunos pueblos mesoamericanos y chichimecas.
Fuente:
Historia. Volume 39, part 1
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