El Imperio Romano necesitaba numerosos ingresos para poder hacer frente al caro mantenimiento de sus legiones en todos los confines de sus vastos dominios. Por ello, varios emperadores no dudaron en gravar cualquier aspecto que se les ocurría para que siguieran llegando sestercios a las arcas públicas.
Así, Nerón decretó el
"vectigal urinae", el impuesto de la orina, que establecía unas tasas para los artesanos que utilizaban esta excreción humana de sus ciudadanos (que depositaban sus micciones en unas bacinillas que posteriormente vaciaban en una letrinas públicas) para curtir las telas.
No le des ideas al Solbes que igual lo recupera
ResponderEliminarPues solo nos faltaba tener que pagar por mear.
ResponderEliminarAntes que Nerón, este impuesto tuvo un precedente en tiempos de César
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